
El otro día se me ocurrían un montón de cosas que preguntar en esta ventanita acerca de la Selección y el Mundial para entablar un poco de conversación con los que estáis ahí al pie del cañón leyendo mis rayadas mentales día tras día. A medida que el tiempo iba pasando y las cosas se iban sucediendo: el pase a cuartos, a semis, a la final, las reacciones… más y más preguntas se me venían a la cabeza. Todas fruto de un hecho innegable: nuestra selección está haciendo historia. Y una historia de las buenas.
Como posiblemente le haya ocurrido a muchos, me ha hecho echar la vista atrás y pensar en tantos y tantos momentos “históricos” que he vivido con esta “tontería” que llamamos fútbol y que tantas pasiones levanta. Será nostalgia, sentimiento, forofismo o lo que sea… pero es lo que estoy viviendo ahora mismo.
Levantaba el otro día la liebre un RT de Carlos Martínez (el del Plus) que decía algo así: “¿Cual es tu primer recuerdo de la seleccion? Por suerte yo con 16 son muy pocos malos y muchos buenos! SOÑAMOS CON ESE DIA 11!” y me devolvía a aquella frase que soltaba yo ayer y que decía que, igual que mis “precursores” en el deportivismo podrían tener envidia de mi generación por haber conocido directamente las mieles del Superdepor, yo tenía la envidia de esta generación que a despertado al fútbol en estos últimos tres años y ha visto esto tan grande que están haciendo estos chavales.
Pero también decía que lo vivido y lo sufrido, al igual que mis mayores tampoco harían, seguramente, no lo cambiaba por nada del mundo. Todo eso es lo que le da mayor sentido y mayor grandeza a esto. Y es en “todo eso” en lo que me puse a pensar un buen rato anoche.

