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	<title>Caldeirada de Marisco &#187; Comics</title>
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	<description>Memorias de un marisco en tierra firme</description>
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		<title>Mitos y cultura popular</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Jun 2010 11:31:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Centoloman</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine y TV]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignright" style="margin: 5px;" src="http://club2.telepolis.com/mandragora1/images/prometeo.jpg" alt="" width="242" height="245" /><strong>La modernidad</strong> – ya desde el positivismo, pero como fruto de un proceso que venía gestándose ya desde antes – <strong>ha consagrado la ciencia y “condenado” la verdad a equipararse, únicamente, a aquello que puede ser constatado empíricamente o, al menos, a aquello que no puede o no ha podido ser falsado</strong>. Con este concepto, que eleva la certeza científica al grado de verdad, <strong>el resto se ve reducido a simples opiniones, cuando no a “historietas”, de valor e importancia relativos</strong>.</p>
<p>Así, en este último grupo (el de las “historietas”) se ha encasillado todo tipo de relatos de los más diversos orígenes, englobados dentro de la categoría general de mitologías: griega, egipcia, nórdica, judeo-cristiana (sic.). Hoy, con el auge de la ciencia y la visión antes expuesta de la verdad (dos aspectos que suelen ir de la mano), <strong>el hombre (post-)moderno desprecia estos relatos como “cuentos chinos”, vestigios de la infancia de la humanidad, de lo que </strong><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Auguste_Comte"><strong>Comte</strong></a><strong> dio en llamar “etapa teológica”, cuando la única salida del hombre era creer en (los) dios(es)</strong>.</p>
<p>Sin embargo, perdemos de vista algo muy importante. No sólo no consideramos que la ciencia sólo nos explica el cómo son/funcionan las cosas, no su porqué (y, muchas veces, atribuimos al conocimiento científico un objeto que no le corresponde); sino que, además, no valoramos la posibilidad de que esos “cuentos chinos” sean tan verdaderos como la ciencia, aunque en un plano distinto.</p>
<p>Y es que <strong>los mitos</strong> (dejémonos ya de otros apelativos) <strong>tienen un importantísimo valor performativo y explicativo del mundo, no al nivel del mecanismo, sino del conjunto</strong>. Por eso, los mitos no son menos verdaderos que la ciencia, sino que <strong>incluso podríamos atrevernos a decir que lo son más</strong>, porque apelan a una verdad de rango “superior” a la certeza científica, una que es dadora de sentido.<strong> Una dimensión, la holística y teleológica, que, de perderla de vista, convierte la información en cultura y la cultura en mera información</strong>.</p>
<p>Muchas veces estas historias tenían una función etiológica: explicaban el origen de un determinado lugar (santuario, ciudad…) o costumbre (como, por ejemplo la circuncisión judía ) o circunstancia (la Torre de Babel, por ejemplo). El libro del Génesis o del Éxodo son riquísimos en este tipo de relatos, pero también tenemos, por ejemplo, la leyenda de la Torre de Hércules en Coruña. Por no irnos muy lejos.</p>
<p><img class="alignleft" style="margin-top: 5px; margin-bottom: 5px;" src="http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/d/d5/Odysseus_bjuder_cyklopen_vin%2C_Nordisk_familjebok.png" alt="" width="146" height="241" />Otras buscan reflejar enseñanzas morales o religiosas. Así, por ejemplo, la <em>Odisea</em> homérica no es sólo un fantástico relato de aventuras, sino que es una historia de cómo la audacia vence a la fuerza bruta, de cómo el destino en manos de unos dioses caprichosos y arbitrarios es una concepción cruel y de cómo puede vencerse ese destino con voluntad, paciencia y esperanza. Así, por ejemplo, el libro bíblico de Job no es un cuento de lo caprichoso que es Dios que castiga y juega con nosotros, sino que era un relato que pretendía (y lograba) poner en entredicho una concepción teológica clásica en el judaísmo como era la de la retribución material y terrena por parte de Dios.</p>
<p>Otros combinan ambas dimensiones.</p>
