Posts tagged ‘Iglesia’

septiembre 1st, 2011

Cambio de aires

Acabo de dejar en Renglón Torcido un post en el que hablaba de la experiencia de la JMJ en Madrid este mes de agosto y decía que uno de los retos que tenemos ahora es gestionar todo lo que hemos vivido. Y es verdad, el aterrizaje en la realidad puede ser duro: no estamos tan arropados como estábamos en Madrid, donde éramos más, volvemos a las rutinas, a los amigos y conocidos de siempre… y podemos dejar pasar el soplo del Espíritu que, nos hayamos dado cuenta o no, todos hemos recibido durante esos días.

En mi caso, de todas formas, no va a ser de ningún modo un retorno a la normalidad. Sí, volver a clase, a los estudios, a unas rutinas… pero en un lugar nuevo, en un país nuevo, en un ambiente totalmente distinto. Porque, como ya dije en Twitter, el Arzobispo, D. Julián, ha creído conveniente que me vaya a estudiar a Roma. A partir de ahora estudiaré en el Pontificio Instituto Bíblico la Licenciatura en Sagrada Escritura, con la vista puesta, también, en el Doctorado, lo que me llevará en total unos cinco años.

Y yo con una ilusión tremenda y con un sentimiento de gratitud enorme. Porque es, sobre todo, un regalo. Es algo que yo quería hacer, que había comentado en alguna ocasión a mis formadores, que me había esforzado en demostrar que podía servir para ello… porque es algo que me atrajo desde el primer día en que puse el pie en el Seminario. Y, D. Julián ha querido confiar en mí y realizar este esfuerzo y por eso no puedo estar más que agradecido.

Ahora toca aprovecharlo y que no caiga en saco roto todo ese esfuerzo que la Diócesis está realizando al enviarnos tanto a mí como a mi compañero y, sobre todo, grandísimo amigo Óscar a estudiar a la ciudad eterna, junto a los otros dos compañeros que ya están allí y formarnos bien, no sólo intelectualmente, para que eso repercuta también en nuestra tarea pastoral una vez estemos de vuelta e incorporados a la actividad pastoral normal de la Diócesis. Que de eso se trata. Que (al menos es mi caso y creo que hablo por todos) para ser meramente “eruditos” o “intelectuales” no nos habríamos hecho sacerdotes.

Así que nada. La próxima entrada de este blog, con un 99.999999999% de certeza ya será redactada íntegramente en territorio italiano. Y así durante los próximos cinco añitos (excepto los periodos vacacionales, claro).

junio 16th, 2011

Diácono

Llevo varias semanas aguantando y resistiéndome a comunicaros la noticia que, hoy sí, voy a daros. Aguantándome, porque hasta ayer día quince estaba abierto el plazo para presentar los informes y, por tanto, no había nada oficial, siempre puede surgir algo. La cuestión es que, por fin, tras seis años en el Seminario, seré ordenado diácono.

El día D es el próximo domingo 3 de Julio, Octava de Corpus, Domingo XIV del Tiempo Ordinario y fiesta, además, de Santo Tomás Apóstol, un santo con quien yo me siento muy identificado muchas veces. La hora H son las 19:00h y el lugar (¿L?) la S.A.M.I. Catedral de Santiago de Compostela. La celebración la presidirá nuestro arzobispo D. Julián Barrio Barrio.

¿Y quién o qué es un diácono? Puede que mucha gente no muy familiarizada con la Iglesia se lo pregunte, e incluso gente de Iglesia, porque es una figura que, por su escasez, a veces pasa inadvertida. Así que creo que es bueno hacer una breve explicación de lo que es un diácono.

El diaconado es el primer grado del sacramento del Orden. Teológicamente, no es sacerdocio propiamente dicho, pero es ministerio ordenado, para asistir al Obispo y al sacerdote en la predicación, en el servicio de la caridad (que es precisamente como nació este orden) y en la distribución de la comunión.

Exteriormente, a los diáconos se les reconoce porque, como diría mi hermano, “Visten como un cura pero lleva una banda como de Miss”. En tono serio, exteriormente, el diácono lleva la estola cruzada sobre el hombro izquierdo, y no suelta sobre los dos hombros como lo llevan los sacerdotes. Tampoco usa casulla, sino que su vestimenta propia es la dalmática.

¿Y qué hace un diácono? Básicamente, el diácono es ordenado para servir a los hermanos. Litúrgicamente, puede casar y bautizar, celebrar las exequias – el entierro, no el funeral, entendámonos, que el funeral es una misa –, leer el Evangelio dentro de la Misa y predicar.

Además, realiza ya las promesas propias del ministerio ordenado. Es decir, prometerá solemnemente guardar el celibato, mantener el espíritu de oración de la Iglesia, y, consiguientemente, rezar la Liturgia de las Horas todos los días, y respeto y obediencia al Obispo y a sus sucesores.

Junto a mí, será ordenado otro diácono, Fermín, que ya recibió conmigo el ministerio del acolitado. Además, tendremos la suerte de que se ordenarán también seis nuevos presbíteros: Fernando, Tino, Orlando, José Antonio, Alberto y Óscar, toda una gracia para la diócesis. Sobre todo en estos tiempos de escasez que vivimos.

Por eso, os invito, sobre todo, a rezar por nosotros ocho. Por mis seis compañeros sacerdotes que ya salen definitivamente al mundo a gastarse por Cristo y por las almas. Y por Fermín y por mí que también comenzaremos a trabajar de una forma más intensa en el ministerio pastoral. Y también por los seminaristas que están en este mismo camino. Y por los que se lo están pensando. Y por los que aún no se lo han pensado.

marzo 17th, 2011

Nuevos horizontes

Nuevamente, tengo que comenzar un post pidiendo disculpas por la tardanza. Y por que siga sin haber un capítulo nuevo de Akano y un post más de Classic Doctor Who. En mi descargo, la semana pasada estuve toda de Ejercicios (ya os hablé de ellos el año pasado) y esta semana ha sido toda de aterrizaje.

