Archive for ‘Reflexiones de Rido’

junio 12th, 2010

De C.S. Lewis a Akano (II): FFF Universe

Quería terminar hoy ya con una de las series de posts que dejaba pendientes. Si os acordáis, hace más o menos un mes os solté un montón de citas de C.S. Lewis. Mi intención era ilustrar, con la experiencia de un gran escritor (aunque no muy reconocido, quizás), un proceso que yo mismo he seguido con lo que entre unos cuantos hemos dado en llamar Universo FFF.

Ya expliqué en alguna ocasión cómo empecé en esto de la escritura, la última la semana pasada cuando abrí la galería aquí mismo. Así que no abundaré en ello más de lo necesario.

Recordaréis que allá por finales de la primavera de 2006 comenzaba Memorias, mi fanfiction basado en Bleach y que comencé a publicar en BleachSP, el foro donde, por aquel entonces, participaba. Con el paso del tiempo, con la gente que comentaba el relato (que por entonces no tenía ninguna pretensión), muchos de ellos autores de sus propias historias, fui dando forma a una idea.

Nos prestábamos los personajes, compartían escenarios muy comunes (los del manga), pero, de alguna forma, nuestras historias chirriaban entre sí, no encajaban, lo cual era más que lógico: cada uno contaba lo que quería y punto. No estábamos haciendo nada “serio” y prestarnos los personajes o tomar personajes de otros era, simplemente, una forma de homenajear-agradecer a los lectores. Así lo interpretábamos todos y ese era el sentido de que los incluyéramos en nuestros relatos.

Pero a medida que avanzábamos en estas lides, se me fue pasando por la cabeza la idea de que podíamos ir combinando las cosas que narrábamos unos y narrábamos otros e irle dando mayor “consistencia” a lo que contábamos. Creando una historia que, de verdad, tuviera profundidad. Por eso, cuando uno de ellos, un buen amigo y comentarista esporádico del blog, incluyó a Rido en una historia que estaba ambientada bastantes años antes de donde comenzaba mi historia, saltó la chispa y en los capítulos 13-15 de Memorias comenzábamos a darle forma conjunta por primera vez al Universo FFF.

Desde entonces las cosas fueron rodadas, que se suele decir. Nuestras historias comenzaron a entrelazarse (normalmente llevaba yo la iniciativa, más que nada porque era el más prolífico de todos) y la cosa fue cogiendo la consistencia y la coherencia que pretendíamos. Y creamos grandes relatos entre todos, aunque a veces no salieran a la luz más que versiones parciales de la historia.

Así, lo que cuentan unos es inspirador para otros, les da una base para partir de ella… o un punto de llegada. Facilita las cosas (aunque también las complica en otro sentido).

Ese espíritu colectivo fue el mismo que puso en marcha la FFF – porque, por paradójico que suene, el Universo FFF (no el nombre, claro) es anterior a la FFF propiamente dicha – y el mismo que sigue moviendo Akano, que es el último producto de todo este conjunto de historias.

No es una novedad. No sé si en el mundo de los fics sí, pero esto ya lo encontramos en los cómics (hablamos de Universo Marvel, Universo DC…) y en los libros (Reinos Olvidados, Dragonlance, Universo Expandido de Star Wars…)  desde hace tiempo. Así que tampoco es para echarse demasiadas flores.

Presentado el Universo, uno se preguntará qué es lo que os quería ilustrar con el post anterior. Bien, como le ocurrió a Lewis con su “Animalandia”, a medida que me fui adentrando en la factura de las tramas me fue inquietando más y más el crear “trasfondos históricos”, perfilando las instituciones y separarme, cada vez más, de lo que Tite había ido enseñándonos en su manga (muy de capa caída).

Hace un tiempo os hablé de la importancia del trasfondo. Creo que es de lo que más orgulloso me siento como escritor: el Universo FFF. Desde ahí he podido centrarme mucho más en la creación de tramas que resultaran no completos petardos imaginarios, sino que todo tuviera una verdadera coherencia, de principio a fin. Pero además de por eso, porque no ha sido un trabajo mío sólo, sino de mucha gente, por mucho que yo sea el abanderado.

