
Hay un dicho muy gallego que reza tal que así: “Mexan por nós e temos que dicir que chove”, que en la lengua de Cervantes vendría a ser “nos mean encima y tenemos que decir que llueve”. Así, hablando mal y pronto, y de una forma muy gráfica, no lo podéis negar, podríamos describir ahora mismo la situación de la sociedad española.
La situación del país es gravísima, eso no hay quien lo dude, tanto económica como social y políticamente, y como decía el sábado Jean Bedel, la gente se está hartando. O ya está harta. Pero parece que nadie hace nada. No digo que nos echemos a la calle y nos pongamos a quemar edificios como está ocurriendo en Egipto. Pero de eso, a esto hay un buen trecho, ¿no creéis?
En los últimos meses, la única movilización social con cierta importancia es la que se ha desarrollado en torno a la Ley Sinde. Y para eso se gestó en las pantallas y en algunos despachos y prácticamente no pasó de ahí. A la gente de a pie, la que no está metida en los círculos de la red, que todavía es mucha, fue un tema que sólo le llegó de oídas y a través de los medios, que ya sabemos cómo son. Y la verdad es que, por importante que sea, existen temas más importantes que la difusión de contenidos y los derechos de autor.
¿Qué nos pasa que no andamos dormidos cuando, por menos, otros países como Francia se han echado a la calle? Aquí a lo más que hemos llegado fue a mirar a nuestros vecinos y pensar “eso es lo que tendríamos que hacer”, pero nada más. ¿Qué nos pasa que hemos claudicado de hecho – no tanto de palabra – de nuestro papel en la vida pública? ¿Dónde queda la España de finales del gobierno del PP, cuando nos echamos a la calle muchísimas veces para reclamar justicia? Y entonces lo hacíamos con respecto a un problema que estaba lejos (Irak) o a causa de un acontecimiento puntual. Ahora la crisis es más global, más profunda, estructural… pero no nos movilizamos.
Podemos echarle la culpa a los partidos, encerrados en su dinámica particular y cada vez más lejanos a los ciudadanos; o a los sindicatos, otros que se han apoltronado en su estatus. Podemos quejarnos de los medios de información, que cada vez informan menos y cuando lo hacen, más que informar, opinan y le hacen el juego al partido o lobby de turno… Si los agentes sociales se han acomodado en su parcela del sistema, con sus palmeros y ajenos al cada vez mayor descontento de la sociedad (y cuando parecen hacerle caso es para utilizarlo en su propio provecho), poco queda que se pueda hacer.
Es que el sistema tiende a perpetuarse a sí mismo, aún cuando no funcione. Por eso en una situación enquistada como la nuestra la solución tiene que venir de fuera del sistema. Y el único recoveco que nos queda es el pueblo. Por eso no podemos quedarnos callados, sino que tenemos que buscar entre todos una solución nacida del consenso común. Quieran o no quieran los políticos.
Yo mismo no me atrevería a decir qué hacer concretamente, pero algo hay que hacer. Lo que está claro es que no podemos quedarnos dormidos mientras otros tratan de manejarnos como si fuésemos mercancía con la que negociar. Y tenemos el mayor arma que podemos tener en democracia: unas elecciones (con la particularidad que tienen las elecciones municipales) en pocos meses. Perfectas para darle entre los dientes a esa gente que cree que sólo somos un número de votos.
Las imágenes que ilustran este post están sacadas de El País y de JR Mora.