¿Toda? No. Una pequeña aldea gala resiste irreductible ante el op… Digo… He estado haciendo cosas… y alguna bastante interesante. Para que se vea que no soy tampoco un escaqueado. Y no, no hablo únicamente de ver series. Aunque sí, hice el esfuerzo de ponerme al día con todo lo que dejé atrasado de la semana pasada. Pero insisto, no sólo fue eso. Hagamos lista:

  • Estoy poniendo a punto los últimos detalles para la web del Seminario. Esto ya debería estar colgado y yo más o menos desentendido del tema, pero por razones ajenas a mí voluntad, todavía, lo único que se puede ver es la web del Museo de San Martín Pinario… Algo es algo. Esperamos que pronto podáis ver también vosotros este nuevo proyecto.
  • He comenzado a darle vueltas a la tesina, con un tema que yo creo que es interesante: “El concepto de verdad bíblica en relación con el conocimiento científico”. Francamente, creo que es un asunto de bastante relevancia en el necesario (y actual) diálogo Fe-Ciencia. Al fin y al cabo, muchos argumentos se basan en “la Biblia dice que…” y lo que sea, ya sea a favor o en contra. El problema es que apenas se trata por los teólogos del ramo (por no decir que no se trata) y tengo miedo de que sea demasiado “original” para una tesina, sino que sea, más bien, materia de tesis. Y no es de eso de lo que se trata. ¿O sí?
  • Esta mañana he inaugurado un pequeño rincón más en mi vida cibernética. Nada más y nada menos que un nuevo blog, de temática puramente “religiosa” – el motivo de las comillas es para significar que es religioso pero en sentido amplio – auspiciado por La Voz de Galicia. Ya hablaba hace unos meses de lo importante que me parecía que la Iglesia, los cristianos, los curas nos involucráramos en el mundo virtual, pues ahí va mi granito de arena: Renglón Torcido.

Eso es lo más relevante, aunque no lo único, que ha estado ocurriendo últimamente, descontando el ritmo normal de los estudios, trabajos… Esta semana es el día del Seminario, pero de eso ya hablaré… Y hoy es San Patricio, un santo al que como todo buen cervecero le tengo bastante devoción.

marzo 4th, 2011

Confía

He de reconocer que hace unas semanas perdí la paz de una forma bastante importante. Queda como testigo de ello la entrada anterior. Entre exámenes, trabajos… bueno, con todo lo que os contaba allí, sufrí semejante bloqueo que no sabía qué hacer. Y como muestra, el hecho de que, con mil historias que tenía ganas de contar, con todos los buenos propósitos, no he sido capaz de publicar nada aquí hasta hoy.

Entonces alguien me dijo: “Confía. Estate tranquilo, sin agobios. Y confía.” No hacía falta decir en quién. Una cosa a su tiempo sin montarme películas y ahogarme en vasos de alguien. Y las cosas salieron. Es cierto que aún quedan algunos flecos pendientes, pero ahí están llegando los resultados…

Y luego vino el evangelio del Domingo pasado y me tocaba a mí preparar la homilía. Este era el evangelio:

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:

“Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará la primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: no estéis agobiados por la vida pensando qué vais a comer, ni por el cuerpo pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podría añadir una hora al tiempo de su vida? ¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan, ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. Sobre todo buscad el Reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por la mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos.”

 

Providencia, que se dice

octubre 19th, 2010

Una fe que mueve montañas

Estas últimas semanas, y a medida que se acerca el 6N lo será más, han sido de un ajetreo constante que apenas me ha permitido dedicarle al blog el tiempo que se merece, más allá de “sacarme de encima” un par de artículos del Doctor Who que ya iban siendo horas. Hoy he conseguido sacar un pequeño ratito, así que aquí estoy de nuevo dando la lata.

Entre las cosas que tenía pendientes de leer en este intermedio estaban un montón de lecturas acerca del rescate de los mineros chilenos, la gran sensación de las última semana a nivel informativo, y a eso quería dedicar hoy a este post. No a hablar de la excepcional rapidez con la que se ha trabajado, ni del reality chou que montaron los medios o del oportunismo de los políticos presentes – dos realidades, estas últimas, que podríamos dar por descontadas ya de ante mano. Así va el mundo y así nos va.

De lo que yo quería hablar es algo un tanto distinto. Ya decía el otro día en Twitter (1-2) que me hacían gracia algunas reacciones de algunos periodistas, blogueros… que hablaban de las continuas muestras de fe de los mineros, sus familias y gente cercana a la catástrofe. Unas reacciones que, caricaturizándolas un poco pero tampoco demasiado, podríamos calificar de media sonrisa irónica con cierto desdén paternalista y escéptico hacia “esos pobres mineros”. Como si le molestara… o, mejor, como si les asustara.

Antes de seguir, y como nota aclaratoria, con “fe” no me refiero a supersticiones del tipo “A los 33 mineros chilenos los rescataron el 13/10/10 (cuyas cifras suman 33) en un operativo que duró 33 horas. La nota que mandaron tenía 33 caracteres (¿con o sin contar espacios?). 33 años tenía Cristo cuando murió en la Cruz.” Me refiero a ese convencimiento, más o menos claro, de que la mano de Dios estaba detrás de su milagrosa supervivencia y del posterior rescate.

Entrando ya en materia, es de todos conocido, porque hemos seguido la operación casi en vivo y en directo durante más de dos meses, que el rescate de los treinta y tres ha supuesto un esfuerzo técnico increíble y sorprendente. O, lo que es lo mismo, que la mano humana ha jugado un papel fundamental en que todos y cada uno de ellos estén ahora, de nuevo, en la superficie. Por tanto, afirmar una intervención divina, si esta la entendemos como que “anula” o “niega” la intervención humana, es irresponsable, ingenuo, necio.

Así las cosas, tenemos dos estas dos certezas: la que nos dan los sentidos de que todo este milagro no es otra cosa que un hito más del prodigio de la técnica humana; y la que nos da la fe de que es la mano de Dios la que está detrás de todo. Una aparenta contradecir a la otra y casi de forma automática, la primera se nos presenta como “más cierta” que la segunda. Al fin y al cabo es lo que salta a la vista de nuestros sentidos de forma inmediata, mientras que la segunda es algo velado, mediado por la propia fe.

¿Pero esto es completamente así? ¿Existe esta contradicción? ¿Son estos dos hechos, el que nos presentan los sentidos y del que nos habla la fe, contrarios y excluyentes? La respuesta que yo, como hombre de fe, claro está, os propongo hoy es un no rotundo. No sólo no se excluyen mutuamente, sino que se coimplican. Es decir, en general no hay acción sin acción humana ni acción humana sin intervención divina.

¡Ojo con esto! Me explico mejor para no llevar a confusiones. Como siempre, apura esta doble afirmación hasta su extremo nos haría incurrir en un tremendo error. Por un lado, no sólo negaríamos otro tipo de intervenciones como los milagros propiamente dichos, sino que caeríamos encorsetar a Dios en cánones humanos e, incluso, en convertir a Dios en mera abstracción del espíritu humano. Por otra parte, reduciríamos al hombre en un simple instrumento, un autómata en manos de la divinidad. Por uno u otro extremo estaríamos negando la libertad absoluta de Dios o bien la libertad creada, finita, pero sagrada al mismo tiempo del hombre.