En fin, os he soltado un rollo como un mundo sólo para adularme. Pero como diría Manuls, es mi blog y me lo follo cuando quiero.

mayo 6th, 2010

De C.S. Lewis a Akano(I): Animalandia

LewisEstoy leyendo Cautivado por la alegría de C.S. Lewis (mi edición está publicada en Ediciones Encuentro en 2008), conocido a nivel general por sus Crónicas de Narnia y, dentro del mundillo religioso, por sus ensayos de corte, podríamos decir, apologético. En concreto, el libro que estoy leyendo es la historia de su conversión y, por tanto, tiene mucho de autobiográfico. Quería compartir con vosotros unos pocos pasajes de la obra que me han gustado-llamado la atención bastante. No tienen que ver directamente con lo religioso sino que va más por la rama literaria. Antes de los textos, os dejo una advertencia que, de suyo, debería ir al final. Cuando termines de leer todo esto seguramente te preguntes: “Y todo este rollo, ¿para qué? ¿Qué me quieres contar, Ricardito?” Pues… como este post se me ha quedado muy largo, lo dejaré para una entrada posterior, ¿de acuerdo? Ahora, simplemente, os pido que disfrutéis con la lectura de los pasajes que he seleccionado: read more »

noviembre 14th, 2009

Partir de la base

Hoy he estado de aquí para allá y, mientras iba en el coche, venía pensando en qué sería lo siguiente que pondría aquí. No me preguntéis por qué, pero eso es en lo que pensaba. Casi me paso la salida de la autopista por eso y todo… En fin, que bien podría escribir “Dialogando II, el retonno” o desarrollar alguno de los temas que han ido saliendo marginalmente en los dos artículos anteriores y de los que he dicho “en otro momento ya desarrollaré más esto”; pero al final la actualidad me ha conducido por otros derroteros y aquí estoy, hablando de cimientos y bases.

¿Mande?

Pues eso, que voy a hablar de la importancia de un buen trasfondo.

Como algunos (los que seguís mi galería) sabréis, llevo tiempo dándole vueltas a la idea de trasladar el conjunto que componen Recuerdos de una vida pasada,MemoriasAkano a un universo totalmente nuevo. La razón y las motivaciones para esta decisión dan para otro artículo entero (otro más, ¿veis?), así que no me lñio más con ello ahora mismo. La cuestión es que estos últimos días me he puesto un poco con toda esta historia en mis ratos libres y he ido diseñando un trasfondo.

Cuando compartí un primer boceto con Shwayne y Eratia, el primero me dijo, muy acertadamente por otra parte, “los trasfondos no venden”. Y es cierto, muy cierto. Los trasfonden no venden y creo que todos estamos de acuerdo en eso. Por si acaso voy a poner un ejemplo, y ya que la cosa tal y como la planteé iba en la línea de la fantasía (que sabéis que, junto con el histórico, es mi género preferido para leer y en el que me siento más cómodo al escribir), voy a ponerlo acerca del más grande. Y no, no le he cambiado el sexo a la Jurado. Hablo de John Ronald Reuel Tolkien, mi autor preferido, para más I.N.R.I.

Yo descubrí a Toliken bastante tarde, con el estreno de la primera película. Bueno, miento, evidentemente sabía quién era y había oído hablar mucho de él. Mi madre tenía (y sigue teniendo) una edición del Bestiario de Tolkien que había lanzado el Círculo de Lectores y alguna vez le había echado un vistazo fugaz. Pero no fue hasta que Peter Jackson se decidió a llevarse a unos tíos a Nueva Zelanda y rodar su visión de El Señor de los Anillos cuando no me lancé a leer los libros. Como no, comencé por la Trilogía. Como dato curioso, leí La Comunidad en gallego, lo que motivó un cierto caos nominativo cuando me pasé al castellano con Las dos torres. La cosa es que me prometí ver la peli sin antes leer el libro así que al principio tenía cierta prisa por leerlo… y al final creo que sólo vi en el cine El retorno del Rey. Algo parecido me pasa con Millenium de Stieg Larrson (realmente, debería mirar cuantas erres y eses lleva, pero estoy vago).

