¡PEJegrinos!

Por si alguien no se ha enterado aún (que al parecer hay gente que no lo ha hecho), estamos inmersos de lleno en el Año Santo Compostelano. Sí, ese acontecimiento que cae siempre que el 23 de Julio es Viernes… o algo así, ¿no? O, lo que es lo mismo, el que tiene lugar siempre que el 25 de Julio, Festividad de Santiago Apóstol, Patrón de Galicia y Patrón de las Españas (así, en plural, que suena mucho más rimbombante) cuadra en Domingo. Y como todos los Años Jubilares que se convocan en la Iglesia tiene un propósito especial: ser un año de especial gracia y perdón.

Pero no vengo hoy a hablaros del Año Santo Compostelano ni de los Años Jubilares. Quien quiera saber más de ellos le basta con consultárselo al Señor Google o a la Señora Wikipedia. Seguro que encuentra muchísima información acerca de ello. No es que yo no quiera darla, es que si me pongo no acabamos nunca. Disculpen las molestias.

Retomamos pues… Estamos en Año Santo y, como viene siendo ya costumbre desde que en 1989 viniese aquí el Papa Juan Pablo II con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud y desde que en el Año Santo de 1999 se convocara el primero de estos eventos, este año también hubo Peregrinación y Encuentro de Jóvenes. A él estaban convocados todos los jóvenes católicos de España, bajo el lema “Como el Apóstol Santiago, amigos del Señor” y con este himno de abajo, obra de Toño Casado.

Desde que se nos hizo oficial que este año, pues tampoco estaba muy claro en un principio por lo que sé, también habría PEJ, enseguida supe, como muchos, que sería un acontecimiento inolvidable, una experiencia especial de gracia y de encuentro con Cristo. No sólo para mí. No sólo para nuestra Diócesis ni sólo para las otras 5 Diócesis de Galicia. Para todos los jóvenes que tuvieran la suerte de participar y de aquellos que pudieran recibir su testimonio. Y por eso un grupo enorme de gente se puso a currar desde el primer momento para que nuestra fragilidad humana no supusiera un obstáculo a la obra del Espíritu.

Yo también me embarqué, un poco de refilón, todo hay que decirlo, y me ocupé de la puesta en marcha de la página oficial. No es gran cosa, pero es un granito de arena del que me siento algo orgulloso. Aunque podría ser mejorable, es verdad, pero temos que arar cos bois que temos, que dicen los viejos del lugar. Pero de lo que me siento más honrado es de haber podido seguir de cerca a todo el equipo que estuvo detrás de todo y del que formaban parte muy buenos amigos y mejores personas aún.

Y aún así. Aún a pesar de ir viendo crecer la PEJ casi desde sus pañales, he de confesar que me cogió totalmente de sorpresa el rotundo éxito. 12000 jóvenes confesando su fe con fuerza, con ilusión, con alegría y sin ninguna clase de complejo, que últimamente a los católicos nos sobran por todos los costados. Estoy seguro de que no soy yo el único que tiene esta impresión. Los voluntarios, los participantes, los organizadores, los obispos… creo que todo el mundo ha salido con un recuerdo inolvidable de estos 4 días en Santiago (8 en el caso de la organización y los voluntarios, entre los que nos contábamos también los seminaristas de Santiago, Lugo y Mondoñedo-Ferrol) y, lo más importante, con la conciencia de que no ha sido una experiencia mera humana, sino que Cristo estaba en el centro, delante, detrás, encima, debajo y a los lados de todo lo que vivimos aquí.

Una carga de pilas bárbara, de la que ahora salimos todos eufóricos, pero que no debe quedarse aquí. Como suele insistir nuestro queridísimo D. Julián y como suele decirse siempre que se hace referencia al Camino, lo verdaderamente importante empieza ahora, cuando emprendemos el camino a nuestra casa, a nuestra vida y a la señora rutina. Es trabajo de todos: Cardenales, Obispos, sacerdotes, diáconos, seminaristas, religiosos, catequistas, animadores… de todos los jóvenes, el evitar que esto se convierta en sólo un subidón momentáneo y que los frutos que han surgido de la PEJ, que estoy seguro de que los ha habido, y a montones, no se queden en agua de borrajas.

