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Habitualmente, al hablar de la ciencia ficción, asumimos que los extraterrestres tienen forma más o menos humanoide – ya nos hemos encontrado a varios de estos – como si fueran producto de una línea evolutiva algo parecida a la nuestra. La otra opción habitual es que tengan pinta reptiliana-anfibia como ocurre, por ejemplo, con el Xenomorfo de Alien, o como ocurría en cierto sentido con los Sensoritas. O mamíferos, como Chewbacca.
Pero, ¿y si fueran los insectos los que evolucionaran hasta dar lugar a vida inteligente? Esa es la línea que ha seguido el devenir de la biología en el planeta Vortis. Así nacieron los Optera, los Menoptera y los Zarbi. Los primeros semejan el estado larval de los segundos, por así decirlo, de aspecto abejoide. Los últimos, son hormigas gigantes y malvadas. En medio de este panorama, aterrizará el Doctor en su Tardis.
Qué ocurre
La TARDIS, como ya dijimos en el post anterior, se ve atraída misteriosamente hacia el planeta Vortis por una fuerza inexplicable. Inmediatamente, Ian y el Doctor se lanzan a investigar en el exterior: un planeta rocoso, con una atmósfera pobre, en el que el agua es ácido y en el que el Doctor, aparentemente, también ha estado antes (y van dos seguidos, vaya racha): Vortis. Entre tanto, Barbara se queda con Vicki, que está mareada por culpa de unas vibraciones de alta frecuencia que, luego descubriremos, proceden de las antenas de los Zarbi. No tardará mucho en abandonar la TARDIS, pero esta vez en contra de su voluntad, ya que una fuerza misteriosa la arrastra por su brazalete de oro. Para cuando el Doctor e Ian vuelven a la nave, las hormigas gigantes se la han llevado con Vicki dentro, así que deben ir a buscarla.
Al salir de la TARDIS, Barbara camina como sonámbula, o en trance, por el exterior de la nave hasta que se encuentra con un trío de Menoptra que la libera de su brazalete, pero pronto vuelven a capturarlos los Zarbi utilizando una especie de hueso de pavo gigante y de oro que tiene el mismo efecto. Las hormigas la devuelven al lugar donde se había encontrado con los Menoptera, capturando a uno de estos y matando a otro, pudiendo escapar el tercero. Junto con su nuevo compañero de cautiverio, Hrostar, Barbara tendrá que trabajar nuevamente como esclava para alimentar al malvado Animus (una presencia que controla el planeta y a los Zarbi) echando la escasa vegetación en las fosas de ácido.
También serán capturados los dos hombres, que son llevados al Carsinoma, el centro neurálgico de los Zarbi. Allí se encontrarán con Vicki. Ian conseguirá escapar para ir en busca de Barbara muy pronto, mientras que el Doctor se las ingeniará una y otra vez para fingir serle útil al Animus – con quien se comunica con un aparato que parece un secador de pelo, tal y como él mismo lo define – y evitar así su muerte y la de sus amigos. Así pues, debe simular perseguir a los Menoptera para que la misteriosa presencia no los ejecute.
Porque, sí, una vez más el Doctor y sus amigos han aterrizado en el medio de una guerra entre especies. Los Menoptra, según sabrá muy pronto Ian cuando, él también, se cruce en su camino con uno de ellos (Vrestrin, el que había escapado) eran los amos del planeta hasta que los Zarbi, guiados por el Animus, los expulsaron hacia unas lunas que han sido atraídas hacia Vortis por el poder maligno de Animus, el mismo que atrajo a la TARDIS. Ahora planean recuperarlo en una misión tan suicida como secreta y que depende del factor sorpresa. Mientras escapan, caen a un subterráneo donde conocerán a los Optera, antepasados de los Menoptra. Les costará, pero los convencerán de que ayuden a sus hermanos mayores, a los que veneran como dioses por, entre otras cosas, vivir en la superficie.
En el Carsinoma, el Doctor les da sin querer a sus captores la localización de la fuerza de ataque Menoptera, poniendo en riesgo toda la operación. Hacia allí, hacia el lugar de desembarco de la vanguardia de las abejas, se dirigían también Hrostar y Barbara para advertirles que sus armas son inútiles contra los Zarbi y allí mismo será masacrada. Afortunadamente, conseguirán escapar y refugiarse en un antiguo templo de los Menoptera, donde se encontrarán, más adelante, con el Doctor y Vicki, que han conseguido escapar después de descubrir el secreto del poder hipnótico del Animus: usa el oro como conductor.
Juntos diseñan un plan para llegar al núcleo del Carcinoma, donde se oculta su malvado enemigo, y usar allí una especie de bomba, el Isop-tope, diseñada por los Menoptera para acabar con él. El plan implica que Vicki y el Doctor regresen a su cautiverio, así que lo hacen, mientras que la fuerza de ataque actúa de distracción para que los otros dos puedan infiltrarse y usar la bomba. Sin embargo, cuando llegan al núcleo, el poder del Animus – que descubriremos que es una criatura similar a una araña – les hipnotiza, y después a Barbara y a los demás cuando traten de ayudarlos. Por fortuna, Ian y Vrestrin llegarán por otra vía y serán capaces de usar el Isop-tope a tiempo poniendo fin a todo.
Así, los Menoptra recuperan su casa y vivir libres en ella, el agua vuelve a ser agua y no ácido y todo, en fin, vuelve a la normalidad de aquel planeta. El Doctor, Ian, Barbara y Vicki pueden viajar ya tranquilos hacia nuevas aventuras.
A destacar
- Según los cánones del Doctor, ponerse un chubasquero de Capitán Pescanova es suficiente como para que a uno no le pase nada en una atmósfera empobrecida. Pero sólo para los hombres. Ni Vicki ni Barbara lo llevan, pero no les pasa nada.
- A finales del s.XXV (era original de Vicki), los seres humanos estudiaremos medicina, física y química a los 10 años. Gracias a la ayuda de máquinas de aprendizaje, una hora a la semana nos bastará para superar los conocimientos científicos actuales… y considerar la aspirina como una superstición o algo peor.
- Vicki sigue ganando puntos y, a estas alturas, ya se ha convertido en mi companion favorita de todos los que llevamos visto. Vive, sí, a la sombra del Doctor, pero sus amplios conocimientos le convierten en un fantástico aporte al grupo. Los demuestra, algo que nunca había hecho Susan.
- Ya avisé en su momento de que los efectos especiales de esta época son cutres. No había medios técnicos. Pues bien, el súmum de la cutrez llega con esta entrega y el diseño de los habitantes de Vortis, especialmente de los Zarbi. Pero de tan cutres que son hacen gracia. Sobre todo los simpáticos Optera.
En próximas ediciones
Siguiendo el esquema habitual, después de una aventura en el espacio anterior, toca una aventura en nuestro planeta y en el pasado, generalmente. Así que allá volveremos en la próxima entrega. A Palestina. A las Cruzadas, con mi querido tocallo el rey Ricardo I de Inglaterra, Ricardo Corazón de León, y con su gran rival, el misterioso y sabio Salah Ad-Din, Saladino. Pero eso tocará la semana que viene.
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Domingo, 29 agosto, 2010, 11:44 | 


