Classic Doctor Who VI (S1A6: The Aztecs)

by Centoloman
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Como ya anticipaba en el post del domingo pasado, el sexto arco de esta primera temporada nos devuelve al pasado, a la América precolombina, para lidiar con los aztecas. Pero es mucho más que eso ya que, por primera vez en lo que llevamos de serie, se afronta de forma directa la primera regla de los viajes en el tiempo.

¿La primera regla de qué? Basta con haber visto unos pocos minutos de Regreso al Futuro para saberlo. Lo más básico de viajar en el tiempo, especialmente cuando viajamos al pasado, es la no-intervención. Hay que procurar no desestabilizar el curso del tiempo, no vaya a ser que nos encontremos con cosas extrañas cuando regresemos a “lo normal”… o que incluso no exista más “lo normal”.

Es un principio que había venido sosteniendo el Doctor en los arcos anteriores, y veíamos que hasta ahora el grupo de protagonistas siempre se veían obligados a participar en aquellos eventos a raíz de circunstancias extraordinarias: el secuestro de los trogloditas, el enlace de fluido, la avería y la confiscación de la TARDIS, el campo de fuerza de Arbitan… Con Barbara al frente, los acompañantes del Doctor lo pondrán a prueba.

Qué ocurre

Después de salir de Marinus, la TARDIS aparece en el interior de la tumba de un gran sacerdote azteca, dentro de un templo. Al salir a curiosear, Barbara se viste un brazalete del muerto justo antes de ser encontrada por los habitantes del lugar. Así, va a ser considerada la reencarnación del sacerdote, Yetaxa, ascendido a dios tras su muerte.

Desde esta posición, Barbara tratará de cambiar las costumbres del pueblo azteca, que había sido objeto de su estudio durante la carrera, para que, con la llegada de Cortés, las buenas costumbres prevalecieran y no las malvadas, tales como los sacrificios humanos. Con el apoyo de un voluntarioso Ian y del Sumo Sacerdote del Conocimiento, Autlok, se enfrentará a las autoridades locales, especialmente al Sumo Sacerdote de Sacrificios, Tlotoxl.

Así, por un lado, asistiremos a una confrontación político-religiosa en la que la iniciativa recaerá en Barbara y en Ian, que es forzado a optar al puesto de comandante de las tropas y enfrentarse así a Ixta, el hijo del constructor del templo y el guerrero más temible de la ciudad.

Las tensiones son continuas. Barbara se ve obligada constantemente a dar pruebas de su divinidad, cuestiones que logra ir eludiendo con mayor o menor ingenio. El momento cumbre y crítico para su posición es cuando profetiza la caída de la civilización azteca en un intento desesperado por convencer a sus nuevos súbditos, pero también es el momento en el que se gana definitivamente el desapego de Tlotoxl.

Al mismo tiempo, Ian debe librarse una y otra vez de los intentos de asesinato que, instigado por el Sumo Sacerdotes de los Sacrificios, Ixta perpetra contra él. Al final, al igual que ocurrió en el arco anterior, será falsamente acusado de atacar a Autlok, quedando emplazado para la ejecución pública a manos de Ixta.

Paralelamente a esta trama, el Doctor, que desaprueba constantemente la posición de sus acompañantes humanos e insiste continuamente en dejar que la historia siga su curso tal cual, se centra en el otro aspecto de la historia: no son capaces de regresar al interior de la tumba para volver a la TARDIS. Lo consigue gracias a Cameca, una anciana que se enamora de él y con la que acaba prometido. Ella, primero, trata de que Ixta – que es hijo del constructor del templo – lo ayude, pero este es incapaz. Más tarde, proporcionará la pieza clave para encontrar el pasadizo secreto que llevará a la tumba.

Habiendo encontrado la forma de regresar a la TARDIS, es el momento de escapar, pero antes hay que rescatar a Ian y a Susan, que ha sido condenada a latigazos por enfrentarse (otra vez) a los matrimonios concertados. La influencia de la nueva diosa, la poca que le queda, vale para salvar a la muchacha, pero Ian ha de enfrentarse a Ixta en una lucha a muerte mientras sus compañeros escapan. Al final, el profesor de ciencias saldrá victorioso y huirá junto a sus amigos.

A destacar

  • A pesar de que se plantea el problema de la no-intervención en la historia, la solución queda en gran medida en el aire, ya que la resolución queda muy en el aire, ya que se recupera el “curso natural de los acontecimientos” pero más de forma accidental que deliberada.
  • Las tramas históricas siguen siendo aceptablemente exactas y un auténtico despliegue de recursos fotográficos para la época. Esta vez, sí, la profesora de historia ha desplegado sus conocimientos.
  • A pesar de que el Doctor (e Ian) continúa tratando a las mujeres como seres débiles y necesitados de la protección de los machos alfa del grupo, Barbara sigue reclamando un puesto de derecho en las aventuras demostrando nuevamente carácter e iniciativa y conduciendo una vez más el devenir del argumento.
  • Susan sigue, sin embargo, siendo más un lastre que una ayuda. Después de su tímida intervención en el arco de los Daleks, ha venido interpretando el papel de damisela tonta en apuros una y otra y otra vez.
  • Asistimos por primera vez a una faceta hasta ahora extraña del Doctor: su galantería. El mini-arco con Cameca es realmente enternecedor, teniendo en cuenta sobre todo la imagen distante y altiva que proyecta siempre William Hartnell.

En próximas ediciones

Abandonamos América y nos movemos a… no sabemos a dónde, pero sí que algo ocurre con los instrumentos de la TARDIS. Mientas unos dicen que se ha parado, otros afirman que sigue en movimiento. ¿Cuál será la solución? ¿Será lo que dicen Ian y Barbara: han aterrizado sobre o dentro de algo? La solución la encontramos en el próximo arco: The Sensorites

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Hay un Comentario en “Classic Doctor Who VI (S1A6: The Aztecs)”

  1. Barbara sigue por detrás de Ian como personaje, pero poco a poco va haciéndose notar, pero lo de Susan es horrible. Para mí, si tuviera que ponerle un adjetivo, sería petarda. Lo único que hace es gritar. Bueno, a veces también llora.

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