Por aquella época ya me había iniciado en el mundo de la fantasía épica a través de un MUD en el que jugaba. De todas formas era una época en la que apenas leía, he de confesarlo. Vamos, que sólo lo que mandaban en el colegio y nada más, qu eme pilló en Bachillerato.

Al grano, Ricardito, que te lías…

La cuestión es que empecé por la Trilogía, como supongo que hizo todo bicho viviente. Muy pocos habrán comenzado por El hobbit (aunque yo, personalmente, recomiendo empezar por aquí cuando alguien me pregunta, es mucho más fácil de leer y más simpático). Seguro que algún loco empezó por elSilmarillion, pero alguno habrá. Ya no menciono otros libros porque son más “esotéricos”, en el sentido original de la palabra.

Si empiezas por la Trilogía, lo que te conquista, si eres una persona normal, claro, es la historia. Sí, la ambientación puede motivarte, perfecto, pero lo esencial es la historia. Enlazando ya con el tema de hoy, puedes leer perfectamente LoTR sin tener ni idea de las historias que subyacen… Es decir, no te hace falta saber acerca de Númenor, los orcos o las distintas clases de elfos… Basta lo que JRR te va soltando. A ver, te quedará colgada toda la sección de Tom Bombadil, que es imposible entender quién es o qué pinta ahí sin saber más acerca del universo tolkeniano… pero bueno, me refiero a lo global de la historia. Pero, en general, no hay problema ninguno en seguir todo el hilo de la historia.

Pero diciendo esto estamos hablando desde el nivel del lector y aquí queremos tratar todo (o intentamos hacerlo) desde el punto de vista del autor, del tejedor de historias (qué bonita expresión).

Decimos “el trasfondo no vende”, no te estreses tanto… E insisto en que esto es verdad. Lo que realmente debe importar, aquello en lo que debemos centrar de veras el mayor de nuestros esfuerzos creativos, es crear una buena historia, una buena trama, un buen argumento. Debemos ocuparnos de que sea un argumento atractivo, coherente, con sentido… Y esa debe ser nuestra prioridad: “ontológica” (es decir, en cuanto a su importancia de por sí) y temporalmente (debemos tener decidida la trama general antes del trasfondo).

Al fin y al cabo, “Tolkien no empezó por el Valaquenta”, como bien dijo el mismo Shwayne (macho, tus frases me han resultado inspiradoras), ni por el Ainundalë, ni por el Silmarillion en general. Pero si bien esta colección de historias que dibuja el verdadero trasfondo de toda la Tierra Media se editó el último de los tres grandes libros (considerando El Señor de los anillos como un solo libro, como debe ser), no podemos engañarnos: se venían forjando desde mucho antes (desde antes de El Hobbit incluso). Aunque no fuera en su forma definitiva, aunque mucho de eso sólo fuera una idea confusa en la cabeza, estaban ahí. Si no, la historia ad extra no tendría ni tanta coherencia interna ni tanta brillantez.

Poniendo un ejemplo menos literario, porque veo que me estoy perdiendo. El cimiento de un edificio no se ve a simple vista. No es lo vistoso, no es lo que llama la atención. El inspector debe ir expresamente a buscarlo, el arquitecto debe construir a propósito una estructura que permita verlos. Es su opción abrir un acceso a los cimientos o no abrirlo. Sin embargo, aunque no se bean, sin un buen cimiento la casa se desmorona.

Del mismo modo ocurre con el trasfondo. Son esos cimientos del edificio que es la historia. Va desde la historia pasada del mundo que escribimos (especialmente en la ciencia ficción o en la fantasía, pero también en el resto de los personajes) hasta la construcción de los personajes. Sin un buen trasfondo, la historia se desmorona.

Mientras pensaba en esto (e iba anotando algunas ideas), alguien estaba citando a otro de mis ídolos C.S. Lewis, otro autor que, simplemente, me apasiona. A todos los niveles. Eso me lleva a hacer una anotación más, porque me parece que es más claro en su caso que en el de Tolkien. Aunque el arquitecto muestre el cimiento, aunque el inspector se esfuerce en buscarlo… hay siempre una parte que queda oculta. Lo mismo ocurre aquí.

