El Papa en Santiago

Creo que la imagen con la que encabezo la noticia es lo suficientemente negativa. Hoy a las 10:30h de la mañana D. Julián, nuestro Arzobispo, confirmaba la noticia que muchos estábamos esperando desde hacía unos meses, el próximo otoño Benedicto XVI visitará nuestra diócesis con motivo del Año Santo. También estará en Barcelona para la consagración (al fin) de la Sagrada Familia.

Ahora es cuando muchos tratarán de colgarse medallas, pero no perdamos de vista una cosa: esto no es una visita de promoción turística. Eso sólo es un “accidente”. El verdadero artífice de esto es D. Julián, al que hemos de darle la enhorabuena por este logro y las gracias por el trabajo realizado.

Ahora es el momento de comenzar a rezar por el fruto de esta visita.

Más información en Pastoral Santiago.

Invitación

El próximo Jueves 25 de Marzo, si Dios quiere y el resto del mundo acompaña, seré instituido lector.

Así para andar por casa y utilizando el símil militar… un ascenso. Dos en uno, mejor dicho. Será a las 19:00h en la Iglesia de San Martín Pinario, en Santiago, el 25 de Marzo, como ya he dicho. Así que… estáis invitados si queréis venir ^^.

Junto a mí, serán instituidos acólito otros tres compañeros. Es el paso siguiente. A mí, si Dios quiere, me tocará el año que viene.

Ejercicios Espirituales

Esta es una entrada programada. A estas horas estaremos partiendo para Celorio, un paraíso natural en la costa Asturiana, pegadito a Llanes. Nos vamos a hacer Ejercicios Espirituales. Así que desde esta tarde que lleguemos allí y celebremos la Eucaristía hasta que lo hagamos este Domingo estaremos (o lo intentaremos) en absoluto silencio, buscando encontrarnos con Dios en todo momento, rezando a todo trapo y… recargando las pilas. Yendo a beber directamente a la fuente.

Por eso os tengo que pedir un favor. Rezad por mí y por todos mis compañeros, como decíamos de pequeños en el escondite, que nosotros rezaremos por vosotros.

Mientras tanto, cualquier entrada que podáis ver hasta nuevo aviso (puede que deje el capítulo preparado para el viernes, aún no lo sé), es programada. No vaya a ser que penséis mal ^^

Renglones torcidos

Dicen que Dios escribe recto con renglones torcidos… y eso más o menos es lo que he pretendido reflejar aquí. No, no me he vuelto loco, ni me ha dado un arrebato de soberbia. No me creo Dios ni nada por el estilo. Yo soy más bien como uno de esos renglones torcidos, como lo puedes ser tú, lo puedo ser yo o lo puede ser ese pequeño que acaba de nacer en alguna parte al otro lado de este pequeño gran mundo.

Y el objetivo de este pequeño rincón que acaba de surgir en la blogocosa es ese. Contar mi experiencia de renglón torcido y tratar de ayudar y animar a otros a ser capaces de descubrirla. Así que sed todos bienvenidos a Renglones torcidos. Sentíos, por favor como en casa.

Reflexiones post-apáticas

- ¿Qué tal o día, Manuel?

- Non tan ben coma ti.

- Iso xa o sei.

- !Ricardito, es feliz!

- Si, Manoliño, son feliz…

Conversación mantenida hace escasos minutos con un compañero y que me sirve de
preludio a lo que quería contar hoy. Es una nueva reflexión sobre mi estado de ánimo (para variar) después de la no tan optimista entrada anterior, que ya queda en el pasado.

La verdad es que las situaciones de las que hablaba en el post anterior que no me permitían estar completamente contento por las cosas buenas que me estaban pasando últimamente pues siguen ahí. No se han esfumado así de repente. Incluso algunas situaciones, especialmente la que más me preocupaba, se ha agravado en cierta medida por algo que yo no logro alcanzar a comprender (y sin yo comerlo ni beberlo me he encontrado en una situación un tanto incómoda). Pero quizás he aprendido a darles la importancia justa.

También cuenta que Barcelona y Roma me han servido de desahogo existencial. Un poco de desconectar de todo lo rutinario, aunque sea a los pocos días de empezado el curso, no me ha venido mal. Y hacer el friki por Barna adelante, conocer gente y esas cosas, no ha caído en saco roto (al fin he decorado la habitación, dos años después) y he aprendido a valorar mejor ciertas cosas y a ciertas personas y a darme cuenta de otras cosas respecto a otras.