Classic Doctor Who VIII (S1A8: The Reign of Terror – Season Finale)

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Si os acordáis, allá antes des este no muy involuntario parón estival en el que incurrí por las últimas semanas, habíamos dejado al Doctor con una dura amenaza hacia sus acompañantes humanos después de un no muy afortunado comentario de Ian al final de la aventura con los Sensoritas en el séptimo arco de la Primera Temporada. Una temporada que, precisamente, acaba con este episodio al que toca referirnos ahora. Y el episodio comienza con el Doctor dispuesto a cumplir esa amenaza: poner punto y final al viaje de Ian y Barbara en la Tardis. Sin embargo, por suerte o por desgracia, los circuitos de la TARDIS siguen sin estar al cien por cien y no aterrizan en la Inglaterra de los sesenta, sino cerca de París, allá por finales de Julio del 94… de 1794. En otras palabras, nuestros héroes tienen el gran honor de aterrizar en uno de los periodos más convulsos de la historia europea reciente: en la Revolución Francesa y asistir a uno de sus episodios más oscuros, el fin del periodo del Terror, que da nombre al episodio. Leer más…

Recuperando el control de la situación

Pues ya estamos aquí. De nuevo on-line y de nuevo en Santiago. Aunque realmente ya estuve toda la semana pasada aquí, en Santiago, colaborando con todos los voluntarios de la maravillosa, magnífica, alucinante PEJ, todo un éxito a todos los niveles (pese a quien le pueda pesar) del que, a no más tardar mañana, ya escribiré un testimonio por aquí.

Después de un par de días recuperándome del enorme cansancio y reubicándome en el MundoReal™, que dirían los chicos de Microsiervos, ya estoy aquí, en Santiago otra vez, esta vez ya colaborando activamente en la oficina que se encarga de preparar la visita del Papa el 6 de Noviembre.Y aquí estaré las mañanas de Lunes a Viernes hasta que comience el curso y más allá… Por lo que se podría decir que, de alguna forma, se me han acabado las vacaciones. No importa, que tampoco es un curro excesivamente estresante (por ahora) y lo hago rodeado de buenos amigos.

Y ya hoy puede decirse que he vuelto a participar con regularidad en las redes sociales , y estoy reinsertándome en el mundo serial, así que ya sólo me quedaba dar parte de vuelta aquí también. En breve tendré que recuperar, además las series que estoy escribiendo, es decir al Doctor Who, que llevo varios episodios de adelanto vistos y ninguno escrito… y no lo vamos a dejar a medias, ¿no? Y continuar con Akano, que tengo el próximo capítulo un poco empezado pero no he tenido tiempo ni siquiera para mirar lo que escribí entre los arrebatos morfeicos. Y más cositas, que el otro día Manuls me echaba en cara, entre cañas, que sólo escribía de lo mismo…

Así que… os emplazo a seguir por aquí, que yo ya he vuelto.

Akano 42 – Twisted

Después de la sorpresa y del mal sabor de boca que a algunos les dejó el capítulo anterior, espero que este sea capaz de reconducir las cosas. Las consecuencias de lo que descubrimos la semana pasada no son tan felices como nos las prometíamos. Leer más…

Classic Doctor Who VII (S1A7: The Sensorites)

Después de viajar una vez más al pasado, a la época azteca esta vez, es el momento de emprender, por fin, nuestro primer viaje oficial al futuro. Y digo “oficial” porque, aunque las tramas terrestres podemos ubicarlas temporalmente, no ocurre así con las que ocurrían en Skaro y en Marinus. Así pues, nuestra visita a la Sensosfera (así se llama el nuevo escenario) es la primera vez que viajamos al futuro.

