Posts tagged ‘Opiniones’

marzo 15th, 2010

Yo no soy del Madrid…

Ni falta que me hace. No niego que “mi vida” sería mucho más agradabe si fuera de uno de los equipos llamados grandes, o, mejor dicho, del Madrid o del Barça. Sufriría menos. Pero no. Soy de uno de esos equipos de media tabla, con una historia de vaivenes, que han pasado más temporadas en las categorías inferiores que en Primera pero que ha ganado sus títulos. Uno de esos equipos que, por milagros de la historia del fútbol y porque este deporte a veces (y sólo a veces) hace justicia ha tenido el privilegio de colarse en la cortísima lista de equipos que han ganado esta “Liga de las Estrellas” en la que “estrella”, cada día más, se hace sinónimo de niñato malcriado. No. Yo no soy del Madrid, soy del Real Club Deportivo de la Coruña.

Y tampoco me arrepiento de serlo. Sufriremos. Esta temporada menos que la anterior (y qué decir de hace dos temporadas, que pasamos media liga en descenso) y, seguramente, bastante menos que la que viene. Pasamos nuestros apurillos de vez en cuando, nos cuesta meter un gol casi tanto como al Tenerife o al Zaragoza (no digo al Xerez porque tampoco hay que pasarse), pero nos mantenemos ahí arriba. Puntito a puntito nos hemos consolidado ahí arriba, sin hacer demasiado ruido, y ahora tenemos la Champions muy cerquita, más de lo que cualquiera podría soñar. Sólo el Bilbao amenaza nuestra cómoda plaza en la UEFA. Perdón, Europa League. Y eso que nos falta a nuestro mejor jugador (Luis Filipe), que cada 2 semanas perdemos un delantero o a un medio-centro, que pasamos media liga sin nuestro otro mejor hombre, Guardado, que sólo tenemos dos laterales diestros para cubrir las dos bandas y ese tipo de cosillas… La pena es que no juguemos mejor, más “espectacularmente”. Pero temos que arar cos bois que temos, que dicen por aquí. Y a todos nos encantaría que nuestro equipo jugara como el Barça o como la Selección, pero…

De todas formas, hoy no quería hablar del Dépor, aunque la referencia era obligada. No. Hoy quería hablar de la prensa deportiva de este país (fuera de Cataluña, claro). No sólo prensa, sino a todos tipo de medios: radio, TV, medios digitales… Yo entiendo que las cuestiones de audiencia son las cuestiones de audiencia, que hablar del Madrid (y del Barça en Cataluña, sobre todo) vende, y vende mucho. Que es el opio que pide el pueblo… pero no puede ser que se haga de lado al resto de equipos y que sólo se les de bola cuando juegan contra el Madrid o el Barça. Y no estoy hablando del Xerez o del Almería, equipos “pequeños”, recién llegados como quien dice a Primera División. Hablo también de equipos de la talla del Valencia o del Sevilla. Su importancia en esta Liga, capital, no se refleja en los medios de comunicación con el peso que debiera.

Ayer me reventó una frase de De la Morena charlando con Onésimo. Cabe decir que cada día me cae peor el conductor de El Larguero, que dada día tengo más la impresión de que es un dictadorzuelo de las ondas para el cual una opinión tiene un peso relativo al grado de coincidencia que tiene con la Verdad (es decir, con su propia opinión) y para el que el grito y la estridencia es la forma de ganar un debate, todo eso aderezado con una dosis de buscada empatía que roza, si es que no pone el pie entero, un paternalismo dulzón. Aún así soy fiel seguidor suyo, será que soy medio tonto o algo así…

Al grano. El caso es que De la Morena (que por mucho que diga que es del Glorioso cada vez tiene las rayas rojas más destenidas) ayer se embarcó en una crítica feroz contra el juego bronco del Valladolid, algo con lo que estoy totalmente de acuerdo, faltaría más, usando como uno de sus principales argumentos que al Pucela no le iba ni le venía este partido, que no era su liga. Que su liga estaba con el Tenerife, con el Zaragoza… y con el Depor. Más allá de lo que me pueda haber jodido que metan al Depor en el saco de los que luchan por la permanencia (cosa que, si utilizamos esa barrera mágica de los 42, ya habríamos conseguido) cada vez me resulta más rancia, elitista y prepotente esta postura de “las dos ligas”. Cierto es que el Madrid y el Barça están a otro nivel, pero no por eso los equipos han de tirar los partidos. Precisamente por eso, cualquier punto que se consiga contra ellos tiene valor añadido, porque es un punto con el que, en principio, no se cuenta.

Pero esta centralización de la información deportiva en el Madrid (y en el Barça) no se reduce sólo a esto. La semana pasada, el mayor problema de España es si Higuaín la pasaba o no la pasaba a Cristiano Ronaldo, si Pellegrini debía dimitir o si Inda debería suicidarse. Y llevamos toda la liga igual. La cohorte mediática blanca se ha puesto a trabajar a pleno rendimiento en una cruzada contra los blaugranas (nacida, por mucho que lo nieguen, de la pura frustración, no sólo por la aplastante superioridad del eterno rival, sino por la sensación de inferioridad y de incapacidad que venían dando en los últimos años y que ha aumentado sobremanera la ansiedad dentro de las filas blancas) y la contraparte barcelonista se ha enfundado el traje de gran defensor y ha decidido que la mejor defensa es un gran ataque. Así tenemos Villaratos y Indarazos hasta en la sopa. Y esa es la liga.

¿Que esto es lo de siempre? Sí. Pero este año es bastante peor que otras veces. Se nota, se palpa en el ambiente. El Madrid ha hecho una ingente (pero no por ello menos torpe) inversión (por muy rentabilizada que esté ya a estas alturas con la venta de camisetas y los derechos de imagen) que había hecho a muchos creer que el resto de los equipos le pondrían, como poco la alfombra roja. Habían todos los partidos antes incluso de que supiesen quién iba a ser el entrenador… Por eso, cuando uno despierta y ve que eso sólo ha sido un sueño… toca reaccionar. Y estos parece que no tienen un buen despertar.

Mientras tanto, si no eres del Madrid o del Barça, tienes que conformarte con tu prensa local, si es que le da bola al equipo, que esa es otra, y no está enzarzada en batallas que, por muy justas que sean, monopolizan toda la información sobre tu equipo. O en otras palabras, a los demás, que nos den.

Fdo.: Uno que no es del Madrid ni del Barça

enero 24th, 2010

A mí no me gustó Avatar

Una multitud furiosa tira trastos a la cabeza de Rido

-¡Hereje! ¡Hereje! ¡Mala persona!

Seré raro o lo que queráis, pero a mí no me gustó la película de Riddley Scott James Gamba Cameron. La vi en 3D, con todas las comodidades posibles (excepto la butaca vibratoria, eso mi hermano). Y, ojo, no me arrepiento de haberla visto, ni de haber pagado los 11 euracos (bueno, 10,50) correspondientes por ir a verla (más la gasolina, que aquí en Pontevedra no tenemos cine 3D).

