<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Caldeirada de Marisco &#187; Centolo literario</title>
	<atom:link href="http://centoloman.inopia.net/category/centolo-literario/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://centoloman.inopia.net</link>
	<description>Memorias de un marisco en tierra firme</description>
	<lastBuildDate>Thu, 29 Jul 2010 23:46:44 +0000</lastBuildDate>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.0</generator>
		<item>
		<title>Akano 42 &#8211; Twisted</title>
		<link>http://centoloman.inopia.net/2010/07/30/akano-42-twisted/</link>
		<comments>http://centoloman.inopia.net/2010/07/30/akano-42-twisted/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 29 Jul 2010 23:46:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Centoloman</dc:creator>
				<category><![CDATA[Akano]]></category>
		<category><![CDATA[Mis Escritos]]></category>
		<category><![CDATA[escribir]]></category>
		<category><![CDATA[FFF]]></category>
		<category><![CDATA[Historia larga]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[rido]]></category>
		<category><![CDATA[Universo FFF]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://centoloman.inopia.net/?p=2583</guid>
		<description><![CDATA[Después de la sorpresa y del mal sabor de boca que a algunos les dejó el capítulo anterior, espero que este sea capaz de reconducir las cosas. Las consecuencias de lo que descubrimos la semana pasada no son tan felices como nos las prometíamos. Akano 42 &#8211; Twisted – ¿Qué piensas hacer ahora con todo [...]

<hr>
Quizás te puedan interesar estos posts:<ol><li><a href='http://centoloman.inopia.net/2010/05/28/akano-37-la-busqueda/' rel='bookmark' title='Permanent Link: Akano 37 &#8211; La búsqueda'>Akano 37 &#8211; La búsqueda</a></li>
<li><a href='http://centoloman.inopia.net/2009/12/25/akano-23-gnoseocracia-iv/' rel='bookmark' title='Permanent Link: Akano 23 &#8211; Gnoseocracia IV'>Akano 23 &#8211; Gnoseocracia IV</a></li>
<li><a href='http://centoloman.inopia.net/2009/11/28/akano-22-gnoseocracia-iii/' rel='bookmark' title='Permanent Link: Akano 22 &#8211; Gnoseocracia III'>Akano 22 &#8211; Gnoseocracia III</a></li>
</ol>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Después de la sorpresa y del mal sabor de boca que a algunos les dejó el capítulo anterior, espero que este sea capaz de reconducir las cosas. Las consecuencias de lo que descubrimos la semana pasada no son tan felices como nos las prometíamos.<span id="more-2583"></span></p>
<h2 style="text-align: center;">Akano 42 &#8211; Twisted</h2>
<p><em>– ¿Qué piensas hacer ahora con todo esto?</em></p>
<p><em>La voz de Db medio me trajo de vuelta de nuevo a la realidad desde mis ensoñaciones. Un instante antes estaba criando yo mismo a aquella criaturita que llevaba el alma de Nalya y, al siguiente, estaba de regreso en aquella sala de hospital, frente a la incubadora. Porque, aunque ya había pasado bastante tiempo desde el parto, lo fantástico de la fisonomía de la recién nacida había llevado a los doctores a mantenerla en observación, por si acaso.</p>
<p>Nadie nos veía ni nos oía, aunque cuando la niña estaba despierta hubiera jurado que ella sí que era capaz de percibirnos y que nos había sonreído, como si nos reconociera. No nos habíamos enfundado los Gigais, por eso podíamos permanecer aún ahí, solos, rato después de que finalizara el horario de visitas del hospital. Por eso podíamos movernos y hablar con casi total libertad por aquella sala frente a la incubadora.</p>
<p>Kyo llevaba casi todo el tiempo pegado contra la mampara, con la mirada fija de fascinación en la que había sido su madre. Desde un rato antes, el Teniente y yo nos habíamos retirado de allí en silencio, hacia la pared opuesta.</p>
<p>– Rido… – me llamó otra vez.</p>
<p>– ¿Eh? – reaccioné al fin, ubicándome. – ¿Qué?</p>
<p>– Digo que qué piensas hacer ahora con todo esto – repitió</p>
<p>Levanté la vista medio dubitativo y miré a Db con incertidumbre. Aquella era una muy buena pregunta para la que no encontraba ninguna respuesta que me satisficiera aparte de mis ensoñaciones imposibles. Miré de nuevo hacia la incubadora, como si le preguntara a ella y suspiré desesperado por no encontrarla allí tampoco.</p>
<p>– Por mí la raptaba y la criaba yo… – confesé.</p>
<p>Era lo que me pedía el cuerpo, Recuperarla. Tenerla toda para mí aunque con ello se acabara el mundo. La expresión de mi amigo de tantos años se había mostrado comprensiva ante la afirmación, sabiendo, también como yo, que a la hora de la verdad, nunca habría llegado a cometer semejante locura. O que quizás sí… pero que era mejor tratarlo como una broma que como algo dicho en serio.</p>
<p>– No puedes hacerlo… – dijo mi madre, atravesando la puerta con un café en la mano. – Toma…</p>
<p>– Lo sé, lo sé… – sonreí con cierto pesar. – Pero es lo que…</p>
<p>Mi madre me dio el vaso de café y el suyo a mi acompañante y se fue directa hacia Kyo, tomándolo por el hombro en un reconfortante abrazo y dejándonos a Db y a mí con nuestra conversación imposible. Pero no la continuamos, sólo nos quedamos los dos callados, con nuestra bebida entre las manos. Yo observaba el vaso, como si en las profundidades del líquido pudiera perderme y encontrar la solución a todos mis dilemas.</p>
<p>– Hacía mucho tiempo que no tomaba tanto café, la verdad – forcé la risa.</p>
<p>– ¿Sabes? – me dijo Db al fin después de un rato enmudecidos. – No creo que Kyo lo esté pasando tan mal como tú.</p>
<p>– No lo estoy pasando mal…</p>
<p>– Y como siempre, haciéndote el fuerte – sonrió, sin levantar la vista de su café. – El Gran Guerrero…</p>
<p>– … de las Sombras – completé, interrumpiéndole.</p>
<p>– No me interpretes mal – siguió él. – Nalya era el centro de tu mundo… para Kyo sólo es un recuerdo difuso de su primera infancia.</p>
<p>– Es su madre – observé con tono defensivo.</p>
<p>– Sí, ya… pero apenas tiene recuerdos de ella – replicó. – Lo que conoce de esa niña son las batallitas de su padre adoptivo… y nada más. ¿O es que tú te acuerdas de todo con seis años? Para Kyo, sus padres, los dos – terminó – son personajes de un cuento, héroes de una leyenda… lo que tú le contaste.</p>
<p>– De Kyo puedes decir eso – reconocí. – Pero de Nalya… Nalya murió el año pasado – le recordé con cierto pesar.</p>
<p>– Sí… sí… pero se fue hace siete años… ¿Cuántos años tenía Kyo? ¿Siete, ocho? Es un niño, es normal, sus recuerdos son difusos – insistió. – Él ahora está viendo un cuento de hadas que tú le construiste.</p>
<p>– Ya, seguro…</p>
<p>Mientas Db me aleccionaba sobre un tema para el que nadie le había pedido ninguna clase de lección, mi madre se giró hacia nosotros con una mirada admonitoria. Aunque Kyo estuviera absorto en lo que el Teniente acababa de llamar “cuento de hadas” y parecía al margen de la realidad que le rodeaba, podría oírnos y, lo que era peor, malinterpretar lo que estábamos hablando. Con un asentimiento avergonzado, en el que reconocíamos nuestra imprudencia nos disculpamos.</p>
<p>Pero mi compañero no había terminado con su arenga y no iba a renunciar a ella. Me cogió por el brazo y me invitó a seguirle al exterior de la sala, al pasillo del hospital, y allí prosiguió con su exhortación, tratándome de hacer caer de una burra en la que yo me negaba a reconocer que me había subido.</p>
<p>– Mira… sé que te vas a enfadar, – dijo – pero te o digo tal y como lo siento, porque eres mi amigo.</p>
<p>– Ya… No me vengas con monsergas que nadie te ha pedido – le corté.</p>
<p>– ¡Joder, Rido! – protestó. – ¡¿Cuántas veces no me has venido tú con sermones que nadie te había pedido?! Pero lo haces porque eres nuestro amigo y yo lo hago porque tú eres mi amigo, coño – continuó. – Y lo hago porque te quiero y porque me preocupo por ti. Llámalo “intervención” como los modernos o llámalo como te salta de los cojones –se alteró y, fruto de esa alteración, iba subiendo el tono cada vez más. – Pero…</p>
<p>– Pero mierda –me cerré en banda.</p>
<p>–Pero esto que ha ocurrido, si me permites hablar de una vez, – bajó la voz de repente, señalando con el dedo la puerta – es lo peor que te podía pasar… a ti, a Kyo… y a todos los demás por extensión.</p>
<p>– Si tanto te molesta todo esto, ¿a qué cojones has venido?</p>
<p>Le miré desafiante, con los labios apretados, cerrando los dientes, frunciendo el ceño con los ojos abiertos y él me devolvió un gesto compasivo, meneando la cabeza con las cejas arqueadas por la preocupación. Pero yo no aceptaba para nada lo que me estaba diciendo. No quería aceptarlo. Ni siquiera tenía la más mínima intención de considerarlo. Nalya estaba viva. Punto. No había más que hablar. Y él… y todos ellos, Db, Eliaz, Bone, Gaby, Krunzik… debían alegrarse. ¿Qué otra reacción cabía? ¿Cómo podía ser negativo?</p>
<p>– He venido porque me preocupas – explicó después de coger aire, seguramente para evitar soltarme una contestación al bajo nivel de las mías. – Porque nos preocupas, porque no soy yo solo – aclaró. – Fíjate que quería venir Bone, así que mira lo que canta – bromeó.</p>
<p>– Vale… – cedí, aunque sólo de palabra. – Pero por muy preocupados que estéis… ¿aquí? ¿Tenía que ser aquí?</p>
<p>– ¿Qué tiene de malo? – se encogió de hombros. – Cuanto antes mejor. Es más, – añadió – que estés aquí teniendo en cuenta lo que ocurrirá pasado mañana es bastante significativo – apuntó. – Mira – dio un pequeño respingo, cambiando el tono a uno mucho más despreocupado y relajado – te apuesto lo que quieras a que cuando abriste ese papel de periódico…</p>
<p>No quería escuchar nada más. Y mucho menos una ridícula suposición basada en… ¡Basada en nada! ¿Qué cojones iba a saber él de mi reacción al ver la noticia? El Pollo alardeaba de una estúpida “clarividencia” que no venía a cuento. No ahora; no con la que estaba cayendo. Le dejé con la palabra en la boca y, como un niño caprichoso, me escapé de nuevo hacia la incubadora.</p>
<p>“Lo peor que me podía pasar” ¡Ja! ¡Y una mierda! ¡Una puta, jodida y miserable mierda! ¿Es que no lo entendían? ¡Nalya! ¡Era Nalya! ¡Joder! ¡Nalya! ¿Cómo no iba a ser lo mejor que podía suceder? Hacía siete años que la había perdido. ¡La había encontrado! ¡Al fin! ¡Joder! ¡Al fin! Confuso, cabreado, obcecado… tenso como hacía tiempo que no estaba, me senté en el suelo, acuclillado, apoyándome contra la pared opuesta a la mampara de cristal.</p>
<p>No sé cuánto tiempo estuve así, buceando y enredándome aún más en la enrevesadísima maraña de mi desconcierto y de mi enfado. Sólo volví a tener conciencia de la realidad que me rodeaba cuando una sombra me cubrió, privándome de la luz artificial que se colaba entre el hueco que quedaba entre mis brazos, apoyados sobre las rodillas, y las piernas que tenía entre abiertas. Cuando levanté la mirada, vi que mi madre me observaba fijamente, con pesar y preocupación.</p>
<p>– Kyo está agotado – me informó. – Db se lo ha llevado ya para el Sereitei.</p>
<p>– ¿Por qué no me avisasteis?</p>
<p>– Porque quier hablar contigo antes de volver.</p>
<p>– ¿Tú también?</p>
<p>– Claro que yo también – contestó, con su sonrisa de doble sentido. – Soy tu madre, es mi obligación.</p>
<p>– Genial…</p>
<p>– ¿Te vas a enfadar conmigo como te enfadaste con tu amigo Db?</p>
<p>La miré con cansancio y me levanté pesadamente apoyándome en la pared para impulsarme hacia arriba y ponerme al fin de pie. Sacudí mis ropas instintivamente para alisarla y volví a posar la vista en mi madre como pidiéndole que me ahorrara el trámite. Pero no estaba dispuesta a hacerlo. Sin embargo, yo no tenía muchas ganas de enfrentarme a nadie más.</p>
<p>– Mejor así – rió, dando a entender que estaba al tanto de lo que estaba pensando.</p>
<p>– En serio – me quejé. – Te pediría por favor que no hicieras eso ahora mismo.</p>
<p>– Soy tu madre, es mi…</p>
<p>– Es tu deber… Sí, lo sé – completé cansinamente su estribillo. – Sólo…</p>
<p>– Vale, vale… – capituló. – Venga, vamos andando… Te acompaño a tu casa.</p>
<p>Con un gesto ágil y gracioso, haciendo gala aún de una forma física que apenas dejaba sospechar que llevaba siete siglos en la reserva. Abrió el Senkaimon, invocó a las correspondientes mariposas que nos había asignado el Sereitei a través de la Novena División y enseguida estábamos de vuelta en la blanca Ciudadela de las Almas Puras.</p>
<p>– No te das cuenta ahora mismo, – comenzó con su sermón – pero en el fondo sabes que Db tiene razón. Esto no tenía que haber pasado ahora – recordó. – Sí, bueno, el tiempo que tarda el ciclo de metempsicosis sumado al tiempo de un embarazo… – divagó, encogiéndose de hombros. – Pero que Pandora viniera y te lo soltara todo así de golpe… no era así como tenía que suceder. Ni cuándo.</p>
<p>– ¿Y tú qué sabes? – repliqué. – El destino muchas veces se escribe con las cosas más… gilipollas.</p>
<p>– Lo sé, lo sé – aceptó. – Me refiero en un estado ideal de las cosas. Todavía no estás preparado – espetó. – No estás preparado para reencontrarte con ella y no está preparada ella para reencontrarse contigo – matizó. – Pero ni siquiera eso es importante… eso es el destino.</p>
<p>– ¿Qué quieres decir? – me interesé, aunque era un interés más fingido que sincero.</p>
<p>– Recuerda por qué se fue Nalya – propuso. – Quería protegerte a Kyo… y a ti. ¿Es a este mundo al que quieres traerla de vuelta? – preguntó. – Nadie sigue ahí, de hecho la situación es peor que cuando ella se fue – advirtió. – Cierran la investigación, surgen nuevos grupos terroristas, cada vez estás más “perseguido”. ¿Crees que es aquí, ahora, donde debe terminar su camino?</p>
<p>Me quedé en silencio considerando sus palabras, momento que ella aprovechó para repetir lo mismo que me acababa de decir de una forma mucho más cargada de florituras, como si quisiera hacerlo más significativo utilizando la poesía.</p>
<p>– Ahora mismo crees que el camino ha terminado – continuó. – Lo crees desde el mismo momento en que llegaste a casa y nos enseñaste ese recorte de periódico. Y lo sé desde ese mismo momento – señaló. – No me hizo falta leerte la mente, soy tu madre, sé esas cosas – apuntó. – Crees que ya no hace falta luchar, que tu… “misión” se ha acabado. Quieres dejarlo. No te importa ya. Y no es así – contrapuso. – No es así. Aún te queda mucho que trabajar si quieres que su camino no haya sido en vano. Tienes que ser firme, paciente, esperar a que llegue el momento y luchar para que llegue el momento en que sí que puedas decir “Ha vuelto” como dijiste el otro día – terminó. – Porque si tú caes, los demás caen.</p>
<p>– No soy tan importante.</p>
<p>– Lo eres para nosotros – señaló. – Y lo eres para tus amigos. Sólo basta ver cómo te miran – puntualizó. – Tienen fe en ti. Eres como un líder para ellos.</p>
<p>– Eso no es verdad – rechacé la idea. – No soy más que ellos.</p>
<p>– Y lo eres para Kyo – terminó. – Y lo eras para Nalya, lo sé. Y eras parte esencial de sus planes – se atrevió a decir. – Si tú no estuvieras ahí no se habría ido. No confiaría a nadie más a Kyo. Y tú lo entendiste perfectamente – afirmó. – Trabajaste duro para prepararle el camino de vuelta, con su hijo, con tu investigación, pero aún falta terminar ese trabajo. No puedes dejar que se vaya a pique por un espejismo – insistió. – Porque esto, hijo mío, – concluyó su arenga – todavía es un espejismo.</p>
<p>Entre sermones y afirmaciones unas más osadas que otras habíamos alcanzado al fin la puerta de mi apartamento en la Academia. Me había instalado allí de nuevo mientras terminaba de trabajar en la planificación de una misión a la que, en eso sí que había acertado, no tenía ninguna gana de acudir. Aunque fuera Nadie. Sólo quería estar en un sitio, pero esta vez solo.</p>
<p></em></p>
<p><em>– Hay algo más de lo que me gustaría hablarte respecto a todo esto… – anunció mi madre. – Pero hay tiempo, mucho tiempo, espero…</em></p>
<p>La noticia de la “resurrección” de Nalya lo revolucionó todo, tanto en mi casa como en el Cuartel de la Novena División. No era para menos, la cornuda había marcado las vidas de prácticamente todos y cada uno de los que poblaban y significaban algo en las instalaciones militares a las que habíamos permanecido tanto ella como yo y, en lo que respectaba a mi familia, no sólo era la madre de Kyo y mi amor, “no correspondido”, pero eso no venía al caso, sino que había sido una pieza muy importante en la defensa de la mansión y de nuestro clan años atrás, en aquella batalla en la que había caído el padre del que hoy era mi hijo adoptivo.</p>
<p>Pero nos traíamos algo demasiado importante entre manos y teníamos que centrarnos. Resultaba realmente difícil. Db, Bone, Eliaz, yo… todos habíamos tenido relaciones muy estrechas con la recién nacida, fuera como amiga, como compañera o como algo más. Por eso su renacimiento era un elemento lo suficientemente desestabilizador como para que el Teniente de la Novena División planteara, abiertamente, la conveniencia de emprender ahora la cruzada contra Nadie.</p>
<p>Sin embargo, no había margen de maniobra. Kyrek había comprometido ya los recursos del Escuadrón a su mando en un movimiento que, políticamente, resultaba como poco arriesgado. Y no era el prestigio de una División cualquiera la que estaba en juego. Era el prestigio del cuerpo al que habían pertenecido nombres tan ilustres como Akano Kumaru, Nakajima Kyo o la propia Nalya. “Políticamente” nos veíamos obligados a continuar.</p>
<p>Pero esa razón sólo convencía a nuestras cabezas. Nuestros corazones… mi corazón me decía que tenía que dejarlo todo y correr al otro lado del Senkaimon, al lugar que mencionaba el papel de periódico que me había traído Pandora y cuidar de aquel pequeño bebé el tiempo que fuera necesario. Vigilarla, cerciorarme de que todo iba a ir bien. Por mí, por Kyo, por ella… Y a cada momento que pasaba, estaba más convencido de que eso era lo que tenía que hacer y más decidido a hacerlo.</p>
<p>Tuvo que venir mi madre, como siempre, a darme una lección. Su capacidad psíquica le daba una perspectiva única, madurada a lo largo de años y años de práctica y de pruebas tan duras como la que había supuesto el cruel asesinato de su primogénita, de la hermana que nunca había llegado a conocer.</p>
<p>La noche anterior a que todo se pusiera en marcha, nos habíamos reunido en mi casa del campus académico un grupo de oficiales de la Novena División encabezado por Kyrek y Db, Gaby, Kaiser, Yuki, mis padres y yo. Se trataba de planear la estrategia para la tarde posterior, de cara a movilizar al resto del dispositivo que habíamos ideado. Por fin Eliaz había trazado un plano útil de los subterráneos de su mansión que no estaba lleno de borrones y que incluía, además, los subterráneos de la finca de los Muriami.</p>
<p>El hijo de Sadoq Asharet no quiso revelar cómo había conseguido acceso a aquella zona para poder trazar aquel mapa con la precisión con la que lo había hecho. Sólo dijo, en el tono de fingida – o no tan fingida – altivez y caballerosidad que le caracterizaba, que un espía como él no revelaba su técnicas a cualquiera, a lo que todos decidimos callar en lugar de cuestionarle a él y, de paso, la fiabilidad de los mapas.</p>
<p>En el centro de sus mapas, justo en la zona en la que la mística estelar – por seguir ajustándome a los términos empleados por mi amigo – era mayor, había una gran cavidad de roca, una gruta natural que no podía dejar de recordarme a los subterráneos del volcán donde se congregaba la Asamblea de los Días Venideros. El Asharet nos explicó que había conseguido escabullirse hacia allí y que estaba todo dispuesto como un enorme templo. Era, pues, el lugar que habíamos buscado.</p>
<p>Después de que lo hubiéramos tratado una y mil veces y barajado cientos de hipótesis, el plan parecía claro en nuestras cabezas. Pero teníamos que pasar por encima de él otra vez más, sobre el mapa, con las localizaciones más metidas en nuestra cabeza, por si surgían problemas que, a simple vista, ni yo ni Eliaz, que lo habíamos trabajado durante toda la tarde, no habíamos encontrado. Era sencillo y totalmente previsible: aprovechar los túneles subterráneos de la Mansión de los Ashartîm para acceder a los</p>
<p>Sí, era cierto. Si supieran nuestros planes y nos estuvieran esperando, era bastante posible que nuestra estratagema se volviera en nuestra contra. Era lo mismo que habíamos pensado mi amigo y yo durante toda la tarde y fue la primera pega que nuestros interlocutores le encontraron a nuestra táctica. Pero Eliaz insistía una y otra vez en que no podía ser de otra forma.</p>
<p>– A menos… – objetó Kyrek.</p>
<p>La mirada y el índice directo del Capitán de la Novena División se posaron en la finca que quedaba inmediatamente al noroeste de la residencia de los Muriami, la mansión que en otro tiempo había albergado al clan Kaimitsu. Insinuaba que posiblemente podríamos acceder desde allí. Teniendo en cuenta que aquella familia había comandado siempre el Grupo de Operaciones Especiales, no era descabellado que también contaran con una red de subterráneos que, por otra parte, parecía recorrer todo el Sereitei como un primitivo alcantarillado.</p>
<p>– Pues… – murmuró Eliaz no muy convencido.</p>
<p>– Hay un problema – intervino Kaiser. – Es un terreno desconocido para todos nosotros, tendríamos que encontrar túneles de acceso, explorarlos, asegurarlos… No hay tiempo para eso.</p>
<p>– Sin contar – siguió la que había sido su Teniente – que si entramos por aquí tendríamos que recorrer casi toda la finca Muriami. Es más peligroso.</p>
<p>– Y la finca está abandonada, en teoría – concluyó mi padre, cerrando el círculo de los miembros de la antigua Décima División. – Llamaríamos demasiado la atención.</p>
<p>– Ya… – observó el rubio Capitán, aceptando las objeciones que se le señalaban a su propuesta. – No, bien, vale…</p>
<p>– No estaría de más mandar un pequeño grupo de reconocimiento – concedió el patriarca de los Wolf. – ¿Qué te parece? – se giró hacia Yuki.</p>
<p>– ¿Tilly y yo? – propuso ella.</p>
<p>– Llevaos también a Cloud y a Okita – ordenó Kyrek.</p>
<p>– Tenéis que moveros rápido – siguió Kaiser. – Buscar una entrada, atravesar la finca y apoyar al grupo principal.</p>
<p>– Que entrará por aquí – habló Eliaz, tomando la palabra de una forma un tanto apresurada mientras señalaba el más amplio de los dos túneles que enlazaban con nuestro objetivo. – Por este otro irá un grupo más pequeño.</p>
<p>– La intención es dispersarlos – expliqué. – Atraer al mayor número de ellos hacia nuestro grupo principal y que el segundo grupo les gane la espalda. Por eso – levanté la vista hacia Yuki y mi madre – si lográis entrar, es bueno que intentéis liquidar a los que pueda haber por el norte.</p>
<p>– ¿Y si no hay forma de entrar? – preguntó Okita.</p>
<p>– Nos unimos al grupo principal – respondió mi madre.</p>
<p>– Sí, vosotros iréis con unas horas de adelanto – asintió Kaiser.</p>
<p>Tras aclarar todas las pegas y tratar de solventar el mayor número posible de ellas, era el momento de las últimas instrucciones. No debíamos usar fuerza letal a menos que fuera estrictamente necesario, el líder de cada destacamento debía informar regularmente al centro de control… Cuestiones que eran casi protocolarias, pero que había que dejar claras ahora y que habría que dejar claras en la reunión con el resto del destacamento la mañana siguiente.</p>
<p>Después de atar todos los cabos sueltos, seguía pareciendo un plan muy frágil en el que todo dependía del elemento sorpresa. Si alguien se iba de la lengua todo iría mal, muy mal. No podíamos permitirnos desperdiciar una ocasión como aquella. Por eso mismo, sólo serían informados de todos los detalles de la operación los oficiales asignados, todos ellos de la suficiente confianza. Oficialmente, se tratarían de unas maniobras de entrenamiento.</p>
<p>Por si no era suficiente, terminamos aquella reunión con un nuevo repaso, el enésimo, de todos los detalles de la operación. Y así nos dio la madrugada. A media tarde del día siguiente tendría que estar todo claro y perfecto. Y todo el mundo debía estar lo suficientemente descansado como para rendir al cien por cien en la escaramuza. Mejor retirarse ya.</p>
<p>Así lo hicieron todos, aunque yo tenía la intuición de que apenas podría cerrar ojo y de que, igual que a mí, le ocurría a muchos de los que estaban allí. Todos nos jugábamos mucho. Eliaz luchaba contra el oscuro legado de su familia; Db, contra los temores de su juventud, Kyrek había puesto en el alero la fama de su División; Kaiser, Yuki y mis padres se jugaban la venganza de toda una generación… Aunque no acabáramos con Nadie, sería un día grande.</p>
<p>Todos se fueron marchando poco a poco, entre expresiones de ánimo y de confianza que en mucho eran, sobre todo, arengas a uno mismo, para estar dispuesto para el momento crucial. Al final, se quedaron retrasados Db y Kyrek, y el Capitán llevaba un gesto que hacía ver a las claras que aún le quedaba algo más en la recámara.</p>
<p>– ¿Qué pasa ahora? – pregunté con un tono cansado, pero que podía entenderse como fastidioso.</p>
<p>– Tenemos que hablar.</p>
<p>– ¿No puede esperar a mañana? – me quejé</p>
<p>– Me temo que no – meneó la cabeza el Capitán. – Prefiero dejar esto zanjado antes de que surja algún malentendido.</p>
<p>– Va… – suspiré. – Vale, vale… Sentaos.</p>
<p>Se giró levemente, lo justo para indicarle con un gesto mudo a Db que se adelantara y nos dejara a solas. Le ofrecí un café, que rechazó. Yo me serví una taza y me senté junto a él, dispuesto a escuchar con atención lo que me tuviera que decir. Por su mirada y por los preliminares de la conversación, podía apostar a que no me iba a gustar.</p>
<p>– En la División… – comenzó con titubeos. – En la División tienes fama de ser un gran estratega.</p>
<p>– Peligroso cumplido… – comenté, antes de un sorbo de la negra infusión. – Totalmente desmerecido, por otra parte.</p>
<p>– Bueno, por lo que he podido saber, tú diseñaste la estrategia del Yorokonde – recordó. – Y otras muchas operaciones, en general más que exitosas. Y con un reducido número de bajas…</p>
<p>– Vale… – me recosté en el asiento. – ¿Cuál es el problema entonces?</p>
<p>– Mira… No quiero que me interpretes mal, pero…</p>
<p>– Eres consciente de que la última vez que empezaste una conversación así conmigo la cosa no acabó bien, ¿verdad?</p>
<p>– Lo sé, pero aún así – asintió. – Hoy no te he visto fino y sé que no soy el único que lo ha pensado. De hecho… tu única intervención fue señalar una obviedad como un templo – indicó, incidiendo aún más en mi supuesta falta de capacidad.</p>
<p>– Es tarde – me defendí. – Todos tenemos nuestros días mejores y peores.</p>
<p>– No tú, no en esto, no con Nadie a las puertas – observó. – ¿Te acuerdas el día que murió Deiss? En menos de lo que canta un gallo asumiste toda la Dirección del Departamento, nombraste un nuevo profesor y reorganizaste buena parte de la Academia…</p>
<p>– Bueno… Tam…</p>
<p>– Déjame terminar – siguió, evitando que le interrumpiera. – Y aún por encima, Nadie estaba atacando a tu familia. ¡Al mismo tiempo! No, Rido – meneó la cabeza una vez más. – No estás centrado y te entiendo…</p>
<p>– Pero…</p>
<p>– Pero no puedo arriesgar la vida de mis hombres… de tus amigos – se corrigió – teniéndote allí abajo. Me gustaría que te quedases conmigo coordinando la operación…</p>
<p>Traté de quejarme, pero las palabras se arremolinaban en mi cabeza fruto de un caos difícilmente controlable. Y en el medio de ellas, la imagen de una niña pequeña con dos pequeños cuernos, uno a cada lado de su cabeza, se hacía omnipresente en mi mente. Como si de un recordatorio se tratase, volvieron a mí una vez más las palabras de mi madre de vuelta del hospital, las que me habían impulsado a seguir con esto. Y, junto con ellas, las de Db, y las de Bone en tantas y tantas veces como nos habíamos “peleado” porque les había dejado de lado intentando salvar al mundo yo solo.</p>
<p>Estuve a punto de gritarle a Kyrek que no lo entendía, que era demasiado joven, que no había vivido lo suficiente para saber lo que se sentía. Que era mi lucha. La que me había jurado a mí mismo que llevaría hasta sus últimas consecuencias. Por mi abuelo, Akano Kumaru, asesinado por Nadie. Por Nakajima Kyo, que había corrido la misma suerte. Por Yonas, cargado con una culpa que le había corroído por dentro. Por mis padres, por Kaiser y por Yuki, condenados cobardemente a un exilio injusto y traicionero. Por Kyo y su futuro. Pero sobre todo por ella, por aquella niña pequeña que apenas unas noches atrás había vuelto a ver la luz.</p>
<p>– O incluso mejor – saltó el Capitán de la Novena División. – Quédate con tu hijo. Probablemente ahora te necesite más que nunca.</p>
<p>Aquella afirmación me dejó seco. Pero no estaba dispuesto a rendirme y a ceder fácilmente. Ni siquiera aunque tuviera razón, cosa que me negaba ni siquiera a considerar. No. No podrían conmigo. Por lo menos no sin dar batalla hasta mi último aliento.</p>
<p>– No puedes decirme lo que puedo o no puedo hacer –respondí al fin, mascando las palabras. –No eres mi superior, Kyrek.</p>
<p>– Pero estoy al mando de esta operación – sentenció con total tranquilidad. – Estoy a tiempo de cancelarla.</p>
<p>– ¡No puedes hacerlo! ¡No cuando estamos tan cerca! – le grité. – Hace casi una década que no teníamos nada y no sabremos cuándo…</p>
<p>– Renuncia… Échate a un lado…</p>
<p>– ¡Nadie es mi trabajo! ¡Mi investigación! – protesté.</p>
<p>– Si lo que quieres es crédito, no te preocupes, nadie te lo va a negar – se encogió de hombros.</p>
<p>– Mierda, no es eso… – balbuceé… casi sollocé. – No es eso… Pero nadie conoce a Nadie tan bien como yo… No podéis hacerlo sin mí…</p>
<p>– Precisamente por eso, Rido – asintió. –Precisamente por eso…</p>
<p>– Aunque sea solo, iré – amenacé con fingida decisión.</p>
<p>– No me obligues a desperdiciar recursos poniéndote en custodia…</p>
<p>– ¿Bajo qué cargos? – pregunté con sarcasmo.</p>
<p>– Entorpecer una investigación del Gotei, desobedecer órdenes de la Cámara… – enumeró con la despreocupación de quien se sabe con la sartén por el mango. – Hay donde elegir, eso no me preocupa. Eres peligroso, Rido – añadió, inclinándose hacia delante. – Así como estás eres peligroso. Para ti y para tus compañeros… No puedo dejarte.</p>
<p>– ¿Quién fue?</p>
<p>– ¿Quién fue qué?</p>
<p>– Ya que estamos en este clima de sinceridad – comenté irónico. – No me conoces una mierda. No puedes decir cuándo estoy bien y cuándo estoy mal. Mucho menos te atreverías a decir que “soy peligroso” – advertí. – No. Alguno de mis… “amigos” tiene que estar detrás de esto. ¿Quién? ¿Db? ¿Bone?</p>
<p>– Y Eliaz. Y Mitsuko – confirmó. – Y tus padres. Y Kaiser… y… prácticamente todos los que estaban aquí.</p>
<p>– Sí, seguro…</p>
<p>No me creía lo que me estaba diciendo, pero era seguro que alguien le había dicho algo. No esperaba que mi madre o alguien de mi familia se hubiera dirigido al que no hacía mucho era mi alumno, pero no me extrañaría que Db o Bone lo hubieran hecho. No después del choque que había tenido con el Teniente en el hospital. Y él tenía mucha mano y mucha influencia en su superior. Del mismo modo que había colaborado para que Kyrek nos apoyara en aquella misión podría haberlo hecho para que ocurriera lo que ahora estaba sucediendo.</p>
<p>¿Traición? Un poco me sentía traicionado, sí. Al fin y al cabo, mi compañero sabía perfectamente lo que significaba aquella operación. Pero lo entendía. Había dejado claro su punto de vista durante nuestra discusión y medio había llegado a comprenderlo, aunque me negara a aceptarlo. Sabía que, probablemente, tuviera razón. El que tenía la cabeza caliente y, por tanto, no razonaba bien, era yo. Y era consciente de ello, aunque no era capaz de evitarlo.</p>
<p>Con un bufido cansado, exasperado, enfadado, decepcionado… me desplomé sobre la butaca buscando madurarlo todo para poder escoger bien el camino a seguir. Aunque, realmente, tenía la decisión tomada. La posición de Kyrek era inamovible. O sin mí o no había misión. No estaba dispuesto a contemplar ninguna otra alternativa. Y sabía bien que yo no renunciaría nunca a una oportunidad como aquella. Que no dejaría escapar a Nadie una vez más. Lo sabía porque se lo habían dicho… y estaba en lo cierto.</p>
<p>Pero ahora me tocaba calmarme y avanzar. Porque no era lo mismo tomar la decisión que ponerla en práctica. Y rendirme, porque eso me parecía el paso que tenía que dar, me daba miedo, pero tampoco podía no hacerlo. ¿Cómo iba a obligar a Kyrek a cumplir su amenaza y quedar yo como un completo egoísta? Porque así me verían. No sólo los demás, sino yo mismo. Y aunque mi reputación me importaba una mierda, lo que más me importaba era que una cabezonería pudiera mandar al garete el trabajo de años. Y yo no era, precisamente, una pieza de importantísimo valor militar en el terreno. Tampoco era manco, entendámonos, pero había gente mucho mejor que yo.</p>
<p>Incluirme y forzar a los demás a que me incluyesen sólo alimentaba mi ego, mi necesidad de hacerlo yo todo, ese “complejo de Mesías” que tantas veces me habían echado en cara, directamente o no, mis amigos y que otras tantas les había recriminado yo. Esta vez, aunque sólo fuera esta vez, tocaba dar el brazo a torcer. Aunque doliera.</p>
<p>Porque dolía. ¿No lo entendían? La última vez que me había mantenido al margen había perdido lo que más quería. Aunque fuera en un mundo irreal. La última vez que me había bajado del caballo sin lu4char, se había ido para siempre. Y aquella vez sí había sido de verdad. Ella, ella, siempre ella.</p>
<p>Ahora la había encontrado de nuevo. Había terminado por fin el tiempo de la búsqueda a ciegas y había entrado en el de la espera paciente y vigilante. Nalya estaba ahí. Sólo tenía que aguardar el momento de recuperarla, como el pescador que espera con proverbial estoicismo a que pique el pez. No podía permitirme el lujo de perderla de nuevo ni de dejarla escapar. No ahora que tenía todo un futuro por delante.</p>
<p>Fuera superstición, fuera capricho, fuera orgullo, mantenerme al margen me daba miedo, como si fuera invocar la mala suerte que me había perseguido en anteriores ocasiones. Por eso la crisis se me hacía si cabe más profunda. No sólo me apartaban del mayor avance en años en la investigación a la que me había entregado casi por completo sino que me daba miedo lo que pudiera significar.</p>
<p>Pero tenía que ceder. Tenía que hacerlo. Vencer a mis miedos y conformarme con las migajas. Con ver los toros desde la barrera y estar al quite por si acaso, no lo quisiera la fortuna, fuera imperativo que interviniese. Era lo único con lo que podía contentarme… si es que existiera contento alguno en mi situación.</p>
<p>– Está bien – cedí con decepción y rabia. – Me quedaré en el centro de mando contigo… pero si pasa algo…</p>
<p>– Tranquilo – sonrió él satisfecho por haber alcanzado su objetivo. – Va a salir todo bien.</p>
<p>– Pero si pasa algo… – insistí de nuevo.</p>
<p>– Entrarás en acción – asintió, levantándose para dar por concluida la reunión. – Tú y toda la División. Buenas noches, Rido – se despidió. – Descansa.</p>
<p>No le respondí verbalmente, sólo con un gesto cansado con la cabeza. Ni si quiera me levanté. No tenía fuerzas ni ganas ni nada de nada. Al fin, después de un par de minutos sentado, tranquilo al fin exteriormente, en el que pude darme el lujo de repasar mentalmente todo lo que había sucedido y acostumbrarme a la situación me di por vencido. No había nada que pudiera hacerle. Y lo peor de todo, quizás los otros tenían razón.</p>
<p>Sonó el reloj de la pared, haciéndome llevar la vista casi automáticamente a la esfera para comprobar que era lo suficientemente tarde como para considerar que estar despierto, teniendo en cuenta la importancia de la jornada que debía enfrentar en cuanto amaneciera, era una absoluta temeridad. Me levanté, cogí la taza y la llevé hacia la cocina para dejarla en el fregadero con la intención de solucionarlo juntamente con el desayuno. Luego, ya casi con el piloto automático puesto, me fui a acostar.</p>
<p>Pero no llegué a la cama. En cuanto traspasé el umbral de la puerta de mi habitación ya no estaba en mi apartamento. Estaba en el monasterio, lo sabía aún sin mirar alrededor, que estaba oscuro y tenebroso como no lo recordaba. Y no porque estuviera en el interior, sino porque, misteriosamente, era de noche. La primera vez que llegaba allí de noche, si me paro a pensarlo. Y una noche sin luna. Comprobé visualmente el espacio que me rodeaba y pude adivinar que estaba en el claustro, pero estaba solo.</p>
<p>– ¡Viejo! – grité enrabietado. – ¡Me cago en todos tus putos muertos, baja aquí!</p>
<p>Conjurada por mis juramentos, que no cesaban, la luz de una antorcha se encendió al fondo del corredor del atrio en el que me encontraba y la sombra del monje se fue haciendo más pequeña a medida que se me acercaba. Y lo hacía lentamente, como a tientas, como si el terreno en el que se moviera fuera inestable.</p>
<p>– No es de noche – sentenció, enigmático, cuando aún estaba a una cierta distancia. – Tampoco es un eclipse.</p>
<p>Cuando llegó hasta mí pude darme cuenta de que la escena era aún más macabra de lo que podría parecer en un principio. Al reflejo de las rachas de luz que emanaban del fuego de la tea, las manos del monje, lo único que alcanzaba a ver por debajo de su túnica, semejaban mucho más ancianas, más ajadas… incluso uno podría decir que traslúcidas.</p>
<p>– Simplemente se ha ido la luz.</p>
<p>– Pero…</p>
<p>– No te preocupes – contestó en un tono que parecía más tranquilo de lo que uno intuiría. – No es que haya pasado antes, pero tampoco necesariamente malo.</p>
<p>– ¡¿Qué cojones está pasando?!</p>
<p>– ¿Por qué todo se derrumba a tu alrededor?</p>
<p>Lo miré fijamente a unos ojos que sólo era capaz de intuir con los míos abiertos como platos. Estaba acostumbrado a que me leyera el pensamiento, pero nunca antes siquiera de que yo fuera capaz de vislumbrarlo en el interior de mi mente. Esta vez se había adelantado. Quizás en mi estado no fuera quién de darme cuenta de que era una respuesta bastante probable a juzgar por la situación, pero su precisión “telepática” me tomó completamente por sorpresa.</p>
<p>Sin embargo, no era eso lo que más me llamaba la atención. El tono en el que me hablaba, tranquilo, misterioso… sabio, recordaba al que había utilizado las primeras veces en que había visitado el monasterio, antes de revelárseme como un completo cabrón sarcástico. Lo peor de todo es que, en aquellos primeros encuentros, las cosas no iban precisamente bien, algo de lo que incluso con la mente embotada como la tenía en ese instante fui capaz de señalar en mi interior. Lo mejor de todo es que había sido precisamente la sabiduría de Balmung la que me había guiado a la hora de superar los escollos.</p>
<p>Probablemente esto significara que iba a necesitarlo otra vez.</p>
<p>– Es lo que sucede cuando los cimientos se van a tomar por culo – sentenció, quejicoso y enigmático al mismo tiempo.</p>
<div id="fb-like" style=""><iframe src="http://www.facebook.com/plugins/like.php?href=http://centoloman.inopia.net/2010/07/30/akano-42-twisted/&amp;layout=standard&amp;show_faces=true&amp;width=640&amp;action=like&amp;font=arial&amp;colorscheme=light&amp;locale=es_ES" scrolling="no" frameborder="0" allowTransparency="true" style="border:none; overflow:hidden; width:640px; height:30px"></iframe></div>

