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julio 12th, 2010

Somos Campeones del Mundo

¿Conocéis esa sensación de cuando no puedes dejar de reír, las lágrimas afloran en los ojos y te pones rojo como un tomate de la emoción? Pues eso. Así es como me siento hoy. Y me encanta. Y no sabes qué decir. Y no sabes qué hacer. Como Camacho ayer.

Porque hoy es el día con el que habíamos soñado desde siempre. Cardeñosa, el desastre del 82, los penaltis de Bélgica, Yugoslavia, Tasotti, la cantada de Zubi, el puto egipcio, los jubilados… Todo eso es ya pasado. Hoy, y hasta dentro de cuatro años como mínimo, tendremos el orgullo de decir SOMOS CAMPEONES DEL MUNDO.

Pensaba hablar del partido, pero eso me llevaría a enervarme como me enervé esta mañana en Twitter hablando del lado oscuro de una final que sufrimos más que disfrutamos. No, hoy no. Mañana, si cabe, o pasado. Yo que sé. O nunca. Hoy es el día para llorar de alegría. De rabia. De ilusión. Para emocionarse como tontos y quedarse con la sonrisa en la boca porque sí. El día de que se te ponga cara de bobo con el beso de Casillas, de reír y llorar sin control con las narraciones del partido… y de disfrutar.

Por que sí. Porque es verdad. De verdad de la buena.

¡SOMOS CAMPEONES DEL MUNDO!

julio 9th, 2010

Sonrisas y lágrimas… y toda la vida en torno a un balón

El otro día se me ocurrían un montón de cosas que preguntar en esta ventanita acerca de la Selección y el Mundial para entablar un poco de conversación con los que estáis ahí al pie del cañón leyendo mis rayadas mentales día tras día. A medida que el tiempo iba pasando y las cosas se iban sucediendo: el pase a cuartos, a semis, a la final, las reacciones… más y más preguntas se me venían a la cabeza. Todas fruto de un hecho innegable: nuestra selección está haciendo historia. Y una historia de las buenas.

Como posiblemente le haya ocurrido a muchos, me ha hecho echar la vista atrás y pensar en tantos y tantos momentos “históricos” que he vivido con esta “tontería” que llamamos fútbol y que tantas pasiones levanta. Será nostalgia, sentimiento, forofismo o lo que sea… pero es lo que estoy viviendo ahora mismo.

Levantaba el otro día la liebre un RT de Carlos Martínez (el del Plus) que decía algo así: “¿Cual es tu primer recuerdo de la seleccion? Por suerte yo con 16 son muy pocos malos y muchos buenos! SOÑAMOS CON ESE DIA 11!” y me devolvía a aquella frase que soltaba yo ayer y que decía que, igual que mis “precursores” en el deportivismo podrían tener envidia de mi generación por haber conocido directamente las mieles del Superdepor, yo tenía la envidia de esta generación que a despertado al fútbol en estos últimos tres años y ha visto esto tan grande que están haciendo estos chavales.

Pero también decía que lo vivido y lo sufrido, al igual que mis mayores tampoco harían, seguramente, no lo cambiaba por nada del mundo. Todo eso es lo que le da mayor sentido y mayor grandeza a esto. Y es en “todo eso” en lo que me puse a pensar un buen rato anoche. read more »

julio 8th, 2010

Haciendo historia

No sé qué decir. No me salen las palabras. Ayer España jugó el partido perfecto contra la selección perfecta y se coló con todo derecho en la final de un Mundial. Ha pasado más de medio día y aún no termino de creérmelo. Porque es verdad, no es un sueño. ¡Estamos en la final del Mundial!

España ha dado una lección de fútbol a la selección que mejor fútbol había demostrado hasta ayer a las 20:30 horas. Pero tampoco fue un partido fácil. Era Alemania, no una broma. Nos metió varios sustitos que no llegaron a nada gracias a un centro de la defensa imperial y a un Iker bendito y  demostró por qué todo el mundo consideraba que la de ayer era la final anticipada. Qué bien y qué rápido sube el balón esta Alemania. Por eso el partido de ayer tiene más méritos

Aunque Alemania se sacó del medio magistralmente de encima a selecciones del nombre de Inglaterra y Argentina no había tenido rivales tan bien plantados en el campo como fueron Paraguay, China o incluso Portugal para la Armada – todo hay que decirlo – todos sabíamos del potencial de esa selección. Sin embargo, como muchos vaticinamos, España demostró que, en cuanto le dejan espacio, por mínimo que sea, hace maravillas y jugó ayer su partido más cómodo.

Un 10 a Del Bosque que se arriesgó (mediáticamente, no futbolísticamente) al meter a Pedrito, a quien, según algunos, el partido le venía grande. Lo cierto es que el inesperado cambio fue la pieza que faltaba. Pedrito fue, a mi modo de ver, la estrella del partido. Xavi, Iniesta y Pedrito hicieron estragos entre líneas, aunque sería injusto destacar a nadie en especial, porque todos estuvieron inmensos.

Pero no quería hablar del partido de ayer, sino de su significado. Porque lo bonito y lo grande de lo que estos chavales hicieron ayer cobra más sentido y más entidad cuando lo vemos en la perspectiva que nos ofrece la historia. Una historia que, como solemos decir, nos debía una. Podríamos enumerar una tras una las decepciones que nos había dado la historia, desde Italia ’38 hasta Alemania ’06, con las solas excepciones de los goles de Zarra en el 50 y Marcelino en el 64… y la final del Parque de los Príncipes en el 84. Y seguramente nos olvidáramos de alguna. Esta generación nos ha reconciliado con la historia.

Nuestros padres, nuestros abuelos, nuestros tíos, muchos de los cuales no han llegado quizás a ver esto, sufrieron todos esos males que antes me negué a enumerar. Yo desperté a la Selección y al Mundial con el codazo de Tassotti. La historia posterior todos la conocemos: Nigeria, Al Gandul, Francia… Tantas y tantas esperanzas frustradas dan más sentido a lo que pasó ayer.

Igual que mi generación de deportivistas nacimos al fútbol directamente en la época del Superdépor y nos ahorramos los oscuros años ochenta y los sufrimientos de las promociones y lo que nos costó el ascenso, provocando la “envidia” de nuestros mayores, la generación de mis primos pequeños tienen la suerte de nacer al fútbol internacional con esta selección. Y me dan envidia, aunque no lo cambiaría por nada. La alegría es mayor sabiendo de donde venimos.

