
Nada más y nada menos que 8 temporadas ha permanecido en antena una de mis series favoritas: 24. 8 temporadas hasta ayer, cuando se emitieron los dos últimos capítulos de la serie. Los dos últimos, a la espera de una película.
No es que dé para una gran reflexión como la del post anterior, es 24, no Lost, lo que hay es lo que ves, pero no podía dejar de postear mi In Memoriam particular en este rinconcito. Así que ahí va.
192 capítulos, 192 horas, 8 días, en las que hemos visto a Kiefer Sutherland encarnar al más puro antihéroe de la TV reciente y la recta final de la Octava Temporada ha hecho honor a esto. En una escalada de tensión continua han desfilado por el guión de los últimos 12 capítulos los componentes principales de la saga: los demonios personales de Bauer (su familia, su vida sentimental, su culpabilidad), la fragilidad de la clase política, la dureza del sistema, la dificultad de marcar la diferencia… Todo con un Jack Bauer en un éxtasis violento al más puro estilo Berserker en busca de justicia, un Jack Bauer que no duda en convertirse en juez y parte (y ejecutor) al ver que el sistema le da la espalda.
Con todos los grandes excepto Jack y Chloe fuera de escena (Nina, Tony, Michelle, Bill Buchanan, los Palmer, los Bauer, Aaron… incluso Kim tiene el papel más secundario de los últimos años, que ya es decir), cambio de escenario y el tirar de nuevos personajes hacía presuponer que le daría un tono de frescura a una serie que, ciertamente, parecía redundar (magistralmente, eso sí) en lo mismo una y otra vez.
Pero también era peligroso. Los nuevos personajes eran en general demasiado planos, demasiado cabezas cuadradas… Personalmente me decepcionó mucho el personaje de Dann1a Walsh (Katee Sackhoff), que es posiblemente la peor traidora que ha pisado alguna vez las oficinas de la CTU. Una pena, porque acabo de ver Galactica estas últimas semanas y la verdad, el personaje no está ni a la altura de la suela del zapato de Kara Thrace. Pasar de encarnar a Starbuck a encarnar a Dana Walsh es un paso atrás.
Así, la primera parte de la temporada fue bastante decepcionante. La trama principal (la firma del definitivo tratado de paz para Oriente Medio con la ficticia República Islámica de Kamistán y el complot para hacerlo fracasar) era grandiosa, pero estaba continuamente interrumpida con una trama paralela más que pobre.
Afortunadamente se rescató lo más decente de la séptima temporada (que a mí no me convenció en muchos aspectos). Al fin habíamos recuperado a un Presidente (Allison Taylor) más o menos a la altura del primer David Palmer y con un jefe de gabinete decente y valiente (Ethan Kanin). Y a la ex-agente del FBI Renée Walker, que encarna una suerte de versión femenina de Jack y su única oportunidad de redención.
Con estos ingredientes se fabricó una trama que, en un principio, aunque se ponía por encima de las inmediatamente anteriores, no estaría a la altura de las mejores temporadas de 24. Y así parecía que iba a terminar hasta que hizo entrada el que yo creo que es el personaje más odiado de los fans… (bueno, de entre los villanos, yo no soporto a Tony Almeida): el ex-presidente Charles Logan (acompañado de su sidekick particular, Yuri Suvarov, el presidente de Rusia), el único ex mandatario estadounidense que, en un balance global, merece un juicio negativo sin ningún tipo de cortapisa a lo largo de los muchos años que transcurren en la serie.
Y con su entrada todo toma un tono que al fin hizo justicia a los grandes momentos que nos había regalado la serie de la FOX. Una forma de despedirse por todo lo alto reivindicando lo que ha sido la serie de acción más innovadora de la década, posiblemente y sobre todo recordándonos una cosa: Jack Bauer nunca podrá ser un héroe…
… pero sigue siendo uno de los buenos.
Y quizás, ese es el gran problema. Que es de los buenos.
Of course, no a todo el mundo le va a gustar la serie. La escalada de violencia es brutal y hay quien se queja de que incluso es demasiada para el personaje de Jack Bauer. En mi humilde opinión no deja de ser un capítulo más, el último, de una larga lista; un paso más, el definitivo, en la evolución del personaje. Jack ha vuelto a decepcionarse con el sistema ahora que había encontrado alguien honorable como Taylor… alguien como Palmer (que, sin duda, es el gran modelo que siempre subyace a la hora de juz4gar a los presidentes en 24) y, además, ha vuelto a perder a la mujer que ama (¿y cuantas van?). La única salida que encuentra es abandonar el largo camino de la redención y errar en la sombra de la venganza.
En espera de la película:
Long live Jack Bauer.
