Iglesia 2.0 (I): El blogger católico

Hace unos días, o quizás semanas, desde que comencé a leer los comentarios acerca de la recientemente celebrada PEJ, que me vengo planteando la misma “duda” acerca de este blog y de su utilidad. Llamémoslo así utilidad, aunque no sea el concepto que más me satisfaga para describir lo que me está pasando por la cabeza.

Sabéis, porque no lo escondo, que soy seminarista en la Archidiócesis de Santiago de Compostela. Católico, por tanto, se sobreentiende. Y estoy convencido como la mayor parte de los que llegáis hasta aquí, seáis muchos, seáis pocos, de que las nuevas tecnologías nos ofrecen un rango de posibilidades de comunicación que no teníamos antes: portales de información, blogs, redes sociales… también para la Iglesia.

Y me pregunto: ¿yo no debería evangelizar más activamente en la red? Hay muchos blogs dedicados ya a ello, pero ¿y yo? ¿No podría darle un giro más “confesional” a Caldeirada de  Marisco? Al fin y al cabo, es el blog personal de un seminarista, ¿verdad? Se supone que aquí cuento mi vida y se supone que una parte muy fundamental de mi vida se desarrolla dentro de lo que llamaríamos “esfera religiosa”, algo que, aunque muchos insistan en lo contrario, estoy convencido que es imposible reducirlo solo a lo privado.

Luego me digo. Bueno, tampoco es que tenga que andar contando todo siempre. Al fin y al cabo, cuando pasa algo grande e importante lo cuento: venirme al Seminario, la vida aquí, los distintos pasos que he ido dando, la PEJ… Y de vez en cuando comparto también mis ralladas. Así que, al final, también porque creo que la evangelización por cansancio no funciona sino todo lo contrario, declino mi idea diciendo: ya hay otros.

Otros, ya. Ahí es a donde quería llegar yo (aparte de confesaros mi duda). Cuando uno repasa el panorama de la blogosfera católica se encuentra que hay de todo, como en botica. Sin embargo, como ocurre también en la blogosfera general, existe un par de blogs de referencia, “gurúes”, si queréis llamarlos así, en torno a los cuales se ha creado una comunidad estable de comentaristas y bloggers.

Y lamentablemente, en una Iglesia en la que muchas veces por parte de determinados círculos (internos, me refiero) se pretende marcar una división entre carcas y progres, entre una verdadera iglesia y unos transgresores infieles (sea cuales sean), estas divisiones también llegan a la red. Y con el sensacionalismo que impera en nuestra sociedad y el afán del cotilleo, muchas veces se cae en un cotilleo eclesial que a veces llega a ser repugnante y en el que es muy fácil caer. Esos son nuestros blogs de referencia para los católicos españoles.

Por otra parte, yo soy de los que piensa que, cuando nos ponemos hablar de “nuestras cosas”, caemos en un cursilismo fácil, un monjillismo – en un sentido peyorativo del término (con todo mi respeto hacia las monjas y religiosas) – que convierte casi cualquier tema en un folletín de novela rosa dulzón que no resulta atrayente. Al menos a mí. Estamos acostumbrados a hablar para nosotros y, en general, aunque en nuestras ideas ya somos cada vez más conscientes de que, en general, la llamada pastoral de mantenimiento va siendo menos importante a favor de una nueva evangelización

Escasean, o al menos yo no conozco muchos, blogs de carácter confesional católico que sean realmente atractivos al público en general y, de ellos, me atrevo a pensar que casi ninguno resulta útil como plataforma de evangelización. Eso no quiere decir – a diferencia de los que muchos dentro del “gremio” puedan pensar – que debamos dejarlos de lado por ser “inútil”, sino que debemos  poner más esfuerzo en ello.

Porque este es el lenguaje de los nuevos tiempos. Y si Pablo, en Atenas (y en todo el transcurso de su misión) se esforzó en inculturar el evangelio para que los griegos pudieran entenderlo. Y si tantos otros, a lo largo de los siglos se esforzaron por hacer lo mismo. Si el mismo Cristo lo hizo… nosotros también deberíamos hacerlo.

Y entonces vuelve a surgir la duda. ¿Debería yo ponerme también a la tarea de esta evangelización 2.0 aquí también en Caldeirada de Marisco?

¡PEJegrinos!

Por si alguien no se ha enterado aún (que al parecer hay gente que no lo ha hecho), estamos inmersos de lleno en el Año Santo Compostelano. Sí, ese acontecimiento que cae siempre que el 23 de Julio es Viernes… o algo así, ¿no? O, lo que es lo mismo, el que tiene lugar siempre que el 25 de Julio, Festividad de Santiago Apóstol, Patrón de Galicia y Patrón de las Españas (así, en plural, que suena mucho más rimbombante) cuadra en Domingo. Y como todos los Años Jubilares que se convocan en la Iglesia tiene un propósito especial: ser un año de especial gracia y perdón.

Pero no vengo hoy a hablaros del Año Santo Compostelano ni de los Años Jubilares. Quien quiera saber más de ellos le basta con consultárselo al Señor Google o a la Señora Wikipedia. Seguro que encuentra muchísima información acerca de ello. No es que yo no quiera darla, es que si me pongo no acabamos nunca. Disculpen las molestias.

