Archive for ‘In my head’

mayo 23rd, 2011

Volveremos

Tenía un post escrito para la mañana o la tarde del Sábado. Iba a ser algo motivacional y un poco rollo apelar al espíritu de las grandes remontadas de Champions. Es decir con todas las características de lo que puede decir un hincha que se juega en pocas horas la vida (casi ni metafóricamente, que fui de taquicardia en taquicardia). Pero los nervios me hicieron olvidarme de él, así que sin preámbulo optimista alguno toca enfrentarse directamente a la cruda realidad.

Estamos de luto. Ayer, y aún hoy, aunque comencemos a despertar, fue un día triste, aciago, maldito. De esos que te quedan grabados a fuego y hiel en el corazón. De llantos, agujetas emocionales – y físicas – y de desahogos a veces reprimidos, a veces a tumba vierta. Yo estaba como si me hubiera atropellado un tren, corrido tres maratones y luego ido toda la noche de juerga. Ya me había costado conciliar el sueño, de los nervios, toda la semana. El sábado más.

¿Por qué? Bueno, asumo que a estas alturas todo el mundo lo sabe, pero, por si acaso, no se me caen los anillos por decirlo una vez más. La noche del sábado, rozando la medianoche, el Real Club Deportivo de la Coruña, el Dépor, MI Dépor, decía adiós a la categoría de oro de nuestro fútbol tras dos décadas en las que ilusionante y mágica es una palabra que se queda demasiado corta para describir la experiencia.

1 Liga, 2 Copas, 3 Supercopas de España. Semifinales de la Recopa y de la Champions. El equipo que más puntos acumuló en Champions en sólo cinco participaciones. El único equipo del mundo que haya ganado en el Camp Nou, el Bernabeu, San Siro, Delle Alpi, Old Trafford, Highbury, el Parc des Princes y el Olympiastadion de Múnich.

Podríamos seguir enumerando los méritos de un equipo que en cinco años escasos pasó de salvarse del descenso a 2ªB (y la desaparición) con un gol agónico de Vicente en la última jornada de la 87/88 contra el Racing a hacerle sombra al Dream Team de Cruyff. Y a casi ganar una Liga una temporada después en ese día que todos recordamos.

Pero el gran mérito del Dépor fue llenar de ilusión y de orgullo a una ciudad no muy grande encerrada en la remota periferia del noroeste español. Paseamos con orgullo el blanco y el azul ante media Europa y media Europa se rindió a nuestros pies. Desde el principio. Ayer me contaban que los periódicos italianos, tan italianos ellos, abrieron con el penalti de Djukic en su momento. Ayer, la prensa deportiva española abandonó al Madrid y al Barça durante unas horas y le dijo adiós a un equipo que, hasta hace muy poco, podría resultar hasta irrisorio Esa es la dimensión que alcanzó el Dépor.

La gran virtud del SuperDépor fue marcar el camino a muchos otros clubes. Un equipo que creció en buena parte a base de retales – aderezados, eso sí, con dos estrellas de la talla de Bebeto y de Mauro – y un fuerte sentimiento de club que redundó en atrevimiento, ambición, un estilo propio, distinto… y muchísima unión entre la mayor parte de la plantilla (y eso lo viví yo en directo). Así fue cómo se ganó el corazón de tantos que, como los deportivistas, lloraron o se dolieron el sábado igual que habían sufrido aquel fatídico e injusto 14 de mayo.

¿Fue todo aquello un espejismo? Ahora mismo podría parecer que sí. Es cierto, el Depor vivió estos 20 años muy por encima de su historia y en los últimos 5 (dese el infame Caparrós) muy por encima de sus posibilidades deportivas y económicas. Pero todo aquello fue real. Muy real. No en vano, hasta anteayer éramos el quinto equipo que actualmente encadenaba más temporadas en primera, tras los tres clásicos y, curiosamente, nuestro doble verdugo, el Valencia.

Pero el pasado no da de comer. La realidad es que el fantasma del descenso, que sobrevoló toda la temporada y esta última época en Coruña, se materializó. Y recordar los buenos tiempos no nos va a salvar de ello. Sí, quizás el Zaragoza y el Racing puedan descender en los despachos, pero así no merece la pena quedarse en Primera. Curioso que lo diga alguien del equipo de Lendoiro.

La vida sigue, en cualquier caso, y es momento de comenzar a trabajar desde hoy mismo (ayer dejémoslo de día de luto) para elaborar un proyecto – deportivo e institucional – que aglutine, ilusione y que nos permita volver a Primera. Y mejor el año que viene que el siguiente. Porque esta afición no merece estar en segunda, porque es afición de Champions. Qué cojones… es la mejor afición del mundo. Y nos lo deben

Fin. Paradójico. Cuando comencé a redactar esto quería hacer un análisis de lo ocurrido y unas propuestas de futuro. Será que todavía soy incapaz de ser frío y prefiero ser así, cursi y emotivo. Ya llegará. De todas formas, la morriña es cosa nuestra. No os acostumbréis a echarnos de menos.

 

VOLVEREMOS

marzo 22nd, 2011

El crimen sin resolver de House

Supongo que ya lo sabéis, y si no lo sabéis es tontería negarlo: soy un fan irredento de las series de televisión americanas. Y de entre mis favoritas está House MD, de la que incluso llegué a hacer un trabajo para un seminario sobre Ateísmo moderno en el ITC. A pesar de sus altos y bajos, que los ha tenido, y muchos, para mí House significa mucho más que una serie de médicos ya no sólo porque fuera la primera serie americana a la que me enganché sino porque es mucho más que una serie de médicos.

Al final la serie de médicos se convierte en una excusa para tratar problemas de una profundidad excepcional – aunque cada vez menos – en la televisión de hoy, normalmente a través de las historias de los pacientes, pero también de la vida de los médicos del Princeton Plainsboro. El caso más claro que se me viene a la mente es el del genial The Tyrant de la sexta temporada (y sus consecuencias) en el que se aborda una de las cuestiones clásicas de moral: la muerte del tirano.

Evidentemente no siempre es así y también hay capítulos más “de relax” o más centrados en la biografía de los personajes (especialmente Greg), pero aún así todos tienen una o dos cargas de profundidad escondidas.

Esta semana lo han vuelto a hacer, pero han dado una vuelta de tuerca. Y a partir de aquí llegan los spoilers. read more »

marzo 4th, 2011

Confía

He de reconocer que hace unas semanas perdí la paz de una forma bastante importante. Queda como testigo de ello la entrada anterior. Entre exámenes, trabajos… bueno, con todo lo que os contaba allí, sufrí semejante bloqueo que no sabía qué hacer. Y como muestra, el hecho de que, con mil historias que tenía ganas de contar, con todos los buenos propósitos, no he sido capaz de publicar nada aquí hasta hoy.

Entonces alguien me dijo: “Confía. Estate tranquilo, sin agobios. Y confía.” No hacía falta decir en quién. Una cosa a su tiempo sin montarme películas y ahogarme en vasos de alguien. Y las cosas salieron. Es cierto que aún quedan algunos flecos pendientes, pero ahí están llegando los resultados…

Y luego vino el evangelio del Domingo pasado y me tocaba a mí preparar la homilía. Este era el evangelio:

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:

“Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará la primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: no estéis agobiados por la vida pensando qué vais a comer, ni por el cuerpo pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podría añadir una hora al tiempo de su vida? ¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan, ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. Sobre todo buscad el Reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por la mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos.”

