Una semana más, después de no sé cuántas de parón, Akano vuelve a vuestras pantallas. Esta vez es con un capítulo ligero, seguimos profundizando tramas en las que habíamos comenzado a andar en el 36… ¿hacia el fin de Nadie? Ojalá, quién sabe.
Este se lo voy a dedicar a Dieguillo a.k.a. Pollo a.k.a. dbssdb, que pa eso estuvo de cumple esta semana y, además, su personaje lleva el peso del capi…
PD: No es que le falte algo al final, es que quise terminarlo así de brusco. La decisión queda abierta ^^
Akano 37 – La búsqueda
– ¡Rido! ¡Espabila!
– ¿Eh?
Sacudí la cabeza para desembarazarme de todo lo que me pasaba por la mente y me impedía concentrarme en lo que teníamos entre manos. El final de curso se nos había echado ya encima casi sin darnos cuenta y eso significaba mucho trabajo: evaluaciones, memorias, programaciones… Ya me había sacado de encima la corrección de los exámenes, pero en dos días tendría lugar la prueba final de graduación y aún había muchos cabos sueltos que concretar. Ya quedaba poco en cualquier caso.
Pero no era sólo lo académico lo que me tenía distraído. Estaba, por supuesto, los nuevos indicios que teníamos acerca de la forma de actuar de Nadie y las precauciones que debía estar tomando para evitar que nuestra nueva investigación llegara a oídos de quienes no debían. Todo lo que habíamos conocido era demasiado sorprendente, de alguna forma incoherente con lo que sabíamos anteriormente acerca de Sadoq y sus secuaces. En cualquier caso, no había duda. Se trataba de algo escrito personalmente por el padre de Eliaz, salido de su puño y letra… Era auténtico. Desconcertante, pero auténtico.
Y, por otra parte, estaba lo de Mitsuko. Ya no sólo el hecho en sí, aterrador, de que alguien como mi amigo pudiera tener descendencia y el mal que aquello pudiera suponer para la raza humana, sino también la necesidad de buscar un sustituto para ella durante la baja por maternidad. Tenía que comenzar a mover los hilos con Soki, si quería dejar el tema zanjado con una cierta antelación, pero ellos habían decidido esperar aún un tiempo para hacerlo “más oficial”.
– ¿En qué carajo estás pensando?
– En que tengo que hablar con Soki…
– ¿Con…? – preguntó. – Ah, vale… – reaccionó. – Mira, la que está preñada es mi mujer, no la tuya. Déjame que yo me encargue y céntrate en esto – me exhortó. – Hay un eclipse en quince días y tenemos que saber dónde se van a reunir. Así que deja a mi esposa en paz y estate a lo que estamos.
Esa era otra. Lo primero que habíamos hecho en cuanto habíamos conocido aquella especial obligación de Nadie había sido consultar cuando se produciría el primero de ellos. No había sido difícil para los chicos de la Duodécima División averiguar que a finales de aquel mismo mes la luna ocultaría parcialmente el sol sobre el Sereitei. Podíamos aprovecharnos ya de aquella fecha.
– ¡Sí, mi Capitán! – saludé marcialmente con tono burlón. – ¡Como usted diga, mi Capitán! ¡Es un honor servirle, mi Capitán!
– Anda y que te jodan – replicó. – A ver… ¿qué tienes?
– A ver – me aclaré la garganta carraspeando. – Gaijin me dijo que no habían encontrado nada en su División que se correspondiera con lo que le pedimos. Y… bueno, en los archivos tampoco encontró nada que nos pudiera valer – me quejé. – Es una vía muerta.
– ¿Y ya está?
– ¿Cómo que y ya está?
– ¿No has hecho nada más?
– Dirigir la Academia de Shinigamis y tratar que los de arriba no nos salten a la yugular – contesté calmado, pero medio ofendido. – Porque estamos hablando de Nadie, y es material prohibido, ¿recuerdas? – seguí. – Claro, como no es a ti al que le joden… pero vamos, que si te parece poco, te lo dejo a ti. Y de paso te ocupas de Josuke – añadí. – ¿A quién se le ocurre ausentarse sin avisar a nadie? ¡En plena época de exámenes! Es para matarlo….
