
Dejando a un lado mi cabreo vuvuzelario de ayer y tratando de no pensar en el cabrón que me ha puesto una reunión del claustro del ITC esta tarde a las cinco (sólo me consuela pensar que pa entonces España tendrá ya solucionado el partido), me asomo a esta ventana para hablaros de cabeceras. No de las cabeceras de las camas, aunque algunas lo merecerían, sino a las de la Tele. A las de las series, concretamente, porque es lo que más veo. A las de las series extranjeras, que no aguanto la ficción nacional y, por eso, no conozco sus vericuetos.
Como ya todos sabéis, que no descubro la pólvora, las cabeceras son ese corte que hay más o menos al principio de los capítulos, tema musical incluido, que identifica la serie. Normalmente, se aprovechan para hacer una presentación más o menos general del contexto de la serie y presentar a los personajes, créditos incluidos. Pero vamos, que esto último, no es dogma de fe.
Las hay que han pasado a la historia y son fácilmente reconocibles por todos, como la del Equipo A. Sí, aquella que comenzaba con “En 1962, cuatro miembros del ejército americano fueron acusados de un crimen que no habían cometido”. O como los paraguas y la fuente de Friends o la visión panorámica de Springfield que nos dejan Los Simpsons. Aunque normalmente pasan a la memoria únicamente los temas musicales, como el de McGiver que lo llevo grabado en la mente desde que comencé a escribir esto.
En Japón, para el anime, suelen echar mano de los grandes grupos del país para los openings y endings de las series. Las grandes estrellas del J-Pop o J-Rock o J-Punk o J-Jota han servido grandes temas que a muchos occidentalitos frikis nos han descubierto grandes grupos procedentes de esas longitudes tan distantes, como los Beat Crusaders con los que yo me topé viendo BECK y que dieron lugar a este opening. La que todos recordamos, posiblemente es la de Dragon Ball (la clásica) con la música de Barón Rojo en castellano (aunque los que tenemos la suerte de pertenecer a la Xeración Xabarín – nuesta particular Generación X – nos acordaremos más del gallego).
El caso es que también han creado monstruos, como Antonio el Otaku, todo un icono(clasta). Porque además, cada vez que cambian (y lo hacen regularmente) la gente está pendiente y se convierten en verdaderos objetos de discusión. Es decir, como todo lo que rodea a la cultura manga-anime se convierte en un verdadero fenómeno de marketing.
En las series occidentales no se llega a tanto normalmente, aunque hay temas que han triunfado fuera de la serie (y no, no estoy pensando en Fran Perea) o se ha tomado algún himno generacional para ocupar funciones de cabecera. ¿Quién no se acuerda del With a Little help from my friends (versión lenta) que puso cara a Aquellos maravillosos años?
Son tan “icónicas” e identificativas, que cambiarlas es arriesgado. Muchas veces, cuando se componen de partes de episodios, se actualizan simplemente, pero manteniendo la misma estructura. Si te arriesgas a cambiar, puede que no guste, como le ocurre a Manu con la nueva cabecera del Dr. Who (a pesar de que sigue siendo esencialmente igual).
Luego está el otro extremo, la que no cambia ni aunque se maten. Yo llevo dos temporadas de House preguntándome por qué Olivia Wilde (13) y Peter Jacobson (Taub) no aparecen en la cabecera de la serie cuando sí sale Jennifer Morrison (Cameron), que ha abandonado el equipo.
Hay cabeceras para todos los gustos. Las hay largas y elaboradas, de esas que duran casi un minuto y medio y nos cuentan la mitad de la historia de la galaxia con una musiquilla por detrás. Las hay sencillas, como las letras de LOST o la sencilla imagen de The Mentalist.
Personalmente, las prefiero de este último estilo. No soy buen cliente de openings y, cuando puedo, las paso. Sólo me mantienten los ojos pegados aquellas que meten ligeras variaciones. Todos conocemos el ejemplo más claro, la cabecera de Los Simpson, con su pizarra, su solo de saxo y su sofá. Está también la frasecita del comienzo de Futurama o el detalle final de Flashforward. A mí la que más me gusta, por lo simbólico, es la de Battlestar Galactica: el contador, la frase (que varía en ciertas ocasiones dependiendo de la situación de la flota) y el aluvión de imágenes del capítulo. Otras, como ocurre en Fringe, cambian ligeramente en capítulos determinados.
Y tú, ¿eres de los que las pasan rápido como yo o de los que te quedas a verlas? ¿Cuál es la que más te gusta? ¿La que menos?






Seguimos con críticas de anime, como hice ayer con Beck y S-Cry-Ed y la semana pasada con Naruto, FMA, Berserk y Bleach. Recordad que soy “otaku novato” y que llevo en esto desde finales de verano. Pero bueno todos tenemos derecho a opinar. Vamos con GantZ. Como siempre, comenzamos con la ficha técnica que nos proporcionan los chicos de Frozen Layer en 
En el futuro, un fenómeno inexplicable ha ocurrido en una distante isla llamada “La tierra perdida”, dando lugar a una nueva especie de humanos. Estos humanos evolucionados, llamados usuarios de Alter, son capaces de manipular materia y reformarla en formas únicas. En esta isla remota, aquellos nacidos dentro de una ciudad amurallada son ciudadanos, mientras que los nacidos fuera viven sin leyes. En un intento de mantener la paz, la fuerza policial HOLD junto al grupo de elite de usuarios de Alter, HOLY, capturan a los peligrosos usuarios de Alter nativos y les ofrecen una opción… unirse a HOLY o ser aprisionados. Después del encuentro del joven usuario de Alter nativo, Kazuma, con HOLY, las dudas crecen: ¿De verdad esta HOLY interesada en el bien común, o hay alguna otra razón detrás de sus acciones?