 

Providencia, que se dice

febrero 1st, 2011

In-movilización social

Hay un dicho muy gallego que reza tal que así: “Mexan por nós e temos que dicir que chove”, que en la lengua de Cervantes vendría a ser “nos mean encima y tenemos que decir que llueve”. Así, hablando mal y pronto, y de una forma muy gráfica, no lo podéis negar, podríamos describir ahora mismo la situación de la sociedad española.

La situación del país es gravísima, eso no hay quien lo dude, tanto económica como social y políticamente, y como decía el sábado Jean Bedel, la gente se está hartando. O ya está harta. Pero parece que nadie hace nada. No digo que nos echemos a la calle y nos pongamos a quemar edificios como está ocurriendo en Egipto. Pero de eso, a esto hay un buen trecho, ¿no creéis?

En los últimos meses, la única movilización social con cierta importancia es la que se ha desarrollado en torno a la Ley Sinde. Y para eso se gestó en las pantallas y en algunos despachos y prácticamente no pasó de ahí. A la gente de a pie, la que no está metida en los círculos de la red, que todavía es mucha, fue un tema que sólo le llegó de oídas y a través de los medios, que ya sabemos cómo son. Y la verdad es que, por importante que sea, existen temas más importantes que la difusión de contenidos y los derechos de autor.

¿Qué nos pasa que no andamos dormidos cuando, por menos, otros países como Francia se han echado a la calle? Aquí a lo más que hemos llegado fue a mirar a nuestros vecinos y pensar “eso es lo que tendríamos que hacer”, pero nada más. ¿Qué nos pasa que hemos claudicado de hecho – no tanto de palabra – de nuestro papel en la vida pública? ¿Dónde queda la España de finales del gobierno del PP, cuando nos echamos a la calle muchísimas veces para reclamar justicia? Y entonces lo hacíamos con respecto a un problema que estaba lejos (Irak) o a causa de un acontecimiento puntual. Ahora la crisis es más global, más profunda, estructural… pero no nos movilizamos.

Podemos echarle la culpa a los partidos, encerrados en su dinámica particular y cada vez más lejanos a los ciudadanos; o a los sindicatos, otros que se han apoltronado en su estatus. Podemos quejarnos de los medios de información, que cada vez informan menos y cuando lo hacen, más que informar, opinan y le hacen el juego al partido o lobby de turno…  Si los agentes sociales se han acomodado en su parcela del sistema, con sus palmeros y ajenos al cada vez mayor descontento de la sociedad (y cuando parecen hacerle caso es para utilizarlo en su propio provecho), poco queda que se pueda hacer.

Es que el sistema tiende a perpetuarse a sí mismo, aún cuando no funcione. Por eso en una situación enquistada como la nuestra la solución tiene que venir de fuera del sistema. Y el único recoveco que nos queda es el pueblo. Por eso no podemos quedarnos callados, sino que tenemos que buscar entre todos una solución nacida del consenso común. Quieran o no quieran los políticos.

Yo mismo no me atrevería a decir qué hacer concretamente, pero algo hay que hacer. Lo que está claro es que no podemos quedarnos dormidos mientras otros tratan de manejarnos como si fuésemos mercancía con la que negociar. Y tenemos el mayor arma que podemos tener en democracia: unas elecciones (con la particularidad que tienen las elecciones municipales) en pocos meses. Perfectas para darle entre los dientes a esa gente que cree que sólo somos un número de votos.

Las imágenes que ilustran este post están sacadas de El País y de JR Mora.
enero 29th, 2011

Esperanza y cautela

Soy consciente de que con este post es muy posible que me meta en un berenjenal de muy padre y señor mío, pero es un tema que me viene rondando en la cabeza durante los últimos días y que quiero compartir con vosotros. Así, de paso, no todo es Akano y series y demás, que últimamente este blog se está volviendo un poco temático.

Mi reflexión quiere partir de lo que ha venido sucediendo en el Magreb y en Oriente Medio en las últimas semanas y especialmente en los últimos días. Es decir, de los conflictos sociales  que comenzaron en Túnez y que ya se han extendido a Egipto y Yemen. Y al parecer también Siria se está poniendo, aunque de esto último no he leído más que un tweet perdido y que no se refería a la situación social en sí, sino al acceso a las redes sociales.

El Islam – entendido como el conjunto de países que comparten la tradición árabe-mulsulmana y no como la religión – está que arde; de hecho, una de las grandes potencias estratégicas de la zona, Egipto, está literalmente ardiendo. Y se nos dice repetidamente que toda esta movilización tiene como objetivo que es en búsqueda de una situación más democrática frente a las “falsas democracias” y a los dictadores que se han apoltronado en sus puestos hasta 20 y 30 años. Eso se nos dijo en Túnez y en el caso de Egipto, aunque no se ha hablado tanto de los motivos y siempre se ha visto como contagio de lo de Túnez, estamos más o menos en la misma situación. De Yemen aquí no se habla mucho, pero entendemos que sí.

Que unos países como los árabes, que tienen una idiosincrasia tan particular y tan distinta a la nuestra, occidental, decidan salir a la calle y luchar por la democracia es algo histórico. Histórico, alentador y esperanzador. Y no podría ser de otra forma. Pero, personalmente me da miedo, por dos razones, de ahí el título del post.

La primera de ella es la inestabilidad política que se está extendiendo en la zona y que no beneficia a nadie. Sobre todo teniendo en cuenta que estos países están rodeados (o en la órbita, como quería) por regímenes de la calaña de Marruecos, Irán y Arabia Saudí y por situaciones tan excepcionales como la de Irak, Afganistán o el conflicto israelí-palestino. Eso sin contar con la sombra de Al-Qaeda en el Magreb islámico.

Esa es la segunda de las razones: el aprovechamiento que de esto pueden hacer los sectores más fundamentalistas del islamismo. Porque ya se han ido posicionando al parecer, distintas facciones, tanto en Túnez como en Egipto. Y es en el contexto de esta crisis cuando hemos vuelto a escuchar al ínclito Osama Bin Laden.

Y es quizás la que más me preocupa. Sobre todo teniendo en cuenta que esto se produce también en un contexto de persecución a las comunidades cristianas, católicas y de otras confesiones, del que hemos tenido noticias no hace mucho. Tanto en Irak como en Egipto. Son colectivos bastante olvidados, que quedan en medio de toda la conflictividad y están bastante desprotegidos.

Ojo. Con esto no quiero culpabilizar ni instigar a nadie contra el Islam ni mucho menos, sino hacer una advertencia contra el fundamentalismo. No sólo contra el islámico. El fundamentalismo es esa corriente que convierte la fe y la religión en ideología. O mejor dicho, disfraza de fe lo que no es más que una ideología política radical y muchas veces violenta, aunque sólo sea verbalmente. Y precisamente por aparentar ser lo que no es resulta extremadamente peligroso.

Ahora lo vemos, desde el 11-S, con el prisma árabe y, sobre todo, a través de la amenaza de Al-Qaeda. Pero el fundamentalismo es un peligro que amenaza a todas las religiones. Lo tenemos presente en muchas comunidades cristianas protestantes como la del pastor del Florida que quemaba Coranes contra la mezquita de la Zona Cero, y lo seguimos teniendo también metido “dentro” de nuestra Iglesia, en ciertos sectores.

