Posts tagged ‘memories from the past’

septiembre 8th, 2006

Memorias 16 – Memories from the past IV


Memories from the past 16 (Truth)

Tras el encuentro con Nalya, proseguí mi camino hasta mi habitación. Habían sido tres días de continuo sobresalto y necesitaba urgentemente un buen descanso así que me aislé de las distintas actividades que solía haber a primera hora de la noche en la división y me encerré en mis aposentos.

Deposité sobre la mesa de trabajo los informes que me había dejado Eliaz acerca de aquel examen de graduación de mi antiguo yo. Sí, cada vez estaba más convencido de que la historia que Db me había contado era real. Todo lo que había averiguado hasta el momento concordaba con ello. La mañana siguiente sabría la verdad.

Estaba organizando las cosas en el escritorio cuando me fijé en una de las carpetas que ya estaban allí. “Asunto: Misión en Kyoto.” rezaba su portada. No pude evitar que en mi cara se dibujase una mueca de lástima ante aquella joven. El Rukongai no era una vida fácil, ni siquiera en el primer distrito, y menos era en el Yorokonde o los distritos más altos.

Yo había sido afortunado, había encontrado a Yonas. Había encontrado algo así como una familia. Había descubierto motivos para sonreír por primera vez en mi vida, al menos en la vida de la que yo me acordaba. Pero el distrito 57 no era nada comparado con el distrito 72 y no podía dejar de pensar que a lo mejor yo pudiera haber hecho algo. Me culpaba por ello.

Por todos los medios trataría de estar allí cuando el hechizo fallara, cuando la neblina que debía invadir su memoria hasta el punto de hacerle olvidar el amargo recuerdo de la muerte de su familia y las penurias que había tenido que soportar atada a esas malditas cadenas. Estaría allí.

Terminé de redactar el informe de la misión para entregárselo al teniente y me dispuse a acostarme. Sin embargo, tardé en conciliar el sueño. No podía dejar de pensar en aquella chiquilla y en como yo me veía reflejado en ella, en su sufrimiento, en aquellas lágrimas de dolor y rabia que brotaban de sus ojos mientras trataba de enfrentarse a mí…

Me levanté temprano y totalmente descansado la mañana siguiente. Realmente necesitaba una noche de sueño prolongado después de tanto agotamiento, sobre todo en el terreno psicológico. Después de asearme y arreglarme debidamente en los baños del cuartel, regresé a la habitación y cogí el informe de la misión dispuesto a llevárselo al teniente Arturo; sin embargo, el teniente no estaba en su despacho. Supuse que se encontraba en el despacho de la capitana Henkara así que me encaminé hacia él, llamé a la puerta y la abrí.

– Oh, Rido, has venido muy pronto. Da igual, no te preocupes – saltó al ver que era yo quien abría la puerta.

– Buenos días, capitana Henkara – saludé mientras cerraba la puerta del despacho. – Teniente, –continué mientras le saludaba respetuosamente le estuve buscando antes en su despacho. Este es el informe de la misión que me fue asignada hace tres días

– Muchas gracias, Arturo. Luego mando a Jishame a que vaya a buscarte y continuamos la reunión. Ahora, por favor, déjame hablar un momento con Rido.

– Entendido, capitana – se despidió el teniente Arturo con una reverencia. – Estaré en el gimnasio supervisando el entrenamiento de Kurei y Hino.

El teniente cogió el informe que le había entregado, dejó el despacho y cerró la puerta tras de sí. La capitana me invitó a sentarme en la silla situada al otro lado de la mesa, opuesto a donde se sentaba ella. Abrió un cajón y depositó sobre la mesa tres carpetas, que supuse eran los informes que le había pedido el día anterior.

– Muchas gracias, capitana – comenté mientras estiraba el brazo para coger los informes.

– Espera – me interrumpió. – Antes de que lo cojas. No voy a decirte que he arriesgado mucho para conseguir esto, pero los archivos secretos son secretos por algún motivo. No sé por qué la Cámara de los 46 decidió hace casi 50 años clasificar los documentos de un examen de graduación. Ni siquiera sé si quiero saberlo. Pero créeme si ellos han decidido que estos documentos sean secretos es porque tienen algún motivo de suficiente peso para hacerlo.

– Gracias, capitana, pero aún así quiero verlo – insistí.

– No lo entiendes, ¿verdad? – replicó con una vehemencia poco acostumbrada en ella. – Sé lo que buscas en estos informes. Desgraciadamente, la de tu antiguo yo no ha sido la primera ni la última baja durante un examen. No fue el tuyo el primer accidente con un académico que perdió el control en el dominio de su espada, o incluso que cargó contra alguno de sus compañeros a propósito. Y los informes de esos exámenes nunca se declararon secretos. ¿Entiendes ahora lo que te quiero decir?