Algún día narraré la experiencia Romano-Catalana de forma más detallada pero para lo que quería contar hoy eso llegaba.

Por otra parte, creo que podría decir que en el Seminario estoy mejor que nunca. Superada la gran crisis vocacional del año pasado y parte de este verano y con la cabeza un poco (no mucho) más amueblada, creo que por fin he conseguido asentarme definitivamente entre las paredes de esta santa casa. Me ha costado, dos añitos y vamos ya comenzando el tercero…

Quizás los dos primeros años iba yo demasiado a mi aire. Sin un grupo estable de compañeros, sin llevarme mal con nadie tampoco, pero sin ese grupito de 2 ó 3 de referencia que es tan necesario al fin y al cabo. Ahora más o menos lo he encontrado y, quieras que no, eso ayuda un montón… y por eso ya no estoy tanto por aquí, aunque me veáis conectado ^^

Por otra parte estoy más que contento en mi destino de pastoral. No es que el año pasado, en Padrón, no lo estuviera, pero es que el hecho de poder estar allí todo el fin de semana y no sólo las mañanas del domingo y lo bien que me llevo con el cura, pues…

Y casi para culminar esta situación de bonanza seminarística, el próximo 21 de Diciembre, viernes, a las 19:00 h recibiré el Rito de Admisión. ¿De qué se trata? Es una ceremonia mediante la cual la Iglesia te reconoce oficialmente como Candidato al Diaconado o al Presbiterado. Es decir, te reconoce oficialmente como apto para poder recibir las Órdenes algún día… que aún tardará al menos otro tanto. Antiguamente esto te convertía ya en clérigo (y es cuando se te practicaba la tonsura), ahora no, pero eso no le resta significación al hecho.

Como comprenderéis estoy bastante contento. Cielo azul en mi horizonte emocional. Con algunos nubarrones pequeñitos, unos más grises que otros… pero espero que ninguno de ellos suponga una tormenta a corto-medio plazo… A largo plazo Dios dirá.

Propósitos para el nuevo curso

Bueno, el martes ya debo estar en Santiago para comenzar las clases el jueves así que va siendo hora de hacer esa lista de cosas que siempre prometemos hacernos

- Tener siempre un libro en la mesilla… y leerlo (que el año pasado tuve alguno durante meses sin abrirlo)

- Llevar las cosas al día

- Continuar aprendiendo a colorear ^^

- Coger ritmo de escritura y no dejar ningún proyecto atrás

- No sobresaturarme de cosas

- Resucitar el blog

Aumentaré la lista según vea conveniente xD

Self Service

Artículo escrito para el XX Curso Básico de Periodismo para Seminaristas en Granada

Vivimos en un mundo dominado por la interactividad, en un mundo donde las capacidades y posibilidades del usuario son cada vez mayores. Construimos una vida a nuestra medida, a nuestro gusto. Nos forjamos nosotros mismos eligiendo entre una cada vez más grande variedad de opciones a todos los niveles.

Es innegable que esto conlleva una serie de ventajas cuando este autoservicio se refiere a ámbitos como puede ser el informativo o el de ocio: uno se informa de lo que le interesa y se divierte como quiere. Pero no podemos olvidar que el hombre es un ser unitario, y es ahí donde nos topamos con el peligro. De este modo, creamos un saber “a nuestra medida” y, lo que es peor, una verdad e incluso un Dios a nuestra medida.

Rechazamos todo aquello que no nos gusta, que nos molesta. Evitamos aquello que no entendemos o que sentimos que nos coarta. Huimos del dogma y de la jerarquía en aras de una supuesta libertad que nos permita postular esa moral “a medida”. Identificamos la autoridad y la verdad con la represión, con la falta de libertad y, por tanto, con la frustración y el sufrimiento.

Así, vamos poco a poco desviando, omitiendo o ignorando aquello que nos viene establecido y nos convertimos en Ícaros demasiado osados como para darnos cuenta de que esas “limitaciones” son también arneses de seguridad que impiden que nos estampemos contra el suelo cuando se derritan nuestras alas de nuestro mundo de fantasía en el que podemos hacer todo lo que nos venga en gana.

