Akano 49 – Un nuevo principio, ¿o un final?

by Centoloman

Llego tarde. Muy tarde, y todo lo que queráis decir. Pero aquí está. Recién salidito del horno para que lo disfrutéis. Dedicado, con retraso, al Pollo. Por su cumple

Akano 49 – Un nuevo principio, ¿o un final?

– ¡Tenías que hacerlo, ¿verdad?! ¡No podías evitarlo!

– ¡¿Y qué cojones quería que hiciera?! ¿Echaros a los leones?

– Pues a lo mejor podías dejar que fuéramos nosotros los que tomásemos nuestras propias decisiones.

– ¡¿Y dejar que os linchen a vosotros también?! No, gracias.

– ¿No lo entiendes? – me preguntó. – No eres tú el que tiene que tomar esa decisión. Somos nosotros – se señaló a sí mismo y a nuestro amigo. – ¡Nosotros!

– Haya paz… – terció Db, antes de que la cosa fuera a mayores. – Rido… Bone tiene razón.

– ¡Pero…! ¡¿No veis que a mí me iba a caer lo mismo estuvierais o no estuvierais?!

– ¡¿Y?! – insistió el de las gafas. – ¡¿Y si nosotros quisiéramos que nos reconocieran culpables?!

– ¡Lo de Espartaco no funciona! – le recriminé.

– ¡Pues aplícate el cuento!

– ¡Callaos ya! – gritó nuevamente el Teniente, que comenzaba a hartarse. – Dejad de dar la nota, por Dios.

– ¿Qué ha pasado? ¿Por qué gritabais?

Gaby irrumpió en el jardín de casa de mis padres atraída por las voces que oía. Habíamos ido hasta allí para evitar los cientos, miles, de miradas indiscretas que seguramente me perseguirían por el Sereitei, teniendo en cuenta toda la publicidad que le habían dado al asunto. Pero ni en el Rukongai, donde los asuntos de la Ciudadela eran mucho más lejanos, nos habíamos podido ocultar. Y menos discutiendo a grito pelado.

– Rido y Bone tenían una… diferencia de pareceres – dijo el profesor de Kidou.

– ¿Sobre el juicio?

– No – bufé. – Sobre el árbitro del partido del otro día…

– Y sobre la vida en general – trató de quitarle hierro nuevamente Db, forzando una sonrisa.

– ¿Cómo ha ido? ¿Cómo ha ido? – inquirió con ansia la loba. – Intuyo que bien, ¿no? Estás aquí…

No le contesté. Que se encargaran ellos de explicarle todo. Yo no tenía el cuerpo para andarme con historias. Sólo quería estar solo, tranquilo, en silencio, con nada más que un buen rato sin nada que hacer por delante. Tiempo para pensar. Pero seguro que eso no me faltaba de ahora en adelante.

Subí a mi cuarto a cambiarme de ropa. Me quité el incómodo uniforme de gala, tan rígido y estirado y me puse algo más cómodo. Aunque tampoco tenía mucha opción. Más allá del blanco y el negro de Shinigami no tenía más que una muda. Tenía que pensar en renovar mi vestuario. Al menos si quería ir al uso oriental de la Sociedad de Almas y pasar más o menos desapercibido. Sólo me faltaba ir llamando la atención por ahí.

Mientras me vestía, eché un vistazo a la colección de uniformes que pendían de las perchas del armario. Y al haori naranja colgado en el perchero. Tan imponentes, tan simbólicos… tan del pasado. De mi pasado. Porque de eso se trataba ahora. No era más que un civil. Ni si quiera conservaba mi condición de Shinigami a título honorífico como Kaiser, Yuki o mis padres. Como Kyo hasta su muerte. No. Era un mero habitante del Rukongai. Como Gaby.

– Que el acusado se ponga en pie – dijo el hombre de la máscara.

