A todos nos ocurre que de vez en cuando nos damos cuenta de que “sobran” ciertas cosas. Hoy me dió por hacer balance y ponerlas por aquí
Sobran los malos modos y las malas intenciones. Esos que “no se notan” o que pasan desapercibidos muchas veces. Más nos valdría sonreir más.
Sobran los sobradillos, los soberbios, los sabelotodos y los prepotentes. Esos que te miran por encima del hombro cada día, cada instante. Más nos valdría a todos bajarnos los humos de vez en cuando.
Sobra la gente con afán de “cambiar el mundo” a base de intentar destruir a los demás. Esos que tienen la boca plagada de serpientes, que ve a kilómetros diminutas astillas en ojo ajeno y tiene los ojos llenos de vigas. Más nos valdría recordárselos para que se mejoren así mismos antes de mejorar el mundo.
Sobran los radicales, los intransigentes y los cerrados. Esa gente que se cree en posesión de la verdad absoluta. Más les valdría escuchar, ver que no todo es como parece y así podrían enriquecer sus opiniones
Sobra que me ponga a pensar en ella automáticamente los lunes de las semanas que viene. Sobra que no sea capaz de vivir sin ella. Sobran los pensamientos hipócritas sobre que todo sigue igual y sobran los días grises como hoy en los que sin comerlo ni beberlo me veo otra vez comiéndome el coco. Sobra sentirse como una mierda a la mínima, aún sabiendo que no es para tanto. Más me valdría dejar de compadecerme y mirar hacia delante. Hacer más caso de todos y dejarme de historias.