El fundamentalismo envilece y distorsiona el mensaje de las religiones. No sólo hacia fuera, sino también hacia dentro. Porque lleva a confundir lo que es con lo que no es, la esencia con o accesorio. Y radicaliza posturas que son incorrectas y muy pocas veces las que son esenciales. Y así acabamos como acabamos, porque la radicalidad, el estar bien afianzado en unos principios y tratar de vivirlos en profundidad, es buena; el radicalismo, el llevar todo al extremo, cegarse y no admitir lo demás, es muy perjudicial.

De ahí toda esta reflexión. Lo que está sucediendo en Túnez, Egipto, Yemen… es esperanzador, pero no podemos dejar de lado que existe esa amenaza latente de que el proceso de esta revolución se lo apropien determinados colectivos. No sólo por el bienestar de esos pueblos, también por la seguridad internacional. Que no es moco de pavo, que lo que pasa en Oriente Medio no se queda, nunca lo ha hecho, sólo en Oriente Medio.

Las imágenes que ilustran este post están sacadas de El País y de Público.
octubre 28th, 2010

¿Y esto quién lo arregla ahora?

Llevo bastante tiempo sin hablar de fútbol. Entre el curso, el Papa y la pastoral, poco puedo dedicarle a a seguir como me gustaría la Liga y, sobre todo, al Dépor. Y coincidiréis conmigo en que si a eso le sumamos la situación desastrosa en la que se encuentra mi equipo del alma, es bastante normal que sea un tema que tampoco me inspire especialmente para hablar de él.

Y eso que a principios de Liga me las daba yo muy esperanzado acerca de las posibilidades del equipo. Sí, todos sabíamos que nos faltaba gol, que el Deportivo es un equipo sin absolutamente nada de gol. Tan poco gol como que sólo ha marcado un gol de jugada (el 1 del 6-1 en el Bernabeu) en todo lo que llevamos de Liga. Y dos más, de penalty contra el Geta. Aún así, mantenía la esperanza de que esa tendencia fuera mejorándose hasta comenzar a marcar con una cierta regularidad. Con la defensa y la seriedad táctica que venía mostrando el equipo en los últimos años, siempre cabía lugar a la paciencia. Aunque no marcáramos gol, mientras tampoco nos marcaran podríamos ir salvando la papeleta, más o menos…

Pero la defensa no ha tardado en desmoronearse, capitaneada por un Manu con muy mala suerte en la portería y un Lopo que se retrató innecesariamente en alguna ocasión y espoleada por la dolorosísima goleada del Bernabeu, donde algunos creíamos que podría comenzar la reacción  - más que nada por lo inspirador del rival y del escenario. Ahora el Deportivo hace agua en todas y cada una de las líneas. Peor que eso: el equipo se arrastra truculentamente por el campo dando aún mayor sensación de agonía.

El Dépor se muere. Camina lentamente hacia el abismo. Y lo más triste, amedrentador, desalentador… como queráis llamarlo, es esa certeza moral que tenemos buena parte de los deportivistas de que en el fondo de ese abismo no está sólo (ni únicamente) la Segunda División, sino la desaparición del club de nuestra alma. Sí, triste pero cierto: la despaoarición, esa realidad cruel y trágica que amenaza cada vez más a los equipos.

Pero no vamos a hablar aquí de eso. No quiero hacerlo no vaya a ser que por mucho repetirlo se haga más verdad. Y no voy a meterme con todas las circunstancias que nos han traído hasta aquí, del fútbol en general y del deportivo en particular. Eso ya, si tal, otro día. Y a lo mejor no soy yo el que lo hace. Tengo una idea en la cabeza que a ver si la pongo en práctica un día de estos.

Centrándonos en las circunstancias deportivas de esta temporada, podríamos resumirlas en tres palabras muy simples: “falta de planificación”. El año pasado, con la lesión de Filipe, se pusieron de manifiesto nuestras dos grandes urgencias: un lateral izquierdo – ante la inevitable venta de nuestro jugador estrella este año sí o sí - y un delantero con gol. Adrián, Lassad y Riki no habían marcado entre los tres lo que sería aceptable para un sólo delantero. Unas urgencias y una planificación de plantilla que se veían más que condicionadas por la situación económica del club, algo en lo que no voy a entrar, como digo.

Al final, hemos terminado renovando de una forma extraña el centro del campo, trayendo hasta 5 jugadores para esas posiciones: Rubén Pérez, Míchel, Desmarets, Saúl y Urreta. Pero de lo que necesitaba el club, nada. Fichamos 3 laterales distintos, ninguno de los cuales llegó a cuajar en el equipo (Stopira fue bajado al Fabril en plena pretemporada, incluso) para terminar jugando Seoane, el chico de la casa. Y de lo del delantero mejor ni hablamos.

Y como a perro flaco todo son pulgas, llegó la peste de las lesiones, que nos viene acosando estos últimos años una y otra y otra vez. Lo cual nos ha dejado en una posición aún más precaria. Así las cosas, Lotina ha complicado la situación moviendo piezas casi siempre sin rumbo ni sentido ni algún tipo de lógica. Ahora te pongo en la banda, ahora en el centro; ahora tú, ahora este otro… Sin estabilidad y sin ideas, por lo que deja ver.

Todo esto se traduce en un equipo desquiciado, tal como se puede desprender de las declaraciones de los jugadores y del propio entrenador, más lastimeras que lo que nos tiene acostumbrados. Pero nadie hace nada. O, mejor dicho, el que lo tiene que hacer, no hace nada. Bueno, sí… convoca un café con los medios para mañana por la tarde en el Playa Club. Esperemos que ahí encontremos verdadera información y no otra sarta de excusas y divertimentos marca de la casa.

La imagen que ilustra este post está tomada de eldepor.com
octubre 19th, 2010

Una fe que mueve montañas

Estas últimas semanas, y a medida que se acerca el 6N lo será más, han sido de un ajetreo constante que apenas me ha permitido dedicarle al blog el tiempo que se merece, más allá de “sacarme de encima” un par de artículos del Doctor Who que ya iban siendo horas. Hoy he conseguido sacar un pequeño ratito, así que aquí estoy de nuevo dando la lata.

Entre las cosas que tenía pendientes de leer en este intermedio estaban un montón de lecturas acerca del rescate de los mineros chilenos, la gran sensación de las última semana a nivel informativo, y a eso quería dedicar hoy a este post. No a hablar de la excepcional rapidez con la que se ha trabajado, ni del reality chou que montaron los medios o del oportunismo de los políticos presentes – dos realidades, estas últimas, que podríamos dar por descontadas ya de ante mano. Así va el mundo y así nos va.

De lo que yo quería hablar es algo un tanto distinto. Ya decía el otro día en Twitter (1-2) que me hacían gracia algunas reacciones de algunos periodistas, blogueros… que hablaban de las continuas muestras de fe de los mineros, sus familias y gente cercana a la catástrofe. Unas reacciones que, caricaturizándolas un poco pero tampoco demasiado, podríamos calificar de media sonrisa irónica con cierto desdén paternalista y escéptico hacia “esos pobres mineros”. Como si le molestara… o, mejor, como si les asustara.