Una selección que juega tan bien que ha sido capaz de impulsar un cambio de estilo en la perenne selección alemana. Una selección que pasará a la historia marcando una época como la Canarinha entre los 60 y los 90, como el Equipo de Oro húngaro de los 50 con Puskas como estandarte, como la URSS de Yashin, como la Mannschaft de Beckenbauer y Müller o la de Mathaus, Klinnsmann, Voller y compañía, o como la Naranja Mecánica de Cruyff y Neskeens, o de Van Basten, o de Bergkamp, Kluivert, los De Boer…

Muchos de estos conjuntos no sellaron su historia con un título – baste pensar en Hungría, en Holanda, en la Portugal de Eusebio, en la Brasil de Sócrates, Falcao y Zico – y, aún así, están más en la memoria de muchos que las aburridas Italias tetracampeonas y otros equipos que vencieron “pese a”.

Precisamente contra Holanda, una de esas selecciones que marcaron época, nos jugaremos el domingo el entrar finalmente en ese club exclusivo de selecciones campeonas del Mundo en el que sólo hay siete nombres: Uruguay (’30 y ’50), Italia (’34, ’38, ’82, ’06), Alemania (’54, ’74, ’90), Brasil (’58, ’62, ’70, ’94, ’02) Inglaterra (’66), Argentina (’78 y ’86) y Francia (’98). Gane quien gane hará historia: será el primer Mundial para cualquiera de los dos y será la primera europea que gane un Mundial jugado fuera de Europa (la segunda selección, después de Brasil ’62 y ’02 que lo gane fuera de su continente).

Pero es más que eso. De alguna forma, se enfrentan dos sistemas de juego que son “primos” entre sí. Por un lado, Holanda sigue llevando la marca de la Naranja Mecánica, aunque ha renunciado al estilo que la hizo famosa, admirada y temible durante generaciones, el fútbol total que la generación Cruyff hizo famoso y que continuaron los Gullit, Rijkaard, Van Basten, Bergkamp. No, esta Holanda no es aquella Holanda. Por el otro lado, es innegable que el juego Made in Spain bebe del cruyffismo que se implantó en Barcelona desde principios de los 90 y que ha dado a luz a una generación de jugadores que ha florecido ahora.

Un equipo que ha renunciado a la Naranja Mecánica contra un equipo que ha heredado su espíritu. Y el fútbol le debe una a la Naranja Mecánica desde el 74, eso lo tenemos claro muchos, pero se le debe al juego, no al nombre. Y el fútbol le debe una a esta generación de oro que ya ha ganado 8 Grand Slams de Tenis, 2 NBAs, un Mundobasket y un Eurobasket, varios Tours, varios títulos internacionales de Fútbol Sala, en Hockey, en Balonmano… Falta el colofón final del Mundial de Fútbol.

Por eso, aunque ya hemos hecho historia clasificándonos para la final y cerrar nuestra mejor clasificación en un Mundial de Fútbol que antes era el cuarto puesto de Brasil ’50, aún seguimos soñando y aún mantenemos una sola esperanza: disfrutar de esta España un partido más. El domingo… ¡España entera se va de borrachera!

Posiblemente esta entrada no tenga mucho sentido. A lo mejor peca de forofista o de sentimentalista o de inconexa o de… Me importa más bien poco. España va a jugar una final de un Mundial y eso es justificación suficiente.

mayo 25th, 2010

24: Al final el tiempo pudo con Jack Bauer

Nada más y nada menos que 8 temporadas ha permanecido en antena una de mis series favoritas: 24. 8 temporadas hasta ayer, cuando se emitieron los dos últimos capítulos de la serie. Los dos últimos, a la espera de una película.

No es que dé para una gran reflexión como la del post anterior, es 24, no Lost, lo que hay es lo que ves, pero no podía dejar de postear mi In Memoriam particular en este rinconcito. Así que ahí va.

192 capítulos, 192 horas, 8 días, en las que hemos visto a Kiefer Sutherland encarnar al más puro antihéroe de la TV reciente y la recta final de la Octava Temporada ha hecho honor a esto. En una escalada de tensión continua han desfilado por el guión de los últimos 12 capítulos los componentes principales de la saga: los demonios personales de Bauer (su familia, su vida sentimental, su culpabilidad), la fragilidad de la clase política, la dureza del sistema, la dificultad de marcar la diferencia… Todo con un Jack Bauer en un éxtasis violento al más puro estilo Berserker en busca de justicia, un Jack Bauer que no duda en convertirse en juez y parte (y ejecutor) al ver que el sistema le da la espalda.

Con todos los grandes excepto Jack y Chloe fuera de escena (Nina, Tony, Michelle, Bill Buchanan, los Palmer, los Bauer, Aaron… incluso Kim tiene el papel más secundario de los últimos años, que ya es decir), cambio de escenario y el tirar de nuevos personajes hacía presuponer que le daría un tono de frescura a una serie que, ciertamente, parecía redundar (magistralmente, eso sí) en lo mismo una y otra vez.

Pero también era peligroso. Los nuevos personajes eran en general demasiado planos, demasiado cabezas cuadradas… Personalmente me decepcionó mucho el personaje de Dann1a Walsh (Katee Sackhoff), que es posiblemente la peor traidora que ha pisado alguna vez las oficinas de la CTU. Una pena, porque acabo de ver Galactica estas últimas semanas y la verdad, el personaje no está ni a la altura de la suela del zapato de Kara Thrace. Pasar de encarnar a Starbuck a encarnar a Dana Walsh es un paso atrás.

Así, la primera parte de la temporada fue bastante decepcionante. La trama principal (la firma del definitivo tratado de paz para Oriente Medio con la ficticia República Islámica de Kamistán y el complot para hacerlo fracasar) era grandiosa, pero estaba continuamente interrumpida con una trama paralela más que pobre.

Afortunadamente se rescató lo más decente de la séptima temporada (que a mí no me convenció en muchos aspectos). Al fin habíamos recuperado a un Presidente (Allison Taylor) más o menos a la altura del primer David Palmer y con un jefe de gabinete decente y valiente (Ethan Kanin). Y a la ex-agente del FBI Renée Walker, que encarna una suerte de versión femenina de Jack y su única oportunidad de redención.

Con estos ingredientes se fabricó una trama que, en un principio, aunque se ponía por encima de las inmediatamente anteriores, no estaría a la altura de las mejores temporadas de 24. Y así parecía que iba a terminar hasta que hizo entrada el que yo creo que es el personaje más odiado de los fans… (bueno, de entre los villanos, yo no soporto a Tony Almeida): el ex-presidente Charles Logan (acompañado de su sidekick particular, Yuri Suvarov, el presidente de Rusia), el único ex mandatario estadounidense que, en un balance global, merece un juicio negativo sin ningún tipo de cortapisa a lo largo de los muchos años que transcurren en la serie.

