Esta España mía, esta España nuestra
Uno de los aspectos que siempre me ha atraído del blog, y que no quiero perder en esta nueva etapa, es poder usarlo como mi pequeña y particular tribuna de opinión sobre la actualidad. Y la verdad es que la actualidad, como os decía ayer, da para mucho últimamente. Pero no voy a hablar de la denigrante situación en Vic y la cuestión de la inmigración, ni de las lamentables declaraciones de Munilla la semana pasada, ni de la sentencia contra Irago y Anido, ni del Sindazo… temas, todos ellos, con mucha chicha, pero de los que ya se ha hablado mucho y tampoco hay mucho más que decir. Puede que, si me da por ahí, me refiera algún día a lo de Munilla, pero…
A lo que iba. De lo que quería hablar hoy es de la cuestión de la educación, a la que ya me referí en este mismo blog hace un tiempo. En aquel post ya daba yo mi visión de cómo debería ser el pacto educativo del que, ya por entonces, se comenzaba a hablar. Me reafirmo en todo lo que dije y añado algo al calor de la actualidad.
Como seguramente sabréis, ayer lunes el PP presentó sus propuestas en materia de educación. Cierto es que, aparentemente, fallaron en las formas. Unos, como el artículo que os acabo de citar de Fernando Ónega, dirán que simplemente por presentarla ante las cámaras (cosa que me parece lícita por parte del PP debido a la imagen de partido sin programa que les han forjado desde el PSOE), otros que por haberlo hecho antes de remitirlo al Ministerio, algo que para mí sí reviste su gravedad y muestra una cierta deslealtad.
Aunque casi todos los medios se han fijado en los dos aspectos más llamativos, es decir, el eterno caballo de batalla de la EpC y la reorganización de la ESO y el Bachillerato. El contenido va mucho más allá. Evidentemente, está presente otro de los caballos de batalla del PP en materia educativa, como es la presencia del castellano en las aulas (algo que, en las autonomías con lenguas cooficiales vivimos con especial cercanía, como es obvio).
La respuesta de las tribunas de opinión de este país y de los partidos políticos ha ido en estas líneas. El bachillerato y las formas, especialmente.
En la propuesta del PP hay muchas cuestiones criticables, es cierto.
El debate lingüístico, sin ir más lejos, no debe ser un caballo de batalla, pero en ningún sentido. En Galicia, con el bipartito primero y ahora con el gobierno de Feijoo, hemos vivido en carne propia la incertidumbre que generan los devaneos en uno y otro sentido cuando la lengua deja de ser en vehículo de comunicación para convertirse en una herramienta al servicio de intereses electoralistas, normalmente con una gran carga de demagogia (que para eso estamos hablando de electoralismo).
Me parece, además, de una cerrazón mental extraordinaria (tanto por uno o por otro bando) en un mundo global como en el que vivimos. Sí, hay que defender una identidad cultural propia, de pueblo, de nación, pero nunca de forma excluyente y cerrada, sino de forma incluyente, abierta, dialogante. Una identidad “con talante”.
Otro punto que creo problemático es la edad de educación obligatoria. De cambiarse, que creo que ese es otro debate, debería tender a aumentarse, no a reducirse, como, al menos implícitamente, parece entenderse de la nueva distribución propuesta para ESO-Bachillerato en ES-General y ES-Superior (esta con dos vías: el Bachillerato tal y como lo entendemos ahora y la FP). Cierto es que esto sería en principio compatible con la intención del ministro Gabilondo de que la educación sea obligatoria hasta los 18, pero todos los medios parecen entender que esto no es así.
Los socialistas critican, además, la segregación que se daría con esa doble vía planteada por el PP. Yo me pregunto si una uniformidad demasiado estandarizada no sería encorsetar demasiado la educación
. Yo, por ejemplo, no veo mal la propuesta de la doble vía entre estudios “teóricos” (Bach.) y “prácticos” (FP) siempre y cuando hubiera unos contenidos mínimos en determinadas áreas (Lengua, Matemáticas, Historia), unas asignaturas troncales). No sé si esto es posible, pero creo que sería una buena solución.
Pero la propuesta del PP tiene también (a mi modo de ver) grandes virtudes.
La primera y la más importante de ellas es su insistencia en elevar el nivel de exigencia. No nos quedemos en el dato objetivo de las asignaturas con las que pasar o no pasar (que ciertamente el modelo actual es un coladero, y cualquier alumno de la LOGSE, al menos de mi generación, creo que puede confirmarlo) y vayamos más al fondo. Vayamos a tres conceptos básicos: al principio de autoridad (no autoritarismo), al valor del esfuerzo personal y a la búsqueda de la excelencia.
- Autoridad. Respeto, convivencia, unas normas básicas. ¿No era eso acaso de lo que se trataba la EpC? ¿Unas normas de convivencia básicas? Pero claro, a nosotros autoridad nos suena a autoritarismo y eso da yuyu y por reforzar eso de la libertad, acabamos por caer en el libertinaje. Hay que reforzar el sentido de la obediencia, no del servilismo o de la ceguera, sino del saber que hay unas normas, que no me las puedo saltar y que no todo vale.
- Esfuerzo. Es decir, cultivar el gusto por el estudio, por el trabajo. Si no… ¿a dónde pretendemos ir? ¿A un mundo donde nos lo den todo hecho?
- Excelencia. Qué palabro. Pero la vida es así. No podemos pretender tener un puesto relevante en el mundo de hoy con un sistema educativo más bien mediocre. ¿Exagerado? No, sólo hay que salir a la calle y poner un poco de atención.
Hay un punto comprometido que, aunque yo creo acertado en contenido e intención, es tremendamente desafortunado en las formas, sobre todo teniendo en cuenta cómo se presentó la propuesta. Me refiero a que Rajoy insistió en que Zapatero se quedara fuera de ese diálogo, que el interlocutor fuera Gabilondo. A lo que yo añado que Rajoy y toda su camarilla (Cospedal, Soraya, García Escudero), también. Concuerdo con usted, Señor Rajoy, el pacto educativo no es el lugar de ninguna foto. Así que, apártense de las cámaras.
Y, personalmente, Ángel Gabilondo me parece la persona adecuada para ello. Es el ministro de menos perfil político/partidista del gabinete (al menos de los Ministerios importantes, los otros si lo son o no lo son… no se les ve) y, sobre todo, es un hombre abierto al diálogo, consciente de la gravedad de lo que se trae entre manos, que parece dispuesto a ir en contra de los intereses partidistas si así lo requiere la ocasión y que es respetado por el resto de los interlocutores.
En fin, como broche final, vuelvo a insistir en eso que decía hace cinco años:
La reforma educativa y la consecución de un nuevo sistema educativo ha de ser prioridad nacional pues el estado actual de la educación en nuestro país es, si no tercermundista (afortunadamente), muy lamentable. No sólo a nivel de cultura general sino de educación en sí misma.
Necesitamos un plan educativo duradero, no un plan que pierda su validez con el nuevo gobierno. Hay que proyectar a largo plazo, pues la estabilidad y la falta de incertidumbres es un factor fundamental en la educación. No podemos permitirnos que cada nuevo gobierno proyecte reformas radicales del sistema educativo. Debemos aspirar a que la LOE, así se llamará la nueva ley, dure 20, 30 o incluso quizás 40 años.
PD: Echadle un vistazo a estas declaraciones de Gabilondo (y a las muy sensatas de Llamazares más abajo)
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