Pero basta decir que esto es de ordinario así. Así lo ha visto toda la tradición judeocristiana (en la que -nos guste o no- estamos inscritos) a lo largo de los tiempos. Dios se revela en la historia y a través de la historia, en lenguaje humano, sacramentalmente, que diría el teólogo. Es decir, echa mano de las realidades tangibles, de los hechos y de los acontecimientos históricos para darnos a conocer las cosas intangibles, para dar a conocerse él mismo, que es Señor de la Historia.

Evidentemente, esto supone un cambio de mirada que es propio del hombre de fe, que está llamado a buscar a Dios también en el mundo que le rodea, en lo que le sucede… a dar un paso más allá. Esa, entre otras, era la función de los profetas, que no eran una especie de adivinos así sin más, como muchas veces se nos presentan (también desde la propia predicación, todo hay que decirlo), pero que se extiende – así lo entiende la teología cristiana – a todos los bautizados, sacerdotes, profetas y reyes.

Esto llega, creo, para explicar eso de que de ordinario, no hay acción divina sin acción humana. Pero, ¿y la relación contraria? El hombre es criatura de Dios, imagen de Dios, del Dios Creador y, por tanto, un ser racional, inteligente y creativo. De aquí podríamos deducir esta intervención primera y latente de la divinidad que pone en marcha todo el “mecanismo del progreso”.

Podríamos hablar así de dos planos de actividad: uno que nos es cercano, perceptible, inmediato, y otro que va más allá de lo sensorial. Dos planos superpuestos, que son a la vez independientes e interdependientes. Aunque tenemos que entender que “hablar de dos planos” es sólo eso, una forma de hablar. La realidad es una, con muchas caras, con muchas dimensiones, pero una. No es que haya un plano espiritual en el que actúa Dios – y que muchas veces se interpreta como algo simplemente psicológico (la fe de los mineros les ayudó a aguantar y mantener la esperanza, por ejemplo) – y un plano material copado por el hombre, puramente material.

Hasta aquí, que creo que ya me he pasado con la charla teológica. Quizás quedan muchas cosas por explicar. Quizás otras quedan muy mal explicadas o muy por encima. Pero para eso están también los comentarios, para seguir dándole caña a esto, ¿no?

agosto 26th, 2010

Iglesia 2.0 (I): El blogger católico

Hace unos días, o quizás semanas, desde que comencé a leer los comentarios acerca de la recientemente celebrada PEJ, que me vengo planteando la misma “duda” acerca de este blog y de su utilidad. Llamémoslo así utilidad, aunque no sea el concepto que más me satisfaga para describir lo que me está pasando por la cabeza.

Sabéis, porque no lo escondo, que soy seminarista en la Archidiócesis de Santiago de Compostela. Católico, por tanto, se sobreentiende. Y estoy convencido como la mayor parte de los que llegáis hasta aquí, seáis muchos, seáis pocos, de que las nuevas tecnologías nos ofrecen un rango de posibilidades de comunicación que no teníamos antes: portales de información, blogs, redes sociales… también para la Iglesia.

Y me pregunto: ¿yo no debería evangelizar más activamente en la red? Hay muchos blogs dedicados ya a ello, pero ¿y yo? ¿No podría darle un giro más “confesional” a Caldeirada de  Marisco? Al fin y al cabo, es el blog personal de un seminarista, ¿verdad? Se supone que aquí cuento mi vida y se supone que una parte muy fundamental de mi vida se desarrolla dentro de lo que llamaríamos “esfera religiosa”, algo que, aunque muchos insistan en lo contrario, estoy convencido que es imposible reducirlo solo a lo privado.

Luego me digo. Bueno, tampoco es que tenga que andar contando todo siempre. Al fin y al cabo, cuando pasa algo grande e importante lo cuento: venirme al Seminario, la vida aquí, los distintos pasos que he ido dando, la PEJ… Y de vez en cuando comparto también mis ralladas. Así que, al final, también porque creo que la evangelización por cansancio no funciona sino todo lo contrario, declino mi idea diciendo: ya hay otros.

Otros, ya. Ahí es a donde quería llegar yo (aparte de confesaros mi duda). Cuando uno repasa el panorama de la blogosfera católica se encuentra que hay de todo, como en botica. Sin embargo, como ocurre también en la blogosfera general, existe un par de blogs de referencia, “gurúes”, si queréis llamarlos así, en torno a los cuales se ha creado una comunidad estable de comentaristas y bloggers.

Y lamentablemente, en una Iglesia en la que muchas veces por parte de determinados círculos (internos, me refiero) se pretende marcar una división entre carcas y progres, entre una verdadera iglesia y unos transgresores infieles (sea cuales sean), estas divisiones también llegan a la red. Y con el sensacionalismo que impera en nuestra sociedad y el afán del cotilleo, muchas veces se cae en un cotilleo eclesial que a veces llega a ser repugnante y en el que es muy fácil caer. Esos son nuestros blogs de referencia para los católicos españoles.

Por otra parte, yo soy de los que piensa que, cuando nos ponemos hablar de “nuestras cosas”, caemos en un cursilismo fácil, un monjillismo – en un sentido peyorativo del término (con todo mi respeto hacia las monjas y religiosas) – que convierte casi cualquier tema en un folletín de novela rosa dulzón que no resulta atrayente. Al menos a mí. Estamos acostumbrados a hablar para nosotros y, en general, aunque en nuestras ideas ya somos cada vez más conscientes de que, en general, la llamada pastoral de mantenimiento va siendo menos importante a favor de una nueva evangelización

Escasean, o al menos yo no conozco muchos, blogs de carácter confesional católico que sean realmente atractivos al público en general y, de ellos, me atrevo a pensar que casi ninguno resulta útil como plataforma de evangelización. Eso no quiere decir – a diferencia de los que muchos dentro del “gremio” puedan pensar – que debamos dejarlos de lado por ser “inútil”, sino que debemos  poner más esfuerzo en ello.

Porque este es el lenguaje de los nuevos tiempos. Y si Pablo, en Atenas (y en todo el transcurso de su misión) se esforzó en inculturar el evangelio para que los griegos pudieran entenderlo. Y si tantos otros, a lo largo de los siglos se esforzaron por hacer lo mismo. Si el mismo Cristo lo hizo… nosotros también deberíamos hacerlo.

Y entonces vuelve a surgir la duda. ¿Debería yo ponerme también a la tarea de esta evangelización 2.0 aquí también en Caldeirada de Marisco?

agosto 12th, 2010

¡PEJegrinos!

Por si alguien no se ha enterado aún (que al parecer hay gente que no lo ha hecho), estamos inmersos de lleno en el Año Santo Compostelano. Sí, ese acontecimiento que cae siempre que el 23 de Julio es Viernes… o algo así, ¿no? O, lo que es lo mismo, el que tiene lugar siempre que el 25 de Julio, Festividad de Santiago Apóstol, Patrón de Galicia y Patrón de las Españas (así, en plural, que suena mucho más rimbombante) cuadra en Domingo. Y como todos los Años Jubilares que se convocan en la Iglesia tiene un propósito especial: ser un año de especial gracia y perdón.

