
Ahí vamos. Ayer avisé de que esto podía tardar un poco más esta semana, pero al final sale antes de lo previsto en mis cálculos iniciales. Continuamos con el retorno de Rido… Aunque no durará mucho.
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Ahí vamos. Ayer avisé de que esto podía tardar un poco más esta semana, pero al final sale antes de lo previsto en mis cálculos iniciales. Continuamos con el retorno de Rido… Aunque no durará mucho.
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El otro día en Twitter participé en un casi diríamos que bastante encendido debate acerca de la idoneidad de Moffat como showrunner de Doctor Who. Es cierto que estos debates normalmente se suelen “contaminar” o incluso reducir a la comparación con las dos etapas de la época moderna de la serie, la de Russell T. Davies y la de Steven Moffat, pero aún así creo que es interesante la reflexión. ¿Es Steven Moffat el mejor showrunner para Doctor Who?
Yo personalmente, después de dos temporadas siguiendo muy de cerca el devenir de la serie a manos del escocés estoy cada vez más convencido de que no. Nadie duda de la capacidad de Moffat para crear historias. Es un fantástico guionista y su imaginación un tanto retorcida de más aporta guiones increíbles. Ya lo sabíamos desde la primera temporada (siempre de la serie nueva) y su fantástico doble episodio que nos dejó una de las frases más “inquietantes” de esta nueva época (“Are you my mummy?”) y nos presentó por primera vez al Capitán Jack Harness. Pero eso no asegura que sea un showrunner adecuado. Y menos para una serie como Doctor Who.
Hacerse cargo de una serie tan veterana como la británica supone, ante todo, hacerse consciente de que la serie es más grande que uno mismo. Por mucho que uno tenga bastante poder sobre ella. Y Moffat parece que no quiere aceptar eso. Sí, las dos últimas temporadas nos han dejado grandes historias pero, al mismo tiempo, dejan la impresión de que le divierte amenazar el núcleo de la serie. Si no, basta ver el inicio y el final de esta temporada que, solución aparte, suponen una gran amenaza a la continuidad de la serie tal y como la conocemos. Hablo de cosas como plantear de forma directa la muerte del Doctor o a revelar su identidad, cortar por lo sano con todo lo anterior (prácticamente) o
Porque, de hecho, Moffat ha reinventado Doctor Who a su imagen y semejanza y lo ha convertido en algo más oscuro y retorcido, menos fiel a la esencia de la serie original. Hay quien dice que más adulto (cuando la serie es en esencia una serie infantil-juvenil) y hay quien dice que esta afirmación no es más que una falacia. Yo soy más de los primeros, por la complejidad de los argumentos que plantea (aunque luego se resuelvan de forma bastante superficial cuando uno lo analiza a fondo).
Lo cierto, en cualquier caso, es que en una serie como esta, hay cosas que debería estar prohibido hacer y que, sin embargo, él hace. O al menos amenaza con hacer y al final lo corrige de una forma a veces hasta chapucera. Como si lo que realmente pretendiera fuera trollear a todos los whovians.

Retomo mi argumento: cuando uno se convierte en showrunner de una serie veterana como Doctor Who, debería ser consciente de que él no es el dueño de la franquicia, sólo el encargado. Y hay cosas que no puede hacer por “política de empresa”. Como cuando uno monta un McDonald’s, tiene libertad de movimientos hasta un cierto punto. En cierto modo eso es lo que pasó con John Nathan Turner, el último de los showrunners de la etapa clásica: se creyó por encima de la serie, la manejó como quiso, se convirtió en un showrunner estrella y la llevó a un declive que ni dos cambios de Doctor pudieron subsanar (de hecho, empeoró de forma notable tras el primer cambio, pero del coñazo que es Colin Baker ya hablaré en otra ocasión).
Resumiendo. Para mí Steven Moffat es un gran guionista. Me encanta las historias que cuenta. Separadamente. Sus capítulos me parecen excepcionales. Pero no me parece el hombre idóneo para hacerse cargo de una serie de las características de Doctor Who. En términos deportivos, podría decirse que es un crack de esos que marcan la diferencia con sus individualidades pero no un hombre de club que se sabe que permanecerá fiel a una filosofía de la casa…
Pero claro, este es un tema que está abierto a discusión, como casi todo. Y tú, ¿qué opinas?

Recuperando una antiquísima tradición, aquí estoy, en la medianoche del viernes al sábado publicando lo nuevo de Akano. La culpa de todo la tiene Nalya, que con tanto comentario ha conseguido que no logre publicarlo antes pero… Seguimos colocando poco a poco las piezas.
