Archive for ‘Cine y TV’

agosto 23rd, 2010

Classic Doctor Who XI (S2A3: The Rescue)

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¿Quién ocupará el lugar de Susan? ¿Qué ocurrirá con el Doctor y sus amigos? ¿Cómo les afectará la ocupación Dalek de la Tierra? Seguramente te hayan quedado muchas de estas preguntas después de la saga anterior. También a mí. Y para ello está este nuevo arco, muy corto (sólo dos capítulos), que tiene como única intención reubicarnos después de los traumáticos eventos del episodio anterior.

Conoceremos a una nueva acompañante del Doctor, Vicki (Maureen Green), pero antes de que se una a la tripulación de la Tardis (o, como ella misma dirá más adelante, se convierta en pasajera de la Tardis, ya que el único tripulante es el Doctor) aún tendrán que darse una serie de circunstancias que se irán desarrollando a lo largo de esta saga, tranquila, corta y sin complicaciones pero que, aún así, tiene mucho más que aportarnos que la primera y aburrida Planet of Giants. read more »

agosto 16th, 2010

Classic Doctor Who IX (S02A1: Planet of Giants)

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Comenzamos la segunda temporada de los episodios clásicos del Doctor Who con una saga corta, bastante pobre, que apenas tiene contenido, sobre todo si lo comparamos con el vertiginoso final de la anterior, en el que vimos como nuestros amigos se las veían y se las deseaban para sobrevivir en la Revolución Francesa. Y nos quedamos con la duda: ¿volverán a casa Ian y Bárbara?

Esa es la intención del Doctor en un primer momento: dejarlos en su casa. Pero, como siempre, no todo saldrá bien. Los circuitos de la TARDIS siguen necesitando una reparación y, hasta entonces, no serán capaces de actuar con la precisión necesaria, como averiguaremos un par de arcos más adelante. Pero bueno, por primera vez, volveremos, sí, a la Inglaterra de la década de los Sesenta. read more »

agosto 12th, 2010

Classic Doctor Who VIII (S1A8: The Reign of Terror – Season Finale)

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Si os acordáis, allá antes des este no muy involuntario parón estival en el que incurrí por las últimas semanas, habíamos dejado al Doctor con una dura amenaza hacia sus acompañantes humanos después de un no muy afortunado comentario de Ian al final de la aventura con los Sensoritas en el séptimo arco de la Primera Temporada. Una temporada que, precisamente, acaba con este episodio al que toca referirnos ahora. Y el episodio comienza con el Doctor dispuesto a cumplir esa amenaza: poner punto y final al viaje de Ian y Barbara en la Tardis. Sin embargo, por suerte o por desgracia, los circuitos de la TARDIS siguen sin estar al cien por cien y no aterrizan en la Inglaterra de los sesenta, sino cerca de París, allá por finales de Julio del 94… de 1794. En otras palabras, nuestros héroes tienen el gran honor de aterrizar en uno de los periodos más convulsos de la historia europea reciente: en la Revolución Francesa y asistir a uno de sus episodios más oscuros, el fin del periodo del Terror, que da nombre al episodio. read more »

julio 25th, 2010

Classic Doctor Who VII (S1A7: The Sensorites)

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Después de viajar una vez más al pasado, a la época azteca esta vez, es el momento de emprender, por fin, nuestro primer viaje oficial al futuro. Y digo “oficial” porque, aunque las tramas terrestres podemos ubicarlas temporalmente, no ocurre así con las que ocurrían en Skaro y en Marinus. Así pues, nuestra visita a la Sensosfera (así se llama el nuevo escenario) es la primera vez que viajamos al futuro.

Y será la primera vez que veamos cara a cara a unos extraterrestres. No a los Daleks protegidos en sus carcasas metálicas o a los Voord dentro de sus trajes de neopreno. A los Sensoritas que dan título al arco los veremos sin mediación alguna. Serán, además, los primeros alienígenas pacíficos con los que nos encontremos como espectadores del Doctor. Bueno, no exactamente… pero para aclarar esto todavía hay que andar mucho. read more »

julio 22nd, 2010

Classic Doctor Who VI (S1A6: The Aztecs)

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Como ya anticipaba en el post del domingo pasado, el sexto arco de esta primera temporada nos devuelve al pasado, a la América precolombina, para lidiar con los aztecas. Pero es mucho más que eso ya que, por primera vez en lo que llevamos de serie, se afronta de forma directa la primera regla de los viajes en el tiempo.