Pero no vengo hoy a hablaros del Año Santo Compostelano ni de los Años Jubilares. Quien quiera saber más de ellos le basta con consultárselo al Señor Google o a la Señora Wikipedia. Seguro que encuentra muchísima información acerca de ello. No es que yo no quiera darla, es que si me pongo no acabamos nunca. Disculpen las molestias.

Retomamos pues… Estamos en Año Santo y, como viene siendo ya costumbre desde que en 1989 viniese aquí el Papa Juan Pablo II con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud y desde que en el Año Santo de 1999 se convocara el primero de estos eventos, este año también hubo Peregrinación y Encuentro de Jóvenes. A él estaban convocados todos los jóvenes católicos de España, bajo el lema “Como el Apóstol Santiago, amigos del Señor” y con este himno de abajo, obra de Toño Casado.

Desde que se nos hizo oficial que este año, pues tampoco estaba muy claro en un principio por lo que sé, también habría PEJ, enseguida supe, como muchos, que sería un acontecimiento inolvidable, una experiencia especial de gracia y de encuentro con Cristo. No sólo para mí. No sólo para nuestra Diócesis ni sólo para las otras 5 Diócesis de Galicia. Para todos los jóvenes que tuvieran la suerte de participar y de aquellos que pudieran recibir su testimonio. Y por eso un grupo enorme de gente se puso a currar desde el primer momento para que nuestra fragilidad humana no supusiera un obstáculo a la obra del Espíritu.

Yo también me embarqué, un poco de refilón, todo hay que decirlo, y me ocupé de la puesta en marcha de la página oficial. No es gran cosa, pero es un granito de arena del que me siento algo orgulloso. Aunque podría ser mejorable, es verdad, pero temos que arar cos bois que temos, que dicen los viejos del lugar. Pero de lo que me siento más honrado es de haber podido seguir de cerca a todo el equipo que estuvo detrás de todo y del que formaban parte muy buenos amigos y mejores personas aún.

Y aún así. Aún a pesar de ir viendo crecer la PEJ casi desde sus pañales, he de confesar que me cogió totalmente de sorpresa el rotundo éxito. 12000 jóvenes confesando su fe con fuerza, con ilusión, con alegría y sin ninguna clase de complejo, que últimamente a los católicos nos sobran por todos los costados. Estoy seguro de que no soy yo el único que tiene esta impresión. Los voluntarios, los participantes, los organizadores, los obispos… creo que todo el mundo ha salido con un recuerdo inolvidable de estos 4 días en Santiago (8 en el caso de la organización y los voluntarios, entre los que nos contábamos también los seminaristas de Santiago, Lugo y Mondoñedo-Ferrol) y, lo más importante, con la conciencia de que no ha sido una experiencia mera humana, sino que Cristo estaba en el centro, delante, detrás, encima, debajo y a los lados de todo lo que vivimos aquí.

Una carga de pilas bárbara, de la que ahora salimos todos eufóricos, pero que no debe quedarse aquí. Como suele insistir nuestro queridísimo D. Julián y como suele decirse siempre que se hace referencia al Camino, lo verdaderamente importante empieza ahora, cuando emprendemos el camino a nuestra casa, a nuestra vida y a la señora rutina. Es trabajo de todos: Cardenales, Obispos, sacerdotes, diáconos, seminaristas, religiosos, catequistas, animadores… de todos los jóvenes, el evitar que esto se convierta en sólo un subidón momentáneo y que los frutos que han surgido de la PEJ, que estoy seguro de que los ha habido, y a montones, no se queden en agua de borrajas.

agosto 11th, 2010

Recuperando el control de la situación

Pues ya estamos aquí. De nuevo on-line y de nuevo en Santiago. Aunque realmente ya estuve toda la semana pasada aquí, en Santiago, colaborando con todos los voluntarios de la maravillosa, magnífica, alucinante PEJ, todo un éxito a todos los niveles (pese a quien le pueda pesar) del que, a no más tardar mañana, ya escribiré un testimonio por aquí.

Después de un par de días recuperándome del enorme cansancio y reubicándome en el MundoReal™, que dirían los chicos de Microsiervos, ya estoy aquí, en Santiago otra vez, esta vez ya colaborando activamente en la oficina que se encarga de preparar la visita del Papa el 6 de Noviembre.Y aquí estaré las mañanas de Lunes a Viernes hasta que comience el curso y más allá… Por lo que se podría decir que, de alguna forma, se me han acabado las vacaciones. No importa, que tampoco es un curro excesivamente estresante (por ahora) y lo hago rodeado de buenos amigos.

Y ya hoy puede decirse que he vuelto a participar con regularidad en las redes sociales , y estoy reinsertándome en el mundo serial, así que ya sólo me quedaba dar parte de vuelta aquí también. En breve tendré que recuperar, además las series que estoy escribiendo, es decir al Doctor Who, que llevo varios episodios de adelanto vistos y ninguno escrito… y no lo vamos a dejar a medias, ¿no? Y continuar con Akano, que tengo el próximo capítulo un poco empezado pero no he tenido tiempo ni siquiera para mirar lo que escribí entre los arrebatos morfeicos. Y más cositas, que el otro día Manuls me echaba en cara, entre cañas, que sólo escribía de lo mismo…

Así que… os emplazo a seguir por aquí, que yo ya he vuelto.

junio 14th, 2010

Mitos y cultura popular

La modernidad – ya desde el positivismo, pero como fruto de un proceso que venía gestándose ya desde antes – ha consagrado la ciencia y “condenado” la verdad a equipararse, únicamente, a aquello que puede ser constatado empíricamente o, al menos, a aquello que no puede o no ha podido ser falsado. Con este concepto, que eleva la certeza científica al grado de verdad, el resto se ve reducido a simples opiniones, cuando no a “historietas”, de valor e importancia relativos.

Así, en este último grupo (el de las “historietas”) se ha encasillado todo tipo de relatos de los más diversos orígenes, englobados dentro de la categoría general de mitologías: griega, egipcia, nórdica, judeo-cristiana (sic.). Hoy, con el auge de la ciencia y la visión antes expuesta de la verdad (dos aspectos que suelen ir de la mano), el hombre (post-)moderno desprecia estos relatos como “cuentos chinos”, vestigios de la infancia de la humanidad, de lo que Comte dio en llamar “etapa teológica”, cuando la única salida del hombre era creer en (los) dios(es).