Me levanté lentamente, como si quisiera que aquel instante durara para siempre. Mejor eso que escuchar una sentencia que no quería escuchar. Miré a mi alrededor. Allí estaban los trece Capitanes con sus Tenientes y los tres emisarios de la Cámara que ejercían de tribunal. Los consejeros, testigos y las demás personas que habían intervenido en el proceso habían sido excluidos de la sala minutos antes. No podían estar presentes para escuchar el veredicto. No se les consideraba dignos.

Db, Soki y Krunzik me devolvieron la mirada con una sonrisa tímida pero confiada, aunque no ocultaban la preocupación. Kyrek asintió tratando de darme ánimos cuando me crucé con él. Xelloss no se atrevía ni a levantar la cabeza del suelo y se mordía los labios de preocupación. En los rostros de todos se leía la tensión del momento. En el de todos menos en el de Josuke, que parecía estar disfrutando realmente con la situación.

Me enderecé del todo y moví la cabeza a ambos lados para estirar los músculos del cuello en un gesto más nervioso que consciente. Después de varios días de interrogatorio y suspicacias contra mí y contra mis compañeros, de informes de los médicos que me habían tratado después del accidente en el dojo y de escuchar a prácticamente todo aquel que creyera que su opinión era relevante al caso – por remotamente relacionado que estuviera – casi era mejor que todo aquello terminase de una vez.

Me ponía nervioso el poco tiempo que habían tardado los jueces en llegar al veredicto. Ni siquiera habían dejado una noche de por medio para consultarlo con la almohada. En apenas dos horas nos habían llamado de vuelta a la sala de audiencias para exponer el resultado de las deliberaciones. De todo lo que había leído y de todas las películas y series de juicios que había visto a lo largo de mi vida, nunca me había quedado claro si eso era bueno para mí o malo.

– Akano Rido, – comenzó solemnemente el portavoz del tribunal – con respecto a los cargos que pesan sobre usted, a saber: desacato continuado y reiterado a sus superiores, al Consejo de Capitanes y a la Cámara de los 46, prosiguiendo en el ejercicio de actividades previamente sancionadas por estos órganos, uso ilícito de recursos del Gotei 13 y ocultamiento de documentos y de información que llevó a poner en peligro la vida de numerosos oficiales del noble cuerpo de Shinigamis, – enumeró – este tribunal le haya culpable de todos los cargos.

En ese momento el tiempo se detuvo. Un grito ahogado se escuchó al otro lado de la puerta donde ahora quedaba claro que se debían haber apelotonado Bone, Eliaz y el resto de mis amigos. Al menos los que tenían licencia para estar dentro del recinto judicial. Aquella fue la única reacción del auditorio, aunque se notaba que luchaban por no dar muestra de sus emociones.

Inconscientemente, comencé a hacer cálculos mentales acerca de cuál podía ser la condena. Evidentemente no sería el Dúo Terminal, no había cometido traición – pese a que alguien había querido poner aquel cargo sobre la mesa. Pero había castigos peores. Había oído hablar del llamado Nido de Gusanos, una instalación subterránea y supersecreta gestionada por la Segunda División y que albergaba a elementos especialmente peligrosos o rebeldes. Y yo lo era. Durante años había creído que no era más que una leyenda urbana, pero Kaiser me había confirmado su existencia. De hecho, era allí donde habían capturado a mi abuelo cuando fueron a buscarle por unos crímenes que no había cometido.

¿Sería ese mi futuro? ¿Encerrado de por vida en un agujero con otros elementos perniciosos y sin ver más la luz del sol ni a mis amigos? Conocía bien el sistema y las ganas que alguno de los que estaba allí me tenía por haber cuestionado sus acciones y sus métodos. Estaba convencido que prisión de por vida era lo mínimo que me podía tocar.

– A la hora de valorar la condena que le había de ser impuesta, – prosiguió el juez – este tribunal ha querido tener en cuenta todos los servicios prestados al Gotei 13 en la evaluación, detección y lucha contra el grupo terrorista conocido como Nadie, así como el éxito y el acierto de sus acciones. Dichas circunstancias han sido tenidas en cuenta como atenuantes a la hora de establecer su condena.

