Testimonio en Vida Nueva

by Centoloman

En el último número de la revista Vida Nueva, con motivo del próximo Día del Seminario que se celebra la semana que viene, me han pedido colaborar con un testimonio. Bueno, me lo han pedido a través de uno de los profesores del ITC. Acabo de verlo publicado, así que os lo dejo aquí para los que no tengáis acceso a la revista en papel.

Mi primer contacto con esto de la fe lo tuve en la familia, especialmente a través de mi abuelo materno, un santo. Pero… bueno, he de confesar que durante mucho tiempo estuve alejado de la Iglesia. ¿Por qué? Porque a pesar de que había tenido una educación cristiana, pasaba bastante del tema.

Yo iba a mi rollo: mis colegas, mi novia cuando la tenía, mi música, el equipo de balonmano en que jugaba, las clases… Feliz como una perdiz. Y la fe… Sí, bueno, creía en Dios o algo así. Pero no creía en la Iglesia ni en los curas.

Lentamente, sin darme cuenta, mis prioridades fueron cambiando. De pronto, ya no había tiempo para el grupo, ni para el equipo. Todo era la parroquia: coro, catequesis, jóvenes… De pronto entre mis amigos había más gente del grupo de jóvenes que los que eran de clase.

Me sentía bien. Estaba haciendo lo que quería: había llegado a la Universidad y estaba estudiando lo que desde siempre había querido estudiar: Teleco. Y ahí estaba: amigos, novia, estudios, parroquia… Todo muy cristiano. ¡Hasta me creía alguien!

Pero aunque todo iba bien, algo se movía aquí dentro. Tenía esa sensación de que sabes que todo va bien pero que en el fondo te falta algo que no sabes qué es. Y me rebelaba contra mí mismo: no podía ser así
Poco a poco, fui comprendiendo eso de la vocación. ¡El Señor tenía un plan para mí! Curiosamente, esos planes no era los mismos que yo había diseñado tan cuidadosamente. Y en cierto modo, Dios no te va a dejar en paz hasta que se cumplan. Puedes negarte todo lo que quieras, pero Él va a seguir insistiendo.

Puede que te digas: “¿Yo? Si yo no soy precisamente un santo.” Yo tampoco. Porque no importa como seas, Él te ama y te dará la gracia necesaria para cumplir el proyecto que ha diseñado para ti. El mío, aunque yo me lo negara durante tanto tiempo, era este, el del sacerdocio. Ya llevo cinco años en el seminario y todavía no me he arrepentido.

He aquí la noticia en la web y un recorte gracias a mis amigos franciscanos:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
¿Te gusta? Comparte:

Deja una respuesta