Soy futbolero de nacimiento. De hecho, soy deportivista de nacimiento. Gracias al forofismo de mi padre, soy socio del Real Club Deportivo de la Coruña desde pocas horas después de nacer. Y por eso tengo el honor de ser Socio de Plata y poseer la correspondiente insignia acreditativa después de llevar 25 añitos de socio. Pero, claro, mis recuerdos de mi más tierna infancia son muy vagos: apenas unos flashes de encuentros de segunda y de bajar al campo a hacerme la típica foto con los jugadores (alguna aún la conservo).
Yo nací al fútbol con la generación del Superdepor, como no me cansaré nunca de decir. Puedo decir de carrerilla una alineación que me aprendí con ocho añitos y que aún la recuerdo como si fuera ayer: Liaño – Voro – Nando – Ribera – Djukick – Mauro Silva – López Rekarte – Aldana – Claudio – Fran – Bebeto. Aquellos 11 nombres y los de sus compañeros: Alfredo, Manjarín, José Ramón, Donato, Pedro Riesco, Mariano, Villaroya… marcaron mi más tierna infancia y mi eclosión futbolística en el verano del 94.
Me acuerdo perfectamente como ayer. Partido contra el Valencia. ¡Nos jugamos la Liga! Y allí me tenéis a mí con mis nueve años perfectamente ataviado: camiseta, bufanda, gorro y pintura de guerra. En Preferencia Superior, más hacia la zona de Marcador (lo que hoy es Pabellón) que hacia Maratón, con un amigo y su abuelo. Había dejado a mi padre en nuestro sitio habitual al otro lado de Preferencia. Y recuerdo que aquel día lloré, seguro que sabes por qué. Como una magdalena, y no era para menos. La primera vez que lloré con un partido de fútbol. La única para mal, gracias a Dios.
Ese mismo verano llegó el Mundial. Mi primer Mundial. Era la primera vez que me quedaba hasta la madrugada viendo la tele, a hurtadillas, para que no se enterara mamá. La primera vez que ganar valía tres puntos, la primera que vi a “chinos” (eran koreanos) jugando al fútbol, el gol de Goiko a Alemania, luego le ganamos a Bolivia y a Suiza… y el codazo de Tasotti (posiblemente, la imagen futbolística de mi generación) que rompió nuestros sueños. Bebeto y Mauro, mis ídolos, ganaron el Mundial pocos días más tarde haciendo justicia poética contra los ladrones transalpinos, pero no pude ver aquel partido. Me había empachado de percebes en el Peloski, un mítico bar de Viveiro…
El año siguiente ganamos la copa en el diluvio universal del Bernabeu. Aquella vez que Alfredo (que es más bajito que yo) le hizo un sombrero a Zubi con el pecho y la empujó después hacia la red. Tampoco pude ver aquellos ocho minutos de la reanudación. Había habido un apagón en Pontevedra y me tuve que conformar con escucharlo por la radio. Después la Supercopa y el año siguiente llegamos hasta semifinales de la Recopa donde caímos ante un PSG temible: el de Lama, Djorkaeff, Loko, Raí… Nos hicieron trizas.
Ese verano fue la Eurocopa de Inglaterra. La primera vez que terminé un álbum de cromos. Me quedará para siempre aquel golazo de Donato en la fase de clasificación, a Molina jugando de extremo izquierdo en un amistoso y aquella ocasión fallida de Manjarín contra Inglaterra que podía habernos puesto en semis.
La última mitad de los 90 fue mucho menos brillante. Se fue Bebeto, se lesionó Mauro y poco a poco los integrandes del Superdepor se fueron jubilando o marchando a terminar sus carreras. Llegaban jugadores nuevos, pero los resultados no eran exactamente los mismos. Por el medio seguía el mismo fantasma: muchísimos delanteros, pero nadie capaz de suplir a Bebeto. Madar, Renaldo, Luizao, Abreu, Manteca Martínez…
Al final, a Lendoiro le dio por reproducir el Palmeiras de aquella época, que lo ganaba todo en Sudamérica. Primero fueron Carlos Alberto Silva (el entrenador), Rivaldo y Flavio. El año siguiente Djalma y Luizao. La cosa no fue del todo mal y en torno a ese esqueleto (que sólo jugó un partido juntos: una final del Teresa Herrera del 97), aún con problemas, se fue estructurando un equipo nuevo. El equipo que nos llevó a los títulos de nuevo.
Otra alineación que diría de carrerilla ganó la Liga hace 10 años, 6 años y 5 días después de que Djukic fallara el penalti: Songo’o – Manuel Pablo – Naybet – Donato – Romero – Mauro Silva – Jokanovic – Víctor – Djalma – Fran – Makaay. Ese día (el más feliz de mi vida como Deportivista), estaba en Preferencia Superior, hacia Marathon, en el sitio de siempre, con mi padre. El cabrón de al lado se emocionó tanto con el gol de Donato que me quemó sin querer con un puro en la comisura izquierda de los labios. Todavía no me crece bien la barba en ese sitio.
Y con muy pocas variaciones dimos la campanada en Madrid dos años después. Y las Champions. Y aquellas remontadas históricas, la venganza contra el PSG, los partidos contra el Milán, la fatídica semifinal contra el Oporto… Y volví a llorar con el fútbol, pero esta vez eran lágrimas de orgullo.