¿La primera regla de qué? Basta con haber visto unos pocos minutos de Regreso al Futuro para saberlo. Lo más básico de viajar en el tiempo, especialmente cuando viajamos al pasado, es la no-intervención. Hay que procurar no desestabilizar el curso del tiempo, no vaya a ser que nos encontremos con cosas extrañas cuando regresemos a “lo normal”… o que incluso no exista más “lo normal”.

Es un principio que había venido sosteniendo el Doctor en los arcos anteriores, y veíamos que hasta ahora el grupo de protagonistas siempre se veían obligados a participar en aquellos eventos a raíz de circunstancias extraordinarias: el secuestro de los trogloditas, el enlace de fluido, la avería y la confiscación de la TARDIS, el campo de fuerza de Arbitan… Con Barbara al frente, los acompañantes del Doctor lo pondrán a prueba. read more »

julio 18th, 2010

Classic Doctor Who V (S1A5: The Keys of Marinus)

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Después de una trama tan complicada como la que nos regaló Marco Polo, hay quien podría pensar que es momento de relajarse, tomar aire y pasar a una serie un poco más de transición, pero eso no era lo que tenían metido en la cabeza los guionistas de esta primera temporada del Doctor Who. The Keys of Marinus, así se llama esta nueva entrega no llega a la altura de su predecesora en cuanto a complicación, pero supera por completo a las tres primeras.

En esta quinta trama de las aventuras del Doctor volvemos a visitar otro planeta extraterrestre, pero nos queda la misma duda que se planteaba Marco Polo al final del arco anterior. ¿En el pasado? ¿En el futuro? Como ocurrió ya en el momento en el que llegamos a Skaro en busca de los Dalek, aquí tampoco nos solucionan la duda (si es que alguno pudiera planteársela) de si el planeta Marinus lo visitamos en el futuro o en el pasado. read more »

julio 15th, 2010

Classic Doctor Who IV (S1A4: Marco Polo)

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El otro día terminé el post con una pequeña mentirijilla. Os emplacé para un arco bajo el nombre de The Roof of the world cuando, en realidad, tiene otro nombre. El nombre del personaje histórico en torno al cual gira toda la historia: Marco Polo, el genial explorador veneciano de finales del s. XIII y comienzos del s. XIV. Así que este, descontando el primer arco en el que se viaja a la prehistoria (pero a una prehistoria algo ficticia), es la primera trama realmente histórica a la que nos enfrentamos en nuestro visionado de Doctor Who.

Antes de empezar, una advertencia: En la historia de la televisión británica de la época hay siempre que tener en cuenta un hecho. Llegado un momento, en los setenta, la BBC decidió grabar encima de las cintas que ya tenía para, de este modo, ahorrar costes y espacio de archivo. Así, hay capítulos originales de, por ejemplo, el Monty Python Flying Circus que se han perdido para siempre. Con el Doctor Who ocurre lo mismo y este es el primer, aunque no el único, caso con el que nos encontraremos con capítulos reconstruidos.

Afortunadamente para nosotros, el audio sí se conservó y Marco Polo era una de los rodajes más fotografiados de la serie, lo que permitió a los editores de las posteriores colecciones realizar un montaje que va entre la radionovela y la fotonovela introducido por Mark Eden, el actor que da vida al intrépido veneciano. Así que vayámonos al techo del mundo, a la Llanura de Pamir, porque allí es donde el camino del explorador se cruza con nuestros cuatro compañeros. read more »

julio 14th, 2010

Reflexiones Post-Mundialistas (II): Los medios

Segunda reflexión post-mundialista. En este caso es sobre el trabajo de los medios de comunicación alrededor del Campeonato del Mundo, en general, pero que no es otra cosa que síntoma de una tendencia que se está generalizando en la televisión (creo que es un fenómeno especialmente televisivo) no sólo deportiva sino a todos los niveles.