Retomamos pues… Estamos en Año Santo y, como viene siendo ya costumbre desde que en 1989 viniese aquí el Papa Juan Pablo II con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud y desde que en el Año Santo de 1999 se convocara el primero de estos eventos, este año también hubo Peregrinación y Encuentro de Jóvenes. A él estaban convocados todos los jóvenes católicos de España, bajo el lema “Como el Apóstol Santiago, amigos del Señor” y con este himno de abajo, obra de Toño Casado.

Desde que se nos hizo oficial que este año, pues tampoco estaba muy claro en un principio por lo que sé, también habría PEJ, enseguida supe, como muchos, que sería un acontecimiento inolvidable, una experiencia especial de gracia y de encuentro con Cristo. No sólo para mí. No sólo para nuestra Diócesis ni sólo para las otras 5 Diócesis de Galicia. Para todos los jóvenes que tuvieran la suerte de participar y de aquellos que pudieran recibir su testimonio. Y por eso un grupo enorme de gente se puso a currar desde el primer momento para que nuestra fragilidad humana no supusiera un obstáculo a la obra del Espíritu.

Yo también me embarqué, un poco de refilón, todo hay que decirlo, y me ocupé de la puesta en marcha de la página oficial. No es gran cosa, pero es un granito de arena del que me siento algo orgulloso. Aunque podría ser mejorable, es verdad, pero temos que arar cos bois que temos, que dicen los viejos del lugar. Pero de lo que me siento más honrado es de haber podido seguir de cerca a todo el equipo que estuvo detrás de todo y del que formaban parte muy buenos amigos y mejores personas aún.

Y aún así. Aún a pesar de ir viendo crecer la PEJ casi desde sus pañales, he de confesar que me cogió totalmente de sorpresa el rotundo éxito. 12000 jóvenes confesando su fe con fuerza, con ilusión, con alegría y sin ninguna clase de complejo, que últimamente a los católicos nos sobran por todos los costados. Estoy seguro de que no soy yo el único que tiene esta impresión. Los voluntarios, los participantes, los organizadores, los obispos… creo que todo el mundo ha salido con un recuerdo inolvidable de estos 4 días en Santiago (8 en el caso de la organización y los voluntarios, entre los que nos contábamos también los seminaristas de Santiago, Lugo y Mondoñedo-Ferrol) y, lo más importante, con la conciencia de que no ha sido una experiencia mera humana, sino que Cristo estaba en el centro, delante, detrás, encima, debajo y a los lados de todo lo que vivimos aquí.

Una carga de pilas bárbara, de la que ahora salimos todos eufóricos, pero que no debe quedarse aquí. Como suele insistir nuestro queridísimo D. Julián y como suele decirse siempre que se hace referencia al Camino, lo verdaderamente importante empieza ahora, cuando emprendemos el camino a nuestra casa, a nuestra vida y a la señora rutina. Es trabajo de todos: Cardenales, Obispos, sacerdotes, diáconos, seminaristas, religiosos, catequistas, animadores… de todos los jóvenes, el evitar que esto se convierta en sólo un subidón momentáneo y que los frutos que han surgido de la PEJ, que estoy seguro de que los ha habido, y a montones, no se queden en agua de borrajas.

Mitos y cultura popular

La modernidad – ya desde el positivismo, pero como fruto de un proceso que venía gestándose ya desde antes – ha consagrado la ciencia y “condenado” la verdad a equipararse, únicamente, a aquello que puede ser constatado empíricamente o, al menos, a aquello que no puede o no ha podido ser falsado. Con este concepto, que eleva la certeza científica al grado de verdad, el resto se ve reducido a simples opiniones, cuando no a “historietas”, de valor e importancia relativos.

Así, en este último grupo (el de las “historietas”) se ha encasillado todo tipo de relatos de los más diversos orígenes, englobados dentro de la categoría general de mitologías: griega, egipcia, nórdica, judeo-cristiana (sic.). Hoy, con el auge de la ciencia y la visión antes expuesta de la verdad (dos aspectos que suelen ir de la mano), el hombre (post-)moderno desprecia estos relatos como “cuentos chinos”, vestigios de la infancia de la humanidad, de lo que Comte dio en llamar “etapa teológica”, cuando la única salida del hombre era creer en (los) dios(es).

Sin embargo, perdemos de vista algo muy importante. No sólo no consideramos que la ciencia sólo nos explica el cómo son/funcionan las cosas, no su porqué (y, muchas veces, atribuimos al conocimiento científico un objeto que no le corresponde); sino que, además, no valoramos la posibilidad de que esos “cuentos chinos” sean tan verdaderos como la ciencia, aunque en un plano distinto.

Y es que los mitos (dejémonos ya de otros apelativos) tienen un importantísimo valor performativo y explicativo del mundo, no al nivel del mecanismo, sino del conjunto. Por eso, los mitos no son menos verdaderos que la ciencia, sino que incluso podríamos atrevernos a decir que lo son más, porque apelan a una verdad de rango “superior” a la certeza científica, una que es dadora de sentido. Una dimensión, la holística y teleológica, que, de perderla de vista, convierte la información en cultura y la cultura en mera información.