– Quiere decirme que hay algo más gordo de lo que parece detrás de esos informes.

– Exacto.

– Pero… ¿los leyó? Quiero decir… ¿sabe lo que esconden esos informes?

– Esta misma mañana mientras esperaba a que Arturo viniera a su habitual reunión conmigo.

– ¿Y?

– Y precisamente por eso no voy a permitir que los leas.

– ¡Pero…!

– Entiéndelo, Rido. Es por tu propia seguridad – me dijo bajando el tono de su voz, que se había ido elevando a la vez que el mío dado a la tensión que rodeaba a la conversación. – Entiéndelo, por favor. Confías en mí, ¿verdad?

– Sí, capitana – asentí casi a regañadientes.

Aunque entendía los motivos que llevaban a la capitana a tomar aquella decisión, seguramente difícil, me costaba conformarme con lo que sabía en ese momento. Sabía que existían esos informes y sabía que aquella historia probablemente era verdad pero nada de lo que había averiguado en aquel momento implicaba que Yonas había sido de verdad el causante de mi muerte, o la de mi antiguo yo… o lo que quiera que fuera.

– Si lo que querías averiguar es si esa historia que te ha contado ese shinigami, Db, es verdad. Yonas, tu hermano, era un académico de la misma promoción que tú. Perdió el control de su espada y tú fuiste a ayudarle. La espada se volvió contra ti y moriste al llegar a la división 4. Eso es lo que querías saber.

– Muchas gracias, capitana – contesté mientras trataba de asimilar que todo aquello era verdad.– Ahora, si me disculpa, voy a…

– Si quieres que te diga mi opinión – me interrumpió con un gesto mientras me levantaba. – No siempre saber mucho es bueno. He visto muchas mentes a lo largo de mi vida gracias a este don y puedo asegurarte que conocer cierto tipo de cosas puede hacer que condiciones tu vida a lo que ahora sabes.

– Ya…

– Rido, – continuó. Su mirada ahora había abandonado la dureza que había mantenido durante la pequeña discusión que habíamos mantenido y se había llenado de cariño. – No olvides que tú no eres ese Rido. Tu eres tú, no éste – dijo señalando el informe que, se supone, contenía la ficha de mi vida anterior – así que trata de que tu vida no se condicione a lo que hoy has averiguado. Si no, nunca podrás ser feliz.

Tras esas palabras de la capitana, me despedí de ella y salí del despacho. La capitana tenía razón, no debía obsesionarme por lo que sabía o si no siempre estaría condicionado por lo que en otra vida había sido y de lo que ni siquiera me acordaba.

Busqué a Eliaz y, por una vez, lo encontré en el jardín del cuartel en lugar de en su impecable mansión. Me sorprendió verlo dentro de los límites de la división a aquella hora, cuando normalmente estaría con Mitsuko entrenando pero no dije palabra. Simplemente me senté a su lado y le acompañé en su meditación, que me sirvió para aclarar mis ideas.

– ¿Y bien? ¿Vas a contármelo? – preguntó cuando terminamos.

– ¿Qué te parece si te lo cuento mientras damos un paseo?

Hay cosas que se cuentan mejor mientras se camina, eso era algo que me había enseñado la vida. Posiblemente aquella historia era una de ellas. Aunque realmente, no sabía si sería capaz de contarla, aún ni siquiera yo la tenía clara. Pero era Eliaz, mi amigo, y una promesa es una promesa.

septiembre 1st, 2006

Memorias 15 – Memories from the past III

Memorias 15 – Memories from the past III (Secret)

La habitación estaba llena de carpetas y folios sueltos. Eliaz había hecho su trabajo a la perfección. Frente a nosotros, los expedientes de todos los shinigamis que habían participado en el examen así como los informes de los exámenes de cada uno de los grupos que tomaron parte.

– Recuerdo éste examen – dijo Eliaz

– ¿De qué?

– Fue cuando conocí a Arturo. Ya no me cayó muy bien en aquel momento – sonrió. – Hubo una emergencia militar de algún tipo y faltaban shinigamis aptos para actuar de examinadores. Necesitaban gente para la segunda prueba y la cámara 46 necesitaba expertos en combate, así que pidieron ayuda a mi clan. Curiosamente me tocó el grupo de… Espera, – se interrumpió – Aquí hay un grupo cuyo informe falta. Sin embargo, aparecen luego tres shinigamis sueltos como aprobados. Sus números en el examen eran 87234–A, 13495–V, 32457–H.

– ¿Falta?

– Sí, falta. No sólo eso, dos alumnos de los que empezaron la prueba no fueron calificados. Sus números fueron borrados. Un momento… uno de ellos era el 09493–E, se olvidaron de borrarlo en esta línea. ¿Tienes el expediente por ahí?