No todo el trasfondo es inteligible, mostrable. Mucha parte del trasfondo quedará siempre oculta porque no se expresa dentro del relato o en relatos “adyacentes”. Me refiero a esa parte que no queda reflejada en el papel: la propia vida, los sentimientos, los pensamientos del autor… No podemos comprender Narnia al 100% si no conocemos al Lewis ensayista, “teólogo”, apologeta… Al hombre. No podemos comprender toda la historia que se desarrolla en la Tierra Media sin conocer a Tolkien.

Recuerda esto:

La primera piedra, la más fundamental del trasfondo, eres Tú

Pufff… Vaya rollo os he echado hoy.

noviembre 11th, 2009

Dialogando (I)

Ando muy liado estos días y he dejado esto y muchas otras cosas relacionadas con la escritura de lado, no voy a negarlo. Pero hoy he conseguido medio terminar un capítulo de mi memoria de Bachiller (algo así como la tesina, para entendernos) y me he decidido a escribir algo. Para no pensar mucho, he decidido tirar de una de esas “ideas reserva” que siempre guardo para casos de vagancia-emergencia: los diálogos. Si este blog nació un poco por la inspiración generada por esta entrada de Mechanical Hamster que nos presentó kurokotetsu, ¿qué mejor que escribir algo sobre cómo veo yo el diálogo?

Es una de las cuestiones que a mí más me “preocupan” dentro de mi faceta como escritor aficionado y, de hecho, tengo varios trabajitos (buena parte de Las Crónicas de Rido, por ejemplo) en los que sólo uso texto dialogado.

En nuestro entorno, en el mundillo en el que nos movemos, estamos demasiado influenciados por la cultura audiovisual, por el cine, las series de televisión… y en el círculo más cercano a la FFF, por el cómic-manga y el anime. Y esto influye mucho en la forma de escribir nuestros diálogos. Son medios casi exclusivamente dialogados, apenas existe una figura clara que ejerza de narrador y, por eso, el diálogo adquiere una dimensión distinta: al diálogo se le encarga también una función “narrativa” de la que carece en buena medida el diálogo de un escrito en prosa. Es decir, que en ese tipo de medios es necesario poner en boca de los hablantes mucho contenido cuyo lugar en la prosa narrativa es, más bien, el cuerpo del texto.

Entonces, si no estamos en un medio como esos… ¿Por qué nos comportamos como si sí y escribimos los diálogos como si fuéramos los guionistas de una serie de TV? No hablo ya de esos que se creen dramaturgos e introducen las intervenciones con el nombre del hablante, cual guión cinematográfico. Sino que me refiero a esa costumbre de hacer diálogos increíbles. “Increíbles” no en el sentido de buenos, sino en el sentido de que uno no se creería que alguien hablara así.

Cada uno con su estilo, cada uno con sus manías, cada uno con su visión, sus opciones y sus ideas, que yo aquí no pretendo imponer nada. Pero creo que no podemos traicionar la realidad, que debemos ser lo más “fiables”, lo más creíbles posible. Y uno de los puntos en los que más se nota esto es, al menos tal y como yo lo veo, en los diálogos. Por eso me fijo tanto en ellos.

Partamos de un punto básico desde el que desarrollar todo: ¿qué es un diálogo? En una primera definición así a vuelapluma se me ocurre definirlo como un intercambio oral de ideas. Es una definición incompleta, lo sé, pero me es útil para lo que quiero transmitir hoy.

Lo primero, es un intercambio. Esto no lo podemos perder de vista. Aunque un personaje intervenga más que otro o lleve el peso del contenido o sea más importante… nunca debemos convertir un diálogo en un monólogo sin un motivo justificado. Otra cosa es que queramos poner en boca de un personaje un largo discurso que, de vez en cuando, se vea interrumpido por alguna intervención de sus oyentes, sea esta buscada o no por el hablante. Pero si lo que queremos es hacer un diálogo, no perdamos esto de vista. Los diálogos están constantemente interrumpidos, verbal o no verbalmente… y es este clima de intercambio de información en el que desarrollan y en el que adquieren su lógica.

