Classic Doctor Who VII (S1A7: The Sensorites)

by Centoloman
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Después de viajar una vez más al pasado, a la época azteca esta vez, es el momento de emprender, por fin, nuestro primer viaje oficial al futuro. Y digo “oficial” porque, aunque las tramas terrestres podemos ubicarlas temporalmente, no ocurre así con las que ocurrían en Skaro y en Marinus. Así pues, nuestra visita a la Sensosfera (así se llama el nuevo escenario) es la primera vez que viajamos al futuro.

Y será la primera vez que veamos cara a cara a unos extraterrestres. No a los Daleks protegidos en sus carcasas metálicas o a los Voord dentro de sus trajes de neopreno. A los Sensoritas que dan título al arco los veremos sin mediación alguna. Serán, además, los primeros alienígenas pacíficos con los que nos encontremos como espectadores del Doctor. Bueno, no exactamente… pero para aclarar esto todavía hay que andar mucho.

Qué ocurre

Barbara estaba en lo cierto en su suposición que cerraba el arco anterior. La perplejidad que causaba la doble lectura de los instrumentos de la TARDIS en el Doctor tenía una explicación: habían aterrizado en algo que estaba en movimiento. Y ese algo no es otra cosa que una nave espacial humana que orbita un planeta llamado la Sensosfera.

La nave, que gracias a un diálogo entre Barbara, Ian y su capitán podemos ubicar en un punto indeterminado en el futuro en el que no hay Big Ben (¿posible referencia retomada en el futuro?) y todo el sur de Inglaterra ha pasado a llamarse Central City, está tripulada por Meitland, que asume el mando y el pilotaje, su asistente, Carol, y John un minerólogo que, al comienzo se nos describe como paranoico y violento.

Aprenderemos rápidamente que eso no es exactamente así, al igual que descubriremos muy pronto que los Sensoritas, que han capturado la nave e hipnotizan regularmente a sus tripulantes y que incluso llegan a robar la cerradura de la TARDIS, no son una raza violenta. Su único propósito es defender su planeta y sus recursos ante una posible invasión humana, de la que ya tenían ciertos precedentes: hace unos años una nave humana llegó al planeta y habían pretendido hacerse con las riquezas de la Sensosfera, especialmente el molibdeno. Sus ocupantes, al parecer, murieron cuando su vehículo explotó al abandonar la superficie del planeta.

Por eso mismo, en cuanto el Doctor y su grupo – impulsados por una ingenua y exageradamente abierta Susan, que es capaz de comunicarse telepáticamente con ellos – se muestran más dialogantes (aunque firmes en sus posturas) inmediatamente los Sensoritas parecen comenzar a dar pasos en la dirección “correcta”, desde nuestro punto de vista: curar a John, devolverle la cerradura al Doctor… Todo a cambio de que les ayuden con una enfermedad que diezma la población del planeta desde la última visita de los humanos y que ellos son incapaces de aislar.

No es oro todo lo que reluce, sin embargo, y el gran embrollo de este arco no se producirá tanto por el enfrentamiento entre humanos y alienígenas, sino por la existencia entre estos últimos de un grupo disidente, comandado por el Administrador de la Ciudad (algo así como el tercero en la escala de poder en la capital de la Sensosfera, sólo por detrás de los dos Ancianos), que quiere boicotear la cumbre que se está produciendo entre las dos razas.

Para más INRI, Ian cae afectado de la misma enfermedad que está asolando el planeta. Pero esta desgracia se torna en bendición al permitirles identificar el origen de la enfermedad: el agua está envenenada. E inmediatamente el Doctor se pondrá a trabajar en el antídoto, que no le cuesta mucho sintetizar. El siguiente paso es localizar la fuente del veneno y erradicarla, por eso se interna en el acueducto que abastece a la ciudad… donde es atacado y de donde es rescatado por un Ian recién recuperado acompañado de Susan, que ante la ausencia de Barbara (que se había quedado en la nave junto al piloto, Meitland), parece que pinta algo más.