Le reconozco sus méritos. Tiene una calidad técnica impresionante. La forma de mezclar animación 3D con actores reales con un resultado tan “limpio” es algo que al menos yo no había visto hasta ahora. Realmente, todo te transporta al mundo de Pandora y está impresionantemente bien pensado y detallado.

Y desde mi punto de vista de escritor aficionado, de “creador de mundos” no puedo negar que me ha gustado mucho Pandora y el rollo de los Avatares… pero bueno, tampoco me parece para tanto. Me recordaba a una especie de serie de Mechas mezclada con mucho hippismo, rollo panteísta y la Hipótesis de Gaia todo. Me pareció una forma muy buena de tratar el tema ecológico… pero párate ahí.

Pero el argumento… No sé. Un cuñado del marido de mi madre me dijo que de la peli salías convencido de que si pisabas el césped eras un cabrón. A mi director espiritual le salió por el palo revolucionario y de lucha por la justicia… A mí… A mí me recordó a una peli de vaqueros mala, de esas de la búsqueda del oro, mezclada con un rollo sentimentaloide barato; chico conoce chica – chico se enamora de chica – chica pasa de chico – chica se enamora de chico – la famila de la chica lo ve mal – chico y chica terminan juntos pese a todo. Totalmente predecible, la verdad. Citando palabras de Manuls, “Pocahontas mezclado con los pitufos”, a lo que yo añadiría un poco de Braveheart.

¿Será que ya iba yo demasiado condicionado? Puede ser. Eso siempre influye.

enero 19th, 2010

Esta España mía, esta España nuestra

Uno de los aspectos que siempre me ha atraído del blog, y que no quiero perder en esta nueva etapa, es poder usarlo como mi pequeña y particular tribuna de opinión sobre la actualidad. Y la verdad es que la actualidad, como os decía ayer, da para mucho últimamente. Pero no voy a hablar de la denigrante situación en Vic y la cuestión de la inmigración, ni de las lamentables declaraciones de Munilla la semana pasada, ni de la sentencia contra Irago y Anido, ni del Sindazo… temas, todos ellos, con mucha chicha, pero de los que ya se ha hablado mucho y tampoco hay mucho más que decir. Puede que, si me da por ahí, me refiera algún día a lo de Munilla, pero…

A lo que iba. De lo que quería hablar hoy es de la cuestión de la educación, a la que ya me referí en este mismo blog hace un tiempo. En aquel post ya daba yo mi visión de cómo debería ser el pacto educativo del que, ya por entonces, se comenzaba a hablar. Me reafirmo en todo lo que dije y añado algo al calor de la actualidad. read more »

enero 18th, 2010

La realidad es una demagoga.

Hago un alto en el trabajo de esta tarde para compartir con vosotros una reflexión.

Veréis, yo suelo trabajar siempre con la radio encendida o con la música puesta. Pero vamos, lo que es el silencio me resulta muy incómodo. No sé a vosotros, pero casi estudio mejor con algo de ruido de fondo (aunque luego le haga tanto caso como el que me pueden hacer a mí los chavales en la catequesis) que en completa quietud.

Así que estaba yo ahí tan tranquilo echándole un vistazo a los apuntes cuando me doy cuenta de que suena un arpegio que hacía tiempo que no escuchaba. Así que pongo el oído para intentar adivinar de qué se trataba. Abrazado a la tristeza de Extrechinato y Tú, ese delicioso experimento poético-musical liderado Robe Iniesta (Extremoduro), Fito Cabrales (Platero y Tú, Fito y los Fitipaldis), Manolo Chinato e Iñaki Uoho Antón (Extremoduro, Platero y tú) y que Fito incluyó después en Por la boca vive el pez.

Es una verdadera maravilla de tema, pero prescindiendo de la valoración musical, que no es lo que pretendía yo con este post, lo que quería compartir con vosotros es una pequeña reflexión a raíz de la letra y de la realidad.

Lo cierto es que la letra no es nada del otro mundo. Me explico. Es una crítica de esta sociedad post-moderna, del extremo del individualismo, del capitalismo y de la crisis espiritual (sin meternos en el campo religioso) en la que vivimos. Cargada de muchos de tópicos de las canciones protesta del rock noventero en España (la soledad, la palabra…) Todo con el lenguaje propio de Chinato, Iniesta y el Fito más plateresco. Y aún así, es una verdadera maravilla.

Pero lo importante de todo es que, con la que está cayendo, estas palabras parecen con mayor fuerza que nunca. De hecho, cuando lo oía, no pude evitar pensar en el editorial de Gabilondo hace unos días en Noticias Cuatro y que conocí a través de Radiocable.com.

Palabras duras. Muy duras. Y sí que es verdad que pueden considerarse bastante cargadas de demagogia, ¿no creéis? En cualquier caso, creo que son más que acertadas, al fin y al cabo, “es la realidad la que se ha puesto demagógica”.

noviembre 14th, 2009

Partir de la base

Hoy he estado de aquí para allá y, mientras iba en el coche, venía pensando en qué sería lo siguiente que pondría aquí. No me preguntéis por qué, pero eso es en lo que pensaba. Casi me paso la salida de la autopista por eso y todo… En fin, que bien podría escribir “Dialogando II, el retonno” o desarrollar alguno de los temas que han ido saliendo marginalmente en los dos artículos anteriores y de los que he dicho “en otro momento ya desarrollaré más esto”; pero al final la actualidad me ha conducido por otros derroteros y aquí estoy, hablando de cimientos y bases.

¿Mande?

Pues eso, que voy a hablar de la importancia de un buen trasfondo.

Como algunos (los que seguís mi galería) sabréis, llevo tiempo dándole vueltas a la idea de trasladar el conjunto que componen Recuerdos de una vida pasada,MemoriasAkano a un universo totalmente nuevo. La razón y las motivaciones para esta decisión dan para otro artículo entero (otro más, ¿veis?), así que no me lñio más con ello ahora mismo. La cuestión es que estos últimos días me he puesto un poco con toda esta historia en mis ratos libres y he ido diseñando un trasfondo.

Cuando compartí un primer boceto con Shwayne y Eratia, el primero me dijo, muy acertadamente por otra parte, “los trasfondos no venden”. Y es cierto, muy cierto. Los trasfonden no venden y creo que todos estamos de acuerdo en eso. Por si acaso voy a poner un ejemplo, y ya que la cosa tal y como la planteé iba en la línea de la fantasía (que sabéis que, junto con el histórico, es mi género preferido para leer y en el que me siento más cómodo al escribir), voy a ponerlo acerca del más grande. Y no, no le he cambiado el sexo a la Jurado. Hablo de John Ronald Reuel Tolkien, mi autor preferido, para más I.N.R.I.