Sin embargo, perdemos de vista algo muy importante. No sólo no consideramos que la ciencia sólo nos explica el cómo son/funcionan las cosas, no su porqué (y, muchas veces, atribuimos al conocimiento científico un objeto que no le corresponde); sino que, además, no valoramos la posibilidad de que esos “cuentos chinos” sean tan verdaderos como la ciencia, aunque en un plano distinto.

Y es que los mitos (dejémonos ya de otros apelativos) tienen un importantísimo valor performativo y explicativo del mundo, no al nivel del mecanismo, sino del conjunto. Por eso, los mitos no son menos verdaderos que la ciencia, sino que incluso podríamos atrevernos a decir que lo son más, porque apelan a una verdad de rango “superior” a la certeza científica, una que es dadora de sentido. Una dimensión, la holística y teleológica, que, de perderla de vista, convierte la información en cultura y la cultura en mera información.

Muchas veces estas historias tenían una función etiológica: explicaban el origen de un determinado lugar (santuario, ciudad…) o costumbre (como, por ejemplo la circuncisión judía ) o circunstancia (la Torre de Babel, por ejemplo). El libro del Génesis o del Éxodo son riquísimos en este tipo de relatos, pero también tenemos, por ejemplo, la leyenda de la Torre de Hércules en Coruña. Por no irnos muy lejos.

Otras buscan reflejar enseñanzas morales o religiosas. Así, por ejemplo, la Odisea homérica no es sólo un fantástico relato de aventuras, sino que es una historia de cómo la audacia vence a la fuerza bruta, de cómo el destino en manos de unos dioses caprichosos y arbitrarios es una concepción cruel y de cómo puede vencerse ese destino con voluntad, paciencia y esperanza. Así, por ejemplo, el libro bíblico de Job no es un cuento de lo caprichoso que es Dios que castiga y juega con nosotros, sino que era un relato que pretendía (y lograba) poner en entredicho una concepción teológica clásica en el judaísmo como era la de la retribución material y terrena por parte de Dios.

Otros combinan ambas dimensiones.

Rescatado (creo) el valor del mito, quizás sea conveniente aclarar qué es lo que estoy entendiendo yo como tal a la hora de hacer estas afirmaciones. Los mitos serían relatos, con base histórica o no, más lejana o más cercana, en los que se plantean situaciones excepcionales, sobrehumanas, mediante las que se pretende proponer una enseñanza vital. Por eso, en este grupo habría que incluir no sólo los clásicos mitos griegos, nórdicos, celtas… con sus dioses, semidioses, héroes y caudillos de todo tipo, sino también otros a priori más “terrenos”: algunos relatos bíblicos, leyendas, relatos ejemplares… Incluso las vidas de santos entrarían, en determinadas épocas, en este tipo de relatos: San Jorge y el dragón, las actas martiriales…

Quizás el hecho de que usen las aparentemente accesibles formas literarias, muchas veces fantásticas, además, en lugar de enrevesadas fórmulas matemáticas los haga menos creíbles. Digo “aparentemente” porque en numerosas ocasiones se apela a simbolismos sólo aptos para iniciados (mitos órficos, mitraicos y de las religiones mistéricas en general, pero también la literatura judeocristiana de la época de la apocalíptica o el gnosticismo). Pero en una cultura eminentemente ágrafa, la narrativa, la épica, con sus formas muchas veces preestablecidas, se convertían en un vehículo de comunicación fácil de transmitir y de recordar, sobre todo en culturas (como las orientales/semitas) que hablaban más por imágenes que por ideas.

Antes me quedé, en mi enumeración, en las vidas de santos, sobre todo las redactadas en la Edad Media, en las que muchas veces se exaltaban y se exageraban los hechos de la vida del personaje en cuestión para cargarlos de significado y de simbolismo, para que resultaran en verdaderas enseñanzas. Pero la producción “mítica” ha seguido adelante, en los cuentos, en las novelas… manteniendo unas estructuras muy similares a lo largo de los tiempos.

Hoy por hoy, la cultura audiovisual, cultura que, además, es de masas, se ha convertido en el perfecto vehículo para la transmisión de estos mitos. Así, tenemos grandes epopeyas en las que reencontrarnos con esta dimensión tan importante a la hora del crecimiento. En los últimos años de una forma especial, los guionistas de cine y TV, de comics, escritores… la han ido rescatando de la cárcel en la que la habían encerrado años de cientificismo.

Así, de una forma más o menos explícita, encontramos cada vez más contenidos de carácter ético o religioso que subyacen en las historias de la cultura popular, reconocibles por todos, que pasan a ser del imaginario popular. Así, por ejemplo, la historia de Neo (que al final muere “crucificado”) en Matrix o de Superman (que muere y resucita, sepulcro vacío incluido) beben de la tradición mesiánica (judeo)cristiana. Así por ejemplo, Spiderman nos recuerda una y otra vez que nosotros, seres normales y corrientes, tenemos responsabilidades para con los demás, y cuantas más oportunidades, más responsabilidades (que eso es lo que nos quiere decir cuando nos repite la frase del tío Ben). Así, los guionistas de Batman (la época posterior a Frank Miller es especialmente prolífica en este sentido), nos enseñan los peligros de la justicia ciega o el famoso código del superhéroe (ese que dice que un superhéroe nunca debe matar) nos recuerda que el fin no justifica los medios. Y ya me he referido al Lost y a Battlestar Galactica cuando me quejaba de que no me salía un post muy parecido a este.

Podríamos seguir, pero es más divertido buscarlos.

¿Y tú, qué opinas?

mayo 3rd, 2010

Estado (anti)confesional

libertadguiandoalpueblo

El sábado pasado, entre cervezas y gin-tonics, Manu me alertaba de un artículo que había escrito en su y en el que le extrañaba que aún no hubiera comentado. Ya sabéis que yo soy más del palo “lector silencioso” pero hay temas que me producen cierta “debilidad” y suelo comentar en ellos sí o sí. De ahí la extrañeza de mi amigo.

La cuestión es que con el asunto de Najwa y su hiyab se está reproduciendo el debate sobre la aconfesionalidad y la laicidad del estado, precisamente un tema que, además, estamos tratando últimamente en la clase de moral social. Todo esto coincide en el tiempo, además, con la polémica en torno a los abusos a la que ya me he referido y a la que no descarto volver a referirme. Así que no he podido evitar ceder a la tentación y escribir mi pequeña reflexión sobre este tema. De paso que sirva ya como comentario-respuesta a Manuls.

Muchas veces, cada vez más, posicionarse a favor de la laicidad del estado se entiende más como una lucha beligerante contra cualquier tipo de presencia de lo religioso en la vida pública que como la necesaria convivencia, tolerancia y pluralidad propias de una sociedad democrática que, por definición, debería ser un sistema incluyente, no excluyente. Los crucifijos en las aulas, las procesiones en las calles, el hiyab… ese tipo de cuestiones molestan a a un sector bastante amplio que, siguiendo las ideas de la ilustración, opina que la religión debería recluirse, encerrarse n la esfera de lo privado y nunca, nunca, nunca infectar la esfera pública, que pertenece al ciudadano en su liberté, egalité, fraternité.