Antes de seguir, y como nota aclaratoria, con “fe” no me refiero a supersticiones del tipo “A los 33 mineros chilenos los rescataron el 13/10/10 (cuyas cifras suman 33) en un operativo que duró 33 horas. La nota que mandaron tenía 33 caracteres (¿con o sin contar espacios?). 33 años tenía Cristo cuando murió en la Cruz.” Me refiero a ese convencimiento, más o menos claro, de que la mano de Dios estaba detrás de su milagrosa supervivencia y del posterior rescate.

Entrando ya en materia, es de todos conocido, porque hemos seguido la operación casi en vivo y en directo durante más de dos meses, que el rescate de los treinta y tres ha supuesto un esfuerzo técnico increíble y sorprendente. O, lo que es lo mismo, que la mano humana ha jugado un papel fundamental en que todos y cada uno de ellos estén ahora, de nuevo, en la superficie. Por tanto, afirmar una intervención divina, si esta la entendemos como que “anula” o “niega” la intervención humana, es irresponsable, ingenuo, necio.

Así las cosas, tenemos dos estas dos certezas: la que nos dan los sentidos de que todo este milagro no es otra cosa que un hito más del prodigio de la técnica humana; y la que nos da la fe de que es la mano de Dios la que está detrás de todo. Una aparenta contradecir a la otra y casi de forma automática, la primera se nos presenta como “más cierta” que la segunda. Al fin y al cabo es lo que salta a la vista de nuestros sentidos de forma inmediata, mientras que la segunda es algo velado, mediado por la propia fe.

¿Pero esto es completamente así? ¿Existe esta contradicción? ¿Son estos dos hechos, el que nos presentan los sentidos y del que nos habla la fe, contrarios y excluyentes? La respuesta que yo, como hombre de fe, claro está, os propongo hoy es un no rotundo. No sólo no se excluyen mutuamente, sino que se coimplican. Es decir, en general no hay acción sin acción humana ni acción humana sin intervención divina.

¡Ojo con esto! Me explico mejor para no llevar a confusiones. Como siempre, apura esta doble afirmación hasta su extremo nos haría incurrir en un tremendo error. Por un lado, no sólo negaríamos otro tipo de intervenciones como los milagros propiamente dichos, sino que caeríamos encorsetar a Dios en cánones humanos e, incluso, en convertir a Dios en mera abstracción del espíritu humano. Por otra parte, reduciríamos al hombre en un simple instrumento, un autómata en manos de la divinidad. Por uno u otro extremo estaríamos negando la libertad absoluta de Dios o bien la libertad creada, finita, pero sagrada al mismo tiempo del hombre.

Pero basta decir que esto es de ordinario así. Así lo ha visto toda la tradición judeocristiana (en la que -nos guste o no- estamos inscritos) a lo largo de los tiempos. Dios se revela en la historia y a través de la historia, en lenguaje humano, sacramentalmente, que diría el teólogo. Es decir, echa mano de las realidades tangibles, de los hechos y de los acontecimientos históricos para darnos a conocer las cosas intangibles, para dar a conocerse él mismo, que es Señor de la Historia.

Evidentemente, esto supone un cambio de mirada que es propio del hombre de fe, que está llamado a buscar a Dios también en el mundo que le rodea, en lo que le sucede… a dar un paso más allá. Esa, entre otras, era la función de los profetas, que no eran una especie de adivinos así sin más, como muchas veces se nos presentan (también desde la propia predicación, todo hay que decirlo), pero que se extiende – así lo entiende la teología cristiana – a todos los bautizados, sacerdotes, profetas y reyes.

Esto llega, creo, para explicar eso de que de ordinario, no hay acción divina sin acción humana. Pero, ¿y la relación contraria? El hombre es criatura de Dios, imagen de Dios, del Dios Creador y, por tanto, un ser racional, inteligente y creativo. De aquí podríamos deducir esta intervención primera y latente de la divinidad que pone en marcha todo el “mecanismo del progreso”.

Podríamos hablar así de dos planos de actividad: uno que nos es cercano, perceptible, inmediato, y otro que va más allá de lo sensorial. Dos planos superpuestos, que son a la vez independientes e interdependientes. Aunque tenemos que entender que “hablar de dos planos” es sólo eso, una forma de hablar. La realidad es una, con muchas caras, con muchas dimensiones, pero una. No es que haya un plano espiritual en el que actúa Dios – y que muchas veces se interpreta como algo simplemente psicológico (la fe de los mineros les ayudó a aguantar y mantener la esperanza, por ejemplo) – y un plano material copado por el hombre, puramente material.

Hasta aquí, que creo que ya me he pasado con la charla teológica. Quizás quedan muchas cosas por explicar. Quizás otras quedan muy mal explicadas o muy por encima. Pero para eso están también los comentarios, para seguir dándole caña a esto, ¿no?

septiembre 8th, 2010

Fútbol a horas intempestivas

Anteayer saltaba a los medios de comunicación la noticia de que para la segunda vuelta de Primera División (me niego a decir Liga BBVA), la LFP pretende ponernos partidos a las tres de la tarde los domingos para poder difundirlos en esa entelequia que llamamos “el mercado asiático”. Un golpe de mano más de los que realmente cortan el bacalao en esto del fútbol y una bajada más de pantalones de los equipos y los dirigentes ante las televisiones. Es decir, ante el dinero.

Y, como siempre ocurre, los damnificados somos los aficionados. Los aficionados españoles, porque no niego que esto pueda beneficiar a los futboleros japoneses, chinos, indios… Al final de cuentas somos (en teoría) los que realmente seguimos esta liga. Pero no. Si seguimos pensando de este modo nos equivocaremos una vez más. El fútbol hace tiempo que ha dejado de pertenecer a los aficionados para pertenecer a las audiencias televisivas.

Esto tiene consecuencias nefastas. Pero ya no basta con el hecho de que no sepamos con una antelación razonable a qué hora va a jugar nuestro equipo. O peor, ya no sabe el propio equipo a qué hora va a jugar con esa previsión de la que se puede gozar, por ejemplo, en la prensa inglesa. Una chorrada, vamos. Y así, poco a poco, los campos se van vaciando. Silenciosamente. Lamentablemente. Y, para escarnio de todos, hasta se hace promoción de ello. ¿No te lo crees? Recordemos el anuncio de Imagenio-Gol T:

Vale. Que sí. Que el anuncio parece tener otro enfoque en lo de la ancianidad del padre del protagonista, pero aún así, y no soy el único, es algo que sienta mal a los aficionados que, semana a semana, asistimos impotentes a un espectáculo demoledor: el vaciamiento progresivo de nuestros estadios de fútbol. Y lo dice uno que apenas puede ir a un par de partidos al año por cuestiones de agenda y que, por tanto, es más espectador televisivo que hincha en la grada.

En este panorama, en el que el alma de los equipos de fútbol parece rehuir de ellos, la Liga ha decidido darle la puntilla. Partidos a las tres de la tarde. En España. A la hora de comer. Ya no llegaba con ponerlos a las 5 que es una hora límite que ya obliga a elegir entre fútbol y siesta cuando se quiere ir al estadio. No, a la hora de comer, que mola más. Para terminar de despoblar los estadios.

