
A través de eCuaderno he llegado a este artículo del periodista (entre otras cosas) portugues Paulo Querido en el que se critica duramente las famosas vuvuzelas (que no “vuvuzuelas”, como dije en el artículo anterior sobre el mundial). Dice el luso que matan la participación del público y yo no podría estar más de acuerdo. A lo que no llegaría ya es a la afirmación de que esto sea razón suficiente para no haber llevado el Mundial a Sudáfrica. Pero eso es otro cantar.
Lo cierto es que las vuvuzelas son nocivas para el futbolero. Son un molesto zumbido, constante, incesante, monótono e imparable que acompaña indistintamente un emocionantísimo Brasil-España (esperemos que sea la final) o al coñazo que fue Uruguay-Francia. Da igual el partido, la situación, los contendientes. El resultado final es el mismo: BZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZ
Uno de los alicientes del fútbol en directo es la afición. A mí lo que más me gusta de ir al campo es precisamente eso y en Coruña tenemos la suerte de una gran afición. Por lo demás, casi es mejor ver un partido por la tele (más detalle, más cómodo…). Cuando la cadena se porta bien y es capaz de dejarte sentir la presión del ambiente, aunque sea un poquito, es cuando mejor se vive.
Así, cuando vemos un partido de fútbol inglés nos acojonamos. Y lo mismo nos pasa cuando vemos la Bombonera a tope o a los brasileiros bailar samba en los estadios. A los del Mediterráneo Oriental (Balcanes, Grecia, Turquía) les da por las bengalas (también a los italianos de vez en cuando). Cada pueblo, cada afición, como señala bien un compañero mío en el Facebook, tiene una idiosincrasia propia que la hace única. Siguiendo el mismo razonamiento la tan traída y llevada vuvuzela sería la forma propia de la afición surafricana.
La cuestión es que ya en casa resulta sumamente molesta. No quiero imaginar lo que puede ser para los jugadores, seleccionadores y periodistas o para cualquier mortal que esté en el campo cuando en casa, por la tele o por la radio, se vuelve insoportable. Apenas se escucha a los comentaristas con claridad, que tienen que gritar como condenados para hacerse entender.
No sé si prohibirlas es la solución. Hay quien dice que sí, hay quien dice que no. El debate está en la calle. Ahora, seguramente es tarde, pero sí que creo que se pierde mucha riqueza cuando se sucumbe a la dictadura del zumbido. Creo que es trabajo para la FIFA futuras ediciones que se puedan celebrar el evaluar formas (no prohibitivas) de fomentar la diversidad “aficional”.
Lo que sí sé es que no sé a qué esperan las cadenas de radio y TV para filtrar el zumbido y así, aún si no lo quieren hacer desaparecer completamente, por lo menos, mitigarlo para hacerlo más soportable. Quizás entonces, podamos escuchar las gargantas de los aficionados desgañitarse por su equipo.
Y tú, ¿qué opinas? ¿Se deberían prohibir las vuvuzelas o deberían respetarse como forma de expresión cultural?







Ni falta que me hace. No niego que “mi vida” sería mucho más agradabe si fuera de uno de los equipos llamados grandes, o, mejor dicho, del Madrid o del Barça. Sufriría menos. Pero no. Soy de uno de esos equipos de media tabla, con una historia de vaivenes, que han pasado más temporadas en las categorías inferiores que en Primera pero que ha ganado sus títulos. Uno de esos equipos que, por milagros de la historia del fútbol y porque este deporte a veces (y sólo a veces) hace justicia ha tenido el privilegio de colarse en la cortísima lista de equipos que han ganado esta “Liga de las Estrellas” en la que “estrella”, cada día más, se hace sinónimo de niñato malcriado. No. Yo no soy del Madrid, soy del Real Club Deportivo de la Coruña.
Creo que ninguno nos podemos quejar de la marcha deportiva del Dépor en los últimos años. Sí, el equipo no es ni el
Pero claro, se lesiona Filipe y todo cambia. Si hay un jugador imprescindible en este Dépor era él. Y más cuando Guardado y Angulo están lesionados también en este momento. El Dépor se queda sin banda izquierda, sin el mejor lateral izquierdo de la Liga, el que estaba llamado a ser el lateral del Brasil mundialista y… la gran venta (aunque nos joda venderlo) que necesita el Dépor para aliviar una situación económica acuciante fruto de la gestión de uno de los mayores ladrones del mundo del fútbol. Pero eso es otra historia.