– Er… no, no aparece en la lista. ¿Cómo puede ser eso? – le pregunté mientras observaba la lista de los examinados para tratar de identificar a aquellos shinigamis y tratar de calmar mis sospechas.

– Archivos secretos, sólo un capitán puede acceder a ellos.

– ¿Entonces?

– La única salida que te queda es ir a hablar con la capitana de esto.

– Cierto, pero… ¡Ah! ¡Los encontré! Esos números de serie son de…

– ¿De quién son?

– ¿De quién es qué?

– Algún día me lo contarás. Lo sabes, ¿no?

– ¿Algún día te contaré qué?

– No te hagas el loco. Sabes perfectamente de lo que estamos hablando.

– En fin, que sí. Algún día te lo contaré todo. No te preocupes, sólo déjame confirmarlo. Bueno, entonces voy a hablar con la capitana. Deséame suerte.

Cogí toda la documentación para que Eliaz no pudiera satisfacer su curiosidad. Me había cerciorado de que no había hecho copia alguna así que estaba un poco más tranquilo, aunque sólo poco más. La historia que Db me había contado la noche anterior comenzaba a tener sentido. Aquellos números de alumno coincidían con Nalya, Db y Aiolos, tal y como había dicho. Pero aún necesitaba más confirmación y esa se encontraba en el informe y los expedientes que habían sido incorporados al corpus de documentos secretos de la Sociedad de Almas.

Atravesé el jardín hasta la puerta del edificio principal de la división, donde se encontraba el despacho de la capitana. Caminé por los pasillos esquivando a toda prisa a mis compañeros que estaban realizando diversas tareas en el cuartel hasta llegar frente a la puerta de la oficina de Henkara. Llamé a la puerta y abrí.

– Buenos días, capitana. Disculpe la molestia. ¿Puedo pasar?

– Déjate de tanta formalidad, Rido. Pasa y siéntate – respondió con su habitual tono plagado de amabilidad. – ¿Qué te trae aquí?

– Verá… Anoche Nalya me llevó al cuartel de la décima división y…

– Oh… – me interrumpió – Así que fuisteis vosotros…

– ¿Fuimos nosotros?

– Esta mañana en la reunión de capitanes el capitán Sefirot me comentó que había dormido mal porque alguna shinigami despertó a todo el cuartel gritando por uno de sus subordinados…

– Db… – contesté. – Sí, fue Nalya.

– ¿Y por qué motivo dos shinigamis de la novena división fueron a montar un espectáculo a la entrada de la décima?

– Eso es lo que quería contarle, capitana. Verá, fuimos allí a hablar con ese tal Db, que fue compañero de Nalya en la academia… y al parecer también mío.

– ¿Compañero tuyo? – inquirió sorprendida – ¿Cómo puede ser éso?

– Precisamente por eso estoy aquí. Esta mañana le pedí a Eliaz que investigara archivos sobre el examen en el que se graduó Nalya pero algunos documentos han sido declarados secretos.

– ¿Secretos? – replicó sorprendida. – Resulta muy extraño. Supongo que por eso has venido aquí. Donde la nobleza de Eliaz no llega intentas llegar a través de mí.

– Supongo que sí.

– No sé, Rido – dijo mientras se levantaba y miraba por la ventana. – ¿Realmente quieres saber lo que pasó en ese examen?

Sabía que la capitana conocía perfectamente el caso. Lo había leído en mis turbados pensamientos mientras hablaba con ella. Probablemente me había preguntado por el incidente en el cuartel de la 10 para ganar tiempo para hacerlo y poder pensar la mejor forma de ayudar.

– Yo… – dudé. – Yo realmente no lo sé, pero saber la verdad me llevará a superar mi deuda con Yonas.

– Rido, – me nombró mientras se giraba hacia mí – eso ya lo habías superado, ¿no? No guardas ninguna deuda con él.

– Aún así. Usted lo sabe bien. No saber que pasó con Yonas es una espina que llevo clavada desde hace mucho tiempo.

– Está bien, – resopló – te ayudaré. Si no queda otro más remedio.

– Muchas gracias, capitana.

– Los tendré listos mañana. ¿Por qué no te tomas el resto del día libre? Hace tiempo que no vas al Rukongai. Vete a pasar la tarde allí, si te das prisa podrás tomar el té un par de horas con tu maestro.

Hice caso a la capitana y emprendí el camino hacia el Rukongai a toda prisa. No estaba para paseos. Aquel día ni siquiera me acerqué a la tumba de Yonas, algo que acostumbraba hacer cada semana desde aquel… incidente en mi mente.

El maestro tenía visita, aunque esta vez no eran ni Eliaz ni Mitsuko sino uno de los viejos amigos de mi maestro que había conocido ya durante mis entrenamientos. Era de las pocas personas que solían visitar al maestro, aunque desde mi salida hacia la academia no le había visto en ninguna de mis visitas a la vieja cabaña en el bosque.