Muchas veces estas historias tenían una función etiológica: explicaban el origen de un determinado lugar (santuario, ciudad…) o costumbre (como, por ejemplo la circuncisión judía ) o circunstancia (la Torre de Babel, por ejemplo). El libro del Génesis o del Éxodo son riquísimos en este tipo de relatos, pero también tenemos, por ejemplo, la leyenda de la Torre de Hércules en Coruña. Por no irnos muy lejos.

Otras buscan reflejar enseñanzas morales o religiosas. Así, por ejemplo, la Odisea homérica no es sólo un fantástico relato de aventuras, sino que es una historia de cómo la audacia vence a la fuerza bruta, de cómo el destino en manos de unos dioses caprichosos y arbitrarios es una concepción cruel y de cómo puede vencerse ese destino con voluntad, paciencia y esperanza. Así, por ejemplo, el libro bíblico de Job no es un cuento de lo caprichoso que es Dios que castiga y juega con nosotros, sino que era un relato que pretendía (y lograba) poner en entredicho una concepción teológica clásica en el judaísmo como era la de la retribución material y terrena por parte de Dios.

Otros combinan ambas dimensiones.

Rescatado (creo) el valor del mito, quizás sea conveniente aclarar qué es lo que estoy entendiendo yo como tal a la hora de hacer estas afirmaciones. Los mitos serían relatos, con base histórica o no, más lejana o más cercana, en los que se plantean situaciones excepcionales, sobrehumanas, mediante las que se pretende proponer una enseñanza vital. Por eso, en este grupo habría que incluir no sólo los clásicos mitos griegos, nórdicos, celtas… con sus dioses, semidioses, héroes y caudillos de todo tipo, sino también otros a priori más “terrenos”: algunos relatos bíblicos, leyendas, relatos ejemplares… Incluso las vidas de santos entrarían, en determinadas épocas, en este tipo de relatos: San Jorge y el dragón, las actas martiriales…

Quizás el hecho de que usen las aparentemente accesibles formas literarias, muchas veces fantásticas, además, en lugar de enrevesadas fórmulas matemáticas los haga menos creíbles. Digo “aparentemente” porque en numerosas ocasiones se apela a simbolismos sólo aptos para iniciados (mitos órficos, mitraicos y de las religiones mistéricas en general, pero también la literatura judeocristiana de la época de la apocalíptica o el gnosticismo). Pero en una cultura eminentemente ágrafa, la narrativa, la épica, con sus formas muchas veces preestablecidas, se convertían en un vehículo de comunicación fácil de transmitir y de recordar, sobre todo en culturas (como las orientales/semitas) que hablaban más por imágenes que por ideas.

Antes me quedé, en mi enumeración, en las vidas de santos, sobre todo las redactadas en la Edad Media, en las que muchas veces se exaltaban y se exageraban los hechos de la vida del personaje en cuestión para cargarlos de significado y de simbolismo, para que resultaran en verdaderas enseñanzas. Pero la producción “mítica” ha seguido adelante, en los cuentos, en las novelas… manteniendo unas estructuras muy similares a lo largo de los tiempos.

Hoy por hoy, la cultura audiovisual, cultura que, además, es de masas, se ha convertido en el perfecto vehículo para la transmisión de estos mitos. Así, tenemos grandes epopeyas en las que reencontrarnos con esta dimensión tan importante a la hora del crecimiento. En los últimos años de una forma especial, los guionistas de cine y TV, de comics, escritores… la han ido rescatando de la cárcel en la que la habían encerrado años de cientificismo.

Así, de una forma más o menos explícita, encontramos cada vez más contenidos de carácter ético o religioso que subyacen en las historias de la cultura popular, reconocibles por todos, que pasan a ser del imaginario popular. Así, por ejemplo, la historia de Neo (que al final muere “crucificado”) en Matrix o de Superman (que muere y resucita, sepulcro vacío incluido) beben de la tradición mesiánica (judeo)cristiana. Así por ejemplo, Spiderman nos recuerda una y otra vez que nosotros, seres normales y corrientes, tenemos responsabilidades para con los demás, y cuantas más oportunidades, más responsabilidades (que eso es lo que nos quiere decir cuando nos repite la frase del tío Ben). Así, los guionistas de Batman (la época posterior a Frank Miller es especialmente prolífica en este sentido), nos enseñan los peligros de la justicia ciega o el famoso código del superhéroe (ese que dice que un superhéroe nunca debe matar) nos recuerda que el fin no justifica los medios. Y ya me he referido al Lost y a Battlestar Galactica cuando me quejaba de que no me salía un post muy parecido a este.

Podríamos seguir, pero es más divertido buscarlos.

¿Y tú, qué opinas?

Señor Lisensiado

En este caso sería, señor Bachiller, pero bueno, me permitís la licencia (en los dos sentidos). De todas formas, todavía es un poco pronto para decirlo, falta el Examen de Grado, pero es que ayer tuvimos el acto de graduación en el ITC en el que, para más INRI, me tocó intervenir como delegado y representante de los alumnos que terminamos este año 5º (¡5º, ya!).