A lo mejor este argumento costumbrista te resulta demasiado débil. A ver qué tal este otro: las tres de la tarde caen dentro de la franja más calurosa del día. En Coruña, en Riazor, a lo mejor no tenemos problema de calor, aunque si nos viene otro mesecito como los de este verano, pues sí. Pero… ¿en Sevilla? Recordemos que ya se nocturnizó la primera etapa de la Vuelta y que la Junta pidió el aplazamiento del Betis-Granada.

Más. Cuando se dé el hecho de que haya un equipo canario en Primera, estos podrían tener que jugar sus partidos en casa a las dos de la tarde. No nos quedan aún muy lejos las protestas del Tenerife, de los chicharreros y de los rivales por tener que jugar a las 16:00h de las islas para poder amoldarse al horario televisivo peninsular. Pero no, eso no importa, porque aquí, como bien dejó claro el todopoderoso Roures en su tan comentada entrevista en Buenafuente, lo que importa es la pela.

Mientras tanto, los aficionados al fútbol tenemos que dejar que nos meen encima y aún encima decir que llueve. Hasta que nos cansemos. Entonces protestaremos. Pero nos harán menos caso que el que ya nos hacen. Porque el fútbol necesita dinero, o eso dicen. Aparentemente lo que no necesita son aficionados. O eso creen.

agosto 26th, 2010

Iglesia 2.0 (I): El blogger católico

Hace unos días, o quizás semanas, desde que comencé a leer los comentarios acerca de la recientemente celebrada PEJ, que me vengo planteando la misma “duda” acerca de este blog y de su utilidad. Llamémoslo así utilidad, aunque no sea el concepto que más me satisfaga para describir lo que me está pasando por la cabeza.

Sabéis, porque no lo escondo, que soy seminarista en la Archidiócesis de Santiago de Compostela. Católico, por tanto, se sobreentiende. Y estoy convencido como la mayor parte de los que llegáis hasta aquí, seáis muchos, seáis pocos, de que las nuevas tecnologías nos ofrecen un rango de posibilidades de comunicación que no teníamos antes: portales de información, blogs, redes sociales… también para la Iglesia.

Y me pregunto: ¿yo no debería evangelizar más activamente en la red? Hay muchos blogs dedicados ya a ello, pero ¿y yo? ¿No podría darle un giro más “confesional” a Caldeirada de  Marisco? Al fin y al cabo, es el blog personal de un seminarista, ¿verdad? Se supone que aquí cuento mi vida y se supone que una parte muy fundamental de mi vida se desarrolla dentro de lo que llamaríamos “esfera religiosa”, algo que, aunque muchos insistan en lo contrario, estoy convencido que es imposible reducirlo solo a lo privado.

Luego me digo. Bueno, tampoco es que tenga que andar contando todo siempre. Al fin y al cabo, cuando pasa algo grande e importante lo cuento: venirme al Seminario, la vida aquí, los distintos pasos que he ido dando, la PEJ… Y de vez en cuando comparto también mis ralladas. Así que, al final, también porque creo que la evangelización por cansancio no funciona sino todo lo contrario, declino mi idea diciendo: ya hay otros.

Otros, ya. Ahí es a donde quería llegar yo (aparte de confesaros mi duda). Cuando uno repasa el panorama de la blogosfera católica se encuentra que hay de todo, como en botica. Sin embargo, como ocurre también en la blogosfera general, existe un par de blogs de referencia, “gurúes”, si queréis llamarlos así, en torno a los cuales se ha creado una comunidad estable de comentaristas y bloggers.

Y lamentablemente, en una Iglesia en la que muchas veces por parte de determinados círculos (internos, me refiero) se pretende marcar una división entre carcas y progres, entre una verdadera iglesia y unos transgresores infieles (sea cuales sean), estas divisiones también llegan a la red. Y con el sensacionalismo que impera en nuestra sociedad y el afán del cotilleo, muchas veces se cae en un cotilleo eclesial que a veces llega a ser repugnante y en el que es muy fácil caer. Esos son nuestros blogs de referencia para los católicos españoles.

Por otra parte, yo soy de los que piensa que, cuando nos ponemos hablar de “nuestras cosas”, caemos en un cursilismo fácil, un monjillismo – en un sentido peyorativo del término (con todo mi respeto hacia las monjas y religiosas) – que convierte casi cualquier tema en un folletín de novela rosa dulzón que no resulta atrayente. Al menos a mí. Estamos acostumbrados a hablar para nosotros y, en general, aunque en nuestras ideas ya somos cada vez más conscientes de que, en general, la llamada pastoral de mantenimiento va siendo menos importante a favor de una nueva evangelización

Escasean, o al menos yo no conozco muchos, blogs de carácter confesional católico que sean realmente atractivos al público en general y, de ellos, me atrevo a pensar que casi ninguno resulta útil como plataforma de evangelización. Eso no quiere decir – a diferencia de los que muchos dentro del “gremio” puedan pensar – que debamos dejarlos de lado por ser “inútil”, sino que debemos  poner más esfuerzo en ello.

Porque este es el lenguaje de los nuevos tiempos. Y si Pablo, en Atenas (y en todo el transcurso de su misión) se esforzó en inculturar el evangelio para que los griegos pudieran entenderlo. Y si tantos otros, a lo largo de los siglos se esforzaron por hacer lo mismo. Si el mismo Cristo lo hizo… nosotros también deberíamos hacerlo.

Y entonces vuelve a surgir la duda. ¿Debería yo ponerme también a la tarea de esta evangelización 2.0 aquí también en Caldeirada de Marisco?

agosto 18th, 2010

Mi diente p’atrás



No muchos de los que me conocen, fuera de mi familia, se acuerdan. Ni siquiera muchos de mis compañeros de clase desde la infancia. Pero hace mucho mucho tiempo, en una galaxia no precisamente lejana, yo tuve aparato de dientes. Lo llevé… no sé, un año y medio probablemente. O quizás más. O quizás menos, todo puede ser. Ya sabemos que de niños no tenemos la misma conciencia del tiempo que tienen los mayores.

¿El motivo? Tengo un diente hacia atrás. El incisivo superior derecho (no el del centro-derecha, el de la derecha-derecha, como el PP), para ser más exactos. Y digo bien, “tengo”, porque por mucho que llevara aparato aún sigue ahí, convirtiéndose casi en un símbolo de mi identidad. Hasta le tengo un cierto cariño (todo el que se le pueda tener a un diente) y todo.

Supongo que de eso sí se habrá dado cuenta la gente con la que me cruzo cada día aún a pesar de que, por muy sonriente que pueda ir, creo que no muestro demasiado abierto el dentamen por una especie de complejo heredado de cuando mis queridos y cariñosos compañeros de clase me apodaron con el nombre de un héroe de ficción de sobra conocido por mis coetáneos: Patoaparato. Original, ¿verdad?



La cuestión es que, de unos días a esta parte, a mi madre le ha dado por decir que tengo el diente más echado para atrás que nunca. Y, para terminar de redondearla, a Morfeo también se le ha dado por utilizar mi diente de forma recurrente en mis sueños. El otro día, sin ir más lejos, se iba limando poco a poco hasta desaparecer (y era cortante y todo).

