
Vivo en un país, Italia, al que hace pocas semanas le impusieron un Presidente de Gobierno (Primer Ministro, para ser exactos) desde fuera, Mario Monti. Vivo en un país, Italia, que está al borde del desastre, del rescate económico. Lo cierto es que yo apenas leo la prensa en Italia, pero poco que uno va viendo y oyendo aquí se vivió más en el sentido del fin de Berlusconi que como la llegada de Monti sin pasar por las urnas. Al menos esos días. En eso y en ver quiénes serían los nuevos ministros (por cierto, Andrea Riccardi, el fundador de un movimiento católico laical es ahora Ministro de Cooperación Internacional y Desarrollo, algo impensable por otros lares).
Pero ahora que la cosa está más calmada, parecería probable que las cosas fueran también en otra línea. Mi madre me preguntaba por ello hoy, y creo que es algo a que muchos compartimos. Y que este vídeo, que conocí el otro día a través de un post de José A. Pérez, de Mi mesa cojea, sintetiza perfectamente. Y que yo, a pesar de no ser precisamente euroescéptico como Nigel Farage, comparto en un alto porcentaje.
Sin embargo, al menos aquí en Roma, a penas se ve mayor inquietud o movilización social por ello. Lo comentaba hoy con compañeros de la diócesis que salimos a cenar. Debe ser que aquí están acostumbrados a que es así como se ponen y deponen los gobernantes. Fue así en la República, era así en el Imperio… y hasta hoy.