Pero mientras tanto, seguimos empeñados en crear ese mundo a nuestra medida y vamos picoteando de aquí y de allá. Ahora me cojo un poco de esto de la paz interior del budismo y luego más tarde cojo eso del amor y la caridad del cristianismo que parece bonito, pero quito todo eso de la autoridad, que no va conmigo.

¿No me cree? ¿Cuál es la explicación entonces del éxito editorial de obras de escasa calidad literaria como el tan manido El Código Da Vinci en las que se ensalzan las ideas más románticas del cristianismo (aderezadas con mucho de new age, gnosticismo o como queramos llamarle) en contraposición a aquellas otras que nos resultan menos atractivas?

En un mundo como el nuestro, en el que lo que prima es la libertad: libertad de expresión, de culto, de pensamiento, de insulto… todo aquello que suena a límite es frontalmente rechazado en pos de la convivencia democrática, aunque es cierto que existen ciertos límites “por consenso” y únicamente porque son necesarios para poder volar sin turbulencias.

Y con esto llegamos a “mi verdad”, “mi mundo”, al más puro relativismo donde lo que realmente importa no es lo objetivo sino lo subjetivo, el “para mí esto es así”. Al final, lo único que logramos son seis mil millones de mundos distintos en los que, al final, lo que importa es la fantasía.

Volvamos a poner los pies en la tierra. Debemos recuperar esa concepción de que es la realidad objetiva la que nos ofrece la maravillosa oportunidad de construirnos a nosotros mismos con esa seguridad de que de todo podemos aprender y que no necesitamos inventarnos nada para ser libres, para estar cómodos… para ser felices.

Preparando el pregón pascual

Pues eso, ha llegado la Semana Santa y todos nos estamos preparando para vivir, de una forma u otra, la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Vía Crucis, Horas Santas, procesiones, celebraciones penitenciales, oficios y misas se convertirán en el pan nuestro de cada día hasta el próximo domingo.

Teniendo en cuenta que es algo ya a lo que estoy acostumbrado, esta Semana Santa es especial para mí por dos cuestiones:

  • Es la primera que paso en Padrón
  • ¡Tengo que preparar el Pregón Pascual

Lo que me pone verdaderamente nervioso es lo segundo. Cantar el pregón pascual, que es probablemente la pieza más complicada de las que vienen en el misal. Nervios… Nervios…

ARGH!

De dogmas y verdades

Es curioso como sin pensarlo puedes acabar hablando de las cosas más profundas en los momentos más insospechados. Para muestra un botón:

Estaba yo hablando con un amigo por el messenger, ese instrumento del demonio que tanto me hace perder el tiempo, acerca de… no sé alguna cuestión sin importancia (creo que se trataba de no, no sé de qué estábamos hablando). La cuestión es que me caí y cuando volví a conectarme pronuncié una frase tan “peregrina” como “Resucité”.

Curiosamente, esa en apariencia inocente y sencilla frase condujo a mi interlocutor a pronunciar otra así como quien no quiere la cosa: “Como cristiano, como católico y como seminarista, ¿crees que la virginidad de María es importante?”.

Saltándonos la parte de la creencia y la justificación de este dogma, saltándonos también el retorcido mecanismo mental que debió llevarlo desde mi “resucité” a preguntarme por uno de los dogmas más antiguos de la Iglesia, en aquel momento se me ocurrió decirle: “Tú, como científico que eres, ¿crees que la velocidad de la luz es absoluta?” (pregunta que, dicho sea de paso, está mal formulada).

A veces soy retorcido, lo sé, pero en ese momento se me vino a la cabeza aquella respuesta como si fuera la más adecuada para la cuestión que me había formulado.

Pensemos, en un mundo cientificista como el nuestro, vivimos rodeados de axiomas y dogmas tales como los postulados que Einstein expuso en Sobre la electrodinámica de los cuerpos en movimiento y que dieron luz a la teoría de la relatividad (restringida). Verdades indemostrables pero, como bien apuntaba mi amigo, “consiguen crear modelos que se ajustan de manera aproximadamente exacta – toma contraditio in terminis – a la realidad” y que, por lo tanto, se demuestran funcionales. Es decir, son “verdades pragmáticas”, verdades que nos sirven para entender nuestro mundo y utilizarlo en nuestro provecho.