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A pesar de mi apretada agenda académica diaria, si hay algo que no he abandonado en mi nueva etapa vital es mi afición a las series de TV, como ya podíais haber podido intuir hace un par de semanas con mi reseña del final de la última de Doctor Who. [Tampoco la lectura. De hecho me he sumado a ese numeroso grupo de gente que aprovecha sus desplazamientos (largos desplazamientos) para devorar libros.] Y no sólo no he renunciado a lo que ya veía sino que he añadido alguna más a mi colección.
Aunque otras veces he ido analizando series o nuevas temporadas en posts individuales, esta vez voy a seguir un meme que he visto gracias al blog de Pigonna y que se inició al parecer en Enganchada a las series. Así que daré unos destellos cortitos (casi como si fueran tweets individuales de lo que me está pareciendo por el momento la temporada televisiva. Hoy iré a por los nuevos estrenos, la semana que viene a por las nuevas temporadas.
#inmyopinion Terra Nova es una serie totalmente distinta a la que se esperaba. No es Jurassic Park, no es Perdidos… pretende mucho, pero se queda en serie familiar. Una buena serie familiar que parece que va cogiendo empaque capítulo a capítulo. Como Falling Skies, pero aquí tenemos dinosaurios en vez de aliens.
#inmyopinion Pan Am es un piloto bonito, buena fotografía (la mayor parte de las veces) y poco más. Y no hablo del piloto propiamente dicho del avión. Sólo hay un personaje medianamente carismático (Colette) – que tampoco es para tirar demasiados cohetes - y lo demás es una ñoñería cada vez mayor. Consiguen que hasta una historia de espías en pleno apogeo de la Guerra Fría sea ñoña.
#inmyopinion 2 Broke Girls es la mejor de las comedias que se han estrenado este año – sí, por delante de Zooey Deschanel y su New Girl. Y mira que parecía que iba a ser una cosa más bien ramplona, pero Max (Kat Dennings) y Caroline (Beth Behrs) tienen cada vez más química entre ellas. Y los secundarios, sin dejar de ser estereotipados, aportan mucho a la comedia.
#inmyopinion Suburgatory aún puede dar más de lo que está dando. Si lo plantean bien, puede llegar a ser lo que Weeds era cuando era una serie de verdad y no la chorrada en la que la han convertido en las 2-3 últimas semanas. Y va por buen camino, por muy buen camino, aunque me sigo quedando con la de arriba.
#inmyopinion A Gifted Man es una buena serie para pasar el rato, aunque no te cambiará la vida. Se ha ido convirtiendo en un procedimental médico con un poco de paranormalidad y bastante moralina pero poco más. Por cierto, ¿en cuántas series está metido Pablo Schreiber?
#inmyopinion Person of Interest es una muy buena serie y aún puede serlo más en cuanto consigan darle una consistencia mayor a las tramas transversales, más allá de la búsqueda de la policía. Emerson y Caviezel están ambos muy bien y los secundarios no se quedan atrás. Por lo negativo: el personaje de Caviezel es un poco fantasmada (oh, novedad, novedad) y la serie comienza a correr riesgo de convertirse en algo repetitivo. Y forma una gran pareja en los jueves de la CBS con una The Mentalist que no está dando la talla.
#inmyopinion American Horror Story es la mayor rallada que ha salido de la cabeza de cualquier guionista en los últimos años. Más que cualquier historia chunga que pueda plantear Moffat o el final de Lost. En serio. Yo no soy de terror, pero hay que reconocerle que es, posiblemente, el mejor de los estrenos a nivel objetivo de la temporada. Aunque no es mi preferida.
#inmyopinion New Girl está sobrevalorada. Está entretenida, pero ya. Ah, cierto, sale Zooey Deschanel. Pero aparte de eso… Hala, ya lo he dicho.
#inmyopinion Revenge es una pedazo de serie. Mi preferida, con Person of Interest. Lástima que tal y como está planteada sea una serie con poco recorrido argumental y que cualquier maniobra que planteen los guionistas para alargarla pueda matar la serie. ¿Recordáis (y perdón por mentar al diablo) Prison Break? Pues eso.

Comienza una nueva etapa en Akano. Sé que he tardado bastante en presentaros esto, pero entre la mudanza, la JMJ y el verano comprenderéis que rien de rien de rien. Pero aquí está. El capítulo que hace el medio centenar y que inaugura, como digo, una nueva etapa.