Antes que nada, quiero decir, para que no se quede en el tintero que los dos equipos que se mandaron a Sudáfrica, tanto el de Cuatro/Canal +, que ya nos tenía acostumbrados a una información deportiva distinta, con una altísima calidad, como el de Telecinco, a pesar del ínclito JJ – un periodista que, como me ocurre con Lobato, tengo la impresión de que está más hecho para el informativo que para estar al pie de la noticia –, hicieron ambos un trabajo magnífico, espectacular, impagable… sobre todo teniendo en cuenta el resultado final de todo lo que ha pasado.

El problema no estaba, por tanto, en Sudáfrica, en la Carbonero o en lo que fuera, sino en Madrid y en el tratamiento de la información que llegaba de Sudáfrica. No hay mucho que reprocharle a Cuatro o a Canal +, creo yo. En la misma tónica “manolística” de siempre, que tiene sus detractores – a mí no me termina de convencer, por ejemplo – hicieron una información seria y trabajada, con profesionales contrastados aquí y allí.  Bueno, quizás sí: haber rellenado una mañana de televisión con el dichoso pulpo, aunque he de decir que el pulpo sólo fue la excusa para poner sobre la mesa una buena tertulia futbolística a media mañana.

Mucho que reprocharle, sin embargo, a la cadena amiga, que convirtió el Mundial de Sudáfrica (insisto, la mayor cita deportiva de nuestra historia) en una pieza más de su programación. En el sentido más peyorativo de esta realidad. Y, así, nos encontramos previas y post-partidos protagonizados por la Esteban, Lidia Lozano, Karmele Marchante, Kiko Hernández, Jorge Javier Vázquez y demás representantes de la más baja calaña televisiva.

Y así, lo que podría haber sido un lavado de cara perfecto para la televisión más denostada de nuestra nación, se convirtió en un emborronamiento masivo ante un país que sólo pudo menear la cabeza diciendo: “Lo sabía”.

Así, el romance Carbonero-Casillas y otros aspectos tan importantes del Mundial (las uñas de Cristiano Ronaldo y sus cabreos, el traje de Beckham…) llevaban lo que era la verdadera información futbolística a un segundo plano. Puede que el hecho de relegar el programa de Paco González a la Siete tuviera la buena intención de llevar más audiencia a la segunda cadena de la casa, pero viendo la programación de la cadena “titular”, la impresión que dieron era la de “aquí no tienes cabida”.

Por eso, lo que no deja de ser una mera anécdota entrañable, como el beso entre Iker y Sara se convierte en información de primer nivel que supone un paso atrás en el periodismo deportivo en general y femenino en particular. Este ha sido el punto culmen, pero ha sido una tónica que ha subyacido a todo el Mundial y que incluso contagió la celebración de Madrid, para escándalo de todos los presentes y los asistentes catódicos.

Lamentablemente, así es nuestra cultura de masas, que se mueve entre lo amarillo y lo rosa. El fútbol, que hace tiempo dejó de ser un mero deporte para convertirse en un fenómeno de masas, no se escapa de eso. Por desgracia para todos los aficionados a los que la vida privada de los futbolistas nos importa literalmente una mierda mientras no afecte a su rendimiento en el campo.

Un ejemplo: fue el amarillismo y el rosismo el que hizo que el año pasado se congregara el equivalente a la ciudad en la que vivo para ver la presentación de Cristiano Ronaldo, para mayor gloria de un personaje que, con buena intención, eso no se duda, ha querido comprar el fútbol a golpe de talonario. Lo mismo que con la de Ibrahimovic en Barcelona, aunque aquí entraba, también, el componente revancha.

El fútbol, repito, ha dejado de ser un mero deporte de masas para ser un fenómeno de masas. Y desde ese momento “la cagamos tía Paca”. El del Mundial sólo ha sido el último episodio de una larga serie que comenzó allá en la segunda mitad de los noventa con una guerra del fútbol que se ha radicalizado en los últimos años y que tanto condiciona nuestro fútbol. En dos aspectos fundamentales: influye enormemente en la economía de los clubs y ha llegado incluso a condicionar el horario en que se deben jugar los partidos.