– Casi que paso… – se escabulló, mientras buscaba algo. – Mira.
Despejó la mesa del pequeño despacho que tenía en mi apartamento de unos libros que había encima y de un estuche cilíndrico sacó un plano que extendió sobre el escritorio. Representaba la mansión Ashartîm y, sobre él, había garabateado de una forma casi febril, a juzgar por el resultado, una prolija cantidad de signos y símbolos en su mayor parte indescifrables para mí, por no decir en su totalidad. Eliaz sonreía con satisfacción ante mi mirada desconcertada, pero no quería decir nada, como retándome a que lo averiguara por mí mismo. Y yo, movido por la curiosidad, había caído en su trampa.
– Perdón por llegar tarde – irrumpió Db, dando al traste con el clímax de autocomplacencia del noble. – ¿Qué tenéis ahí? Bueno… – continuó, como si no importara. – Acabo de estar hablando con Yurian, por eso llego a estas horas. Resulta que existen escritos muy antiguos que sostienen que determinados fenómenos astronómicos provocan una serie de modificaciones en la forma en la que se comportan los espiritrones – habló con cierta urgencia. – Sobre todo a nivel parafísico.
– ¿Para-qué?
– Parafísico – repitió con naturalidad. – A Data no le gustaba hablar de magia, así que se inventó el palabro para referirse al nivel al que se relacionan los espiritrones durante la práctica de un Kidou…
– … o de algo similar – completé.
– O de algo similar – coincidió el Teniente, con una ligera sonrisa. – La cosa es que en la práctica no somos capaces de utilizarlo. Es decir, – quiso aclararlo – realmente el resultado práctico de estas modificaciones es… insignificante como poco. Pero está ahí, aunque no podamos aprovecharnos de ello.
– ¿Y el Yurian ese hizo toda una tesis para eso?
– Bueno, ya demostrar que existen esos cambios ya es bastante – intervine en defensa del profesor de Teoría de Kidou.
Sin ningún tipo de contemplación, Db dejó caer sobre la mesa, encima del plano, un par de volúmenes viejos. Eliaz se quejó de la falta de delicadeza que había tenido su superior, pero este parecía apremiado por la urgencia de una idea que no quería dejar escaparse por nada del mundo y apenas prestó atención a los quejidos del otro miembro de la Novena División más que para dedicarle una mirada que exigía calma.
– Yurian piensa que la respuesta está en cómo se aprovecha el Kidou de las reacciones parafísicas.
– Es decir, que otro tipo de técnicas sí podrían valerse de ello…
– Pero teniendo en cuenta que, realmente, no conocemos otra técnica… sería ciencia-ficción – apuntó Eliaz.
– Podría viajar a Midgaard con él para que lo estudiase… – sugerí. – Pero no creo que se lo tomaran demasiado bien… y sólo tenemos quince días – concluí con hastío.
– Me dijo que la hipótesis con la que está trabajando es que lo que realmente importa es el cambio en sí y no el resultado del cambio – siguió Db. – Algún tipo de energía que se libera y que otro tipo de técnicas son capaces de utilizar… Y eso es lo que me hizo recordar nuestra conversación del otro día – sonrió.
– ¿El qué?
– No sé si fuiste tú o Mitsuko o quien… – respondió – pero alguien sugirió que quizás aprovecharan los eclipses y demás para “cargar las baterías” o como queráis llamarle. Podría ser que se aprovecharan de la energía en estos cambios y que la almacenaran para algo – propuso. – La cuestión es cómo y dónde.
La sugerencia del Teniente de la Novena División tenía sentido a la luz de lo que estábamos aprendiendo acerca de aquello. Y saber qué era exactamente lo que hacían los miembros de Nadie durante aquellas ceremonias nos ayudaría a plantear un plan de acción y, al mismo tiempo, a poder discernir qué tipo de lugares serían válidos para las ceremonias.
– Se lo preguntaré a Yurian a ver si se le ocurre algo – continuó Db. – Pero no sabía nada a ciencia cierta. Sin embargo… – añadió, con una mueca – se me ocurrió que si lo que necesitan es almacenar esa energía necesitan un “recipiente” o lo que sea… Así que le eché un vistazo a la tesis, por si tenía algo al respecto y… Mirad esto – abrió un libro, no uno de los que había dejado sobre la mesa, sino otro que se había quedado todo el rato en sus manos. – Aquí – señaló. –Resulta que aquella energía no podía ser almacenada para su estudio.