Y con su entrada todo toma un tono que al fin hizo justicia a los grandes momentos que nos había regalado la serie de la FOX. Una forma de despedirse por todo lo alto reivindicando lo que ha sido la serie de acción más innovadora de la década, posiblemente y sobre todo recordándonos una cosa: Jack Bauer nunca podrá ser un héroe…

… pero sigue siendo uno de los buenos.

Y quizás, ese es el gran problema. Que es de los buenos.

Of course, no  a todo el mundo le va a gustar la serie. La escalada de violencia es brutal y hay quien se queja de que incluso es demasiada para el personaje de Jack Bauer. En mi humilde opinión no deja de ser un capítulo más, el último, de una larga lista; un paso más, el definitivo, en la evolución del personaje. Jack ha vuelto a decepcionarse con el sistema ahora que había encontrado alguien honorable como Taylor… alguien como Palmer (que, sin duda, es el gran modelo que siempre subyace a la hora de juz4gar a los presidentes en 24) y, además, ha vuelto a perder a la mujer que ama (¿y cuantas van?). La única salida que encuentra es abandonar el largo camino de la redención y errar en la sombra de la venganza.

En espera de la película:

Long live Jack Bauer.

mayo 25th, 2010

Y al final se encontraron. El final de Lost.

– Hey, Kiddo

– Dad?

– Hello, Jack.

– I don’t understand… You died…

– Yeah… Yes I did.

– Then how are you here right now?

– How are YOU here?

– Huh… I died too…

– It’s OK… It’s OK… It’s OK, son.

– I love you, dad.

– I love you too, son

– Are you… Are you real?

– I hope so. I’m real. You’re real. Everything that’s ever happened to you is real. All those people in the church, they are all real too.

– They are… They are all dead?

– Everyone dies some time, Kiddo. Some of them before you, some… LONG after you.

– Then why are they all here NOW?

– Well, there is no “NOW” here.

– Where are we, dad?

– This is the place that you… that you all made together so you can find one another… The most important part of your life was the time that you spent with this people. Thatps why all of you are here. Nobody does it alone, Jack. You needed all of them and they needed you.

– For what?

– To remember… and to… let go.

– Kate… She said we were leaving.

– Not leaving… No. Moving on.

– Where are we going?

– Let’s go find out.

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agosto 31st, 2007

Memorias 65 – See you soon (Final)

Memorias 65 – See you soon (Final)

Era una noche tranquila, despejada y fresca. Ni la más ligera brisa soplaba sobre el Sereitei y todo estaba en calma. Ni siquiera la luna se había atrevido a perturbar la paz que parecía inundar el hogar de los shinigamis y aquella noche había decidido no acompañarnos con su luz.

Sin embargo, a pesar de lo pacífico de la noche, no era capaz de pegar ojo. Me preocupaba Nalya. Por mucho que ella había tratado de ocultar el dolor que la corroía por dentro, no hacían falta grandes dotes de observación para darse cuenta de ello. Acababa de perder al hombre al que había entregado su corazón y por experimentada que fuera en el arte de esconder sus verdaderos sentimientos aquello era imposible de encerrar en ninguna coraza.

Viendo que no sería capaz de descansar en toda la noche, decidí salir a dar un paseo por los jardines del Cuartel para despejar mi cabeza. Solitarios, algo extraño dada la actividad que normalmente experimentaba la División una vez la noche caía sobre el Sereitei, los jardines transmitían la misma paz que el resto del ambiente.

¿Cómo reaccionaría Nalya ante lo ocurrido? Seguramente, durante un tiempo trataría de ocultarse, de intentar que la gente no la viese en aquel estado. Si había algo que nunca cambiaría en ella sería aquello: nunca mostraría sus sentimientos a otra persona, para ella constituían un signo de debilidad que no podía permitirse.

Pero por mucho que tratase de hacerlo, siempre había algo que se le escapaba, algo que salía a la luz, que rompía una brecha a través de la muralla que tan meticulosamente trataba de construir. Aún así, lo único que se podía hacer respecto a lo que pasaba por la cabeza de la Tercera Oficial eran suposiciones. Nunca nadie, a excepción de la Capitana, podría afirmar con toda certeza lo que le pasaba por la cabeza a Nalya. Probablemente, incluso ella misma sería incapaz.

Casi inconscientemente, mis pasos me dirigieron a mi refugio habitual, el roble que crecía solitario junto al estanque repleto de aquellos extraños peces, como si ya hubieran decidido que mi ruta nocturna debía acabar allí.

– Fuera de aquí, barbudo – me sacó de mis pensamientos la voz de Chrno.

– ¿Qué? – levanté la mirada sorprendido. – ¿Qué haces ahí?

– ¿Es acaso propiedad tuya?

– No dije eso – repliqué, poniéndome a la defensiva. – Sólo me intereso por el motivo que te ha llevado a refugiarte aquí. ¿Es eso ilegal?

– ¿Cómo está Nalya? – preguntó directamente.

No me sorprendió el rotundo cambio de tema. El Teniente solía rehuir las conversaciones personales cuando era él el tema de conversación, aunque no tenía problema para cuestionar sin dudarlo acerca de la vida de los demás.

– ¿No me echabas? – evité responder.

– Vete si quieres – repuso divertido.

– Mal. Está mal – contesté. – Pero es normal, Kyo ha muerto y… ¿por qué estoy hablando de esto contigo?

– Quizás porque necesites contárselo a alguien – insinuó.

– Sí, quizás sea eso… – musité. – En fin, viendo que me has robado el sitio buscaré otro lugar para ver amanecer – sonreí. – Hasta mañana.

Me di la vuelta y busqué un lugar apartado en el que tumbarme a pensar sobre todo lo que había pasado y todo lo que podría pasar en adelante. Muerto Kyo, la venganza por parte de Nadie se había completado. Ninguno de sus antaño grandes perseguidores continuaba vivo y aquello supondría un punto de inflexión en nuestra captura.

Si de nada había servido tratar de anticiparnos a sus movimientos sabiendo más o menos sus objetivos, peor lo tendríamos ahora que ni siquiera teníamos una vaga idea de qué se proponían. Una respuesta fácil sería “tomar el poder del Sereitei”, pero la gran pregunta era cómo pretendían llevar eso a cabo.

Entonces una lúgubre certeza se apoderó de mi mente. Lo poco que Eliaz había conseguido encontrar acerca de ellos en los libros de su familia indicaba que la organización era heredera de todas las tradiciones de los Ashartîm y entre ellas había una que parecía imponerse a los demás. “Yo soy un Dios celoso que castiga la culpa de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación.”

