Torpe

by Centoloman

Basta con que uno le eche una mirada a alguna entrada antigua del blog, o no tan antigua, o a algo por el estilo, para darse cuenta de lo tremendamente torpe que soy en lo que se refiere a las cuestiones sociales. O a cuestiones relacionales, si lo preferís así. Este fin de semana pasado se dieron cita un par de factores, totalmente independientes entre sí, que me han hecho pensar de nuevo en esto un poco… Yo me pregunto: ¿Habré vuelto a meter la pata otra vez?

Bueno, en uno de ellos estoy convencido de que no. En el otro… no lo sé. Pero esa no es la cuestión.

No nos engañemos. Para este tipo de cosas yo soy, sobre todo, un metepatas. Y así termino como termino muchas veces. Tampoco es difícil darse cuenta de ello. Y, claro, como soy un torpón, a veces me doy de morros con situaciones que no comprendo del todo pero que podía haberme ahorrado si fuese un poco más listo. Porque muchas veces lo que yo entiendo como algo normal o, incluso, obligado por las circunstancias, el de enfrente puede no entenderlo así y formarse un problema gordo.

Y cuando ocurre este tipo de cosas, cosas como lo que pasó este fin de semana, por ejemplo, yo me pregunto: “¿Pero esto no había quedado lo suficientemente atrás para, por lo menos, poder llevar todo el asunto con normalidad?” Y ahí es cuando la cago. Yo, que siempre hablo de los procesos de las personas y bla bla bla… No me doy cuenta de que el hecho de que yo haya dejado algo atrás, no quiere decir que el otro lo haya hecho. Y la cago con gilipolleces que, realmente, no tienen importancia objetiva o que yo no considero tan graves (como, por ejemplo, añadir un dibujo a mis favoritos del dA, ya veis que cosa).

Y luego no entiendo por qué pasa tal o cual cosa… Y me empeño en encerrarme “por no molestar” y termino montándome mis propias películas conspiranoicas y… se convierte en un círculo vicioso del que es jodido salir, aunque vaya uno a empujones. ¿Y todo por qué?

Mea culpa, mea culpa, mea maxima culpa

Quiero arreglarlo y no soy capaz de hacerlo, porque cuando parece que saco la cabeza vuelvo a caer de nuevo. Y me rallo. Y la torpeza aumenta otra vez más… Y ya cuando pido consejo a la persona equivocada (o no equivocada, pero… no a la más adecuada) y termino haciendo/diciendo/escribiendo cosa que no debería por muy normales que a mí (y a mi consejero/a) le parezcan, pues…

En fin, mejor me callo, no sea que esto vuelva a ser otra metedura de pata.

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