– Genial… – cuestionó el noble. – ¿Y cómo cojones se almacena algo que no se puede almacenar?
– Pues hay dos opciones: – concluí – o bien nos hemos equivocado en lo de que en los rituales estos almacenan energía… cosa que no es descabellada, por otra parte… – apunté – o bien lo almacenan en un tipo de recipiente que Yurian no contempló en su experimento. En cuanto a lo primero, eso significaría que los rituales en el fondo no sirven para anda – me encogí de hombros – o que nos estamos haciendo pajas mentales con lo de los eclipses… que también. En ese caso… pues nada. Pero si es lo segundo, – terminé – entonces creo que sé cuál es el recipiente.
– Ellos mismos – concluyó el Profesor de Kidou.
– Quizás la magia que practica Nadie no es magia en sí misma – sugerí. –Quizás sólo es una forma de liberar esa energía almacenada. Pensemos… ¿Qué les hemos visto hacer?
– Aumentar la energía de uno de ellos – respondió Eliaz.
– Y para ello necesitaban otros cuatro que estaban como estatuas – recordé, trayendo a mi mente de nuevo la imagen de Ikkyuu, Li y sus dos compañeros muertos antes de presentar batalla en el exterior de la cabaña de mi abuelo.
– Y camuflarse, volverse invisibles – intervino Db.
– Esa era la habilidad de ese Rikiya – replicó el otro, masticando la rabia. – Y créeme, está muerto.
– No… Bueno, sí, pero no me refería a ese momento en concreto – contestó el Teniente. – En tu casa, Rido – se giró hacia mí. – Gaby me lo contó.
Como si de dos niñas pequeñas se tratase, o como una especie de celo a la inversa, Nalya y Gaby se pelearon por seguir al líder de nuestro grupo por las escaleras. Resignado a contemplar semejante espectáculo, me quedé atrás negando con la cabeza mientras subían las escaleras. Para acabar de completar la escena, Kyo decidió tomarse aquello como un juego.
– ¡Marco! – gritó al comenzar la subida.
– ¿Qué hace? – se preguntaba Gaby.
– ¿De verdad cree que va a conseguir algo con eso? – protesté.
No contento con el silencio que recibió la primera vez como respuesta, el gran discípulo de mi abuelo repitió otra vez la infantil estratagema ante las protestas de Nalya, algo que parecía no afectarle. Quizás es que Sugimura Kurono, o Nakajima Kyo, estaba tan vacunado contra las rabietas de su discípula como yo.
Curiosamente, esta segunda intentona del juego sí tuvo algo así como una contestación. Un ligero sonido, como un golpe contra una estantería o un libro cayéndose llamó nuestra atención desde una de las habitaciones e incitó a nuestro cabecilla a proferir un grito de júbilo mientras se lanzaba a la carrera hacia mi despacho.
La estancia parecía a simple vista vacía, pero nuestra intuición había sido cierta. Un libro yacía inerte frente a una de las estanterías. Quizás el destino quiso que se tratara de un volumen que contenía parte de mis investigaciones sobre la organización, quizás sólo había sido una curiosa coincidencia, pero lo cierto es que al menos sabíamos que estaban cerca.
– Si no fuera tan torpe aún estaríais buscándome – resonó una voz.
Como por arte de magia, un encapuchado comenzó a salir de la estantería, dejándonos a todos con una mueca de estupefacción. Aquella especie de hechizo de ocultamiento confirmaba una tesis que llevaba tiempo rondándome la cabeza, desde mi primer enfrentamiento con Nadie, una década atrás, en la cabaña de mi abuelo. No se trataba de una simple organización terrorista, era algo más, una secta que practicaba artes oscuras o alguna clase de artes demoníacas desconocidas, aunque para nada parecidas a las que se listaban en los cada vez más amplios manuales de Kidou.
– Es más divertido jugar con compañía, ¿no crees? – habló Kyo – Lástima que no hayas traído a más amigos.
– ¿Quién dice que no? – sonrió el encapuchado.
