Fútbol a horas intempestivas

Anteayer saltaba a los medios de comunicación la noticia de que para la segunda vuelta de Primera División (me niego a decir Liga BBVA), la LFP pretende ponernos partidos a las tres de la tarde los domingos para poder difundirlos en esa entelequia que llamamos “el mercado asiático”. Un golpe de mano más de los que realmente cortan el bacalao en esto del fútbol y una bajada más de pantalones de los equipos y los dirigentes ante las televisiones. Es decir, ante el dinero.
Y, como siempre ocurre, los damnificados somos los aficionados. Los aficionados españoles, porque no niego que esto pueda beneficiar a los futboleros japoneses, chinos, indios… Al final de cuentas somos (en teoría) los que realmente seguimos esta liga. Pero no. Si seguimos pensando de este modo nos equivocaremos una vez más. El fútbol hace tiempo que ha dejado de pertenecer a los aficionados para pertenecer a las audiencias televisivas.
Esto tiene consecuencias nefastas. Pero ya no basta con el hecho de que no sepamos con una antelación razonable a qué hora va a jugar nuestro equipo. O peor, ya no sabe el propio equipo a qué hora va a jugar con esa previsión de la que se puede gozar, por ejemplo, en la prensa inglesa. Una chorrada, vamos. Y así, poco a poco, los campos se van vaciando. Silenciosamente. Lamentablemente. Y, para escarnio de todos, hasta se hace promoción de ello. ¿No te lo crees? Recordemos el anuncio de Imagenio-Gol T:
Vale. Que sí. Que el anuncio parece tener otro enfoque en lo de la ancianidad del padre del protagonista, pero aún así, y no soy el único, es algo que sienta mal a los aficionados que, semana a semana, asistimos impotentes a un espectáculo demoledor: el vaciamiento progresivo de nuestros estadios de fútbol. Y lo dice uno que apenas puede ir a un par de partidos al año por cuestiones de agenda y que, por tanto, es más espectador televisivo que hincha en la grada.
En este panorama, en el que el alma de los equipos de fútbol parece rehuir de ellos, la Liga ha decidido darle la puntilla. Partidos a las tres de la tarde. En España. A la hora de comer. Ya no llegaba con ponerlos a las 5 que es una hora límite que ya obliga a elegir entre fútbol y siesta cuando se quiere ir al estadio. No, a la hora de comer, que mola más. Para terminar de despoblar los estadios.
A lo mejor este argumento costumbrista te resulta demasiado débil. A ver qué tal este otro: las tres de la tarde caen dentro de la franja más calurosa del día. En Coruña, en Riazor, a lo mejor no tenemos problema de calor, aunque si nos viene otro mesecito como los de este verano, pues sí. Pero… ¿en Sevilla? Recordemos que ya se nocturnizó la primera etapa de la Vuelta y que la Junta pidió el aplazamiento del Betis-Granada.
Más. Cuando se dé el hecho de que haya un equipo canario en Primera, estos podrían tener que jugar sus partidos en casa a las dos de la tarde. No nos quedan aún muy lejos las protestas del Tenerife, de los chicharreros y de los rivales por tener que jugar a las 16:00h de las islas para poder amoldarse al horario televisivo peninsular. Pero no, eso no importa, porque aquí, como bien dejó claro el todopoderoso Roures en su tan comentada entrevista en Buenafuente, lo que importa es la pela.
Mientras tanto, los aficionados al fútbol tenemos que dejar que nos meen encima y aún encima decir que llueve. Hasta que nos cansemos. Entonces protestaremos. Pero nos harán menos caso que el que ya nos hacen. Porque el fútbol necesita dinero, o eso dicen. Aparentemente lo que no necesita son aficionados. O eso creen.