Esta cultura de masas enturbia el deporte y nos hace perder a todos los aficionados. Sólo hace falta ver la deriva de la prensa deportiva en los últimos años en algunos casos. Al final, cuando el alto nivel se relaje – que puede suceder, nada es para siempre – o se convierta en rutina – no sé que es peor–, generará cansancio y el cansancio desapego. Porque nos han machacado con algo que no es propiamente fútbol, nos lo han vendido como un espectáculo, que lo es, más que como un deporte y lo han convertido en lo que se convierten los espectáculos en este país, en esta cultura: en mera exaltación de una clase que no tiene nada de clase.

Necesitamos una reflexión seria, calmada y pausada, exenta de forofismos, acerca de esto. A todos los niveles: Federación, clubes, liga y prensa. También, por qué no, a nivel político y a nivel de calle. Tenemos que ver qué se hace con los llamados “derechos del fútbol”, a quién se le venden y qué hace ese alguien con ellos.  Porque si no, lo que sí resultará una mera anécdota más, es la bazofia que algunos han hecho con el Mundial.

Pero tenemos que hacer esa misma reflexión no sólo en el nivel del fútbol, sino en el nivel de todos y cada uno de los componentes de la llamada cultura de masas: música, cine… todos. Lo del fútbol ha sido, sólo, la última parada. Tengo miedo de saber qué será lo próximo.

¿Y tú? ¿Qué opinas?

julio 11th, 2010

Classic Doctor Who III (S1A3: The edge of destruction)

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En todas las series con vocación de continuidad en los que un grupo bastante heterogéneo de personajes se ve obligado a convivir de una forma más o menos azarosa muchas veces se hace necesario un capítulo que se centre casi única y exclusivamente en ese grupo de personajes, sin más tramas que las propias relaciones entre ellos.

Doctor Who no es ajeno tampoco a ello y en este nuevo arco lo demuestra. Un episodio muy corto, con apenas dos partes, en los que el problema en la TARDIS que mencionábamos en el post anterior sirve de excusa perfecta para profundizar y afianzar las relaciones entre los cinco miembros del grupo.

Espera, espera, espera, espera… ¿Has dicho cinco? No, tranquilos, no me he equivocado… del todo. He dicho cinco personajes con plena intención. Si continúas leyendo entenderás por qué lo he hecho. read more »

julio 8th, 2010

Classic Doctor Who (CDW) II (S1A2: The Daleks)

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El otro día dejamos al Doctor y a sus compañeros de viaje en el medio y medio de una jungla, recién llegados en la TARDIS. Pero ya estamos acostumbrados a que no todo puede ir bien así de buenas a primeras. Los instrumentos de la nave siguen fallando, esta vez no es el circuito de camuflaje, sino el medidor de radiación que tarda en detectar la radiactividad que inunda el nuevo escenario, dándole a nuestros amigos una falsa sensación de seguridad.

Nos encontramos ante una saga larga, de siete partes, lo que equivaldría, trasladándolo a la narrativa actual, a dos episodios. Es un arco que, a pesar de mantener el tono general de presentación que tenía el anterior, ya nos mete de lleno en una historia más trabajada y complicada. Se trata de conocer a Los Daleks, que dan título al arco.

No sé si en la mente de los creadores estos “simpáticos” asesinos enlatados tenían ya la proyección que luego tuvieron y pretendían que fueran una raza que se perpetuara casi eternamente en las aventuras del Doctor, pero lo cierto es que entran ya con mucha fuerza en este arco. read more »

julio 4th, 2010

Classic Doctor Who I (S1A1: An Unearthly Child)

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Después de la breve introducción del otro día, nos lanzamos ya al viaje por la historia de una de las series bandera de la televisión británica y de la ciencia ficción: el Doctor Who. Una serie que comenzaba, con las imágenes que podéis ver arriba, un 23 de Noviembre de 1963.

Este vídeo corresponde a los primeros diez minutos del arco inaugural titulado An Unearthly Child, que consta de cuatro partes cuyo objetivo es presentarnos la troupe que protagonizará la primera saga de las aventuras: el Doctor (William Hartnell), su nieta Susan (Carol Ann Ford) y sus profesores, Ian Chesterton (William Russel) y Barbara Wright (Jacqueline Hill).