<hr><p>Quizás te puedan interesar estos posts:<ol><li><a href='http://centoloman.inopia.net/2010/05/28/akano-37-la-busqueda/' rel='bookmark' title='Permanent Link: Akano 37 &#8211; La búsqueda'>Akano 37 &#8211; La búsqueda</a></li>
<li><a href='http://centoloman.inopia.net/2009/12/25/akano-23-gnoseocracia-iv/' rel='bookmark' title='Permanent Link: Akano 23 &#8211; Gnoseocracia IV'>Akano 23 &#8211; Gnoseocracia IV</a></li>
<li><a href='http://centoloman.inopia.net/2009/11/28/akano-22-gnoseocracia-iii/' rel='bookmark' title='Permanent Link: Akano 22 &#8211; Gnoseocracia III'>Akano 22 &#8211; Gnoseocracia III</a></li>
</ol></p>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://centoloman.inopia.net/2010/07/30/akano-42-twisted/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Akano 41 &#8211; Dies Natalis</title>
		<link>http://centoloman.inopia.net/2010/07/23/akano-41-dies-natalis/</link>
		<comments>http://centoloman.inopia.net/2010/07/23/akano-41-dies-natalis/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 22 Jul 2010 22:12:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Centoloman</dc:creator>
				<category><![CDATA[Akano]]></category>
		<category><![CDATA[Mis Escritos]]></category>
		<category><![CDATA[escribir]]></category>
		<category><![CDATA[FFF]]></category>
		<category><![CDATA[Historia larga]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[rido]]></category>
		<category><![CDATA[Universo FFF]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://centoloman.inopia.net/?p=2580</guid>
		<description><![CDATA[¿Capítulo nuevo de Akano? ¡Sí! ¡Ya iba siendo hora c***! Digo&#8230; esto&#8230; Nada, que como habéis podido comprobar me he tomado unas vacaciones literarias no tan voluntarias como parecería en un primer momento. Con el examen, primero, y con la resaca mundialista, después,  de por medio que&#8230; bueno, que mis musas decidieron que mi cabeza [...]