Tragué saliva algo aliviado. Al menos parecía que no estaban ciegos del todo. Quizás aún había una mínima esperanza de libertad. Cerré los ojos y apreté los puños esperando escuchar la sentencia final, como si fuera la hoja del verdugo a punto de rebanarme la cabeza. No había más que pudiera hacer, sólo esperar.

– Así por tanto, este tribunal ha decidido que sea despojado de la condición de Shinigami y de todos los privilegios asociados a ella – enunció solemnemente. – De hoy en adelante, deberá habitar en el Rukongai y no será admitido en el Sereitei durante, al menos, un año. Desde ese momento en adelante, deberá presentar la correspondiente solicitud de acceso. Dicha prohibición – añadió – se extenderá también a todos los territorios pertenecientes a la Academia de Shinigamis que no están dentro de los límites del Sereitei.

Bajé la cabeza aceptando la sentencia, entre contento y aliviado y angustiado. No quería demostrar mis sentimientos en ese momento, pero seguramente eran bastante fáciles de adivinar. Me lo quitaban todo, todo por lo que había luchado en todos aquellos años, pero al menos conservaba mi libertad.

Se abría un futuro incierto delante de mí, pero al menos tenía futuro. Era cuestión de cuál era el nuevo camino que debía emprender desde aquel día. Tenía un par de ideas con las que había ido coqueteando: viajar, estudiar, escribir… pero no eran más que meros parches. Necesitaría tiempo para reubicarme, pero al menos tenía la oportunidad.

Vestido ya de civil, bajé de nuevo al jardín de mi casa. Ahora era mi casa y no simplemente la casa de mis padres. Db ya había terminado de poner a Gaby al día y ahora debatían sobre quién debía sucederme en el cargo en la Academia. Bueno, era ella quien lo hacía, los otros dos simplemente la escuchaban, sin decir nada. No tenían muchas ganas de entrarle al trapo.

– ¿Tú qué opinas? – me preguntó ella directamente.

– ¿Qué opino de qué? – me hice el loco.

– Acerca de quién será el nuevo Director…

– Me da igual…

Mentira. No me daba igual. Había conseguido muchas cosas en mi breve periodo a cargo de la Academia y no quería que se fueran al traste. Pero no quería pensar ahora en ello. No había tenido tampoco mucho tiempo para hacerme una idea clara de quién debía ser, pero siempre había considerado que, de alguna forma, Db era el mejor candidato. Tenía experiencia, dotes de mando y sería capaz de seguir la senda que había abierto.

Esa era otra. Sabía que Bone, que siempre había sido mi mano derecha en la Academia, a lo mejor no se tomaría bien que pensara en nuestro colega antes que en él. Más que saber, era una mera sospecha, pero no quería poner a darme explicaciones sobre todo aquello. Y menos en ese momento.

– No te puede dar igual.

– No, es cierto, no me da igual – confesé. – Pero al final pondrán a quien ellos quieran… A quien Josuke diga – corregí.

– Cabrón – rosmó Bone.

– ¿Cómo te encuentras? – preguntó mi madre.

– Me duele un poco la cabeza pero el resto…

Me incorporé sobre la cama del hospital. Llevaba varios días ya a7llí y el hartazgo acerca de aquella situación llegaba a límites extraordinarios. Pero Xelloss quería tenerme en observación unos días para hacerme más pruebas, porque no entendía qué podía haber pasado. Yo insistía en que si no encontraba nada era porque no lo había, que era mero cansancio, pero él no quedaba tranquilo. Y mi madre tampoco.

Al moverme, las costillas de mi costado derecho estallaron en dolor. Un dolor punzante, agudo, como una estocada mal curada. Era como si me hubieran herido en combate, sólo que no lo recordaba. ¿O sí? Porque últimamente había comenzado a tener una serie de extraños destellos de memoria.