Más importante aún, es oral. En la categoría oral, aunque no sea la palabra adecuada, introducid, para entendernos, tanto el lenguaje verbal como el no verbal. Esto implica un registro distinto al del escrito. Es decir, que hay palabras, giros, frases que le son propias y otras que no le pegan para nada. Yo no narro como hablo, pero tampoco hablo como narro. Aunque quiera introducir contenido, revelar datos… No lo hago de la misma forma.

Ten esto presente.

Y es importantísimo que introduzcamos de forma adecuada el lenguaje no verbal. Fíjate cuando hablas: modulas la voz, gesticulas con las manos, con la cara, tu mirada cambia, te mueves, adquieres una postura determinada u otra… Y cada uno de esos gestos, los hagas consciente o inconscientemente, tienen su carga significativa. Es lo que le realmente le da cuerpo a lo que se está diciendo.

Por eso, tan importante como saber manejar un registro adecuado al lenguaje oral (y a la situación, no lo olvidemos, que yo no hablo igual con mis amigos que con mis profesores ni hablo igual cuando hablo de política que cuando hablo de fútbol) es saber manejar las acotaciones del diálogo: los verbos de expresión, las anotaciones gestuales…

Cierto que, como dice Mechanical Hamster en su artículo, retratar la realidad tal cual convierte al diálogo escrito en algo ininteligible, porque usamos interjecciones, muletillas, introducimos pausas, etc. Pero el truco está en tomar la distancia justa: todo lo cerca que se pueda estar de la realidad sin quemarse.

¿Y cómo se consigue esto?

Pues, sobre todo, escuchando a la gente, leyendo y… escribiendo. Como todo, vamos.

Estoy tentado a seguir con esto, pero sé que si sigo no termino. Así que ya otro día seguiré con más cosas relacionadas con los diálogos y que también me inquietan bastante. Sirva esto como aperitivo, simplemente.

octubre 3rd, 2009

El principio de los tiempos

Si he tardado tanto en escribir esta primera entrada “en serio” de esta nueva sección del blog no es sólo por el desajuste propio del inicio de las clases. ME ha costado decidirme por qué comenzaría a este compendio de reflexiones, pero creo que al fin he tomado una decisión. Bueno, realmente, si estás leyendo esto es porque ya me he decantado por una de las múltiples opciones que me rondaban por la cabeza. Sí, creo que lo mejor va a ser empezar por el principio, como por otra parte parece lógico. No hablo del título (de hecho, lo suyo es que el título, al menos el definitivo, debería ser lo último), ni la portada, ni nada por el estilo.

No. A lo que me refiero por “el principio” es a la idea. Creo que es conveniente pararnos un poco en el proceso de génesis de la historia, en sus orígenes más primitivos, antes de lanzarnos al ataque escribiendo un supertexto. Es algo que creo válido tanto para cuando queremos escribir historias largas como para cuando queremos escribir relatos cortos.

Es cierto, muchas veces la idea es, sobre todo, cosa de inspiración. El voluntarismo funciona, pero no a estos niveles. La idea no se fabrica. No se crea. Simplemente surge. Nos encontramos con ella cuando menos nos lo esperamos. Pero no toda idea es váilda ni apropiada para nosotros. Antes que nada, hay que ser consciente de cuáles son las limitaciones y las virtudes o capacidades de uno mismo. COmo en todas las cuestiones de la vida, es necesario un verdadero proceso de discernimiento. Enfrentarse al papel en blanco con lo primero que se nos ocurre, sin tener las cosas claras, es una aventura, sí, pero la mayor parte de las veces reporta más frustración que satisfacción. Por eso, cuando se enciende la bombilla creo que es conveniente hacerse unas cuantas preguntas.