Y a eso le juntamos que, después de mucho sumarse él también a los puteos generalizados durante mi etapa metálica (que no metalera), mi hermano lleva ahora también aparato. Así que la pregunta que me lleva haciendo mi madre los últimos días así de vez en cuando (o sea, teniendo en cuenta que es una madre… cada hora, hora y media) es si me quiero volver a cablear la boca.

Por una parte, quiero. No es que lo considere una tara o un defecto, pero a veces resulta molesto (uno se puede morder la lengua si no se da mucha cuenta). Pero por otro lado, echaría de menos mi diente y, además, me da mucha pereza volver a ponerme los brackets (o como se escriban). Y a lo mejor para nada. La otra vez falló porque el “aparato de mantenimiento” (uno de esos de paladar que tenía que ponerme por la noche) y yo no nos llevamos bien y me lo quitaba inconscientemente mientras dormía. ¿Y si pasa lo mismo? ¿Y si vuelve a fallar? Es una pasta y no estamos como para tirar el dinero, la verdad.

Así que nada, aquí estoy yo, con mi nueva duda existencial, enfrentándome a los avatares de la vida mientras veo pasar las últimas semanas de mis ya-no-vacaciones aquí en la oficina, gestionando las bases de datos para la Visita del Papa, y con la mirada puesta en el viernes y en algo que ya os contaré en otro momento. Que no es plan de mezclar, que es malo y luego siempre sienta mal.

agosto 17th, 2010

Carta abierta al Concello de Pontevedra

Como muchos pontevedreses, yo soy de los que está contento con la peatonalización del centro. Es cierto, causa muchas molestias, sobre todo al negocio de transporte, pero opino, como muchos, que Pontevedra es una ciudad para caminar, por tamaño, por orografía, por todo. Por eso, cuando vengo, dejo el coche en casa y me muevo habitualmente en el coche de San Fernando. Ya saben: un poquito a pie, otro poquito andando.

No tengo problema, no me quejo, incluso alabo este proceso de “humanización” (será que antes éramos amebas o algo así) que ha tenido lugar desde que está la actual corporación municipal y que ha convertido nuestra querida ciudad en una auténtica joya para los que nos gusta pasear. Pese a los consecuentes atascos que se forman en algunas zonas de la ciudad y que, no nos engañemos, ya se formaban antes, es una ciudad que se ha vuelto extremadamente cómoda.

El problema es el siguiente: aparcar. Sí. Los que, por un motivo u otro, residimos fuera de Pontevedra nos enfrentamos a un gran reto cada vez que llegamos a nuestra amada ciudad. Incluso los que de forma temporal estamos fuera de casa estos meses de verano. Sin ir más lejos, ayer tarde estuve media hora dando vueltas por todo mi barrio (A Moureira) en busca de una mísera plaza de aparcamiento para dejar mi coche.

Comprendo que son días malos, que están las fiestas instaladas en la Alameda y que por eso la afluencia de gente a la ciudad y, más concretamente, a esta zona, es mayor que en otras ocasiones. Pero es un fenómeno que llueva, nieve, truene o haga calor se viene repitiendo una y otra y otra vez casi diariamente. Que ya está bien de batirme con mi hermano para ver quién llega antes a la única plaza de garaje que hay para los cuatro coches que tenemos (y necesitamos, porque al final, cada uno está en un sitio diferente) en casa.

Comprendo, también, que es una situación temporal, que cuando terminen las obras habrá más aparcamiento en el centro y que esta situación también sirve de medida disuasoria para reducir el tráfico rodado por la ciudad. Pero aún así, me remito a lo anterior: muchos no lo usamos para desplazarnos por Pontevedra sino para desplazarnos a Pontevedra. Se entiende la diferencia, creo.

Me pregunto: ¿por qué tuvieron que reordenar de forma tan caótica el tráfico y el aparcamiento de las calles que rodean mi casa?  Es cierto, antes utilizábamos aquel solar dejado de la mano de Dios para aparcar y terminó convirtiéndose en la ley de la selva, pero nos arreglábamos, excepto por algún subnormal que abusaba de la situación. Entiendo que una conducta así no pueda permitirse o no esté bien vista… pero de ahí a repintar la calle para reordenar todo el aparcamiento y, de paso, poner un par de direcciones prohibidas totalmente absurdas…

Pero lo hecho, hecho está. No creo que ahora rectifiquen, aunque no sería la primera (ni seguramente la última vez) que han tocado las direcciones de esta zona. Y aún así demando (suplico) una solución. No estoy seguro de que el nuevo parking de la Plaza de España lo solucione (no por completo, es de pago al fin y al cabo), pero estoy seguro que aliviará la carga.

Yo me atrevo a plantear una solución: tarjeta de residente. Como en muchos lugares, no muy lejos de aquí. Una zona delimitada para que puedan aparcar los residentes del barrio. Porque entiendo que los que vivimos en un barrio concreto tenemos más necesidad de aparcar cerca de nuestras casas, por lo que pueda suceder. No digo todas las plazas, ni digo que esto sea la panacea. Posiblemente, siga teniendo problemas para aparcar aún con estas medidas aplicadas (si es que se hace), pero me parece una medida realista, razonable y necesaria.

junio 14th, 2010

Mitos y cultura popular

La modernidad – ya desde el positivismo, pero como fruto de un proceso que venía gestándose ya desde antes – ha consagrado la ciencia y “condenado” la verdad a equipararse, únicamente, a aquello que puede ser constatado empíricamente o, al menos, a aquello que no puede o no ha podido ser falsado. Con este concepto, que eleva la certeza científica al grado de verdad, el resto se ve reducido a simples opiniones, cuando no a “historietas”, de valor e importancia relativos.

Así, en este último grupo (el de las “historietas”) se ha encasillado todo tipo de relatos de los más diversos orígenes, englobados dentro de la categoría general de mitologías: griega, egipcia, nórdica, judeo-cristiana (sic.). Hoy, con el auge de la ciencia y la visión antes expuesta de la verdad (dos aspectos que suelen ir de la mano), el hombre (post-)moderno desprecia estos relatos como “cuentos chinos”, vestigios de la infancia de la humanidad, de lo que Comte dio en llamar “etapa teológica”, cuando la única salida del hombre era creer en (los) dios(es).

Sin embargo, perdemos de vista algo muy importante. No sólo no consideramos que la ciencia sólo nos explica el cómo son/funcionan las cosas, no su porqué (y, muchas veces, atribuimos al conocimiento científico un objeto que no le corresponde); sino que, además, no valoramos la posibilidad de que esos “cuentos chinos” sean tan verdaderos como la ciencia, aunque en un plano distinto.

Y es que los mitos (dejémonos ya de otros apelativos) tienen un importantísimo valor performativo y explicativo del mundo, no al nivel del mecanismo, sino del conjunto. Por eso, los mitos no son menos verdaderos que la ciencia, sino que incluso podríamos atrevernos a decir que lo son más, porque apelan a una verdad de rango “superior” a la certeza científica, una que es dadora de sentido. Una dimensión, la holística y teleológica, que, de perderla de vista, convierte la información en cultura y la cultura en mera información.