<hr>
Quizás te puedan interesar estos posts:<ol><li><a href='http://centoloman.inopia.net/2010/01/07/akano-25-reencuentro-ii/' rel='bookmark' title='Permanent Link: Akano 25 &#8211; Reencuentro II'>Akano 25 &#8211; Reencuentro II</a></li>
<li><a href='http://centoloman.inopia.net/2009/12/31/akano-24-gnoseocracia-v/' rel='bookmark' title='Permanent Link: Akano 24 &#8211; Gnoseocracia V'>Akano 24 &#8211; Gnoseocracia V</a></li>
<li><a href='http://centoloman.inopia.net/2009/12/05/no-akano-this-week/' rel='bookmark' title='Permanent Link: No Akano this week'>No Akano this week</a></li>
</ol>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¿Capítulo nuevo de Akano? ¡Sí! ¡Ya iba siendo hora c***! Digo&#8230; esto&#8230; Nada, que como habéis podido comprobar me he tomado unas vacaciones literarias no tan voluntarias como parecería en un primer momento. Con el examen, primero, y con la resaca mundialista, después,  de por medio que&#8230; bueno, que mis musas decidieron que mi cabeza no era buen lugar para vivir, y menos si tenían que pelearse, además, con el Doctor Who&#8230; no el de ahora, el de los años 60.</p>
<p>﻿Bueno, eso <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/TGIF">TGIF</a>. O lo que es lo mismo: que ya es viernes&#8230; (o casi). Sí, ese día en el que, después de unas vacaciones inesperadas, vuelve Akano. ¿Con Kara? ¿Con Nadie?  Pues&#8230; No. La vida es dura, pero no, no va a avanzar mucho la trama. Dejémoslo en que es una nueva toma de contacto con la escritura que incluye una dedicatoria a una de las personas que ha hecho que esto sea realidad aunque ahora no esté tan metida en el proyecto como antes. Lo descubriréis a lo largo del capítulo, con título latinajo incluido.<span id="more-2580"></span></p>
<h2 style="text-align: center;">Akano 41 &#8211; Dies Natalis</h2>
<p>Cuando Kara regresó al Cuartel de la Decimotercera División, más tranquila y sosegada que como había llegado a mi casa pero, aún así, aún inquieta por lo que había descubierto en su mundo interior, mi interés se vio obligado a redirigirse de nuevo hacia la operación que teníamos programada contra Nadie. Apenas quedaban unos pocos días y sentía que necesitaba recalcular cada detalle, repasarlo, hacerlo perfecto.</p>
<p>– Y lo peor de todo es que no sabemos nada seguro – me quejé.</p>
<p>– ¿Perdón? – sonó la voz de Rina al fondo. – ¿Hablaba conmigo, Director?</p>
<p>– ¿Eh? – respondí. – No… No, nada, hablaba conmigo mismo.</p>
<p>Me había ido al despacho para concentrarme mejor repasando los papeles que tenía acerca de Nadie. Había consultado lo que nos había dicho Db con Yurian, pero el profesor de Teoría del Kidoh no había sido capaz de aportar nada nuevo. Tampoco los libros que me había pasado el Teniente de la Novena División habían resultado útiles. Así que allí estábamos, con pocas certezas y muchas intuiciones.</p>
<p>Eso me ponía nervioso, por eso buceaba insistentemente entre papeles para ver si sonaba en la flauta. Pero no averiguaba nada nuevo que nos sirviera para nuestros propósitos. Y, para terminar de redondear la jugada, había cosas que había visto en mi visita al pasado de Kara que no era capaz de apartar prudentemente de mi cabeza para poder centrarme en lo que me tenía que centrar.</p>
<p>– Vaya, vaya, Barbas… Con secretaria y todo…</p>
<p>Aquella voz me dejó helado. No correspondía ahí. Era imposible que correspondiera allí y si, en efecto, mi subconsciente no me había traicionado, entonces es que algo iba realmente mal. Temeroso de una u otra opción levanté lentamente la cabeza hacia el origen de la frase, aunque tampoco hizo falta levantarla mucho.</p>
<p>– Director Akano – sonreía. – No es que suene mal, pero no le pega a un puto deprimido como tú.</p>
<p>Allí estaba, con los mismos profundos ojos verdes de siempre y aquella misma sonrisa cínica y fácilmente inclinada al sarcasmo con la que martirizaba la autoestima de todos los que convivíamos con ella en su Cuartel. Era ella. No había duda de que era ella. Y si había vuelto a esta parte del Senkaimon… no quería pensar en cuáles habrían sido los motivos.</p>
<p>– Y con gafas – se burló. – Te estás haciendo demasiado viejo.</p>
<p>– Tanto leer libros… – alegué. – ¿Qué haces aquí, Pandora?</p>
<p>– Hola, a todo esto – me reprochó. – Te estaba buscando y te he encontrado – contestó enigmáticamente. – Arte me dijo que estarías aquí.</p>
<p>– Estuviste en el Cuartel, entonces.</p>
<p>– Sí, sí – asintió. – No sabía que hubieran habido tantos cambios.</p>
<p>– Cosas de la vida – me encogí de hombros. – Ya sabes, el tiempo pasa, las personas vienen y van, este no es un trabajo agradable…</p>
<p>– Por eso me fui – confesó. – Estaba hasta los huevos de esta vida.</p>
<p>– ¿Y por qué has vuelto? – insistí.</p>
<p>– Todo a su tiempo, barbudo, todo a su tiempo.</p>
<p>Fiel al carácter que la había hecho famosa y temida por todos los miembros de la División, Nalya incluida, y de entre los altos oficiales del Sereitei, la que un día había sido mi Teniente se guardó sus motivos con gesto divertido y comenzó a interrogarme acerca de la actualidad de los acontecimientos del Sereitei. Iba respondiéndole como buenamente podía, pero a cada poco volvía a tratar inútilmente de enterarme de qué era lo que le había motivado a volver. Si lo pensaba fríamente, si lo hiciera de otra forma, si no me hiciera sufrir un poquito, no sería Pandora.</p>
<p>Era la primera vez que la veía vestida de civil. En el funeral de Nalya, la única vez que la había visto desde su marcha de la Sociedad de Almas, tanto ella como Kuroda habían decidido, a petición de Henkara seguramente, mantener el protocolo que se seguía en nuestro mundo y vestir el uniforme de gala en señal de respeto por la cornuda.</p>
<p>Terminé aceptando el hecho de que no me contara nada y yo mismo entré en su juego de preguntas. Apenas habíamos hablado en la ocasión anterior, así que era un buen momento para enterarme de cómo iban las cosas “por ahí abajo”, en el Mundo Mortal. Hacía tiempo que, enfrascado en la investigación, no me había puesto muy al tanto de las noticias, sólo de las que hacían referencia al Sereitei.</p>
<p>– ¿Y qué? – desvió el tema cuando le pregunté por su vida personal desde que había dejado el Sereitei. – ¿Cómo va el enano?</p>
<p>– ¿El enano?</p>
<p>– El hijo de la cornuda – explicó, malinterpretando mi pausa meditativa con una duda.</p>
<p>– Sí, sí, ya, ya – asentí. – Pues… bien… De vacaciones, que acaba de terminar su primer año aquí.</p>
<p>– ¿En la Academia ya?</p>
<p>– Bueno, le adelantamos la edad un pelín – me encogí de hombros. – Así que… bueno, es un poco como Krunzik, pero si no me equivoco ella entró con un año más.</p>
<p>– Krunz… ¡Ah! – se dio cuenta. – La enana de la Diez esa que era tan amiga vuestra…</p>
<p>– Fue a hablar Tachenko… – bromeé provocando que ella bufara algo indescifrable. – En fin, que a lo mejor habría que habérselo adelantado más incluso. Está muy por encima del nivel de sus compañeros… o de la mayoría.</p>
<p>– Eso porque la cornuda y tú fuisteis unos cabezones – replicó. – Os empeñasteis en entrenarlo desde que era un mocoso…</p>
<p>– Como si que fuera bueno fuera un problema – reí.</p>
<p>Llevábamos ya casi una hora hablando y todavía no había soltado prenda. Era un caso perdido. No podía hacer más que esperar pacientemente y no perder la calma hasta que ella decidiera que había llegado el momento. O a lo mejor es que no había ningún motivo para volver… pero en ese caso no “me vendría buscando”.<br />
– Bueno… – se estiró, alargando las sílabas en un conato de bostezo. – Coño, qué tarde es… me voy.</p>
<p>– ¡¿Cómo que te vas?!</p>
<p>– Eh, eh, tranqui tronco…</p>
<p>– ¿“Tranqui tronco”? – reí.</p>
<p>– ¿Qué pasa?</p>
<p>– ¿Aparte de mudarte al mundo mortal también has viajado en el tiempo?</p>
<p>– Vete a la mierda…</p>
<p>– Pando… A ver… – carraspeé. – Si me has venido buscando tiene que haber una razón. Dijiste que me la dirías a su debido tiempo… ¿y ahora te vas?</p>
<p>– Eh… Sí, más o menos – rió con su habitual mueca sarcástica antes de marcharse sin hacer caso a mis protestas.</p>
<p>Me volví refunfuñando a mi escritorio, donde me esperaban los apasionantes detalles de nuestro futuro plan contra Nadie, aunque no sabía si ahora iba a tener la cabeza demasiado centrada como para poder</p>
<p>– Director… – sonó la voz de Rina desde la puerta apenas me había sentado.</p>
<p>– Dime – levanté la vista.</p>
<p>– La señorita que se acaba de ir ha dejado esto para usted.</p>
<p>– A ver… – me acerqué a ella para evitar que hiciese un esfuerzo innecesario y examiné el contenido del sobre que me tendía. – ¡No puede ser!</p>
<p>– ¿Qué es lo que no p…?</p>
<p>No terminé de escuchar la frase de mi asistente. En un impulso decidido, había salido a toda prisa del despacho tratando de alcanzar a Pandora, pero ella ya había previsto mi reacción y se había desvanecido, probablemente usando shumpa. Imposible saber hacia donde se había dirigido. Sí, podía rastrearla, pero no tenía ningún sentido hacerlo así. Ella era como era y si no quería hablar no lo haría. No iba a torturarla tampoco… Claro que aquel razonamiento podía ser sólo una racionalización de mi incapacidad para concentrarme lo suficiente como para poner en práctica aquella técnica.</p>
<p>Imposibilitado de seguir a la antigua Teniente, decidí ir cambiar de planes y me dirigí al Cuartel de la Novena División. Si había ido a algún sitio que yo conociera sería ahí y, si no, al menos tenía ya a mano a todos los demás con los que debía conocer la noticia. Si es que ella no se lo había dicho antes sólo para estropearme la sorpresa y dejarme con cara de tonto.</p>
<p>Además, por lo que me había dicho Db, Kyrek había seguido manteniendo aquella costumbre de Henkara que insistía en que todos los oficiales, al menos todos los que pudieran, realizaran las comidas juntos para así crear más vínculos entre nosotros. Se acercaba la hora de comer, así que no habría mayor problema para juntarlos a todos.</p>
<p>Me tomé el camino de vuelta con cierta calma. Así daba tiempo a todo el mundo para reunirse, aunque no sabían que tenían que hacerlo. Me daba tiempo a mí también, para tranquilizarme y organizar mis ideas, que desde que había leído la hoja de periódico que me había enseñado Pandora estaban demasiado revolucionadas.</p>
<p>En mitad de la revolución y del intento de ordenarme, me di cuenta de que lo realmente urgente no era ir al Cuartel. Ellos ya se enterarían tarde o temprano de la noticia, si es que no se habían enterado ya a través de nuestra antigua compañera. Quizás, sí, hablar con Bone, Db y Eliaz… y no era seguro que este último estuviera allí. Opté por enviarles una mariposa infernal y les pedí que vinieran rápidamente a la mansión Akano. Allí estaba quien tenía que enterarse primero de la noticia.</p>
<p>Cambié de rumbo y entré aceleradamente en casa, asustando a mi madre, que creía que había pasado algo malo. Mi sonrisa tonta e imborrable, casi al borde de las lágrimas de la emoción, que se me había dibujado casi involuntariamente al abrir el sobre y que era incapaz de controlar, le tranquilizó… o quizás le puso más nerviosa pensando en lo que podía haberme excitado tanto. No tardó en darse cuenta… o en leerlo en mi mente. No tenía tiempo para evitar que me la leyera. Entendió, sin embargo, que no debía soltar prenda y sólo me dio un abrazo.</p>
<p>El que más tardó en llegar fue Db, que estaba liado arreglando unos papeles con Kyrek. Como era de esperar, los tres creían que había encontrado la pista definitiva sobre Nadie y transmitieron esa misma sensación a Kaiser y a mi padre con su charla. Eliaz ya había hecho todas las elucubraciones del mundo mientras esperábamos al Teniente, pero ninguna de ellas era acertada. Porque lo que yo tenía que decirles no tenía nada que ver con Nadie, sino con algo mucho más grande.</p>
<p>– Kyo…</p>
<p>El chaval se había mantenido un tanto al margen del corrillo desde que había escuchado las teorías del noble. Creía que no iba con él, pues ya le había insistido en más de una ocasión que no estaba preparado para participar en la operación y que, ahora que la Novena División había ofrecido su apoyo y su cobertura, no necesitábamos – aunque agradecíamos el ofrecimiento – su ayuda.</p>
<p>Tímidamente se acercó a la mesa en torno a la que estábamos reunidos y mi madre le dejó un sitio a su lado, agarrándolo nerviosamente con su brazo derecho por detrás de la espalda del crío, acercándolo hacia ella. Él la miró interrogativamente, pero los ojos, algo vidriosos, de mi madre, estaban clavados en mí, expectantes en cómo se produciría el anuncio de la noticia.</p>
<p>– Bueno… A ver… – me aclaré la garganta. – Resulta que… Bueno…</p>
<p>Era el momento de la verdad y a mí, que estaba más que acostumbrado a hablar en público y, últimamente, a dar discursos, no me salía ni una sola palabra con sentido. Sólo interjecciones dubitativas y sílabas inconexas. Me paré, tomé aire profundamente mientras cerraba los ojos y dejé la mente en blanco para que fuera el corazón el que hablara, que es lo que tenía que ocurrir. De alguna forma noté como, también, Balmung se estaba riendo de mí a la vez que sonreía de pura felicidad.</p>
<p>– ¡Arranca! – me instó Bone.</p>
<p>– Hoy ha venido Pandora… – comencé. – Y… me ha traído una noticia bastante…</p>
<p>– Ah – asintió sonriente Eliaz, que había captado, o al menos eso creía, por dónde van los tiros.</p>
<p>– Sí – reí, sacando la hoja del periódico del bolsillo del uniforme y desplegándola sobre la mesa. – Ha vuelto.</p>
<p>Era un papel ajado que comenzaba a amarillear, signo de que la antigua Teniente había tenido ciertas dudas a la hora de venir a anunciar semejante nueva y que habían pasado algunos días desde la publicación de la noticia. Databa del 11 de Julio en fecha mortal, lo que haciendo cuentas sobre la diferencia temporal significaba entre una semana y diez días antes, como luego especificó Soki. Pero aún era completamente legible, y la foto, lo más significativo de la plana, era aún perfectamente visible.</p>
<p>– ¡¿Qué?! – exclamó Bone, cogiendo impulsivamente la hoja de encima de la mesa para leerla mejor.</p>
<p>– ¡Me cago en…! – reaccionó Gaby. – ¡No puede ser!</p>
<p>– ¿Qué vas a hacer ahora?</p>
<p>Las palabras se amontonaban unas encima de otras formando un murmullo ininteligible en el que todas las reacciones se perdían en el absurdo. La única voz que no sonaba, sin embargo, era la que era más importante, la de Kyo. Callado, había plantado sus ojos en la mesa, donde hacía un momento estaba el papel y no los movía. No se movía. Sólo una pequeña lágrima a la que le costaba aflorar se atrevía a alterar su gesto. Al fin, tembloroso, alzó la mirada y sus ojos se cruzaron con los míos y yo tampoco pude reprimir un tímido llanto al ver la sonrisa temblorosa del hijo de Nalya, de mi hijo.</p>
<p>Cuando todo se calmó, algo que aún tardó en llegar, cogí la hoja de periódico y, ahora sí, emprendí rumbo al Cuartel de la Novena División. Allí, después de avisar a los guardias, por si había algún problema, fui directamente al Panteón de Héroes de la Novena División y me planté delante de la tumba de la cornuda. Y, con las lágrimas aún en los ojos, saqué la manida hoja de papel del bolsillo y la desplegué una vez más.</p>
<p>En el centro dominaba la foto de dos padres primerizos que sonreían entre extrañados y asustados por lo que se traían entre manos. Y nunca mejor dicho. Porque en los brazos de ella, de la madre, lucía una hermosa niña de unos pocos días. Aunque dicen que todos los bebés son idénticos y todos bonitos. Eso dicen, vamos. Pero aquella niña era única. Única por el aura especial que la rodeaba, aunque todo el mundo que la viera seguramente se fijaría únicamente en los dos pequeñísimos cuernos que le crecían a ambos lados de la cabeza y que el periodista se había encargado de ampliar en una pequeña ventanilla en la esquina inferior derecha de la fotografía.</p>
<p>– ¿Ves el titular? – le dije a la lápida, después de permanecer un rato en silencio y dejar al fin el periódico en una rendija entre la losa sepulcral y el resto del suelo. – No te llama monstruo. Te llama milagro. Es un adelanto, ¿verdad?</p>
<p>Posé mi mano en la piedra, sobre el nombre de mi amiga, de mi amada, y me fui sin decir más palabras. No tenía sentido hablar con un pedazo de roca pulida cuando podría hablar con la persona directamente. Aunque no me entendiera… pero la roca tampoco me entendería de todos modos.</p>
<div id="_mcePaste" style="position: absolute; left: -10000px; top: 83px; width: 1px; height: 1px; overflow-x: hidden; overflow-y: hidden;"><a href="http://en.wikipedia.org/wiki/TGIF">http://en.wikipedia.org/wiki/TGIF</a></div>
<div id="fb-like" style=""><iframe src="http://www.facebook.com/plugins/like.php?href=http://centoloman.inopia.net/2010/07/23/akano-41-dies-natalis/&amp;layout=standard&amp;show_faces=true&amp;width=640&amp;action=like&amp;font=arial&amp;colorscheme=light&amp;locale=es_ES" scrolling="no" frameborder="0" allowTransparency="true" style="border:none; overflow:hidden; width:640px; height:30px"></iframe></div>

<hr><p>Quizás te puedan interesar estos posts:<ol><li><a href='http://centoloman.inopia.net/2010/01/07/akano-25-reencuentro-ii/' rel='bookmark' title='Permanent Link: Akano 25 &#8211; Reencuentro II'>Akano 25 &#8211; Reencuentro II</a></li>
<li><a href='http://centoloman.inopia.net/2009/12/31/akano-24-gnoseocracia-v/' rel='bookmark' title='Permanent Link: Akano 24 &#8211; Gnoseocracia V'>Akano 24 &#8211; Gnoseocracia V</a></li>
<li><a href='http://centoloman.inopia.net/2009/12/05/no-akano-this-week/' rel='bookmark' title='Permanent Link: No Akano this week'>No Akano this week</a></li>
</ol></p>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://centoloman.inopia.net/2010/07/23/akano-41-dies-natalis/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>One Shot: It&#8217;s not lupus</title>
		<link>http://centoloman.inopia.net/2010/06/29/one-shot-its-not-lupus/</link>
		<comments>http://centoloman.inopia.net/2010/06/29/one-shot-its-not-lupus/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 29 Jun 2010 11:29:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Centoloman</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mis Escritos]]></category>
		<category><![CDATA[One Shots]]></category>
		<category><![CDATA[FFF]]></category>
		<category><![CDATA[House]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[series]]></category>
		<category><![CDATA[TV]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://centoloman.inopia.net/?p=2550</guid>
		<description><![CDATA[Por paliar la ausencia de producción literaria nueva la semana pasada, es decir, en compensación por no haber dejado el nuevo capítulo de Akano como correspondía, comparto hoy con vosotros otro de esos relatos cortos que de vez en cuando os dejo. En este caso se trata de It&#8217;s not lupus, por lo que estoy [...]