¿Y si yo era el objetivo? Es decir, toda mi familia y yo. Peor aún, ¿y si el pequeño Kyo corría ahora peligro? Una escalofriante sensación subió por mi espina dorsal. ¡El niño podía estar en peligro! Habíamos vivido absortos en plantearnos mil y una alternativas posibles para el próximo paso del enemigo y ni siquiera habíamos considerado que el hijo de uno de sus principales objetivos correteaba inocentemente por nuestro Cuartel.

Si eso era así, la situación era extremadamente grave y había que buscar una situación rápidamente. ¿Cuánto podrían tardar en actuar? Nosotros habíamos elegido un camino, pero él avanzaba con nosotros por él de forma involuntaria.

Un momento, ¿sabrían ellos que Uchiha Kyo existía? Era absurdo dudarlo, años de experiencia nos habían revelado que las redes de información de Nadie eran increíbles. Posiblemente, ni una sola hoja del Sereitei se moviera sin su conocimiento. Y aunque no fuera así, habría que asumirlo, eso sería lo más seguro.

– Mierda – susurré, levantando la mirada al cielo.

Un reflejo rosáceo sobre el tejado me avisó de que Nalya tampoco conseguía conciliar el sueño. No era de extrañar, los sucesos de los últimos días habían supuesto un duro varazo para todos, pero especialmente para ella.

Era la primera noche que pasaba en el cuartel desde la muerte de Kyo, y volver a casa y tener que enfrentarse al mundo normal, a la rutina, cuando no se estaba preparada era un duro trago que no todo el mundo es capaz de soportar con normalidad.

Subí al tejado y me acerqué lentamente para no molestarla ni asustarla. Cuando estaba cerca, pude ver como una pequeña lágrima, que brillaba caprichosa bajo la tenue luz de las estrellas, la única iluminación de la noche, surcaba su rostro.

– ¿Qué haces aquí? – pregunté en un susurro.

La reacción instintiva de mi amiga fue secarse las lágrimas con la tela del uniforme antes que revelar su estado de desconsuelo. Como siempre, prefería hacerse la fuerte y la autosuficiente antes que pedirla en alguien que sabía que estaba más que dispuesto a dársela.

– ¿Y tú? – respondió con la voz quebrada. – Este no es tu escondite habitual…

– El árbol estaba ocupado por Chrno y no podía dormir – sonreí mientras tomaba asiento junto a ella. – Aunque veo que no soy el único.

No quería acosarla con preguntas acerca de su estado emocional. Ella sabía que yo estaría allí, a su lado, si necesitaba contarme algo, si necesitaba un hombro sobre el que llorar o si necesitaba alguien a quien atacar para desahogarse de todo lo que estaba pasando.

– ¿Quién te ha dado permiso para que te sientes?

– Este es un espacio libre y disfrutamos de libertad de acción – respondí de forma automática – a menos de que un superior nos ordene lo contrario.

Ella me miró desafiante. Realmente, ella era mi Tercer Oficial, dos escalones por encima de mí en la escala jerárquica, pero ése era el objetivo de mi respuesta: comprobar si realmente ella me necesitaba allí o no.

– Rido…

– No irás a hacer una tontería, ¿verdad?

– Define tontería.

Pensé en una de las múltiples acciones que podría pensar en hacer Nalya. Aunque a veces me metiera con ella aludiendo a su lentitud de reflejos intelectuales, probablemente se hubiera dado cuenta, al igual que yo, de que el pequeño Kyo podía ser objetivo de nuevos ataques.

En ese caso habría barajado distintas formas de protegerlo y, seguramente, a cada cual más alocada. Rebusqué entre todas las posibilidades que se le podrían ocurrir y opté por la que parecería la más razonable de entre todas las que había imaginado.

– En tu caso podría ser hacer una burrada como ir a por el Bankai – sugerí.

– Quiero que te hagas cargo de Kyo durante mi viaje – sentenció de golpe

La convicción y seriedad con que me lo dijo me cogió por sorpresa. ¿Hablaba en serio? ¿Pensaba en hacer una estupidez como esa? ¿Dejar a su hijo solo en lugar de estar con él para protegerlo? No, no podía ser. Nalya era temeraria, cabezona e irreflexiva, pero no dejaría solo a Kyo.

¿O sí? La estudié de arriba abajo, deseando que el más mínimo gesto me confirmara que aquello era una simple broma que no había llegado a captar. Pero aquel atisbo se demoraba en aparecer. Definitivamente, iba a irse, iba a dejar solo a su hijo… iba a dejarme solo.

– ¿Lo dices en serio? – vacilé aún sin salir de mi sorpresa.

– Mañana me marcho – contestó en un susurro.

– ¡¿Mañana?!

Pero no me contestó, sólo se levantó. Dio por concluida la conversación y se dispuso a regresar al interior del Cuartel. Para ella ya no había más que decir, ni siquiera adiós. No podía dejarla irse. No. Así no podía marcharse. De repente, sin decir adiós.

– Suéltame – amenazó sombría al notar mi brazo deteniéndola. – Ni tú ni nadie me impedirá llevar a cabo la tarea.

– ¿Ni siquiera tu hijo?

– Precisamente por él me voy – replicó. – No quiero verlo morir porque no fui lo bastante fuerte para protegerle.

“Lo bastante fuerte”… Aquella vaga excusa sonaba más bien a motivo egoísta que a lo que realmente pretendía. Realmente Nalya había decidido escapar, huir del peligro y cerrar los ojos a todo lo que pasaba a su alrededor.

– ¿Y si nos atacan si tú no estás? – traté de convencerla.

– Sé que lo protegerás – me sonrió cariñosamente, como nunca había hecho, no al menos en esta realidad. – Lo quieres tanto como yo aunque…

Los dos sabíamos como terminaba aquella frase. Era algo que siempre habíamos pensado, tanto el uno como el otro, pero ninguno de los dos había querido pronunciar nunca en alto. Seguramente, ella pensaba que para mí era algo doloroso. Por mi parte, sabía que a ella no le hacía mucha gracia pensar en el ahora difunto padre de la criatura. Por eso, habíamos llegado a un mudo acuerdo de nunca terminar aquella frase.

– Aunque no seas su padre – concluyó.

Lo había hecho. Tras diez años, había pronunciado por primera vez aquellas palabras. Sentí una pequeña punzada de dolor, pues nunca había imaginado escucharlas de su boca, y la solté del brazo, dejándola libre para que prosiguiera su marcha.

Descendió hasta la ventana más cercana y se detuvo en el alféizar. Las luces del interior iluminaban su cuerpo, creando un bello contraste con la oscuridad de la noche. Me miró fijamente y me volvió a sonreír con esa sonrisa que jamás podré olvidar.

– Gracias por todo, Rido – dijo antes de entrar en el interior del edificio.