Y será la primera vez que veamos cara a cara a unos extraterrestres. No a los Daleks protegidos en sus carcasas metálicas o a los Voord dentro de sus trajes de neopreno. A los Sensoritas que dan título al arco los veremos sin mediación alguna. Serán, además, los primeros alienígenas pacíficos con los que nos encontremos como espectadores del Doctor. Bueno, no exactamente… pero para aclarar esto todavía hay que andar mucho. Leer más…

Akano 41 – Dies Natalis

¿Capítulo nuevo de Akano? ¡Sí! ¡Ya iba siendo hora c***! Digo… esto… Nada, que como habéis podido comprobar me he tomado unas vacaciones literarias no tan voluntarias como parecería en un primer momento. Con el examen, primero, y con la resaca mundialista, después,  de por medio que… bueno, que mis musas decidieron que mi cabeza no era buen lugar para vivir, y menos si tenían que pelearse, además, con el Doctor Who… no el de ahora, el de los años 60.

Bueno, eso TGIF. O lo que es lo mismo: que ya es viernes… (o casi). Sí, ese día en el que, después de unas vacaciones inesperadas, vuelve Akano. ¿Con Kara? ¿Con Nadie?  Pues… No. La vida es dura, pero no, no va a avanzar mucho la trama. Dejémoslo en que es una nueva toma de contacto con la escritura que incluye una dedicatoria a una de las personas que ha hecho que esto sea realidad aunque ahora no esté tan metida en el proyecto como antes. Lo descubriréis a lo largo del capítulo, con título latinajo incluido. Leer más…

Classic Doctor Who VI (S1A6: The Aztecs)

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Como ya anticipaba en el post del domingo pasado, el sexto arco de esta primera temporada nos devuelve al pasado, a la América precolombina, para lidiar con los aztecas. Pero es mucho más que eso ya que, por primera vez en lo que llevamos de serie, se afronta de forma directa la primera regla de los viajes en el tiempo.

¿La primera regla de qué? Basta con haber visto unos pocos minutos de Regreso al Futuro para saberlo. Lo más básico de viajar en el tiempo, especialmente cuando viajamos al pasado, es la no-intervención. Hay que procurar no desestabilizar el curso del tiempo, no vaya a ser que nos encontremos con cosas extrañas cuando regresemos a “lo normal”… o que incluso no exista más “lo normal”.

Es un principio que había venido sosteniendo el Doctor en los arcos anteriores, y veíamos que hasta ahora el grupo de protagonistas siempre se veían obligados a participar en aquellos eventos a raíz de circunstancias extraordinarias: el secuestro de los trogloditas, el enlace de fluido, la avería y la confiscación de la TARDIS, el campo de fuerza de Arbitan… Con Barbara al frente, los acompañantes del Doctor lo pondrán a prueba. Leer más…

Classic Doctor Who V (S1A5: The Keys of Marinus)

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Después de una trama tan complicada como la que nos regaló Marco Polo, hay quien podría pensar que es momento de relajarse, tomar aire y pasar a una serie un poco más de transición, pero eso no era lo que tenían metido en la cabeza los guionistas de esta primera temporada del Doctor Who. The Keys of Marinus, así se llama esta nueva entrega no llega a la altura de su predecesora en cuanto a complicación, pero supera por completo a las tres primeras.

En esta quinta trama de las aventuras del Doctor volvemos a visitar otro planeta extraterrestre, pero nos queda la misma duda que se planteaba Marco Polo al final del arco anterior. ¿En el pasado? ¿En el futuro? Como ocurrió ya en el momento en el que llegamos a Skaro en busca de los Dalek, aquí tampoco nos solucionan la duda (si es que alguno pudiera planteársela) de si el planeta Marinus lo visitamos en el futuro o en el pasado. Leer más…

Classic Doctor Who IV (S1A4: Marco Polo)

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El otro día terminé el post con una pequeña mentirijilla. Os emplacé para un arco bajo el nombre de The Roof of the world cuando, en realidad, tiene otro nombre. El nombre del personaje histórico en torno al cual gira toda la historia: Marco Polo, el genial explorador veneciano de finales del s. XIII y comienzos del s. XIV. Así que este, descontando el primer arco en el que se viaja a la prehistoria (pero a una prehistoria algo ficticia), es la primera trama realmente histórica a la que nos enfrentamos en nuestro visionado de Doctor Who.