No había vivido nada parecido a lo que mostraban. Al menos si me ponía a hacer memoria de todo aquello no era capaz de ubicarlos en mi historia personal. Pero eran tremendamente reales. No era la primera vez que nuevos recuerdos aparecían de la nada, pero estos pertenecían a mi vida actual, seguro, y no a una vida pasada. Eso era lo que verdaderamente me inquietaba, pero evidentemente apenas lo había comentado con nadie ajeno a mi círculo de más confianza, y, mucho menos, con Xelloss, no quería que se obsesionara más con lo que fuera que me estaba pasando. Tampoco a mi madre, que estaba en el mismo plan, aunque seguro que ella ya lo sabía. Se habría encargado de averiguarlo por otros medios.

Llamaron a la puerta. Debía ser mi padre, que había prometido acercarse más tarde. Mi madre se levantó a abrir, pero al otro lado de la puerta no estaba su marido. Casi sin saludar, entró, con su capa blanca más reluciente que nunca, perfectamente arreglado y su particular sonrisa surcándole el rostro de oreja a oreja.

– ¡Qué honor! – saludé irónico.

– Oh, no, no te levantes – respondió él. – No hace falta.

– Por favor, siéntese…

– Será poco tiempo – dijo. – Simplemente vengo a entregarle esto, Director.

Se sacó del bolsillo interior un pliego de papel oficial con el sello del Gotei 13. Algo importante, pues. Miré fijamente al Capitán de la Quinta División antes de extender la mano para extender la misiva. Se estaba divirtiendo con todo aquello. Eso significaba que para mí no era bueno lo que pudiera contener la carta.

– Director Akano, – habló con pompa y solemnidad después de que tomara el papel – por la presente queda formalmente citado para el juicio que será celebrado contra usted por los cargos de…

– ¡¿Juicio?! – bramé. – ¿A qué juegas, Josuke? ¿Qué clase de broma es esta?

– No es ninguna broma – terció mi madre, que me había arrancado literalmente el papel de las manos. – Mira.

– Dejaos de historias – comentó Gaby. – Es cuestión de celebrarlo.

– ¿Celebrarlo? – me sorprendí. – Te ha dado un mal o algo…

– Celebrar que estás vivo – repuso.

– Y libre… – añadió Db, siguiéndole el juego.

– ¡Oh, qué mono! – exclamé con sarcasmo. – Ahora conspiráis juntos y todo.

– Que no tienes que aguantar a esos capullos nunca más – volvió a decir la más joven de los Wolf.

– Piensa en ello como una fiesta de jubilación – intervino Bone.

– Ahora soy un viejo también, gracias.

– Y de paso celebramos… el cumpleaños del Pollo que fue…

– … Hace tres meses – puntualizó el implicado.

– Pero no lo celebramos como se merecía, ¿verdad? – se justificó Gaby. – Más vale tarde que nunca.

– Lo vas a hacer de todas todas, ¿no? – le pregunté directamente, a lo que ella asintió divertida, enseñando sus colmillos por encima del labio inferior. – Pues haz lo que quieras.

No tenía el cuerpo para fiestas, pero no podía dejar de ver un punto de razón en lo que decía mi “hermana”. No me vendría mal despejarme, desahogarme y, sobre todo, distraerme. Nadie, el accidente, el juicio… no había sido un mes fácil. Todo lo contrario. Y, por qué no, era el momento de celebrar que aquellos malos momentos que acababa de vivir eran ya parte del pasado.

Además, tenían razón. Tenía mucha suerte. La Cámara había mostrado una clemencia inusual en ellos. Sabía que Kyrek, Krunzik y Soki habían intercedido por mí en calidad de Capitanes, aunque la pequeña Oficial de la Décima División no ocupara realmente ese cargo, y que otros conocidos como Canek, Hanataroü y Ela también habían declarado en mi favor. Pero aún así era un prodigio que no fuera a pasar el resto de mi vida entre rejas. En cierto modo, eso era motivo de celebración.