Conversamos de temas intrascendentales durante un par de horas frente a las tazas de té, pero sabía que el maestro intuía mi excitación, al igual que nuestro acompañante. De todas formas, aún no quería contárselo a nadie, ni siquiera a él, el hombre al que le confiaría el mayor de mis secretos, así me costara la vida.

Cuando el sol empezaba a caer tras las montañas, comencé el camino de vuelta al cuartel y llegué justo para el momento de la cena con el resto de la división. Al parecer teníamos una nueva incorporación, Hino, una shinigami de la última promoción de la academia que había llegado aquella misma tarde. Todos los compañeros estaban interesados en ella, como solía pasar cada vez que alguien nuevo se incorporaba a nuestra gran familia.

Una vez hubimos terminado de cenar, perseguí a Nalya por el pasillo. Sabía que iba a ser difícil hablar con ella. La experiencia acumulada en el tiempo que llevábamos en la división me había enseñado que después de ponerla de mal humor era mejor huir de ella durante un tiempo. Aún así, tenía algo que decirle.

– ¡Nalya!

– ¡¿Qué mierda quieres?! – gruño echando la mano a su zampa y dándose la vuelta hacia mí.

– Er… Un amigo de mi maestro me ha dado recuerdos para ti. Un tal… Sugimura Kurono

Nalya permaneció en silencio, se dio la vuelta y prosiguió su camino por el pasillo. Aunque juraría que había podido un cambio de expresión en su cara. Algo casi imperceptible. Algo que se mantuvo por una ínfima fracción de segundo. Casi imperceptible, pero conocía bien aquellas emociones. Algo nimio, un gesto fugaz. El nombre de Sugimura Kurono había supuesto una auténtica carga de profundidad para la mujer de hielo. Algo que solo alguien experto en el sufrimiento podría haber intuido. Algo llamado nostalgia.

agosto 25th, 2006

Memorias 14 – Memories from the past II

Memorias 14 – Memories from the past II (Tryin’ to explain)

¿”Puede ser”? Aquella había sido la respuesta de Db a la teoría que le había expuesto sobre Yonas tras conocer toda aquella increíble historia. Una historia tan increíble que todavía no le daba crédito. Mientras avanzaba lentamente en la oscuridad de la noche, sobre los tejados del Sereitei, hacia el cuartel de la novena división no podía dejar de darle vueltas a aquello.

Una y otra vez volvía a repetirme la misma historia. Yo había crecido en la Sociedad de Almas y entrado a la Academia de Shinigamis al mismo tiempo que aquella que me había salvado la vida al enterrar mi alma. Había destacado en los estudios y llegado al examen final donde un terrible accidente con un académico que estaba realizando la primera prueba había acabado con mi vida. Aquel académico era Yonas, el único hombre al que había podido llamar amigo, hermano.

Cavilando una y otra vez sobre aquello me encontré de pronto en el tejado del edificio principal de nuestro cuartel, fácilmente reconocible pues Crawlink estaba allí, contemplando el cielo infinito como cada noche. En silencio, me senté a su lado, sin cruzar una sola palabra. Aquello era lo que necesitaba, unos instantes de silencio. Cerré los ojos y traté infructuosamente de relajarme.

Viendo que aquello era tarea imposible, decidí acometer en aquel momento algo que me había propuesto para el día siguiente. De un salto, aterricé frente a la puerta principal y saludé a los guardias. Avancé por los pasillos hacia la zona de dormitorios y me paré frente al suyo. Llamé a la puerta insistentemente hasta que me abrió.

– ¡Tú!

– Yo.

– Sabía que no podría descansar sin que antes vinieras a joderme la noche. ¿Tienes la idea de la hora que es? ¡Pesado!

– Si antes no te hubieras escapado no vendría a preguntarte nada ahor…

El portazo interrumpió mis palabras, pero no estaba dispuesto a rendirme. Volví a llamar a la puerta otra vez aunque estaba convencido de que eso sólo empeoraría la situación. A los pocos segundos, volvió a abrir la puerta pero esta vez no hubo una respuesta verbal. El filo de su espada se acercó peligrosamente a mi cuello.

– Sólo es una pregunta – insistí.

– ¿Una pregunta de esas tuyas que para contestarlas hay que hablar durante media hora seguida?

Decidí no hacer caso de sus impertinencias y seguir con mis preguntas. Sabía que tarde o temprano se daría por vencida y me contestaría. Eso, o el filo de su espada dejaría de acercarse peligrosamente a mi cuello para alejarse de él… por el otro lado.

– Db me contó que tú viste lo que le pasó a Yonas.

– Piérdete. No quiero hablar de eso, ¿vale?

– ¡Dios! ¡Escúchame un momento! ¿Quieres?