Yo descubrí a Toliken bastante tarde, con el estreno de la primera película. Bueno, miento, evidentemente sabía quién era y había oído hablar mucho de él. Mi madre tenía (y sigue teniendo) una edición del Bestiario de Tolkien que había lanzado el Círculo de Lectores y alguna vez le había echado un vistazo fugaz. Pero no fue hasta que Peter Jackson se decidió a llevarse a unos tíos a Nueva Zelanda y rodar su visión de El Señor de los Anillos cuando no me lancé a leer los libros. Como no, comencé por la Trilogía. Como dato curioso, leí La Comunidad en gallego, lo que motivó un cierto caos nominativo cuando me pasé al castellano con Las dos torres. La cosa es que me prometí ver la peli sin antes leer el libro así que al principio tenía cierta prisa por leerlo… y al final creo que sólo vi en el cine El retorno del Rey. Algo parecido me pasa con Millenium de Stieg Larrson (realmente, debería mirar cuantas erres y eses lleva, pero estoy vago).

Por aquella época ya me había iniciado en el mundo de la fantasía épica a través de un MUD en el que jugaba. De todas formas era una época en la que apenas leía, he de confesarlo. Vamos, que sólo lo que mandaban en el colegio y nada más, qu eme pilló en Bachillerato.

Al grano, Ricardito, que te lías…

La cuestión es que empecé por la Trilogía, como supongo que hizo todo bicho viviente. Muy pocos habrán comenzado por El hobbit (aunque yo, personalmente, recomiendo empezar por aquí cuando alguien me pregunta, es mucho más fácil de leer y más simpático). Seguro que algún loco empezó por elSilmarillion, pero alguno habrá. Ya no menciono otros libros porque son más “esotéricos”, en el sentido original de la palabra.

Si empiezas por la Trilogía, lo que te conquista, si eres una persona normal, claro, es la historia. Sí, la ambientación puede motivarte, perfecto, pero lo esencial es la historia. Enlazando ya con el tema de hoy, puedes leer perfectamente LoTR sin tener ni idea de las historias que subyacen… Es decir, no te hace falta saber acerca de Númenor, los orcos o las distintas clases de elfos… Basta lo que JRR te va soltando. A ver, te quedará colgada toda la sección de Tom Bombadil, que es imposible entender quién es o qué pinta ahí sin saber más acerca del universo tolkeniano… pero bueno, me refiero a lo global de la historia. Pero, en general, no hay problema ninguno en seguir todo el hilo de la historia.

Pero diciendo esto estamos hablando desde el nivel del lector y aquí queremos tratar todo (o intentamos hacerlo) desde el punto de vista del autor, del tejedor de historias (qué bonita expresión).

Decimos “el trasfondo no vende”, no te estreses tanto… E insisto en que esto es verdad. Lo que realmente debe importar, aquello en lo que debemos centrar de veras el mayor de nuestros esfuerzos creativos, es crear una buena historia, una buena trama, un buen argumento. Debemos ocuparnos de que sea un argumento atractivo, coherente, con sentido… Y esa debe ser nuestra prioridad: “ontológica” (es decir, en cuanto a su importancia de por sí) y temporalmente (debemos tener decidida la trama general antes del trasfondo).

Al fin y al cabo, “Tolkien no empezó por el Valaquenta”, como bien dijo el mismo Shwayne (macho, tus frases me han resultado inspiradoras), ni por el Ainundalë, ni por el Silmarillion en general. Pero si bien esta colección de historias que dibuja el verdadero trasfondo de toda la Tierra Media se editó el último de los tres grandes libros (considerando El Señor de los anillos como un solo libro, como debe ser), no podemos engañarnos: se venían forjando desde mucho antes (desde antes de El Hobbit incluso). Aunque no fuera en su forma definitiva, aunque mucho de eso sólo fuera una idea confusa en la cabeza, estaban ahí. Si no, la historia ad extra no tendría ni tanta coherencia interna ni tanta brillantez.

Poniendo un ejemplo menos literario, porque veo que me estoy perdiendo. El cimiento de un edificio no se ve a simple vista. No es lo vistoso, no es lo que llama la atención. El inspector debe ir expresamente a buscarlo, el arquitecto debe construir a propósito una estructura que permita verlos. Es su opción abrir un acceso a los cimientos o no abrirlo. Sin embargo, aunque no se bean, sin un buen cimiento la casa se desmorona.

Del mismo modo ocurre con el trasfondo. Son esos cimientos del edificio que es la historia. Va desde la historia pasada del mundo que escribimos (especialmente en la ciencia ficción o en la fantasía, pero también en el resto de los personajes) hasta la construcción de los personajes. Sin un buen trasfondo, la historia se desmorona.

Mientras pensaba en esto (e iba anotando algunas ideas), alguien estaba citando a otro de mis ídolos C.S. Lewis, otro autor que, simplemente, me apasiona. A todos los niveles. Eso me lleva a hacer una anotación más, porque me parece que es más claro en su caso que en el de Tolkien. Aunque el arquitecto muestre el cimiento, aunque el inspector se esfuerce en buscarlo… hay siempre una parte que queda oculta. Lo mismo ocurre aquí.

No todo el trasfondo es inteligible, mostrable. Mucha parte del trasfondo quedará siempre oculta porque no se expresa dentro del relato o en relatos “adyacentes”. Me refiero a esa parte que no queda reflejada en el papel: la propia vida, los sentimientos, los pensamientos del autor… No podemos comprender Narnia al 100% si no conocemos al Lewis ensayista, “teólogo”, apologeta… Al hombre. No podemos comprender toda la historia que se desarrolla en la Tierra Media sin conocer a Tolkien.

Recuerda esto:

La primera piedra, la más fundamental del trasfondo, eres Tú

Pufff… Vaya rollo os he echado hoy.

noviembre 11th, 2009

Dialogando (I)

Ando muy liado estos días y he dejado esto y muchas otras cosas relacionadas con la escritura de lado, no voy a negarlo. Pero hoy he conseguido medio terminar un capítulo de mi memoria de Bachiller (algo así como la tesina, para entendernos) y me he decidido a escribir algo. Para no pensar mucho, he decidido tirar de una de esas “ideas reserva” que siempre guardo para casos de vagancia-emergencia: los diálogos. Si este blog nació un poco por la inspiración generada por esta entrada de Mechanical Hamster que nos presentó kurokotetsu, ¿qué mejor que escribir algo sobre cómo veo yo el diálogo?

Es una de las cuestiones que a mí más me “preocupan” dentro de mi faceta como escritor aficionado y, de hecho, tengo varios trabajitos (buena parte de Las Crónicas de Rido, por ejemplo) en los que sólo uso texto dialogado.

En nuestro entorno, en el mundillo en el que nos movemos, estamos demasiado influenciados por la cultura audiovisual, por el cine, las series de televisión… y en el círculo más cercano a la FFF, por el cómic-manga y el anime. Y esto influye mucho en la forma de escribir nuestros diálogos. Son medios casi exclusivamente dialogados, apenas existe una figura clara que ejerza de narrador y, por eso, el diálogo adquiere una dimensión distinta: al diálogo se le encarga también una función “narrativa” de la que carece en buena medida el diálogo de un escrito en prosa. Es decir, que en ese tipo de medios es necesario poner en boca de los hablantes mucho contenido cuyo lugar en la prosa narrativa es, más bien, el cuerpo del texto.

