Escribidores

by Centoloman

Hoy en día todo el mundo que quiere escribir y “entregar su obra al mundo”, lo hace. Es el gran regalo que nos ha hecho Internet a los que, de una forma u otra, tenemos esta inquietud metida entre pecho y espalda. Hoy me gustaría evaluar un poco este fenómeno que hace tiempo, cuando andábamos metidos en la farragosa fundación de la Fan Fic Factory, un amigo bautizó como “escribidores“. Escribidores, sí, porque, según él, no podíamos decirnos propiamente escritores.

Más allá de lo apropiado o no del término escritor para aquellos que desarrollamos nuestra obra literaria en Internet… ¿Cuál es o ha sido la verdadera aportación de este fenómeno a la escritura propiamente dicha? Es cierto, de las webs ha salido escritores que, con mayor o menor suerte editorial, han conseguido salir. Es el caso de Julie Powell, cuya historia se reflejó ahora en la peli Julie y Julia, basada en la historia de su primer blog.

Pero esta cosa llamada Internet, también ha hecho que cualquiera pueda llamarse “escritor”. ¿Es eso bueno? ¿Es eso malo? A pesar de que yo le debo mucho a esto y que no pienso dejarlo… a mí me parece que malo. Malo porque, al ser internet el lugar del todo vale, el lugar donde el criterio, en la mayor parte de las ocasiones desaparece, con él desaparece el esfuerzo por mejorar, por intentar progresar.

Todos entendemos que una niña de 14 años, que ve que aquí puede dejar correr la tinta y dar rienda suelta a sus fantasías, normalmente en torno a sus personajes de TV o de manga favoritos, se lance a escribir relatillos normalmente mediocres y bien cargados de hormonas. Y todo el mundo entiende que sus amigas, o personas en su misma condición “la sigan” y que tenga un cierto éxito… De hecho, suelen tener mucho éxito, aunque no lo parezca. Se entiende menos que autores de mayor calidad tengan menos… “éxito”.

Pero hasta ahí. El problema viene cuando ese cierto éxito no comporta una correspondiente exigencia. Nadie pide la perfección inicialmente. Ni siquiera se obliga a nadie a alcanzarla. Pero sí necesitamos exigirnos más y más y más cada día. No sólo en esto. En todo. ¿Qué es mejor muchos y malos o pocos y buenos? Yo diría que más y mejores. Pero eso es una utopía. Que cada vez más gente escribiese y que lo hiciese bien. Qué bonito, ¿verdad? Utopía.

Alguno dirá, en cualquier caso, que esa gente que lee esos relatos mediocres de la quinceañera de mi ejemplo tampoco iba a leer otra cosa por buena que fuera… Bueno, eso tampoco se lo discuto.

No me las quiero dar de experto en la materia, pero ya son cuatro años viviendo esto bastante desde cerca y creo saber un poco de lo que hablo. Al menos del ámbito de “publicar en la red”, evidentemente nada de publicar en papel. Antes, al menos, si uno tenía ansias por escribir y que la gente lo leyese sabía que tenía que ganarse el que una editorial, por pequeña que fuera, le publicase. Sabía que tenía que vender un producto de una cierta calidad para que la gente se lo comprase. El problema de la gran liberalización de la cultura que ha supuesto Internet es la gran bajada de listón que ha supuesto.

Por eso, creo que aquel amigo nuestro tenía la mayor de las razones en llamarnos escribidores. Si nos decimos a nosotros mismos escritores, ¿dónde queda lo heroico, lo romántico, lo épico de escribir algo y lograr que alguien considere que es lo suficientemente bueno como para ponerlo en la estantería de su casa? Eso. Eso es ser escritor. Lo nuestro, por ahora, por mucha calidad que podamos o que creamos tener, por mucho que hayamos trabajado (a mí que me quiten lo bailado), por mucho que nos lo tengamos o podamos tener creído, es ser escribidores.

Y por último, quería compartir con todos vosotros este artículo que me pareció interesantísimo y que, creo, viene un poco al hilo. Los que me siguen en el Google Reader habrán visto hace unas semanas que lo había destacado. Yo se lo había leido antes a Morri. Seguro que lo encontráis muy ilustrador.

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