Akano 26 – Nadie es profeta en su tierra

by Centoloman


Akano 26 – Nadie es profeta en su tierra

– Así que Akano Rido – sonrió ella.

– Sí, señora.

– Interesante apellido – dijo, inclinando su cabeza y haciendo que los cascabeles que pendían de su pelo sonasen. – ¿A que adivino por qué quieres ingresar en esta División?

– No creo que haya ninguna duda – sonreí burlón. – ¡Es la División del gran Akano Kumaru! ¡No podía estar en otra!

– ¡Eso es!

La primera vez que entré en el despacho de Kyrek me había fijado en que lo único que había cambiado allí con respecto a cuando Henkara era su ocupante era, precisamente, que ella ya no estaba allí. Aquello había sido cuando había recibido el cargo de Capitán y no había vuelto desde entonces a visitar al nuevo comandante de mi antigua División. Ahora, varios meses después, la sensación seguía siendo más o menos la misma. Sí, algún mueble estaba movido y algún cuadro o planta habían llegado de nuevas, pero a simple vista todo seguía prácticamente igual.

Todo a excepción de que la imponente figura blanca de Henkara, que dominaba la estancia con la sola mirada de sus ardientes ojos carmesíes, ya no estaba allí. Se hacía raro no ver a la Jefa y ver en su lugar a un joven de pelo pajizo y unos profundos ojos que iban entre lo grisáceo y el violeta que reflejaban aún una cierta inexperiencia pero que, aún así, parecían ver siempre más allá de lo que tenía delante.

Su imagen había cambiado respecto a lo poco que había podido conocerle durante su paso por la Academia y en los pocos meses que habíamos coincidido en la División, ya que desde su graduación todo se había precipitado con mi viaje en busca de Nalya y el nombramiento como Director que aún cuando vivía allí me impedía regresar al Cuartel hasta después del anochecer.

Su antigua melena que le llegaba un poco por encima de los hombros había desaparecido y ahora llevaba el pelo corto y encrespado. Tampoco seguía vistiendo la misma camiseta blanca con capucha debajo del uniforme, como hacía en su tiempo de estudiante, sino que esa capucha se había unido a la capa que le identificaba como Capitán. También había desaparecido la parte superior del uniforme, así que aquella prenda blanca sin mangas era lo único que cubría su torso.

– ¡Ah, Director Akano! – saludó al verme, poniéndose en pie con una sonrisa amable. – ¡Pase, pase!

Cerré la puerta detrás de mí una vez hube ingresado en el despacho. El joven Capitán estaba reunido con Blod, su oficial más veterano junto con Arte, quien me recibió con un efusivo abrazo. Pasamos un buen rato charlando acerca de los viejos tiempos, hasta que Kyrek, quien, por no haber compartido aquellas vivencias con nosotros, se sentía un poco desplazado de la conversación, carraspeó para hacerse notar.

Dándose cuenta de la indirecta de su superior, el hombre de melena rojiza se despidió con unas palmadas en el hombro y se retiró. Cuando nos hubimos quedado solos, le entregué a Kyrek los expedientes y él los guardó con gesto agradecido en una bandeja lateral de la mesa tras un vistazo que prometió continuar en otro momento.

– ¿Qué tal todo? – me interesé.

– Bien, bien – sonrió. – Demasiado trabajo – se quejó con voz cansada. – Si quiere que le diga la verdad…

– ¿Me tuteabas cuando eras alumno y ahora que somos “iguales” no? – le regañé con tono simpático, entrecomillando la palabra “iguales” con los dedos.

– Eh… – dudó. – Mejor así – aseveró, mirándome con cierta preocupación.

¿“Mejor así”? Miré con extrañeza al que por unas pocas semanas no había llegado a ser mi Capitán. ¿“Mejor así”? ¿Qué quería decir con aquello? Me cabeza voló inmediatamente a mi problemas con el Gotei Trece y comencé a atar cabos. Pero podía soportar una enconada discusión con Kaze por la sucesión de Vriznak o con Ela por lo que estaba pasando con Kara o con Josuke por su manía de meterse en todos mis asuntos e intentar manipularme, pero aquella simple respuestas, dos palabras que habían sonado con un cierto temor y una ligera desconfianza, en boca del Capitán de la Novena División, de “mi” División, me habían sentado como una patada en la boca del estómago.