La trama en cuestión es bastante simple, pero cumple su objetivo, que es presentar a los personajes y poco más. Por eso se recurre a algo tan sencillo como un viaje al pasado en el que son capturados por una tribu de trogloditas enfrascados en un “conflicto político” con el conocimiento del fuego de por medio.

Pero quizás nos estemos adelantando. ¿Viaje al pasado? read more »

julio 2nd, 2010

Classic Doctor Who (Introducción)

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En un año en el que dos de mis series favoritas terminaron (Lost y 24, por si aún no os habíais enterado) y en el que otras que seguía se cancelaron y pasaron a mejor vida (Heroes), he ido descubriendo otras. Entre ellas destacan, sobre todo, el Doctor Who, la veteranísima serie británica, y Battlestar Galactica. Dos series absolutamente brillante que no te deberías perder por nada del mundo. Hoy voy a por la primera de ellas.

Te recomiendo que leas la serie de artículos que escribió Manuls en su momento y en los que explica conceptos básicos de la serie (Descubriendo Doctor Who 1 y 2), pero si no te apetece, basta con saber que es una serie que se mantuvo en antena desde 1963 hasta 1989, año en el que se interrumpió hasta que Russel T. Davies se hizo cargo de ella en 2005 con la excepción de la peli de 1996. Esto la convierte en la serie de ciencia-ficción de mayor duración del mundo.

Se centra en las peripecias de un misterioso personaje, conocido por el Doctor, capaz de viajar a lo largo del tiempo y del espacio en su peculiar máquina del tiempo: la T.A.R.D.I.S. (Time and Relative Dimension in Space).

Yo la conocí con las temporadas posteriores a 2005 (que, a pesar de estar tratarse de una continuación y no de un remake o reinterpretación – como sucedió con la gran Battlestar Galactica-, no obligan a conocer el original) y, aunque en algún momento amagué con bajarme las temporadas clásicas, nunca me había atrevido a hacerlo porque todo el mundo me decía que la serie ha envejecido muy mal… No lo había hecho… hasta ahora. Será que tengo demasiado tiempo libre.

Y lo voy a compartir con vosotros, si me dejáis. read more »

junio 16th, 2010

Las cabeceras de la Tele

Dejando a un lado mi cabreo vuvuzelario de ayer y tratando de no pensar en el cabrón que me ha puesto una reunión del claustro del ITC esta tarde a las cinco (sólo me consuela pensar que pa entonces España tendrá ya solucionado el partido), me asomo a esta ventana para hablaros de cabeceras. No de las cabeceras de las camas, aunque algunas lo merecerían, sino a las de la Tele. A las de las series, concretamente, porque es lo que más veo. A las de las series extranjeras, que no aguanto la ficción nacional y, por eso, no conozco sus vericuetos.

Como ya todos sabéis, que no descubro la pólvora, las cabeceras son ese corte que hay más o menos al principio de los capítulos, tema musical incluido, que identifica la serie. Normalmente, se aprovechan para hacer una presentación más o menos general del contexto de la serie y presentar a los personajes, créditos incluidos. Pero vamos, que esto último, no es dogma de fe.

Las hay que han pasado a la historia y son fácilmente reconocibles por todos, como la del Equipo A. Sí, aquella que comenzaba con “En 1962, cuatro miembros del ejército americano fueron acusados de un crimen que no habían cometido”. O como los paraguas y la fuente de Friends o la visión panorámica de Springfield que nos dejan Los Simpsons. Aunque normalmente pasan a la memoria únicamente los temas musicales, como el de McGiver que lo llevo grabado en la mente desde que comencé a escribir esto.

En Japón, para el anime, suelen echar mano de los grandes grupos del país para los openings y endings de las series. Las grandes estrellas del J-Pop o J-Rock o J-Punk o J-Jota han servido grandes temas que a muchos occidentalitos frikis nos han descubierto grandes grupos procedentes de esas longitudes tan distantes, como los Beat Crusaders con los que yo me topé viendo BECK y que dieron lugar a este opening. La que todos recordamos, posiblemente es la de Dragon Ball (la clásica) con la música de Barón Rojo en castellano (aunque los que tenemos la suerte de pertenecer a la Xeración Xabarín – nuesta particular Generación X – nos acordaremos más del gallego).