Muchas veces estas historias tenían una función etiológica: explicaban el origen de un determinado lugar (santuario, ciudad…) o costumbre (como, por ejemplo la circuncisión judía ) o circunstancia (la Torre de Babel, por ejemplo). El libro del Génesis o del Éxodo son riquísimos en este tipo de relatos, pero también tenemos, por ejemplo, la leyenda de la Torre de Hércules en Coruña. Por no irnos muy lejos.

Otras buscan reflejar enseñanzas morales o religiosas. Así, por ejemplo, la Odisea homérica no es sólo un fantástico relato de aventuras, sino que es una historia de cómo la audacia vence a la fuerza bruta, de cómo el destino en manos de unos dioses caprichosos y arbitrarios es una concepción cruel y de cómo puede vencerse ese destino con voluntad, paciencia y esperanza. Así, por ejemplo, el libro bíblico de Job no es un cuento de lo caprichoso que es Dios que castiga y juega con nosotros, sino que era un relato que pretendía (y lograba) poner en entredicho una concepción teológica clásica en el judaísmo como era la de la retribución material y terrena por parte de Dios.

Otros combinan ambas dimensiones.

Rescatado (creo) el valor del mito, quizás sea conveniente aclarar qué es lo que estoy entendiendo yo como tal a la hora de hacer estas afirmaciones. Los mitos serían relatos, con base histórica o no, más lejana o más cercana, en los que se plantean situaciones excepcionales, sobrehumanas, mediante las que se pretende proponer una enseñanza vital. Por eso, en este grupo habría que incluir no sólo los clásicos mitos griegos, nórdicos, celtas… con sus dioses, semidioses, héroes y caudillos de todo tipo, sino también otros a priori más “terrenos”: algunos relatos bíblicos, leyendas, relatos ejemplares… Incluso las vidas de santos entrarían, en determinadas épocas, en este tipo de relatos: San Jorge y el dragón, las actas martiriales…

Quizás el hecho de que usen las aparentemente accesibles formas literarias, muchas veces fantásticas, además, en lugar de enrevesadas fórmulas matemáticas los haga menos creíbles. Digo “aparentemente” porque en numerosas ocasiones se apela a simbolismos sólo aptos para iniciados (mitos órficos, mitraicos y de las religiones mistéricas en general, pero también la literatura judeocristiana de la época de la apocalíptica o el gnosticismo). Pero en una cultura eminentemente ágrafa, la narrativa, la épica, con sus formas muchas veces preestablecidas, se convertían en un vehículo de comunicación fácil de transmitir y de recordar, sobre todo en culturas (como las orientales/semitas) que hablaban más por imágenes que por ideas.

Antes me quedé, en mi enumeración, en las vidas de santos, sobre todo las redactadas en la Edad Media, en las que muchas veces se exaltaban y se exageraban los hechos de la vida del personaje en cuestión para cargarlos de significado y de simbolismo, para que resultaran en verdaderas enseñanzas. Pero la producción “mítica” ha seguido adelante, en los cuentos, en las novelas… manteniendo unas estructuras muy similares a lo largo de los tiempos.

Hoy por hoy, la cultura audiovisual, cultura que, además, es de masas, se ha convertido en el perfecto vehículo para la transmisión de estos mitos. Así, tenemos grandes epopeyas en las que reencontrarnos con esta dimensión tan importante a la hora del crecimiento. En los últimos años de una forma especial, los guionistas de cine y TV, de comics, escritores… la han ido rescatando de la cárcel en la que la habían encerrado años de cientificismo.

Así, de una forma más o menos explícita, encontramos cada vez más contenidos de carácter ético o religioso que subyacen en las historias de la cultura popular, reconocibles por todos, que pasan a ser del imaginario popular. Así, por ejemplo, la historia de Neo (que al final muere “crucificado”) en Matrix o de Superman (que muere y resucita, sepulcro vacío incluido) beben de la tradición mesiánica (judeo)cristiana. Así por ejemplo, Spiderman nos recuerda una y otra vez que nosotros, seres normales y corrientes, tenemos responsabilidades para con los demás, y cuantas más oportunidades, más responsabilidades (que eso es lo que nos quiere decir cuando nos repite la frase del tío Ben). Así, los guionistas de Batman (la época posterior a Frank Miller es especialmente prolífica en este sentido), nos enseñan los peligros de la justicia ciega o el famoso código del superhéroe (ese que dice que un superhéroe nunca debe matar) nos recuerda que el fin no justifica los medios. Y ya me he referido al Lost y a Battlestar Galactica cuando me quejaba de que no me salía un post muy parecido a este.

Podríamos seguir, pero es más divertido buscarlos.

¿Y tú, qué opinas?

junio 12th, 2010

De C.S. Lewis a Akano (II): FFF Universe

Quería terminar hoy ya con una de las series de posts que dejaba pendientes. Si os acordáis, hace más o menos un mes os solté un montón de citas de C.S. Lewis. Mi intención era ilustrar, con la experiencia de un gran escritor (aunque no muy reconocido, quizás), un proceso que yo mismo he seguido con lo que entre unos cuantos hemos dado en llamar Universo FFF.

Ya expliqué en alguna ocasión cómo empecé en esto de la escritura, la última la semana pasada cuando abrí la galería aquí mismo. Así que no abundaré en ello más de lo necesario.

Recordaréis que allá por finales de la primavera de 2006 comenzaba Memorias, mi fanfiction basado en Bleach y que comencé a publicar en BleachSP, el foro donde, por aquel entonces, participaba. Con el paso del tiempo, con la gente que comentaba el relato (que por entonces no tenía ninguna pretensión), muchos de ellos autores de sus propias historias, fui dando forma a una idea.

Nos prestábamos los personajes, compartían escenarios muy comunes (los del manga), pero, de alguna forma, nuestras historias chirriaban entre sí, no encajaban, lo cual era más que lógico: cada uno contaba lo que quería y punto. No estábamos haciendo nada “serio” y prestarnos los personajes o tomar personajes de otros era, simplemente, una forma de homenajear-agradecer a los lectores. Así lo interpretábamos todos y ese era el sentido de que los incluyéramos en nuestros relatos.

Pero a medida que avanzábamos en estas lides, se me fue pasando por la cabeza la idea de que podíamos ir combinando las cosas que narrábamos unos y narrábamos otros e irle dando mayor “consistencia” a lo que contábamos. Creando una historia que, de verdad, tuviera profundidad. Por eso, cuando uno de ellos, un buen amigo y comentarista esporádico del blog, incluyó a Rido en una historia que estaba ambientada bastantes años antes de donde comenzaba mi historia, saltó la chispa y en los capítulos 13-15 de Memorias comenzábamos a darle forma conjunta por primera vez al Universo FFF.

Desde entonces las cosas fueron rodadas, que se suele decir. Nuestras historias comenzaron a entrelazarse (normalmente llevaba yo la iniciativa, más que nada porque era el más prolífico de todos) y la cosa fue cogiendo la consistencia y la coherencia que pretendíamos. Y creamos grandes relatos entre todos, aunque a veces no salieran a la luz más que versiones parciales de la historia.

Así, lo que cuentan unos es inspirador para otros, les da una base para partir de ella… o un punto de llegada. Facilita las cosas (aunque también las complica en otro sentido).

Ese espíritu colectivo fue el mismo que puso en marcha la FFF – porque, por paradójico que suene, el Universo FFF (no el nombre, claro) es anterior a la FFF propiamente dicha – y el mismo que sigue moviendo Akano, que es el último producto de todo este conjunto de historias.