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No, no estoy hablando de la boda de Kate y William, de Alberto y Charlene o de la Duquesa de Alba y como-quiera-que-se-llame. Ni siquiera estoy hablando de la boda de mi primo (primo tercero, para ser más concretos), que fue la primera boda que celebré en mi vida como diácono – y que probablemente sea la única que celebre como diácono si todo sigue así. No. Estoy hablando de la boda seriéfila del año. Estoy hablando del final de la Sexta Temporada de Doctor Who: The Wedding of River Song. Por eso, si tienes intención de verla y no la has visto, quizás es mejor que lo veas primero y luego vuelvas (y comentes, ya de paso). Porque a partir de aquí van…


Mañana hacen tres semanas de mi llegada a Roma. Y si os soy completamente sincero, aún no me hago a la idea de que estoy por aquí. La verdad es que aún tengo un poco la sensación de estar haciendo unas vacaciones un poco más largas de lo normal, a lo que contribuye el hecho de que aún no han empezado las clases – sin contar el curso de italiano que comenzó el lunes justo después de llegar aquí.
Y esa ha sido la principal labor de este tiempo: aprender italiano. Un idioma que, sin dejar de ser fácil, resulta algo engañoso. Porque al ser tan similar al castellano terminamos cayendo en mezclarlos aún involuntariamente y hablar un itagnolo que no es ni una cosa ni la otra.
Eso e ir descubriendo, o redescubriendo la Ciudad. Aunque vivimos un poco apartados del meollo de Roma, tengo la suerte de que el Pontificio Istituto Bíblico (y no me he comido la n) está en pleno centro de Roma. Al ladito de Piazza Venezia y a una patada de Via del Corso, Fontana di Trevi, Piazza di Spagna, el Pantheon… con lo cual hacer turismo después de clase es la cosa más fácil y cómoda del mundo. Basta con ir a la siguiente parada de autobús en lugar de a la más cercana o a coger el metro y uno ya se pasea por lugares tan emblemáticos como los que acabo de nombrar.
Así que no puedo hacer otra cosa que disfrutar. Y creedme, lo estoy haciendo. Lo único que ando un poco desconectado de lo que pasa por España. Sigo las noticias vía Google Reader pero a veces son tantas y hay tan poco tiempo que no me paro a leerlas. Incluidas las del Depor. Pero qué se le va a hacer, no se puede tener todo en esta vida.

Acabo de dejar en Renglón Torcido un post en el que hablaba de la experiencia de la JMJ en Madrid este mes de agosto y decía que uno de los retos que tenemos ahora es gestionar todo lo que hemos vivido. Y es verdad, el aterrizaje en la realidad puede ser duro: no estamos tan arropados como estábamos en Madrid, donde éramos más, volvemos a las rutinas, a los amigos y conocidos de siempre… y podemos dejar pasar el soplo del Espíritu que, nos hayamos dado cuenta o no, todos hemos recibido durante esos días.
En mi caso, de todas formas, no va a ser de ningún modo un retorno a la normalidad. Sí, volver a clase, a los estudios, a unas rutinas… pero en un lugar nuevo, en un país nuevo, en un ambiente totalmente distinto. Porque, como ya dije en Twitter, el Arzobispo, D. Julián, ha creído conveniente que me vaya a estudiar a Roma. A partir de ahora estudiaré en el Pontificio Instituto Bíblico la Licenciatura en Sagrada Escritura, con la vista puesta, también, en el Doctorado, lo que me llevará en total unos cinco años.
Y yo con una ilusión tremenda y con un sentimiento de gratitud enorme. Porque es, sobre todo, un regalo. Es algo que yo quería hacer, que había comentado en alguna ocasión a mis formadores, que me había esforzado en demostrar que podía servir para ello… porque es algo que me atrajo desde el primer día en que puse el pie en el Seminario. Y, D. Julián ha querido confiar en mí y realizar este esfuerzo y por eso no puedo estar más que agradecido.
Ahora toca aprovecharlo y que no caiga en saco roto todo ese esfuerzo que la Diócesis está realizando al enviarnos tanto a mí como a mi compañero y, sobre todo, grandísimo amigo Óscar a estudiar a la ciudad eterna, junto a los otros dos compañeros que ya están allí y formarnos bien, no sólo intelectualmente, para que eso repercuta también en nuestra tarea pastoral una vez estemos de vuelta e incorporados a la actividad pastoral normal de la Diócesis. Que de eso se trata. Que (al menos es mi caso y creo que hablo por todos) para ser meramente “eruditos” o “intelectuales” no nos habríamos hecho sacerdotes.