Antes de empezar, una advertencia: En la historia de la televisión británica de la época hay siempre que tener en cuenta un hecho. Llegado un momento, en los setenta, la BBC decidió grabar encima de las cintas que ya tenía para, de este modo, ahorrar costes y espacio de archivo. Así, hay capítulos originales de, por ejemplo, el Monty Python Flying Circus que se han perdido para siempre. Con el Doctor Who ocurre lo mismo y este es el primer, aunque no el único, caso con el que nos encontraremos con capítulos reconstruidos.

Afortunadamente para nosotros, el audio sí se conservó y Marco Polo era una de los rodajes más fotografiados de la serie, lo que permitió a los editores de las posteriores colecciones realizar un montaje que va entre la radionovela y la fotonovela introducido por Mark Eden, el actor que da vida al intrépido veneciano. Así que vayámonos al techo del mundo, a la Llanura de Pamir, porque allí es donde el camino del explorador se cruza con nuestros cuatro compañeros. Leer más…

Reubicación

A mí (y al país entero, intuyo) esto del Mundial me ha desubicado. Sabéis que lo he seguido bien de cerca y de ello da buena fe lo que ha sido el blog del último mes. Pero ahora ha terminado y, aunque me quedaba una última reflexión que hacer, ya la haré en otro momento. Vamos a tomar unas vacaciones futboleras, ¿no creéis? Creo que es el momento de volver a la realidad y de reubicarse, de cara al resto del verano que es mucho.

Y por desubicado no me refiero a cosas necesariamente malas, pero sí he dejado de lado cosas, no necesariamente por culpa del Mundial, pero el estar muy pendiente de ello también ha influido, que ahora hay que retomar. Que como bien dice mi madre (que aunque sea una pesada – eso va en el carnet de madre – tiene razón) tampoco es plan de pasarme el día tirado viendo series… que es prácticamente lo que hago.

Bajar de la nube y aprovechar el tiempo libre de forma productiva, al fin y al cabo. Para ello están los propósitos de la semana pasada, pero una cosa es proponérselo y otra llevarlos a cabo. Ya sabéis, al final mucho nos proponemos y al final poco hacemos. Así que nada. Sigo buscando espacios para la reubicación, para romper la monotonía en la que siempre terminan convertidas mis vacaciones.

Reflexiones Post-Mundialistas (II): Los medios

Segunda reflexión post-mundialista. En este caso es sobre el trabajo de los medios de comunicación alrededor del Campeonato del Mundo, en general, pero que no es otra cosa que síntoma de una tendencia que se está generalizando en la televisión (creo que es un fenómeno especialmente televisivo) no sólo deportiva sino a todos los niveles.

Antes que nada, quiero decir, para que no se quede en el tintero que los dos equipos que se mandaron a Sudáfrica, tanto el de Cuatro/Canal +, que ya nos tenía acostumbrados a una información deportiva distinta, con una altísima calidad, como el de Telecinco, a pesar del ínclito JJ – un periodista que, como me ocurre con Lobato, tengo la impresión de que está más hecho para el informativo que para estar al pie de la noticia –, hicieron ambos un trabajo magnífico, espectacular, impagable… sobre todo teniendo en cuenta el resultado final de todo lo que ha pasado.

El problema no estaba, por tanto, en Sudáfrica, en la Carbonero o en lo que fuera, sino en Madrid y en el tratamiento de la información que llegaba de Sudáfrica. No hay mucho que reprocharle a Cuatro o a Canal +, creo yo. En la misma tónica “manolística” de siempre, que tiene sus detractores – a mí no me termina de convencer, por ejemplo – hicieron una información seria y trabajada, con profesionales contrastados aquí y allí.  Bueno, quizás sí: haber rellenado una mañana de televisión con el dichoso pulpo, aunque he de decir que el pulpo sólo fue la excusa para poner sobre la mesa una buena tertulia futbolística a media mañana.