Gaby se encargó de organizar la fiesta y Bone y Db de avisar a la gente dentro del Sereitei. Mientras tanto, yo debía ir a la Academia. Allí me esperaban un grupo de Shinigamis de la Cuarta División para ayudarme con la logística del desalojo mi despacho y mi apartamento, así como y un pequeño destacamento de la Quinta para certificarlo todo. Josuke quería comprobarlo de primera mano. Por fortuna, todos los papeles comprometidos los había llevado antes a mi casa, por si acaso.

Al atardecer, ya se habían dado cita en mi casa los Oficiales más veteranos de la Novena División. Kyrek había excusado su asistencia “por mantener las formas”. Su posición volvía a estar algo en entredicho. Aún así había permitido a mis antiguos compañeros que me acompañaran. Krunzik y Soki también se acercaron, retando a las murmuraciones. Y habían venido Xelloss, Kuniko y Gaijin también. Realmente estaba todo el mundo, a excepción de Mitsuko, que se había quedado en casa guardando reposo por lo avanzado de su embarazo.

La verdad es que se sintió bien. Aunque pocos de los presentes se resistieron a expresar sus condolencias, como si alguien hubiera muerto, el tono de la velada fue distendido y alegre. Y lo agradecí muchísimo, aunque por dentro, era incapaz sin embargo de encajar del todo en el ambiente que me rodeaba. Por mucho que quisiera divertirme, por mucho que lo intentara, las preocupaciones volaban a mi alrededor colmando mis pensamientos. Sabía que había tiempo y tiempo para meditar sobre ellas. De eso no faltaba en la Sociedad de Almas.

A medida que la noche avanzaba, la gente se fue marchando. Gaby y Db fueron los primeros en desaparecer. También mis padres, Kaiser y Yuki. Los Shinigamis debían regresar a sus respectivos cuarteles, aunque algunos se hacían más los remolones que otros. Llegó un momento en que sólo quedábamos Eliaz, Bone, Kyo, Eylinn y yo.

Los dos miembros de la Novena División se habían enzarzado en una de sus interminables discusiones, lo que me sirvió de excusa suficiente para enviar a los dos jóvenes a sus camas, aunque como Eylinn muy posiblemente no podría entrar en la habitación que compartía con Gaby, le dejé mi habitación. Ya me las arreglaría con el sofá, si es que lo dejaban libre en algún momento.

Mientras mis dos amigos luchaban a ver quién era el primero en caerse de la burra, me cogí una botella de whisky a medio camino de quedar vacía y me la llevé al jardín exterior. Hacía una preciosa noche de verano. Era mejor aprovecharla. Me senté a pie de un árbol y cedí por fin a la tentación de darle vueltas a todo. Especialmente a aquella nube difusa de recuerdos, que, junto con mi futuro, era lo que más me preocupaba en ese momento, porque me estaba suponiendo, cada vez, más situaciones incómodas.

Me desperté y me costó ubicarme. Desde luego no era el Dojo. Al menos no olía como el Dojo. Otra cosa no podía decir, porque me costaba todavía enfocar la vista. Pero a juzgar por la situación debía estar en la enfermería. O en el Hospital de la Cuarta División. ¿Pero qué había pasado? ¿Cómo había llegado hasta allí?

Lo último que recordaba era haber abandonado el edificio principal del Cuartel e ir a la zona de entrenamientos para hacer algo de ejercicio físico con mi espada. Y probar a liberarla por primera vez en mucho tiempo. Pero después de aquello todo era una neblina incierta que me impedía ver más allá.

– ¡Director! ¿Ya ha despertado? – sonó una voz femenina.

– A… Algo así – balbuceé, intentando incorporarme.

– No, no se levante – me dijo.

– Vale… – me dejé caer sobre la cama. – ¿Qué ha pasado?

– La verdad es que el Teniente Xelloss tenía la esperanza de que usted se lo explicara.