Entonces, si no estamos en un medio como esos… ¿Por qué nos comportamos como si sí y escribimos los diálogos como si fuéramos los guionistas de una serie de TV? No hablo ya de esos que se creen dramaturgos e introducen las intervenciones con el nombre del hablante, cual guión cinematográfico. Sino que me refiero a esa costumbre de hacer diálogos increíbles. “Increíbles” no en el sentido de buenos, sino en el sentido de que uno no se creería que alguien hablara así.

Cada uno con su estilo, cada uno con sus manías, cada uno con su visión, sus opciones y sus ideas, que yo aquí no pretendo imponer nada. Pero creo que no podemos traicionar la realidad, que debemos ser lo más “fiables”, lo más creíbles posible. Y uno de los puntos en los que más se nota esto es, al menos tal y como yo lo veo, en los diálogos. Por eso me fijo tanto en ellos.

Partamos de un punto básico desde el que desarrollar todo: ¿qué es un diálogo? En una primera definición así a vuelapluma se me ocurre definirlo como un intercambio oral de ideas. Es una definición incompleta, lo sé, pero me es útil para lo que quiero transmitir hoy.

Lo primero, es un intercambio. Esto no lo podemos perder de vista. Aunque un personaje intervenga más que otro o lleve el peso del contenido o sea más importante… nunca debemos convertir un diálogo en un monólogo sin un motivo justificado. Otra cosa es que queramos poner en boca de un personaje un largo discurso que, de vez en cuando, se vea interrumpido por alguna intervención de sus oyentes, sea esta buscada o no por el hablante. Pero si lo que queremos es hacer un diálogo, no perdamos esto de vista. Los diálogos están constantemente interrumpidos, verbal o no verbalmente… y es este clima de intercambio de información en el que desarrollan y en el que adquieren su lógica.

Más importante aún, es oral. En la categoría oral, aunque no sea la palabra adecuada, introducid, para entendernos, tanto el lenguaje verbal como el no verbal. Esto implica un registro distinto al del escrito. Es decir, que hay palabras, giros, frases que le son propias y otras que no le pegan para nada. Yo no narro como hablo, pero tampoco hablo como narro. Aunque quiera introducir contenido, revelar datos… No lo hago de la misma forma.

Ten esto presente.

Y es importantísimo que introduzcamos de forma adecuada el lenguaje no verbal. Fíjate cuando hablas: modulas la voz, gesticulas con las manos, con la cara, tu mirada cambia, te mueves, adquieres una postura determinada u otra… Y cada uno de esos gestos, los hagas consciente o inconscientemente, tienen su carga significativa. Es lo que le realmente le da cuerpo a lo que se está diciendo.

Por eso, tan importante como saber manejar un registro adecuado al lenguaje oral (y a la situación, no lo olvidemos, que yo no hablo igual con mis amigos que con mis profesores ni hablo igual cuando hablo de política que cuando hablo de fútbol) es saber manejar las acotaciones del diálogo: los verbos de expresión, las anotaciones gestuales…

Cierto que, como dice Mechanical Hamster en su artículo, retratar la realidad tal cual convierte al diálogo escrito en algo ininteligible, porque usamos interjecciones, muletillas, introducimos pausas, etc. Pero el truco está en tomar la distancia justa: todo lo cerca que se pueda estar de la realidad sin quemarse.

¿Y cómo se consigue esto?

Pues, sobre todo, escuchando a la gente, leyendo y… escribiendo. Como todo, vamos.

Estoy tentado a seguir con esto, pero sé que si sigo no termino. Así que ya otro día seguiré con más cosas relacionadas con los diálogos y que también me inquietan bastante. Sirva esto como aperitivo, simplemente.

octubre 3rd, 2009

El principio de los tiempos

Si he tardado tanto en escribir esta primera entrada “en serio” de esta nueva sección del blog no es sólo por el desajuste propio del inicio de las clases. ME ha costado decidirme por qué comenzaría a este compendio de reflexiones, pero creo que al fin he tomado una decisión. Bueno, realmente, si estás leyendo esto es porque ya me he decantado por una de las múltiples opciones que me rondaban por la cabeza. Sí, creo que lo mejor va a ser empezar por el principio, como por otra parte parece lógico. No hablo del título (de hecho, lo suyo es que el título, al menos el definitivo, debería ser lo último), ni la portada, ni nada por el estilo.

No. A lo que me refiero por “el principio” es a la idea. Creo que es conveniente pararnos un poco en el proceso de génesis de la historia, en sus orígenes más primitivos, antes de lanzarnos al ataque escribiendo un supertexto. Es algo que creo válido tanto para cuando queremos escribir historias largas como para cuando queremos escribir relatos cortos.

Es cierto, muchas veces la idea es, sobre todo, cosa de inspiración. El voluntarismo funciona, pero no a estos niveles. La idea no se fabrica. No se crea. Simplemente surge. Nos encontramos con ella cuando menos nos lo esperamos. Pero no toda idea es váilda ni apropiada para nosotros. Antes que nada, hay que ser consciente de cuáles son las limitaciones y las virtudes o capacidades de uno mismo. COmo en todas las cuestiones de la vida, es necesario un verdadero proceso de discernimiento. Enfrentarse al papel en blanco con lo primero que se nos ocurre, sin tener las cosas claras, es una aventura, sí, pero la mayor parte de las veces reporta más frustración que satisfacción. Por eso, cuando se enciende la bombilla creo que es conveniente hacerse unas cuantas preguntas.

La primera de todas es, seguramente, la siguiente: “¿Por qué quiero escribir?” “¿Por qué quiero escribir esto?” La primera de estas dos preguntas nos vendría bien hacérnosla de vez en cuando y respondernos con sinceridad. Pero es en la segunda de ellas en la que me quiero fijar, porque está más relacionada con el tema que quería tratar hoy. Lo primero que debemos hacer cuando recibimos la llamada de la musa es explorar los motivos de la idea. Es decir, debemos preguntarnos por la inspiración en sí misma. Si sé por qué quiero escribir sobre algo, me ayudará, primero, a clarificar mis motivaciones, la postura que voy a adoptar frente al relato. De ello depende mucho del resultado final y de la gratitud del trabajo, en el fondo. Creo que no me he encontrado nada más vacío que escribir “porque toca”, aunque luego el resultado fuera más o menos interesante. Además, esta clarificación de nuestras intenciones nos ayudará a responder a las siguientes cuestiones.

Bien, ahora ya sabemos qué nos lleva a escribir y a escribir algo en concreto. Es un gran paso, creedme. Pero no termina aquí la cosa. De cara al futuro inmediato, a la escritura propiamente dicha, es tan importante como lo anterior el preguntarse por otra cosa: “¿Qué es lo que voy a escribir?” Me refiero, sobre todo, a profundizar en la idea, a conocerla a fondo, a jugar con ella, darle vueltas y contemplarla de todos los ánculos posibles. Parece lógico. Somos sus dueños y nuestra misión es transmitirla. Y para transmitir, por muy pequeña que sea la parte, debemos dominar el todo. Ese es nuestro objetivo: no sólo tener la idea, poseerla de verdad.