<p>Rescatado (creo) el valor del mito, quizás sea conveniente aclarar qué es lo que estoy entendiendo yo como tal a la hora de hacer estas afirmaciones. <strong>Los mitos serían relatos, con base histórica o no, más lejana o más cercana, en los que se plantean situaciones excepcionales, sobrehumanas, mediante las que se pretende proponer una enseñanza vital</strong>. Por eso, en este grupo habría que incluir no sólo los clásicos mitos griegos, nórdicos, celtas… con sus dioses, semidioses, héroes y caudillos de todo tipo, sino también otros a priori más “terrenos”: algunos relatos bíblicos, leyendas, relatos ejemplares… Incluso las vidas de santos entrarían, en determinadas épocas, en este tipo de relatos: San Jorge y el dragón, las actas martiriales…</p>
<p><strong>Quizás el hecho de que usen las aparentemente accesibles formas literarias, muchas veces fantásticas, además, en lugar de enrevesadas fórmulas matemáticas los haga menos creíbles</strong>. Digo “aparentemente” porque en numerosas ocasiones se apela a simbolismos sólo aptos para iniciados (mitos <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Orfismo">órficos</a>, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Mitra%C3%ADsmo">mitraicos</a> y de las religiones mistéricas en general, pero también la literatura judeocristiana de la época de la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Apocal%C3%ADptico_(g%C3%A9nero_literario)">apocalíptica</a> o el <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Gnosticismo">gnosticismo</a>). <strong>Pero en una cultura eminentemente ágrafa, la narrativa, la épica, con sus formas muchas veces preestablecidas, se convertían en un vehículo de comunicación fácil de transmitir y de recordar, sobre todo en culturas (como las orientales/semitas) que hablaban más por imágenes que por ideas</strong>.</p>
<p>Antes me quedé, en mi enumeración, en las vidas de santos, sobre todo las redactadas en la Edad Media, en las que muchas veces se exaltaban y se exageraban los hechos de la vida del personaje en cuestión para cargarlos de significado y de simbolismo, para que resultaran en verdaderas enseñanzas. Pero la producción “mítica” ha seguido adelante, en los cuentos, en las novelas… manteniendo unas estructuras muy similares a lo largo de los tiempos.</p>
<p>Hoy por hoy, <strong>la cultura audiovisual, cultura que, además, es de masas, se ha convertido en el perfecto vehículo para la transmisión de estos mitos</strong>. Así, tenemos grandes epopeyas en las que reencontrarnos con esta dimensión tan importante a la hora del crecimiento. En los últimos años de una forma especial, los guionistas de cine y TV, de comics, escritores… la han ido rescatando de la cárcel en la que la habían encerrado años de cientificismo.</p>
<p>Así, de una forma más o menos explícita, encontramos cada vez más contenidos de carácter ético o religioso que subyacen en las historias de la cultura popular, reconocibles por todos, que pasan a ser del imaginario popular. Así, por ejemplo, la historia de Neo (que al final <a href="http://www.youtube.com/watch?v=OddRIAULrrk">muere “crucificado”</a>) en <em>Matrix</em> o de Superman (que muere y resucita, sepulcro vacío incluido) beben de la tradición mesiánica (judeo)cristiana. Así por ejemplo, Spiderman nos recuerda una y otra vez que nosotros, seres normales y corrientes, tenemos responsabilidades para con los demás, y cuantas más oportunidades, más responsabilidades (que eso es lo que nos quiere decir cuando nos repite la frase del tío Ben). Así, los guionistas de Batman (la época posterior a <a href="http://i2.esmas.com/2009/01/20/29474/entrevista-frank-miller-300x350.jpg">Frank Miller</a> es especialmente prolífica en este sentido), nos enseñan los peligros de la justicia ciega o el famoso código del superhéroe (ese que dice que un superhéroe nunca debe matar) nos recuerda que el fin no justifica los medios. Y ya me he referido al <a href="http://centoloman.inopia.net/2010/05/25/y-al-final-se-encontraron-el-final-de-lost/"><em>Lost</em></a> y a <em>Battlestar Galactica </em><a href="http://centoloman.inopia.net/2010/05/29/frustracion/">cuando me quejaba de que no me salía un post muy parecido a este</a>.</p>
<p>Podríamos seguir, pero es más divertido buscarlos.</p>
<p><strong>¿Y tú, qué opinas?</strong></p>
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