Comentándolo, el sábado, Manuls me retó a que no era capaz de meter en el medio del discursito una referencia lostie. Bueno, para que se vea que no me arredro ante nada, copio aquí el borrador (ya sabéis, estas cosas al final uno siempre termina modificándolas ligeramente sobre la marcha) de mi intervención.

Estimados Sres. Director y Vicedirector, Sres. Secretarios del ITC y del Instituto de CC. RR., padrino, profesores, alumnos, amigos… mamá…

Hace cinco años ya que entramos por primera vez en este centro. Posiblemente más de uno al vernos cómo llegamos no tenía muchas esperanzas con nosotros. Yo mismo, mirando ahora a las primeras filas donde están sentados mis compañeros y mirándome a mí mismo me hago la misma afirmación: “Los milagros existen”. Porque ahora nos ven todos serios y formales (o casi), pero…

En fin, este contraste no es otra cosa que el resultado del gran esfuerzo y de la dedicación de muchos: profesores, compañeros, amigos, familiares… mamá… que nos han ido aguantando día tras día, semana tras semana, mes tras mes, año tras año y así hasta hoy. Por ello, por toda esta dedicación, por todo este esfuerzo volcado en nosotros ni merecido ni, muchas veces, demasiadas veces, reconocido ni suficientemente recompensado sólo se me ocurre una respuesta: GRACIAS.

En cualquier caso, uno no siempre consigue lo que quiere, que dirían Mick Jagger y el Doctor House. Y aunque nos hubiera gustado que esto fuera un camino de rosas, al final, como diría un amigo mío, “a vida é coma o toxo: flores e espiñas”. Gracias a Dios, fueron más las primeras que las últimas, aunque no puedo dejar de recordar que nosotros fuimos esa primera generación que tuvo el privilegio (entre otras cosas) de conocer a Hegel y a Schopenhauer antes que a Platón y Aristóteles…

Quizás esta circunstancia curiosa nos deba hacer más conscientes de la labor apostólica que tenemos por delante. Todo lo que hemos vivido aquí no es únicamente para nosotros, es algo que debemos transmitir a los demás. Tenemos que buscar gente que tome el testigo. Como dice muchas veces nuestro Arzobispo en las ordenaciones: tenemos que llenar el hueco que dejamos con al menos uno más.

Termino ya reiterando las más profundas GRACIAS de todo corazón, porque las merecéis, porque sin vosotros no podríamos haber llegado nunca hasta aquí. Porque solos no podemos. Si me permitís la imagen y la nueva referencia seriéfila, teníamos dos opciones: o vivir juntos o morir solos. Salvemos las distancias, en cualquier caso, que llegar hasta aquí tampoco es que haya sido una cuestión de vida o muerte. Aunque creo que la idea se entiende.

GRACIAS a vosotros hemos podido ir adentrándonos en el misterio de quien realmente es el artífice de todo esto, de Dios, Nuestro Señor. Porque sin Él no podemos hacer nada. Le hemos conocido un poquito mejor y hemos aprendido a disfrutar con Él y de Él. ¿Hay un motivo más importante para estar agradecidos?

Por eso, una última vez más, y a riesgo de sonar repetitivo: GRACIAS, GRACIAS y más GRACIAS.

La Iglesia y los abusos

Son lamentables, y la Iglesia, por lo que representa, debería invertir todos sus esfuerzos y más aún si es posible en investigar, castigar y remediar todo el daño que ha hecho en este sentido. Colaboración con las autoridades judiciales en lo tocante a los procesos ya iniciados es lo menos que se le puede pedir, así como la apertura de los procesos canónicos correspondientes. Y en ese sentido, la Iglesia parece que se ha puesto las pilas con gran diligencia: en Estados Unidos, en Irlanda, en Alemania… en demasiados sitios.

Benedicto XVI, personalmente en más de una ocasión, a través de sus asesores en otras, ha querido pronunciarse firmemente en este sentido y dejar atrás esa apariencia, práctica habitual en muchos lugares, del silencio y el encubrimiento. Tenemos el caso del P. Maciel, fundador de los Legionarios (que podemos coincidir o no coincidir con ellos, pero el pecado del fundador no es el pecado de toda la institución, hay que tener cuidado al hablar de esto), de los irlandeses, donde ya han comenzado a rodar cabezas, de EEUU y de Alemania.

Puede que a muchos la actuación, incluso la carta pastoral del Papa que hoy se ha hecho pública y que podéis leer aquí, le siga pareciendo pobre. Probablemente a muchos les gustaría rehabilitar las hogueras para castigar este tipo de pecados. Bien. Tampoco es para tanto (para encender piras, entiéndase, que hoy en día todo se malinterpreta). Aquí es donde quería yo

Hay que entender las cosas como son. En lo que se refiere a los abusos sexuales a menores, hay que ser lo más equilibrados posibles: ni todos los curas son pederastas, ni todos los pederastas son curas. Es cierto que pudiera entenderse que la responsabilidad como pastor de un sacerdote hace que su pecado, su delito, sea subjetivamente más grave, porque a él se le ha encomendado la cura de almas, con todos los ingredientes morales que eso supone. Pero igualmente graves, en este sentido subjetivo, son los abusos que puedan proceder de profesores o de los propios padres. A ellos también se les ha confiado la educación integral de la infancia.