La primera de todas es, seguramente, la siguiente: “¿Por qué quiero escribir?” “¿Por qué quiero escribir esto?” La primera de estas dos preguntas nos vendría bien hacérnosla de vez en cuando y respondernos con sinceridad. Pero es en la segunda de ellas en la que me quiero fijar, porque está más relacionada con el tema que quería tratar hoy. Lo primero que debemos hacer cuando recibimos la llamada de la musa es explorar los motivos de la idea. Es decir, debemos preguntarnos por la inspiración en sí misma. Si sé por qué quiero escribir sobre algo, me ayudará, primero, a clarificar mis motivaciones, la postura que voy a adoptar frente al relato. De ello depende mucho del resultado final y de la gratitud del trabajo, en el fondo. Creo que no me he encontrado nada más vacío que escribir “porque toca”, aunque luego el resultado fuera más o menos interesante. Además, esta clarificación de nuestras intenciones nos ayudará a responder a las siguientes cuestiones.

Bien, ahora ya sabemos qué nos lleva a escribir y a escribir algo en concreto. Es un gran paso, creedme. Pero no termina aquí la cosa. De cara al futuro inmediato, a la escritura propiamente dicha, es tan importante como lo anterior el preguntarse por otra cosa: “¿Qué es lo que voy a escribir?” Me refiero, sobre todo, a profundizar en la idea, a conocerla a fondo, a jugar con ella, darle vueltas y contemplarla de todos los ánculos posibles. Parece lógico. Somos sus dueños y nuestra misión es transmitirla. Y para transmitir, por muy pequeña que sea la parte, debemos dominar el todo. Ese es nuestro objetivo: no sólo tener la idea, poseerla de verdad.

Pero más allá de eso, aunque parte del mismo proceso de profundización en la idea, se situaría otro interrogante que yo considero más importante aún. “¿Qué es lo que quiero contar?” Esta cuestión se enraíza en aquel “¿por qué quiero escribir esto?” del que hablaba antes. Me explico. No podemos perder de vista la dimensión simbólica que tiene la escritura. Como dije, nuestra implicación con lo que queremos escribir es decisiva. Somos conscientes de que, sobre todo, es un vehículo para expresarnos y para abrir al mundo (o a nosotros mismos) lo que hay dentro de nosotros. Es decir, tengo mi idea, la conozco, sé por qué la voy a desarrollar. Pero, ¿qué es lo que realmente quiero decirle a mis posibles lectores (y a mí el primero) a través con ella? Sabemos que la forma (la idea tal y como la vamos a plasmar) sólo es la puerta de acceso al verdadero significado de lo que realmente queremos transmitir. Conocer realmente este fondo de significado es realmente importante para poder adecuarnos y ser fieles a nosotros mismos y a la idea en sí.

Luego vendrían las cuestiones del cómo y demás, pero creo que en ese tipo de temas ya me meteré en otro momento.

septiembre 23rd, 2009

Declaración de principios

Durante los últimos días, semanas, me ha venido rondando la cabeza una idea que puede rayar en lo soberbio, lo pretencioso o lo creido. Me explico. Se trataría de crear un blog en el que compartir, desde mi experiencia, pequeños consejos y reflexiones sobre cuestiones relacionadas con la que es mi pasión: la escritura.

Releía yo el artículo que enlazó Kurokotetsu sobre lo de los diálogos y la idea se iba formando en mi mente con cada vez más claridad, pero al mismo tiempo surgían las dudas y el debate interno. ¿Hacerlo o no hacerlo? ¿Merece la pena el aparente esfuerzo? ¿Soy yo quién para hacer esto o realmente no tengo nada que aportar a nadie? ¿Seré lo suficientemente constante? La escritura es mi hobby. No soy más que un escritor aficionado. ¿Quién soy yo para dar consejos a nadie? Aquí es cuando en mi cabeza comenzaba a sonar ¿De qué vas? de Siniestro Total. ¿No será demasiado pretencioso?

Pero al final me dije. Sí, es pretencioso. ¿Y qué? Al fin y al cabo es parte del espíritu de la FFF compartir las experiencias de cada uno con los demás, ¿no? Por eso decidí hacerlo aquí en lugar de un blog aparte (además de porque así no tengo la presión de mantener un blog en solitario). Por eso, aquí y ahora, doy comienzo a esta sección, con mis mejores deseos y con la mayor ilusión. Espero que a vosotros os guste y, sobre todo, que os aproveche.