– Pues…

Conseguí enfocar un poco la vista para dirigirme a la doctora que me estaba atendiendo. Era una mujer joven, pero se adivinaba en su rostro que había pasado por mucho ya. Sabía que la conocía de algún sitio. Seguramente le había dado clase, así que hice un repaso de mis archivos mentales a ver si conseguía ubicarla.

– Samara… ¿verdad? – adiviné. – Samara Satsuki.

– Sí – sonrió.

– Buena alumna, buena alumna – le devolví el gesto. – Aunque no te iba mucho la historia.

– Lo mío no son los libros – asintió. – Son las vendas.

– En cambio, tu novio… ¿Cómo se llamaba? – seguí hablando, mientras ella tomaba notas. – A él si le gustaba. Un gran alumno, de los mejores que he tenido.

– ¿Mi novio? No tenía novio cuando me dio clase, Director – levantó los ojos de la tablilla.

– Sí, mujer… Era… Joder, como era… – me mordí el labio inferior.

– No se esfuerce, Director, es mejor que descanse – insistió.

– ¡Kaneda! – exclamé. – Pawe•wa Kaneda…

– ¿Kaneda? – se sorprendió. – No conozco a ningún Kaneda.

– ¿Estás segura? – pregunté. – Algonquino, pelo negro…

– ¿Algon-qué?

Me desperté con los primeros rayos del sol, aún apoyado en el tronco junto al que me había sentado la noche anterior. Vencí el dolor de espalda provocado por la mala postura y me levanté. Re4cogí la botella y volví a la casa. Bone roncaba placenteramente en el sofá que se suponía que iba a ser mi cama. Eliaz ya se había ido, al menos eso parecía.

Fui directamente a la cocina a por un vaso de agua que me ayudara a superar la sensación de boca pastosa que tenía y me crucé con Db, que bajaba apresuradamente las escaleras vistiéndose por el camino y tratando infructuosamente de no hacer ruido. Cuando lo vi, se ruborizó y bajó la cabeza, avergonzado de haberlo pillado.

– Buenos días. ¿Té? ¿Café? – propuse con una media sonrisa.

– Buenos días – resopló. – Paso… tengo que salir ya para el Cuartel. Me ha llegado una mariposa infernal que me dice que me presente urgentemente…

– ¿Qué ha pasado?

– Ni idea…

– ¿Te llevas al oso que está roncando en mi sofá?

Llamaron a la puerta mientras él trataba de adivinar si era a Bone o a Eliaz al que me refería. No era un buen presagio. Aunque hacía tiempo que no vivía en el Rukongai, una llamada al amanecer nunca era una buena señal. Pero sería que alguien se había dejado algo. De camino a la puerta llamaron otra vez. Fue entonces cuando me comencé a poner nervioso.

– Buenos dí… – abrí.

Lo que vi me cortó la repiración por unos instantes. Tenía razón siendo paranoico y sospechando. Al otro lado del umbral había un pelotón entero de los Ejecutores, con su rostro oculto por sus capuchas y sus armas desenvainadas. Casi se me cae el alma a los pies con el susto. Cuando vieron que no iba armado, volvieron a recoger sus espadas, pero su mera presencia era suficientemente amenazante. ¿Qué era lo que pasaba esta vez?

– ¿Es usted Akano Rido? – preguntó el líder.

– Saben que sí – respondí, aún perplejo. – ¿Qué es lo que pasa?

– Tiene usted que acompañarnos.

– Llegáis tarde… – traté de bromear. – Mi juicio fe ayer.

– Me temo que esto no tiene nada que ver con…

– ¿Se puede saber qué pasa?

– Teniente – saludó el jefe de los Ejecutores, y todos sus subordinados se cuadraron.

– Sí, sí… Es muy temprano para saluditos – comentó Db después de corresponder al gesto de los agentes.

– Tenemos orden de arrestar a Akano Rido.