– No, no quiero. He dicho que te pierdas. ¿No lo entiendes? – su tono había abandonado la impertinencia hacia una falsa sensación de calma que resultaba ciertamente amenazadora. – Piér–de–te. No es tan difícil.
– Pero…

– Mira, chaval, no eres el único aquí con un pasado tumultuoso, ¿vale? Así que no vayas de gran víctima por el cuartel adelante. Ahora vete a dormir y déjame en paz. Mañana contestaré a tus preguntas… si me apetece.

Dicho esto, volvió a cerrar la puerta en mis narices. No era momento de seguir insistiendo así que me encaminé a mi habitación. Necesitaba hablar con alguien así que me paré delante de la puerta de la habitación de Eliaz, pero aún no había llegado. Seguramente seguiría en su mansión y si no había vuelto a aquellas horas, probablemente no lo haría hasta la comida del día siguiente.

Podría ir a visitarle en aquel momento. No perdía nada por intentarlo. En cualquier caso, aunque no consiguiera hablar con él, el paseo hasta la mansión me sentaría bien y podría descansar en uno de los cómodos cuartos que había en su casa. Recorrí en sentido inverso el mismo camino que me había llevado hasta la puerta del cuarto que Eliaz tenía en la división y salí del cuartel.

Me subí al tejado más próximo y emprendí la marcha sobre los muros del Sereitei hacia mi destino. Era un camino corto, prácticamente en línea recta y en breves minutos estuve en el portal de la casa. Llamé a la puerta y esperé a que el mayordomo abriera, pero no fue así. Supuse que estaría ya durmiendo así que me invité yo mismo a entrar.

Trepé hasta lo alto de los tejados y me desplacé sobre ellos hasta encima de la habitación de mi amigo. Me descolgué por la ventana con la intención de introducirme en la habitación pero antes siquiera de asomarme, la espada de Eliaz estaba amenazando mi cuello.

– Vaya – adiviné a comentar cuando me repuse del susto – es la segunda vez en menos de una hora que me pasa lo mismo.

– ¿Por la ventana de quién te descolgaste?

– No fue por una ventana, pero hace unos minutos tenía a Vilnya un poco más cerca de lo que ahora está Shinentenshi.

– Noche de emociones fuertes, ¿eh? Venga, pasa – me invitó mientras apartaba su espada y me tendía la mano.

– No soy una vieja como tú – bromeé – puedo solo.

Continué con mi plan original y me descolgué por la ventana hacia el interior de la estancia. Cuando aterricé en el suelo de la habitación me di la vuelta hacia la ventana para hablar con Eliaz, que aún siendo el traje de dormir iba vestido de forma impecable y elegante.

– ¿Un té?

– ¿Vas a despertar a Jules a estas horas? – le contesté.

– Estará despierto, supongo – comentó mientras se acercaba a la puerta.

– No me vino a abrir, así que ya estará durmiendo – avisé mientras le detenía con la mano.

– Pues entonces lo haré yo, pero ahora ya me has desvelado así que me voy a tomar un té te guste o no te guste.

Abrió la puerta y lo seguí hasta la cocina. Mientras hervía el agua volvió a su habitación y se cambió para estar “más presentable”. Volvió vestido con uno de sus elegantes trajes “de andar por casa” y sirvió el té.

– ¿A qué viene esta visita inesperada?

– ¿Versión corta o versión larga?

– La larga por supuesto. Sabes que me cuesta conciliar el sueño una vez me desvelan.

– ¿A qué viene esto a estas horas? – interrumpió una voz femenina.

Era Mitsuko, que vestía una bata de seda por encima de un pijama tan elegante como el que vestía su hermano adoptivo cuando entré en su habitación. Nos miraba con cara de extrañeza, como tratando de ubicarse aún espacial y temporalmente.

– Ah, Mitsuko – le saludé. – Buenas noches. ¿Descansaste ya?

– ¿Descansar? ¿De qué? Supongo que no te referirás a ese ejercicio tan ligero de esta mañana – replicó con voz burlona mientras me echaba la lengua.

– ¿Té, hermanita?

– ¿Hermanita? Que cosa más cursi. Te he dicho mil veces que no me llames así.

– Eso, Eliaz, llámala bich… ¡Au! – me quejé del golpe que me había propinado la hermana pequeña de mi compañero al intentar llamarla por su apodo. – Es curioso – añadí mientras me frotaba la zona del impacto – es también la segunda vez que me dan un capón esta noche… y también fue Nalya como lo de la espada.

– A ver que líos os traéis vosotros dos ya… – resopló Eliaz. – Bueno, cuenta. ¿Qué te trae por aquí a estas horas?

– ¿Seguro que quieres oír la versión larga?

– ¿La versión larga de qué? – interrumpió Mitsuko.

– Yo tampoco lo sé. Rido, sabes que sí, versión larga sin duda. Empieza de una vez y no remolonees más.