Mucho que reprocharle, sin embargo, a la cadena amiga, que convirtió el Mundial de Sudáfrica (insisto, la mayor cita deportiva de nuestra historia) en una pieza más de su programación. En el sentido más peyorativo de esta realidad. Y, así, nos encontramos previas y post-partidos protagonizados por la Esteban, Lidia Lozano, Karmele Marchante, Kiko Hernández, Jorge Javier Vázquez y demás representantes de la más baja calaña televisiva.

Y así, lo que podría haber sido un lavado de cara perfecto para la televisión más denostada de nuestra nación, se convirtió en un emborronamiento masivo ante un país que sólo pudo menear la cabeza diciendo: “Lo sabía”.

Así, el romance Carbonero-Casillas y otros aspectos tan importantes del Mundial (las uñas de Cristiano Ronaldo y sus cabreos, el traje de Beckham…) llevaban lo que era la verdadera información futbolística a un segundo plano. Puede que el hecho de relegar el programa de Paco González a la Siete tuviera la buena intención de llevar más audiencia a la segunda cadena de la casa, pero viendo la programación de la cadena “titular”, la impresión que dieron era la de “aquí no tienes cabida”.

Por eso, lo que no deja de ser una mera anécdota entrañable, como el beso entre Iker y Sara se convierte en información de primer nivel que supone un paso atrás en el periodismo deportivo en general y femenino en particular. Este ha sido el punto culmen, pero ha sido una tónica que ha subyacido a todo el Mundial y que incluso contagió la celebración de Madrid, para escándalo de todos los presentes y los asistentes catódicos.

Lamentablemente, así es nuestra cultura de masas, que se mueve entre lo amarillo y lo rosa. El fútbol, que hace tiempo dejó de ser un mero deporte para convertirse en un fenómeno de masas, no se escapa de eso. Por desgracia para todos los aficionados a los que la vida privada de los futbolistas nos importa literalmente una mierda mientras no afecte a su rendimiento en el campo.

Un ejemplo: fue el amarillismo y el rosismo el que hizo que el año pasado se congregara el equivalente a la ciudad en la que vivo para ver la presentación de Cristiano Ronaldo, para mayor gloria de un personaje que, con buena intención, eso no se duda, ha querido comprar el fútbol a golpe de talonario. Lo mismo que con la de Ibrahimovic en Barcelona, aunque aquí entraba, también, el componente revancha.

El fútbol, repito, ha dejado de ser un mero deporte de masas para ser un fenómeno de masas. Y desde ese momento “la cagamos tía Paca”. El del Mundial sólo ha sido el último episodio de una larga serie que comenzó allá en la segunda mitad de los noventa con una guerra del fútbol que se ha radicalizado en los últimos años y que tanto condiciona nuestro fútbol. En dos aspectos fundamentales: influye enormemente en la economía de los clubs y ha llegado incluso a condicionar el horario en que se deben jugar los partidos.

Esta cultura de masas enturbia el deporte y nos hace perder a todos los aficionados. Sólo hace falta ver la deriva de la prensa deportiva en los últimos años en algunos casos. Al final, cuando el alto nivel se relaje – que puede suceder, nada es para siempre – o se convierta en rutina – no sé que es peor–, generará cansancio y el cansancio desapego. Porque nos han machacado con algo que no es propiamente fútbol, nos lo han vendido como un espectáculo, que lo es, más que como un deporte y lo han convertido en lo que se convierten los espectáculos en este país, en esta cultura: en mera exaltación de una clase que no tiene nada de clase.