Así que nada. La próxima entrada de este blog, con un 99.999999999% de certeza ya será redactada íntegramente en territorio italiano. Y así durante los próximos cinco añitos (excepto los periodos vacacionales, claro).

Llevo varias semanas aguantando y resistiéndome a comunicaros la noticia que, hoy sí, voy a daros. Aguantándome, porque hasta ayer día quince estaba abierto el plazo para presentar los informes y, por tanto, no había nada oficial, siempre puede surgir algo. La cuestión es que, por fin, tras seis años en el Seminario, seré ordenado diácono.
El día D es el próximo domingo 3 de Julio, Octava de Corpus, Domingo XIV del Tiempo Ordinario y fiesta, además, de Santo Tomás Apóstol, un santo con quien yo me siento muy identificado muchas veces. La hora H son las 19:00h y el lugar (¿L?) la S.A.M.I. Catedral de Santiago de Compostela. La celebración la presidirá nuestro arzobispo D. Julián Barrio Barrio.
¿Y quién o qué es un diácono? Puede que mucha gente no muy familiarizada con la Iglesia se lo pregunte, e incluso gente de Iglesia, porque es una figura que, por su escasez, a veces pasa inadvertida. Así que creo que es bueno hacer una breve explicación de lo que es un diácono.
El diaconado es el primer grado del sacramento del Orden. Teológicamente, no es sacerdocio propiamente dicho, pero es ministerio ordenado, para asistir al Obispo y al sacerdote en la predicación, en el servicio de la caridad (que es precisamente como nació este orden) y en la distribución de la comunión.
Exteriormente, a los diáconos se les reconoce porque, como diría mi hermano, “Visten como un cura pero lleva una banda como de Miss”. En tono serio, exteriormente, el diácono lleva la estola cruzada sobre el hombro izquierdo, y no suelta sobre los dos hombros como lo llevan los sacerdotes. Tampoco usa casulla, sino que su vestimenta propia es la dalmática.
¿Y qué hace un diácono? Básicamente, el diácono es ordenado para servir a los hermanos. Litúrgicamente, puede casar y bautizar, celebrar las exequias – el entierro, no el funeral, entendámonos, que el funeral es una misa –, leer el Evangelio dentro de la Misa y predicar.
Además, realiza ya las promesas propias del ministerio ordenado. Es decir, prometerá solemnemente guardar el celibato, mantener el espíritu de oración de la Iglesia, y, consiguientemente, rezar la Liturgia de las Horas todos los días, y respeto y obediencia al Obispo y a sus sucesores.
Junto a mí, será ordenado otro diácono, Fermín, que ya recibió conmigo el ministerio del acolitado. Además, tendremos la suerte de que se ordenarán también seis nuevos presbíteros: Fernando, Tino, Orlando, José Antonio, Alberto y Óscar, toda una gracia para la diócesis. Sobre todo en estos tiempos de escasez que vivimos.
Por eso, os invito, sobre todo, a rezar por nosotros ocho. Por mis seis compañeros sacerdotes que ya salen definitivamente al mundo a gastarse por Cristo y por las almas. Y por Fermín y por mí que también comenzaremos a trabajar de una forma más intensa en el ministerio pastoral. Y también por los seminaristas que están en este mismo camino. Y por los que se lo están pensando. Y por los que aún no se lo han pensado.

Llego tarde. Muy tarde, y todo lo que queráis decir. Pero aquí está. Recién salidito del horno para que lo disfrutéis. Dedicado, con retraso, al Pollo. Por su cumple seguir leyendo »
Ando trabajando en traer nuevas cositas al blog, pero ciertos preparativos me impiden acercarme mucho por aquí. De todas formas, no quiero dejaros muy de lado y uno de esos recursos fáciles para volver que nos deja internet y la blogosfera son los memes. Este año me voy a sumar al de Adriii, sobre la temporada seriéfila que ahora termina.
Sólo hay una instrucción de uso: Se trata de comentar la temporada 2010/2011 desde los estrenos de otoño hasta hoy mismo.
La novata que nunca debió existir
De todas las que he visto y han comenzado este año, creo que la mayor decepción es Camelot. No la he visto entera, tampoco lo merece. Se ha convertido en un Al salir de clase versión leyenda artúrica, con una interpretación aún peor que el balance global de la serie. Sólo se salvaba Eva Green y su Morgana.