Asentimos de forma ciega a estas verdades, casi sin preguntarnos el porqué de las cuestiones e incluso seguimos utilizando, por que nos sirven, sistemas matemáticos, físicos o lógicos que se han demostrado reduccionistas y, por tanto, poco adecuados. Podemos citar entre estos la propia mecánica newtoniana que todos hemos estudiado en el instituto o la lógica aristotélica, sistema inadecuado y reduccionista por excelencia que tanto ha condicionado el pensamiento del mundo (occidental) y que está en la base, aunque no nos demos cuenta, de nuestra visión del mundo.

Sin embargo, cuando se trata de otro tipo de verdades, verdades que, siempre desde el mismo punto cientificista y pragmático, no aportan nada a nuestro conocimiento del mundo, nos cuesta asentir a ellas. No hablo ya de verdades de fe, de dogmas o de cuestiones atenientes a una confesión religiosa concreta. Pensemos por un momento en… la historia y en cuanto nos cuenta creer a veces en cosas que pasaron, que están atestiguadas por testigos más que fiables… pero que no se ajustan a nuestra concepción del mundo.

Nos quedamos así con verdades parciales, reduccionistas: algo es verdad si me vale. “La religión es buena si te ayuda”, decía William James, uno de los padres del pragmatismo. Un punto de vista que, en mi opinión y salvando, obviamente, las distancias, no se separa mucho de la concepción de los idealistas, que podríamos resumir en esa frase que tanto le gusta repetir a uno de mis profesores: “Si el mundo no se ajusta a la Idea, peor para el mundo.”

Ya para terminar quiero aclarar que no quiero predicar con esto un “ingenuismo” ante todo lo que se nos diga. El espíritu crítico es el punto de vista del sabio, del hombre que verdaderamente quiere descubrir la verdad – o quizás deberíamos hablar de Verdad, en mayúscula –, la Verdad del Mundo, despojada si queréis de toda la concepción religiosa, pues no pretende ser este artículo una apología de nada (aunque cierto es que todos acudimos al mundo, a los problemas, a lo que se nos pone delante, con nuestros propios prejuicios).

Simplemente se trata de una pequeña reflexión a raíz de esa conversación que quería compartir hoy con vosotros. Por eso os lanzo también a vosotros esta misma pregunta que me he hecho esta tarde, tras este pequeño intercambio de palabras. ¿Por qué? ¿Por qué nos cuesta tanto (a mí el primero) creer en un tipo de afirmaciones y tan poco asentir a otras? Es una pregunta que me lanzo y que os lanzo.

Maletas

Las maletas ya están hechas, y más llenas que cuando llegué aquí. No sólo están llenas de cosas que llevarse para casa, están llenas de experiencias nuevas, emociones y de todo lo vivido en un año muy especial.

En la habitación sólo quedan los libros en la estantería, que empaquetaré esta tarde-noche, la guitarra y la ropa para usar de aquí al viernes. El ordenador, claro está, será de lo último que guarde, es lógico ¿no?

Y es que el viernes dejo el Seminario… lo dejo hasta Septiembre que volvamos a vernos. Bueno, volveremos a vernos antes, hay que venir por aquí un par de días y eso, pero vosotros ya me entendéis. Un veranito tranquilo y en casita… creo que voy a echar bastante de menos esto.

Cosas de vocación

Quiere ser éste un post dedicado, pero no un post con dedicatoria. Es decir, está inspirado por una conversación y pretende ser a modo de respuesta a algo que se me dijo. Pero mi boca no soltará más prenda que ésto sobre el destinatario.

De todos (los habituales) es sabido que el 9 de Mayo del año pasado hice público en este mismo blog algo que rompió los esquemas de muchos: me venía al seminario. Bien pues este post pretende ser una explicación, lo más clara que sé, de qué es o cómo entiendo yo este asunto de la vocación.