Entiendo que algunos medios estén entusiasmados con estas noticias o con lamentables casos como el de Samuel, el cura de Toledo. Le sirven de carnaza en una cruzada anticlerical que les pone, en todos los sentidos de la palabra. Basta ver algún informativo o leer algún periódico para ver cómo se regodean en este tipo de informaciones. Creo que esto nadie me lo negará.

Pero ese no es el caso. Da igual lo que digan los medios o qué medios sean los que digan qué cosas. Los casos son ciertos y ponen en cuestión la misión sagrada que tiene la Iglesia desde su misma raíz. A todos nos duele, nos llena de “vergüenza” y de “remordimiento”, dos palabras que recorren transversalmente toda la carta, a todos los católicos. Sobre todo a los que hemos decidido entregar nuestra vida a la Iglesia como sacerdotes o religiosos.

El Camino de la Vida

Ayer por la tarde-noche, mientras media España se preparaba para ver el partido del Barça, los seminaristas nos fuimos a la presentación del mediometraje El camino de la vida, escrito y dirigido por Breogán Riveiro y protagonizada por Manuel Lozano (a quien muchos conoceréis como el niño de A lingua das Bolboretas) y en el que tuve el honor de participar.

No, tranquilos, no salgo en la peli, os lo hubiera dicho :) No, aunque la intención original de mi Rector era esa. Menos mal que la productora tuvo buen ojo y prefirió a un actor profesional (o semi-profesional, ahí sí que ya no podría mojarme) para realizar el papel de seminarista para el que fui “candidato”. Acertaron, creo yo. Pero aún así quisieron contar conmigo para echar una mano durante el rodaje (¡Y hasta aparezco en los créditos! [Autoestima +++])

El filme de 46′ lo ha producido Formato Producciones y está promovido, impulsado, “engendrado”, o como le queráis llamar, por la Asociación Social y Cultural Porta do Camiño y por las Delegaciones de Pastoral Vocacional de Galicia. No en vano, el filme se estrenó ayer, 17 de Marzo, día de San Patricio, patrón de los cerveceros… digo… en vísperas del Día del Seminario, que se celebra mañana. ¿Por qué? Porque la película no es sólo una película sobre el Camino de Santiago, es una película sobre el el Camino de la vida.

En otras palabras: es una película con gran contenido vocacional que gira en torno al eje del Camino de Santiago, que son o dos temas que, aunque alguno pueda pensar que no, están estrechamente relacionados. Y no es una peli vocacional “ñoña”, como puede haber muchas, sino que está muy bien trabajada. Personalmente, desde esta pequeña ventana submarina, quiero felicitar a todo el equipo técnico y artístico que trabajó en la película y darles las gracias por la enorme experiencia que pude vivir con ellos.

En primer lugar, quiero agradecer y felicitar a Breogán Riveiro, el escritor y director, que en su guión ha sabido reflejar y expresar con gran realismo y acierto cómo es un proceso de discernimiento vocacional. Y sin caer en tópicos. Personalmente, yo me vi muy reflejado en el guión ya cuando lo leí. Y como yo, por lo que comentamos ayer durante la cena, más de un compañero. Porque, en general, un proceso vocacional es muy así.

En segundo lugar, aunque no por ello menos importante, a los actores. Encajan todos muy bien dentro del papel. Manuel Lozano da vida a un universitario, Germán, en búsqueda que resulta más que creíble y con el que yo, como ya he dicho, me he sentido bastante identificado. Porque sabéis que mi proceso vocacional fue muy así. Pero si tengo que quedarme con alguien me quedaría, en primer lugar, con Xosé Arca, que es capaz de interpretar a un personaje tan “peliagudo” como es un sacerdote en silla de ruedas con una enorme naturalidad y sin caer en una dulzonería que casi se le presupondría.

Y también me quedaría con Alberte Viveiro, que se enfrenta al duro trago de dar vida a Pedro, un chaval que tiene que aceptar que su novia, Gloria, ingresa en un convento de clausura. Los que sabéis un poco de mi vida sabéis lo… difícil que debe ser eso. Bueno, al final me quedaría con más o menos todos.

Y también quiero dar mi enhorabuena al equipo técnico en general. Porque tanto la imagen como el sonido están muy bien cuidados. La banda sonora es impresionante, en serio.

En fin, que esto puede sonar a publicidad barata… pero en este sentido no me importa lo que pueda parecer. Es muy recomendable verla. Una vez más, lo digo de corazón, ENHORABUENA a todo el equipo. Y creedme, seáis creyentes o no, merece la pena.