La que ha perdido fuelle
Bones. Porque se han dedicado a dar tumbos con las tramas tratando de deshacer lo “comprometido” del final de la temporada anterior para rehacerlo de forma muy tambaleante en esta temporada. Los personajes se han estancado, incluso los secundarios recurrentes, a pesar de que les intentaron dar un vuelco a todos o casi todos. Y luego están las subtramas de los casos: cerraron el Sepulturero mal y con pinzas y la Momia nunca fue una trama ni atractiva ni interesante.
All the same, one different.
Aunque esta categoría está pensada para los procedimentales, como no sigo ninguno que destaque especialmente por su originalidad, la voy a transportar a mi cuenta y riesgo a las comedias de media hora. Y aquí el galardón se lo debo dar a Modern Family ex aequo con 30 Rock. Son dos apuestas arriesgadas dentro del género que han logrado asentarse (bueno, 30 Rock es toda una veterana) sin acomodarse al montón.
La que sigues con más pasión
Doctor Who. Sólo hay que leer este blog para darse cuenta de ello.
La gran decepción
Glee. Sin
La que te ha sorprendido gratamente.
Esta categoría se la voy a dar a How I Met Your Mother y a The Big Bang Theory casi a partes iguales, aunque la primera se lo merece más que la segunda. Las dos han vuelto a darnos temporadas muy buenas, a pesar de los bajones de sus “personajes estrella” en la que otros secundarios han salido a ocupar el primer plano.
La que te llamaba mucho pero no seguiste con ella.
La verdad es que aparte de Camelot no he abandonado ninguna serie. Y Camelot no me llamó la atención más que el hecho de que se basaba en la leyenda artúrica.
La cansina
¿Glee? ¿O Community? Una de las dos. Se han vuelto una cosa insufrible. A la primera le sobran 20 minutos y cuarenta kilos de azúcar en cada capítulo. A la segunda le sobran las frikadas que a veces se hacen demasiado cansinas y le falta ritmo.
La miniserie.
No he seguido ninguna miniserie este año.
La que no pensabas que te gustaría.
Pues pensaba que las Sarah Jane Adventures, pese a ser del Whoniverse, porque es una serie bastante infantil y las tramas están pensadas para eso. Y aún así me ha conquistado. Porque Sarah Jane es una BAMF.
La nueva serie que recomiendas.
Game of Thrones es el gran MUST de esta temporada. Una serie muy completa aunque con un inicio algo lento, sobre todo para los que no hemos leído los libros. Pero como no todo va a ser espaditas, dejo aquí también Boardwalk Empire y The Borgias. Dos pedazo de series.
Me gustaría formar parte de esta familia
Yo quiero ser un Dunphy.
La que sigue en forma
30 Rock. Cinco temporadas y sigue siendo la sitcom más redonda, dinámica, incisiva, divertida, sinvergüenza y recomendable. Sí, he copiado la respuesta tal cual. Porque es verdad.
La que dejaste y ahora te arrepientes.
Dejé It’s always sunny in Philadelphia, mejor dicho, no la retomé esta temporada. La he recomenzado ahora y me arrepiento de no haberla pillado antes.
Una nueva con buena pinta
La verdad es que no he querido ver los upfronts. He oído hablar muy bien de Terranova y de Alcatraz entre otras. Pero la que más espero es la nueva temporada de Torchwood que pinta increíble.
La cancelación que has maldecido.
The Cape. Y Caprica. Sí, vale, las dos tenían sus fallitos, más grandes o más pequeños… pero creo que la audiencia se quedó bastante lejos de hacerles justicia.
La renovación cansina.
Como ya no hay Heroes (¿en serio que pudo durar 5 temporadas?) habrá que decir que Supernatural. No porque yo la siga, hablo de lo que me cuentan.
Ese cliffhanger malo para tu manicura.
No ha sido de final de temporada, pero creo que como muchos whovians nos quedamos sin uñas con el final del primer serial (capítulo dos) de esta temporada de Doctor Who. De entre los finales de temporada que llevo… House y The Mentalist se llevan el trofeo con mucha diferencia. Pero no son propiamente cliffhangers, son más bien gamechangers. De hecho más bien todos los finales de este año quitando Castle y How I met han sido más así que de la otra forma.
Un momento para llorar.
El funeral del Capitán Montgomery al final de la finale de Castle.
Un momento para reir.
Cualquiera de Phil Dunphy siendo él mismo en Modern Family. O las situaciones entre Amy Farrah Fowler y Sheldon en The Big Bang Theory.
