Partir de la base

by Centoloman

Hoy he estado de aquí para allá y, mientras iba en el coche, venía pensando en qué sería lo siguiente que pondría aquí. No me preguntéis por qué, pero eso es en lo que pensaba. Casi me paso la salida de la autopista por eso y todo… En fin, que bien podría escribir “Dialogando II, el retonno” o desarrollar alguno de los temas que han ido saliendo marginalmente en los dos artículos anteriores y de los que he dicho “en otro momento ya desarrollaré más esto”; pero al final la actualidad me ha conducido por otros derroteros y aquí estoy, hablando de cimientos y bases.

¿Mande?

Pues eso, que voy a hablar de la importancia de un buen trasfondo.

Como algunos (los que seguís mi galería) sabréis, llevo tiempo dándole vueltas a la idea de trasladar el conjunto que componen Recuerdos de una vida pasada,MemoriasAkano a un universo totalmente nuevo. La razón y las motivaciones para esta decisión dan para otro artículo entero (otro más, ¿veis?), así que no me lñio más con ello ahora mismo. La cuestión es que estos últimos días me he puesto un poco con toda esta historia en mis ratos libres y he ido diseñando un trasfondo.

Cuando compartí un primer boceto con Shwayne y Eratia, el primero me dijo, muy acertadamente por otra parte, “los trasfondos no venden”. Y es cierto, muy cierto. Los trasfonden no venden y creo que todos estamos de acuerdo en eso. Por si acaso voy a poner un ejemplo, y ya que la cosa tal y como la planteé iba en la línea de la fantasía (que sabéis que, junto con el histórico, es mi género preferido para leer y en el que me siento más cómodo al escribir), voy a ponerlo acerca del más grande. Y no, no le he cambiado el sexo a la Jurado. Hablo de John Ronald Reuel Tolkien, mi autor preferido, para más I.N.R.I.

Yo descubrí a Toliken bastante tarde, con el estreno de la primera película. Bueno, miento, evidentemente sabía quién era y había oído hablar mucho de él. Mi madre tenía (y sigue teniendo) una edición del Bestiario de Tolkien que había lanzado el Círculo de Lectores y alguna vez le había echado un vistazo fugaz. Pero no fue hasta que Peter Jackson se decidió a llevarse a unos tíos a Nueva Zelanda y rodar su visión de El Señor de los Anillos cuando no me lancé a leer los libros. Como no, comencé por la Trilogía. Como dato curioso, leí La Comunidad en gallego, lo que motivó un cierto caos nominativo cuando me pasé al castellano con Las dos torres. La cosa es que me prometí ver la peli sin antes leer el libro así que al principio tenía cierta prisa por leerlo… y al final creo que sólo vi en el cine El retorno del Rey. Algo parecido me pasa con Millenium de Stieg Larrson (realmente, debería mirar cuantas erres y eses lleva, pero estoy vago).

Por aquella época ya me había iniciado en el mundo de la fantasía épica a través de un MUD en el que jugaba. De todas formas era una época en la que apenas leía, he de confesarlo. Vamos, que sólo lo que mandaban en el colegio y nada más, qu eme pilló en Bachillerato.

Al grano, Ricardito, que te lías…

La cuestión es que empecé por la Trilogía, como supongo que hizo todo bicho viviente. Muy pocos habrán comenzado por El hobbit (aunque yo, personalmente, recomiendo empezar por aquí cuando alguien me pregunta, es mucho más fácil de leer y más simpático). Seguro que algún loco empezó por elSilmarillion, pero alguno habrá. Ya no menciono otros libros porque son más “esotéricos”, en el sentido original de la palabra.

Si empiezas por la Trilogía, lo que te conquista, si eres una persona normal, claro, es la historia. Sí, la ambientación puede motivarte, perfecto, pero lo esencial es la historia. Enlazando ya con el tema de hoy, puedes leer perfectamente LoTR sin tener ni idea de las historias que subyacen… Es decir, no te hace falta saber acerca de Númenor, los orcos o las distintas clases de elfos… Basta lo que JRR te va soltando. A ver, te quedará colgada toda la sección de Tom Bombadil, que es imposible entender quién es o qué pinta ahí sin saber más acerca del universo tolkeniano… pero bueno, me refiero a lo global de la historia. Pero, en general, no hay problema ninguno en seguir todo el hilo de la historia.

Pero diciendo esto estamos hablando desde el nivel del lector y aquí queremos tratar todo (o intentamos hacerlo) desde el punto de vista del autor, del tejedor de historias (qué bonita expresión).

Decimos “el trasfondo no vende”, no te estreses tanto… E insisto en que esto es verdad. Lo que realmente debe importar, aquello en lo que debemos centrar de veras el mayor de nuestros esfuerzos creativos, es crear una buena historia, una buena trama, un buen argumento. Debemos ocuparnos de que sea un argumento atractivo, coherente, con sentido… Y esa debe ser nuestra prioridad: “ontológica” (es decir, en cuanto a su importancia de por sí) y temporalmente (debemos tener decidida la trama general antes del trasfondo).

Al fin y al cabo, “Tolkien no empezó por el Valaquenta”, como bien dijo el mismo Shwayne (macho, tus frases me han resultado inspiradoras), ni por el Ainundalë, ni por el Silmarillion en general. Pero si bien esta colección de historias que dibuja el verdadero trasfondo de toda la Tierra Media se editó el último de los tres grandes libros (considerando El Señor de los anillos como un solo libro, como debe ser), no podemos engañarnos: se venían forjando desde mucho antes (desde antes de El Hobbit incluso). Aunque no fuera en su forma definitiva, aunque mucho de eso sólo fuera una idea confusa en la cabeza, estaban ahí. Si no, la historia ad extra no tendría ni tanta coherencia interna ni tanta brillantez.

Poniendo un ejemplo menos literario, porque veo que me estoy perdiendo. El cimiento de un edificio no se ve a simple vista. No es lo vistoso, no es lo que llama la atención. El inspector debe ir expresamente a buscarlo, el arquitecto debe construir a propósito una estructura que permita verlos. Es su opción abrir un acceso a los cimientos o no abrirlo. Sin embargo, aunque no se bean, sin un buen cimiento la casa se desmorona.

Del mismo modo ocurre con el trasfondo. Son esos cimientos del edificio que es la historia. Va desde la historia pasada del mundo que escribimos (especialmente en la ciencia ficción o en la fantasía, pero también en el resto de los personajes) hasta la construcción de los personajes. Sin un buen trasfondo, la historia se desmorona.

Mientras pensaba en esto (e iba anotando algunas ideas), alguien estaba citando a otro de mis ídolos C.S. Lewis, otro autor que, simplemente, me apasiona. A todos los niveles. Eso me lleva a hacer una anotación más, porque me parece que es más claro en su caso que en el de Tolkien. Aunque el arquitecto muestre el cimiento, aunque el inspector se esfuerce en buscarlo… hay siempre una parte que queda oculta. Lo mismo ocurre aquí.

No todo el trasfondo es inteligible, mostrable. Mucha parte del trasfondo quedará siempre oculta porque no se expresa dentro del relato o en relatos “adyacentes”. Me refiero a esa parte que no queda reflejada en el papel: la propia vida, los sentimientos, los pensamientos del autor… No podemos comprender Narnia al 100% si no conocemos al Lewis ensayista, “teólogo”, apologeta… Al hombre. No podemos comprender toda la historia que se desarrolla en la Tierra Media sin conocer a Tolkien.

Recuerda esto:

La primera piedra, la más fundamental del trasfondo, eres Tú

Pufff… Vaya rollo os he echado hoy.

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