4 a 1 a que el Papa dimite

Esta mañana, mientras revisaba el Google Reader, en uno de los blogs católicos que sigo, en concreto el de Jesús Bastante, encontré una noticia de lo más curioso. “Ya hay apuestas por la dimisión del Papa“, rezaba el título. No me negaréis que el titular es sugerente… Así que le dí al botón de leer más, a ver qué era eso.
Al parecer, la casa de apuestas on-line más famosa del mundo – no la del kuuu-kuku-kuku, sino Paddy Power (un nombre más que apropiado para hoy, por otra parte) – está promoviendo una apuesta sobre si el Papa dimitirá o no y otra más acerca de quién será su sucesor. ¿El motivo? Los lamentables y cada vez más frecuentes escándalos sexuales relacionados con la pederastia, precisamente el tema del post que tanto me está costando perfilar.

Más allá del escándalo, del que tarde o temprano terminaré hablando, como ya he dicho, me llama la atención el hecho de que se plantee esta posibilidad en estas circunstancias. No creo que el Papa vaya a dimitir por culpa de estos escándalos, eso entraría dentro de lo normal si entendiéramos la Iglesia como una sociedad meramente humana (y aún así) pero la Iglesia no es una sociedad meramente humana. Sin contar con que el Papa no tiene culpa, pero esto ya es otra materia.

Pero por otra parte, la posibilidad de la dimisión del Papa es algo que ronda en la cabeza de muchos, dentro y fuera de la Iglesia. Es lógico, es una persona mayor y sorprende que alguien que supera las ocho décadas cargue sobre sí una responsabilidad como la que se le supone al Romano Pontífice. Es algo que ya ocurrió en tiempos de Juan Pablo II, sobre todo teniendo en cuenta su enfermedad. Muchos medios, equivocadamente, lo dieron incluso por hecho.

Personalmente, aunque algún caso ha habido a lo largo de la historia (quizás el más famoso y claro sea el de Celestino V), algunos de ellos no muy claros, y está previsto en el Código de Derecho Canónico (c. 331, 2) y teniendo en cuenta todo el poder que se le reconoce a la figura del Romano Pontífice, especialmente desde la Pastor Aeternus y la definición del primado, creo que la Iglesia no “soportaría” la figura de un Papa emérito.

La gran duda existencial que me corroe

Comencé este curso con un gran proyecto en mente: la memoria de Bachiller. Alguno dirá, ¿qué es eso? En mi carrera, en Estudios Eclesiásticos, al final de los cinco años debemos pasar un examen complexivo de más o menos todas las materias. Básicamente, como el examen de licenciatura de tantas y tantas carreras. Es lo que nosotros conocemos como examen de Bachiller. Ese examen (la materia más o menos ronda el medio millar de folios, tampoco es algo excesivo) puede sustituirse por un trabajo que, desde un tema general, aborde todas las materias/ramas de los estudios teológicos: biblia, trinidad, eclesiología, cristología, moral, liturgia, sacramentología, escatología…

Es posible pensar, a simple vista, que el trabajo será más sencillo. Mentira. Mentira cochina. Supone mucho más trabajo. Muchísimo más trabajo. Pero también es un reto: un trabajo de “investigación” serio que obliga a meterse a fondo en muchas materias y que implica poner en juego todas las capacidades de uno. Y yo acepté ese reto. He de decir que contra el consejo de algunos profesores que me dijeron: “Pero si tú el examen lo sacas como nada, ¿para qué complicarse?”. Ya hace un tiempo me había decidido, y el año pasado comencé los trámites para hacerlo.

Estaba todo previsto. Director, tema, material de trabajo, esquema de la memoria, organización del tiempo… Todo listo para ponerse a trabajar. Todo previsto. Lo que no estaba previsto es mi incapacidad para no cargarme de cosas que me quitan el tiempo cuando debería estar haciendo otras más importantes (a.k.a. procastinar). Y primero fue la web de la PEJ y luego me comprometí con la del Seminario y que si los trabajos de clase, que si Akano y el blog (cuando los resucité) y todo el “trabajo” que ello conlleva… y mi conocida, aquejada y denostada tendencia a la horizontalidad.

Conclusión: Es marzo. Me quedan dos meses para redactar una memoria de unos 100 folios que merezca la pena, añadiéndole a eso el trabajo propio de las clases, más la pastoral, más que yo sé que no voy a ser capaz de dejar Akano, más (por muy pedante que suene) la exigencia debida a mis capacidades… Y no sé qué hacer. No sé qué hacer, en serio.

Alguno me ha recomendado dejarla. Sería lo más lógico. El examen lo puedo sacar fácilmente con poco que me ponga a estudiar en serio enseguida soluciono la papeleta. Sin embargo mi orgullo y el poco sentido de la responsabilidad que me queda me impiden hacerlo así. Por eso tardo en tomar la decisión y mientras no tomo la decisión no termino de hacer nada y al final todo se vuelve más y más y más acuciante…

Y siguen lloviendo encargos y sigo invirtiendo el tiempo en otras historias y no sé qué hacer…

Por lo de pronto me he puesto un plazo: 11 de Abril, el segundo domingo de Pascua y final de las vacaciones. Si hasta entonces soy capaz de pegarle un empujón, bendito sea Dios, iré hasta el final. Pero si no… tendré que aceptar la realidad, aceptar el fracaso y…

Y ahora todo esto tengo que explicárselo al director de mi memoria. Eso es lo más difícil.