– Entiendo – acerté a decir, poniendo cara de poker y una nada agradable barrera de prudencia en tre él y yo. – En fin… – me incorporé sobre la silla dispuesto a abandonar la sala.

– No… No me entienda mal –se disculpó, levantándose él también con preocupación. – Es sólo que… Siéntese, por favor –me invitó. – Es mejor que hablemos.

Me lo pensé dos veces antes de regresar a mi asiento y acceder a su petición. Él, sin embargo, me dijo que esperara un momento y salió de la habitación para volver unos segundos después. Casi inmediatamente, Irah apareció portando una bandeja con una tetera y dos tazas.

– Vamos a tener que posponer esas copas – le dije a mi amigo irlandés.

Él asintió calladamente y no se demoró en abandonar la habitación. Mi antiguo compañero de cuarto era algo alocado y su capacidad le había impedido aspirar más que al cargo de suboficial que ahora ostentaba, pero no era tonto y sabía bien que era mejor salir de allí cuanto antes.

– Le escucho – incliné la cabeza, aceptando la taza de té que me servía.

– No me entienda mal – dijo. – No tengo nada en su contra, pero creo que es mejor dejar las cosas claras cuanto antes.

– Pues usted dirá…

– Soy un shinigami novato, Director – comenzó. – Aún no ha pasado un año desde que salí de la Academia y llevo varios meses dirigiendo una División… y una nada fácil – apuntó. – No había Teniente y había puestos de Oficiales vacantes, el suyo entre ellos, – me recordó – y otros en situación especial. Y, por si fuera poco, existe un sector bastante amplio que podríamos llamar… crítico, siendo suave… ¿Me sigue?

– Perfectamente – respondí.

Todo eso era verdad. Era cierto que muchos lo considerábamos parte de la personalidad propia del Noveno Escuadrón, pero desde el punto de vista de alguien que debía comandar un barco con tantos aparentes remedios era más un caos que algo ordenado. La presión a la que estaba sometido parecía mucha, lo sabía por experiencia propia, lamentablemente.

– ¿Y a que no adivina quién es el alma mater de ese sector crítico? No… No hace falta que responda – me detuvo. – Entonces… sumemos…

A pesar de la dureza de sus palabras, en el tono de Kyrek no había nada de acusación, sino más bien de lamento y de preocupación. Simplemente estaba exponiendo una serie de hechos con los que pretendía justificar la distancia que había marcado en el trato para conmigo y estaba claro cuál era el origen: ganar algunos puntos con sus colegas, los Capitanes, que, conociéndolos, seguramente le miraran por encima del hombro a raíz de su inexperiencia.

Era más un “por si acaso” que una convicción firme y eso para mí a la vez motivo de alivio y motivo de preocupación. Motivo de alivio porque siendo como era, bien podría ir variando en su postura a lo largo del tiempo. De preocupación por que las presiones del Gotei eran más fuertes de lo que había creído en un primer momento.

– Es una lástima – aseveré.

– Insisto en que no es nada personal – repitió. – Le estoy muy agradecido por todo lo que hizo por mí en la Academia, pero, por favor, comprenda mi situación – suplicó. – Confío en que todo esto se vaya aclarando poco a poco.

– Eso espero yo también – respondí con sinceridad. – Y ahora si me permite…

Me levanté y, tras una leve reverencia, abandoné el despacho. No pude evitar pasear mi mirada por los retratos de los Capitanes que tapizaban la zona noble del Cuartel. Allí estaban, al menos que yo podía reconocer a simple vista, Xabier Suddley, mi Abuelo, Madjakis, Jishame, Kuroda, Kyo – que, aunque nunca había llegado a ejercer, había recibido honores de Capitán – y Henkara, cuya imagen había sido colocada allí después de que yo hubiera abandonado la División.