Pero más allá de eso, aunque parte del mismo proceso de profundización en la idea, se situaría otro interrogante que yo considero más importante aún. “¿Qué es lo que quiero contar?” Esta cuestión se enraíza en aquel “¿por qué quiero escribir esto?” del que hablaba antes. Me explico. No podemos perder de vista la dimensión simbólica que tiene la escritura. Como dije, nuestra implicación con lo que queremos escribir es decisiva. Somos conscientes de que, sobre todo, es un vehículo para expresarnos y para abrir al mundo (o a nosotros mismos) lo que hay dentro de nosotros. Es decir, tengo mi idea, la conozco, sé por qué la voy a desarrollar. Pero, ¿qué es lo que realmente quiero decirle a mis posibles lectores (y a mí el primero) a través con ella? Sabemos que la forma (la idea tal y como la vamos a plasmar) sólo es la puerta de acceso al verdadero significado de lo que realmente queremos transmitir. Conocer realmente este fondo de significado es realmente importante para poder adecuarnos y ser fieles a nosotros mismos y a la idea en sí.

Luego vendrían las cuestiones del cómo y demás, pero creo que en ese tipo de temas ya me meteré en otro momento.

abril 29th, 2008

Identidad grupal

Llega un examen y, como siempre, soy incapaz de contenerme y multiplico la actividad. Así que nada, multipliquemos la actividad y sigamos reflexionando un poco sobre la vida misma. Pero, de todas formas, no es eso lo único que me ha movido a postear. Yo baso mis reflexiones, las que pongo en estos posts, en lo que voy observando con estos ojitos que Dios me dio y en lo que yo experimento en mí mismo (y no, no soy un científico loco, aunque de pequeño quería serlo xD).

Por eso, hoy quería hablar sobre los grupos humanos, en la misma línea en la que hablaba el otro día de ser coherente y decir lo que uno piensa. No me refiero a ninguno concreto y a la vez tengo varios en mente y que me sirven como motivación y como ejemplo para lo que quiero decir. En cualqiuer caso, si alguien se siente ofendido, lo sabéis, no es esa mi intención.

Ya lo dice el Génesis, no es bueno que el hombre esté solo y, si no os parece bien que cite a la Biblia, recordad que Aristóteles afirmó que el hombre es un zoon politikon (así, en caracteres latinos, que no estoy yo ahora para ponerme a insertar las letras griegas una a una xD), un animal social. Por eso, inevitablemente, nos vamos asociando en grupos. De hecho ya nacemos en un grupo, en una familia.

Pero no quiero que esto sea una clase de sociología. Entre otras cosas porque, aunque saqué un ocho en sociología, mis conocimientos de la materia son bastante rudimentarios. Así que pasemos a lo de a pie, que no me pagan por dar clases de ná xD

Pongamos por ejemplo… una clase en secundaria. Podría decir la Universidad pero la idiosincrasia de la uni es mucho menos adecuada para lo que quiero exponer. Por intereses, por gustos, por aficiones pues se forman pandillas, más o menos amplias. Hasta aquí todo bien, perro conocido porque todos seguro que lo hemos experimentado.

La pandilla se junta para ir a jugar al fútbol, ir al cine, salir… y más o menos rápidamente, más o menos paulatinamente, se van convirtiendo en un uno a los ojos del resto del mundo. Hasta aquí todo normal, ¿no?

Es el momento en el que se forma la identidad grupal. Ya no son José, Pedro, Ramón, Pablo, Manuel, Jorge, María, Rosa, Lucía, Laura y Ana (así una buena variedad de nombres), ya son los… “pijos”, o los “tiraos”, o los “johnnies” o lo que sea. A los ojos de los demás pasan a ser un uno y un todo y a sus propios ojos comienzan a sentirse como algo diferente de los demás. Son “ellos”.

Aquí ya pueden comenzar los problemas, porque esa consideración de grupo puede irse de las manos y radicalizarse hasta el punto de enfrentarse al resto. Y por experiencia común… nada une más que un enemigo común: el cabrón del profesor que ha suspendido injustamente a Jorge, la zorra que le ha quitado el novio a Rosa, el ex de María… Y el grupo puede llegar a convertirse en algo hostil hacia lo de fuera, bien por sentirse superior, bien por sentirse atacado. El resultado, casi siempre, termina siendo el mismo: “Quien no está conmigo, está contra mí”

Pensemos en un grupo más grande. Aunque en este caso es lo de menos, sí que suele producirse (o por lógica la situación que voy a plantear es más probable) cuanto mayor sea el número de miembros del grupo. Se trata de que, con el paso del tiempo, un cierto número de integrantes, por una experiencia común que no comparten todos o algo por el estilo, termina convirtiéndose en un auténtico subgrupo. Esto es un poco más peligroso para la estabilidad del grupo.

La cosa suele salirse de madre cuando los chistes internos o las historias derivadas de esas experiencias comunes o exclusivas se convierten en el tema habitual de conversación entre los miembros de ese nuevo subgrupo incluso cuando se encuentran dentro del gran grupo. Esto provoca que los no-miembros se sientan desplazados y que, incluso, lleguen a enquistarse situaciones hasta puntos realmente dañinos para todos.

En el primero de los casos, el del aislamiento del grupo frente al resto, lo más probable es que el juicio global sobre el grupo redunde sobre los individuos en particular. Tú estás con ellos, eres como ellos, con todo lo que esto significa para las relaciones que, obviamente, se mantienen entre los miembros individualmente con personas ajenas al grupo… incluso con personas de un grupo anterior al propio grupo (es decir, con los amigos que se tenían antes de ingresar al grupo). El individuo se diluye en la masa y pasa de ser… Ramón a ser “uno de esos”.

En el segundo caso, creo yo, las consecuencias son incluso más graves. Miembros que se ven desplazados del grupo, que conocen la idiosincrasia del grupo, que comparten secretos… y de repente se sienten rechazados, marginados. Su reacción no tiene por qué ser violenta pero en cualquier caso suele acabar con la armonía del grupo, porque ya no todos son iguales, porque los vínculos que los unían se difuminan… porque ya no es lo que era, porque ya no se siente a gusto.

Pero hay un tercer caso: cuando dos miembros del grupo se enemistan entre sí. Pongamos que… Jorge y María salían juntos y la cosa salió mal y acabó mal. Es normal que el grupo termine dividiéndose violentamente y desvaneciéndose o que muchos de los miembros o al menos alguno se quede a dos aguas, porque no quiere dejar a sus dos amigos-compeñeros tirados. Y este estar a dos aguas es una situación no sostenible durante mucho tiempo… con lo cual el “neutral” termina distanciándose o decantándose por uno de los dos bandos. El grupo ha muerto.

La solución, cabeza y lengua, como con todas las cosas. Vamos, al menos eso creo yo. Y reconocer racionalmente los errores, pedir perdón y saber perdonar (Y OLVIDAR, que aprender de los errores es una cosa, pero el perdón verdadero neceista del olvido, si no se convierte en una hipocresía) NUNCA es humillarse, NUNCA es una actuación (como decía la canción que puso Arte en los comentarios del post anterior) y SIEMPRE es positivo. Hacer hasta lo imposible por solucionar las cosas NUNCA es en vano, aunque al final sólo sirva para descargar la conciencia.