La vocación es una llamada. Y claro, quien llama no es una persona cualquiera. Es Dios mismo. Eso supone muchas cosas que nos permiten describir lo que es una vocación:

  • No es una decisión… o mejor dicho, una elección personal. No es una opción de vida cualquiera, una carrera más. No es algo que se planea. No es nada de eso. No es “hacer lo que te pide el cuerpo”. No es una buena salida de trabajo. Ni siquiera es optar por la opción fácil del asunto como se podría pensar, ni mucho menos. Y así podríamos seguir diciendo un montón de cosas que no son.
  • El descubrir una vocación no es cosa de un instante. No te levantas y dices “estoy llamado al matrimonio”, “estoy llamado al sacerdocio”, “estoy llamado a irme a las misiones”… Es algo que se va descubriendo poco a poco. Muy poco a poco. Porque, Dios no (se) impone, propone.* Por eso te va indicando muy sutilmente qué quiere de ti. A ti te queda estar atento, abrir los ojos del alma y tratar de descubrir qué es.
  • Si es Dios quien llama, no puede ser que llame a algo que no lleve a tu felicidad. Es decir, tu felicidad, la verdadera, la plena, se encuentra en el camino que te muestra. Porque al fin y al cabo Dios es amor.
  • La última cuestión que planteo puede parecer cosa de perogrullo, o no… Si es Dios quien llama y estás seguro de todo lo que he dicho anteriormente ¿eres capaz de decir que no? Aunque te lo pida el cuerpo, aunque no te guste, aunque estés muy bien como estás… yo no fui capaz

Evidentemente, ésto que te digo, esto que os digo, no se puede entender visto desde fuera, es necesario que estés abierto a lo que te quiero decir. No son cuestiones sencillas, ni pueden ser entendidas desde el superficialismo, los prejuicios o el una radicalismo; pero he tratado de explicártelo lo mejor posible. Espero que, ahora sí, lo hayas entendido.

*Dios no se impone porque creó al hombre a su imagen y semejanza. Y si el hombre es imagen y semejanza de Dios, ha de ser libre. Luego, que Dios impusiera su voluntad sería contradictorio. (Eso es la versión light del rollo antropo-teológico que os podría soltar sobre la libertad del hombre y el libre albedrío.)

Repaso

Se acerca el final de curso: el jueves es el día que la agenda marca como último día lectivo de este curso 2005-06 en el I.T.C. y el viernes comienzan las 2 semanas y media de exámenes con el de Metafísica, esa asignatura tan bonita y tan agradable. Es un buen momento para ¿estudiar? Sí, pero también para echar la vista atrás y hacer balance de un año muy especial.

Especial porque fue el primer año para muchas cosas: el primer año fuera, el primer año en el Seminario, el primer año en una carrera de letras, el primer año lejos de los amigos, lejos de la parroquia… el primer año, en definitiva de una nueva vida. Eso quiere decir que los cambios no han sido pocos.

Empecemos por el principio: es mi primer año fuera de casa. Antes, cuando estudiaba Teleco, todos los días me acostaba en la misma cama en la que me había acostado desde hacía 7 años, todos los días aguantaba los ronquidos de mi hermano en la cama de arriba, todos los días hacía la misma rutina que toda la vida había hecho antes de meterme en cama, todos los días estaba, para bien o para mal, con mi madre…

Es cierto que vivir en el Seminario no es llevar una vida de estudiante como se entiende habitualmente y que, para muchas cosas, es como vivir en casa. Pero no es lo mismo. Ya no es sólo no tener a la familia cerca, sobre todo a mamá, para ayudarte o para estar encima cuando es necesario, sino que, sobre todo, se nota en pequeños detalles. Por ejemplo: es el primer año que no comparto habitación con mi hermano. Es cierto que la habitación no es muy grande (sobre todo comparado con la enorme habitación que tengo en casa) pero el hecho de pasar de compartir habitación a no hacerlo es un cambio muy grande.

Más cambios: la forma de vida, el modo de vida o como le queráis llamar. La vida del sacerdote, pese a lo que se pueda pensar, no es una vida fácil. Y para eso te tienes que preparar en el Seminario: adquirir ciertos hábitos como el de la oración o perder otros como el de dormir mucho u otros de otra índole… (el que tenga oídos para oir que oiga). A eso le sumamos que la vida en una comunidad (y más en una comunidad cerrada como esta) también tiene sus vicisitudes y el resultado hace que la vida en el seminario sea una vida exigente.

Siempre he sido un alumno de ciencias, siempre creí que mi futuro estaba por ahí. Es cierto que las letras siempre se me dieron bien pero si llego a pensar hace unos años (lo comentaba en Semana Santa cuando subí al colegio con mi profesor de Mates) que acabaría haciendo una carrera de letras no me lo creería.