Volvieron a mí de nuevo las palabras de Kyrek y lamenté internamente que el nuevo Capitán no tuviera la entereza o el carácter que había conocido en Henkara, quien me había defendido aún cuando había sido acusado de traición, como había hecho también con Eliaz, o el que le atribuían a Kuroda. Era una pena que no reivindicase aquel espíritu propio de la Novena División que había llevado a la antecesora de Henkara a llamarla “hogar de ángeles y demonios”, según me había dicho Nalya.

Pero tampoco lo culpaba. Por un lado estaba la cuestión de buscar apoyos en las altas esferas para tratar de estabilizar una situación que parecía difícil de manejar y reivindicarse como capaz de manejar la División. Y sin duda iba a ser un gran Capitán en cuanto adquiriese la experiencia necesaria. Al menos reunía todas las aptitudes necesarias.

Nadie ponía en duda que Kyrek se contaba entre los alumnos más brillantes de la Academia en muchos, muchos años y que se merecía llegar a donde había llegado, como había hecho Yutaru en su momento. Quizás, el problema era que otros, no él, habían visto en él la herramienta perfecta para controlar un foco posibles problemas. Habían conseguido que le debiera un favor. Y aquel tipo de maniobras, por desgracia, no me eran ajenas.

Además, era yo el que le había puesto en aquel brete. Si yo no hubiera sacado el tema del tuteo, no habría puesto a Kyrek en la situación violenta de tener que insistir en mantener las distancias y explicarme aquello que, a toro pasado, era mejor que nunca se hubiera dicho.

– ¿Rido? – preguntó una voz por detrás. – ¡Rido!

Okita se abalanzó sobre mí y me dio un fuerte abrazo que por un momento me cogió desprevenido. Comenzamos a hablar y con el buen rato que estaba pasando en compañía de mi viejo amigo se me olvidó la preocupación que me había embargado en el despacho del Capitán.

– Oye, – dijo en un momento dado – te quedarás a cenar, ¿no?

– Mejor no – rechacé, recordando de golpe mi conflicto anterior. – No quiero molestar.

– ¡No molestas, hombre! – replicó. – ¡Si estás en tu casa!

– Sí, ya…

Tras un pequeño tira y afloja en el que evité cualquier referencia a mi conversación anterior, conseguí convencerle de que no insistiera más en el tema. Me despedí de él y salí, como solía hacer todas las noches mientras había sido Oficial de la División, un momento al patio trasero del Cuartel, donde estaba el estanque. Todo el mundo estaba en los distintos comedores, así que estaba yo solo para disfrutar el espectáculo.

El sol ya se había puesto y había quedado una noche clarísima. La luna, a punto de llenarse, se reflejaba en las tranquilas aguas de la laguna, que devolvía el brillo de astro plateado aderezado con la exótica luminosidad de los extraños peces de reiatsu que la antigua Capitana Jishame había traído hacía muchísimo tiempo.

La verdad es que era una escena sobrecogedora, cargada de nostalgia y de buenos recuerdos. Casi podía verme a mí mismo subido a las ramas del solitario que aún se cernía sobre un lado del pequeño lago artificial viendo como correteaba un Kyo aún infante y escuchando los gritos de su madre, incapaz de controlarlo.

Y viendo que las lágrimas comenzaban a aflorar al pensar en tantas cosas como había vivido en aquel recinto, decidí que era mejor poner fin a aquella visita al pasado y encaminarme a la que era mi nueva residencia, la Academia.

Mientras caminaba por las empedradas callejuelas mi mente volaba una y otra vez por las palabras del nuevo Capitán debatiéndose entre la decepción, el cabreo y la tristeza. Era algo que no podía quitarme de la cabeza por mucho que intentara no darle importancia ni quisiera culpar a Kyrek por lo que había ocurrido.