El caso es que también han creado monstruos, como Antonio el Otaku, todo un icono(clasta). Porque además, cada vez que cambian (y lo hacen regularmente) la gente está pendiente y se convierten en verdaderos objetos de discusión. Es decir, como todo lo que rodea a la cultura manga-anime se convierte en un verdadero fenómeno de marketing.

En las series occidentales no se llega a tanto normalmente, aunque hay temas que han triunfado fuera de la serie (y no, no estoy pensando en Fran Perea) o se ha tomado algún himno generacional para ocupar funciones de cabecera. ¿Quién no se acuerda del With a Little help from my friends (versión lenta) que puso cara a Aquellos maravillosos años?

Son tan “icónicas” e identificativas, que cambiarlas es arriesgado. Muchas veces, cuando se componen de partes de episodios, se actualizan simplemente, pero manteniendo la misma estructura. Si te arriesgas a cambiar, puede que no guste, como le ocurre a Manu con la nueva cabecera del Dr. Who (a pesar de que sigue siendo esencialmente igual).

Luego está el otro extremo, la que no cambia ni aunque se maten. Yo llevo dos temporadas de House preguntándome por qué Olivia Wilde (13) y Peter Jacobson (Taub) no aparecen en la cabecera de la serie cuando sí sale Jennifer Morrison (Cameron), que ha abandonado el equipo.

Hay cabeceras para todos los gustos. Las hay largas y elaboradas, de esas que duran casi un minuto y medio y nos cuentan la mitad de la historia de la galaxia con una musiquilla por detrás. Las hay sencillas, como las letras de LOST o la sencilla imagen de The Mentalist.

Personalmente, las prefiero de este último estilo. No soy buen cliente de openings y, cuando puedo, las paso. Sólo me mantienten los ojos pegados aquellas que meten ligeras variaciones. Todos conocemos el ejemplo más claro, la cabecera de Los Simpson, con su pizarra, su solo de saxo y su sofá. Está también la frasecita del comienzo de Futurama o el detalle final de Flashforward. A mí la que más me gusta, por lo simbólico, es la de Battlestar Galactica: el contador, la frase (que varía en ciertas ocasiones dependiendo de la situación de la flota) y el aluvión de imágenes del capítulo. Otras, como ocurre en Fringe, cambian ligeramente en capítulos determinados.

Y tú, ¿eres de los que las pasan rápido como yo o de los que te quedas a verlas? ¿Cuál es la que más te gusta? ¿La que menos?

junio 15th, 2010

Las vuvuzelas de los…

A través de eCuaderno he llegado a este artículo del periodista (entre otras cosas) portugues Paulo Querido en el que se critica duramente las famosas vuvuzelas (que no “vuvuzuelas”, como dije en el artículo anterior sobre el mundial). Dice el luso que matan la participación del público y yo no podría estar más de acuerdo. A lo que no llegaría ya es a la afirmación de que esto sea razón suficiente para no haber llevado el Mundial a Sudáfrica. Pero eso es otro cantar.

Lo cierto es que las vuvuzelas son nocivas para el futbolero. Son un molesto zumbido, constante, incesante, monótono e imparable que acompaña indistintamente un emocionantísimo Brasil-España (esperemos que sea la final) o al coñazo que fue Uruguay-Francia. Da igual el partido, la situación, los contendientes. El resultado final es el mismo: BZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZ

Uno de los alicientes del fútbol en directo es la afición. A mí lo que más me gusta de ir al campo es precisamente eso y en Coruña tenemos la suerte de una gran afición. Por lo demás, casi es mejor ver un partido por la tele (más detalle, más cómodo…). Cuando la cadena se porta bien y es capaz de dejarte sentir la presión del ambiente, aunque sea un poquito, es cuando mejor se vive.

