
3 semanas

Mañana hacen tres semanas de mi llegada a Roma. Y si os soy completamente sincero, aún no me hago a la idea de que estoy por aquí. La verdad es que aún tengo un poco la sensación de estar haciendo unas vacaciones un poco más largas de lo normal, a lo que contribuye el hecho de que aún no han empezado las clases – sin contar el curso de italiano que comenzó el lunes justo después de llegar aquí.
Y esa ha sido la principal labor de este tiempo: aprender italiano. Un idioma que, sin dejar de ser fácil, resulta algo engañoso. Porque al ser tan similar al castellano terminamos cayendo en mezclarlos aún involuntariamente y hablar un itagnolo que no es ni una cosa ni la otra.
Eso e ir descubriendo, o redescubriendo la Ciudad. Aunque vivimos un poco apartados del meollo de Roma, tengo la suerte de que el Pontificio Istituto Bíblico (y no me he comido la n) está en pleno centro de Roma. Al ladito de Piazza Venezia y a una patada de Via del Corso, Fontana di Trevi, Piazza di Spagna, el Pantheon… con lo cual hacer turismo después de clase es la cosa más fácil y cómoda del mundo. Basta con ir a la siguiente parada de autobús en lugar de a la más cercana o a coger el metro y uno ya se pasea por lugares tan emblemáticos como los que acabo de nombrar.
Así que no puedo hacer otra cosa que disfrutar. Y creedme, lo estoy haciendo. Lo único que ando un poco desconectado de lo que pasa por España. Sigo las noticias vía Google Reader pero a veces son tantas y hay tan poco tiempo que no me paro a leerlas. Incluidas las del Depor. Pero qué se le va a hacer, no se puede tener todo en esta vida.
Cambio de aires

Acabo de dejar en Renglón Torcido un post en el que hablaba de la experiencia de la JMJ en Madrid este mes de agosto y decía que uno de los retos que tenemos ahora es gestionar todo lo que hemos vivido. Y es verdad, el aterrizaje en la realidad puede ser duro: no estamos tan arropados como estábamos en Madrid, donde éramos más, volvemos a las rutinas, a los amigos y conocidos de siempre… y podemos dejar pasar el soplo del Espíritu que, nos hayamos dado cuenta o no, todos hemos recibido durante esos días.
En mi caso, de todas formas, no va a ser de ningún modo un retorno a la normalidad. Sí, volver a clase, a los estudios, a unas rutinas… pero en un lugar nuevo, en un país nuevo, en un ambiente totalmente distinto. Porque, como ya dije en Twitter, el Arzobispo, D. Julián, ha creído conveniente que me vaya a estudiar a Roma. A partir de ahora estudiaré en el Pontificio Instituto Bíblico la Licenciatura en Sagrada Escritura, con la vista puesta, también, en el Doctorado, lo que me llevará en total unos cinco años.
Y yo con una ilusión tremenda y con un sentimiento de gratitud enorme. Porque es, sobre todo, un regalo. Es algo que yo quería hacer, que había comentado en alguna ocasión a mis formadores, que me había esforzado en demostrar que podía servir para ello… porque es algo que me atrajo desde el primer día en que puse el pie en el Seminario. Y, D. Julián ha querido confiar en mí y realizar este esfuerzo y por eso no puedo estar más que agradecido.
Ahora toca aprovecharlo y que no caiga en saco roto todo ese esfuerzo que la Diócesis está realizando al enviarnos tanto a mí como a mi compañero y, sobre todo, grandísimo amigo Óscar a estudiar a la ciudad eterna, junto a los otros dos compañeros que ya están allí y formarnos bien, no sólo intelectualmente, para que eso repercuta también en nuestra tarea pastoral una vez estemos de vuelta e incorporados a la actividad pastoral normal de la Diócesis. Que de eso se trata. Que (al menos es mi caso y creo que hablo por todos) para ser meramente “eruditos” o “intelectuales” no nos habríamos hecho sacerdotes.
Así que nada. La próxima entrada de este blog, con un 99.999999999% de certeza ya será redactada íntegramente en territorio italiano. Y así durante los próximos cinco añitos (excepto los periodos vacacionales, claro).
Diácono