El Papa en Santiago

Creo que la imagen con la que encabezo la noticia es lo suficientemente negativa. Hoy a las 10:30h de la mañana D. Julián, nuestro Arzobispo, confirmaba la noticia que muchos estábamos esperando desde hacía unos meses, el próximo otoño Benedicto XVI visitará nuestra diócesis con motivo del Año Santo. También estará en Barcelona para la consagración (al fin) de la Sagrada Familia.

Ahora es cuando muchos tratarán de colgarse medallas, pero no perdamos de vista una cosa: esto no es una visita de promoción turística. Eso sólo es un “accidente”. El verdadero artífice de esto es D. Julián, al que hemos de darle la enhorabuena por este logro y las gracias por el trabajo realizado.

Ahora es el momento de comenzar a rezar por el fruto de esta visita.

Más información en Pastoral Santiago.

Invitación

El próximo Jueves 25 de Marzo, si Dios quiere y el resto del mundo acompaña, seré instituido lector.

Así para andar por casa y utilizando el símil militar… un ascenso. Dos en uno, mejor dicho. Será a las 19:00h en la Iglesia de San Martín Pinario, en Santiago, el 25 de Marzo, como ya he dicho. Así que… estáis invitados si queréis venir ^^.

Junto a mí, serán instituidos acólito otros tres compañeros. Es el paso siguiente. A mí, si Dios quiere, me tocará el año que viene.

Ejercicios Espirituales

Esta es una entrada programada. A estas horas estaremos partiendo para Celorio, un paraíso natural en la costa Asturiana, pegadito a Llanes. Nos vamos a hacer Ejercicios Espirituales. Así que desde esta tarde que lleguemos allí y celebremos la Eucaristía hasta que lo hagamos este Domingo estaremos (o lo intentaremos) en absoluto silencio, buscando encontrarnos con Dios en todo momento, rezando a todo trapo y… recargando las pilas. Yendo a beber directamente a la fuente.

Por eso os tengo que pedir un favor. Rezad por mí y por todos mis compañeros, como decíamos de pequeños en el escondite, que nosotros rezaremos por vosotros.

Mientras tanto, cualquier entrada que podáis ver hasta nuevo aviso (puede que deje el capítulo preparado para el viernes, aún no lo sé), es programada. No vaya a ser que penséis mal ^^

Renglones torcidos

Dicen que Dios escribe recto con renglones torcidos… y eso más o menos es lo que he pretendido reflejar aquí. No, no me he vuelto loco, ni me ha dado un arrebato de soberbia. No me creo Dios ni nada por el estilo. Yo soy más bien como uno de esos renglones torcidos, como lo puedes ser tú, lo puedo ser yo o lo puede ser ese pequeño que acaba de nacer en alguna parte al otro lado de este pequeño gran mundo.

Y el objetivo de este pequeño rincón que acaba de surgir en la blogocosa es ese. Contar mi experiencia de renglón torcido y tratar de ayudar y animar a otros a ser capaces de descubrirla. Así que sed todos bienvenidos a Renglones torcidos. Sentíos, por favor como en casa.

Reflexiones post-apáticas

- ¿Qué tal o día, Manuel?

- Non tan ben coma ti.

- Iso xa o sei.

- !Ricardito, es feliz!

- Si, Manoliño, son feliz…

Conversación mantenida hace escasos minutos con un compañero y que me sirve de
preludio a lo que quería contar hoy. Es una nueva reflexión sobre mi estado de ánimo (para variar) después de la no tan optimista entrada anterior, que ya queda en el pasado.

La verdad es que las situaciones de las que hablaba en el post anterior que no me permitían estar completamente contento por las cosas buenas que me estaban pasando últimamente pues siguen ahí. No se han esfumado así de repente. Incluso algunas situaciones, especialmente la que más me preocupaba, se ha agravado en cierta medida por algo que yo no logro alcanzar a comprender (y sin yo comerlo ni beberlo me he encontrado en una situación un tanto incómoda). Pero quizás he aprendido a darles la importancia justa.

También cuenta que Barcelona y Roma me han servido de desahogo existencial. Un poco de desconectar de todo lo rutinario, aunque sea a los pocos días de empezado el curso, no me ha venido mal. Y hacer el friki por Barna adelante, conocer gente y esas cosas, no ha caído en saco roto (al fin he decorado la habitación, dos años después) y he aprendido a valorar mejor ciertas cosas y a ciertas personas y a darme cuenta de otras cosas respecto a otras.

Algún día narraré la experiencia Romano-Catalana de forma más detallada pero para lo que quería contar hoy eso llegaba.