Así, cuando vemos un partido de fútbol inglés nos acojonamos. Y lo mismo nos pasa cuando vemos la Bombonera a tope o a los brasileiros bailar samba en los estadios. A los del Mediterráneo Oriental (Balcanes, Grecia, Turquía) les da por las bengalas (también a los italianos de vez en cuando). Cada pueblo, cada afición, como señala bien un compañero mío en el Facebook, tiene una idiosincrasia propia que la hace única. Siguiendo el mismo razonamiento la tan traída y llevada vuvuzela sería la forma propia de la afición surafricana.

La cuestión es que ya en casa resulta sumamente molesta. No quiero imaginar lo que puede ser para los jugadores, seleccionadores y periodistas o para cualquier mortal que esté en el campo cuando en casa, por la tele o por la radio, se vuelve insoportable. Apenas se escucha a los comentaristas con claridad, que tienen que gritar como condenados para hacerse entender.

No sé si prohibirlas es la solución. Hay quien dice que , hay quien dice que no. El debate está en la calle. Ahora, seguramente es tarde, pero sí que creo que se pierde mucha riqueza cuando se sucumbe a la dictadura del zumbido. Creo que es trabajo para la FIFA futuras ediciones que se puedan celebrar el evaluar formas (no prohibitivas) de fomentar la diversidad “aficional”.

Lo que sí sé es que no sé a qué esperan las cadenas de radio y TV para filtrar el zumbido y así, aún si no lo quieren hacer desaparecer completamente, por lo menos, mitigarlo para hacerlo más soportable. Quizás entonces, podamos escuchar las gargantas de los aficionados desgañitarse por su equipo.

Y tú, ¿qué opinas? ¿Se deberían prohibir las vuvuzelas o deberían respetarse como forma de expresión cultural?

junio 14th, 2010

Mitos y cultura popular

La modernidad – ya desde el positivismo, pero como fruto de un proceso que venía gestándose ya desde antes – ha consagrado la ciencia y “condenado” la verdad a equipararse, únicamente, a aquello que puede ser constatado empíricamente o, al menos, a aquello que no puede o no ha podido ser falsado. Con este concepto, que eleva la certeza científica al grado de verdad, el resto se ve reducido a simples opiniones, cuando no a “historietas”, de valor e importancia relativos.

Así, en este último grupo (el de las “historietas”) se ha encasillado todo tipo de relatos de los más diversos orígenes, englobados dentro de la categoría general de mitologías: griega, egipcia, nórdica, judeo-cristiana (sic.). Hoy, con el auge de la ciencia y la visión antes expuesta de la verdad (dos aspectos que suelen ir de la mano), el hombre (post-)moderno desprecia estos relatos como “cuentos chinos”, vestigios de la infancia de la humanidad, de lo que Comte dio en llamar “etapa teológica”, cuando la única salida del hombre era creer en (los) dios(es).

Sin embargo, perdemos de vista algo muy importante. No sólo no consideramos que la ciencia sólo nos explica el cómo son/funcionan las cosas, no su porqué (y, muchas veces, atribuimos al conocimiento científico un objeto que no le corresponde); sino que, además, no valoramos la posibilidad de que esos “cuentos chinos” sean tan verdaderos como la ciencia, aunque en un plano distinto.

Y es que los mitos (dejémonos ya de otros apelativos) tienen un importantísimo valor performativo y explicativo del mundo, no al nivel del mecanismo, sino del conjunto. Por eso, los mitos no son menos verdaderos que la ciencia, sino que incluso podríamos atrevernos a decir que lo son más, porque apelan a una verdad de rango “superior” a la certeza científica, una que es dadora de sentido. Una dimensión, la holística y teleológica, que, de perderla de vista, convierte la información en cultura y la cultura en mera información.

Muchas veces estas historias tenían una función etiológica: explicaban el origen de un determinado lugar (santuario, ciudad…) o costumbre (como, por ejemplo la circuncisión judía ) o circunstancia (la Torre de Babel, por ejemplo). El libro del Génesis o del Éxodo son riquísimos en este tipo de relatos, pero también tenemos, por ejemplo, la leyenda de la Torre de Hércules en Coruña. Por no irnos muy lejos.