Aquellas palabras resonaron en mi interior con fuerza. Nalya se iba de verdad, no era un espejismo ni una broma pesada. En ese caso, no hubiera dicho aquello. No, abandonaba el cuartel, esa era la realidad.

Iba a perderla. ¿Y si no volvía? ¿Y si…? Me dejé caer sobre el tejado y lloré desconsoladamente hasta que el amanecer, con sus tibios rayos anaranjados me sorprendió, con los ojos enrojecidos y con la cara y la ropa empapada en el salado mar de amargas lágrimas que había derramado durante horas.

Como si un resorte se hubiese activado con la luz, me levanté y regresé al interior del Cuartel tratando de evitar en lo posible el contacto con los demás. La marcha de Nalya debía quedar en secreto hasta que no hubiera más remedio que contarlo.

Mientras me lavaba la cara para despejarme, comencé a escuchar el gorjeo de los pájaros que saludaban alegres a una mañana que no me traería más que desgracias. Restregué mis manos contra mi rostro una vez más y me miré al espejo para comprobar que podría disimular, al menos físicamente, mi estado, y regresé a la habitación.

Justo cuando entraba, la puerta de Nalya se abrió. Sé que ella me vio, pero no quiso decir nada pues ya lo había dicho todo. La vi alejarse, cargada con su macuto, robándole las últimas sensaciones al Cuartel, acariciando las paredes a modo de despedida.

Se alejaba lentamente como si, en realidad, no quisiera irse. Pero ella había tomado una decisión y, cuando lo hacía, nada podría detenerla. Sería consecuente con ello hasta el final aunque ello le costase la vida: admitir un error era, para ella, la mayor de las derrotas y algo que nunca pudo y nunca podría admitir.

Se alejó por los pasillos, desapareció. Se iba y no podía hacer nada por evitarlo. Cualquier intento sería respondido con violencia. Así era ella y no quería cambiarla. Así era la mujer de la que estaba enamorado hasta el punto de que sentía que no podría vivir sin verla.

Me disponía a entrar en mi cuarto cuando la puerta de su habitación volvió a abrirse. El pequeño Kyo, aún dormido y confuso, asomó la cabeza por el umbral y miró a los dos lados tratando de localizar a su madre. Pero no la encontró.

Con un gesto, le indiqué la dirección en que se había ido y, silenciosamente, la siguió, igual que yo, curioso, hice con él. Puede pensarse que aquella fue una acción egoísta y mezquina, yo así lo pienso, pero en aquel momento creí que era el último recurso para conseguir que no se fuera, ayudar a su pequeño retoño a que la chantajeara emocionalmente.

– ¡Mamá! – gritó al descubrirla ya en el umbral de la puerta principal del edificio.

Con pasos torpes y atropellados, corrió hacia ella y se detuvo al alcanzarla. Mientras tanto, me apoyé, escondido, en el marco de la puerta de la sala común de los shinigamis rasos, desde donde podría observar todo sin ser descubierto y podría intervenir si la situación se ponía especialmente tensa.

– ¿A dónde vas? – preguntó el niño.

– Tengo una misión.

– Llévame contigo.

– Es imposible.

– Deja de engañarme – protestó Kyo. – Ayer estuve viendo con Blod los partes de hoy. No tienes ningún trabajo.

Juraría que fue entonces cuando lo descubrió, cuando se dio cuenta de que su madre se iría para pasar fuera mucho más un día, una semana… Cuando se dio cuenta de que la vida de la persona alrededor de la cual giraba todo su mundo desaparecería por mucho tiempo y que incluso podría no volver.

Entonces, se abalanzó contra ella como si se aferrara al último recuerdo que tenía de su madre, queriendo retenerla por toda la eternidad y suplicando una y otra vez que no se fuera. Pero ya no había marcha atrás.

Ella se agachó y le observó fijamente, acariciando su pelo y tratando de mantener el tipo. Entre sollozos le susurró algo al oído y luego trató de separarlo de ella, pero el niño no quería, pretendía evitar su marcha a toda costa, con todas sus fuerzas, con toda su alma, con todo lo que sabía.

– Kyo… ¡Basta! – le increpó.

– No me dejes solo…

– No quiero hacerte daño, Kyo – amenazó. – Suéltame.

– ¡No!

– Está bien tú lo has querido.

Todas mis alarmas se activaron: Nalya iba a sobrepasar de largo todos los límites de lo imaginable. Cuando me di cuenta, había utilizado un Bakudou sobre su hijo y trataba de huir de allí a toda costa. Pero el niño había aprendido mucho tras tanto tiempo de entrenamiento y seguía reteniéndola con sus invisibles apéndices.

– Hadou 4 – recitó Nalya. – Byakurai.

– ¡¿Qué?! – exclamé, aunque mi voz quedó amortiguada con el impacto del rayo sobre el suelo.

Afortunadamente, no había perdido lo suficiente los estribos como para atacar directamente a su hijo y había apuntado hacia el suelo, cerca de sus pies. Pero aquello había sido suficiente para derrotar completamente al niño que cayó rendido de rodillas al suelo mientras suspiraba totalmente descompuesto por la marcha de su madre, mientras la veía abandonar el Cuartel a toda velocidad.

– Hey… – le susurré cogiéndolo en mis brazos. – Ven conmigo.

– ¡Déjame! – me gritó, culpándome. – ¡Quiero ir con ella!

– Ven…

Conduje al niño hasta su habitación, que sería ahora sólo para él y lo metí en la cama. Me costó un poco calmarlo, pero durante diez años sustituyendo a su padre había desarrollado una serie de trucos que me ayudaron en mi propósito. Cansado por la tensión, los nervios y el llanto, el niño no tardó en dormirse de nuevo.

Miré a través de la ventana y observé el lejano paisaje del Rukongai, el nuevo hogar de Nalya. La echaría de menos, más que a nada en el mundo, más que lo que había extrañado a Yonas o a cualquier otro que durante mi vida se hubiese cruzado conmigo. Ella era especial y, con su marcha, se había ido también parte de mi vida.

– ¿No piensas detenerla?

– No hay nada que pueda hacer – respondí sin volverme. – Se ha ido.

Siempre atenta, la Capitana había tardado menos de lo que esperaba en descubrir la marcha de su Tercer Oficial. Supongo que después del espectáculo que se acababa de producir en la puerta principal poco podía hacer para ocultarse siquiera unas horas más.

– No habrá otra como ella – murmuró con cierto tono nostálgico.

– Volverá – respondí convencido.

– ¿Seguro?

– Ella ha dicho que volvería… Bueno… No lo ha dicho – me corregí. – Pero lo hará.

– No trates de convencerte y ve…

– ¿Que vaya? – pregunté, sorprendido por su orden. – ¿A dónde?