Por el medio, sin embargo, íbamos cosechando decepción tras decepción con la selección. Volvimos a quedarnos en cuartos en la Eurocopa del 96. Lo del 98 en Francia no tiene nombre. El penalti del 2000, el gol de Joaquín del 2002, el ridículo de Portugal en el 2004, vuelta a perder con Francia en el último mundial en 2006… Vamos, que la historia se repetía y se repetía y se repetía… Estábamos malditos. Casi era mejor reír que llorar.
Como quien no quiere la cosa, el Depor se fue desvaneciendo de los primeros puestos. Nos acosan los problemas económicos y lastramos una gestión cada vez más cheirenta… pero entonces, cuando mi equipo del alma dejó de darme las alegrías de siempre llegó otro: La Armada.
En 2008 no quería hacerme ilusiones, pero ya se encar4garon aquellos 23 de forjarlas. Otra alineación para la historia (mi historia): Casillas – Ramos – Puyol – Marchena – Capdevilla – Senna – Xavi – Iniesta – Silva – Villa – Torres. Con Reina, Palop, Albiol, Navarro, Juanito, Arbeloa, Cesc, De la Red Sergio García, Cazorla, Alonso y Güiza completando el equipo que mejor jugaba del mundo en el momento, junto con el inminente Barça ganalotodo de Guardiola.
El Dépor se había adormilado, ahora las lágrimas (quién lo diría) eran con la Selección. Y así hasta hoy. Recuerdo dos partidos especialmente: los cuartos y la final. Creo que, junto con el de Paraguay del otro día, el partido contra Italia de la Eurocopa fue el partido que peor lo pasé de tensión en mi vida. Estaba, además, en el Tanatorio. Esa mañana había muerto mi abuelo. La final fue otra cosa. La vi en Pontevedra, en el Mamasunción, con Manu y el resto de compañeros. No pudimos celebrar mucho. Manu sabe por qué. Pero lo pasamos muy bien.

Termino ya. Me he extendido más de lo que pensaba. No me importa mucho tampoco porque necesitaba contar(me) todo esto para comprender todo lo que me está pasando por la cabeza estos días. El fútbol es parte (y una parte importante) de mi historia, como lo es de la de muchos. Y por eso estos días, desde el miércoles, que estamos disfrutando, son días para soñar. Independiente de lo que pase
El partido del domingo es, junto con el del 19 de Mayo del 2000 en Riazor contra el Espanyol, el más importante de mi vida. ¡Nos jugamos un Mundial! Increíble. Por eso, quiero verlo con mi padre. Otro que lleva el fútbol en lo más profundo de su corazón, junto a mí, a mi hermano y a mi abuela. Creo que no hay nada ni nadie mejor. Porque el fútbol se lo debe también a él.
Os pregunto lo mismo a vosotros, futboleros o no. ¿Cuáles son vuestros primeros recuerdos de fútbol? ¿Y de la Selección? ¿Y los mejores? ¿Dónde estabais en la final anterior? ¿Dónde la vais a ver el Domingo? Y una pregunta más. Llevamos dándole vueltas al nombrecito todo el Mundial. ¿La Roja, la Furia, la Armada, la Selección… otro? ¿Cuál es el tuyo? ¿Por qué?



Viernes, 9 julio, 2010, 23:13 | 



10/07/2010 at 0:22
1.- Año 90, Real Mallorca-Real Madrid. Yo con ocho años viendo el viejo Sitjar hasta la bandera.
2.- Italia 90, el hat-trick de Michel ante los coreanos. Me acuerdo porque jugaron el dia de mi primera comunion. Despues de eso, el codazo de Tassotti y el gol de Goiko en EEUU 94.
3.- Por este orden: La Copa del Rey que gano el Mallorca en Elche, el ultimo ascenso del Mallorca y la Euro de 2008. Si el domingo ganamos tendre que cambiar el orden.
Anecdota de la Copa del Rey: Siempre recordare, como con ojos vidriosos, mientras sonaba el “We are the Champions”, levante la vista al cielo, me acorde de los culpables de mi futbolitis (Mis Abuelos, que el Jefe de Arriba los tenga en su Gloria) y dije un “Esta va por vosotros”, mientras señalaba al cielo estrellado de Elche.
4.- Hay dos opciones: A) Pantalla gigante en algun lado. B) En el bar de siempre con algunos amigotes.
La final de la Euro la vivi en casita, recuerdo que mi padre (QUe no es futbolero, pero si de la Seleccion) casi se carga un sillon por una ocasion que fallo Senna en la 2ª parte…
5.- La Roja, no tiene otro mote. España es el nombre comun, y La Armada no me acaba de gustar. La Furia es demasiado cañi para mi gusto.