Aún tardé un poco en responder. Se me acaba de ocurrir que sería bueno contrastar la historia con otras fuentes. La familia de Eliaz tenía influencia en la Sociedad de Almas así que posiblemente él pudiera acceder a los archivos. Pero si quería que la información fuera totalmente fiable podría no

– Está bien, está bien. Os contaré la versión corta – les dije. – He descubierto algo del pasado de Yonas que me ha impactado bastante – continué, haciendo caso omiso de las caras de indignación con las que me estaban mirando los hermanos por haber decidido no contarles, todavía, la historia completa. – ¿Podrías conseguir los archivos de Yonas?

– Vamos a ver… – respondió mi compañero. – Podría conseguirlo, pero ¿y si no quiero?

– ¿No le vas a hacer un favor a un amigo? – contesté sin entender completamente la actitud de Eliaz.

– Si me lo cuentas, a lo mejor lo hago.

– ¿Intentas chantajearme? – le pregunté con clara indignación por su capricho.– Si no quieres hacerlo no lo hagas, simplemente quería contrastar la información que he recibido antes de contaros una cosa que ni siquiera sé si es verdad.

Me levanté con intención de irme. La actitud de Eliaz me había puesto de los nervios cuando todavía estaba empezando a calmarme después del día tan ajetreado que había tenido. Mi compañero estaba siendo muy caprichoso. Sabía que yo también, pero en aquel momento sólo podía pensar en su respuesta.

– Espera… A ver, lo haré. Mañana por la mañana iré al registro. Volveré al cuartel a comer y te llevaré lo que encuentre. De todas formas, no va a ser fácil encontrar mucha información de un simple plus.

– Tranquilo, no era un simple plus – le contesté intentando calmarme. – Busca también los informes sobre el examen de ascenso a shinigami de la promoción de Nalya. Pero por favor, no los abras.

– Está bien, no sé para qué los quieres pero intentaré traértelo todo. Eso sí, no puedo prometerte no echarles un vistazo. Ya sabes que la curiosidad me puede.

– La curiosidad mató al gato.

– Mala hierba nunca muere.

– ¿Quieres quedarte a dormir aquí? – intervino Mitsuko para evitar que nos enzarzáramos en una de nuestras interminables guerras de refranes. – Sabes que Jules siempre tiene preparada un cuarto por si acaso apareces.

– Gracias, Mitsuko. Pero aún no sé si volver al Sereitei y acostarme tranquilo en mi habitación hasta la hora de comer mañana.

– ¿Estás loco? Acabas de venir, ¿cuánto has caminado hoy? Te tienes que quedar – me ordenó con un tono que implicaba que no había respuesta posible.

– Está bien, está bien… – resoplé. – Esta noche me quedaré aquí. ¿Podríais avisar a Jules de que me despierte para que me de tiempo de llegar a comer al cuartel?

– No hay problema, ve a descansar.

Cuando llegué a la habitación, dejé mi espada a un lado del colchón y me tumbé. Si tenía suerte, por fin podría descansar por primera vez en muchas horas. Pero mi cabeza no dejaba de darle vueltas a aquello. ¿Quién era realmente yo? ¿Quién era realmente Yonas?

agosto 18th, 2006

Memorias 13 – Memories from the past I

Memorias 13 – Memories from the past I (Death)

Por aquella época vivía solo, en el bosque, cerca del pueblo. No me metía en problemas, comía lo que podía conseguir y no me preocupaba por lo que pensaran de mí. Estaba bien como estaba. Sin meterme en líos, sin causarle problemas a nadie. Nada había cambiado respecto a lo anterior.

– ¿Cómo te llamas? – me preguntó aquel hombre.

Mi nombre, el nombre de un perdedor. No. Era alguien nuevo. Alguien sin identidad. No iba a vivir con ellos. ¿Para qué decirle nada?

– Yo… – dudé – Yo no tengo un nombre que merezca ser recordado.

– ¡Oh! ¡Vamos! Todo el mundo tiene un nombre, y todo el mundo merece ser recordado.

– Pues yo no.

– Si vamos a ser amigos…

“Amigos”… Alguien como yo no podría tener amigos. ¿Para qué? ¿Para causarles sufrimiento? ¿Para dejarlos tirados a la primera de cambio? No. Yo no podía tener amigos. Era imposible. Si vivía lejos de cualquier sentimiento tendría la oportunidad de no volver a sufrir, ni a hacer sufrir.

– ¿Amigos? – le interrumpí.– Lo único que conseguirías es que te hiciera daño. Es mejor para todos que me quede aquí, solo.

– No digas tonterías. En fin, si no me quieres decir nada, te llamaré Rido. Tienes cara de llamarte así.

– No me escuchas, ¿verdad?