Evidente, pretender llevar esta afirmación a sus últimas consecuencias, como si en nuestra sociedad no se pudiera expresar el sentimiento religioso, sería una exageración por mi parte. Al igual que sería un síntoma de ceguera no tener en cuenta que parte de esta animadversión viene dada por la actitud de la Iglesia, muchas veces situada en confrontación con la clase política en general, de determinado signo en particular, de una forma que en nada parece corresponder a la que se supone su misión.

Es inevitable que religión y política se rocen al convivir en la sociedad democrática. La neutralidad del Estado laico no es ningún aval que las prevenga. Las políticas sociales que se promueven desde el Estado tienen puntos de contacto, necesariamente, con los valores que se defienden desde cualquier religión. Es inevitable. ¿De otro modo, qué clase de cosmovisión (religión) sería si no afecta a todas las dimensiones del ser humano, su socialidad incluida? Por eso, ni el Estado puede prescindir totalmente de valores vinculados a concepciones del mundo ni la religión desentenderse de lo que son las políticas concretas del Estado.Sobre todo cuando cuestiones que atañen a ámbitos de la vida humana, como son la misma vida y la muerte, han entrado tan de lleno en el debate político… o cuando cada vez es mayor la multiculturalidad (y, por tanto, la diversidad religiosa) de nuestras sociedades. ¿Una conclusión clara? Estado e Iglesia(s) están necesitados, hoy más que nunca, de dialogo y entendimiento.

Pero este diálogo tiene muchos obstáculos. Por un lado, nos encontramos con los que defienden la laicidad a ultranza y consideran cualquier clase de reivindicación de tipo religioso como una ofensa y a sus defensores como enemigos. Por otra parte, hay un grupo de creyentes, no precisamente despreciable, que no aceptan la secularización de esta sociedad y que no aceptan las “nuevas reglas del juego”, sino que pretenden determinar los valores, la ética y la cultura de todo el conjunto de la sociedad.

Por citar, más pormenorizadamente, algunos de estos obstáculos, me remito a un interesantísimo artículo de J.M. Mardones*:

  • Por parte de la laicidad
    1. Entender la laicidad como una ideología, como si fuese una cosmovisión militante en contraposición a la visión religiosa. Se establece entonces una pugna en la que cualquier manifestación religiosa es vista como perniciosa para la libertad y la democracia. No hemos superado la lucha de poderes por el control de un mismo espacio. Algunos suelen denominar “laicismo” a esta tendencia un tanto decimonónica, anticlerical y antirreligiosa, que en verdad niega la verdadera laicidad. Esos laicos deben entender que la mayoría de los creyentes y de las Iglesias ya no disputan el poder político; es decir, no es la laicidad de la sociedad correctamente entendida lo que está en juego.
    2. Entender la racionalidad secular y científica como acaparadora, como la única y exclusiva a la hora de determinar las uestiones de valores y estilo de vida, de políticas sociales… y juzgar la religión, por tanto, como una irracionalidad o una postura anacrónica.Es decir, este laicismo ofrece una concepción de la racionalidad cerrada y estrecha, ciega y sorda a los problemas del sentido y de las políticas donde están implicadas opciones que conllevan concepciones del mundo. La postura anterior y esta suelen ir unidas. Esta laicidad tiene que entender que no poseela exclusividad de la racionalidad a la hora de determinar proyectos de vida y cuestiones de vida y muerte, de bioética, solidaridad, justicia, etc.; incluso más, que pudieran aprender de las tradiciones religiosas sobre estas cuestiones**.
  • Por parte de los creyentes
    1. Una mala comprensión de la sociedad que vivimos donde no hay que confundir laicidad con secularización. La laicidad tiene que ver con el poder; la secularización no es una ideología o un sistema de pensamiento, sino que es un proceso complejo que configura un tipo de sociedad en todos sus niveles, económico, institucional, cultural, rol de las personas, situación de la religión.
    2. Una actitud integrista que no acepta la secularización ni busca vivir la religiosidad dentro de esta nueva situación. Más que una actitud religiosa crítica frente a la sociedad moderna, necesaria, se adopta una postura de rechazo de la sociedad secularizada y hasta se busca una reconfiguracón soci-cultural desde la religión, caso del integrismo islámico, la ultraortodoxia judía y actitudes cristianas neotradicionalistas.
    3. El creyente actual está desafiado a vivir la fe en medio de una sociedad y cultura secularizada, donde la religión es una institución específica que, sin duda, puede aportar mucho desde la sociedad civil a fin de humanizarla y hacerla realmente laica y democrática, es decir, libre y justa

Conscientes de nuestras limitaciones, pero siempre con la voluntad de avanzar y dejando atrás rencores y prejuicios de un pasado que ni es tan glorioso como algunos lo pintan ni tan sombrío como otros quieren hacernos ver. Al final, estos obstáculos que citaba Mardones, sólo se evitan de una forma: diálogo. Pero para que haya diálogo es necesaria la voluntad de entendimiento y, además, que se neutralice, lo más posible, el ruido que enturbia las palabras.

Y ya no sé ni por qué empecé a escribir esto… pero ahí queda.

____

* MARDONES, J.M., “Religión y democracia en una sociedad laica”, en GÁMEZ, C. – PEDRERO, M.G., Ídolos del siglo XXI: Tecnocracia, culto al cuerpo y fundamentalismo religioso, UPSA, Salamanca 2007
** Aquí el autor cita a Jürgen Habermas.

marzo 20th, 2010

La Iglesia y los abusos

Son lamentables, y la Iglesia, por lo que representa, debería invertir todos sus esfuerzos y más aún si es posible en investigar, castigar y remediar todo el daño que ha hecho en este sentido. Colaboración con las autoridades judiciales en lo tocante a los procesos ya iniciados es lo menos que se le puede pedir, así como la apertura de los procesos canónicos correspondientes. Y en ese sentido, la Iglesia parece que se ha puesto las pilas con gran diligencia: en Estados Unidos, en Irlanda, en Alemania… en demasiados sitios.

Benedicto XVI, personalmente en más de una ocasión, a través de sus asesores en otras, ha querido pronunciarse firmemente en este sentido y dejar atrás esa apariencia, práctica habitual en muchos lugares, del silencio y el encubrimiento. Tenemos el caso del P. Maciel, fundador de los Legionarios (que podemos coincidir o no coincidir con ellos, pero el pecado del fundador no es el pecado de toda la institución, hay que tener cuidado al hablar de esto), de los irlandeses, donde ya han comenzado a rodar cabezas, de EEUU y de Alemania.