Y los Estudios Eclesiásticos son una carrera que es ciertamente exigente, pese a lo que pueda parecer. Lo digo porque muchos creen que siendo pocos ya nos aprueban a todos y eso realmente no es así. A mí se me sumó el handicap del cambio radical del estilo de las materias. Es verdad, que comparado con la exigencia de Teleco, esta es un chollo en cuanto al trabajo que se le dedica: no hay proyectos de PEM, ni de IS-I y esas cosas… pero le llega bastante. A eso hay que añadirle que, para nosotros, no sólo están los estudios, también están las obligaciones pastorales, comunitarias… que comen muchísimo tiempo de estudio si realmente quieres aprender.

Porque lo que hay que tener clara es una cosa: el que hoy es seminarista mañana será un sacerdote, que estará al frente de una varias comunidades parroquiales. Y, sobre todo en la sociedad y en la cultura actuales, eso supone una gran responsabilidad. Por una parte, vivimos en una sociedad y una cultura que no es la misma que hace cincuenta años, la gente ya no es mayoritariamente cristiana, católica. Por otra, el nivel cultural medio tampoco es el mismo (pese a las desgracias que están consiguiendo las últimas leyes educativas) que hace cincuenta años. Eso hace que sea de vital importancia que el sacerdote, que es, junto con todos los bautizados pero especialmente él en virtud de su consagración a través del sacramento del orden, el primer encargado de anunciar el Evangelio, sea una persona formada. Porque ya no nos podemos quedar sólo en devociones populares, meditaciones pías y funerales… la gente necesita argumentos, el sacerdote debe dar a conocer a Cristo a tanta gente que no lo conoce y purificar la fe de muchos que se han quedado con lo de antes. Ahora no se trata de seguir con este tema pero prometo escribir un post sobre él cuando tenga un poco de tiempo.

Retomemos este balance del curso. Es el primer año, lejos de Pontevedra. Con todas sus consecuencias. Los amigos están lejos, la parroquia está lejos… Son cambios muy radicales y cosas que hecho muy de menos. Echo de menos, por ejemplo, las sesiones de cañas de los viernes por la noche, o el salir sábado tras sábado a romper, o el forzar hasta el máximo el viernes por la tarde trabajando en alguno de los diversos proyectos para luego ir al ensayo y a la reunión de catequistas, o el ir a ensayar los sábados por la tarde. Pero todo al fin y al cabo tiene que acabar alguna vez.

Por último, y no ha sido menos duro o menos cambio o menos nada, aunque haya tratado de no pensar mucho en ello, es el primer año sin Alba. También la distancia propició que a lo mejor no se pensara mucho en ello (por mi parte al menos) pero no es fácil pasar de una relación de dos años y medio a la nada y no podía dejar de mencionarlo en este repaso “introductorio” (entrecomillo porque menudo rollo que va ya) al balance del año.

Pero pese a la dureza de todos los cambios, a la cantidad de cosas que echo de menos de años anteriores, he de decir que este año ha sido muy bonito. He vivido experiencias muy bonitas de encuentro no sólo con la mucha gente que he conocido sino también, y muy especialmente, con Cristo. Y eso no lo cambio por nada en el mundo.

A pesar de lo que pueda parecer, el año que más cambios han sucedido en mi vida ha sido el año que mejor me he encontrado emocionalmente. Curiosamente, los años anteriores, en los que la estabilidad (incluso en el asunto de las asignaturas, siempre las mismas xD) era la nota dominante, fueron años que, a pesar de haber sido de los mejores de mi vida, fueron años de mucho altibajo emocional y mucha ralladura mental (si no, preguntádselo a mi amigo Buyi o revisad los archivos de este blog) por momentos.

Todo me va saliendo bien. Me he hecho un hueco aquí, el Seminario es mi casa ya y el resto de compañeros como mi familia. Es cierto que hay roces y con unos te llevas mejor con otros peor, pero que eso pasa en todos lados es cierto también (aunque esto no puede ni quiere ni debe ser una excusa para el hecho de que existan roces). Hasta en lo académico, a falta de la sentencia final de Junio, todo ha ido bien, o mejor, en claro contraste con los años en Vigo ^^.

También han cambiado algunos puntos de vista que tenía sobre asuntos como la Iglesia. Alguno puede decir que me han comido el coco o que me han lavado el cerebero pero no es así, aquí nadie me dice qué tengo o qué no tengo que pensar. Y si lo hicieran sabéis que a mí eso de pensar o decir cosas para “quedar bien” no me va.

