… o como unos bloquecillos de nada mataron mi productividad. Esta tarde. Después de leer un par de cosillas y de mantener una interesante conversación en Twitter, tenía toda la intención del mundo de ponerme a escribir. Que ya está bien. Que estoy dejando de lado Akano este último mes. Así que nada, me dije que en cuanto llegara a Santiago, en el ordenador de la oficina (que es más cómodo que el mío porque no tiene ciertos problemas de teclado que me dan la vara bastante), me pondría a rematar el capítulo de 43 del fic, que es el que toca.
Llegué a Santiago, ilusionado y con ganas. Me di una ducha, que venía de recocerme en el coche, y bajé a la oficina. En mala hora se me ocurrió abrir el explorador para ponerme al tanto de lo que había pasado en mi ausencia, porque se me ocurrió entrar en Facebook y mis dedos me llevaron irremediablemente a pulsar en la lista de las aplicaciones: los juegos. Esos malditos bichos que tanto vicio me producen (en concreto uno de Mahjongg). Y desde entonces hasta ahora.
Así que nada, una tarde de domingo improductiva más…



Domingo, 5 septiembre, 2010, 22:19 | 


