… es particular. No es que se moje cuando llueva porque está bajo tierra, en el garaje. Por si acaso en vuestra zona no lo llamáis “trastero” decir que el trastero es el desván de la casa-piso. Y como su propio nombre indica el mío está lleno de trastos.
Una de las frases a las que tanto mi hermano como yo tenemos más respeto (por no decir pánico) en mi casa es cuando mi madre dice bien alto y en un tono característico suyo la palabra “¡Niños!” (tenemos 20 y 18 años pero seguimos siendo sus niños). ¿Por qué? Hay varias razones:
1. Siempre (o al menos en el 90%) lo dice cuando tú estás absorto en perder el tiempo de alguna manera como por ejemplo viendo la tele, observando minuciosamente el progreso de la descargas, leyendo el blogroll o jugando al Pro Evolution Soccer
2. Siempre (o al menos el 99.9% de las ocasiones) es para hacer un recado, en ocasiones tedioso y tocapelotas, que ella no quiere hacer por sus razones, que seguro que alguna tiene, y sacarte durante no menos de 5 minutos (caso de bajar la basura) de esa actividad en la que tan feliz y tranquilamente estabas absorto.
El martes (mirad que poco tiempo tengo que lo tengo que poner ahora), como en la mayor parte de los días, esa frase retumbó en todos los rincones de la casa. La misión: encontrar el taladro… Y claro, ni mi hermano ni mi madre ni yo somos aficcionados a hacer las chapuzas de la casa así que en mi casa de caja de herramientas nada. Si está bien y si no se busca. Mi hermano, que ha desarrollado una técnica especial de escaqueo basada en meterse un poco con mi madre y luego ahuecar el ala de manera inmediata como si no hubiera pasado nada, “rehusó” la misión con lo cual tuvo que pringar y ensuciarse las manos un menda.
Y nunca mejor dicho eso de ensuciarse las manos. Porque buscar el taladro significa bajar al trastero. Evidentemente el trastero se limpia poco, o más bien no se limpia así que no es recomendable para asmáticos. Y encontrar algo en mi trastero es una auténtica odisea porque está todo puesto así, al chou. Para empezar, ya entrar es una aventura porque una bici, que para más INRI no tiene ni cadena ni sillín pero nadie se decide a tirarla, impide la normal apertura de la puerta en un ángulo de 90º pero si esas fueran todas las dificultades no estaría contándoos eso porque el gran escollo al que alguien se tiene que enfrentar en mi trastero es el gran armario de madera de naranjo que invade más del 50% del área disponible (y que prácticamente está vacío, que ya de por sí es escasa, y que dificulta el simple hecho de que te eches a un lado para poder cerrar la puerta con facilidad.
Lo siguiente son las cajas, la de la tele, la de la aspiradora… no contienen nada aparte del prolespan, están ahí “por si acaso”. Y cada dos por tres se caen y te intentan sepultar cual túnel en una mina de carbón. Esto hace que para buscar un simple taladro tengas que sacar las cajas, las sillas plegables que están ahí porque no le da la gana a nadie de subirlas, las cosas de navidad… al garaje (por que se entra por el garaje), para dar bien el cante con los vecinos. Eso si no tienes que abrir el armario. En ese caso debes sacar una estantería que el otro día me di cuenta que tenía unas botellas de aceite desde hace tres años, la bici y un pequeño mueble de IKEA que todavía no ha encontrado su acomodo en la finca (ya hablaré de la finca en otro post más adelante). Además, el armario necesita una restauración, porque tiene las bisagras descoyuntadas y hay que abrir las puertas con cuidado de que no salgan volando.
Solucionado el problema de accesibilidad está el de identificación de la presa. Por ejemplo, el taladrito de marras, en lugar de en su caja, que por cierto estaba bien guardada en el armario, estaba en la caja del penúltimo tostador que entró en casa (y en mi casa no hay tostador desde hace 2 años, en su lugar hay una especie de parrilla eléctrica) escondida en la caja de la aspiradora debajo de todos los manuales de instrucciones, garantías, factura, plasticos y protecciones de la misma… increíble pero cierto.
Una vez obtenido el objetivo queda recolocar todo lo mejor que se pueda, y lo mejor que se puede es otra vez al chou así que… to’pa’dentro sin rechistar Eso sí, nada más llegar a casa lo mínimo es que te des una ducha porque parecerás llegado de Vietnam