Espero que si alguien se encuentra en una situación así y lee esto pueda aprovecharlo para algo, aunque como siempre tengo la extraña sensación (o más bien la seguridad) de que, como siempre, me he liado demasiado ^^

julio 13th, 2007

Self Service

Artículo escrito para el XX Curso Básico de Periodismo para Seminaristas en Granada

Vivimos en un mundo dominado por la interactividad, en un mundo donde las capacidades y posibilidades del usuario son cada vez mayores. Construimos una vida a nuestra medida, a nuestro gusto. Nos forjamos nosotros mismos eligiendo entre una cada vez más grande variedad de opciones a todos los niveles.

Es innegable que esto conlleva una serie de ventajas cuando este autoservicio se refiere a ámbitos como puede ser el informativo o el de ocio: uno se informa de lo que le interesa y se divierte como quiere. Pero no podemos olvidar que el hombre es un ser unitario, y es ahí donde nos topamos con el peligro. De este modo, creamos un saber “a nuestra medida” y, lo que es peor, una verdad e incluso un Dios a nuestra medida.

Rechazamos todo aquello que no nos gusta, que nos molesta. Evitamos aquello que no entendemos o que sentimos que nos coarta. Huimos del dogma y de la jerarquía en aras de una supuesta libertad que nos permita postular esa moral “a medida”. Identificamos la autoridad y la verdad con la represión, con la falta de libertad y, por tanto, con la frustración y el sufrimiento.

Así, vamos poco a poco desviando, omitiendo o ignorando aquello que nos viene establecido y nos convertimos en Ícaros demasiado osados como para darnos cuenta de que esas “limitaciones” son también arneses de seguridad que impiden que nos estampemos contra el suelo cuando se derritan nuestras alas de nuestro mundo de fantasía en el que podemos hacer todo lo que nos venga en gana.

Pero mientras tanto, seguimos empeñados en crear ese mundo a nuestra medida y vamos picoteando de aquí y de allá. Ahora me cojo un poco de esto de la paz interior del budismo y luego más tarde cojo eso del amor y la caridad del cristianismo que parece bonito, pero quito todo eso de la autoridad, que no va conmigo.

¿No me cree? ¿Cuál es la explicación entonces del éxito editorial de obras de escasa calidad literaria como el tan manido El Código Da Vinci en las que se ensalzan las ideas más románticas del cristianismo (aderezadas con mucho de new age, gnosticismo o como queramos llamarle) en contraposición a aquellas otras que nos resultan menos atractivas?

En un mundo como el nuestro, en el que lo que prima es la libertad: libertad de expresión, de culto, de pensamiento, de insulto… todo aquello que suena a límite es frontalmente rechazado en pos de la convivencia democrática, aunque es cierto que existen ciertos límites “por consenso” y únicamente porque son necesarios para poder volar sin turbulencias.

Y con esto llegamos a “mi verdad”, “mi mundo”, al más puro relativismo donde lo que realmente importa no es lo objetivo sino lo subjetivo, el “para mí esto es así”. Al final, lo único que logramos son seis mil millones de mundos distintos en los que, al final, lo que importa es la fantasía.

Volvamos a poner los pies en la tierra. Debemos recuperar esa concepción de que es la realidad objetiva la que nos ofrece la maravillosa oportunidad de construirnos a nosotros mismos con esa seguridad de que de todo podemos aprender y que no necesitamos inventarnos nada para ser libres, para estar cómodos… para ser felices.

marzo 28th, 2007

Pregúntele al Presidente

100 personas, 100 preguntas, 100 respuestas. Esa es el presupuesto en el que se basa el nuevo programa de Televisión Española estranado ayer en el que un centenar de ciudadanos tuvo la posibilidad de preguntarle al Sr. Rodríguez Zapatero, Presidente del Gobierno, acerca de aquello que les preocupa.

Abseteniéndome de opiniones políticas sobre esta u otra cuestión, me gustaría en cambio hacer una pequeña reflexión acerca del concepto del programa que podría quizás llevar el siguiente título: ¿Propaganda o servicio público?

Partamos de esta base: la mayoría de la gente de a pie tiene unas inquietudes cualitativamente distintas a las que ahora constituyen las claves del debate político actual. Sí, nos preocupa el terrorismo y el juicio del 11M, pero nos preocupan más cuestiones inmediatas como el precio de la vivienda o el precio del café. Esto pareció reflejarse en el diálogo entre Zapatero y los intervinientes.

En un sistema democrático como el nuestro, en el que se supone que la clase política es algo así como la “encarnación del sentir del pueblo”, que el líder de la nación tenga la oportunidad de conocer y de responder en directo ante las cámaras a las preguntas de los ciudadanos es un verdadero servicio público. Conocer lo que el Presidente del Gobierno opina sobre uno y otro tema es… “oro”.

Sin embargo, no nos podemos dejar engañar. Los políticos parecen, en su mayoría, vivir en un mundo aparte, en un mundo en que sólo importan las cuestiones “de moda” en las que se centra su continua guerra de palabras, actos y demás. Y eso parece que se cumple en mayor medida cuanto mayor es su cargo. No se separan de su mensaje prefijado e institucionalizado y allí donde van aprovechan para calzar esa cuña publicitaria establecida en un oscuro gabinete de la sede de un partido.

Tampoco podemos abstraernos de que ayer faltaban exactamente dos meses para unas elecciones municipales y generales. Y ya sabemos que la clase política en general y en particular la española vendería a su madre por un par de votos (sobre todo si su madre no le vota a él).

Entonces… ¿propaganda o servicio público?

Ambas.

En mi opinión, en la sociedad de los medios TODO es propaganda. El propio servicio público se ha convertido en propaganda: la lucha contra la corrupción, la seguridad ciudadana, la solución a los problemas de inmigración… y otros ejemplos no se pueden entender, desgraciadamente, sin ese afán electoralista. Sin esa cuña de “y esto lo hicimos nosotros” o “y esto lo haremos nosotros” no se entiende la política en España.

Fdo. Uno desencantado con los políticos.

marzo 26th, 2007

De dogmas y verdades

Es curioso como sin pensarlo puedes acabar hablando de las cosas más profundas en los momentos más insospechados. Para muestra un botón:

Estaba yo hablando con un amigo por el messenger, ese instrumento del demonio que tanto me hace perder el tiempo, acerca de… no sé alguna cuestión sin importancia (creo que se trataba de no, no sé de qué estábamos hablando). La cuestión es que me caí y cuando volví a conectarme pronuncié una frase tan “peregrina” como “Resucité”.

Curiosamente, esa en apariencia inocente y sencilla frase condujo a mi interlocutor a pronunciar otra así como quien no quiere la cosa: “Como cristiano, como católico y como seminarista, ¿crees que la virginidad de María es importante?”.