– Despídete de ella – ordenó. – Puede que no vuelvas a verla en mucho tiempo…

“Despedirme de ella”. Había estado tan pendiente de las consecuencias de su marcha que ni siquiera había dudado que lo que había sucedido la noche anterior no era realmente una despedida. Pero tampoco quería que lo fuera.

– Despedirse es una palabra dura.

– A veces, las palabras duras son las palabras más necesarias – sentenció misteriosa. – ¿Por qué no tomas la iniciativa por una vez? No lo pienses. Sólo hazlo.

Puede que para Nalya, dedicarme aquella frase desde la cornisa de la ventana del pasillo sur hubiera sido suficiente pero, desde luego, no lo era para mí. Había demasiadas cosas que quería decirle, demasiadas cosas que necesitaba confesarle antes de que desapareciera por completo de mi vida.

Animado por las palabras de Henkara, abandoné a toda velocidad el Cuartel siguiendo el rastro de reiatsu que iba dejando, poco sutil debido al estado de profunda turbación en el que se encontraba y que le impedía ocultar sus huellas para que nadie pudiera seguirla en su retiro.

Era rápida, pero probablemente la velocidad era la única capacidad física en la que le superaba. Siempre había sido más fuerte y más hábil con la espada y el Kidou, pero nunca había conseguido ganarme en velocidad. Aprovechándome de ello, me esforcé al máximo para lograr darle alcance, algo que, sin embargo, no sucedió pronto.

– ¡Espera! – le grité aún desde la lontananza.

Pero ella no paró, como si no me hubiera escuchado. Huyendo de mí y de una conversación que pondría en vilo todas sus convicciones, aceleró el ritmo y trató de que no llegase hasta ella, pero su intento fue infructuoso y unos minutos después me puse a su altura.

– ¿Quieres parar? – me quejé agarrándola por el brazo.

– ¡Suéltame! – se revolvió.

Sin embargo, mi presa seguía firme y no la dejé escapar. Con el brazo, la atraje hacia mí, hasta que el espacio entre nuestros cuerpos desapareció. Estábamos tan cerca que notaba su latido como si fuera el mío y probablemente ella sintiese lo contrario.

Mantuve la fuerza de mi brazo hasta que desistió de su lucha por liberarse y continuar su camino. Entonces la solté y acaricié su pelo mientras la miraba fijamente a los ojos y le sonreía cariñosamente.

– No he venido a detenerte – le dije.

– ¿Entonces por qué has venido hasta aquí?

– Porque…

– ¿No podías simplemente dejarme marchar?

– Soy yo, sabes que soy incapaz de hacer esas cosas – susurré. – Sobre todo si se trata de ti.

– Lo…

– ¿Estás segura?

– Sí – afirmó con convicción.

– ¿Me prometes que vas a estar bien?

– No soy una niña, ¿vale? – protestó. – Sé cuidarme sola. Y ahora suéltame.

– No quiero…

– ¿No quieres?

– En cuanto lo haga te irás y…

– Volveré.

– Lo sé.

Me aparté un paso de ella y la miré mientras mis ojos comenzaban a empañarse de lágrimas. Hacía años que no lloraba delante de ella, desde el día en que, ciego de rabia, había arremetido contra ella por haberse entregado a Kyo.

– No te preocupes por mí, ¿vale? – trató de tranquilizarme. – Estaré bien.

– Tengo miedo.

– ¿Te crees que yo no?

– ¿Entonces por qué lo haces?

– Tengo que hacerlo.

– No tienes que hacerlo…

– ¿Y qué quieres que haga? – exclamó. – ¿Quedarme y verle morir?

– Si te vas…

– ¡No quiero hacerlo! – estalló. – ¡Te vi morir! ¡Vi morir a Ray! ¡Vi morir a Kyo! ¡No quiero verle morir a él! ¡No quiero! ¡No quiero verle morir!

Mientras repetía una y otra vez aquello, rompió a llorar. Al final, el dique no había aguantado y el torrente fluía libre y con más fuerza que nunca. Nalya había sucumbido a su propio sistema defensivo y ahora gemía totalmente indefensa todo aquello que había ocultado durante tantísimo tiempo.

Impulsivamente, la atraje hacia mí en un abrazo. Ahora eran sus lágrimas y no las mías las que empapaban mi uniforme, pero eso daba igual. Traté de consolarla inútilmente acariciando su cabeza, pero de nada servían mis intentos: el llanto brotaba libre de aquellos ojos que tanto me cautivaban.

Lo único que pude hacer fue atraerla más fuertemente hacia mí, transmitiéndole en ese abrazo todo lo que sentía por ella, todo lo que había guardado escondido dentro de mí durante tanto tiempo bajo la máxima de esperar el momento oportuno.

¿Debía decir algo? ¿Debía simplemente permanecer en silencio? ¿Debía…?

– Te quiero – susurré dejando de lado todo. – Lo sabes, ¿verdad?

– ¿Cómo puedes…? – objetó balbuceante, separando su rostro de mi pecho y sobreponiéndose al lloro. – Yo… nunca…

– ¿Quién necesita motivos? – me anticipé. – Sólo sé eso… que te amo. ¿Necesito un por qué para hacer esto?

Y sin decir nada más, la besé. La besé de verdad por primera vez en la vida, como si lo que había pasado la tarde anterior nunca hubiera ocurrido. La besé y todo a nuestro alrededor pareció detenerse. La besé y para mí el mundo podría haber terminado en aquel momento, porque ya nada más me importaba en la vida.

¿Qué pensó ella? ¿Qué sentía por mí? En ese momento las respuestas de aquellas cuestiones no tenían ningún sentido. ¿Qué más daba lo que ocurriese a nuestro alrededor? ¿Qué importaba todo? La estaba besando y nada más había en el universo aparte de ese beso.

Mis manos recorrían inquietas cada centímetro de su cuerpo, buscando recordar y atesorar todas las sensaciones posibles antes de que llegara el cruel e inevitable momento de decir adiós. Un adiós que se me antojaba para una eternidad.

– Rido… – susurró cuando nuestros labios se separaron.

– No digas nada – le detuve, poniendo mi mano sobre su boca. – No digas nada.

La abracé contra mi pecho una vez más, pero ahora ninguno de los dos lloraba. Era el momento de la despedida, pero era un momento feliz. Había cumplido aquel oculto deseo antes de que fuera demasiado tarde, la había besado y ya nadie podía cambiar eso.

Sí, ahora Nalya se iría y aquello no habría servido de nada. ¿Acaso tendría que servir para algo? Lo había hecho y aquel recuerdo permanecería conmigo hasta el fin del mundo. Había podido besarla, sinceramente, sin mentiras, sin ser en un mundo ficticio. No, fue verdad. Fue en un aquí, en un ahora de la realidad y no en una creación de mi mente.