<hr>
Quizás te puedan interesar estos posts:<ol><li><a href='http://centoloman.inopia.net/2010/06/15/one-shot-44-segundos/' rel='bookmark' title='Permanent Link: One Shot: 44 Segundos'>One Shot: 44 Segundos</a></li>
<li><a href='http://centoloman.inopia.net/2010/06/06/one-shot-palabras-para-julia/' rel='bookmark' title='Permanent Link: One Shot: Palabras para Julia'>One Shot: Palabras para Julia</a></li>
<li><a href='http://centoloman.inopia.net/2004/07/31/la-ultima-batalla/' rel='bookmark' title='Permanent Link: One Shot: La última batalla'>One Shot: La última batalla</a></li>
</ol>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por paliar la ausencia de producción literaria nueva la semana pasada, es decir, en compensación por no haber dejado el nuevo capítulo de Akano como correspondía, comparto hoy con vosotros otro de esos relatos cortos que de vez en cuando os dejo. En este caso se trata de <em>It&#8217;s not lupus</em>, por lo que estoy seguro que ya habéis adivinado de qué va la historia. Bueno, no es exactamente el <a href="http://fox.com/House">Doctor House</a>, pero tiene un cierto toque de homenaje.</p>
<p>Se presentó a un <a href="http://fanficfactory.wordpress.com/category/concursos/octubre-2008-oiga-doctor/">concurso</a> de la <a href="http://fanficfactory.wordpress.com/">FFF</a>. No recuerdo cuál fue el resultado<span id="more-2550"></span></p>
<p><center><br />
<h2>It&#8217;s not Lupus</h2>
<p></center></p>
<p>– O… Oiga… Oiga, Doctor… – balbucea la señora, compungida y aliviada a la vez. – ¿Está seguro de que no lo es?</p>
<p>Joder, ¿es que no lo he dejado lo suficientemente claro? Putos frikis de la televisión. Sinceramente, habría que prohibirles a ciertas personas ver la caja tonta, que luego se creen que todo lo que pasa dentro de ella es de verdad. ¡No somos así! ¡Los médicos no somos así!</p>
<p>Salvamos vidas, las que podemos. Y punto. No follamos como descosidos a la mínima oportunidad que podemos y convertimos las salas privadas en picaderos. No. Eso lo harán los yankees pero al menos nosotros no. O por lo menos yo no tengo esa suerte.</p>
<p>Tampoco somos unos bordes descastados y megalómanos, salvo honrosas excepciones como un servidor. Solemos jugar según las reglas y, la verdad, tenemos una vida la mar de rutinaria, pese a lo que pueda parecer.</p>
<p>Que sí… Que ya… que ese es el tipo de cosas que no se deberían de decir así, en público pero… qué cojones, es la puta verdad ¿o no? Daré mala imagen, daré lo que sea. Pero la verdad siempre por delante, que si no vamos jodidos. Así va el país…</p>
<p>Pero lo peor de que ahora estén de moda las series de médicos no es eso. Para nada. Lo peor es que los muy idiotas creen que han visto tres capítulos de House y ya creen que saben medicina. No se paran a pensar que los casos que le pasan a él son de esos de uno en un millón y que nosotros, pobres médicos de la sanidad pública, ni cobramos tanto ni tenemos todos los recursos que utiliza el tío ese en un concurso.</p>
<p>¡Párese a pensar, señora! Si al menos su diagnóstico fuera acertado… una inyección y para casa. ¡Qué guay, ¿verdad? Pero no, no es eso. Es mucho peor, así que no me mire con esa estúpida cara de alivio porque se va a cagar cuando escuche cual es el veredicto final.</p>
<p>– Sí, señora – contesto al fin. – Estoy seguro: no es Lupus. Debería dejar de ver la tele tanto – añado, después de un pequeño silencio. – Mete ideas raras en la cabeza.</p>
<p>Un consejo como ese nunca viene mal. Así por lo menos sonríe un poco mientras se prepara para escuchar el diagnóstico real de lo que quiera que ha puesto a su hijo en ese estado y así, de paso, libero yo un poco de tensión, que dar una noticia como esta nunca es agradable. Pero… es parte de la profesión. Definitivamente, debería haber una asignatura en la carrera que se llamara &#8220;Malas noticias&#8221; o &#8220;Hablar con la familia&#8221;, porque es un mal trago que te pasas. Pero bueno, torres más altas han caído. Vamos allá.</p>
<p>– Lo que tiene su hijo es leucemia – confieso al final.</p>
<p>¡Por Dios! ¡¿No sabe lo que es leucemia o qué? ¡Esa no es la cara que se supone que debe tener, señora. ¡Por Dios! ¡Reaccione! ¡Su hijo tiene cáncer! &#8220;Ce, a con una rayita oblicua encima que se llama tilde y que indica que es la sílaba tónica, ene, ce, e, erre&#8221; ¡&#8221;Cáncer&#8221;! Repita conmigo… Cán… cer…</p>
<p>Coño, claro, no había pronunciado la palabra mágica que siempre se debe usar en estos casos… ¡Pero si está en todos los manuales! &#8220;Si el paciente tiene algún tipo de dolencia de carácter oncológico, indique claramente que se trata de un cáncer&#8221;. Por eso no ponía la cara de circunstancia pertinente. Faltaba el golpe de efecto… Ay, Javier, que te pierdes…</p>
<p>– Como sabrá… – comienzo, mientras revuelvo con unos papeles.</p>
<p>Me encanta esta forma de empezar a decir las cosas. Es decir, este tipo de gente cree que les estás echando un piropo cuando en realidad lo que estás haciendo es insultar directamente a su inteligencia y… si por casualidad te topas con alguien lo suficientemente inteligente, pues no estás diciendo nada malo, ¿verdad?</p>
<p>– Como sabrá – repito tras un suspiro mientras cojo una carpeta al azar del montón de &#8220;Carpetas aleatorias con muchos números para asustar a los pacientes&#8221; – la leucemia es un tipo de cáncer hematológico que…</p>
<p>Ahí, está. Esa es la cara que tenía que tener desde un primer momento, mujer, mucho más adecuada a las circunstancias. Si es que… a la gente de ahora hay que darle todo masticadito, como si fueran bebés. Pero bueno, parece que ha reaccionado, ahora toca el momento de tranquilizarla y así parecer el típico médico guaperas de culebrón televisivo que se… Por Dios, qué perniciosa es la tele. Hasta yo me estoy encajando dentro de esos putos estereotipos tan imaginativos.</p>
<p>– Tranquila mujer – sonrío. – La leucemia es grave, pero tiene tratamiento. Su chico es aún muy joven y existe un 60% de éxito…</p>
<p>Otra vez esa cara de alivio. Menos mal que no le he dicho un 80% ni nada por el estilo, a lo mejor le daba por bailar encima de la mesa o algo por el estilo… Y no, para nada está usted, querida señora, tan buena como para hacerlo. Ahórreselo por el bien de su dignidad y de mi vista, por favor. Bien, parece que no lo va a hacer. Menos mal.</p>
<p>– Lo primero que debemos hacer es una analítica de los tejidos de…</p>
<p>¡Mierda! ¿Cómo se me puede olvidar el nombre ahora? Vale, podría haber vuelto a decir &#8220;su hijo&#8221; pero ya estoy cansado de repetirlo y siempre queda bien y cercano mencionar el nombre del paciente cuando hablas con sus familiares. Es de médico guay y superenrrollado hace ese tipo de cosas. Y en el fondo te lo agradecen. Queda como si de verdad te interesaras por el pa…</p>
<p>¡Casi lo digo! ¡Casi! Pero no lo he llegado a decir. Me he librado por los pelos de decir un disparate mayúsculo. ¿O quizás era una verdad como un puño? Ah, eso no lo sabrán nunca… Digo… Esto… Lo que quiero decir es que sí, que nos interesamos mucho por los pacientes. Nos desesperamos por todos ellos. Eso… que… bueno que aquí está el nombre.</p>
<p>– Perdón – toso.</p>
<p>Fingir una carraspera, una buena forma de subsanar la situación, por otra parte. Si es que hoy en día, con tanto aire acondicionado es normal que haya tanta afección de garganta. Además, que no era mentira del todo, que la señora de la limpieza es un poco torpe y deja todo el polvo ahí, amenazando. Todo un festival para los ácaros, vamos.</p>
<p>– Como decía, lo primero que debemos hacer es una analítica completa de los tejidos de su hijo Kevin…</p>
<p>Kevin… No, si ya tenía usted cara de ponerle a su hijo un nombre tan hortera. ¿Dónde ha quedado aquel tiempo en que la gente se llamaba… Manuel o Jose o…? Por lo menos no le ha puesto usted Macaulay o una mariconada por el estilo. &#8220;Kevin Miramontes&#8221;. Si es que… Si es que a algunos padres no le deberían dejar pisar el registro civil. Coño, que a mí me encantan los espaghetti y no le he puesto a mi hija &#8220;Carbonara&#8221;.</p>
<p>– ¿Para qué servirá eso, doctor Flores?</p>
<p>Pues para qué va a servir… No, a ver, Javier, céntrate. Ya hemos dado por supuesto que esta tía no tiene muchas luces. Sé amable. Explícaselo todo bien masticadito y sonríe. Como decía la Pantoja: &#8220;Dientes, dientes, que es lo que les jode&#8221;. Aunque en este caso yo creo que les pone más bien, pero del poner al jod… ¡Céntrate, Javi! ¡Por Dios!</p>
<p>– Cada cáncer, cada paciente, tiene un tratamiento distinto – explico amablemente. – Sobre todo en lo referente a las dosis…</p>
<p>– ¿Dosis? ¿Le van a dar pastillas?</p>
<p>¡¿Pastillas? Pero señora, ¿usted en qué mundo vive? ¿En el mundo de piruleta? Las pastillas se las ha tomado usted, ¿no? No, si ya… Ya se le ve la pinta ya… ¿Tanto ver House y no sabe usted en qué consiste el tratamiento del cáncer? Vale, que sí, que la quimio puede administrarse por vía oral pero… Bueno, eso, que usted lo flipa, señora.</p>
<p>– En principio, nada de pastillas – niego, moviendo la cabeza ostensiblemente, para que quede claro que está más perdida que los del Oceanic 815.</p>
<p>Oh, mierda, otra referencia televisiva. Estos tíos de la tele me deberían pagar por la publicidad que les hago. Y yo debería dejar de verla tanto. Me consume las… Vuelve al paciente, Javier, que la petarda esta te está mirando raro ya…</p>
<p>– Normalmente el tratamiento consiste en quimioterapia – continúo. – No es raro que se complemente con algo de radio… terapia.</p>
<p>– Entiendo.</p>
<p>¿Pero qué va a entender usted? ¡Si hace cinco segundos creía que la leucemia se curaba con pastillas! No mienta, señora. Los mentirosos van al infierno. Y créame, soy médico, sé de buena tinta que está lleno de gente por ahí abajo. No es una visita agradable. Ni siquiera para ir un par de días a hacer turismo.</p>
<p>– Tenga en cuenta que la quimio tiene sus efectos secundarios.</p>
<p>Aquí viene la sección de los contras. De los pros no hablamos porque… bueno, porque se supone que el pro es que te cura. Si no, ¿para qué íbamos a administrarle veneno en vena? Bueno, a ciertas personas se me ocurre que podría hacerlo… pero bueno.</p>
<p>– ¿Qué clase de efectos? – pregunta, haciéndose la interesante.</p>
<p>– Náuseas, calvicie, trastornos estomacales, anemia…</p>
<p>– Pero…</p>
<p>– Pero todo eso es fácilmente tratable y se acabará en cuanto terminemos el proceso – la interrumpo.</p>
<p>Es mejor así. Si no le dejas claras las cosas rápido, terminan montándose su propia película y de ahí no los sacas. Doy fe. Los seres humanos somos demasiado propensos a perdernos en nuestras paranoias basadas en… Basadas en nada. O, al menos, en cosas que realmente carecen de importancia… porque si fuera de otra forma ya no serían exactamente paranoias, ¿o sí? En fin, da igual, ahora toca liberar un poco la tensión con otro comentario simpaticón.</p>
<p>– Su hijo podrá tener melena cuando sea mayor – bromeo.</p>
<p>– ¿Y con eso ya vale?</p>
<p>– Debería valer – sonrío.</p>
<p>Sonreír es una faceta importante de la información a los familiares. Por mucho que les puedas estar mintie… suavizando la verdad, les inspiras confianza. A menos de que seas tan tonto como para sonreír de forma que les des a entender que te importa una mierda lo que le pase al paciente. En ese caso, deberían retirarle a uno la licencia por subnormal. Qué manera de dar mala imagen de la profesión.</p>
<p>– ¿Debería?</p>
<p>– Bueno, en teoría debería valer pero si no funciona tendremos que usar otro tipo de métodos – confieso. – Por eso tendremos que pedirle a usted y al padre de la criatura que se hagan unos análisis.</p>
<p>– ¿Para qué?</p>
<p>– También los hermanos del crío deberían hacérselo – continúo. – Si no funciona el tratamiento normal tendremos que realizar un trasplante de médula ósea.</p>
<p>– ¿Un trasplante?</p>
<p>Sí, coño, un trasplante. ¿Es que no lo he dicho claro?</p>
<p>– Tranquila – digo con voz calmada. – Es un procedimiento bastante más sencillo que el de otros trasplantes. No hace falta ni siquiera abrir al paciente. Es… como si le pusieran una inyección.</p>
<p>Ahí estás tú raseando el balón. Qué bueno eres, Javi. Deberías ser divulgador, en lugar de aguantar a este tipo de gente. Pero mira, así haces algo bueno por la humanidad, que no viene nunca mal. Y muchos te dan regalos después. La mitad de ellos no los quiero para nada, pero mira, siempre hay alguno al que se le puede sacar algo de provecho, como cuando te regalan miel y cosas del estilo.</p>
<p>– ¿Alguna duda más?</p>
<p>– Creo que no – se encoge de hombros.</p>
<p>Mentirosa… Si hasta yo tengo dudas…</p>
<p>– Pero supongo que si se me ocurre algo más se lo preguntaré.</p>
<p>– Para eso estamos aquí, mujer.</p>
<p>Y ahora me levanto y la acompaño hasta la puerta con una sonrisa en los labios. Esto queda muy bien, aparte de ser un médico guay, quedas como todo un galán de cine. Si es que soy todo un experto, un gran dominador de todas las habilidades sociales, todo un caballero. ¡Tiembla, Arturo Fernández, llega el doctor Javier Flores!</p>
<p>– ¿Sabe, doctor? – se da la vuelta bajo al umbral. – De verdad me he sentido aliviada.</p>
<p>– ¿Ah, sí? – la miro extrañado.</p>
<p>No es para menos. ¿Le acabo de decir que su hijo tiene un cáncer, que se le va a caer el pelo hasta parecer la bola blanca del billar de la anemia de caballo que le va a inducir la quimio, que va a vomitar hasta los higadillos y que, a lo mejor, todo eso no sirve para nada y hay que trasplantarle la médula ósea (que aunque no le vayamos a poner el corazón de un muerto, la sola palabra trasplante debería acojonarle a lo bestia) y aún me dice que está aliviada?</p>
<p>– Sí – asiente, con esa estúpida mueca de alivio e ilusión dibujada en la cara. – Creía que mi hijo tenía Lupus…</p>
<p>¿Lu… pus? ¿Aún con esas? No la mates, Javi. No la mates. Puta televisión…</p>
<div id="fb-like" style=""><iframe src="http://www.facebook.com/plugins/like.php?href=http://centoloman.inopia.net/2010/06/29/one-shot-its-not-lupus/&amp;layout=standard&amp;show_faces=true&amp;width=640&amp;action=like&amp;font=arial&amp;colorscheme=light&amp;locale=es_ES" scrolling="no" frameborder="0" allowTransparency="true" style="border:none; overflow:hidden; width:640px; height:30px"></iframe></div>

<hr><p>Quizás te puedan interesar estos posts:<ol><li><a href='http://centoloman.inopia.net/2010/06/15/one-shot-44-segundos/' rel='bookmark' title='Permanent Link: One Shot: 44 Segundos'>One Shot: 44 Segundos</a></li>
<li><a href='http://centoloman.inopia.net/2010/06/06/one-shot-palabras-para-julia/' rel='bookmark' title='Permanent Link: One Shot: Palabras para Julia'>One Shot: Palabras para Julia</a></li>
<li><a href='http://centoloman.inopia.net/2004/07/31/la-ultima-batalla/' rel='bookmark' title='Permanent Link: One Shot: La última batalla'>One Shot: La última batalla</a></li>
</ol></p>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://centoloman.inopia.net/2010/06/29/one-shot-its-not-lupus/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Akano 40 &#8211; Don&#8217;t look back in anger</title>
		<link>http://centoloman.inopia.net/2010/06/18/akano-40-dont-look-back-in-anger/</link>
		<comments>http://centoloman.inopia.net/2010/06/18/akano-40-dont-look-back-in-anger/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 18 Jun 2010 17:04:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Centoloman</dc:creator>
				<category><![CDATA[Akano]]></category>
		<category><![CDATA[Mis Escritos]]></category>
		<category><![CDATA[escribir]]></category>
		<category><![CDATA[FFF]]></category>
		<category><![CDATA[Historia larga]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[rido]]></category>
		<category><![CDATA[Universo FFF]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://centoloman.inopia.net/?p=2541</guid>
		<description><![CDATA[Vamos con el capítulo 40. Uno de los últimos de Rido  con Kara A ver si este es capaz de saciar vuestra sed de conocimientos. Aunque mucho me temo que&#8230; Pero bueno es que&#8230; La verdad, decidí&#8230; Nuevamente dedicado a Kara Akano 40 &#8211; Don&#8217;t look back in anger – Shinigami-san – la ridiculizaba, exagerando [...]