No es una novedad. No sé si en el mundo de los fics sí, pero esto ya lo encontramos en los cómics (hablamos de Universo Marvel, Universo DC…) y en los libros (Reinos Olvidados, Dragonlance, Universo Expandido de Star Wars…)  desde hace tiempo. Así que tampoco es para echarse demasiadas flores.

Presentado el Universo, uno se preguntará qué es lo que os quería ilustrar con el post anterior. Bien, como le ocurrió a Lewis con su “Animalandia”, a medida que me fui adentrando en la factura de las tramas me fue inquietando más y más el crear “trasfondos históricos”, perfilando las instituciones y separarme, cada vez más, de lo que Tite había ido enseñándonos en su manga (muy de capa caída).

Hace un tiempo os hablé de la importancia del trasfondo. Creo que es de lo que más orgulloso me siento como escritor: el Universo FFF. Desde ahí he podido centrarme mucho más en la creación de tramas que resultaran no completos petardos imaginarios, sino que todo tuviera una verdadera coherencia, de principio a fin. Pero además de por eso, porque no ha sido un trabajo mío sólo, sino de mucha gente, por mucho que yo sea el abanderado.

En fin, os he soltado un rollo como un mundo sólo para adularme. Pero como diría Manuls, es mi blog y me lo follo cuando quiero.

mayo 29th, 2010

Frustración

Quería escribir un post. La idea estaba clara “Narrativa bíblica y televisión actual” y se trataba de poner de relieve cómo muchas series de televisión están comenzando a introducir en sus estructuras narrativas muchos recursos literarios que son propios más de la cultura semita (no sólo judía, semita) y que, mayormente, llegaron a nosotros a través de la Biblia, que de la occidental (de origen grecolatino, en general). Una premisa, creo, bastante interesante, por lo menos desde mi punto de vista.

¿El detonante? Ver el último capítulo de Lost y, en este último mes, ver Battlestar Galactica toda de corrido, las que podríamos considerar las grandes epopeyas de la TV de esta década (al menos de esta década), y descubrir en ellas (nunca explícitamente, pero sí de alguna forma presentes) numerosas referencias no sólo ya a contenidos [BSG puede verse como un maravilloso tratado de escatología] sino a formas narrativas propias de la Biblia. Un ejemplo podría ser, perfectamente, el final de Lost y su paralelismo con el principio, o la propia Sexta Temporada en sí, donde se usan muchas estructuras literarias que, en general, son ajenas a la cultura occidental (y, quizás por eso, parecen tan chocantes e innovadoras).

Quizás es ver fantasmas donde no los hay. Quizás no son más que pajas mentales. A lo mejor no es más que “deformación profesional”, pero el hecho de que esas estructuras estén refrendadas también en el contenido no deja de ser sospechoso.

¿Os habéis dado cuenta de que los personajes “principales” de Lost (los que tienen alguna clase de conocimiento de lo que está pasando) tienen nombres bíblicos en su mayoría: Jacob (Jack, James [que es el mismo nombre]), John, Benjamin, David, Daniel, Eloise (Elizabeth – Isabel), Christian, Samuel (parece ser que así se llamaba el MiB)? Nos faltarían Hugo y Richard (dos nombres germánicos) para “cerrar el círculo”. Vale, que ese tipo de nombres bíblicos son muy comunes (quizás los que más), pero después de tanto Lost sabemos que todo parece un triple significado oculto. Lo mismo ocurre con arcos narrativos enteros de Galactica y con simbolismos que parecen más bien sacados de las culturas del entorno bíblico mucho más que a la Grecia a la que insistentemente se hace referencia explícita.

Así puestas las cosas, ayer, todo pancho, mientras escuchaba el Podcast de Zona Fandom sobre el Final de Lost me disponía yo a escribir sobre esto. Tenía todas las ideas pensadas, abrí el Word (a la hora de escribir cosas más o menos largas lo uso, sobre todo desde que me se jodió el teclado y tengo que usar “Reemplazar” de forma habitual) y comencé.

¿Por qué no lo ves publicado, entonces? Pues porque a pesar de tenerlo todo pensado, a pesar de tener las ideas claras en mi cabeza, a la hora de plasmarlo en el “papel” me quedaba un rollo infumable que no merecía la pena publicar y que, para explicarlo bien, iba a necesitar mucho más que un post largo (un post largo de los míos, para más INRI).

Y ahora estoy frustrado. Me provoca frustración no ser capaz de plasmar mis ideas de una forma inteligible, llevadera y sencilla. Odio los rollos y, peor aún, me asusta la posibilidad de convertirme en uno. Quizás por eso dejé a un lado (inconscientemente) la memoria cuando me di cuenta de que estaba escribiendo un perfecto ladrillo. Eso y la vagancia. Así que nada. Si luego, con tiempo, me da por hacerlo otra vez… lo intentaré, como si tengo que escribir una serie de posts… Pero ya sabéis que yo no me llevo bien con las series de posts: tengo dos perdidas aún en el primer episodio (1 y 2)

marzo 18th, 2010

Miedo escénico

Hoy he vuelto a Pontevedra unos días antes de lo habitual aprovechando un puente de San José que yo hubiera preferido pasar, al menos hoy y mañana a mediodía, en Coruña, para estar con mi padre el Día del Idem. Pero mañana por la mañana tengo que estar con mis chavales en la parroquia (sic) así que no hay opción de ese plan. No pasa nada, tampoco me importa estar en Pontevedra, por supuesto.

Y como premio por venir para casa, me traigo una buena ración de cosas en las que pensar. Entre ellas están, por su puesto, las dos últimas ralladas que os he regalado en el blog (1 y 2) y alguna cosa más que por precaución no pongo aquí. Y, por supuesto también, tengo la mente puesta ya en lo del jueves (para lo que os reitero a todos mi invitación. Lo cierto es que todas estas cosas que tengo en la mente suponen, a su vez una serie de conversaciones de bastante calado que tengo pendientes. Algunas de ellas desde hace demasiado tiempo, años incluso. Y estoy decidido a tenerlas, lo juro.

Me digo: “Venga, Ricardito” (sic, cuando me hablo a mi mismo me hablo en diminutivo), “no puede pasar de hoy”. Y teléfono en mano…

No sé cómo definir la sensación. Es como un nudo en la garganta, un tapón en el estómago, una losa que aplasta el pecho, un rubor en las mejillas… o algo más escatológico, a veces. El caso es que ya no es la primera vez que comento lo mucho que mi timidez me condiciona para mantener según qué conversaciones. Y alguna de estas conversaciones son de esas.

Y, la verdad, no sé que hacer. Por una parte quiero coger el toro por los cuernos, tratar de solucionar un problema que lleva demasiado tiempo enquistado. Quiero poner de una vez por todas toda la carne en el asador y acabar, en la medida de mis posibilidades, con una situación incómoda que viene produciéndose por un periodo demasiado largo. Y sé que es lo que debería hacer. Por otra parte… soy torpe. Y tengo miedo a joderla aún más (si es que eso es posible).

En fin. Todos sabemos que hay un arma infalible en estos casos… Pero como que no es muy apropiado ni recomendable usarla, ¿verdad?

A ver qué hago…