Sin embargo, el Administrador de la Ciudad y sus partidarios no se lo pondrán fácil. Usurparán la identidad del Segundo Anciano y entorpecerán los planes del Doctor y su grupo. Llegarán, incluso, a asesinar al verdadero Segundo Anciano y acusar de ello a los humanos. Cuando estos son capaces de demostrar su inocencia ante el Primer Anciano, que confía plenamente en ellos, el Administrador culpará a la víctima y se hará oficialmente con su puesto.

Lo hace, paradójicamente, gracias a la recomendación de Ian y del Doctor, algo de lo que no tardarán en arrepentirse cuando le descubran como el verdadero traidor gracias a la intuición de Susan y el testimonio de John. Pero para demostrarlo aún hay que encontrar unas pruebas que no tienen. Y aún queda otro problema: el envenenamiento del agua.

Ian y el Doctor se adentran de nuevo en las cloacas de la ciudad, dejando a Susan y a Barbara (que ya ha bajado al planeta) junto con Carol y John en el palacio del Primer Anciano y allí descubren que sus armas han sido inutilizadas y el mapa del que les han provisto ha sido trucado. Y ha pasado por las manos del ahora Segundo Anciano. Ya tienen sus pruebas, pero aún tienen que solucionar el problema del veneno, que no es otro que Belladona, como había descubierto en su expedición anterior el Doctor. Y los culpables del veneno son tres humanos, supervivientes de la anterior expedición, que pretendían exterminar a toda la raza de Sensoritas y hacerse con el control del molibdeno.

Uno no sabe si culparlos o no. Al igual que John, la influencia de las habilidades telepáticas de los habitantes del planeta les había vuelto locos, pero en sus planes, camufladas entre la locura, se encontraban intenciones muy humanas. Afortunadamente, el Doctor y los suyos, junto a la expedición capitaneada por Meitland, son capaces de salvar el “buen nombre” de los humanos.

A destacar

  • Al fin. ¡Al fin! Susan pinta algo en la trama. Cierto es que sólo cuando reaparece Barbara en escena sus acciones tienen especial relevancia, pero al menos por una vez deja su habitual papel de lastre para significar algo en el grupo. Una conversación al final con el Doctor sobre sus “poderes telepáticos” parece reservar futura importancia a la chiquilla.
  • En este mismo diálogo, Susan y el Doctor muestran posiciones opuestas sobre su modo de vida. La primera prefiere establecerse por fin (ya veíamos en el primer capítulo que ella era la que gustaba de los humanos y de la vida en Londres), el segundo es partidario de seguir siendo nómada.
  • Primeros extraterrestres que se muestran menos beligerantes con los humanos y primeros con los que son los humanos los verdaderos creadores de problemas. Han tenido que presentar a un grupo de terrícolas algo locos para justificar que los humanos sean los malos. Eso sí, no falta el malo extraterrestre.
  • Primer viaje al futuro y primera referencia a Inglaterra como “el centro del mundo”, prácticamente. Acostumbrémonos, es una serie inglesa y todo lo importante (dentro de los sucesos ocurridos en la Tierra) tendrá lugar en Inglaterra, a excepción de los acontecimientos históricos que se visiten, claro. Los americanos ya hacen lo suyo en sus series y los japoneses en el manga.
  • Por primera vez, vemos tanto al Doctor como a Susan reivindicar con insistencia su no-humanidad. Sobre todo el primero, marcan las distancias con respecto a los humanos de alrededor. Todavía no explican qué o quiénes son, sin embargo.
  • El capítulo nos deja una buena reflexión moral: La confianza no nace hecha, se gana. Eso le dice Barbara al Primer Anciano, cuestionando las bases de la sociedad sensorita. Quizás lo más relevante del capítulo, junto con el final y lo apuntado en el párrafo anterior

En próximas ediciones

Sí. Quizás lo más relevante del capítulo se encuentre en el final. No sabemos a dónde vamos ni lo que ocurrirá, pero una situación aparentemente feliz e inocente, de vuelta ya en la TARDIS, se transformará en una seria amenaza por parte del Doctor. Ian – medio en serio, medio en broma – cuestiona la habilidad del alienígena de llevarlos a su época. Eso ofende al anciano, que afirma que su próxima aventura será la última. Aterricen donde aterricen. ¿Cumplirá el Doctor su amenaza?

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