<hr>
Quizás te puedan interesar estos posts:<ol><li><a href='http://centoloman.inopia.net/2010/06/11/akano-39-la-casa-abandonada/' rel='bookmark' title='Permanent Link: Akano 39 &#8211; La casa abandonada'>Akano 39 &#8211; La casa abandonada</a></li>
<li><a href='http://centoloman.inopia.net/2010/03/12/akano-34-los-gozos-y-las-sombras-iii/' rel='bookmark' title='Permanent Link: Akano 34 &#8211; Los Gozos y las Sombras III'>Akano 34 &#8211; Los Gozos y las Sombras III</a></li>
<li><a href='http://centoloman.inopia.net/2010/02/21/akano-31-herencia-grossner-v/' rel='bookmark' title='Permanent Link: Akano 31 &#8211; Herencia Grossner V'>Akano 31 &#8211; Herencia Grossner V</a></li>
</ol>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Vamos con el capítulo 40. Uno de los últimos de Rido  con Kara A ver si este es capaz de saciar vuestra sed de conocimientos. Aunque mucho me temo que&#8230;</p>
<p>Pero bueno es que&#8230;</p>
<p>La verdad, decidí&#8230;</p>
<p>Nuevamente dedicado a <a href="http://la-kalaka.livejournal.com/">Kara</a><span id="more-2541"></span></p>
<h2 style="text-align: center;">Akano 40 &#8211; Don&#8217;t look back in anger</h2>
<p><em>– Shinigami-san – la ridiculizaba, exagerando la voz de una damisela en apuros. – Shinigami-san…</p>
<p>Las huecas carcajadas, aún más macabras debido al claquetear de las mandíbulas de la calavera se ahogaban entre la niebla. Kara seguía sin atreverse a asomar ni siquiera la cabeza por detrás de mi espalda. Notaba como sus puños apretaban los pliegues de mi uniforme y tiraban ligeramente hacia atrás de mi ropa, buscando protección.</p>
<p>– No eres más que una cobarde – la despreció al fin con una voz seca, desapareciendo de delante de nuestra vista y apareciéndose, una vez más, a nuestra espalda, motivando que la niña</p>
<p>– Por eso estamos aquí – hablé yo con voz seria, reponiéndome del horror y de la sorpresa iniciales. – Kara, –me aparté de ella un poco – tienes que ser tú la que lleve la iniciativa.</p>
<p>– P… pero.</p>
<p>– No lo intentes – reía el espíritu que gobernaba el mundo interior de la muchacha. – Es inútil.</p>
<p>– No, no lo es – sonreí con decisión. – Kara, esto no es más que un producto de tu mente, parte de ti… Es como Balmung – expliqué. – Tienes poder sobre ella. Cálmate y verás cómo todo va bien. Tú – me volví hacia el elegante esqueleto. – Supongo que ya sabes lo que viene a hacer aquí, ¿verdad?</em></p>
<p>– Tienes mala cara – comentó mi madre al llegar a casa. – ¿Seguro que estás bien?</p>
<p>– Sí, sí – contesté. – Es sólo que…</p>
<p>Entrecerró los ojos y clavó su mirada en mi rostro. Ella no era como Henkara, si algo acerca de mí le preocupaba no dudaba en usar sus poderes psíquicos para averiguarlo. En ese sentido, era mucho más intrusiva que lo que había sido la antigua Capitana de la Novena División. Pero sólo lo era conmigo. Supongo que eran cosas de madre.</p>
<p>– Ya veo… – murmuró al fin, consternada. – Sabrás dónde te has metido, ¿verdad?</p>
<p>– Eso espero.</p>
<p>No dije nada durante la comida. A mi alrededor, como si no se dieran cuenta de mis preocupaciones, todo seguía el curso natural de las cosas. Kyo y Eylinn ya habían regresado de la Academia con sus cosas para pasar las vacaciones de verano. La joven abrumaba a mi padre con sus planes de viaje mientras que mi hijo adoptivo y Ludwig conmemoraban con Kaiser las primeras experiencias en el grupo especial de prácticas. Sólo mi madre parecía un poco pendiente de mí.</p>
<p>Me excusé al llegar la sobremesa, alegando cansancio después de revisar informes y firmar actas durante toda la mañana. Salí al jardín y me senté a la sombra de un árbol tratando de relajarme un rato después de todo lo que había ocurrido. Pero no lo conseguía. Una y otra vez, las confusas imágenes de las que había sido testigo en el mundo interior de Kara volvían a mi consciencia como un amargo recuerdo de una pesadilla.</p>
<p>Porque eso era lo que me había mostrado, pesadillas. Sus recuerdos, los de verdad, se entremezclaban con terroríficas imaginaciones que no podían ser otra cosa que ficticias. Era la perenne marca de todos y cada uno de los tormentos que había padecido la chiquilla a lo largo de su vida: en el mundo mortal primero, en el Rukongai después y, finalmente, el desgraciado incidente de la Academia.</p>
<p>Por eso no habíamos podido progresar apenas en el sentido que buscábamos. Mi estudiante se había puesto nerviosa enseguida, incapaz de contemplar más aquellas escenas y me había pedido terminar cuando apenas habíamos empezado a vislumbrar con claridad un par de imágenes. No la culpaba: no eran para nada agradables.</p>
<p>– ¿Qué te pasa, hermanito?</p>
<p>– Hacía tiempo que no me llamabas así – rehuí la pregunta forzando una sonrisa.</p>
<p>– Bueno – se encogió de hombros con una sonrisa pícara que dejaba entrever sus colmillos. – Algo te pasa…</p>
<p>– Sólo es cansancio, no te preocupes.</p>
<p>– Te he visto cansado y te he visto preocupado. Sé distinguirlo – alegó. – Soy la persona que mejor te conoce en varios cientos de kilómetros a la redonda… y ahora estás bastante preocupado.</p>
<p>Gaby se sentó a mi lado y me miró curiosa. La hija de Kaiser era de todo menos discreta y le encantaba cotillear y sacarle punta a todo. Eso era algo que habíamos aprendido todos a lo largo de los años, de una forma más o menos dolorosa. Sobre todo Db, que había tenido que cargar con el mote que le había puesto durante la Academia. Por eso siempre rehuíamos el contarle nada. Y menos ahora.</p>
<p>Desde que se había ido Nalya no tenía nadie a quien compartirle mis sentimientos más profundos. Con Eylinn, de alguna forma había entablado aquel tipo de relación, pero ni por asomo se acercaba a lo que había compartido con la madre de Kyo. No, al menos, por aquel entonces.</p>
<p>– Vale, quédate ahí y húndete en tu miseria – ordenó después de un rato de intentar sonsacarme con ojos de cordero degollado. – Si no quieres contármelo no me lo cuentes. ¿Peleamos un rato?</p>
<p>– No – rechacé la idea. – No estoy para combates hoy…</p>
<p>Sin más respuesta que esa me levanté y me fui. Mientras evitaba los intentos de Gaby porque me confesara con ella había tomado una resolución: iría a buscar a Kara. No podía dejar que el miedo la dominara ahora y perder todo el trabajo que habíamos hecho. Aunque durante un tiempo no volviéramos a intentar revisitar sus recuerdos, por lo menos tenía que tranquilizarla.</p>
<p>Pero antes, seguramente tenía que enfrentarme a otros problemas. Toda mi libertad de actuación en aquel asunto dependía de la confianza de la protectora de la muchacha. Era más que probable que a esas horas ya se hubiera dado cuenta del incidente de aquella mañana, así que debería ir a aclararlo cuanto antes y, después, tratar de calmar a mi pequeña alumna.</p>
<p>Emprendí rumbo de nuevo al Sereitei y me dirigí directamente al Cuartel de la Decimotercera División. Aiolos me salió al paso y le pedí que me acompañara a encontrarme con Ela. El que había sido delegado de mi curso en mi primer paso por la Academia, me guió hacia el despacho de su Capitana y llamó a la puerta por mí, para anunciarme.</p>
<p>– Director Akano – saludó amablemente la propietaria del despacho.</p>
<p>La actitud de la mujer de la capa blanca hacia mí había mejorado sensiblemente desde nuestros encontronazos hacia la mitad del curso. La mejoría de Kara era notable y eso había consolidado la idea de que no había pretendido hacer daño por ningún momento a su protegida. Sin embargo, en el tono de voz con el que me recibió había un matiz negativo. Ella también se había dado cuenta del miedo de la niña y estaba consternada.</p>
<p>– Hola, Capitana, Mizu, – saludé también a la Teniente, que estaba de pie junto a la puerta – ¿Puedo pasar?</p>
<p>– Adelante, adelante – se levantó Ela para recibirme.</p>
<p>– Creo que intuyes el motivo de mi visita…</p>
<p>– Kara – asintió. – ¿Qué ha pasado?</p>
<p>Dudé qué decirle durante unos instantes que se hicieron eternos. No sabía si mi alumna le había explicado en qué consistía el entrenamiento, y no sabía, tampoco, cómo se tomaría el hecho de que me inmiscuyera en el mundo interior de su discípula. Pero tampoco podía quedarme callado sin decirle nada.</p>
<p>– ¿Te ha explicado alguna vez en qué consiste el entrenamiento?</p>
<p>– No, nunca – contestó, poniendo mirada interrogativa. – Tampoco pregunté.</p>
<p>– La… La familia de mi madre tiene capacidades psíquicas – expliqué, meditando bien cada palabra. – Yo he heredado parte.</p>
<p>Los ojos de Ela se entrecerraron dándole a su expresión un matiz más serio y más duro del que había adoptado al comienzo de nuestra conversación, a pesar de la preocupación. Ahora recordaba más a la actitud que había demostrado hacia mí a lo largo de todo nuestro conflicto alrededor de la situación de Kara. No podía dejar que volviéramos a aquel momento. No ahora que habíamos conseguido progresar tanto.</p>
<p>– Sé cómo suena, pero si me dejas explicarme posiblemente lo entenderás mejor – me anticipé a cualquier protesta. – Puedo trasladar la conciencia de alguien a mi mundo interior. Así “gano tiempo”.</p>
<p>– ¿Perdón?</p>
<p>– Allí no pasa el tiempo, básicamente – aclaré. – Podía conversar con ella durante horas… como la conversación que mantuvimos en el patio – comparé, haciendo referencia a mi tan sonada alocución en el jardín central de la Academia. – Lo único que a ojos de los demás serían… nada.</p>
<p>En su mirada se reflejó una mayor tranquilidad, aunque siempre dentro de un clima general de inquietud. No terminaba de estar cómoda con la situación. El malestar que reflejaba Kara la había alarmado y el hecho de que yo mencionara “habilidades psíquicas” no era, lógicamente, tranquilizador.</p>
<p>– Eso fue hace un mes… mes y medio quizás – seguí. – Sólo le di unas charlas, consejos… conceptos que quería asentar en su cabeza… Algo para ir tirando y de lo que partir más tarde – me encogí de hombros. – Le dije que volviera cuando terminaran los exámenes.</p>
<p>– Y volvió hoy – adivinó Mizu.</p>
<p>– Ayer – la corregí con un movimiento de cabeza. – Pero entre la ceremonia y todo… le dije que volviera esta mañana. Estaba bien – me anticipé a cualquier posible reproche, aunque veía esa posibilidad como remota. – Y para lo que íbamos a hacer era mejor que estuviese descansada.</p>
<p>– ¿Lo que íbamos a hacer?</p>
<p>– El problema que tiene Kara, y creo que en esto coincidiréis conmigo, es su pasado – razoné. – Si perdemos de vista esto, no la entenderíamos. Así que la “segunda parte” de mi plan iba por ahí.</p>
<p>– Con tus… “habilidades”, supongo.</p>
<p>– Echando mano de ellas, sí – confirmé. – Igual que puedo “traer” a gente a mi mundo interior, puedo ir al de otros…</p>
<p>Ela se removió en su silla. No la culpaba. De estar en su lugar, yo también estaría en una posición incómoda. Creo que el hecho de haber servido bajo el mando de Henkara me había ayudado a no ver aquellas capacidades como algo necesariamente negativo, pero todos somos conscientes de que no son precisamente bien vistas habitualmente.</p>
<p>– El mundo interior es un gran canalizador de los recuerdos – argüí, con la esperanza cuanto antes  aquella fase de la conversación. – Por eso…</p>
<p>– ¿Querías enfrentar a Kara a sus recuerdos?</p>
<p>– Sé que suena cruel, Ela – me defendí. – Pero es algo que tiene que hacer, tarde o temprano…</p>
<p>– Progresivamente – apuntó la Teniente, que hasta entonces había permanecido al margen.</p>
<p>– Sí, sí, por supuesto – me volví hacia ella hablando con rapidez. – Esa siempre ha sido una de las premisas de todo esto… Ella marca los ritmos – sentencié.</p>
<p>– Rido… Te permití intervenir en este asunto porque…</p>
<p>– Kara entendía los riesgos – la corté. – Se los expliqué más de una vez. Fue ella la que quiso hacerlo.</p>
<p>– Pero tú ejerces una influencia en ella que…</p>
<p>– Por eso puedo arreglarlo – alegué. – Sí, puede que como se lo dije yo se sintiera más preparada de lo que realmente estaba – reconocí. – Incluso que se sintiera obligada, vale…</p>
<p>– Hasta ahora lo has hecho bien – suspiró. – Sólo por eso… Sólo por eso – insistió – te voy a dar más tiempo. Pero ni un fallo más.</p>
<p>– Lo prometo – asentí. – Sólo…</p>
<p>– ¿Qué?</p>
<p>– Creo que sería bueno que me la llevara a un… entorno más controlado – propuse. – Estaba pensando que a casa de mi familia.</p>
<p>– ¡¿Qué?!</p>
<p>Sabía que mi sugerencia no le iba a sentar bien, por eso me había ido preparando para este momento desde que había concebido la idea camino del Sereitei. La reacción sorprendentemente positiva hacia lo que la acababa de contar me había dado la esperanza de que no hubiera muchas preguntas al respecto, pero eso sería haberse hecho demasiadas ilusiones.</p>
<p>– Vale, vale… – cedí. – Mira… Si se queda aquí no voy a tener todo el acceso que desearía a ella. Y los dos sabemos que la vida de un Cuartel no es lo mejor.</p>
<p>– Criaste a tu hijo en uno…</p>
<p>– Sí, sí, por eso lo sé – argumenté. – Sólo serán… ¿dos semanas? – me atreví a pronosticar.</p>
<p>– Una semana.</p>
<p>– Una semana – repetí en señal de aceptación.</p>
<p>– Ella tiene que querer ir… Mizu – miró a su teniente. – Busca a Kara y explícale la situación. Que decida ella.</p>
<p><em>El esqueleto me miró, elevando un poco el mentón. Era el único signo patente de una mirada altiva en su ososo rostro. Luego se dio la vuelta y caminó hacia la casa. Después de una decena de pasos se detuvo y se giró, mirándonos por encima de su hombro como preguntándonos a qué esperábamos, y retomó su marcha. Le ofrecí mi mano a Kara y comenzamos a seguirla.</p>
<p>– Mira… esto va a ser difícil – le dije. – ¿Seguro que quieres seguir?</p>
<p>Pero ella no contestó. Me apretó la mano y me miró, incapaz de asentir o de negar siquiera con la cabeza. Avanzamos hacia el interior, acompañados por el crujir de las tablas resecas bajo nuestros pies. La puerta estaba rasgada, rota y desencajada, pero aún cumplía su función de dis4tinguir el exterior de la vivienda propiamente dicha. Daba paso a un enorme pasillo que, a diferencia de lo que era habitual, corría perpendicularmente a la entrada, quedando el umbral no en su extremo, sino en un lateral.</p>
<p>– Lo supe desde que nos llevaste allí, Shinigami-san – habló.</p>
<p>Se giró a nuestra derecha y se detuvo. Hacia aquel lado había una decena de puertas, todas bien cerradas y en perfectas condiciones, como si hubieran sido fabricadas recientemente. Me di la vuelta y pude ver como la misma escena se prolongaba también hacia la izquierda.</p>
<p>– Que mi aspecto no te confunda – se reivindicó el esqueleto. – El despojo es ella.</em></p>
<p>– Bueno, esta será tu habitación durante las próximas dos semanas – indiqué, dejando su bolsa sobre la cama. – Esa es la cama de Eylinn – señalé. – Espero que no te importe compartir habitación ella.</p>
<p>Ella meneó la cabeza negando y sonrió. Había sucedido todo muy deprisa. Apenas le había dado tiempo para empacar y despedirse de sus amigos, lo que a mí me había llevado el avisar en casa. Aunque no le había costado aceptar, aún tenía dudas de si estaba haciendo lo correcto y de si aquello que estaba proponiéndole iba a resultar. Ella confiaba en mí, no había duda, pero no podía ocultar una cierta inquietud. Afortunadamente, a lo largo del camino se la notaba menos preocupada.</p>
<p>– Puedes hablar – le dije amablemente. – Bueno… eso que tú haces.</p>
<p>Mi pequeña confusión provocó, al contrario de lo que yo esperaba en un principio, que en mi cabeza resonara una melodiosa risa que resultó ser como un soplo de brisa fresca. Le devolví el “favor” con una sonrisa y le dije que me acompañara abajo para conocer a los demás, que estaban esperándola.</p>
<p>– Familia, esta es Kara – anuncié, entrando en el salón. – Kara, estos son… bueno a Kyo, a Ludwig y a Eylinn ya los conoces. Y a Kaiser – recordé. – Supongo que te acordarás de Gaby, de… Bueno de eso – reí. – Mi madre, Tilly, mi padre, Youichi y mi madrina, Yuki.</p>
<p>Enseguida mi madre cogió la batuta y ejerció de anfitriona ofreciéndole a la recién llegada todo lo humanamente imaginable. Fue un momento de relajación y alivio de cara a recuperar el buen humor en previsión de lo que estaba por venir. La pequeña se sentía, o al menos eso parecía, como en casa. El hecho de que no hubiera demasiadas caras extrañas y de que, realmente, nadie excepto mi madre y Eylinn estuviera excesivamente pendiente de ella, sino que la dejaran respirar resultó beneficioso.</p>
<p>Mientras ellas le enseñaban la casa y conversaban un rato con ella yo me fui al jardín trasero con Kyo y comenzamos a charlar haciendo balance del curso. Hacía tiempo que no hablaba con él relajadamente, como solíamos hacer. El encorsetamiento al que me sometía el papel de Director y las sospechas que pudieran surgir de mi relación con mi hijo era algo que había pesado demasiado a lo largo del último año. Él mismo había mantenido las distancias en muchas cosas, abrumado por el qué dirán.</p>
<p>Así, charlando tranquilamente, llegó la hora de cenar y, tras ella, despedimos a Ludwig, que regresaba a las Montañas del Aullido para pasar las vacaciones con el clan, y a Yuki, que lo acompañaba. Y poco a poco, la gente se iba retirando. Gaby subió a su habitación, se cambió y fue a entrenar al bosque, Kaiser y mi padre iniciaron otra de aquellas eternas partidas de ajedrez mientras mi madre, Kyo y Eylinn salían a pasear por los alrededores para celebrar la llegada del verano. Nos ofrecieron acompañarles, pero después de pensarlo un momento le dije a Kara que se quedara conmigo.</p>
<p>– Respecto a lo de esta mañana…</p>
<p>La expresión de absoluta paz que unos momentos antes iluminaba el rostro de la muchacha se ensombreció con la mención de lo que habíamos vivido en el mundo interior. Inmediatamente me dije que habría sido mejor ir con los demás, pero ahora no había marcha atrás. Le dije con un gesto que me acompañara al porche y allí nos sentamos.</p>
<p>– Mira, no tienes que preocuparte – le dije. – Tienes un pasado, todos lo tenemos. La mayor parte de la gente que has conocido ahí dentro ha visto cosa que ni tú ni yo imaginaríamos – me encogí de hombros. – Sólo Kaiser tiene más pasado que todos los demás juntos. La cuestión es no dejarse hipotecar por él.</p>
<p><em>– Rido-sensei… – tartamudeó Kara.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>– Tranquila… – insistí, al llegar junto a la primera puerta.</em></p>
<p>Por la mañana, no habíamos llegado más que a entreabrir el primero de los accesos a los recuerdos de Kara y un repentino ataque de ansiedad había acabado con todas nuestras oportunidades. No era de extrañar. Lo que había podido vislumbrar a través de la pequeña rendija había sido suficiente para poner nervioso a cualquiera. Inmediatamente me había pedido parar y yo había aceptado.</p>
<p>– Sólo tienes que dejar que no pese más el pasado que el futuro – seguí. – Y… estar tranquila. Nadie te va a juzgar.</p>
<p>No contestó. Sólo miraba al frente, con los ojos clavados en un punto fijo en el horizonte, mucho más allá de donde alcanzaba la vista.</p>
<p>– ¿Sabes? – sonreí. – En la Academia, la segunda vez que pasé por allí, – especifiqué – era muy  como tú. Ya sabes… lo del suicidio, lo de Yonas… – le recordé. – Una compañera, Kuniko, me dijo algo que me ayudó, no sé si a ti te ayudará. Dijo: “Lo pasado ha huido, lo que esperas está ausente, pero el presente es tuyo” – recité. – No sé si es suyo… tampoco es muy distinto a lo que ya te había dicho alguna vez…</p>
<p>Ella seguía observando el infinito, aunque se notaba como el runrún de su cabeza dándole vueltas a toda la situación. A veces, como si no pudiera evitarlo, algún murmullo llegaba hasta mi mente, en forma de sonidos inconexos o de palabras sueltas, como mucho. Nunca lo suficiente para saber qué estaba pensando.</p>
<p>– Rido-sensei – habló al fin, pasado un rato. – Hagámoslo.</p>
<p>– ¿Estás segura?</p>
<p>– S… Sí…</p>
<p>– No tiene por qué ser hoy… – insistí. – Es mejor que descanses y…</p>
<p>– Hoy estoy preparada – me cortó, con una inusitada, aunque claramente fingida, seguridad.</p>
<p>Le tendí la mano y ella la cogió. Cerré los ojos y enseguida estábamos escuchando las provocaciones del esqueleto, acentuadas por nuestra huida de aquella mañana. Ahora ya sabíamos el camino y, aunque en los pasos de Kara seguía habiendo temor, lo que no había ya era duda. Nos dirigimos directamente a la puerta que habíamos entreabierto y la cruzamos y después la siguiente… Y así hicimos en los días posteriores.</p>
<p>Si me disculpas, omitiré relatar lo que allí vimos. Es algo que corresponde a los recuerdos más íntimos de una persona y que en nada resulta importante para lo que aquí pretendo relatar. Lo que sí puedo contar es que no fue fácil superar lo que vimos. No era agradable, aunque supongo que era de esperar. Kara vivió dos guerras, se crió en una banda de criminales y vio asesinada a su familia delante de sus ojos, no necesariamente en aquel orden.</p>
<p>Se había visto obligada a hacer cosas que a cualquier hombre le habría convertido en un monstruo, el mismo del que ella tenía miedo y que le atormentaba en cuanto cerraba los ojos. Pero, al mismo tiempo, aunque ella no se lo creyese, mostró una valentía inesperada. Nada de lo que vio le impidió seguir adelante, hasta el final, o casi.</p>
<p>El esqueleto había planteado nuestra expedición como un laberinto que nos conducía al centro de la casa. No lo hicimos seguido, nos tomábamos descansos, a veces de días, para poder asimilar lo que íbamos descubriendo. No había luz y el ambiente era cada vez más irrespirable. A medida que seguíamos, a pesar de mostrar la misma forzada seguridad, se notaba que Kara se sentía menos cómoda. Sólo nos faltaba una puerta cuando ella decidió parar.</p>
<p>Habían terminado nuestros quince días de plazo. Habría que buscar otra ocasión para cruzar aquel último umbral. Mejor. Así ella podía relajarse, pensar en todo lo que había pasado y asimilarlo. Meditarlo. Asumirlo y reconciliarse con ello. Y cuando cruzáramos la última puerta… estar realmente preparada.</p>
<div id="fb-like" style=""><iframe src="http://www.facebook.com/plugins/like.php?href=http://centoloman.inopia.net/2010/06/18/akano-40-dont-look-back-in-anger/&amp;layout=standard&amp;show_faces=true&amp;width=640&amp;action=like&amp;font=arial&amp;colorscheme=light&amp;locale=es_ES" scrolling="no" frameborder="0" allowTransparency="true" style="border:none; overflow:hidden; width:640px; height:30px"></iframe></div>

<hr><p>Quizás te puedan interesar estos posts:<ol><li><a href='http://centoloman.inopia.net/2010/06/11/akano-39-la-casa-abandonada/' rel='bookmark' title='Permanent Link: Akano 39 &#8211; La casa abandonada'>Akano 39 &#8211; La casa abandonada</a></li>
<li><a href='http://centoloman.inopia.net/2010/03/12/akano-34-los-gozos-y-las-sombras-iii/' rel='bookmark' title='Permanent Link: Akano 34 &#8211; Los Gozos y las Sombras III'>Akano 34 &#8211; Los Gozos y las Sombras III</a></li>
<li><a href='http://centoloman.inopia.net/2010/02/21/akano-31-herencia-grossner-v/' rel='bookmark' title='Permanent Link: Akano 31 &#8211; Herencia Grossner V'>Akano 31 &#8211; Herencia Grossner V</a></li>
</ol></p>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://centoloman.inopia.net/2010/06/18/akano-40-dont-look-back-in-anger/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>One Shot: 44 Segundos</title>
		<link>http://centoloman.inopia.net/2010/06/15/one-shot-44-segundos/</link>
		<comments>http://centoloman.inopia.net/2010/06/15/one-shot-44-segundos/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 15 Jun 2010 21:05:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Centoloman</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mis Escritos]]></category>
		<category><![CDATA[One Shots]]></category>
		<category><![CDATA[ciencia-ficción]]></category>
		<category><![CDATA[escribir]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[PK]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://centoloman.inopia.net/?p=2537</guid>
		<description><![CDATA[Bueno, continuando mi idea de subiros poco a poco los distintos relatos cortos que he ido componiendo, y con mi idea de ir empezando con los más &#8220;exitosos&#8221; hoy os voy a dejar con este. 44 Segundos se llama. Cambiamos un poco de tercio y nos metemos en el rollo ciencia-ficción, tema de uno de [...]