Bueno, y muchas cosas más que habría que decir, pero creo que ya he hablado suficiente por hoy. De hecho ni siquiera creo que hayáis llegado hasta aquí ^^.

Notas

No gano para alegrías… van un 10 y dos 9 a falta de una nota que sé que tengo aprobada.

Radio Medellín

Radio Medellín, en la 99.6 de la FM compostelana, retoma sus emisiones. Hasta ahora se ha estado emitiendo ininterrumpidamente música las 24 horas del día pero el próximo Domingo 18 a las 22:00 h comenzará la emisión de un magazín (o como narices se escriba) que se espera que sea semanal y que esta semana tratará sobre la navidad.

Vida de Seminario

Teniendo en cuenta que acabo de terminar un trabajo que tenía que hacer y que tengo que hacer tiempo hasta la clase de alemán, pos me he pasado por aquí a saludaros y contaros como pasa la vida por aquí.

No tenemos hora fija para levantarnos pero sí tenemos que estar a las 7:45 de la mañana en la capilla. Con ese supuesto, cada uno se organiza. En la capilla, que por cierto hace un frío que pela, rezamos laudes (con o sin misa) y tenemos oración personal hasta las 8:30, hora en la que se abre la veda para ir a desayunar, organizar la habitación… hasta el momento en que te comiencen las clases, que suele ser a las 9. Después, clase hasta las 10:45 y de las 11:15 hasta no mas tarde de las 13:50, pero normalmente esa hora la tengo libre.

Asignaturas que tengo: Historia de la Filosofía Moderna, Historia de la Filosofía Contemporánea, Metafísica, Teoría del Conocimiento, Antropología Filosófica, Introducción a la Teología, Teología Fundamental, Libros Históricos, Libros Proféticos, Latín y Griego. Son todas asignaturas de 2º pero no es porque me hayan convalidado 1º, es porque lo haremos el año que viene porque si no no habría más que 2 o 3 personas por clase.

Después, rezo de hora intermedia a las 14:05 e inmediatamente después la comida. Al levantarnos de comer, cada uno hace lo que vea pero sin olvidarse de que a las 16:30 comienza el rato de estudio. A las 8 en capilla para misa y vísperas y a las 9 la cena.

A partir de la cena tiempo libre para hacer lo que nos venga en gana (dentro de un orden, evidentemente) pero a las 11 se cierra la puerta del seminario. El resto de servicios (sala de estudio, de informática…) cierran a las 12.

Esa es la rutina de cada día, por la semana. El sábado nos levantamos más tarde. A partir de las 9 podemos ir a desayunar y a las 9:45 en la capilla para laudes. Luego o estudiamos, o tenemos alguna actividad, depende de la semana, y antes de comer tenemos la misa. Luego a las 2 como siempre comemos y los que tienen parroquia de pastoral (de 3º en adelante) se van a ellas. Los de 1º y 2º nos quedamos en el seminario y nos vamos por la tarde a los sitios de pastoral que nos haya tocado (asilo, Conxo (el psiquiátrico) o el Hospital Clínico) y cuando volvemos rezamos el rosario y las primeras vísperas del domingo y luego cenamos.

Los domingos hemos preparado los de primero y segundo un equipo misionero que de vez en cuando vamos a parroquias de distintas zonas pastorales de la vicaría de Santiago que no tienen párroco permanente (algunas no tienen misa desde hace más de un año, va un diácono y se hace celebración de la palabra y se reparte la comunión). Empezamos hoy y aparte de celebrar 3 misas en 3 parroquias distintas pues hablamos un poco con la gente de allí, intentamos conocerlos y esas cosas. A partir de la próxima vez haremos también encuentros con jóvenes y niños de las parroquias. A las 20:15 segundas vísperas del domingo

Y así es la vida por aquí, esa que teníais tantas ganas de conocer. Ahora me voy a ver si toco un poco la guitarra. ¡Ah! Mañana me voy a casa. Como el miércoles es no lectivo en el ITC (Instituto Teológico Compostelano) a lo mejor incluso me paso por Teleco el Miércoles, pero no contéis mucho con ello que con estos vendavales y el tiempo que hace que no cojo el coche no se yo si arriesgarme a subir al CUVI.