Saltándonos la parte de la creencia y la justificación de este dogma, saltándonos también el retorcido mecanismo mental que debió llevarlo desde mi “resucité” a preguntarme por uno de los dogmas más antiguos de la Iglesia, en aquel momento se me ocurrió decirle: “Tú, como científico que eres, ¿crees que la velocidad de la luz es absoluta?” (pregunta que, dicho sea de paso, está mal formulada).

A veces soy retorcido, lo sé, pero en ese momento se me vino a la cabeza aquella respuesta como si fuera la más adecuada para la cuestión que me había formulado.

Pensemos, en un mundo cientificista como el nuestro, vivimos rodeados de axiomas y dogmas tales como los postulados que Einstein expuso en Sobre la electrodinámica de los cuerpos en movimiento y que dieron luz a la teoría de la relatividad (restringida). Verdades indemostrables pero, como bien apuntaba mi amigo, “consiguen crear modelos que se ajustan de manera aproximadamente exacta – toma contraditio in terminis – a la realidad” y que, por lo tanto, se demuestran funcionales. Es decir, son “verdades pragmáticas”, verdades que nos sirven para entender nuestro mundo y utilizarlo en nuestro provecho.

Asentimos de forma ciega a estas verdades, casi sin preguntarnos el porqué de las cuestiones e incluso seguimos utilizando, por que nos sirven, sistemas matemáticos, físicos o lógicos que se han demostrado reduccionistas y, por tanto, poco adecuados. Podemos citar entre estos la propia mecánica newtoniana que todos hemos estudiado en el instituto o la lógica aristotélica, sistema inadecuado y reduccionista por excelencia que tanto ha condicionado el pensamiento del mundo (occidental) y que está en la base, aunque no nos demos cuenta, de nuestra visión del mundo.

Sin embargo, cuando se trata de otro tipo de verdades, verdades que, siempre desde el mismo punto cientificista y pragmático, no aportan nada a nuestro conocimiento del mundo, nos cuesta asentir a ellas. No hablo ya de verdades de fe, de dogmas o de cuestiones atenientes a una confesión religiosa concreta. Pensemos por un momento en… la historia y en cuanto nos cuenta creer a veces en cosas que pasaron, que están atestiguadas por testigos más que fiables… pero que no se ajustan a nuestra concepción del mundo.

Nos quedamos así con verdades parciales, reduccionistas: algo es verdad si me vale. “La religión es buena si te ayuda”, decía William James, uno de los padres del pragmatismo. Un punto de vista que, en mi opinión y salvando, obviamente, las distancias, no se separa mucho de la concepción de los idealistas, que podríamos resumir en esa frase que tanto le gusta repetir a uno de mis profesores: “Si el mundo no se ajusta a la Idea, peor para el mundo.”

Ya para terminar quiero aclarar que no quiero predicar con esto un “ingenuismo” ante todo lo que se nos diga. El espíritu crítico es el punto de vista del sabio, del hombre que verdaderamente quiere descubrir la verdad – o quizás deberíamos hablar de Verdad, en mayúscula –, la Verdad del Mundo, despojada si queréis de toda la concepción religiosa, pues no pretende ser este artículo una apología de nada (aunque cierto es que todos acudimos al mundo, a los problemas, a lo que se nos pone delante, con nuestros propios prejuicios).

Simplemente se trata de una pequeña reflexión a raíz de esa conversación que quería compartir hoy con vosotros. Por eso os lanzo también a vosotros esta misma pregunta que me he hecho esta tarde, tras este pequeño intercambio de palabras. ¿Por qué? ¿Por qué nos cuesta tanto (a mí el primero) creer en un tipo de afirmaciones y tan poco asentir a otras? Es una pregunta que me lanzo y que os lanzo.

abril 27th, 2006

De chimpancés, orangutanes, gorilas y bonobos

Seamos serios por favor. Podemos defender los derechos de los animales. Podemos, aunque yo lo veo una incoherencia, ser vegetarianos. (Digo que lo veo una incoherencia porque el campo de los seres vivos va más allá de los animales, racionales o no. ¡Defendamos el derecho de las plantas a no morir!). Lo que no se puede es llegar al tipo de propuestas que llega a plantear el Proyecto Gran Simio. Más en concreto me refiero a la siguiente:

La organización es un grupo internacional recientemente establecido, fundado para trabajar por la supresión de la categoría de ‘propiedad’ que ahora tienen los antropoides no humanos y por la inclusión inmediata en la categoría de personas.

Estoy de acuerdo que hay que acabar con la tortura a los animales, a cualquier tipo de animales no sólo a los grandes simios. Hay que cuidar el medio ambiente y tratar de evitar la extinción de cualquier tipo de especie. Pero… ¿donde situamos el límite de nuestra actividad ecologista? ¿En “Save the whales”? ¿En limpiar manchas de petróleo? Creo que veis por donde van los tiros.

De todas formas creo que la gran cuestión que se nos plantea es otra: ¿qué es una persona? Los filósofos no se han puesto de acuerdo en qué distingue a la persona de la no-persona: la autoconciencia, la racionalidad, la capacidad dialógica… muchas han sido las respuestas a lo largo de la historia del pensamiento. ¿Con cuál nos quedamos?

Yo me quedo con Aristóteles diciendo que lo que define al hombre como persona es su capacidad intelectiva: el lenguaje, el pensamiento, la capacidad de acción, la capacidad de proponerse fines… El pensamiento, dado que no somos telépatas, no es verificable más que por la capacidad de lenguaje, y los grandes simios tienen la capacidad de comunicarse… Sin embargo la gran diferencia es que el ser humano es capaz de romper la barrera de su instinto, es capaz de proponerse fines distintos y nuevos, tiene capacidad creativa… He ahí la diferencia.

Aunque no veamos esta diferencia cualitativa que, creo yo, es clara. ¿Dónde situamos el límite? Cito delProyecto Filosofía en español:

A este noble objetivo se orientan los esfuerzos del PGS cuyos planteamientos, llevados a su límite, podrían ocasionar una auténtica conmoción de repercusiones no difíciles de prever, en las formaciones sociales de nuestros días; probablemente el vegetarianismo activo sería una de las implicaciones prácticas inexcusables de la Declaración, si es que esta misma se entiende como un primer paso intercalado en un proceso de mayor alcance que tendría que ampliarse también en el futuro –¿dónde poner, si no, los confines de la comunidad de iguales?– a las «bestias de granja», ¿lo sería también la paralización inmediata de la investigación biomédica, tal vez inaceptable por el sufrimiento infringido a la cobayas que esta misma conlleva?, ¿cabría exigir en su caso la sindicación de los nuevos «trabajadores» tales como perros policía, vacas lecheras, bueyes de carga o abejarrucos, quienes seguramente podrían reivindicar un «convenio colectivo», vacaciones pagadas, holgazaneo dominical y también «dignos» subsidios de jubilación para acomodarse una vez llegados a la «edad del merecido descanso»? Se trata en todo caso de cuestiones abiertas de índole ciertamente mayor –y no ya, como tal vez pudiera parecer, burdas parodias malintencionadas con objeto de ridiculizar las posiciones de referencia– a las que, con todo, los promotores del Proyecto y de la Declaración, no han dado de momento respuesta alguna.