– ¿Puedo verlo?

El líder del escuadrón tendió al Teniente de la Novena División un papel oficial muy parecido al que me había dado Josuke para llamarme a juicio. Db lo leyó atentamente en silencio y su expresión se iba haciendo más y más sombría a medida que sus ojos avanzaban por las líneas. Decir que había pánico como nunca lo había visto en su rostro era quedarse corto.

– Rido, – me miró con una tristeza profunda como el más hondo de los abismos – dime que esto no es cierto…

– ¿El qué? – me atemoricé. – ¡Pero si no sé ni de qué va todo esto!

– Vete con ellos.

– ¡¿Pero por qué?! – bramé.

– Hazlo… – insistió, con la cabeza baja, sin querer mirarme a la cara, mientras devolvía la orden a mis captores.

– Akano Rido, queda usted detenido por el secuestro de Laylah Asharet y el asesinato de su mayordomo, Jules Valonnais.

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3 Comentarios en “Akano 49 – Un nuevo principio, ¿o un final?”

  1. ¡Albricias! ¡Está vivo! Al escritor que vive en ti, me refiero.

    Rayos… cómo cuesta ponerse a ello. Cómo cuesta… pero la sensación que sigue es tan grata. No se lo digas a nadie pero incluso yo llevo unos meses puesto a ello, algunas semanas con más ímpetu, otras dejándome perder… pero echo la vista atrás y veo veinticuatro capítulos, setenta y tantas páginas, y el final que se acerca. Es un denuedo que merece la pena. Ya lo creo, sí. Un último empujón…

    Y ahora que tú vas y tratas de reengancharte, de asumir de nuevo esta adicción tan maravillosa, este modelo de vida. Y ¿qué decir? Me ha costado, sí, recordar en qué situación lo habías dejado, pero al ir avanzando por el capítulo las cartas se han ido desvelando. ¿Algún fulano que no sea yo lo va, por ahora, a entender? Diría que no. Probablemente. No importa. No. Si sigues a ello, con ello, van a volver a engancharse. Poco a poco, paso a paso.

    Letra a letra, no paremos de escribir.

  2. *Ya me queda menos~~*

    Todo se acelera, y no un poquito… no. De 0 a 100 en 3 segundos O.o Vamos, que alguien ha hecho saltar la liebre, y al Barbas le han caído no pocos cargos y GORDOS. El juicio le sirve a Nakatoni para quitarse de en medio a una buena mosca cojonera que le estorbaba y llegamos a un Rido bastante DENOSTADO.

    Pá más INRI; ooootro arresto y más serio, porque le pilla bastante de cerca: la preñá con una gestación ¿cuasi a término? Ésta habrá parido en el bosque, perdía de toda mano xDDDD

    Y, ¿qué pasa con Kyo? A veces se vuelca en él y otras pasa de largo como si nada, como es este caso. Y, por si fuera poco, ¿qué pasa con el Balmung suicida? O.o

    Preguntas, preguntas y más preguntas que, ya adelantas, no resolverás todas. Me parece fatal de cara a tus fieles seguidores *silba disimuladamente*

  3. Sí. Las cosas se aceleran bastante y a propósito. Pasan varias semanas de proceso, aunque no quise meterme. Al haber tanto intervalo entre el 48 y el 49 no me pareció lícito empatarlo sin más y quise acelerar un poco las cosas. Por eso algo que teóricamente iba a iniciar el capítulo va como flashback. Y me costó bastante, pero es que el resultado de la otra forma no me convencía nada.

    Respecto a las otras cosas. No es que Rido pase de Kyo, es que todavía está muy reciente la peleona y no quiere forzar las cosas. Ha renunciado en favor de la gran Tilly (para que veas que le he buscado una buena madre sustituta al niño xP)

    Y aquí va medio metido la cuestión de Balmung, pero de una forma que no se entenderá hasta dentro de unos cuantos capítulos. Cuando se resuelva lo del último flashback, más o menos.

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