Llevo varias semanas aguantando y resistiéndome a comunicaros la noticia que, hoy sí, voy a daros. Aguantándome, porque hasta ayer día quince estaba abierto el plazo para presentar los informes y, por tanto, no había nada oficial, siempre puede surgir algo. La cuestión es que, por fin, tras seis años en el Seminario, seré ordenado diácono.
El día D es el próximo domingo 3 de Julio, Octava de Corpus, Domingo XIV del Tiempo Ordinario y fiesta, además, de Santo Tomás Apóstol, un santo con quien yo me siento muy identificado muchas veces. La hora H son las 19:00h y el lugar (¿L?) la S.A.M.I. Catedral de Santiago de Compostela. La celebración la presidirá nuestro arzobispo D. Julián Barrio Barrio.
¿Y quién o qué es un diácono? Puede que mucha gente no muy familiarizada con la Iglesia se lo pregunte, e incluso gente de Iglesia, porque es una figura que, por su escasez, a veces pasa inadvertida. Así que creo que es bueno hacer una breve explicación de lo que es un diácono.
El diaconado es el primer grado del sacramento del Orden. Teológicamente, no es sacerdocio propiamente dicho, pero es ministerio ordenado, para asistir al Obispo y al sacerdote en la predicación, en el servicio de la caridad (que es precisamente como nació este orden) y en la distribución de la comunión.
Exteriormente, a los diáconos se les reconoce porque, como diría mi hermano, “Visten como un cura pero lleva una banda como de Miss”. En tono serio, exteriormente, el diácono lleva la estola cruzada sobre el hombro izquierdo, y no suelta sobre los dos hombros como lo llevan los sacerdotes. Tampoco usa casulla, sino que su vestimenta propia es la dalmática.
¿Y qué hace un diácono? Básicamente, el diácono es ordenado para servir a los hermanos. Litúrgicamente, puede casar y bautizar, celebrar las exequias – el entierro, no el funeral, entendámonos, que el funeral es una misa –, leer el Evangelio dentro de la Misa y predicar.
Además, realiza ya las promesas propias del ministerio ordenado. Es decir, prometerá solemnemente guardar el celibato, mantener el espíritu de oración de la Iglesia, y, consiguientemente, rezar la Liturgia de las Horas todos los días, y respeto y obediencia al Obispo y a sus sucesores.
Junto a mí, será ordenado otro diácono, Fermín, que ya recibió conmigo el ministerio del acolitado. Además, tendremos la suerte de que se ordenarán también seis nuevos presbíteros: Fernando, Tino, Orlando, José Antonio, Alberto y Óscar, toda una gracia para la diócesis. Sobre todo en estos tiempos de escasez que vivimos.
Por eso, os invito, sobre todo, a rezar por nosotros ocho. Por mis seis compañeros sacerdotes que ya salen definitivamente al mundo a gastarse por Cristo y por las almas. Y por Fermín y por mí que también comenzaremos a trabajar de una forma más intensa en el ministerio pastoral. Y también por los seminaristas que están en este mismo camino. Y por los que se lo están pensando. Y por los que aún no se lo han pensado.
Nuevos horizontes
Nuevamente, tengo que comenzar un post pidiendo disculpas por la tardanza. Y por que siga sin haber un capítulo nuevo de Akano y un post más de Classic Doctor Who. En mi descargo, la semana pasada estuve toda de Ejercicios (ya os hablé de ellos el año pasado) y esta semana ha sido toda de aterrizaje.
¿Toda? No. Una pequeña aldea gala resiste irreductible ante el op… Digo… He estado haciendo cosas… y alguna bastante interesante. Para que se vea que no soy tampoco un escaqueado. Y no, no hablo únicamente de ver series. Aunque sí, hice el esfuerzo de ponerme al día con todo lo que dejé atrasado de la semana pasada. Pero insisto, no sólo fue eso. Hagamos lista:
- Estoy poniendo a punto los últimos detalles para la web del Seminario. Esto ya debería estar colgado y yo más o menos desentendido del tema, pero por razones ajenas a mí voluntad, todavía, lo único que se puede ver es la web del Museo de San Martín Pinario… Algo es algo. Esperamos que pronto podáis ver también vosotros este nuevo proyecto.
- He comenzado a darle vueltas a la tesina, con un tema que yo creo que es interesante: “El concepto de verdad bíblica en relación con el conocimiento científico”. Francamente, creo que es un asunto de bastante relevancia en el necesario (y actual) diálogo Fe-Ciencia. Al fin y al cabo, muchos argumentos se basan en “la Biblia dice que…” y lo que sea, ya sea a favor o en contra. El problema es que apenas se trata por los teólogos del ramo (por no decir que no se trata) y tengo miedo de que sea demasiado “original” para una tesina, sino que sea, más bien, materia de tesis. Y no es de eso de lo que se trata. ¿O sí?
- Esta mañana he inaugurado un pequeño rincón más en mi vida cibernética. Nada más y nada menos que un nuevo blog, de temática puramente “religiosa” – el motivo de las comillas es para significar que es religioso pero en sentido amplio – auspiciado por La Voz de Galicia. Ya hablaba hace unos meses de lo importante que me parecía que la Iglesia, los cristianos, los curas nos involucráramos en el mundo virtual, pues ahí va mi granito de arena: Renglón Torcido.
Eso es lo más relevante, aunque no lo único, que ha estado ocurriendo últimamente, descontando el ritmo normal de los estudios, trabajos… Esta semana es el día del Seminario, pero de eso ya hablaré… Y hoy es San Patricio, un santo al que como todo buen cervecero le tengo bastante devoción.
Confía