<hr>
Quizás te puedan interesar estos posts:<ol><li><a href='http://centoloman.inopia.net/2010/06/29/one-shot-its-not-lupus/' rel='bookmark' title='Permanent Link: One Shot: It&#8217;s not lupus'>One Shot: It&#8217;s not lupus</a></li>
<li><a href='http://centoloman.inopia.net/2010/06/06/one-shot-palabras-para-julia/' rel='bookmark' title='Permanent Link: One Shot: Palabras para Julia'>One Shot: Palabras para Julia</a></li>
<li><a href='http://centoloman.inopia.net/2004/07/31/la-ultima-batalla/' rel='bookmark' title='Permanent Link: One Shot: La última batalla'>One Shot: La última batalla</a></li>
</ol>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Bueno, continuando mi idea de subiros poco a poco los distintos relatos cortos que he ido componiendo, y con mi idea de ir empezando con los más &#8220;exitosos&#8221; hoy os voy a dejar con este. <em>44 Segundos</em> se llama. Cambiamos un poco de tercio y nos metemos en el rollo ciencia-ficción, tema de uno de los concursos del <a href="http://pirateking.es/foro">foro de Pirateking</a>, que gané. No tengo tiempo para muchas más introducciones, así que os dejo con el capítulo.<span id="more-2537"></span></p>
<p><center><br />
<h2>44 Segundos</h2>
<p></center></p>
<p>Una luz roja y el sonido de una molesta alarma indicaron a Mercury que su experimento había vuelto a fallar. Sin pensarlo, encendió otro cigarrillo, dio un par de caladas aceleradamente y lo apagó en un cenicero que rebosaba colillas, mientras por lo bajo maldecía su suerte. Era el décimo que desperdiciaba de aquella forma en las últimas tres horas.</p>
<p>– Idéntico resultado al de las últimas tres semanas… – resopló, pulsando el botón rojo de su grabadora. – La muj… el sujeto de pruebas falleció durante la cuarta fase del procedimiento. Me pregunto si…</p>
<p>A sus espaldas sonó el característico sonido de las puertas deslizantes al abrirse. Se guardó sus dudas y se dio la vuelta para descubrir que la persona que acababa de entrar en la sala era su Director, Moses Pluto.</p>
<p>– ¿Mismo resultado, Profesor Mercury?</p>
<p>– Idéntico.</p>
<p>Pluto se acercó y tomó entre sus manos el dispositivo de informes más próximo. Repasó rápidamente los datos, con sus ojos fijos en las distintas ventanas que mostraban los resultados. Se movía rápidamente entre unas y otras, como si ninguna de ellas realmente le importara. Sin embargo, el profesor era consciente de que su superior era capaz de procesar los datos a una velocidad asombrosa gracias al pequeño implante que él mismo había hecho instalar en su cerebro.</p>
<p>– ¿Qué significa esto? – dijo, deteniéndose en una de las distintas pantallas.</p>
<p>– ¿Me permite?</p>
<p>Mercury tomó el aparato en sus manos y se acercó a la consola principal, volviendo a conectar el visor al puerto donde antes había estado enchufado. Inmediatamente, los datos en los que se había detenido el Director Pluto aparecieron en la pantalla grande. En todas las entradas se repetía una misma cifra.</p>
<p>– Esto – señaló.</p>
<p>– Eso se refiere al tiempo de duración de la cuarta fase – explicó.</p>
<p>– ¿Es un tiempo standard?</p>
<p>– No debería – murmuró.</p>
<p>Como siempre, el jefe acababa de dar con la clave, como si viera a través de cada dato y de cada pequeño instante del proceso experimental y conociera todo aún antes de realmente conocerlo.</p>
<p>– Espero que encuentre una explicación – dijo Pluto, girándose hacia la salida. – Este experimento tiene prioridad&#8230; </p>
<p>El Director caminaba con las manos en la espalda, lentamente, y con la cabeza gacha. Era su gesto habitual. Siempre perdido en sus pensamientos, siempre repasando mentalmente todo lo que la corporación se traía entre manos. Mercury lo siguió con la mirada y toda la tensión desembocó en un profundo suspiro que se confundió con el sonido de la puerta al cerrarse.</p>
<p>– 44 putos segundos… – musitó, antes de recuperar la normalidad.</p>
<p>Con cierta parsimonia se puso el traje estéril y pasó a la cámara de presurización antes de entrar al recinto de las pruebas. Por enésima vez en los últimos meses tenía que entrar allí a limpiar los residuos del último experimento. Era cruel, frívolo y macabro… pero tratarlos así era la única manera de mantener su cordura.</p>
<p>No podía dejar de pensar en qué estaba fallando mientras caminaba por la gran Avenida de la Concordia de vuelta a casa. En aquel maremágnum de gente completamente anónima que marchaba con prisa por la calle camino de su casa o  a su trabajo, o quizás a tomar algo y distraerse de la vida mundana con sus parejas o amigos, Mercury se sentía cómodo. Nadie sabía qué hacía realmente. Nadie podía juzgarle.</p>
<p>Miró a través de uno de los grandes paneles que separaban la avenida del cruel mundo exterior. Más allá de aquella pantalla de energía, el aire era irrespirable para cualquier hombre, por eso debían vestir aquellas incómodas y estúpidas máscaras cada vez que abandonaban las zonas protegidas.</p>
<p>– Los humanos somos una especie débil…</p>
<p>Aquella conclusión no era la primera vez que le venía a la cabeza al contemplar aquella situación de desamparo que ellos mismos habían provocado. Sabía que muchas especies ya habían evolucionado para acostumbrarse a la libertad, aunque apenas llegaban noticias más que por medios secundarios y poco accesibles que reflejaban el pensamiento de científicos e investigadores enfrentados o considerados locos extravagantes por los representantes de la ciencia oficial. La misma a la que, sin mucho entusiasmo, él servía.</p>
<p>– ¡Hola! – saludó mecánicamente al abrir la puerta del apartamento.</p>
<p>La voz de Nina correspondiendo al saludo sacó al profesor de sus pensamientos. Como siempre, su mujer le había estado esperando aun a pesar de lo avanzado de la hora. Ella tampoco sabía nada de qué investigación estaba trayéndose entre manos su marido. Era altísimo secreto, incluso dentro de la Compañía, pero mejor así. Si no soportaría que gente anónima y completamente desconocida le juzgase, mucho menos lo haría si fuera su mujer la jueza.</p>
<p>– ¿Qué tal te ha ido hoy? – le preguntó al encontrarla en el salón.</p>
<p>Nina era profesora de Zoología en la Universidad Capital, la más importante del país y una de las más prestigiosas de todo el mundo, pero también era uno de esos científicos desplazados de los círculos más prestigiosos. Vivía con la seguridad de que nadie podría quitarle nunca su trabajo, ganado con mucho esfuerzo, y se apoyaba precisamente en ese hecho para desafiar a un sistema que ella creía injusto y tremendamente equivocado. </p>
<p>– Bueno… bien, como siempre – contestó. – ¿Sabías? Andy Van Hondëm me ha llamado esta tarde desde… algún sitio en África, no sé bien. Han descubierto una nueva raza félida que ha desarrollado…</p>
<p>Alex Mercury decidió que era mejor aislarse de aquel nuevo descubrimiento. No es que no le interesara. Es que le hacía sentir culpable, inferior, débil… Y ya había tenido demasiadas emociones fuertes aquel día. Cada noche, cuando llegaba a casa, sólo quería desconectar y soñar con despertarse de aquella especie de pesadilla. Por eso, cuando su mujer comenzaba a relatar los descubrimientos de sus colegas, prefería desconectar, para evitar sentir tanta presión encima de sus hombros.</p>
<p>Por la mañana, como todos los días, buscaría las anotaciones que sus viejos amigos de universidad les mandaban a él y a su mujer para mantenerlos al tanto de los descubrimientos que hacían en remotos lugares que antes solían ser verdes selvas o extensas sabanas. Las iría revisando en el metro de camino a la Compañía por si había algo que pudiera ayudarle a su investigación. Pero nunca parecía que hubiera nada. Al final, siempre terminaba maldiciendo el día en que se había especializado en Zoología Antropológica.</p>
<p>44 segundos. Aquella cifra volvió de nuevo a su mente. ¿Qué cojones ocurría? Parecía que había un tope insalvable delante de él. ¿Por qué nadie superaba aquella barrera? Una vez alcanzada la cuarta fase, había tardado pocos días en optimizar el proceso hasta evitar muertes casi instantáneas. Pero desde entonces… Día tras día, esperaba que el próximo sujeto alcanzara, aunque sólo fuera eso, los 45 segundos.</p>
<p>– ¿Y tú qué tal? – le devolvió la pregunta su mujer.</p>
<p>– ¿Yo?</p>
<p>– ¿Sigues estancado?</p>
<p>– Sí… Y lo peor de todo consigo entender por qué… </p>
<p>– Podría ayudarte – se ofreció ella.</p>
<p>– Pluto no lo permitiría – meneó con la cabeza. – Ya sabes… Cuestiones del alto secreto…</p>
<p>Aquella era la excusa perfecta para ocultarle a Nina la horrible y vergonzosa verdad. Cada vez notaba cómo se odiaba un poco más y poco o ningún consuelo le producía ya el hecho de que sus sujetos experimentales fueran condenados a muerte. “Muertos en vida”, como solía llamarles alguno de sus compañeros, o no, eran seres humanos como ellos.</p>
<p>– Maldito secretismo… – protestó, aunque ella sabía que inútilmente, su mujer mientras se levantaba y le daba un beso en la mejilla. – Me voy a la cama…</p>
<p>– Voy ahora…</p>
<p>Alex Mercury se acercó al mueble bar y cogió un vaso bajo. Echó un par de hielos y comenzó a servir un poco de whisky sobre ellos. Tomando el vaso entre sus manos, observó el líquido dorado y lo bebió de un trago. Luego se sirvió otra vez y se acercó a la ventana.</p>
<p>Las luces de la ciudad se refractaban en la densa capa de gases que inundaban la atmósfera. A estas horas era aún más visible aún su condena. Pero acabar con ella era el único consuelo que le quedaba. Si algún día conseguía superar aquellos cuarenta y cuatro malditos segundos, entonces… Entonces aún quedaba ese rescoldo de esperanza en poder volver a ser libres.</p>
<p>Pero todas las noches eran iguales y la mañana siguiente daría al traste con las esperanzas del último vaso de whisky a medianoche. Mañana todo se repetiría para lo mismo ocurrir pasado. Y al otro y al otro…</p>
<p>Quizás era el alcohol, porque, a pesar de lo negro del panorama que se le planteaba, todos los días, a medianoche, volvía a ver, mientras observaba la ciudad sumergida bajo la nube tóxica, a los hombres corriendo al aire libre, con el rostro descubierto y con una sonrisa en los labios. Conseguía ver que aquellos cuarenta y cuatro segundos habían quedado reducidos a la nada… Que su experimento había tenido éxito y ahora los hombres podrían volver a respirar en el exterior.</p>
<div id="fb-like" style=""><iframe src="http://www.facebook.com/plugins/like.php?href=http://centoloman.inopia.net/2010/06/15/one-shot-44-segundos/&amp;layout=standard&amp;show_faces=true&amp;width=640&amp;action=like&amp;font=arial&amp;colorscheme=light&amp;locale=es_ES" scrolling="no" frameborder="0" allowTransparency="true" style="border:none; overflow:hidden; width:640px; height:30px"></iframe></div>

<hr><p>Quizás te puedan interesar estos posts:<ol><li><a href='http://centoloman.inopia.net/2010/06/29/one-shot-its-not-lupus/' rel='bookmark' title='Permanent Link: One Shot: It&#8217;s not lupus'>One Shot: It&#8217;s not lupus</a></li>
<li><a href='http://centoloman.inopia.net/2010/06/06/one-shot-palabras-para-julia/' rel='bookmark' title='Permanent Link: One Shot: Palabras para Julia'>One Shot: Palabras para Julia</a></li>
<li><a href='http://centoloman.inopia.net/2004/07/31/la-ultima-batalla/' rel='bookmark' title='Permanent Link: One Shot: La última batalla'>One Shot: La última batalla</a></li>
</ol></p>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://centoloman.inopia.net/2010/06/15/one-shot-44-segundos/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>De C.S. Lewis a Akano (II): FFF Universe</title>
		<link>http://centoloman.inopia.net/2010/06/12/de-c-s-lewis-a-akano-ii-fff-universe/</link>
		<comments>http://centoloman.inopia.net/2010/06/12/de-c-s-lewis-a-akano-ii-fff-universe/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 12 Jun 2010 14:05:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Centoloman</dc:creator>
				<category><![CDATA[Centolo literario]]></category>
		<category><![CDATA[In my head]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones de Rido]]></category>
		<category><![CDATA[Akano]]></category>
		<category><![CDATA[C.S. Lewis]]></category>
		<category><![CDATA[escribir]]></category>
		<category><![CDATA[FFF]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Opiniones]]></category>
		<category><![CDATA[trasfondo]]></category>
		<category><![CDATA[Universo FFF]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://centoloman.inopia.net/?p=1480</guid>
		<description><![CDATA[Quería terminar hoy ya con una de las series de posts que dejaba pendientes. Si os acordáis, hace más o menos un mes os solté un montón de citas de C.S. Lewis. Mi intención era ilustrar, con la experiencia de un gran escritor (aunque no muy reconocido, quizás), un proceso que yo mismo he seguido [...]

<hr>
Quizás te puedan interesar estos posts:<ol><li><a href='http://centoloman.inopia.net/2010/05/06/de-c-s-lewis-a-akanoi-animalandia/' rel='bookmark' title='Permanent Link: De C.S. Lewis a Akano(I): Animalandia'>De C.S. Lewis a Akano(I): Animalandia</a></li>
<li><a href='http://centoloman.inopia.net/2010/03/19/akano-35-los-gozos-y-las-sombras-iv/' rel='bookmark' title='Permanent Link: Akano 35 &#8211; Los gozos y las sombras IV'>Akano 35 &#8211; Los gozos y las sombras IV</a></li>
<li><a href='http://centoloman.inopia.net/2009/11/14/partir-de-la-base/' rel='bookmark' title='Permanent Link: Partir de la base'>Partir de la base</a></li>
</ol>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" style="margin: 5px;" src="http://th06.deviantart.net/fs39/300W/f/2008/352/b/d/Akano_Rido_Chibi_by_Lexis_Saia_by_Centoloman.jpg" alt="" width="216" height="311" />Quería terminar hoy ya con una de las series de posts que dejaba pendientes. Si os acordáis, hace más o menos un mes os solté <a href="http://centoloman.inopia.net/2010/05/06/de-c-s-lewis-a-akanoi-animalandia/">un montón de citas de C.S. Lewis</a>. Mi intención era ilustrar, con la experiencia de un gran escritor (aunque no muy reconocido, quizás), un proceso que yo mismo he seguido con lo que entre unos cuantos hemos dado en llamar <em><a href="http://centoloman.inopia.net/tag/universo-fff/">Universo FFF</a></em>.</p>
<p>Ya expliqué en alguna ocasión cómo empecé en esto de la escritura, la última la semana pasada cuando abrí la galería aquí mismo. Así que no abundaré en ello más de lo necesario.</p>
<p>Recordaréis que allá por finales de la primavera de 2006 comenzaba <em><a href="http://centoloman.inopia.net/tag/memorias/">Memorias</a></em>, mi fanfiction basado en Bleach y que comencé a publicar en BleachSP, el foro donde, por aquel entonces, participaba. Con el paso del tiempo, con la gente que comentaba el relato (que por entonces no tenía ninguna pretensión), muchos de ellos autores de sus propias historias, fui dando forma a una idea.</p>
<p>Nos prestábamos los personajes, compartían escenarios muy comunes (los del manga), pero, de alguna forma, nuestras historias chirriaban entre sí, no encajaban, lo cual era más que lógico: cada uno contaba lo que quería y punto. No estábamos haciendo nada “serio” y prestarnos los personajes o tomar personajes de otros era, simplemente, una forma de homenajear-agradecer a los lectores. Así lo interpretábamos todos y ese era el sentido de que los incluyéramos en nuestros relatos.</p>
<p>Pero a medida que avanzábamos en estas lides, se me fue pasando por la cabeza la idea de que podíamos ir combinando las cosas que narrábamos unos y narrábamos otros e irle dando mayor “consistencia” a lo que contábamos. Creando una historia que, de verdad, tuviera profundidad. Por eso, cuando uno de ellos, un buen amigo y comentarista esporádico del blog, incluyó a Rido en una historia que estaba ambientada bastantes años antes de donde comenzaba mi historia, saltó la chispa y en los <a href="http://centoloman.inopia.net/tag/memories-from-the-past/">capítulos 13-15</a> de <a href="http://centoloman.inopia.net/tag/memorias/">Memorias</a> comenzábamos a darle forma conjunta por primera vez al <em><a href="http://centoloman.inopia.net/tag/universo-fff/">Universo FFF</a></em>.</p>
<p>Desde entonces las cosas fueron rodadas, que se suele decir. Nuestras historias comenzaron a entrelazarse (normalmente llevaba yo la iniciativa, más que nada porque era el más prolífico de todos) y la cosa fue cogiendo la consistencia y la coherencia que pretendíamos. Y creamos grandes relatos entre todos, aunque a veces no salieran a la luz más que versiones parciales de la historia.</p>
<p>Así, lo que cuentan unos es inspirador para otros, les da una base para partir de ella… o un punto de llegada. Facilita las cosas (aunque también las complica en otro sentido).</p>
<p>Ese espíritu colectivo fue el mismo que puso en marcha la <a href="http://fanficfactory.wordpress.com/">FFF</a> – porque, por paradójico que suene, el <a href="http://centoloman.inopia.net/tag/universo-fff/">Universo FFF</a> (no el nombre, claro) es anterior a la <a href="http://fanficfactory.wordpress.com/">FFF</a> propiamente dicha – y el mismo que sigue moviendo <em><a href="http://centoloman.inopia.net/tag/akano/">Akano</a></em>, que es el último producto de todo este conjunto de historias.</p>
<p>No es una novedad. No sé si en el mundo de los fics sí, pero esto ya lo encontramos en los cómics (hablamos de Universo Marvel, Universo DC…) y en los libros (Reinos Olvidados, Dragonlance, Universo Expandido de Star Wars…)  desde hace tiempo. Así que tampoco es para echarse demasiadas flores.</p>
<p>Presentado el <a href="http://centoloman.inopia.net/tag/universo-fff/">Universo</a>, uno se preguntará qué es lo que os quería ilustrar con el post anterior. Bien, <a href="http://centoloman.inopia.net/2010/05/06/de-c-s-lewis-a-akanoi-animalandia/">como le ocurrió a Lewis con su “Animalandia”</a>, a medida que me fui adentrando en la factura de las tramas me fue inquietando más y más el crear “trasfondos históricos”, perfilando las instituciones y separarme, cada vez más, de lo que Tite había ido enseñándonos en su manga (muy de capa caída).</p>
<p>Hace un tiempo <a href="http://centoloman.inopia.net/2009/11/14/partir-de-la-base/">os hablé de la importancia del trasfondo</a>. Creo que es de lo que más orgulloso me siento como escritor: el <a href="http://centoloman.inopia.net/tag/universo-fff/">Universo FFF</a>. Desde ahí he podido centrarme mucho más en la creación de tramas que resultaran no completos petardos imaginarios, sino que todo tuviera una verdadera coherencia, de principio a fin. Pero además de por eso, porque no ha sido un trabajo mío sólo, sino de mucha gente, por mucho que yo sea el abanderado.</p>
<p>En fin, os he soltado un rollo como un mundo sólo para adularme. Pero como diría <a href="http://manuls.inopia.net">Manuls</a>, es mi blog y me lo follo cuando quiero.</p>
<div id="fb-like" style=""><iframe src="http://www.facebook.com/plugins/like.php?href=http://centoloman.inopia.net/2010/06/12/de-c-s-lewis-a-akano-ii-fff-universe/&amp;layout=standard&amp;show_faces=true&amp;width=640&amp;action=like&amp;font=arial&amp;colorscheme=light&amp;locale=es_ES" scrolling="no" frameborder="0" allowTransparency="true" style="border:none; overflow:hidden; width:640px; height:30px"></iframe></div>

<hr><p>Quizás te puedan interesar estos posts:<ol><li><a href='http://centoloman.inopia.net/2010/05/06/de-c-s-lewis-a-akanoi-animalandia/' rel='bookmark' title='Permanent Link: De C.S. Lewis a Akano(I): Animalandia'>De C.S. Lewis a Akano(I): Animalandia</a></li>
<li><a href='http://centoloman.inopia.net/2010/03/19/akano-35-los-gozos-y-las-sombras-iv/' rel='bookmark' title='Permanent Link: Akano 35 &#8211; Los gozos y las sombras IV'>Akano 35 &#8211; Los gozos y las sombras IV</a></li>
<li><a href='http://centoloman.inopia.net/2009/11/14/partir-de-la-base/' rel='bookmark' title='Permanent Link: Partir de la base'>Partir de la base</a></li>
</ol></p>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://centoloman.inopia.net/2010/06/12/de-c-s-lewis-a-akano-ii-fff-universe/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Experimento 01: Vacío</title>
		<link>http://centoloman.inopia.net/2010/06/12/experimento-01-vacio/</link>
		<comments>http://centoloman.inopia.net/2010/06/12/experimento-01-vacio/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 12 Jun 2010 09:20:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Centoloman</dc:creator>
				<category><![CDATA[Experimentos con palabras]]></category>
		<category><![CDATA[Mis Escritos]]></category>
		<category><![CDATA[escribir]]></category>
		<category><![CDATA[Experimentos]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[One Shots]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://centoloman.inopia.net/?p=2488</guid>
		<description><![CDATA[Hoy quiero dejaros con el primero de los que llamé Experimentos con palabras. Es decir, pequeños relatos en los que, realmente, lo que estaba tratando de hacer era probar nuevas formas que hasta entonces no había probado. Hace unos meses os dejé con la cuarta y por lo de ahora última entrega de esta serie: Mártir, [...]