Llegué a mi nueva residencia y no pude contener un profundo resoplido fruto del cansancio y la pereza que me provocaba la visión de muchas cajas de libros aún sin ordenar. Tenía que ponerme un día en serio para situar todo en el lugar que le correspondía. Quizá debiera convencer a Eylinn y a Kyo… incluso a Kara, para que me echaran una mano. Pero al menos ya no compartía pabellón con los alumnos.

Repasé con la mirada las cajas de cartón y mis ojos se pararon sobre una pequeña libreta negra que no pude identificar a primera vista. Extrañado y curioso lo tomé en mis manos y lo hojeé para mandar a tomar viento y dedicarle unos cuantos improperios a la Diosa Fortuna, que, como siempre, metía el dedo en mis llagas, como si tuviera alguna especie de obsesión que la llevaba a ensañarse conmigo. ¿Cómo, si no, explicar que hubiera vuelto a mis manos aquel ejemplar que había olvidado durante tanto tiempo? Porque aquella libreta no era otra cosa que el diario que había escrito durante mi primer paso por la Academia.

¿Y tras lo de mañana? Ingresar en las trece divisiones. Hace un momento acabo de llegar del cuartel de la Novena División con Nalya y he estado hablando con la capitana Kuroda sobre mis intenciones de formar parte y de pedir el ingreso en su división. No podía ser de otra forma. El nieto de Akano Kumaru no puede pertenecer a otro escuadrón que no sea el noveno.

Realmente fueron todos muy amables, estoy deseando verme de una vez allí y poder convertirme en el gran shinigami que fue mi abuelo, compartir experiencias con nuevos compañeros, conocer gente…

Sí, lo sé, soy un soñador pero siempre es mejor soñar que tener pesadillas. No dudo que también habrá momentos duros, la vida del shinigami es una vida cargada de dolor, del dolor propio y del de otras personas, pero hay que pensar siempre en los momentos agradables. Hay que saber aferrarse a la idea de que siempre queda algo bueno por delante, que siempre nos espera algo mejor. Si no lo hacemos así, muy duro es el panorama que se nos presenta como para honrar y servir justamente a la dignidad de ese traje negro que, espero, vestiré a partir de mañana. Sería imposible tener paz y, al fin y al cabo, el shinigami es el hombre que lleva la paz a espíritus atormentados y no se puede dar lo que no se tiene.

No sé que pasará con Nalya, yo la estoy intentando convencer para que se venga conmigo a la Nueve. Ella no quiere decidirse todavía así que tendré que seguir intentándolo. Aunque me huele que lo voy a conseguir.

Respecto a los demás: Aiolos está seguro de que irá a al Decimotercera y me parece que Krunzik está dudando entre esa y la Décima. Db y Gaby también parecen decantarse por la décima división. Gaijin y Zharin estoy seguro de que terminarán en la Sexta y Bikutoru, como no puede ser de otro modo, es carne de la Doce seguro.

Releí la última página varias veces de camino a la habitación y, como para devolverle la jugarreta a la tejedora del destino esbocé una sonrisa nostálgica al ver como aquellos planes de futuro que me había hecho se habían cumplido para luego desmoronarse.

– Nada es perfecto…

Sí, yo había entrado en la Novena División con Nalya, aunque unas décadas después de lo previsto, y Db, Krunzik y Gaby habían entrado a la Décima, como también había hecho otra de nuestras compañeras de curso, Yutaru. Gaijin y Zharin habían entrado en el Sexto Escuadrón, con Bone, que también era de nuestra promoción, y Aiolos en el Decimotercero. Y como no podía ser de otra forma, Bikutoru había terminado de Teniente en la Doce. Vamos, que había tenido mucha puntería.

Hasta ahí todo se había cumplido, a excepción de mi involuntario retraso a la hora de formar parte de la vida activa del Gotei, pero ahora… Nalya y Zharin habían muerto. Bone y Db habían sido trasladados a la Novena División, de la que yo había sido “expulsado” – pues así era como me sentía en aquel momento – y Gaby y Yutaru habían sido condenadas al ostracismo. De hecho, aunque era la que tenía más dudas en su decisión, Krunzik era la única que había permanecido en la Décima División.