He de reconocer que hace unas semanas perdí la paz de una forma bastante importante. Queda como testigo de ello la entrada anterior. Entre exámenes, trabajos… bueno, con todo lo que os contaba allí, sufrí semejante bloqueo que no sabía qué hacer. Y como muestra, el hecho de que, con mil historias que tenía ganas de contar, con todos los buenos propósitos, no he sido capaz de publicar nada aquí hasta hoy.
Entonces alguien me dijo: “Confía. Estate tranquilo, sin agobios. Y confía.” No hacía falta decir en quién. Una cosa a su tiempo sin montarme películas y ahogarme en vasos de alguien. Y las cosas salieron. Es cierto que aún quedan algunos flecos pendientes, pero ahí están llegando los resultados…
Y luego vino el evangelio del Domingo pasado y me tocaba a mí preparar la homilía. Este era el evangelio:
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
“Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará la primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: no estéis agobiados por la vida pensando qué vais a comer, ni por el cuerpo pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podría añadir una hora al tiempo de su vida? ¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan, ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. Sobre todo buscad el Reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por la mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos.”
Providencia, que se dice
Nesecito respirar
Llevo unos cuantos días agobiado. No mal, pero con la cabeza como un bombo. No dejan de llover cosas: trabajos, responsabilidades, reuniones, proyectos… Todos ellos que me encantan, pero todos ellos demasiado ambiciosos como para ser capaz de de encajarlo todo. A eso se le suma que el régimen no va todo lo bien que debiera, y que por más que lo intento no consigo reunir toda la fuerza de voluntad necesaria para mejorar su rendimiento.
Tengo demasiadas cosas en la cabeza como para poder permitirme el lujo de pararme y colocar todo en donde debe estar, pero sé que si no lo hago pronto todo terminará por estallar por algún lado.
Y aún encima aquí ando. Nervioso por cosas que a mí me parecen lógicas pero que a otros, parece, no. Quizás por mi bien, quizás porque es así como tiene que ser, quizás porque ese es el camino… pero no lo termino de entender. Yo lo veo claro de una forma. Pero no es mía la decisión.
Nesecito respirar, que dirían los Medina Azahara (y sí, lo mal escrito está a propósito – por mis eggs – y es cosecha propia, no de ellos). Desde dentro ahora mismo todo parece un poco un mundo, y necesito salir fuera para poder ver todo el cuadro en su conjunto.
Ofiuco, o como dejé de ser Libra

Hasta tiene Caballero del Zodiaco y todo…
Anoche entre el catarro y un poco de hambre me costó dormirme. Estaba yo tan tranquilo (mentira) rondando por Twitter cuando un tweet me llamó la atención. Al parecer había habido no sé qué cambio en el Zodiaco, habían metido un signo más y los tradicionales doce se habían movido de fechas. Como digo, me llamó la atención, así que me puse a investigar…
Miguel Ángel Paniagua, el que se encarga del baloncesto en Tiempo de Juego, dio una nueva pista en un tweet suyo que remitía a una noticia en la página de la NBC en la que se detallaba la cuestión. Al parecer, dada la rotación del eje de la tierra y demás cosas, las tablas astrológicas tradicionales no coinciden con las reales y era necesario cambiar las fechas, así como introducir un nuevo signo: Ofiuco, o Serpentario.
Pues vale, pues muy bonito. Yo estaba tan contento siendo Libra, para una cosa equilibrada que tenía en mi vida, y ahora resulta que soy Virgo. De hecho, curioseando, creo que de mi familia sólo mi madre conserva su naturaleza Piscis y eso por los pelos. Diréis que qué más da, si total no me importan estas cosas, que soy de los que leen el horóscopo sólo por entretenimiento cuando no hay nada más que hacer… Pues a mí me jode dejar de ser Libra, como si me dijeran que ya no soy una Rata (en el horóscopo chino, entendámonos). Me gustaba ser Libra.
Y lo peor de todo es pasar de este tío tan molón, mítico y legendario