<hr>
Quizás te puedan interesar estos posts:<ol><li><a href='http://centoloman.inopia.net/2010/03/29/experimento-04-martir/' rel='bookmark' title='Permanent Link: Experimento 04: Mártir'>Experimento 04: Mártir</a></li>
</ol>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy quiero dejaros con el primero de los que llamé <em>Experimentos con palabras</em>. Es decir, pequeños relatos en los que, realmente, lo que estaba tratando de hacer era probar nuevas formas que hasta entonces no había probado. Hace unos meses os dejé con la cuarta y por lo de ahora última entrega de esta serie: <em><a href="http://centoloman.inopia.net/2010/03/29/experimento-04-martir/">Mártir</a></em>, el &#8220;poema&#8221; (si se puede llamar así) con el que gané el último concurso de la FFF. Hoy vamos con el principio.<span id="more-2488"></span></p>
<h2 style="text-align: center;">Experimento 01: Vacío</h2>
<p>﻿¿Dónde estará la maldita salida? Llevo horas encerrado… Silencio, oscuridad… Nada que pueda usar para orientarme más que el suelo. Solo. Sin nadie cerca. Sin nada cerca. Sólo el silencio. Sólo la oscuridad. Sólo la nada  ¿Dónde estoy? ¿Por qué estoy aquí?</p>
<p>¿Cuánto tiempo habrá pasado? ¿O es que realmente no ha pasado tanto? Mierda. He perdido la noción del tiempo. Mierda. Mierda. Mierda. Eso ya es signo de algo que no me gusta nada. Genial. Perfecto. La he jodido bien esta vez</p>
<p>¿Cómo he acabado aquí? De hecho… ¿hay un aquí? Calla. No pienses tonterías. Siempre hay un aquí y un ahora. Estés donde estés, siempre estás en un “aquí”.” ¿Seguro? Sí. Donde quiera que uno esté siempre es un dónde y un cuándo, un “aquí” y un “ahora”. Bien, al menos hay algo de lo que sí estoy seguro.</p>
<p>Sí, vale estoy un aquí. ¿De qué me vale saberlo? De nada ¿Qué mierda de aquí es este? ¿De qué me sirve que haya un aquí si no sé dónde cojones es? De nada. ¡¿Dónde estoy?! ¡Quiero salir! ¡Quiero…! ¡Quiero…!</p>
<p>¡Una luz! Allí hay una luz. Eso significa que aún hay esperanza. Luz. Luz. Corre. Corre. ¡Se está separando! ¡Eh! ¡No te vayas! Mierda. ¿Pero por qué se aleja? ¿Me está puteando? Sí. Me está puteando.</p>
<p>¡Una luz me está puteando! ¡Mierda!</p>
<p>Pues eso no lo voy a permitir. Vamos. A mí no me putea nadie. Y menos una luz. Que le jodan. Ahí se queda. Si quiere caminar. Que camine. Yo me quedo aquí. Me voy a sentar y a dormir. Eso, quizás si me duermo resulte que esto es sólo una absurda pesadilla.</p>
<p>Eso es…</p>
<p>Sentarme…</p>
<p>Dormirme…</p>
<p>Sentarme y dormirme….</p>
<p>Sentarme….</p>
<p>y dormirme…</p>
<p>Dormirme…</p>
<p>Dormirme…</p>
<p>Dormir…</p>
<p>me…</p>
<div id="fb-like" style=""><iframe src="http://www.facebook.com/plugins/like.php?href=http://centoloman.inopia.net/2010/06/12/experimento-01-vacio/&amp;layout=standard&amp;show_faces=true&amp;width=640&amp;action=like&amp;font=arial&amp;colorscheme=light&amp;locale=es_ES" scrolling="no" frameborder="0" allowTransparency="true" style="border:none; overflow:hidden; width:640px; height:30px"></iframe></div>

<hr><p>Quizás te puedan interesar estos posts:<ol><li><a href='http://centoloman.inopia.net/2010/03/29/experimento-04-martir/' rel='bookmark' title='Permanent Link: Experimento 04: Mártir'>Experimento 04: Mártir</a></li>
</ol></p>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://centoloman.inopia.net/2010/06/12/experimento-01-vacio/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Akano 39 &#8211; La casa abandonada</title>
		<link>http://centoloman.inopia.net/2010/06/11/akano-39-la-casa-abandonada/</link>
		<comments>http://centoloman.inopia.net/2010/06/11/akano-39-la-casa-abandonada/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 11 Jun 2010 11:55:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Centoloman</dc:creator>
				<category><![CDATA[Akano]]></category>
		<category><![CDATA[Mis Escritos]]></category>
		<category><![CDATA[escribir]]></category>
		<category><![CDATA[FFF]]></category>
		<category><![CDATA[Historia larga]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[rido]]></category>
		<category><![CDATA[Universo FFF]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://centoloman.inopia.net/?p=2423</guid>
		<description><![CDATA[Algo que quedaba pendiente desde hacía un tiempo era la continuación del viaje de Rido y Kara hacia la cordura. Tal y como avanzaba el capítulo anterior, hoy ha llegado el momento de volver a retomarlo. Algo me dice que no será un camino de rosas&#8230; Pa curiosos, el título es el título de una [...]

<hr>
Quizás te puedan interesar estos posts:<ol><li><a href='http://centoloman.inopia.net/2010/05/29/dos-aniversarios-memorables-nos-vamos-pa-casa-y-memorias/' rel='bookmark' title='Permanent Link: Dos aniversarios memorables: &#8220;Nos vamos pa&#8217; casa&#8221; y Memorias'>Dos aniversarios memorables: &#8220;Nos vamos pa&#8217; casa&#8221; y Memorias</a></li>
<li><a href='http://centoloman.inopia.net/2010/05/28/akano-37-la-busqueda/' rel='bookmark' title='Permanent Link: Akano 37 &#8211; La búsqueda'>Akano 37 &#8211; La búsqueda</a></li>
<li><a href='http://centoloman.inopia.net/2009/11/28/akano-22-gnoseocracia-iii/' rel='bookmark' title='Permanent Link: Akano 22 &#8211; Gnoseocracia III'>Akano 22 &#8211; Gnoseocracia III</a></li>
</ol>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Algo que quedaba pendiente desde hacía un tiempo era la continuación del viaje de Rido y Kara hacia la cordura. Tal y como avanzaba el capítulo anterior, hoy ha llegado el momento de volver a retomarlo.</p>
<p>Algo me dice que no será un camino de rosas&#8230;</p>
<p>Pa curiosos, el título es el título de una canción del gran Fito Páez. Del disco Abre (o era del Rey Sol?) paso de buscarlo.</p>
<p>PD: <a href="http://twitter.com/Centoloman/status/15653311039">como ya anuncié en twitter</a> Akano está llegando al final. <a href="http://twitter.com/Centoloman/status/15653311039">No un final definitivo, pero al final</a><span id="more-2423"></span></p>
<h2>La casa abandonada</h2>
<p>Me senté en mi despacho y me permití un momento para examinar los papeles que aún quedaban sobre el escritorio antes de decidirme a comenzar a trabajar. Aunque me pesara, aún quedaba cierto papeleo por terminar antes de poder decir que había concluido el curso: actas que firmar, informes que revisar… Poco trabajo en general, sí, pero del más tedioso que me había encontrado en los meses que llevaba como Director de la Academia. Me dije que cuanto antes lo terminara antes podría centrarme en lo que de verdad me interesaba.</p>
<p>Nueve días faltaban para el eclipse y no encontraba más que clavos sueltos. No habíamos determinado con total seguridad el lugar donde tendría lugar la ceremonia. Eliaz aún no había contactado con los Muriami ni tampoco había organizado su deseada expedición a los túneles desconocidos que aún quedaban bajo su mansión. En estos últimos días, además, parecía un poco distraído. Aunque su distracción era totalmente legítima: al fin y al cabo, estaba esperando un hijo.</p>
<p>Para colmo, después de que, por insistencia de Mitsuko, contrastáram2os con Soki las informaciones acerca del eclipse, nos habíamos topado con otro “interrogante”: en el Sereitei no sería un eclipse total. Aunque sería muy pequeña el área que quedara sin cubrir, la ocultación sólo sería completa en una región del Rukongai, al este. ¿En qué manera influiría eso en uno u otro lugar de reunión? Eso no lo sabíamos.</p>
<p>Mientras firmaba actas, una detrás de otra de forma casi mecánica, lo que realmente me estaba planteando una y otra vez era lo que habíamos hecho, lo que estábamos haciendo y lo que íbamos hacer y sus posibles consecuencias. Había permanecido buena parte de la noche pensando en lo mismo De alguna manera, arropados por el sorprendente apoyo de la Novena División todo parecía más claro, más seguro, más… probable. Era reconfortante, pero al mismo tiempo desconcertante.</p>
<p>Firmadas las actas, las dejé en la mesa de Rina para que las registrara cuando llegase, más tarde, cogí luego los informes de mi escritorio y me los llevé a la butaca. Básicamente, los puse delante de mis ojos y, de vez en cuando, pasaba alguna página a título testimonial, para engañar a un misterioso e imaginario observador que pudiera estar vigilante. Mi mente estaba realmente en otro lugar, esforzándose por entender el misterioso cambio de actitud de Kyrek hacia mí.</p>
<p>No es que en las palabras del joven Capitán de la Novena División hubiera encontrado una renovada confianza en mí, un aprecio distinto al que había mostrado meses atrás en mi última visita al Cuartel, pero evidentemente algo había cambiado. Estaba encantado y satisfecho con aquel cambio, pero me intrigaban los motivos que lo habían provocado. Db había hablado con él y, también, “tenía amigos muy insistentes, en palabras del propio Kyrek.</p>
<p>¿Quiénes? Por supuesto Db, que personalmente había admitido haber hablado con su superior, y posiblemente Eliaz y Mitsuko, Bone… habrían intercedido por mí en aquella situación, aún cuando este último no conociera los avatares de nuestra investigación y, posiblemente, ninguno de ellos estuviera al tanto de mis diferencias con el Teniente a la hora de que se embarcaran en aquella nueva aventura. De todas formas, los tres eran conscientes de mi malestar por el encontronazo con el líder de su Escuadrón. Incluso Okita lo conocía, aunque su timidez me hacía más difícil incluirlo en aquel grupo, por lo menos en la categoría de “muy insistente”.</p>
<p>Pasé otra página y sonreí. No cabía duda de que mi “familia”, a la que por un momento había dudado de seguir perteneciendo, continuaba ahí, de otra forma, pero ahí. Seguía siendo miembro, no de forma efectiva pero sí de forma afectiva, de la División que me había visto crecer y a la que siempre había querido pertenecer. Eso provocaba un sentimiento reafirmante. No debía estar haciéndolo mal del todo.</p>
<p>Para ser completamente justos, a la hora de aquel juicio que estaba haciendo, tendría que tener en cuenta algo de lo que ya me había percatado en su momento: la actitud de Kyrek hacia mí nunca había sido algo personal o esencialmente personal. De hecho, nuestra relación durante sus años en la Academia había sido inmejorable. Detrás de aquellas cautelas que había puesto hacia mí estaban principalmente la necesidad de afianzar su autoridad hacia los suyos, hacia sus iguales y hacia sus superiores. Poner entre paréntesis la relación de la División con un “elemento conflictivo” como yo, le habría hecho sumar puntos con estos dos colectivos últimos, sacrificando, no sé hasta qué punto, la confianza de alguno de sus subordinados.</p>
<p>Ahora debía importarle menos o, quizás, consideraba que había ganado la suficiente reputación entre el Gotei y la Cámara como para reconducir las relaciones y, de ese modo, “limpiar su imagen” frente a quien pudiera haberle interpretado mal. No en vano, su Escuadrón había alcanzado ciertos éxitos dando caza a algunas de las células vandálicas, cuando no terroristas, que habían puesto en alerta la seguridad del Sereitei.</p>
<p>– Debería dejar de pensar tanto en ese tipo de cosas – me recomendó la voz profunda de Balmung.</p>
<p>Levanté la vista hacia el origen de la frase y me encontré el monje, que se había materializado por su cuenta y había tomado asiento en la butaca que quedaba justo en frente de la mía, con las manos entrelazadas sobre su vientre y una sonrisa divertida en la cara. Pronto cambió el gesto por uno que demostraba una genuina preocupación y se removió un poco incómodo en el sillón, como si algo le hubiera ocurrido que le hubiera molestado.</p>
<p>– ¿Qué pasa?</p>
<p>– Nada, nada… – contestó. – Es sólo que… – se detuvo en mitad de la frase y sacudió una mano restándole importancia. – A lo que iba. La Nueve te va a ayudar, punto – sentenció. – No le des más vueltas que sólo vas a acabar mareándote.</p>
<p>– Ya, pero…</p>
<p>– Concentrémonos en lo importante ahora.</p>
<p>– Sí… – me levanté, dejando las gafas sobre la mesa y frotándome los ojos con cansancio. – El eclipse, ya sé – dejé los informes sobre el escritorio y cogí el libro que me había dejado Db.</p>
<p>– No, eso no – corrigió el espíritu de mi espada.</p>
<p>– ¿Ah, no? ¿Y qué es lo importante si se puede saber? – pregunté con retranca.</p>
<p>– La chica, por supuesto – replicó con toda la naturalidad.</p>
<p>– ¿La chic..? Ah, Kara – caí en la cuenta. – Llega tarde, ahora que lo pienso – eché un vistazo.</p>
<p>– Mejor – asintió con calma. – ¿Qué piensas hacer con ella?</p>
<p>– ¿Cómo que qué pienso hacer con ella?</p>
<p>– Rido, aquí has abierto una puerta que no vas a poder cerrar – contestó. – Y por ella van a empezar a salir monstruos…</p>
<p>– Vaya, ahora te pones filosófico.</p>
<p>– No estoy de coña. Le prometiste a esa niña que le ayudarías con su pasado, ¿recuerdas?</p>
<p>– Sí, lo sé – dije.</p>
<p>– Y ayer te dijo que estaba preparada para dar ese paso, ¿cierto?</p>
<p>– Para eso estamos aquí.</p>
<p>– Sin embargo… – se levantó y comenzó a andar lentamente, llevándose una mano a la espalda y otra a la boca con un gesto pensativo pero excesivamente teatral. – Sin embargo no estás para eso ahora mismo…</p>
<p>– ¿Qué insinúas?</p>
<p>– Que hay demasiado en juego – sentenció. – O estás concentrado en esto o estás pensando en lo del eclipse…</p>
<p>– Puedo manejar las dos situaciones a la vez – alegué.</p>
<p>– Más te vale – comentó.</p>
<p>– Mira, viejo… – repliqué. – Puedo con ello.</p>
<p>– Rido, llevas semanas distraído – objetó.</p>
<p>– No es verdad…</p>
<p>– ¡Sólo piensas en Nadie! ¡Día y noche! – se excitó. – Ya podría estarse derribando el mundo que tú estarías pensando en eso. Mírate – señaló con desprecio los informes. – Ni siquiera les has prestado atención. ¡Tú, Rido! ¡Tú que eres un obsesivo de la educación, que quieres controlar casi cada detalle de lo que pasa en la Academia!</p>
<p>Lo observé en silencio, ofendido de sus acusaciones. Él también permanecía mudo, quieto, mirándome fijamente con gesto duro y censurador, aunque a la vez profundamente preocupado. Al final, el peso de sus ojos venció mi resistencia y aparté la vista con vehemencia. Aquello no iba conmigo. Eran puras imaginaciones suyas.</p>
<p>– Sólo digo que si no te centras vas a joderla – afirmó en tono más calmado. – Estás jugando con la cordura de esa niña, Rido.</p>
<p>– ¡¿Crees que no lo sé?! – exploté, levantándome de golpe.</p>
<p>Un callado velo volvió a cernirse sobre nosotros, pero ya no nos mirábamos. Yo me había movido violentamente hacia el mueble bar, dándole la espalda al monje. Tenía la vista clavada en la pared y apretaba los dientes en gesto de rabia. Sospechaba que mi contrincante en aquella discusión podía tener razón. Si no, ¿por qué me afectaba tanto lo que me estaba echando en cara? Lo rechazaría de pleno, como hacía tantas veces con las inventivas que me lanzaban los que se consideraban mis oponentes. Había verdad en las acusaciones de Balmung, pero no quería admitirlo. Por eso me dolían tanto.</p>
<p>– Ven… – propuso resignado.</p>
<p>– ¿A dónde?</p>
<p>– Te conozco – habló. – Eres cabezón como tú solo y vas a seguir adelante con esto. Si quieres ayudar a esa niña tienes que calmarte antes de que llegue – observó. – Así que vamos.</p>
<p>Sin esperar a que yo le diera mi consentimiento, tiró de mí hacia mí mismo y me transportó junto con él al monasterio. Era la primera vez en mucho tiempo que no iba allí voluntariamente y mi cuerpo no recordaba la sensación ajetreada que suponía aquel tipo de viajes, así que me costó unos segundos recomponerme.</p>
<p>No le dije nada. Simplemente me acerqué en las escaleras de la entrada del edificio y me senté a contemplar el paisaje. El cielo andaba un poco turbio, amenazaba tormenta. Medité un momento acudir dentro, por si acaso, pero el sonido del cerrojo detrás de mí dejó claras las intenciones de mi anfitrión en aquella dimensión. Si no quería ahogarme en mi propia rabia más valía que me lo ganara. Esta vez no valía esconderse.</p>
<p>Pasamos un buen rato, no sabría decir cuánto, simplemente en silencio. Sabía que él estaba allí, detrás de mí, observándome vigilante, como siempre hacía. Juzgándome, que era uno de sus pasatiempos favoritos. Pero, por una vez, no protestaba. No lo hacía verbalmente al menos. Sólo seguía allí, de pie, inmóvil, recordándome los motivos de nuestra discusión y nuestra estancia en mi mundo interior con su mera presencia.</p>
<p>Por un momento, movido por mi orgullo como un niño caprichoso y dispuesto a no dejarme ganar me dije que si tenía todo el tiempo del mundo podía aprovechar para reorganizar mis ideas sin que me asaltaran las prisas del mundo real. Un carraspeo del monje me hizo volver a mi lugar. ¿De qué servía engañarse? Él tenía razón.</p>
<p>Él tenía razón y yo me había estado engañando todo el rato, aunque no me gustara reconocerlo. Si de verdad quería ayudar a Kara tenía que estar al doscientos por cien volcado en ella. Era una joven con unas necesidades demasiado especiales, con un pasado demasiado turbulento y si me había comprometido a guiarla y acompañarla en un viaje hacia los momentos más oscuros de su historia para que pudiera reconciliarse consigo misma no podía decepcionarla. No por no prestar toda mi atención.</p>
<p>Así que poco a poco fui apartando de mi consciencia los pensamientos que minutos antes, en el mundo real, me inquietaban. Alejé a Nadie, a Kyrek y a la División 9, prescindí de eclipses y estrategias y los arrinconé a todos en un rincón de mi mente. Comencé a repasar mis conversaciones con la estudiante, a darle vueltas, pero, de alguna forma, me sentía lento, parado, atascado.</p>
<p>– Voy a entrar – advertí, poniéndome en pie.</p>
<p>– No.</p>
<p>–  Tú verás – pasé a su lado con despreocupación. – La llave la tengo yo.</p>
<p>Empujé la puerta sin ninguna dificultad mientras el monje chascaba la lengua. No le hice caso y, al fin, él tampoco le dio mucha importancia, porque me siguió al interior del claustro sin tardanza y sin mediar ningún tipo de protesta por su parte. Sabía que caminar me calmaba y me ayudaba a pensar y a organizarme, sobre todo cuando me encontraba espeso. Y, para él, mis pensamientos eran como un libro abierto, así que sabía perfectamente que no estaba empantanándome otra vez con los temas que me habían llevado hasta allí.</p>
<p>Di varias vueltas alrededor del patio de piedra, con el monótono sonido del agua de la fuente y el claqueteo de los pasos de mi acompañante, que parecía mi sombra, y los míos como únicas amenazas al silencio reinante. Perdí la noción del tiempo mientras me perdía en mis giros y repasos, con mi habitual obsesión por tener las cosas claras.</p>
<p>– Venga, tampoco hay que pasarse.</p>
<p>Con la misma violencia y la poca anticipación con que me había llevado hasta sus dominios, Balmung me expulsó de ellos. Sin darme casi cuenta, de nuevo estaba en mi despacho frente al mueble bar. Pero esta vez estaba solo. Valoré la posibilidad de volver y quejarme por la inoportuna intromisión, pero ¿de qué serviría? Además, tenía cosas que hacer.</p>
<p>Muy probablemente, Kara no había entrado nunca en su mundo interior. Eso suponía un proceso lento si se llevaba de forma natural y sería demasiado engorroso. Teniendo en cuenta la fragilidad de su psique, aún a pesar de lo que hubiera podido afianzarse en nuestras sesiones previas, estaríamos tomando un gran riesgo. No sabía en qué etapa de su desarrollo estaba y, aunque entrar en mi mundo interior debía haber “despertado” de alguna forma el suyo (o al menos eso decía mi madre), era probable que, en una época tan temprana de su crecimiento como shinigami, sólo pudiera acceder a él a través de una experiencia traumática, como ocurría con algunos alumnos.</p>
<p>Si no podía ser de otra forma, tendría que ser así. No quedaba otro remedio. Pero afortunadamente, contaba a priori con otros medios. Si no recordaba mal, tenía en mi apartamento, en la cocina, algo de la infusión que mi madre y mi abuelo habían utilizado para completar aquel mismo camino conmigo y que había tenido que usar en mi entrenamiento para desarrollar aquella habilidad.</p>
<p>Pero tampoco podía salir. ¿Y si venía en aquel momento? Podía dejarle una nota diciendo que me esperara, pero tampoco sería muy cortés. Aunque hablando de cortesía, le había dicho que podría encontrarme en mi despacho después de la hora de desayunar y ya habían pasado varias horas desde entonces. Tampoco es que importara o que le hubiera puesto una hora fija pero, en cierto modo, llegaba tarde.</p>
<p>La respuesta a mi duda sobre si acercarme a mi apartamento a por la droga antes de que llegara me la dio la llegada de Rina. Le dije que se encargara de retener allí a Kara que volvería enseguida. Caminé rápido hacia casa, cogí las hierbas y volví todo lo deprisa que pude hacia el edificio principal de la Academia. Pero como las casualidades son así de graciosas, ella ya estaba esperándome en la antesala, en los pequeños asientos que había frente a la mesa de mi secretaria.</p>
<p>– Buenos días, Kara – sonreí. – ¿Llevas mucho tiempo esperando?</p>
<p>– N… no…</p>
<p>– ¿Vamos dentro?</p>
<p>Como siempre hacía cuando me encontraba con ella, comencé por una charla informal que aliviara la tensión inicial que siempre imponía su timidez. Nos sentamos y, cuando la vi tranquila, me levanté hacia el mueble bar para prepararle un té. Eso fue lo que le dije para evitar que se pusiera nerviosa. Sin embargo, no fue té lo que puse en su taza.</p>
<p>– Lo que vamos a hacer hoy es muy importante – le dije. – Necesito que estés bien tranquila y preparada. ¿De acuerdo?</p>
<p>– S… Sí.</p>
<p>– En cualquier momento, tú me dices que pare y paramos, ¿vale?</p>
<p>Asintió callada mientras aceptaba la taza que le entregaba. Sonreí y bebí un sorbo de la mía para luego apartarla rápidamente de mis labios con un gesto de escozor. El agua estaba aún demasiado caliente. Me senté en mi butaca y le recordé brevemente el procedimiento que habíamos seguido ya antes para evitar que algo le cogiera por sorpresa.</p>
<p>– ¿Qué? – le pregunté, después de asegurarme de que se acordaba de todo. – ¿No te tomas el té? Se te va a enfriar…</p>
<p>Impelida por mi sugerencia, bebió casi de un trago lo que le quedaba en su taza e inmediatamente comenzó a sentir un cierto sopor, debido a lo apurado de la ingestión. Le eché mano y le ayudé a recostarse en su asiento para que no cayera de bruces contra la mesita que había en el medio de las dos butacas.</p>
<p><em>Me bebí el té mientras conversábamos. Como siempre, las palabras del maestro tenían la capacidad de calmar mi espíritu, de acallar las voces que por dentro me indicaban el camino incorrecto&#8230; Poco a poco, el sueño me fue invadiendo&#8230;</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>– Antes de dormirte, escúchame bien, ahora te enfrentarás al dragón, a tu demonio más grande. No  tienes otro remedio que ganar y tú tienes la fuerza para ello. Lo sé. Puedes hacerlo. Tienes que vencerlo, sea como sea. Confío en ti.</em></p>
<p>– Kara… – la llamé en voz baja y ella levantó ligeramente los párpados, que ya le pensaban como dos losas. – Kara, escúchame. Ahora agárrame fuerte y no me sueltes, ¿vale? – le pedí, y ella apretó mi mano. – No, no sólo lo hagas – sonreí en un susurro que ella ya apenas podía percibir. – Piénsalo, imagínalo.</p>
<p>En cuanto ella ya no tuvo las fuerzas suficientes como para mantener los ojos abiertos y la conciencia despierta, yo cerré los míos y traté de “perseguirla” hacia su mundo interior. De nuestras experiencias anteriores, tanto ella como yo habíamos aprendido mucho el uno del otro y sobre todo el proceso. Ella había aprendido mucho, y no le costó trasladar aquella imagen de aferrarse a mí, a mi manga. Yo sólo tuve que afirmar aquel vínculo y abrir la puerta delante de mí para entrar…</p>
<p>Lo que vi cuando abrí los ojos, ya lejos del traqueteo del viaje hacia el interior de la muchacha no era precisamente esperanzador. Una bruma espesa, oscura, densísima, apenas dejaba ver un metro más allá de nuestras narices. Y a duras penas. A partir de ahí, lo mejor que se podía percibir eran tímidas sombras disimuladas entre la niebla. Pero aquellas sombras dejaban algo claro: frente a nosotros se alzaba una gran mole, probablemente un edificio.</p>
<p>Noté como ella me agarraba de mi ropa y se escondía detrás de mí. Me giré levemente, lo suficiente para mostrarle una sonrisa que tenía más de mentira piadosa que de segura. Luego volví de nuevo la vista al frente, respiré profundamente, todo lo profundamente que la humedad que impregnaba el ambiente permitía, y caminé hacia delante, hacia la niebla.</p>
<p>A medida que avanzábamos, el suelo, que era lo que más claro se presentaba ante nosotros, iba cambiando. Fue sembrándose de adoquines, primero, y de losetas blancas, después. Pero no configuraban, en cualquier caso, la imagen de un lugar en buen estado. Estaban agrietadas, rotas y, muchas de ellas, fuera del sitio que deberían ocupar en su origen. Luego unas escalerillas, de madera, bajas y un gran porche, también de madera, con las tablas totalmente combadas, podridas por la humedad y destartaladas.</p>
<p>Después de avisarla, di dos pasos hacia atrás, con prudencia, fijándome bien por dónde pisábamos y contemplé la estructura con una mayor idea de a qué nos estábamos enfrentando. No había duda (o al menos eso me parecía), de que se trataba de la típica casa oriental, japonesa, como tantas que abundaban por el Sereitei y el Rukongai. Como la mansión de los Akano o el Cuartel de la Novena División. La gran diferencia con aquellas era que esta estaba completamente en ruinas.</p>
<p>– Vaya, vaya, vaya, vaya…</p>
<p>Una voz profunda, rota, pero cargada de orgulloso sarcasmo surgió de entre la bruma en el extremo del porche, a nuestra derecha. Inmediatamente, comenzamos a distinguir una silueta que se acercaba a nosotros, acompañada por el sonido que sus sandalias de madera producían al chocar con el suelo y por el crepitar de una risa ahogada.</p>
<p>Por las formas, pronto pudimos ir adivinando que se trataba de una mujer ataviada con el suntuoso kimono que solían vestir las cortesanas de más categoría, con su artificioso tocado en la cabeza y su sombrilla en la mano derecha.</p>
<p>– Pero si es la niñata…</p>
<p>El grito mudo de terror de Kara cuando la silueta se convirtió en una figura bien definida al acercarse a nosotros embotó mi mente. Sus manos se aferraron a mi traje como si de ello le dependiera la vida y su cuerpo se pegó aún más al mío en busca de protección. Yo no pude más que tragar saliva, abrumado por la visión.</p>
<p>– ¿Tan debilucha eres que no te atreves a venir sola y tienes que traerte a… este? – se burlaba con un más que patente desprecio tiñendo su voz aquella hueca calavera que se escondía entre todos aquellos ropajes.</p>
<div id="fb-like" style=""><iframe src="http://www.facebook.com/plugins/like.php?href=http://centoloman.inopia.net/2010/06/11/akano-39-la-casa-abandonada/&amp;layout=standard&amp;show_faces=true&amp;width=640&amp;action=like&amp;font=arial&amp;colorscheme=light&amp;locale=es_ES" scrolling="no" frameborder="0" allowTransparency="true" style="border:none; overflow:hidden; width:640px; height:30px"></iframe></div>

