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julio 8th, 2010

Haciendo historia

No sé qué decir. No me salen las palabras. Ayer España jugó el partido perfecto contra la selección perfecta y se coló con todo derecho en la final de un Mundial. Ha pasado más de medio día y aún no termino de creérmelo. Porque es verdad, no es un sueño. ¡Estamos en la final del Mundial!

España ha dado una lección de fútbol a la selección que mejor fútbol había demostrado hasta ayer a las 20:30 horas. Pero tampoco fue un partido fácil. Era Alemania, no una broma. Nos metió varios sustitos que no llegaron a nada gracias a un centro de la defensa imperial y a un Iker bendito y  demostró por qué todo el mundo consideraba que la de ayer era la final anticipada. Qué bien y qué rápido sube el balón esta Alemania. Por eso el partido de ayer tiene más méritos

Aunque Alemania se sacó del medio magistralmente de encima a selecciones del nombre de Inglaterra y Argentina no había tenido rivales tan bien plantados en el campo como fueron Paraguay, China o incluso Portugal para la Armada – todo hay que decirlo – todos sabíamos del potencial de esa selección. Sin embargo, como muchos vaticinamos, España demostró que, en cuanto le dejan espacio, por mínimo que sea, hace maravillas y jugó ayer su partido más cómodo.

Un 10 a Del Bosque que se arriesgó (mediáticamente, no futbolísticamente) al meter a Pedrito, a quien, según algunos, el partido le venía grande. Lo cierto es que el inesperado cambio fue la pieza que faltaba. Pedrito fue, a mi modo de ver, la estrella del partido. Xavi, Iniesta y Pedrito hicieron estragos entre líneas, aunque sería injusto destacar a nadie en especial, porque todos estuvieron inmensos.

Pero no quería hablar del partido de ayer, sino de su significado. Porque lo bonito y lo grande de lo que estos chavales hicieron ayer cobra más sentido y más entidad cuando lo vemos en la perspectiva que nos ofrece la historia. Una historia que, como solemos decir, nos debía una. Podríamos enumerar una tras una las decepciones que nos había dado la historia, desde Italia ’38 hasta Alemania ’06, con las solas excepciones de los goles de Zarra en el 50 y Marcelino en el 64… y la final del Parque de los Príncipes en el 84. Y seguramente nos olvidáramos de alguna. Esta generación nos ha reconciliado con la historia.

Nuestros padres, nuestros abuelos, nuestros tíos, muchos de los cuales no han llegado quizás a ver esto, sufrieron todos esos males que antes me negué a enumerar. Yo desperté a la Selección y al Mundial con el codazo de Tassotti. La historia posterior todos la conocemos: Nigeria, Al Gandul, Francia… Tantas y tantas esperanzas frustradas dan más sentido a lo que pasó ayer.

Igual que mi generación de deportivistas nacimos al fútbol directamente en la época del Superdépor y nos ahorramos los oscuros años ochenta y los sufrimientos de las promociones y lo que nos costó el ascenso, provocando la “envidia” de nuestros mayores, la generación de mis primos pequeños tienen la suerte de nacer al fútbol internacional con esta selección. Y me dan envidia, aunque no lo cambiaría por nada. La alegría es mayor sabiendo de donde venimos.

Una selección que juega tan bien que ha sido capaz de impulsar un cambio de estilo en la perenne selección alemana. Una selección que pasará a la historia marcando una época como la Canarinha entre los 60 y los 90, como el Equipo de Oro húngaro de los 50 con Puskas como estandarte, como la URSS de Yashin, como la Mannschaft de Beckenbauer y Müller o la de Mathaus, Klinnsmann, Voller y compañía, o como la Naranja Mecánica de Cruyff y Neskeens, o de Van Basten, o de Bergkamp, Kluivert, los De Boer…

Muchos de estos conjuntos no sellaron su historia con un título – baste pensar en Hungría, en Holanda, en la Portugal de Eusebio, en la Brasil de Sócrates, Falcao y Zico – y, aún así, están más en la memoria de muchos que las aburridas Italias tetracampeonas y otros equipos que vencieron “pese a”.

