
Hace tiempo que quiero escribir un post. La idea la tengo metida en la cabeza. Es sobre el Doctor Who, tanto el clásico como el nuevo. De hecho, pretendía que fuera una especie de análisis del nuevo Doctor desde la óptica de las temporadas clásicas que, como sabéis, me estoy tragando para sorpresa de mi madre que no entiende cómo puedo seguir viendo capítulos de los setenta sin cansarme. Pero al llegar al momento de pasarlas por escrito me frustro.
Me pasa como me está pasando con Akano y con la serie del Classic Doctor Who. No es cosa de inspiración, las ideas están ahí. Tampoco es el síndrome del papel en blanco, porque escribo otras cosas, tanto para los blogs como para clase. De hecho, la aparición del Renglón Torcido ha supuesto el comienzo de una de las etapas más “creativas” que conozco. Entre otras cosas porque puedo descargar toda una serie de temas que no trataba más a menudo en el blog por no dar la paliza demasiado con ellos.
Es un bloqueo brutal, con esas tres cosas en concreto. Y alguna otra que he empezado y no he terminado más que nada porque deseché la idea a mitad de camino. Vamos, que es una tremenda jugarreta, porque son compromisos que me he hecho ya no tanto con los que siguen Akano y la serie de posts del Doctor, sino conmigo mismo. Son cosas que he iniciado porque quería y porque lo necesitaba y no os creáis que estoy contento de no terminarlas. Sobre todo Akano que se está acercando al final. No es para dejarlo ahora no.
Fijaos. Cuando abrí la hoja de Word en la que escribí esto, mi intención era escribir el post del Doctor del que os hablaba antes. En su lugar ha salido una queja contra mis musas. O algo por el estilo. La enésima. Esperemos que tenga el mismo efecto que sus predecesoras y tenga como resultado un empujón en esos proyectos concretos.
Mientras tanto, tendré que seguir pidiendo disculpas cada vez que publique un post al respecto.




