En este mundo en el que vivimos uno a veces llega a pensar que aquí cada cual va a su bola y nadie se preocupa de los que pululan a su alrededor. Y no nos faltan ejemplos de eso. Más o menos casi cada semana encontramos uno o dos en las páginas de sucesos de nuestros periódicos y de nuestros noticieros. Y eso, como comprenderéis, a mí a veces me hace ser un poco pesimista y crítico con nuestra sociedad. Pero, gracias a Dios, no todo son sombras y hoy os traigo una historia que también lo demuestra.
Este mediodía, entre que esperábamos para comer y veía algún capítulo más de Classic Doctor Who, mi madre recibió una llamada de casa de mi abuela. Era mi tía quien hablaba: mi abuela (89 años) se cayó por la calle mientras volvía de misa y se abrió la ceja y se golpeó la rodilla. Toda una escena, sobre todo teniendo en cuenta que mi abuela, a pesar de estar espléndida para su edad, es una persona mayor y con ya ciertos problemas previos en las piernas.
No estaba allí así que no puedo juzgar el comportamiento de la gente que pasaba por esa parte de Coruña en ese momento, pero nos sobran ejemplos y experiencias para imaginarnos que habría un buen número que pasaría de largo y algún imbécil que lo grabara en móvil o algo. Eso es lo que cabría esperarnos en este mundo en el que vivimos. Pero no, no fue así.
Una chica se acercó, se preocupó por ella, la tranquilizó y la llevó al hospital en un taxi - que pagó ella y por el que no quiso que se le devolviera el dinero. Esperó con mi abuela en el ambulatorio y la acompañó a casa, desde donde consiguieron localizar a mis tías.
Gente así no debería ser una excepción, pero eso no quita que tengamos que estarle eternamente agradecidos. Ahora mi abuela está en casa, con susto, con dolor y con puntos en la ceja, pero bien y recuperándose. La verdad, no sabemos quién fue ni dónde vive, pero no por ello no dejamos de estarle eternamente agradecidos. Así que…



Lunes, 16 agosto, 2010, 19:36 | 