Como convocados por aquel desafío del que debíamos asumir que era su líder, comenzaron a abandonar sus escondites otros tres miembros del grupo. La ventana, la puerta, otra estantería… Cuando quisimos darnos cuenta estábamos completamente rodeados y en una situación de aparente desventaja.
– No es que se hicieran invisibles… – maticé con pesar. – Se escondían en los objetos.
– Eso no me parece precisamente que sea “liberar energía” – terció Eliaz. – Hombre, liberar liberaron energía, pero no llega con eso.
– Volvemos a la Magia – concluyó Db con un cierto desánimo.
– Pero eso no invalida la tesis de que ellos mismos sean las baterías – dijo el noble. – Con el Kidou a secas, por muy original que seas, no puedes hacer eso…
– Eso no podemos darlo por…
– Créeme, lo sé.
– Vale, vale… En cualquier caso – reconduje – cómo usen esa energía o cómo dejan de usarla nos importa más bien poco. Pero sí podemos asumir que ellos son las baterías lo que nos deja con un par de tipos al menos, si no todos, fuera de combate…
– ¿Por?
– Al menos cuando estaban transmitiendo la energía al tío que… – me paré y tragué saliva – que mató a mi abuelo los demás parecían estatuas, no reaccionaban… Ni siquiera ante los gritos de la cornuda – reí.
– Es un avance.
– Traje estos libros por si tienen alguna pista – señaló. – Yurian no los ha leído todos, dice que hay pasajes que le cuesta entender por el lenguaje, pero que en teoría tú no tendrías problema…
– Ni tú – me volví hacia Eliaz después de hojear uno de los volúmenes. – ¿Uno cada uno?
– Si es necesario…
A lo mejor por ver libre de nuevo su plano de la interferencia de aquellos dos tomos, el rostro del noble pasó de la resignación con la que había aceptado a la última tarea a brillar con una cierta ilusión. Inmediatamente tomó la palabra y comenzó a explicarnos qué había hecho y qué significaba cada uno de los símbolos sin siquiera esperar o importarle que Db hubiera terminado de contarnos lo que tenía pensado.
Básicamente, aquellos extraños caracteres y dibujos representaban posiciones del sol, de la luna, de las constelaciones más importantes… todo proyectado sobre el plano de la mansión, como si se tratara de un planisferio celeste en el que se hubiera incrustado la residencia. A partir de ello, había formulado una serie de hipótesis sobre puntos de la finca en los que aquella “mística estelar”, como la llamaba, fuera más potente y había ido señalando aquellos lugares con un numerito que daba idea de esa fuerza.
El siguiente paso había sido descartar aquellos sitios que, por suficientemente conocidos, por lo notorio que sería la presencia de un grupo medianamente grande o por lo imposible de acceder sin llamar nuestra atención en los años anteriores. Al final, sólo había resaltado dos zonas, una al noroeste de la finca y otra hacia el sur, hacia las murallas.
– Por ahora no he investigado – terminó. – o quería ahorrarte el viajecito. Pero… sí que…– sacó otro plano, idéntico en su concepto, pero que abarcaba toda la zona residencial del Sereitei en la que habitaban los clanes nobles. – Es un plano antiguo, de la época de mi padre… y aquí – indicó con el dedo – está la casa de…
– De los Kaimitsu – dije. – Eso explicaría por qué fueron los primeros en ser atacados. No había ningún motivo de venganza contra ell…
– Para, para, no te aceleres – me corrigió. – La mansión Kaimitsu es esta – movió su dedo unos milímetros. – Esta en concreto – volvió a la original – es la mansión de los Muriami. Es bastante más pequeña que la nuestra o que la de los Kaimitsu, por eso se confunde en el plano, porque queda en el medio.
– ¿Quiénes eran los Muriami?
– Una familia menor, vasallos de mi padre – respondió. –Pero a pesar de eso, tanto él como mis hermanos siempre le tuvieron aprecio al viejo Asuka. Fijaos, la “mística estelar” – cada vez que utilizaba aquellas dos palabras ponía un tono más pedante aún que de costumbre – es mucho más fuerte aquí incluso que en mi casa.