<hr><p>Quizás te puedan interesar estos posts:<ol><li><a href='http://centoloman.inopia.net/2010/05/29/dos-aniversarios-memorables-nos-vamos-pa-casa-y-memorias/' rel='bookmark' title='Permanent Link: Dos aniversarios memorables: &#8220;Nos vamos pa&#8217; casa&#8221; y Memorias'>Dos aniversarios memorables: &#8220;Nos vamos pa&#8217; casa&#8221; y Memorias</a></li>
<li><a href='http://centoloman.inopia.net/2010/05/28/akano-37-la-busqueda/' rel='bookmark' title='Permanent Link: Akano 37 &#8211; La búsqueda'>Akano 37 &#8211; La búsqueda</a></li>
<li><a href='http://centoloman.inopia.net/2009/11/28/akano-22-gnoseocracia-iii/' rel='bookmark' title='Permanent Link: Akano 22 &#8211; Gnoseocracia III'>Akano 22 &#8211; Gnoseocracia III</a></li>
</ol></p>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://centoloman.inopia.net/2010/06/11/akano-39-la-casa-abandonada/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>La Michelena</title>
		<link>http://centoloman.inopia.net/2010/06/08/la-michelena/</link>
		<comments>http://centoloman.inopia.net/2010/06/08/la-michelena/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 08 Jun 2010 17:24:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Centoloman</dc:creator>
				<category><![CDATA[Centolo literario]]></category>
		<category><![CDATA[En tierra firme]]></category>
		<category><![CDATA[La dura vida de un centollo en tierra]]></category>
		<category><![CDATA[lecturas]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Pontevedra]]></category>
		<category><![CDATA[vida]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://centoloman.inopia.net/?p=2369</guid>
		<description><![CDATA[Desde que ayer se lo leí a milleiro y a un par de amigos más en el Facebook ando entre sorprendido y como si me hubieran pegado una bofetada. ¿Qué pasa? Cierra la Michelena, un nombre que, quizás, a los que no sois de Pontevedra o a los que no estáis familiarizados con la lectura, [...]

<hr>
No hay posts relacionados.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://farm4.static.flickr.com/3090/2923193137_daaea09db5.jpg?v=0" alt="" width="500" height="375" /></p>
<p>Desde que <a href="http://juanandres.milleiro.com/cierra-la-libreria-michelena/">ayer se lo leí a milleiro</a> y a un par de amigos más en el <a href="http://facebook.com">Facebook</a> ando entre sorprendido y como si me hubieran pegado una bofetada. ¿Qué pasa? <a href="http://www.vidavedra.es/culturaes/adios-a-la-libreria-mas-antigua-de-pontevedra">Cierra <em>la Michelena</em></a>, un nombre que, quizás, a los que no sois de Pontevedra o a los que no estáis familiarizados con la lectura, pero que para muchos pontevedreses supone una parte de nuestra vida.</p>
<p>La <a href="http://www.libreriamichelena.com/">Michelena</a> era uno de esos focos de cultura de nuestra ciudad. Estaba, en cierto modo, medio escondida, ya que desde fuera sólo se podía percibir un pasillo largo y algo estrecho en el que se agolpaba la gente en las fechas señaladas pro. Pero si buceabas un poco, un casi nada, podías encontrar de todo: entrando a la derecha, literatura infantil y juvenil y un poco más allá, en la misma banda, novela de todo tipo; en el medio y medio las novedades y en el piso de arriba la librería universitaria. Al fondo estaba el verdadero tesoro: música, política, filosofía, ensayo de todo tipo&#8230; Todo lo que un lector pudiera soñar&#8230;</p>
<p>Para mí, hablar de la <a href="http://www.libreriamichelena.com/">Michelena</a> es hablar de una costumbre, prácticamente. Me coge camino a casa desde el centro y pronto, detenerme en el escaparate, el de la izquierda, el de las novedades relacionadas con la música, el de la foto, se convirtió en un hábito casi mecánico. Aunque hubiera pasado cinco minutos. Aunque supiera que no habría nada nuevo. Y así lo hacía: al volver de clase, al ir a buscar a Alba, al volver de acompañarla a casa, dando una vuelta con los amigos&#8230; Casi se volvió en un ritual necesario.</p>
<p>Y por supuesto, si tenía tiempo y la librería estaba abierta, había que entrar a disfrutar. Y no valía &#8220;tener un rato&#8221;. Había que tener tiempo, porque una vez se entra en un templo como este uno no sabe cuándo va a salir. Sobre todo si se acerca a aquel rincón, al fondo a la derecha, con sus butaquitas, sus libros y, de vez en cuando, sus tertulias&#8230; Y a veces ibas allí y sólo mirabas con deseo los libros. Otras veces, si había suerte y cuartos, comprabas alguno&#8230; Que además yo soy de los que regalan libros siempre que se puede.</p>
<p>Por eso, escuchar este tipo de cosas a uno le deja una sensación de que algo raro está pasando. Cuando los centros de cultura cierran (sobre todo teniendo en cuenta que Pontevedra no tiene una gran Biblioteca de préstamo) mientras que se fomentan otro tipo de historias es que algo no va bien. Como resalta <a href="http://juanandres.milleiro.com/cierra-la-libreria-michelena/">milleiro</a> en su artículo, rescatando un <a href="http://www.vidavedra.es/culturaes/adios-a-la-libreria-mas-antigua-de-pontevedra#comment-523">comentario en la noticia</a>: </p>
<blockquote><p>La cultura en Pontevedra se ha convertido en tomar cañas y pinchitos. Es una ciudad de vagos,descerebrados y hedonistas.</p></blockquote>
<p>Suena fuerte, quizás, pero en situaciones como esta, uno no puede evitar pensar en lo mucho que se ha potenciado el sector de la hostelería (que es muy necesario y que hay que mantener, que si no donde me voy a tomar las birras), pero lo mucho que se ha confundido ocio y cultura.</p>
<p>En fin.</p>
<p>PD: Siguiendo la recomendación de <a href="http://juanandrés.milleiro.com">milleiro</a> al final del <a href="http://juanandres.milleiro.com/cierra-la-libreria-michelena/">post</a>, me he leído <a href="http://manueljabois.com/2006/11/michelena.html">este homenaje</a> del periodista <a href="http://manueljabois.com">Manuel Jabois</a> que no tiene desperdicio. Leedlo si podéis.</p>
<div id="fb-like" style=""><iframe src="http://www.facebook.com/plugins/like.php?href=http://centoloman.inopia.net/2010/06/08/la-michelena/&amp;layout=standard&amp;show_faces=true&amp;width=640&amp;action=like&amp;font=arial&amp;colorscheme=light&amp;locale=es_ES" scrolling="no" frameborder="0" allowTransparency="true" style="border:none; overflow:hidden; width:640px; height:30px"></iframe></div>

<hr><p>No hay posts relacionados.</p>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://centoloman.inopia.net/2010/06/08/la-michelena/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>One Shot: Palabras para Julia</title>
		<link>http://centoloman.inopia.net/2010/06/06/one-shot-palabras-para-julia/</link>
		<comments>http://centoloman.inopia.net/2010/06/06/one-shot-palabras-para-julia/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 06 Jun 2010 09:13:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Centoloman</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mis Escritos]]></category>
		<category><![CDATA[One Shots]]></category>
		<category><![CDATA[Concursos]]></category>
		<category><![CDATA[escribir]]></category>
		<category><![CDATA[FFF]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Suaves]]></category>
		<category><![CDATA[video]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://centoloman.inopia.net/?p=1477</guid>
		<description><![CDATA[Hasta hace una temporada, regularmente, más o menos cada mes, en la FanFicFactory poníamos en marcha un concurso de relatos. Unas veces tenían más éxito y otras tenían que ser canceladas por falta de participantes, cosas de la musa y de la vagancia El caso es que concurso a concurso (otras veces porque sí), con [...]

<hr>
Quizás te puedan interesar estos posts:<ol><li><a href='http://centoloman.inopia.net/2010/06/29/one-shot-its-not-lupus/' rel='bookmark' title='Permanent Link: One Shot: It&#8217;s not lupus'>One Shot: It&#8217;s not lupus</a></li>
<li><a href='http://centoloman.inopia.net/2010/06/15/one-shot-44-segundos/' rel='bookmark' title='Permanent Link: One Shot: 44 Segundos'>One Shot: 44 Segundos</a></li>
<li><a href='http://centoloman.inopia.net/2005/04/27/3-palabras/' rel='bookmark' title='Permanent Link: 3 palabras'>3 palabras</a></li>
</ol>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hasta hace una temporada, regularmente, más o menos cada mes, en la <a href="http://fanficfactory.wordpress.com/">FanFicFactory</a> poníamos en marcha un concurso de relatos. Unas veces tenían más éxito y otras tenían que ser canceladas por falta de participantes, cosas de la musa y de la vagancia</p>
<p>El caso es que concurso a concurso (otras veces porque sí), con mejor o peor resultado, he ido componiendo una serie de relatos cortos o <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/One-shot">One Shots</a> (en analogía a los comics y a los manga) que iré publicando por aquí. Como son <em>atemporales</em>, no editaré las fechas ni nada&#8230;</p>
<p>Os dejo con el primero de ellos (no es el primero en orden cronológico), uno de mis preferidos. Septiembre de 2007. Tema del concurso: <em>Enfrentarse a la muerte</em>. Quedó tercero. El relato se llama <em>Palabras para Julia</em>, y, como su propio nombre deja ver, está inspirado en el <a href="http://www.poesia-inter.net/jag0020b.htm">poema</a> de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Agust%C3%ADn_Goytisolo">Jose Agustín Goytisolo</a>. O en su versión musical, de <a href="http://www.youtube.com/watch?v=C7Zsb0Y8Tpg">Paco Ibáñez</a>&#8230; Aunque yo siempre fui más de Yosi&#8230;</p>
<p><center><object width="480" height="385"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/P8WvQbkOpyY&#038;hl=es_ES&#038;fs=1&#038;"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/P8WvQbkOpyY&#038;hl=es_ES&#038;fs=1&#038;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="480" height="385"></embed></object></center><br />
<span id="more-1477"></span></p>
<p><center><br />
<h2>Palabras para Julia</h2>
<p></center></p>
<p>Querida Julia, mi ángel, mi luz, mi vida:</p>
<p>Nunca creí que llegaría a escribir algo como esto… Bueno, quizás mienta. Reconozco que siempre lo vi como esa puerta al final de la sala, cerrada, con un gran cartel de prohibido de esos que provocan en el que los leen todo lo contrario a lo que quieren conseguir; como una de esas posibilidades remotas que, de repente, cobran un gran atractivo y parecen la solución a todos los problemas, lo que uno debe hacer. Y, cuando eso ocurre, sabes, sin ningún género de duda, que es eso lo que está destinado a ocurrir. Eso y no otra cosa.</p>
<p>Es el momento de decir adiós, Julia. Es el momento de partir de una vez sin mirar atrás, sin preguntarse por el porqué de todo esto, sin ninguna esperanza, sin ningún remordimiento, sin ningún temor, con la seguridad de que es la única forma de dejar de destruir todo aquello por lo que todos habéis luchado.</p>
<p>Creo que se supone que ahora es donde debería comenzar a contar todo lo que me ha traído hasta aquí, reconocer mis errores y acusarme despiadadamente de… de todo lo que ha ido mal en mi vida y en la de los que me rodeáis… pero no tengo fuerzas. No me atrevo, no quiero enfrentarme más al dolor. ¡No quiero!</p>
<p>Sólo hay una cosa que quiera hacer en este momento de la triste despedida. Sólo querría verte una vez más. Sólo quiero abrazarte y contarte al oído tantas cosas… Pero tú no lo entenderías. No puedo seguir fingiendo más. No puedo seguir luchando. Por eso, ahora, sólo déjame que recuerde para ti sólo los buenos momentos, las palabras, aunque vacías, con las que quise alentarte a vivir esta vida como una bendición, pues lo es, aunque mi ejemplo no lo sea.</p>
<p>Recuerda siempre aquello que, un día, escribí para ti. Recuerda todas aquellas cosas que me atreví a decirte aún sabiendo que yo nunca fui capaz de cumplirlas y no seas como yo. No seas como yo, no. Que el infame legado que te dejo, la recopilación de todos mis errores, no sea para ti una cruz insoportable y demasiado pesada que cargar si no una sucia imagen de todo lo que nunca debes hacer.</p>
<p>Recuerda siempre esto: Hay muchas cosas de las que me arrepiento. De hecho, no hay nada de lo que esté orgulloso. Nada excepto tú, querida mía. Nada excepto tú. Tú eres la luz de mis tinieblas más oscuras. Eres la fuerza que me ha empujado a seguir tantas y tantas veces, la esperanza en el día aciago, la sonrisa en el dolor… mi todo.</p>
<p>Todos los días me levanto, condenado a seguir viviendo en un mundo que hace tiempo que dejó de ser mi hogar, y lo único que me hace tratar de intentarlo una vez más es esa ingenua sonrisa de niña, esa mirada limpia que tienes y en la que uno se puede perder en la inmensidad de un mar de sueños que por un momento se hacen reales.</p>
<p>Pero aún así, aún a pesar de los pesares, es el momento de irse, de dejarlo todo y marchar sin equipaje hacia la última parada del tren de mi destino. Sin equipaje porque no necesito nada más conmigo que el recuerdo de tu tierna risa, nada más que esta última mirada furtiva mientras escribo estas líneas.</p>
<p>La vida es bella, te dije una vez. Te dije que a pesar de todo, aún a pesar de mí, de todo el sufrimiento que te he causado, encontrarías alguien con quien compartirla. Alguien para reír con él, para llorar con él, para soñar con él. Encontrarás amigos, encontrarás a mor. Tendrás alguien que te sepa enseñar a ser feliz, a sonreír en los momentos tristes, a seguir adelante sin mirar atrás cuando te sientas acorralada, cuando te sientas perdida y sola, cuando desees no haber nacido.</p>
<p>Y sobre todo, sobre todo, no hagas como tu viejo padre y no te rindas. No te niegues a aceptar la mano de los que están a tu lado, a los que hacen el camino junto a ti. Por que no vas sola por el sendero de la vida y siempre hay alguien dispuesto a ser tu apoyo, tu cirineo, una persona que te ayude a levantarte cuando decidas que no puedes más y que el final de tu camino ha llegado.</p>
<p>Por eso siempre acuérdate, Julia, de lo que un día yo escribí pensando en ti. En ti, Julia. Porque lo escribí pensando en ti, igual que ahora pienso mientras escribo esta carta, esta despedida, este adiós.</p>
<p>Si hiciera caso a las historias, a lo que dice la gente que, de algún modo, se ha acercado a la puerta pero no ha terminado de cruzarla… Si hiciera caso a todo eso… supongo que cuando todo comience o, casi mejor dicho, cuando todo acabe, veré como pasan una a una, como en una mala película de serie B, todas las escenas de esta cadena de despropósitos que ha sido mi vida.</p>
<p>No quiero verlo. No sé si podré soportar ver de nuevo tantos y tantos errores. Pero sé que al final, sólo me queda un alivio. Sé que al final de esa película no aparecerá un fatídico “Continuará”. No, sé que al final de ese horrendo filme aparecerá bien grande la palabra “Fin”.</p>
<p>Llegó el momento de decir adiós. Algún día tendría que terminar de escribir estas líneas. Sólo prométeme una cosa. Sólo prométeme que no vas a llorar, porque no lo merezco. No me he ganado el derecho a que derrames por mí tus preciosas lágrimas. Por eso, Julia, no llores como yo lo estoy haciendo ahora.</p>
<p>Es el momento de emprender la última etapa de este camino. Buen viaje en el tuyo.</p>
<div id="fb-like" style=""><iframe src="http://www.facebook.com/plugins/like.php?href=http://centoloman.inopia.net/2010/06/06/one-shot-palabras-para-julia/&amp;layout=standard&amp;show_faces=true&amp;width=640&amp;action=like&amp;font=arial&amp;colorscheme=light&amp;locale=es_ES" scrolling="no" frameborder="0" allowTransparency="true" style="border:none; overflow:hidden; width:640px; height:30px"></iframe></div>

<hr><p>Quizás te puedan interesar estos posts:<ol><li><a href='http://centoloman.inopia.net/2010/06/29/one-shot-its-not-lupus/' rel='bookmark' title='Permanent Link: One Shot: It&#8217;s not lupus'>One Shot: It&#8217;s not lupus</a></li>
<li><a href='http://centoloman.inopia.net/2010/06/15/one-shot-44-segundos/' rel='bookmark' title='Permanent Link: One Shot: 44 Segundos'>One Shot: 44 Segundos</a></li>
<li><a href='http://centoloman.inopia.net/2005/04/27/3-palabras/' rel='bookmark' title='Permanent Link: 3 palabras'>3 palabras</a></li>
</ol></p>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://centoloman.inopia.net/2010/06/06/one-shot-palabras-para-julia/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>