Necesitamos una reflexión seria, calmada y pausada, exenta de forofismos, acerca de esto. A todos los niveles: Federación, clubes, liga y prensa. También, por qué no, a nivel político y a nivel de calle. Tenemos que ver qué se hace con los llamados “derechos del fútbol”, a quién se le venden y qué hace ese alguien con ellos.  Porque si no, lo que sí resultará una mera anécdota más, es la bazofia que algunos han hecho con el Mundial.

Pero tenemos que hacer esa misma reflexión no sólo en el nivel del fútbol, sino en el nivel de todos y cada uno de los componentes de la llamada cultura de masas: música, cine… todos. Lo del fútbol ha sido, sólo, la última parada. Tengo miedo de saber qué será lo próximo.

¿Y tú? ¿Qué opinas?

Reflexiones post-mundialistas (I): La final

Se acabó el Mundial. Con la macrofiesta de ayer, damos por terminadas las celebraciones oficiales de ese sueño que conseguíamos el pasado domingo rozando ya un lunes que no queríamos que llegase nunca. Y debemos volver de nuevo a la rutina: al trabajo, a la crisis, a los madrugones… – bueno, los que estamos de vacaciones nos podemos dar una tregua en eso – pero con una diferencia respecto al viernes pasado o, incluso, respecto al miércoles: con una enorme sonrisa en la cara que dice “Sí, yo también me siento campeón del mundo”.

Sé que os he dado mucho la vara con el mundial últimamente. Era lo que tocaba emocional y noticiosamente. Ahora que se acabó y vivimos con la resaca – el hecho de estar de vacaciones y no tener que centrarme en casi nada más ayuda a prolongarla – ya estamos en otro momento de la historia. Pero me quedan dos o tres reflexiones que hacer.

La de hoy es sobre el partido en sí. Creo que hay cosas que, aun ganando, tienen que decirse. Y yo no quiero callarme:

  • La Copa del Mundo de Fútbol es el evento deportivo de mayor importancia/relevancia mundial junto con los Juegos Olímpicos. No sólo porque es la máxima expresión del deporte rey sino porque es la perfecta plataforma para extender el fútbol en países en los que todavía es un deporte muy minoritario. En él tiene que darse cita la élite del fútbol, a todos los niveles… y demostrar que lo es y por qué lo es.
  • El partido que vivimos el viernes era un partido que veníamos soñando desde que eramos macaquitos. Yo mismo, tengo lo que en su momento eran unas medias de una equipación de la selección, no sé si del 86 o del 88, que ahora no me quedan más que como unos calcetines, y me los puse para la final. Significaba mucho para nosotros, para todos nosotros. Teníamos una cita con la historia y teníamos que disfrutarla al máximo.
  • Hace años, no muchos, uno escuchaba Holanda – en contexto futbolístico, se entiende – y pensaba directamente en un estilo, el fútbol total. Un equipo diferente, que destacaba sobre toda Europa por un juego alegre, rápido, directo sin caer en el patadón y carrera. Pensaba en varias generaciones de artistas del balón que comienzan con Cruyff y Neskeens y terminan con gente como Van Persie (a pesar de que este Mundial no ha hecho absolutamente nada) o Snejder, pasando por Van Basten, Gullit, Rijkaard, Bergkamp, Koeman

Estas son las tres premisas desde las que más o menos cualquier aficionado español (y, perdonadme la osadía, pero me atrevo a decir que cualquier holandés) se enfrentaba al partido del domingo. Veníamos espoleados, además, por el partidazo del miércoles, en el que, a pesar de ver la peor Alemania del mundial, vimos a dos equipos que querían jugar al fútbol respetando al adversario por encima de todo.

El error de Alemania – todo el mundo lo vio – fue dejar jugar a España. Fue el primer y único equipo que lo hizo en todo el Mundial y eso les costó perder de la forma que perdieron (a pesar de que el marcador fuera sólo 1-0 – ¿por qué todo el mundo critica que España sólo ganó 1-0, 2-1, 2-0?).

Sabíamos que el partido de Holanda, una final, La Final, no iba a ser así. No sólo porque habrían aprendido del error teutón o porque una final siempre es diferente, sino porque Holanda venía siendo el equipo más duro de toda la competición. Pero lo que nos encontramos fue una actuación que superó cualquier previsión… para mal.