– No – me dijo, con una sonrisa de oreja a oreja

– ¿Me escuchas? Verás, tú te has criado en una cultura occidental. Supongo que te será más difícil de asimilarlo, pero siempre has sido bueno en los estudios así que no te diré nada nuevo aunque a lo mejor sí, quien sabe lo que dan ahora en la Academi… ¡Mierda! Me estoy liando. A ver si me explico… ¡No! Mejor. Vamos a hacer una cosa. ¡Ven conmigo!

– ¿A dónde? – pregunté mientras Nalya me agarraba del uniforme y me arrastraba en dirección al cuartel.

– Ya lo verás cuando lleguemos.

Atravesamos a toda velocidad el cuartel. Los compañeros nos miraban entre asustados, curiosos y divertidos mientras cruzábamos sin parar y a toda prisa una estancia tras otra hasta llegar a la puerta de la división. Logré zafarme de su presa y mientras me acababa de colocar bien el traje me apresuré a seguirle.

La expresión de Nalya reflejaba la tensión del momento y me transmitía esa sensación también a mí. ¿A dónde estábamos yendo? Atravesábamos el Sereitei en medio de una ligera neblina. Pronto llegamos a nuestro destino.

– ¿El cuartel de la décima división? ¿No es demasiado tarde para estar entrando en los cuarteles ajenos? Deberíamos volver.

– ¡Db! – gritó – ¡Db! ¡Sal!

Genial, no sólo no me había escuchado, sino que a ella la debía haber despertado a medio Sereitei. Incluso apuesto a que el maestro Kunishi la había oído desde su cabaña en el bosque junto al distrito 57 del Rukongai Oeste. A los pocos segundos, una multitud de shinigamis de la división salieron a increparnos.

– Vale, ya lo has conseguido. Ahora tenemos a toda la división 10 encima, cabreada con nosotros. ¿Era eso lo que buscabas?

– No digas tonterías… ¡Ah! Ahí viene.

– ¿Quién? ¿Quién es ese Db?

– Un viejo amigo – dijo un shinigami que se nos había acercado. – Hola, Rido, yo soy Db.

Su cara me resultaba extrañamente familiar. Estaba seguro de que lo conocía de algo pero no sabía ubicar su rostro en mi memoria. Quizás sería de verlo en la Academia, en el Sereitei… pero no caía exactamente.

– ¿Nos… conocemos?

– Algo así – contestó mientras se giraba hacia mi compañera – Nalya, ¿que trae por aquí?

– Verás, estaba tratando de contarle a éste…

– ¡Oye! ¿Éste? Tengo nombre. ¿Eres conscient…? ¡Au!

– ¡No me interrumpas! Estaba tratando de contarle a éste – repitió, enfatizando el “éste” – lo que sabemos acerca de él. Pero me estaba liando así que te dejo a ti el problema. Adiós. Buenas noches. ¡Pasadlo bien!

– ¡Eh! ¡Oye! – dijimos al unísono.

– ¡¿Qué es eso que sabéis acerca de mí?!

– ¡¿Por qué me dejáis a mí con todo el marrón?!

Pero ya era tarde, Nalya había desaparecido de nuestro campo visual y se había perdido en las callejuelas del Sereitei, probablemente de vuelta al cuartel de la división. Ahora yo estaba allí, en el patio frontal del cuartel del décimo escuadrón, en el que afortunadamente ya se habían calmado los ánimos y todo volvía lentamente al silencio propio de aquella hora.

– ¿Qué es eso que decís saber de mí?

En aquel momento no me contestó. Con una seña, me invitó a seguirle hacia

– Bueno, es una larga historia. Hace mucho mucho tiempo…

– ¿“En una galaxia muy muy lejana”? – dije sin poder aguantar la risa.

– ¿Qué? – inquirió desconcertado Db

– Déjalo – le contesté. No me había dado cuenta que seguramente aquí arriba no hubieran oído hablar de aquellas películas. – Por favor, continúa.

– Está bien. Lo que te decía. Hace bastante tiempo… tú, Nalya y yo fuimos compañeros en la Academia.

– ¿Compañeros? ¿En la Academia? ¿Qué? ¿Cómo? Es imposible, Nalya…

– Enterró tu alma. Lo sé. Sé que es difícil de entender… Supongo que ya conoces todo el rollo ese del ciclo de las almas…

– Sí, cuando un alma muere en el mundo mortal, su alma viene a parar a la Sociedad de Almas. Cuando muere aquí… ¡Un momento! Entonces… lo que me quieres decir es que en mi… “vida anterior” yo fui vuestro compañero en la Academia, de Nalya y tuyo…

– Exacto. Veo que al menos sigues siendo el mismo chaponcete… Siempre nos superabas a todos en la Academia.

– Vaya… La verdad es que suena increíble. No me acuerdo de nada… Bueno, eso es lógico. Pero… ¿por qué Nalya no me dijo nada? Llevamos casi un año siendo compañeros.