– Vete – la separé de mí empujándola suavemente por los hombros. – Vete antes de que… No importa.

Le sonreí una vez más, quería que conservase de mí aquella imagen, aunque ella supiese tan bien como yo que en cuanto la viese desaparecer en el horizonte me derrumbaría y volvería a llorar desconsolado como había hecho minutos antes y como su hijo había hecho llegado el momento de la despedida.

La besé en la frente, la miré a los ojos fijamente y la solté. Ella me devolvió la mirada y la sonrisa. Su rostro se cubrió de dulzura, como cuando miraba a su hijo. Lentamente, extendió su brazo y acarició mi rostro durante unos segundos que se hicieron eternos.

– Prométeme que volverás.

– Lo haré.

– Entonces esto no es un adiós…

– No – sonrió. – Es un hasta pronto.

Se dio la vuelta y emprendió la marcha. A los pocos metros, miró hacia atrás antes de ejecutar una maniobra de shumpa y desaparecer completamente de mi vista. Se fue, así, y no volvería en mucho tiempo. Tal y como me había predicho, caí rendido de rodillas, entre lágrimas.

El horizonte se había llevado su figura, pero siempre permanecería en mi corazón el recuerdo de aquella despedida, de todo lo que habíamos pasado juntos. Y algún día volvería, ella misma lo había dicho: aquello no era un adiós, era un hasta pronto.

julio 15th, 2007

Recuerdos de una vida pasada 8 – Última página


Recuerdos de una vida pasada 8 – Última página

Ultima página del diario de Akano Rido, tal y como ha sido conservado en los anales de la familia Akano desde el año 4301 de la Sociedad de Almas. Así concluye la historia

Sentado aquí en el escritorio de mi cuarto en la Academia, escribiendo mis recuerdos de este tiempo, me he dado cuenta de lo rápido que pasa el tiempo. Los seis años de estudios han terminado ya.. Seis años maravillosos en los que acumulé muchas experiencias junto a mis compañeros y amigos. Las que he escrito aquí son sólo una muestra de las tantas y tantas cosas que nos pasaron desde el día en que nos conocimos. Recuerdos agradables y recuerdos tristes, pero más los primeros que los segundos.

Parece que fue ayer el día en el que nos hicieron pasar aquellas pruebas en el primer distrito, o cuando me caí de la silla el primer día de clase, o cuando me dedicaba a perseguir a Nalya por los pasillos tratando de entablar una conversación con ella. Si me pongo a contar, no hace mucho que bajamos por primera vez al mundo mortal y que Aiolos metía la pata hasta el fondo.

Hablando de eso, no creo que podamos culpar a Aiolos. En serio, realmente parecía que Nalya y yo compartíamos algo más que una fuerte amistad, aunque nunca pasara de eso así que la confusión de nuestro pobre Aiolos era de lo más normal. Supongo que no era el único.

Atesoro con muchísimo cariño cada uno de los momentos que he pasado junto a ella. Ha sido compañera de fatigas, confidente, apoyo… todo. Si hay alguien al que le confiaría mi vida sería a ella, sin ninguna duda. Y sé que no me fallaría.

Probablemente, alguien que no conozca a Nalya tanto como yo pensaría que me he vuelto loco: al fin y al cabo, ella es, siempre ha sido y siempre lo será, la mujer de hielo. Es curioso como tras una apariencia tan dura se encuentra algo como lo que yo descubrí.

Y aunque Nalya ha sido casi un antes y un después en mi vida, no me puedo olvidar de ninguno de los que han compartido estos años de estudios y continuos entrenamientos: Db, ese gran compañero de entrenamientos, distracciones y estudios, Krunzik y nuestras conversaciones acerca de los ordenadores de los mortales, el bueno de Gaijin que noche tras noche escuchaba mis desvaríos, Gaby y sus locuras subidas de tono, Yutaru y sus dibujitos, Bikutoru y sus artefactos extraños día a día más sorprendentes…

Pero como ya dije, no todo en la Academia fueron mieles. Hubo momentos duros, grandes pruebas para nuestra voluntad y para nuestra amistad, situaciones límite que costó superar. No sólo ya las exigencias propias de la vida del shinigami y de los estudios sino otros sucesos nada normales como los que nos tocó vivir.

Si alguien me dijera “Rido, de entre todas esas situaciones duras a las que os enfrentasteis, ¿cuál fue la peor?” sabría casi perfectamente qué contestar. Probablemente dijera que los problemas de Krunzik con los hollows y su intromisión en la Academia. De hecho, cuando cambia el tiempo, aún me duele la maldita cicatriz que me dejaron en la espalda. Fue algo demasiado… fuerte para unos simples académicos como nosotros el tener que enfrentarnos a todo aquello.

Aún cuando hoy ha pasado tiempo, ya años, desde aquello hay cosas sobre lo que pasó en aquellos días que prefiero no recordar y por eso he decidido no escribirlas. A pesar de ello, parece como si el destino me impidiera olvidarlo.

Ahora que lo pienso, no sé por qué narices estoy escribiendo esto como si fuera una despedida de todo el mundo. Como si me fuera para no volver. Aún estaremos mucho tiempo juntos. Sí, vale, que me despido de la Academia, pero todo eso vivirá conmigo y nosotros seguiremos juntos aunque nuestros caminos se separen. Lo hemos prometido hace sólo unas horas, cuando conocimos los emparejamientos para el examen de mañana.

El examen… No puedo expresar cuanta emoción siento en estos momentos. Al fin y al cabo, no sólo es el final de una etapa importante de la vida de uno, sino que es el momento más esperado, no sólo por mí, sino por todos los que un día entramos aquí. Al fin y al cabo, como dice Aiolos a veces, ninguno de nosotros tiene vocación de académico.

Mañana al atardecer, en el distrito 50 del Rukongai, ése es el momento y la fecha del momento más importante hasta ahora de nuestras vidas como shinigamis. La ocasión que hace años venimos esperando. Mañana nos levantaremos de blanco. Pasado, de negro. Esa es la consigna, el lema que nos motiva en estos momentos.

Es curioso, para los compañeros mortales que proceden de la cultura que ellos llaman occidental, el negro supone muerte, tristeza, luto… Pero, ahora mismo, para todos, el negro es el color de nuestros sueños y esperanzas, de nuestros proyectos y anhelos.

Qué nos deparará después el destino es otro cantar. Por ahora lo que nos preocupa es mañana. El examen este año es nuevo y no seguirá la dinámica de años anteriores. Nos dividirán en grupos de cuatro y tendremos que atravesar un bosque infestado de Hollows, enfrentarnos a shinigamis ya graduados y una tercera prueba que la dejan como sorpresa.

