La Michelena

by Centoloman

Desde que ayer se lo leí a milleiro y a un par de amigos más en el Facebook ando entre sorprendido y como si me hubieran pegado una bofetada. ¿Qué pasa? Cierra la Michelena, un nombre que, quizás, a los que no sois de Pontevedra o a los que no estáis familiarizados con la lectura, pero que para muchos pontevedreses supone una parte de nuestra vida.

La Michelena era uno de esos focos de cultura de nuestra ciudad. Estaba, en cierto modo, medio escondida, ya que desde fuera sólo se podía percibir un pasillo largo y algo estrecho en el que se agolpaba la gente en las fechas señaladas pro. Pero si buceabas un poco, un casi nada, podías encontrar de todo: entrando a la derecha, literatura infantil y juvenil y un poco más allá, en la misma banda, novela de todo tipo; en el medio y medio las novedades y en el piso de arriba la librería universitaria. Al fondo estaba el verdadero tesoro: música, política, filosofía, ensayo de todo tipo… Todo lo que un lector pudiera soñar…

Para mí, hablar de la Michelena es hablar de una costumbre, prácticamente. Me coge camino a casa desde el centro y pronto, detenerme en el escaparate, el de la izquierda, el de las novedades relacionadas con la música, el de la foto, se convirtió en un hábito casi mecánico. Aunque hubiera pasado cinco minutos. Aunque supiera que no habría nada nuevo. Y así lo hacía: al volver de clase, al ir a buscar a Alba, al volver de acompañarla a casa, dando una vuelta con los amigos… Casi se volvió en un ritual necesario.

Y por supuesto, si tenía tiempo y la librería estaba abierta, había que entrar a disfrutar. Y no valía “tener un rato”. Había que tener tiempo, porque una vez se entra en un templo como este uno no sabe cuándo va a salir. Sobre todo si se acerca a aquel rincón, al fondo a la derecha, con sus butaquitas, sus libros y, de vez en cuando, sus tertulias… Y a veces ibas allí y sólo mirabas con deseo los libros. Otras veces, si había suerte y cuartos, comprabas alguno… Que además yo soy de los que regalan libros siempre que se puede.

Por eso, escuchar este tipo de cosas a uno le deja una sensación de que algo raro está pasando. Cuando los centros de cultura cierran (sobre todo teniendo en cuenta que Pontevedra no tiene una gran Biblioteca de préstamo) mientras que se fomentan otro tipo de historias es que algo no va bien. Como resalta milleiro en su artículo, rescatando un comentario en la noticia:

La cultura en Pontevedra se ha convertido en tomar cañas y pinchitos. Es una ciudad de vagos,descerebrados y hedonistas.

Suena fuerte, quizás, pero en situaciones como esta, uno no puede evitar pensar en lo mucho que se ha potenciado el sector de la hostelería (que es muy necesario y que hay que mantener, que si no donde me voy a tomar las birras), pero lo mucho que se ha confundido ocio y cultura.

En fin.

PD: Siguiendo la recomendación de milleiro al final del post, me he leído este homenaje del periodista Manuel Jabois que no tiene desperdicio. Leedlo si podéis.

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