Sabían que el único método de llevarse por fin el trofeo a casa era impedir que España se sintiera cómoda con el balón, como le gusta a los nuestros (sus herederos). Como habían hecho antes Chile y Paraguay, Portugal e incluso Suiza y Honduras. Cada uno con sus recursos. Plantarse bien en el campo, cerrar los espacios y, con la contundencia justa, frenar la creación del juego español. Nos pusieron en problemas, ¿recordáis?

Sabíamos que Holanda ya no jugaba a ser Holanda, pero nos quedamos cortos. Habíamos visto el juego duro de los Oranje contra Brasil, contra Uruguay… pero nos quedamos cortos.  En ningún momento salieron a ganar el partido, sino a que España no lo ganara (el matiz, como comprenderéis, cuenta mucho en esta especie de tautología) y para ello quisieron evitar que nuestro centro del campo creara. La misma premisa de siempre, pero aplicada de un modo distinto. Ya no era quitar el balón y cerrar espacios… directamente iban a amedrentar y romper piernas.

Todo con la connivencia de un señor calvo vestido del celta que, en general, acertó en todas las acciones del juego (al señalar las faltas) pero que, empeñado en tener una final tranquila, se equivocó una y otra y otra vez en el aspecto disciplinar. No dio la talla, por valor o por capacidad, y los holandeses – y también nosotros en algún momento – se aprovecharon de ello.

Sin ganas de hacer mucha más sangre, que simplemente quería desahogarme, me pregunto qué sentirá un holandés. Ahora mismo, culpan al árbitro (sic) de la derrota, tanto jugadores y seleccionador, como prensa y aficionados. Todos lo hemos hecho alguna vez: culpar a otro – al árbitro, casi siempre – de nuestros fallos y de nuestras derrotas. Quiero creer que en cuanto se pase el calentón finalístico alguien reflexionará y dirá: “Tampoco nosotros merecimos nada”.

Porque Holanda traicionó a casi 40 años de tradición que le otorgaban la vitola de “el mejor juego de Europa”, posiblemente el mejor equipo (a nivel teórico) después de la Canarinha – que también renunció a su estilo, no con Dunga, sino casi desde el 94 podríamos decir) –, que enamoraba al mundo del fútbol y nos hacía a todos simpatizantes de los Oranje. Se convirtió en un equipo bronco y malencarado. Y convirtió la mayor fiesta del fútbol en un campo de batalla, en un ring de boxeo… o de vale tudo.

Si ese partido lo hubiera hecho… no sé, Argentina o Italia, dos equipos que (con todos mis respetos) nunca renunciaron al juego bronco como parte de su estilo, nadie se llevaría las manos a la cabeza. Nos cabrearíamos pero no nos escandalizaríamos. Pero lo ha hecho la gran Holanda, la Naranja Mecánica que más bien habría que llamar Naranja Amargada ahora mismo.

El fútbol necesita más Holandas, Españas, incluso Alemanias (sobre todo la nueva Alemania, pero también la de siempre) y menos Italias. En este Mundial, como muy bien resaltan los chicos de Diarios de Fútbol, se ha puesto más de manifiesto que nunca que “el estratega mató a la estrella del fútbol”. Por eso creo que  todo aficionado al fútbol, español, holandés, europeo, mundial espera también que, igual que la derrota de Brasil ha servido de reflexión para tratar de volver a su juego (especialmente de cara a su Mundial), la derrota contribuya a que la Oranje deje de ser esa Naranja Amarga y vuelva a ser la Naranja Mecánica con un juego que enamoró al mundo fútbol en el 74 y que rompió y quemó la flecha de Cupido en el 2010.

¿Y tú? ¿Qué opinas?