#yoconfieso
Que la cutrez me atrae mucho. Los episodios clásicos de Doctor Who son una prueba. Creo que The Cape es otra.
Tú sobras
Últimamente, casi todos los personajes de Glee, excepto Brittany. Y… a mí cada vez me sobra más Barney Stinson. Y eso es un #teníaquedecirlo en toda regla.
La que has abandonado
Ya lo he dicho antes: Camelot
#Túantesmolabas
Jennifer Morrison y su Cameron fue mi personaje favorito de House durante mucho tiempo, aunque me terminó cansando. Zoey es un fracaso de personaje.
This is reality televisión
No veo realities así que…
La nueva serie que no veré ni loco
Como he dicho antes, no vi ningún Upfront. A medida que se acerquen y vaya viendo lo que dice la gente veré qué elijo para el año que viene o no. Y también en función del tiempo.
And aaaaaaIaaaaai güil olgüeis lof youuuuuuuuu
Si hay una serie, a parte del Doctor Who, que lleve mi amor incondicional es House MD. Y este séptimo temporadón con mayúsculas es un motivo más para estar al pie del cañón en su octava y última temporada.
Eh eh, que esto no ha acabado.
Ahí están Juego de Tronos y Doctor Who (que se despide esta semana hasta otoño) y pronto vuelven otras imprescindibles de mi verano como Weeds, Leverage y, por supuesto, Torchwood.

Tenía un post escrito para la mañana o la tarde del Sábado. Iba a ser algo motivacional y un poco rollo apelar al espíritu de las grandes remontadas de Champions. Es decir con todas las características de lo que puede decir un hincha que se juega en pocas horas la vida (casi ni metafóricamente, que fui de taquicardia en taquicardia). Pero los nervios me hicieron olvidarme de él, así que sin preámbulo optimista alguno toca enfrentarse directamente a la cruda realidad.
Estamos de luto. Ayer, y aún hoy, aunque comencemos a despertar, fue un día triste, aciago, maldito. De esos que te quedan grabados a fuego y hiel en el corazón. De llantos, agujetas emocionales – y físicas – y de desahogos a veces reprimidos, a veces a tumba vierta. Yo estaba como si me hubiera atropellado un tren, corrido tres maratones y luego ido toda la noche de juerga. Ya me había costado conciliar el sueño, de los nervios, toda la semana. El sábado más.
¿Por qué? Bueno, asumo que a estas alturas todo el mundo lo sabe, pero, por si acaso, no se me caen los anillos por decirlo una vez más. La noche del sábado, rozando la medianoche, el Real Club Deportivo de la Coruña, el Dépor, MI Dépor, decía adiós a la categoría de oro de nuestro fútbol tras dos décadas en las que ilusionante y mágica es una palabra que se queda demasiado corta para describir la experiencia.
1 Liga, 2 Copas, 3 Supercopas de España. Semifinales de la Recopa y de la Champions. El equipo que más puntos acumuló en Champions en sólo cinco participaciones. El único equipo del mundo que haya ganado en el Camp Nou, el Bernabeu, San Siro, Delle Alpi, Old Trafford, Highbury, el Parc des Princes y el Olympiastadion de Múnich.
Podríamos seguir enumerando los méritos de un equipo que en cinco años escasos pasó de salvarse del descenso a 2ªB (y la desaparición) con un gol agónico de Vicente en la última jornada de la 87/88 contra el Racing a hacerle sombra al Dream Team de Cruyff. Y a casi ganar una Liga una temporada después en ese día que todos recordamos.
Pero el gran mérito del Dépor fue llenar de ilusión y de orgullo a una ciudad no muy grande encerrada en la remota periferia del noroeste español. Paseamos con orgullo el blanco y el azul ante media Europa y media Europa se rindió a nuestros pies. Desde el principio. Ayer me contaban que los periódicos italianos, tan italianos ellos, abrieron con el penalti de Djukic en su momento. Ayer, la prensa deportiva española abandonó al Madrid y al Barça durante unas horas y le dijo adiós a un equipo que, hasta hace muy poco, podría resultar hasta irrisorio Esa es la dimensión que alcanzó el Dépor.
La gran virtud del SuperDépor fue marcar el camino a muchos otros clubes. Un equipo que creció en buena parte a base de retales – aderezados, eso sí, con dos estrellas de la talla de Bebeto y de Mauro – y un fuerte sentimiento de club que redundó en atrevimiento, ambición, un estilo propio, distinto… y muchísima unión entre la mayor parte de la plantilla (y eso lo viví yo en directo). Así fue cómo se ganó el corazón de tantos que, como los deportivistas, lloraron o se dolieron el sábado igual que habían sufrido aquel fatídico e injusto 14 de mayo.