Nosotros hemos tenido suerte. Ironías del destino. No nos separaremos hasta el último segundo prácticamente. Nalya, Db, Aiolos y yo estaremos juntos. Krunzik y Gaby irán con Ichiken y Kaylin. Gaijin estará con su amigo Zharin y con Bikutoru y otro académico más que no conozco muy bien.

Si ya estábamos ilusionados con el examen, en cuanto supimos la separación de los grupos casi estallamos de la emoción. “¡Nos toca juntos!¡Nos toca juntos!”, gritaba Db, que fue el primero en leer la lista.

De todas formas, hace unas horas surgieron una serie de rumores que decían que al final no habría examen mañana. Es cierto, hace unas horas sonó la alarma en todas las calles del Sereitei y parece ser que las trece divisiones se han movilizado. Como muchos shinigamis están fuera decían que se pospondrían las pruebas. Sin embargo, Aiolos volvió hace un rato de una reunión con los coordinadores y nos ha confirmado que finalmente se ha decidido pedir ayuda a las casas nobles y que habrá examen.

Mejor, no querría esperar más ahora que estamos tan cerca. No soportaría la espera. Paradójico, me he preparado seis años, esperando pacientemente lo que sucederá mañana y a pesar de que ya he aguardado tanto… no puedo aguantarme más.

¿Y tras lo de mañana? Ingresar en las trece divisiones. Hace un momento acabo de llegar del cuartel de la Novena División con Nalya y he estado hablando con la capitana Kuroda sobre mis intenciones de formar parte y de pedir el ingreso en su división. No podía ser de otra forma. El nieto de Akano Kumaru no puede pertenecer a otro escuadrón que no sea el noveno.

Realmente fueron todos muy amables, estoy deseando verme de una vez allí y poder convertirme en el gran shinigami que fue mi abuelo, compartir experiencias con nuevos compañeros, conocer gente…

Sí, lo sé, soy un soñador pero siempre es mejor soñar que tener pesadillas. No dudo que también habrá momentos duros, la vida del shinigami es una vida cargada de dolor, del dolor propio y del de otras personas, pero hay que pensar siempre en los momentos agradables. Hay que saber aferrarse a la idea de que siempre queda algo bueno por delante, que siempre nos espera algo mejor. Si no lo hacemos así, muy duro es el panorama que se nos presenta como para honrar y servir justamente a la dignidad de ese traje negro que, espero, vestiré a partir de mañana. Sería imposible tener paz y, al fin y al cabo, el shinigami es el hombre que lleva la paz a espíritus atormentados y no se puede dar lo que no se tiene.

No sé que pasará con Nalya, yo la estoy intentando convencer para que se venga conmigo a la Nueve. Ella no quiere decidirse todavía así que tendré que seguir intentándolo. Aunque me huele que lo voy a conseguir.

Respecto a los demás: Aiolos está seguro de que irá a al Decimotercera y me parece que Krunzik está dudando entre esa y la Décima. Db y Gaby también parecen decantarse por la décima división. Gaijin y Zharin estoy seguro de que terminarán en la Sexta y Bikutoru, como no puede ser de otro modo, es carne de la Doce seguro.

Debería irme a la cama, pero no creo que hoy pueda dormir. Seguramente, una vez más, pase la noche en “mi arbol” que se ha convertido casi en un amigo más. Cómo echaré de menos las noches en vela observando las estrellas desde las ramas de mi amigo vegetal.

Al igual que echaré de menos estas cuatro paredes, o las bromas de Gaijin al levantarnos por la mañana. A partir de mañana ya no será “nuestra habitación”. A finales de verano llegarán sus nuevos propietarios, alumnos de primero cargados de ilusiones y de sueños, asustados por lo que le podía esperar en la academia, impacientes por empezar. ¿Realmente nosotros éramos así? Seguramente. Puede que aún hoy en cierta medida sigamos siéndolo.

Si tuviera que darles un consejo a los que vinieran detrás de mí les diría que aprovecharan sus años de Academia. Puede que sean duros, todos sabemos que las clases y los estudios no son agradables para nadie, pero estos años son la base para todo lo que nos va a pasar. “No tengas prisa”. Eso le diría al que me pidiera un consejo sobre como sobrevivir a estos años. De otra forma, puedes llegar incluso a volverte loco.

No sé por qué me estoy poniendo tan sentimental hoy. Soy Akano Rido, el “guerrero de las sombras”, como siempre le digo a Nalya y Gaijin cuando me aconsejan acerca de mis escapadas nocturnas, no debería hacerlo. Ser fuerte. Eso es. Ser fuerte. No sé. Será todo este rollo del cambio de etapa. ¡Es cierto!¡A partir de mañana mi vida será diferente! Tendré que hacerme a la idea de eso.

¿Lo primero que haré mañana después del examen? Ir a casa. Lo necesito. Me lo he prometido. Volvería a casa sólo cuando pudiera vestir el uniforme negro. Echo de menos a mamá y a papá, demasiado.

No culpo a mi padre por lo que dice, por unirse a las mentiras de los demás. Sé que él, en el fondo de su corazón, también cree en la inocencia del abuelo y que sus enfados son sólo un escudo de protección. Él es la cabeza ahora, el hijo mayor de Akano Kumaru, el líder del clan. No puede simplemente desconfiar de toda la Sociedad de Almas y ya. ¿Rebelarse?¿Luchar por la verdad? Sería demasiado desastroso para lo que queda del clan.

No le culpo por que hace, por querer evitar que fuera shinigami. Al fin y al cabo, este traje le ha llevado a un padre y a un hermano, no quiere que le cueste también la vida de su hijo más pequeño. Lo leí en sus ojos el día que me fui de casa. No era aquello una mirada de odio, sino de dolor. Dolor por verme marchar y por saber que allí donde iba él no podría protegerme.

Así que mañana lo primero que haré tras vestirme el traje de shinigami es correr al Distrito 7 del Rukongai Oeste, abrir la puerta y presentarme ante el resto de mi clan. Le daré un profundo abrazo a mis padres y lloraré. Lloraré un buen rato. Lo sé. Aunque no sea digno del “gran guerrero de las sombras”.

En fin, que me estoy alargando. Como siga diciendo este tipo de sentimentalismos voy a terminar de llenar estas páginas y todavía hay muchas por escribir, con nuevas aventuras que narrar y nuevos compañeros que conocer. Lo dejo por hoy.

Abuelo, ya estoy cerca. Limpiaré tu nombre y el honor de nuestra familia. Descubriré la verdad. Llegaré a ser un gran hombre como tú. Llegaré a la leyenda.