Somos Campeones del Mundo

¿Conocéis esa sensación de cuando no puedes dejar de reír, las lágrimas afloran en los ojos y te pones rojo como un tomate de la emoción? Pues eso. Así es como me siento hoy. Y me encanta. Y no sabes qué decir. Y no sabes qué hacer. Como Camacho ayer.

Porque hoy es el día con el que habíamos soñado desde siempre. Cardeñosa, el desastre del 82, los penaltis de Bélgica, Yugoslavia, Tasotti, la cantada de Zubi, el puto egipcio, los jubilados… Todo eso es ya pasado. Hoy, y hasta dentro de cuatro años como mínimo, tendremos el orgullo de decir SOMOS CAMPEONES DEL MUNDO.

Pensaba hablar del partido, pero eso me llevaría a enervarme como me enervé esta mañana en Twitter hablando del lado oscuro de una final que sufrimos más que disfrutamos. No, hoy no. Mañana, si cabe, o pasado. Yo que sé. O nunca. Hoy es el día para llorar de alegría. De rabia. De ilusión. Para emocionarse como tontos y quedarse con la sonrisa en la boca porque sí. El día de que se te ponga cara de bobo con el beso de Casillas, de reír y llorar sin control con las narraciones del partido… y de disfrutar.

Por que sí. Porque es verdad. De verdad de la buena.

¡SOMOS CAMPEONES DEL MUNDO!

Classic Doctor Who III (S1A3: The edge of destruction)

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En todas las series con vocación de continuidad en los que un grupo bastante heterogéneo de personajes se ve obligado a convivir de una forma más o menos azarosa muchas veces se hace necesario un capítulo que se centre casi única y exclusivamente en ese grupo de personajes, sin más tramas que las propias relaciones entre ellos.

Doctor Who no es ajeno tampoco a ello y en este nuevo arco lo demuestra. Un episodio muy corto, con apenas dos partes, en los que el problema en la TARDIS que mencionábamos en el post anterior sirve de excusa perfecta para profundizar y afianzar las relaciones entre los cinco miembros del grupo.

Espera, espera, espera, espera… ¿Has dicho cinco? No, tranquilos, no me he equivocado… del todo. He dicho cinco personajes con plena intención. Si continúas leyendo entenderás por qué lo he hecho. Leer más…

Sonrisas y lágrimas… y toda la vida en torno a un balón

El otro día se me ocurrían un montón de cosas que preguntar en esta ventanita acerca de la Selección y el Mundial para entablar un poco de conversación con los que estáis ahí al pie del cañón leyendo mis rayadas mentales día tras día. A medida que el tiempo iba pasando y las cosas se iban sucediendo: el pase a cuartos, a semis, a la final, las reacciones… más y más preguntas se me venían a la cabeza. Todas fruto de un hecho innegable: nuestra selección está haciendo historia. Y una historia de las buenas.

Como posiblemente le haya ocurrido a muchos, me ha hecho echar la vista atrás y pensar en tantos y tantos momentos “históricos” que he vivido con esta “tontería” que llamamos fútbol y que tantas pasiones levanta. Será nostalgia, sentimiento, forofismo o lo que sea… pero es lo que estoy viviendo ahora mismo.

Levantaba el otro día la liebre un RT de Carlos Martínez (el del Plus) que decía algo así: “¿Cual es tu primer recuerdo de la seleccion? Por suerte yo con 16 son muy pocos malos y muchos buenos! SOÑAMOS CON ESE DIA 11!” y me devolvía a aquella frase que soltaba yo ayer y que decía que, igual que mis “precursores” en el deportivismo podrían tener envidia de mi generación por haber conocido directamente las mieles del Superdepor, yo tenía la envidia de esta generación que a despertado al fútbol en estos últimos tres años y ha visto esto tan grande que están haciendo estos chavales.

Pero también decía que lo vivido y lo sufrido, al igual que mis mayores tampoco harían, seguramente, no lo cambiaba por nada del mundo. Todo eso es lo que le da mayor sentido y mayor grandeza a esto. Y es en “todo eso” en lo que me puse a pensar un buen rato anoche. Leer más…