Por otra parte, creo que podría decir que en el Seminario estoy mejor que nunca. Superada la gran crisis vocacional del año pasado y parte de este verano y con la cabeza un poco (no mucho) más amueblada, creo que por fin he conseguido asentarme definitivamente entre las paredes de esta santa casa. Me ha costado, dos añitos y vamos ya comenzando el tercero…

Quizás los dos primeros años iba yo demasiado a mi aire. Sin un grupo estable de compañeros, sin llevarme mal con nadie tampoco, pero sin ese grupito de 2 ó 3 de referencia que es tan necesario al fin y al cabo. Ahora más o menos lo he encontrado y, quieras que no, eso ayuda un montón… y por eso ya no estoy tanto por aquí, aunque me veáis conectado ^^

Por otra parte estoy más que contento en mi destino de pastoral. No es que el año pasado, en Padrón, no lo estuviera, pero es que el hecho de poder estar allí todo el fin de semana y no sólo las mañanas del domingo y lo bien que me llevo con el cura, pues…

Y casi para culminar esta situación de bonanza seminarística, el próximo 21 de Diciembre, viernes, a las 19:00 h recibiré el Rito de Admisión. ¿De qué se trata? Es una ceremonia mediante la cual la Iglesia te reconoce oficialmente como Candidato al Diaconado o al Presbiterado. Es decir, te reconoce oficialmente como apto para poder recibir las Órdenes algún día… que aún tardará al menos otro tanto. Antiguamente esto te convertía ya en clérigo (y es cuando se te practicaba la tonsura), ahora no, pero eso no le resta significación al hecho.

Como comprenderéis estoy bastante contento. Cielo azul en mi horizonte emocional. Con algunos nubarrones pequeñitos, unos más grises que otros… pero espero que ninguno de ellos suponga una tormenta a corto-medio plazo… A largo plazo Dios dirá.

Propósitos para el nuevo curso

Bueno, el martes ya debo estar en Santiago para comenzar las clases el jueves así que va siendo hora de hacer esa lista de cosas que siempre prometemos hacernos

- Tener siempre un libro en la mesilla… y leerlo (que el año pasado tuve alguno durante meses sin abrirlo)

- Llevar las cosas al día

- Continuar aprendiendo a colorear ^^

- Coger ritmo de escritura y no dejar ningún proyecto atrás

- No sobresaturarme de cosas

- Resucitar el blog

Aumentaré la lista según vea conveniente xD

Self Service

Artículo escrito para el XX Curso Básico de Periodismo para Seminaristas en Granada

Vivimos en un mundo dominado por la interactividad, en un mundo donde las capacidades y posibilidades del usuario son cada vez mayores. Construimos una vida a nuestra medida, a nuestro gusto. Nos forjamos nosotros mismos eligiendo entre una cada vez más grande variedad de opciones a todos los niveles.

Es innegable que esto conlleva una serie de ventajas cuando este autoservicio se refiere a ámbitos como puede ser el informativo o el de ocio: uno se informa de lo que le interesa y se divierte como quiere. Pero no podemos olvidar que el hombre es un ser unitario, y es ahí donde nos topamos con el peligro. De este modo, creamos un saber “a nuestra medida” y, lo que es peor, una verdad e incluso un Dios a nuestra medida.

Rechazamos todo aquello que no nos gusta, que nos molesta. Evitamos aquello que no entendemos o que sentimos que nos coarta. Huimos del dogma y de la jerarquía en aras de una supuesta libertad que nos permita postular esa moral “a medida”. Identificamos la autoridad y la verdad con la represión, con la falta de libertad y, por tanto, con la frustración y el sufrimiento.

Así, vamos poco a poco desviando, omitiendo o ignorando aquello que nos viene establecido y nos convertimos en Ícaros demasiado osados como para darnos cuenta de que esas “limitaciones” son también arneses de seguridad que impiden que nos estampemos contra el suelo cuando se derritan nuestras alas de nuestro mundo de fantasía en el que podemos hacer todo lo que nos venga en gana.

Pero mientras tanto, seguimos empeñados en crear ese mundo a nuestra medida y vamos picoteando de aquí y de allá. Ahora me cojo un poco de esto de la paz interior del budismo y luego más tarde cojo eso del amor y la caridad del cristianismo que parece bonito, pero quito todo eso de la autoridad, que no va conmigo.

¿No me cree? ¿Cuál es la explicación entonces del éxito editorial de obras de escasa calidad literaria como el tan manido El Código Da Vinci en las que se ensalzan las ideas más románticas del cristianismo (aderezadas con mucho de new age, gnosticismo o como queramos llamarle) en contraposición a aquellas otras que nos resultan menos atractivas?

En un mundo como el nuestro, en el que lo que prima es la libertad: libertad de expresión, de culto, de pensamiento, de insulto… todo aquello que suena a límite es frontalmente rechazado en pos de la convivencia democrática, aunque es cierto que existen ciertos límites “por consenso” y únicamente porque son necesarios para poder volar sin turbulencias.

Y con esto llegamos a “mi verdad”, “mi mundo”, al más puro relativismo donde lo que realmente importa no es lo objetivo sino lo subjetivo, el “para mí esto es así”. Al final, lo único que logramos son seis mil millones de mundos distintos en los que, al final, lo que importa es la fantasía.

Volvamos a poner los pies en la tierra. Debemos recuperar esa concepción de que es la realidad objetiva la que nos ofrece la maravillosa oportunidad de construirnos a nosotros mismos con esa seguridad de que de todo podemos aprender y que no necesitamos inventarnos nada para ser libres, para estar cómodos… para ser felices.