No parecía demasiado extraño que los Ashartîm hubieran preferido alejar de su mansión cualquier forma y posibilidad de sospecha, sobre todo teniendo en cuenta que el poder era mayor en otro sitio. Una casa vasalla podría ser un buen chivo expiatorio si llegaba el caso y, además, nadie se fijaba en ellas. No se hacía ahora, que la aristocracia era algo más “nominal”, mucho menos antes.
Pero por otra parte era un gran riesgo. Trasladar la ubicación fuera de la mansión era perder parte del control. No sólo eso. El mismo criterio que llevaba a entender que una casa vasalla era un buen disfraz podría levantar sospechas. ¿Tanta gente con unos “don nadie”? ¿Los Ashartîm acudiendo sin ningún motivo especial a su casa? Igual que nadie se fijaba en ellas, a alguien podría haberle llamado la atención tanta deferencia.
– ¿Qué hay aquí ahora?
– Siguen viviendo los Muriami… – se encogió de hombres. – Aunque ya sólo queda una… y no es que esté muy bien de la cabeza.
– ¿Y quién lo está? – bromeó Db. – Parece un buen lugar para empezar a buscar.
– Eso parece… De todas formas…
– ¿Qué?
– No, nada – sacudí la cabeza. – En fin, mañana es otro día – resoplé, dejando caer que aquella conversación no iba ya a ningún lado. – Voy a ver si me leo este tochaco que me has traído.
– ¿Pretendes leerlo hoy?
– Entre hoy y mañana – sonreí. – Comparado con las runas esto no es nada para traducir. Dile a Yurian que si quiere le enseño…
– Seguro que acabo yo antes –se picó Eliaz. –Bueno, caballeros, tengo una mujer y un hijo en camino a los que tengo que cuidar. Así que me retiro.
– Yo también… Kyrek sigue insistiendo en lo de las comidas comunes – dijo el Teniente. – La comida vale, porque estamos de curro, pero la cena es sagrada.
– Espera un momento tú – le pedí al segundo al mando de la que había sido mi División hasta hacía poco.
El noble nos miró interrogante, como queriendo enterarse de lo que le tenía que decir a nuestro compañero, pero mi silencio y mis ojos fijos en él fueron suficiente indirecta para que cogiera su haori, se lo echara por encima de los hombros, se despidiera y se marchara. Aún así, miré un momento fuera, para evitar que se quedara a espiar por detrás de la puerta. No es que no me fiara de él exactamente, es que sabía que de él podría esperar cualquier cosa.
– Creo que te convendría dejarlo aquí – fui directo al grano en cuanto decidí que no había moros en la costa.
– ¿El qué?
– Todo… todo esto. Esta investigación está prohibida, lo sabes, y tú eres el Teniente de una División.
– Y Eliaz es…
– El hijo de Sadoq Asharet y es a su familia lo que estamos investigando – le interrumpí. – Y yo ya estoy suficientemente pringado. Pero tú… Aún hay esperanza para ti –le dije, poniendo tono melodramático y tratando de quitarle hierro. – Además, ya sabes que Kyrek no quiere que os juntéis mucho conmigo, que soy una mala influencia… Ya le vale con que se meta el pijo, tú…
– Tampoco es así, Rido…
– Déjame acabar – le corté. – Lo mismo que te digo a ti se lo diré al Gafas y a Krunchi. No quiero que os metáis en más problemas por mi culpa.
– Sabes que Bone se va a cabrear – advirtió. – Últimamente no para de quejarse de que lo dejas de lado…
– Lo sé.
– Además, ¿pretendes ir tú solo a por Nadie?
– Y Eliaz… y Gaby, mis padres, Kaiser, Yuki…
– Vale, vale… Aún así, qué seréis… ¿Siete? No sabes cuántos van a ser ellos…
– ¡Pues pediremos ayuda los Wolf!
– Rido, no es así.
– Pollo…
– No, Rido, no – volvió a cortarme. – Por una vez, aunque sea sólo por una vez, déjanos decidir a los demás. Yo también tengo una historia con los Nadie, ¿recuerdas?
– ¿No ves que es por tu bien?
– Sí, lo sé – asintió. – Y te lo agradezco, pero en serio…



Viernes, 28 mayo, 2010, 16:22 | 