Puede que a muchos la actuación, incluso la carta pastoral del Papa que hoy se ha hecho pública y que podéis leer aquí, le siga pareciendo pobre. Probablemente a muchos les gustaría rehabilitar las hogueras para castigar este tipo de pecados. Bien. Tampoco es para tanto (para encender piras, entiéndase, que hoy en día todo se malinterpreta). Aquí es donde quería yo

Hay que entender las cosas como son. En lo que se refiere a los abusos sexuales a menores, hay que ser lo más equilibrados posibles: ni todos los curas son pederastas, ni todos los pederastas son curas. Es cierto que pudiera entenderse que la responsabilidad como pastor de un sacerdote hace que su pecado, su delito, sea subjetivamente más grave, porque a él se le ha encomendado la cura de almas, con todos los ingredientes morales que eso supone. Pero igualmente graves, en este sentido subjetivo, son los abusos que puedan proceder de profesores o de los propios padres. A ellos también se les ha confiado la educación integral de la infancia.

Entiendo que algunos medios estén entusiasmados con estas noticias o con lamentables casos como el de Samuel, el cura de Toledo. Le sirven de carnaza en una cruzada anticlerical que les pone, en todos los sentidos de la palabra. Basta ver algún informativo o leer algún periódico para ver cómo se regodean en este tipo de informaciones. Creo que esto nadie me lo negará.

Pero ese no es el caso. Da igual lo que digan los medios o qué medios sean los que digan qué cosas. Los casos son ciertos y ponen en cuestión la misión sagrada que tiene la Iglesia desde su misma raíz. A todos nos duele, nos llena de “vergüenza” y de “remordimiento”, dos palabras que recorren transversalmente toda la carta, a todos los católicos. Sobre todo a los que hemos decidido entregar nuestra vida a la Iglesia como sacerdotes o religiosos.

julio 13th, 2007

Self Service

Artículo escrito para el XX Curso Básico de Periodismo para Seminaristas en Granada

Vivimos en un mundo dominado por la interactividad, en un mundo donde las capacidades y posibilidades del usuario son cada vez mayores. Construimos una vida a nuestra medida, a nuestro gusto. Nos forjamos nosotros mismos eligiendo entre una cada vez más grande variedad de opciones a todos los niveles.

Es innegable que esto conlleva una serie de ventajas cuando este autoservicio se refiere a ámbitos como puede ser el informativo o el de ocio: uno se informa de lo que le interesa y se divierte como quiere. Pero no podemos olvidar que el hombre es un ser unitario, y es ahí donde nos topamos con el peligro. De este modo, creamos un saber “a nuestra medida” y, lo que es peor, una verdad e incluso un Dios a nuestra medida.

Rechazamos todo aquello que no nos gusta, que nos molesta. Evitamos aquello que no entendemos o que sentimos que nos coarta. Huimos del dogma y de la jerarquía en aras de una supuesta libertad que nos permita postular esa moral “a medida”. Identificamos la autoridad y la verdad con la represión, con la falta de libertad y, por tanto, con la frustración y el sufrimiento.

Así, vamos poco a poco desviando, omitiendo o ignorando aquello que nos viene establecido y nos convertimos en Ícaros demasiado osados como para darnos cuenta de que esas “limitaciones” son también arneses de seguridad que impiden que nos estampemos contra el suelo cuando se derritan nuestras alas de nuestro mundo de fantasía en el que podemos hacer todo lo que nos venga en gana.

Pero mientras tanto, seguimos empeñados en crear ese mundo a nuestra medida y vamos picoteando de aquí y de allá. Ahora me cojo un poco de esto de la paz interior del budismo y luego más tarde cojo eso del amor y la caridad del cristianismo que parece bonito, pero quito todo eso de la autoridad, que no va conmigo.

¿No me cree? ¿Cuál es la explicación entonces del éxito editorial de obras de escasa calidad literaria como el tan manido El Código Da Vinci en las que se ensalzan las ideas más románticas del cristianismo (aderezadas con mucho de new age, gnosticismo o como queramos llamarle) en contraposición a aquellas otras que nos resultan menos atractivas?

En un mundo como el nuestro, en el que lo que prima es la libertad: libertad de expresión, de culto, de pensamiento, de insulto… todo aquello que suena a límite es frontalmente rechazado en pos de la convivencia democrática, aunque es cierto que existen ciertos límites “por consenso” y únicamente porque son necesarios para poder volar sin turbulencias.

Y con esto llegamos a “mi verdad”, “mi mundo”, al más puro relativismo donde lo que realmente importa no es lo objetivo sino lo subjetivo, el “para mí esto es así”. Al final, lo único que logramos son seis mil millones de mundos distintos en los que, al final, lo que importa es la fantasía.

Volvamos a poner los pies en la tierra. Debemos recuperar esa concepción de que es la realidad objetiva la que nos ofrece la maravillosa oportunidad de construirnos a nosotros mismos con esa seguridad de que de todo podemos aprender y que no necesitamos inventarnos nada para ser libres, para estar cómodos… para ser felices.

abril 2nd, 2007

Preparando el pregón pascual

Pues eso, ha llegado la Semana Santa y todos nos estamos preparando para vivir, de una forma u otra, la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Vía Crucis, Horas Santas, procesiones, celebraciones penitenciales, oficios y misas se convertirán en el pan nuestro de cada día hasta el próximo domingo.

Teniendo en cuenta que es algo ya a lo que estoy acostumbrado, esta Semana Santa es especial para mí por dos cuestiones:

  • Es la primera que paso en Padrón
  • ¡Tengo que preparar el Pregón Pascual

Lo que me pone verdaderamente nervioso es lo segundo. Cantar el pregón pascual, que es probablemente la pieza más complicada de las que vienen en el misal. Nervios… Nervios…

ARGH!

marzo 26th, 2007

De dogmas y verdades

Es curioso como sin pensarlo puedes acabar hablando de las cosas más profundas en los momentos más insospechados. Para muestra un botón:

Estaba yo hablando con un amigo por el messenger, ese instrumento del demonio que tanto me hace perder el tiempo, acerca de… no sé alguna cuestión sin importancia (creo que se trataba de no, no sé de qué estábamos hablando). La cuestión es que me caí y cuando volví a conectarme pronuncié una frase tan “peregrina” como “Resucité”.

Curiosamente, esa en apariencia inocente y sencilla frase condujo a mi interlocutor a pronunciar otra así como quien no quiere la cosa: “Como cristiano, como católico y como seminarista, ¿crees que la virginidad de María es importante?”.