¿Fue todo aquello un espejismo? Ahora mismo podría parecer que sí. Es cierto, el Depor vivió estos 20 años muy por encima de su historia y en los últimos 5 (dese el infame Caparrós) muy por encima de sus posibilidades deportivas y económicas. Pero todo aquello fue real. Muy real. No en vano, hasta anteayer éramos el quinto equipo que actualmente encadenaba más temporadas en primera, tras los tres clásicos y, curiosamente, nuestro doble verdugo, el Valencia.
Pero el pasado no da de comer. La realidad es que el fantasma del descenso, que sobrevoló toda la temporada y esta última época en Coruña, se materializó. Y recordar los buenos tiempos no nos va a salvar de ello. Sí, quizás el Zaragoza y el Racing puedan descender en los despachos, pero así no merece la pena quedarse en Primera. Curioso que lo diga alguien del equipo de Lendoiro.
La vida sigue, en cualquier caso, y es momento de comenzar a trabajar desde hoy mismo (ayer dejémoslo de día de luto) para elaborar un proyecto – deportivo e institucional – que aglutine, ilusione y que nos permita volver a Primera. Y mejor el año que viene que el siguiente. Porque esta afición no merece estar en segunda, porque es afición de Champions. Qué cojones… es la mejor afición del mundo. Y nos lo deben
Fin. Paradójico. Cuando comencé a redactar esto quería hacer un análisis de lo ocurrido y unas propuestas de futuro. Será que todavía soy incapaz de ser frío y prefiero ser así, cursi y emotivo. Ya llegará. De todas formas, la morriña es cosa nuestra. No os acostumbréis a echarnos de menos.

Quedan pocos días para la Pascua, poco más de dos semanas. Eso significa, además, que quedan pocos días para el estreno de la prometedorísima sexta tempodrada del Doctor Who, la serie que, como todos ya sabéis, me tiene en cierto modo obsesionado. Para escándalo de mi madre. Será el 23 de Abril, Sábado Santio, y habrá un segundo capítulo el Domingo de Pascua, el día 24.
Cuando una serie dura tanto tiempo como ha durado esta (será la temporada 32 en el cómputo global, aunque dentro de 2 años se cumplirá el 50 aniversario) es necesariuo renovarse periódicamente. O, mejor dicho, reinventarse periódicamente. Detrás de las cámaras, esa labor le corresponde al showrunner; delante, es cosa del Doctor, en este caso. Y eso lo ha sabido hacer magistralmente.
Hasta la fecha son 11 los actores que han encarnado “en serio” al Time Lord y todos han introducido una novedad, algo distinto. El nuevo Doctor siempre supone un cambio, un algo diferente que va más allá de la mera apariencia física. Hartnell, Troughton, Pertwee, Tom Baker, Davison, Colin Baker, McCoy, McGann, Eccleston, Tennant, Smith. 11 nombres, un sólo personaje, pero todos ellos capaces de transmitirnos un producto original, personal propio.
Como muestra, un botón: este genial vídeo en el que Russel T. Davies (el showrunner que rescató la serie y dirigió las cuatro primeras temporadas de la nueva singladura, junto con sus spin-offs), Steven Moffat (el actual showrunner y el autor de algunos de los mejores guiones de la nueva etapa), David Tennant (el décimo Doctor) y Elizabeth Sladen (Sarah Jane Smith, la companion “por excelencia”) repasan las ocho primeras encarnaciones de este peculiar viajero temporal. Las otras tres son mucho más accesibles para todos.
Como digo, cada Doctor es diferente… o no tanto como parece. Porque van enraizándose sobre sus predecesores. Es lógico, al final es un mismo personaje, no distintos personajes que asumen una misma identidad. Si cada Doctor rompiera radicalmente con lo anterior, no estaríamos hablando de todo esto. Ni sería tan “creíble”. Pero esta continuidad va más allá de una continuidad “histórica”. No es sólo que una encarnación asuma todo el pasado establecido por las anteriores. Es que los nuevos Doctores van asumiendo también rasgos y carácterísticas de los anteriores.
Como ejemplo podemos tomar a Matt Smith, el último, el actual. La quinta temporada, en la que él y Steven Moffat tomaron el relevo de Tennant y Russell T. Davies, supone una gran ruptura con lo inmediatamente anterior a tantos niveles que casi se podría empezar la serie de cero aquí. Evidentemente, sin prescindir de lo anterior, pero como punto de partida y de iniciación en la serie no es una propuesta del todo descabellada.