a… esta cosa ambigua…

Año nuevo, propósitos viejos

Comenzamos el año y, como siempre, hay que contar entre los propósitos de año nuevo el no dejar morir esto una vez más. Llevo un tiempo si escribir regularmente y me prometí que estas navidades iba a retomar las cositas, lo que pasa es que no tiene uno todo el tiempo que querría… O sí, pero al final se termina perdiendo en mil y una historias.
Pues nada, ya que estamos, aprovechemos para desear un felicísimo 2011 para todo el mundo. No va a ser un año fácil, ya lo sabemos, pero habrá que saber sobrevivir y verlo todo con la mirada más positiva que podamos. No es que eso vaya a solucionar las cosas, pero al menos evitará (o retrasará) impulsos suicidas y nos ayudará a mantener la esperanza y la ilusión, que no es poco.
En lo personal, este año se presenta como uno importante. Quién sabe si todas las expectativas se cumplirán o no. Pero ilusión. Prudencia e ilusión. Que para disgustos ya están otros y yo no quiero ser uno más “de esos”.
Y… Nada más. Me atrevería a anunciar a bombo y platillo la vuelta de la serie sobre el Doctor Who y del fic ahora que estoy con ganas, pero… No vayamos a tentar a la suerte, ¿verdad?
De vuelta de…
De vuelta de… de… de… de algún sitio. La verdad es que, excepto ese post prefabricado que quedará ahora debajo de este, no he dado señales de vida en el último ¿mes y medio? Desde el día 1 de Noviembre, para ser más exactos. Y no es que no hayan pasado cosas, al contrario, simplemente, por H o por B no he sacado el tiempo o la inspiración para plasmarlo por aquí, del mismo modo que apenas he conseguido sacar tiempo para pasar a limpio las ideas sueltas que he tenido para Akano o para completar algún post de esos rutinarios sobre el Doctor Who, que, por cierto, me estoy replanteando reestructurar la serie de otra forma. O no. ¿Quién sabe? Lo cierto es que voy 6 temporadas por delante del post que tocaba ahora.
Pero bueno, sigo vivo y bien. Más gordo (por desgracia) y con las mismas ganas de siempre, lo que pasa es que un poco corto de ideas. A ver si vuelven y vuelvo yo a daros la lata por aquí en estas fechas tan señaladas. Pero por lo de pronto os dejo que esta tarde tenemos sarao. Tres compañeros míos son admitidos de forma oficial a las Sagradas Órdenes del Diaconado y del Presbiterado (es decir, se les reconoce oficialmente como aspirantes a, algún día, ser ordenados sacerdotes), así que hay que ponerse elegantosos, afeitarse recortarse la barba y esas cosas.
¿Esta noche? ¿Mañana? ¿El domingo? No sé cuándo volveré, pero me comprometo a hacerlo antes de irme a casa de vacaciones, ¿ok?
Ante Papam – Post Papam
Así, como aparece en el título de esta entrada, se divide mi vida en este momento. Tal es la magnitud de lo que pasa el próximo día Seis que todo, absolutamente TODO lo que pasa por mi vida: proyectos, clases, tareas, tiempo libre incluso… TODO se estructura en torno a ese acontecimiento que tiene lugar dentro de 10 días: la visita del Papa a Santiago.
Hoy es el día 10 a.P. (antes del Papa): el tiempo de la provisionalidad y del por ahora no. Del presente, de los plazos inmediatos y de estar muchas veces a ver qué surge ahora. Los proyectos quedan para el día 1 p.P. (después del Papa): Clases de alemán, de griego, de hebreo, pachangas de fútbol más regulares, viajar a Cardiff o a Londres con mi padre… todas esas cosas tienen que quedar para después incluso el pensarlas. Como empezar a darle vueltas a los trabajos de clase y ese tipo de historias.
Así que nada, eso…
26
![]()
Ayer, cinco de Octubre, estuve de cumpleaños. 26 añitos en este mundo, 26 añitos también como socio del Depor (lo que el año pasado me valió recibir la insignia de plata, este año nada). Así que nada, aunque sólo sea para dar testimonio de esto, con un poco de retraso. Aquí queda.
Las celebraciones ya llegarán.
Get back…
Pues sí, pues sí, he vuelto. Y para bien, que es lo que cuenta. Lo que pasa es que el lío habitual del regreso y de la puesta en marcha del curso, que comenzó ayer (las clases, llevamos en el Seminario desde el domingo), no me ha permitido compartirlo con vosotros antes. Pero la verdad es que ha sido un viaje tan agotador como apasionante. No conocía el Reino Unido y esta visita a Londres y a una ciudad más pequeña como Cardiff ha sido una gran ocasión para hacerlo.
Durante nuestra estancia en Londres pateamos lo que no está en los escritos, lo que nos permitió conocer bastante bien la ciudad, perdernos por rincones tan conocidos algunos como menos famosos otros y mezclarnos bien… con toda la troupe de turistas que pueblan la capital inglesa. Nos cansamos, sí, pero un cansancio que tuvo sus frutos y ahora puedo decir que conozco Londres. No como la palma de mi mano, vale, pero sí de una forma razonable. Lo que no quiere decir que no haya rincones que, aún más ahora, pagaría por explorar más a fondo.
Hicimos base en Camden. En el barrio mítico donde se forjó toda la movida londinense de los setenta y punto neurálgico de lo que son casi todos los movimientos alternativos. Y su paisaje, sus habitantes… todo, lo deja bien claro. Nos alojamos en un apartamento muy bien ubicado y muy bien preparado, aunque, como diría mi madre, con limpieza inglesa. Y desde allí nos movíamos para visitar los distintos puntos de la ciudad.
No voy a hacer un completo diario de la ruta, porque pretendo colgar en algún momento las fotos (también puedes verlas pinchando en la foto) y allí ya veréis más o menos buena parte de los lugares en los que estuvimos… muchos de ellos pubs. Sí, lo confieso, bebimos cerveza a punta pala (y yo me quedé sin tomar un gintonic en England…). Four pints please… Pero era lo que venía obligado, ¿no?
Y luego nos fuimos a Cardiff, una “pequeña ciudad” de unos 300000 habitantes en la que también pateamos de lo lindo y que pudimos conocer mucho también. Pequeña, discreta… pero cargada de momentazos para un friki del Doctor Who como yo, incluida la exposición-museo de la que ya daré cuentas en su momento.
Keep calm and…