Otras buscan reflejar enseñanzas morales o religiosas. Así, por ejemplo, la Odisea homérica no es sólo un fantástico relato de aventuras, sino que es una historia de cómo la audacia vence a la fuerza bruta, de cómo el destino en manos de unos dioses caprichosos y arbitrarios es una concepción cruel y de cómo puede vencerse ese destino con voluntad, paciencia y esperanza. Así, por ejemplo, el libro bíblico de Job no es un cuento de lo caprichoso que es Dios que castiga y juega con nosotros, sino que era un relato que pretendía (y lograba) poner en entredicho una concepción teológica clásica en el judaísmo como era la de la retribución material y terrena por parte de Dios.

Otros combinan ambas dimensiones.

Rescatado (creo) el valor del mito, quizás sea conveniente aclarar qué es lo que estoy entendiendo yo como tal a la hora de hacer estas afirmaciones. Los mitos serían relatos, con base histórica o no, más lejana o más cercana, en los que se plantean situaciones excepcionales, sobrehumanas, mediante las que se pretende proponer una enseñanza vital. Por eso, en este grupo habría que incluir no sólo los clásicos mitos griegos, nórdicos, celtas… con sus dioses, semidioses, héroes y caudillos de todo tipo, sino también otros a priori más “terrenos”: algunos relatos bíblicos, leyendas, relatos ejemplares… Incluso las vidas de santos entrarían, en determinadas épocas, en este tipo de relatos: San Jorge y el dragón, las actas martiriales…

Quizás el hecho de que usen las aparentemente accesibles formas literarias, muchas veces fantásticas, además, en lugar de enrevesadas fórmulas matemáticas los haga menos creíbles. Digo “aparentemente” porque en numerosas ocasiones se apela a simbolismos sólo aptos para iniciados (mitos órficos, mitraicos y de las religiones mistéricas en general, pero también la literatura judeocristiana de la época de la apocalíptica o el gnosticismo). Pero en una cultura eminentemente ágrafa, la narrativa, la épica, con sus formas muchas veces preestablecidas, se convertían en un vehículo de comunicación fácil de transmitir y de recordar, sobre todo en culturas (como las orientales/semitas) que hablaban más por imágenes que por ideas.

Antes me quedé, en mi enumeración, en las vidas de santos, sobre todo las redactadas en la Edad Media, en las que muchas veces se exaltaban y se exageraban los hechos de la vida del personaje en cuestión para cargarlos de significado y de simbolismo, para que resultaran en verdaderas enseñanzas. Pero la producción “mítica” ha seguido adelante, en los cuentos, en las novelas… manteniendo unas estructuras muy similares a lo largo de los tiempos.

Hoy por hoy, la cultura audiovisual, cultura que, además, es de masas, se ha convertido en el perfecto vehículo para la transmisión de estos mitos. Así, tenemos grandes epopeyas en las que reencontrarnos con esta dimensión tan importante a la hora del crecimiento. En los últimos años de una forma especial, los guionistas de cine y TV, de comics, escritores… la han ido rescatando de la cárcel en la que la habían encerrado años de cientificismo.

Así, de una forma más o menos explícita, encontramos cada vez más contenidos de carácter ético o religioso que subyacen en las historias de la cultura popular, reconocibles por todos, que pasan a ser del imaginario popular. Así, por ejemplo, la historia de Neo (que al final muere “crucificado”) en Matrix o de Superman (que muere y resucita, sepulcro vacío incluido) beben de la tradición mesiánica (judeo)cristiana. Así por ejemplo, Spiderman nos recuerda una y otra vez que nosotros, seres normales y corrientes, tenemos responsabilidades para con los demás, y cuantas más oportunidades, más responsabilidades (que eso es lo que nos quiere decir cuando nos repite la frase del tío Ben). Así, los guionistas de Batman (la época posterior a Frank Miller es especialmente prolífica en este sentido), nos enseñan los peligros de la justicia ciega o el famoso código del superhéroe (ese que dice que un superhéroe nunca debe matar) nos recuerda que el fin no justifica los medios. Y ya me he referido al Lost y a Battlestar Galactica cuando me quejaba de que no me salía un post muy parecido a este.

Podríamos seguir, pero es más divertido buscarlos.

¿Y tú, qué opinas?