Saltándonos la parte de la creencia y la justificación de este dogma, saltándonos también el retorcido mecanismo mental que debió llevarlo desde mi “resucité” a preguntarme por uno de los dogmas más antiguos de la Iglesia, en aquel momento se me ocurrió decirle: “Tú, como científico que eres, ¿crees que la velocidad de la luz es absoluta?” (pregunta que, dicho sea de paso, está mal formulada).

A veces soy retorcido, lo sé, pero en ese momento se me vino a la cabeza aquella respuesta como si fuera la más adecuada para la cuestión que me había formulado.

Pensemos, en un mundo cientificista como el nuestro, vivimos rodeados de axiomas y dogmas tales como los postulados que Einstein expuso en Sobre la electrodinámica de los cuerpos en movimiento y que dieron luz a la teoría de la relatividad (restringida). Verdades indemostrables pero, como bien apuntaba mi amigo, “consiguen crear modelos que se ajustan de manera aproximadamente exacta – toma contraditio in terminis – a la realidad” y que, por lo tanto, se demuestran funcionales. Es decir, son “verdades pragmáticas”, verdades que nos sirven para entender nuestro mundo y utilizarlo en nuestro provecho.

Asentimos de forma ciega a estas verdades, casi sin preguntarnos el porqué de las cuestiones e incluso seguimos utilizando, por que nos sirven, sistemas matemáticos, físicos o lógicos que se han demostrado reduccionistas y, por tanto, poco adecuados. Podemos citar entre estos la propia mecánica newtoniana que todos hemos estudiado en el instituto o la lógica aristotélica, sistema inadecuado y reduccionista por excelencia que tanto ha condicionado el pensamiento del mundo (occidental) y que está en la base, aunque no nos demos cuenta, de nuestra visión del mundo.

Sin embargo, cuando se trata de otro tipo de verdades, verdades que, siempre desde el mismo punto cientificista y pragmático, no aportan nada a nuestro conocimiento del mundo, nos cuesta asentir a ellas. No hablo ya de verdades de fe, de dogmas o de cuestiones atenientes a una confesión religiosa concreta. Pensemos por un momento en… la historia y en cuanto nos cuenta creer a veces en cosas que pasaron, que están atestiguadas por testigos más que fiables… pero que no se ajustan a nuestra concepción del mundo.

Nos quedamos así con verdades parciales, reduccionistas: algo es verdad si me vale. “La religión es buena si te ayuda”, decía William James, uno de los padres del pragmatismo. Un punto de vista que, en mi opinión y salvando, obviamente, las distancias, no se separa mucho de la concepción de los idealistas, que podríamos resumir en esa frase que tanto le gusta repetir a uno de mis profesores: “Si el mundo no se ajusta a la Idea, peor para el mundo.”

Ya para terminar quiero aclarar que no quiero predicar con esto un “ingenuismo” ante todo lo que se nos diga. El espíritu crítico es el punto de vista del sabio, del hombre que verdaderamente quiere descubrir la verdad – o quizás deberíamos hablar de Verdad, en mayúscula –, la Verdad del Mundo, despojada si queréis de toda la concepción religiosa, pues no pretende ser este artículo una apología de nada (aunque cierto es que todos acudimos al mundo, a los problemas, a lo que se nos pone delante, con nuestros propios prejuicios).

Simplemente se trata de una pequeña reflexión a raíz de esa conversación que quería compartir hoy con vosotros. Por eso os lanzo también a vosotros esta misma pregunta que me he hecho esta tarde, tras este pequeño intercambio de palabras. ¿Por qué? ¿Por qué nos cuesta tanto (a mí el primero) creer en un tipo de afirmaciones y tan poco asentir a otras? Es una pregunta que me lanzo y que os lanzo.

agosto 18th, 2005

Muere asesinado un Gandhi de nuestro tiempo

Roger Schutz, más conocido por Hermano Roger de Taizé, murió ayer asesinado debido a tres puñaladas en la espalda que le asestó una mujer rumana de 36 años. A sus 90 años, se encontraba celebrando una misa vespertina en la Iglesia de la Reconciliación , en la comunidad ecuménica de Taizé que él mismo había fundado en 1940, cuando sucedió el fatal suceso.

Para muchos jóvenes y no tan jóvenes de las distintas ramas del cristianismo occidental, las reflexiones del hermano Roger de Taizé sobre distintos temas como la paz, la oración, el ecumenismo… son un punto de partida para muchas vivencias. Esto hizo que fuera respetado por mucha gente de entre todas las ramas del cristianismo, prueba de ello es que, aún siendo anglicano, el aún Cardenal Ratzinguer le dió la comunión en el funeral de Juan Pablo II, exponiéndose a las críticas.

El hecho de que este lamentable hecho se haya producido durante la celebración de la JMJ en Colonia, lo hace muy significativo pues la influencia de sus ideas en los movimientos juveniles es muy extensa.

Actualización:

Cito de Religión Digital que es el únicomendio que sé que está siguiendo el caso:

La acusada de asesinar al padre Roger dice que quería alertarle de un complot francmasón

RD
Viernes, 19 de agosto 2005

La mujer rumana que mató a puñaladas hace dos días al hermano Roger, fundador de la comunidad ecuménica de Taizé (centro-este de Francia), fue procesada ayer por asesinato y encarcelada. Las acciones judiciales contra Luminita, de 36 años, fueron anunciadas por la Fiscalía de Macon mientras cientos de personas se inclinaban en recogimiento ante los restos mortales del hermano Roger Schutz, en la Iglesia de la Reconciliación.

Fue en ese templo donde el fundador de esta comunidad de diálogo entre las iglesias cristianas y que organiza cada año encuentros internacionales de jóvenes murió apuñalado, a los 90 años de edad, durante la oración vespertina, en presencia de unos 2.500 fieles. Las exequias del hermano protestante, nacido en Suiza, tendrán lugar el próximo martes, según ha informado su sucesor, el hermano Alois, un católico alemán, de 51 años.

La mujer rumana acusada ayer del asesinato y en la que los psiquiatras han detectado «delirios de tipo paranoico» ha dicho a los investigadores que quería alertar al fundador de Taizé sobre un supuesto complot de monjes francmasones en la comunidad pero del que no dio detalles.

Según el fiscal Jean-Louis Coste, Luminita insistió ante los gendarmes en que no quiso matar al hermano Roger. «Dice que si hubo un golpe mortal, no fue ella sino otra persona» quien lo asestó, y sostiene que se limitó a ponerle la navaja en el cuello «para obligarle a escucharla», precisó el representante público.
La conjetura de Luminita de que el hermano hizo un gesto «y se cortó solo» es «imposible», ya que, según el forense, se trata de un «golpe mortal voluntario», recalcó el fiscal. La autopsia muestra que el hermano recibió dos puñaladas, una superficial y otra que seccionó la tráquea.