Precisamente contra Holanda, una de esas selecciones que marcaron época, nos jugaremos el domingo el entrar finalmente en ese club exclusivo de selecciones campeonas del Mundo en el que sólo hay siete nombres: Uruguay (’30 y ’50), Italia (’34, ’38, ’82, ’06), Alemania (’54, ’74, ’90), Brasil (’58, ’62, ’70, ’94, ’02) Inglaterra (’66), Argentina (’78 y ’86) y Francia (’98). Gane quien gane hará historia: será el primer Mundial para cualquiera de los dos y será la primera europea que gane un Mundial jugado fuera de Europa (la segunda selección, después de Brasil ’62 y ’02 que lo gane fuera de su continente).

Pero es más que eso. De alguna forma, se enfrentan dos sistemas de juego que son “primos” entre sí. Por un lado, Holanda sigue llevando la marca de la Naranja Mecánica, aunque ha renunciado al estilo que la hizo famosa, admirada y temible durante generaciones, el fútbol total que la generación Cruyff hizo famoso y que continuaron los Gullit, Rijkaard, Van Basten, Bergkamp. No, esta Holanda no es aquella Holanda. Por el otro lado, es innegable que el juego Made in Spain bebe del cruyffismo que se implantó en Barcelona desde principios de los 90 y que ha dado a luz a una generación de jugadores que ha florecido ahora.

Un equipo que ha renunciado a la Naranja Mecánica contra un equipo que ha heredado su espíritu. Y el fútbol le debe una a la Naranja Mecánica desde el 74, eso lo tenemos claro muchos, pero se le debe al juego, no al nombre. Y el fútbol le debe una a esta generación de oro que ya ha ganado 8 Grand Slams de Tenis, 2 NBAs, un Mundobasket y un Eurobasket, varios Tours, varios títulos internacionales de Fútbol Sala, en Hockey, en Balonmano… Falta el colofón final del Mundial de Fútbol.

Por eso, aunque ya hemos hecho historia clasificándonos para la final y cerrar nuestra mejor clasificación en un Mundial de Fútbol que antes era el cuarto puesto de Brasil ’50, aún seguimos soñando y aún mantenemos una sola esperanza: disfrutar de esta España un partido más. El domingo… ¡España entera se va de borrachera!

Posiblemente esta entrada no tenga mucho sentido. A lo mejor peca de forofista o de sentimentalista o de inconexa o de… Me importa más bien poco. España va a jugar una final de un Mundial y eso es justificación suficiente.

julio 8th, 2010

Classic Doctor Who (CDW) II (S1A2: The Daleks)

Esta entrada pertenece a una serie de posts. Puedes ver el resto aquí.

El otro día dejamos al Doctor y a sus compañeros de viaje en el medio y medio de una jungla, recién llegados en la TARDIS. Pero ya estamos acostumbrados a que no todo puede ir bien así de buenas a primeras. Los instrumentos de la nave siguen fallando, esta vez no es el circuito de camuflaje, sino el medidor de radiación que tarda en detectar la radiactividad que inunda el nuevo escenario, dándole a nuestros amigos una falsa sensación de seguridad.

Nos encontramos ante una saga larga, de siete partes, lo que equivaldría, trasladándolo a la narrativa actual, a dos episodios. Es un arco que, a pesar de mantener el tono general de presentación que tenía el anterior, ya nos mete de lleno en una historia más trabajada y complicada. Se trata de conocer a Los Daleks, que dan título al arco.

No sé si en la mente de los creadores estos “simpáticos” asesinos enlatados tenían ya la proyección que luego tuvieron y pretendían que fueran una raza que se perpetuara casi eternamente en las aventuras del Doctor, pero lo cierto es que entran ya con mucha fuerza en este arco. read more »