Se acerca el final de curso: el jueves es el día que la agenda marca como último día lectivo de este curso 2005-06 en el I.T.C. y el viernes comienzan las 2 semanas y media de exámenes con el de Metafísica, esa asignatura tan bonita y tan agradable. Es un buen momento para ¿estudiar? Sí, pero también para echar la vista atrás y hacer balance de un año muy especial.
Especial porque fue el primer año para muchas cosas: el primer año fuera, el primer año en el Seminario, el primer año en una carrera de letras, el primer año lejos de los amigos, lejos de la parroquia… el primer año, en definitiva de una nueva vida. Eso quiere decir que los cambios no han sido pocos.
Empecemos por el principio: es mi primer año fuera de casa. Antes, cuando estudiaba Teleco, todos los días me acostaba en la misma cama en la que me había acostado desde hacía 7 años, todos los días aguantaba los ronquidos de mi hermano en la cama de arriba, todos los días hacía la misma rutina que toda la vida había hecho antes de meterme en cama, todos los días estaba, para bien o para mal, con mi madre…
Es cierto que vivir en el Seminario no es llevar una vida de estudiante como se entiende habitualmente y que, para muchas cosas, es como vivir en casa. Pero no es lo mismo. Ya no es sólo no tener a la familia cerca, sobre todo a mamá, para ayudarte o para estar encima cuando es necesario, sino que, sobre todo, se nota en pequeños detalles. Por ejemplo: es el primer año que no comparto habitación con mi hermano. Es cierto que la habitación no es muy grande (sobre todo comparado con la enorme habitación que tengo en casa) pero el hecho de pasar de compartir habitación a no hacerlo es un cambio muy grande.
Más cambios: la forma de vida, el modo de vida o como le queráis llamar. La vida del sacerdote, pese a lo que se pueda pensar, no es una vida fácil. Y para eso te tienes que preparar en el Seminario: adquirir ciertos hábitos como el de la oración o perder otros como el de dormir mucho u otros de otra índole… (el que tenga oídos para oir que oiga). A eso le sumamos que la vida en una comunidad (y más en una comunidad cerrada como esta) también tiene sus vicisitudes y el resultado hace que la vida en el seminario sea una vida exigente.
Siempre he sido un alumno de ciencias, siempre creí que mi futuro estaba por ahí. Es cierto que las letras siempre se me dieron bien pero si llego a pensar hace unos años (lo comentaba en Semana Santa cuando subí al colegio con mi profesor de Mates) que acabaría haciendo una carrera de letras no me lo creería.
Y los Estudios Eclesiásticos son una carrera que es ciertamente exigente, pese a lo que pueda parecer. Lo digo porque muchos creen que siendo pocos ya nos aprueban a todos y eso realmente no es así. A mí se me sumó el handicap del cambio radical del estilo de las materias. Es verdad, que comparado con la exigencia de Teleco, esta es un chollo en cuanto al trabajo que se le dedica: no hay proyectos de PEM, ni de IS-I y esas cosas… pero le llega bastante. A eso hay que añadirle que, para nosotros, no sólo están los estudios, también están las obligaciones pastorales, comunitarias… que comen muchísimo tiempo de estudio si realmente quieres aprender.
Porque lo que hay que tener clara es una cosa: el que hoy es seminarista mañana será un sacerdote, que estará al frente de una varias comunidades parroquiales. Y, sobre todo en la sociedad y en la cultura actuales, eso supone una gran responsabilidad. Por una parte, vivimos en una sociedad y una cultura que no es la misma que hace cincuenta años, la gente ya no es mayoritariamente cristiana, católica. Por otra, el nivel cultural medio tampoco es el mismo (pese a las desgracias que están consiguiendo las últimas leyes educativas) que hace cincuenta años. Eso hace que sea de vital importancia que el sacerdote, que es, junto con todos los bautizados pero especialmente él en virtud de su consagración a través del sacramento del orden, el primer encargado de anunciar el Evangelio, sea una persona formada. Porque ya no nos podemos quedar sólo en devociones populares, meditaciones pías y funerales… la gente necesita argumentos, el sacerdote debe dar a conocer a Cristo a tanta gente que no lo conoce y purificar la fe de muchos que se han quedado con lo de antes. Ahora no se trata de seguir con este tema pero prometo escribir un post sobre él cuando tenga un poco de tiempo.
Retomemos este balance del curso. Es el primer año, lejos de Pontevedra. Con todas sus consecuencias. Los amigos están lejos, la parroquia está lejos… Son cambios muy radicales y cosas que hecho muy de menos. Echo de menos, por ejemplo, las sesiones de cañas de los viernes por la noche, o el salir sábado tras sábado a romper, o el forzar hasta el máximo el viernes por la tarde trabajando en alguno de los diversos proyectos para luego ir al ensayo y a la reunión de catequistas, o el ir a ensayar los sábados por la tarde. Pero todo al fin y al cabo tiene que acabar alguna vez.
Por último, y no ha sido menos duro o menos cambio o menos nada, aunque haya tratado de no pensar mucho en ello, es el primer año sin Alba. También la distancia propició que a lo mejor no se pensara mucho en ello (por mi parte al menos) pero no es fácil pasar de una relación de dos años y medio a la nada y no podía dejar de mencionarlo en este repaso “introductorio” (entrecomillo porque menudo rollo que va ya) al balance del año.
Pero pese a la dureza de todos los cambios, a la cantidad de cosas que echo de menos de años anteriores, he de decir que este año ha sido muy bonito. He vivido experiencias muy bonitas de encuentro no sólo con la mucha gente que he conocido sino también, y muy especialmente, con Cristo. Y eso no lo cambio por nada en el mundo.
A pesar de lo que pueda parecer, el año que más cambios han sucedido en mi vida ha sido el año que mejor me he encontrado emocionalmente. Curiosamente, los años anteriores, en los que la estabilidad (incluso en el asunto de las asignaturas, siempre las mismas xD) era la nota dominante, fueron años que, a pesar de haber sido de los mejores de mi vida, fueron años de mucho altibajo emocional y mucha ralladura mental (si no, preguntádselo a mi amigo Buyi o revisad los archivos de este blog) por momentos.
Todo me va saliendo bien. Me he hecho un hueco aquí, el Seminario es mi casa ya y el resto de compañeros como mi familia. Es cierto que hay roces y con unos te llevas mejor con otros peor, pero que eso pasa en todos lados es cierto también (aunque esto no puede ni quiere ni debe ser una excusa para el hecho de que existan roces). Hasta en lo académico, a falta de la sentencia final de Junio, todo ha ido bien, o mejor, en claro contraste con los años en Vigo ^^.
También han cambiado algunos puntos de vista que tenía sobre asuntos como la Iglesia. Alguno puede decir que me han comido el coco o que me han lavado el cerebero pero no es así, aquí nadie me dice qué tengo o qué no tengo que pensar. Y si lo hicieran sabéis que a mí eso de pensar o decir cosas para “quedar bien” no me va.
Bueno, y muchas cosas más que habría que decir, pero creo que ya he hablado suficiente por hoy. De hecho ni siquiera creo que hayáis llegado hasta aquí ^^.