– En fin…

Ironías del destino aparte, dejé el viejo diario a un lado del pequeño escritorio que tenía en mi habitación y cogí otro muy similar de la pequeña estantería que había al lado. Era el cuadernillo en el que iba anotando mis vivencias casi diariamente. No lo había abierto desde el día anterior de marchar hacia el volcán. El “Portador del Rayo”, mamá, Kara, Ela, Kyrek… había sido un día largo y tenía, sin duda alguna, muchas cosas que contarle a aquellas páginas en blanco.

– Oye, Balmung – convoqué a mi espada cuando ya estaba terminando.

Al escribir, había recordado que la conversación con mi madre me había traído a su vez a la memoria unas palabras de Henkara y de ella misma cuando comenzaba mi viaje en busca de Nalya. No era seguro, pero se me había ocurrido una forma de ayudar a Kara más eficazmente. No perdía nada por preguntarle al espíritu de mi espada si era posible.

Inmediatamente, el monje se materializó en la habitación. Su rubia barba caía empapada sobre el hábito negro también mojado. Con sus ojos de un verde intenso me miraba acusador y no había mucho más que decir al respecto. Si llovía en el monasterio era por lo que era.

– ¿No sabes ponerte a cubierto? – me burlé para tratar de ocultar un sentimiento de culpa que, por otra parte, era inútil esconder.

– Vete a la mierda.

– Mira, que te iba a decir… ¿Eso que tú sabes hacer…?

– Sí, puedo – contestó secamente. – No, no quiero hablar del tema ahora. Buenas noches

Con gesto visiblemente malhumorado, el monje se desvaneció dejándome de nuevo solo. Había sido un día largo y duro, con sus grandes claros, pero con sus muchos oscuros. Mejor me sería retirarme pronto. Terminé de escribir unas últimas líneas que me quedaban en la cabeza, apagué la luz y me eché a dormir. Mañana era otro día, sólo espera que fuera algo más tranquilo.

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3 Comentarios en “Akano 26 – Nadie es profeta en su tierra”

  1. Te comento en éste lo de este capi suelto y el anterior xD

    * Cap.25: no puedo evitar de una forma demasiado Nalya al respecto de esta nena. Lo sieeeeeento, pero es que me repatea su… tanta FLOJEZA (flojura? xD). Entre eso y la sobreprotección de su pandilla… no puedo con ella, lo siento xDDDDDD
    ¡¡Y, ENCIMA, le cargas el muerto a mi pequeño Kyo!! Pero, ¿qué te ha hecho este pobre? Que la vigile… ¡¡amos, enga!! Me sentó mu mal LOL

    * Cap.26: de este quiero resaltar el tratamiento hacia el nuevo Cpt. Kyrek. Si bien me parece que… bueh… Que querías ser muy fiel a los cambios sufridos en el propio foro. De ahí que lo nombraran Capitán cuando “acababa de salir de la Academia”.
    Vamos, siempre hemos tenido el concepto de que los Capitanes son poco menos que San Dios. Y un alumno recién graduado es ascendido a tal cargo. Un personaje así, debería haber llamado la atención en la Academia de una forma brutal y apuntar maneras… Como viene pasando con mi nenu~~ LOL Nah, sólo reprocharte que, tanta fidelidad a la realidad, hace que pierdas coherencia literal. Pero eso no quiere decir que esté mal. Simplemente, es lo que hay ;3

    Dew ^.^

  2. 1) Pobre Kara con lo maja que es xDDDDDDD Si ella no ha hecho ná!!!! Y lo de Kyo es para darle algo que hacer.

    2) Kyrek iba a aparecer más en la Academia, pero vamos, que coincidió con el parón entre Memorias y Akano. De hecho… ¿No es él el que le dice a Rido que ha muerto Yvan?

  3. Joder, a tanto no llego… xDDD

    Y, lo siento, pero tengo predisposición a cogerle tirria a estos personajes, ya sea en esta historia o en cualquiera LOL

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