– Precisamente. Lleváis un año juntos, deberías conocerla, no es muy dada a las relaciones interpersonales. Verás, cuando Nalya enterró tu alma vino a contárnoslo. Te suicidaste, ¿no? Supusimos que no estabas preparado para saberlo así que quedamos en que te lo contaríamos todo cuando estuvieses preparado. Hasta ahora no había sabido más de ti, a parte de que habías ingresado en la novena división.

– ¿Quién más lo sabe?

– Aiolos, de la 13, que fue nuestro compañero en el examen de ascenso a shinigami y Gaby, Krunzik e Ichiken, de mi división. Entramos en la academia al mismo tiempo y, de hecho, hicimos algunas travesuras juntos.

– ¿En serio?

– Sí, en serio. De hecho, hubo una bastante sonada. Estaban cerca los exámenes y teníamos que eliminar tensión así que un día nos colamos en una de esas grandes fiestas en el cuartel de la octava división y arramplamos con bastante sake. Fuimos unos héroes en la Academia.

– ¿Seguro?

– Sí, verás…

No podía salir de mi asombro. Cada cosa que me contaba me sorprendía aún más, historias de una amistad perdida, de algo que había tenido y que en esta vida había rechazado hasta que había vuelto a… ¿casa? La charla continuó hasta bien entrada la noche, mientras paseábamos por los jardines de la división 10. Cuando ya me acompañaba a la puerta, Db se paró, y me miró con una cara que reflejaba una gran curiosidad.

– ¿Sabes? Hay algo que me resulta curioso – me dijo. – Normalmente, cuando alguien se reencarna no suele llevar el mismo nombre. Tú te llamas Rido, como antes…

– ¿Qué tiene eso de significativo? Mi nombre me lo puso mi hermano. Yo me avergonzaba de mi nombre y el me dijo “Te llamaré Rido. Tienes cara de llamarte así.” Yonas tenía salidas de ese estilo.

– Un momento – su rostro había cambiado completamente. – ¿Has dicho Yonas?

– Sí. Era el nombre de mi hermano, bueno, no era exactamente mi hermano…

– Fue el causante de tu muerte.

– ¡¿Cómo?!¡Es imposible! ¡Yonas no haría eso nunca!

– Baja la voz. A ver. Déjame explicártelo Todo fue un accidente.

– ¡¿Cómo que un accidente?!¡Estás diciendo que mi hermano me mató!

– Si me dejas explicártelo a lo mejor…

– ¿Si te dejo explicármelo? Mira, acabo de conocerte… por mucho que en… una vida pasada hayamos sido amigos… ¡Yonas no me mató! ¡Nunca haría eso!

– ¡Espera! ¿Quieres escucharme un momento?

No, no quería. No quería escuchar que había sido Yonas, mi hermano, quien me había matado, quien me había arrebatado una vida de la que yo no me acordaba pero que parecía ser infinitamente mejor a la que yo recordaba haber vivido. Yonas no podía haberme hecho eso. Tenía que haber alguna explicación… seguro. Seguro que la había

– Rido, ¿quieres escucharme?

– No lo sé…

– ¿Cómo que no lo sabes? Bueno, está bien, vamos a calmarnos, ¿vale? – dijo mientras me tendía una taza de té.

– A ver… habla.

– Ocurrió durante el examen de ascenso a shinigami. Aiolos, Nalya, tú y yo formábamos uno de los grupos – comenzó. – Habíamos conseguido pasar la primera prueba con algún que otro problema. Yo me quedé atrás por… por algo que no viene a cuento y vosotros estabais ya con los examinadores esperando por mí para comenzar la segunda prueba.

“Yo no vi lo que ocurrió, Nalya sería más adecuada para contártelo, pero ya que no está te contaré lo mismo que me dijo. Mientras luchaba contra un grupo de Hollows, uno de los académicos del grupo que combatía en un espacio cercano al nuestro perdió el control de su espada. Al parecer, tú saliste corriendo hacia él para ayudar a detenerle sin causar mayores daños. Conseguiste salvarle pero saliste herido mortalmente. Conseguiste llegar a la división cuatro pero ya era demasiado tarde y a las pocas horas… falleciste.

»Aquel académico se llamaba Yonas y nunca llegó a convertirse en shinigami. Después de aquel incidente, nunca se le volvió a ver en el Sereitei, así que todo el mundo pensó que había sido expulsado por su imprudencia. Sea como fuere, expulsado o que hubiera decidido marcharse por voluntad propia, acabó viviendo en el Rukongai.

– Entonces, por una casualidad, me encontró allí – continué. Aquello iba tomando una inquietante lógica. – Supongo que entonces trató de redimirse y se convirtió en mi amigo… Eso aclara algunas cosas. Había veces que se ponía melancólico, nostálgico, pero nunca lo admitía.

– Puede ser…