Para cuando estés leyendo esto, yo ya estaré muy lejos. O no. Porque sí, ahora mismo, más o menos, estoy pisando suelo londinense. Una semanita de vacaciones y turismo en toda regla antes de incorporarme al seminario el próximo Domingo 26 con todos mis compañeros para empezar las clases.
No. No voy a ver al Papa a Inglaterra, por mucho que la fortuna haya querido que coincidamos allí también. Ya me llega (y bien contento que estoy) con tener el lujo de poder participar en la organización de la visita aquí. Mi hermano pequeño – el único que tengo, por otra parte – que estudia en la Escuela de Negocios de Caixanova, se va a hacer su último año de estudios a Cardiff y nosotros nos vamos con él, a cerciorarnos de que llega bien… y hacer turismo, que coño.
Que yo Londres no lo conozco y tengo un montón de ganas. Y, de paso, frikear un rato. Porque con el vicio de Doctor Who – se me está atragantando el post correspondiente de la serie – que tengo encima y visitando Londres y Cardiff uno no puede dejar de visitar ciertos sitios referenciales.
No sé si me llevaré el ordenador o no. Esta es una entrada programada. Pero mi hermano sí se lo lleva. Así que en la medida de lo posible trataré de manteneros informados. Y, si no, el 24 de Septiembre volveré a pisar el suelo patrio. Y ahí, sí, ya os cuento.
Acatarrado

Por valiente y desprevenido ahora mismo estoy con un trancazo que no me tengo. Y todo porque el otro día se me dio por dormir con la ventana abierta. Menos mal que hoy me voy a casa a recibir (espero) cariño materno, que eso cura todo. Quién me mandaría a mí…