Lo irónico, es que luchamos por los derechos de los simios, grandes o no, mientras muchas veces nos olvidamos de luchar por la aplicación de los derechos humanos o defendemos la pena de muerte, la eutanasia o el aborto. Y siento si este último comentario ha resultado muy fundamentalista… pero es la pura verdad.

enero 31st, 2006

Regalos

Vais a permitir que me ponga un poco metafísico pero no pude evitar la tentación de poner aquí un fragmento de mis apuntes de Antropología Filosófica. Estaba repasando el tema del amor (por cierto os recomiendo que os leáis la primera parte de la encíclica que es simplemente maravillosa) y me encontré con esto (no sé por qué antes no me había fijado):

Uno de los gestos que más manifiesta el amor es el regalo. Regalar es, de hecho, una de las formas más puras de dar, pues no se espera nada a cambio y en el regalo no se mira la cantidad, sino el detalle, por eso el regalo + grande es desprenderse de algo. Porque no se espera nada a cambio, cuando uno regala rompe la regla del interés, pues no existe ningún interés en el regalo. El regalo es don. El que regala da una parte de sí mismo. Otra de las características del regalo es la sorpresa de lo inesperado. No es necesario un gasto excesivo: los regalos más significativos son aquellos que requieren un mayor esfuerzo. El regalo expresa de esta forma el amor de la persona amada y el amor de la persona que regala. El regalo implica dones impagables. Además, cuando se regala algo útil a la persona, un bien, estamos beneficiandola y Santo Tomás en la Suma Teológica (II, q. II, art. 1) nos dice que: “Hacer el bien al amigo es una consecuencia del amor que se le tiene”.

¿Cuál es el regalo que más apreciáis?

diciembre 5th, 2005

43. Clones

Siempre sabia, la Naturaleza inventó la clonación antes de que los hombres pudiéramos siquiera imaginarla. Los gemelos tienen algo de surreal porque son una repetición que no esperamos, el eco de una palabra que ya habíamos oído bien; pero, como las palabras, los gemelos significan cosas distintas aun teniendo similares letras en su genotipo. A Dios y al diablo, al Doctor Jekill y Mr. Hyde les puso el hombre la misma composición alquímica del bien y el mal, para demostrar que la predestinación no está en los genes, sino en el truco del ir haciéndose día a día. Así que no es un gemelo igual a otro, como una gota de agua no es lo mismo en el Sáhara que en el frigorífico. Todo se forja; somos hijos del tiempo y cada lugar nos significa algo diferente. Pero si todo fuera un gigantesco código y las palabras que yo escribo están ya escritas, basta por hoy para no repetirme.

septiembre 22nd, 2005

Dejar huellas en el espacio de otro

Escrito por Centoloman originalmente para la Jornada de Puertas Abiertas en el eScriptorium el 16/9/2005.

Aprovechando la oportunidad que Antoni (¿tendrá sentido linkarlo desde su propio blog?) nos brinda con su jornada de puertas abiertas he decidido aportar mi granito de arena en su escritorio. ¿Qué mejor forma de hacerlo que analizando y reflexionando sobre la propia jornada y la iniciativa asociada de los blogs de turno?

Muchas son las distintas iniciativas que recorren la blogosfera: memes de todo tipo, Blogdays, festivales… pero esta es quizás la más original que recuerdo en el tiempo que llevo metido a fondo en esto de la blogosfera, que es relativamente poco.

¿Escribir en blog ajeno? La idea puede llegar a ser excitante. Una nueva plataforma supone un nuevo contexto y un nuevo contexto conlleva una situación totalmente distinta. Me recuerda a la pubertad, cuando escribíamos largas cartas en la libreta de otro. Dejar huellas en el espacio de otro. No sé a ustedes, pero a mí me resulta una idea muy atractiva. No es lo mismo que escribir en un wiki o en un blog común. Al fin y al cabo es un área diseñada precisamente para ser común. Escribir en el blog de otro es hacerlo en un entorno personalizado por y para otro. Es una sensación distinta.

Aparte de esta sensacion de intrusismo, la Jornada de puertas abiertas y, si al final sale adelante, la experiencia de los Blogs de Guardia (me suena mejor Blog de Guardia que Blog de Turno) que han salido de este weblog ofrecen varias posibilidades que pueden resultar atractivas a los participantes.

Primeramente, creo conveniente citar al colectivo al que, según yo lo veo, va especialmente dedicada esta experiencia: los no-bloggers. Existen, o al menos eso dicen (alguno lo considera una utopía), lectores de blogs que no mantienen una bitácora propia por diversas razones: falta (o supuesta falta) del conocimiento necesario (poco) para crearlo, falta de constancia para mantenerlo… y que sin embargo tienen escritos pequeños articulillos que no saben cómo publicar.

Algunos de estos articulillos terminan convertidos en largos comentarios en un weblog que, afortunadamente, ha citado el tema, pero muchos se quedan confinados en la mente del autor. Ahora, les ofrecemos (hablo en plural de primera persona porque, como muy bien advirtió Antoni, mi blog, con motivo de experimentar con los Blogs de Guardia, permanecerá “de guardia” o “de puertas abiertas” las 24 horas de mañana sábado) la oportunidad de que esos artículos salgan a la luz.

Para los que ya son autores de bitácoras ofrece dos grandes ventajas:

Primero está, la posibilidad de publicitarse mediante la escritura de un artículo interesante en el weblog de otro autor, con otro tipo de lectores que quizás no te conocen y a los que tu artículo les ha llamado la antención. Puede que alguno de ellos, no todos, eso seguro, se interese por visitar la web del autor y, una vez allí, le atraigan otras entradas y se convierta en habitual.

La segunda, y última, radica en que existe una gran cantidad de weblogs que son temáticos y a cuyos autores, a veces, les apetece tratar un tema que se escapa de la temática de su bitácora. Algunos deciden publicarla igualmente, otros mantienen weblogs generalistas paralelamente al weblog temático pero otros muchos autores acaban no publicando un artículo que a ellos les parecía interesante. Ahora, al igual que los no-bloggers, pueden aprovechar esta iniciativa para ello.

Acabo ya diciendo que, al menos tal y como yo lo imagino y siguiendo con la comparación con las farmacias de guardia, el objetivo de esta iniciativa no es generar una cantidad importante de artículos en un blog escritos por autores ajenos a la bitácora en cuestión. El fin es poder brindar la oportunidad de hacerlo a aquellos que lo quieran hacer. Al fin y al cabo, una farmacia de guardia no tiene como objetivo vender más sino ofrecer la posibilidad de comprar. Por ello, y pese a lo que pueda pasar, el simple hecho de que alguien pueda publicar en otro blog y que un blogger brinde esa oportunidad a otros para escribir en su casa es ya un éxito.Por tanto, enhorabuena Antoni por tu genial iniciativa. No se ven muchas tan interesantes todos los días. Y gracias.