
Foto: Marca.com
Un solitario gol de Villa nos sirvió anoche para decir adiós a nuestros vecinos del suroeste ibérico en quizás el que fue, por fases, el mejor partido de la selección a todos los niveles aunque en otros momentos nos enzarzamos en un correcalles en el que teníamos más que perder de lo que podíamos ganar.
En el balance positivo, hay que destacar, sobre todo, que la Armada volvió por el camino por el que todos queríamos verla jugar al comienzo de este Mundial. Toque, sin prisas, mareando a las defensas… Con carencias, sí; con poca velocidad, también; pero hemos tocado y eso es importante. Parte del mérito lo tienen los tres del centro del campo, que ayer funcionaron por primera vez en los cuatro partidos que llevamos como queríamos verlos funcionar. Enorme mundial que está haciendo Busquets a la chita callando, los Xa(b)vis comienzan a carburar juntos. Y otra parte grande del mérito de ayer lo tiene el enorme estado de forma de Villa 4 partidos, 4 goles. Lo dije el otro día y me reafirmo: el Guaje pinta pichichi.
También en el lado positivo de la balanza hay que señalar a Del Bosque, que ayer estuvo muy acertado con los cambios. O, mejor dicho, con el cambio, que Pedrito y Marchena fueron los típicos cambios de perder tiempo al final del partido… (bueno, y para invocar el Efecto Marchena, por si acaso). Manuls y el twitter son testigos de que critiqué el cambio en su momento. Meter a Llorente en el 58 parecía insistir en el correcalles en el que venía convirtiéndose el partido. Pero no. Apenas entrar, el Rey León casi marca y, de paso, abrió los espacios necesarios que requiere Villa para tirar sus diagonales. Perfecto el de San Mamés.
En el balance negativo: Torres sigue sin marcar. Muchos pensábamos que ayer sería su partido, pero no. Misteriosamente, insistió en escorarse una y otra vez en la derecha, anulándose a sí mismo y a ese otro juego que lo hace tan valioso en el esquema de la Selección: el abrirle huecos al Guaje. En la banda, no fijaba centrales, le cortaba el paso a un Ramos que sigue insistiendo en jugar de extremo y no de central, y descolocaba a Iniesta que, con el partido convertido en un correcalles apenas se le vio.
Y en el balance negativo, también, la paupérrima actuación de Casillas en el Mundial que, sin embargo, está pasando totalmente desapercibida para la prensa. El Capitán, San Iker, el hombre que nos llevó en volandas hasta Viena hizo ayer justamente dos años, no está fino. Basta de echarle la culpa al balón, porque no sólo fueron los dos tiros lejanos de ayer que pretendió atajar creyéndose Rafa Pascual, también nos ha dejado un recital de salidas en las que no nos colaron un gol como el de Villa a Paraguay de milagro milagrito.
La inseguridad de Casillas transmite inseguridad a los demás. Es la dinámica habitual de un equipo. Un portero da confianza a la defensa, la defensa al centro del campo y así se crea un sistema defensivo compacto y seguro. Si el portero no está fino, genera dudas y esas dudas se transmiten como un cáncer. Y se está viendo. No es cosa del Mundial. Probablemente Iker haya firmado su peor temporada en años.
Misteriosamente, contra Torres sí se cargan las tintas, pero contra Iker no. Cuando alguien se atreve a criticarlo siempre dice “pero un cambio sería traumático”. Eso como mucho. Hablo, en cualquier caso, de la prensa deportiva (que es la que ejerce presión, al fin y al cabo); en los blogs es otra historia. ¿Será el efecto Carbonero? No lo creo. ¿Será el balón? Lo cierto es que el Jabulani es la gran excusa para los porteros en este Mundial, pero, como digo, no son sólo los tiros lejanos lo que están causando problemas a Iker.
Yo ponía a Reina contra Paraguay. ¿Que es arriesgado y desestabiliza un cambio como ese? Puede que sí. Puede que ya sea tarde. Pero creo que entrar en los tres partidos decisivos con dudas atrás es mucho peor y Paraguay, que tiene a Santa Cruz en baja forma y viene sin su goleador estrella, es un buen momento para probar.
Como final, un par de pildorillas:
- Voy a corregir mi pronóstico. Veo a Alemania semifinalista.
- Cristiano ayer se reivindicó… como lo mal compañero y mala persona que es. No sólo no aportó nada al equipo, cruzó todo el campo para “robarle” una falta a un compañero (que después desperdiciaría), sino que incluso restó
- Si el gol es en orsai (que está el mundo dividido entre lusoparlantes e hispanohablantes) y llevamos dos expulsiones a la espalda que no fueron, ¿somos un equipo grande?
¿Qué opinas tú? ¿Te gustó España ayer? ¿Casillas o Reina? ¿Torres? ¿Es orsai o no?











La modernidad – ya desde el positivismo, pero como fruto de un proceso que venía gestándose ya desde antes – ha consagrado la ciencia y “condenado” la verdad a equipararse, únicamente, a aquello que puede ser constatado empíricamente o, al menos, a aquello que no puede o no ha podido ser falsado. Con este concepto, que eleva la certeza científica al grado de verdad, el resto se ve reducido a simples opiniones, cuando no a “historietas”, de valor e importancia relativos.
Otras buscan reflejar enseñanzas morales o religiosas. Así, por ejemplo, la Odisea homérica no es sólo un fantástico relato de aventuras, sino que es una historia de cómo la audacia vence a la fuerza bruta, de cómo el destino en manos de unos dioses caprichosos y arbitrarios es una concepción cruel y de cómo puede vencerse ese destino con voluntad, paciencia y esperanza. Así, por ejemplo, el libro bíblico de Job no es un cuento de lo caprichoso que es Dios que castiga y juega con nosotros, sino que era un relato que pretendía (y lograba) poner en entredicho una concepción teológica clásica en el judaísmo como era la de la retribución material y terrena por parte de Dios.
Quería terminar hoy ya con una de las series de posts que dejaba pendientes. Si os acordáis, hace más o menos un mes os solté 