Y con todo, el Doctor de Matt Smith bebe mucho de sus predecesores. Muchísimo. Especialmente de Troughton y de Pertwee. Al menos, a mí fue algo que me fue pareciendo bastante claro a medida que iba viendo las aventuras de estos doctores (ahora estoy enfrascado en las andanzas del genial Tom Baker).
Coge del segundo Doctor (Troughton) la pajarita y los tirantes, obviamente, pero también su carácter algo infantil, despistado, amable y cariñoso. Con él, el Doctor pasó de ser el abuelete cascarrabias a ser algo así como el tío raro que todos tenemos y que a nuestras abuelas les gustaría esconder. De él toma la propensión a hablar más rápido e incoherentemente de la cuenta y su torpeza social. Incluso algún gesto característico, como ese de hablar con los brazos ligeramente levantados por delante del pecho.
De Pertwee (el tercero) hereda, sobre todo, su forma de posicionarse ante sus compañeros de aventuras: a una cierta distancia, no siendo un igual sino más bien que toma una cierta actitud “paternal” con sus compañeros. No le interesa involucrarse sentimentalmente a otros niveles, lo que le hace parecer algo frío cuando en realidad no lo es. Y también hereda el gusto por la ropa algo ceñida (y hasta ridículamente pequeña en algún caso).
De hecho, lo más curioso es que con Smith reaparecen motivos, personajes, tramas muy propias de estos dos doctores. Sobre todo de Pertwee: el romance entre Amy y Rory tiene algún tinte que recuerda a la despedida de Jo Grant (que, por cierto, reapareción en The Sarah Jane Smith Adventures precisamente en la única intervención de Smith en la serie), los Nestenes – mencionados en Pandorica - y los Silurians son los enemigos del tercer Doctor (como ), la era de Pertwee comienza con un mal funcionamiento de la TARDIS que echa fuera al Doctor recién regenerado, la reaparición de unos Daleks que se creían desaparecidos… Y ya se han anunciado que en algún capítulo de esta nueva temporada reaparecerán motivos de la que, a mi jucio, es la mejor aventura que le he visto al Doctor: The War Games (la que motivó la regeneración de Troughton).
Sí, quizás sea tirarse demasiado de la moto. Quizás es ver cosas donde no las hay. Pero ir viendo como todas las piezas van encajando a medida que te vas alejando y viendo el conjunto tiene su aquel, que decimos por aquí.

Hace tiempo que quiero escribir un post. La idea la tengo metida en la cabeza. Es sobre el Doctor Who, tanto el clásico como el nuevo. De hecho, pretendía que fuera una especie de análisis del nuevo Doctor desde la óptica de las temporadas clásicas que, como sabéis, me estoy tragando para sorpresa de mi madre que no entiende cómo puedo seguir viendo capítulos de los setenta sin cansarme. Pero al llegar al momento de pasarlas por escrito me frustro.
Me pasa como me está pasando con Akano y con la serie del Classic Doctor Who. No es cosa de inspiración, las ideas están ahí. Tampoco es el síndrome del papel en blanco, porque escribo otras cosas, tanto para los blogs como para clase. De hecho, la aparición del Renglón Torcido ha supuesto el comienzo de una de las etapas más “creativas” que conozco. Entre otras cosas porque puedo descargar toda una serie de temas que no trataba más a menudo en el blog por no dar la paliza demasiado con ellos.
Es un bloqueo brutal, con esas tres cosas en concreto. Y alguna otra que he empezado y no he terminado más que nada porque deseché la idea a mitad de camino. Vamos, que es una tremenda jugarreta, porque son compromisos que me he hecho ya no tanto con los que siguen Akano y la serie de posts del Doctor, sino conmigo mismo. Son cosas que he iniciado porque quería y porque lo necesitaba y no os creáis que estoy contento de no terminarlas. Sobre todo Akano que se está acercando al final. No es para dejarlo ahora no.
Fijaos. Cuando abrí la hoja de Word en la que escribí esto, mi intención era escribir el post del Doctor del que os hablaba antes. En su lugar ha salido una queja contra mis musas. O algo por el estilo. La enésima. Esperemos que tenga el mismo efecto que sus predecesoras y tenga como resultado un empujón en esos proyectos concretos.
Mientras tanto, tendré que seguir pidiendo disculpas cada vez que publique un post al respecto.