Si he tardado tanto en escribir esta primera entrada “en serio” de esta nueva sección del blog no es sólo por el desajuste propio del inicio de las clases. ME ha costado decidirme por qué comenzaría a este compendio de reflexiones, pero creo que al fin he tomado una decisión. Bueno, realmente, si estás leyendo esto es porque ya me he decantado por una de las múltiples opciones que me rondaban por la cabeza. Sí, creo que lo mejor va a ser empezar por el principio, como por otra parte parece lógico. No hablo del título (de hecho, lo suyo es que el título, al menos el definitivo, debería ser lo último), ni la portada, ni nada por el estilo.
No. A lo que me refiero por “el principio” es a la idea. Creo que es conveniente pararnos un poco en el proceso de génesis de la historia, en sus orígenes más primitivos, antes de lanzarnos al ataque escribiendo un supertexto. Es algo que creo válido tanto para cuando queremos escribir historias largas como para cuando queremos escribir relatos cortos.
Es cierto, muchas veces la idea es, sobre todo, cosa de inspiración. El voluntarismo funciona, pero no a estos niveles. La idea no se fabrica. No se crea. Simplemente surge. Nos encontramos con ella cuando menos nos lo esperamos. Pero no toda idea es váilda ni apropiada para nosotros. Antes que nada, hay que ser consciente de cuáles son las limitaciones y las virtudes o capacidades de uno mismo. COmo en todas las cuestiones de la vida, es necesario un verdadero proceso de discernimiento. Enfrentarse al papel en blanco con lo primero que se nos ocurre, sin tener las cosas claras, es una aventura, sí, pero la mayor parte de las veces reporta más frustración que satisfacción. Por eso, cuando se enciende la bombilla creo que es conveniente hacerse unas cuantas preguntas.
La primera de todas es, seguramente, la siguiente: “¿Por qué quiero escribir?” “¿Por qué quiero escribir esto?” La primera de estas dos preguntas nos vendría bien hacérnosla de vez en cuando y respondernos con sinceridad. Pero es en la segunda de ellas en la que me quiero fijar, porque está más relacionada con el tema que quería tratar hoy. Lo primero que debemos hacer cuando recibimos la llamada de la musa es explorar los motivos de la idea. Es decir, debemos preguntarnos por la inspiración en sí misma. Si sé por qué quiero escribir sobre algo, me ayudará, primero, a clarificar mis motivaciones, la postura que voy a adoptar frente al relato. De ello depende mucho del resultado final y de la gratitud del trabajo, en el fondo. Creo que no me he encontrado nada más vacío que escribir “porque toca”, aunque luego el resultado fuera más o menos interesante. Además, esta clarificación de nuestras intenciones nos ayudará a responder a las siguientes cuestiones.
Bien, ahora ya sabemos qué nos lleva a escribir y a escribir algo en concreto. Es un gran paso, creedme. Pero no termina aquí la cosa. De cara al futuro inmediato, a la escritura propiamente dicha, es tan importante como lo anterior el preguntarse por otra cosa: “¿Qué es lo que voy a escribir?” Me refiero, sobre todo, a profundizar en la idea, a conocerla a fondo, a jugar con ella, darle vueltas y contemplarla de todos los ánculos posibles. Parece lógico. Somos sus dueños y nuestra misión es transmitirla. Y para transmitir, por muy pequeña que sea la parte, debemos dominar el todo. Ese es nuestro objetivo: no sólo tener la idea, poseerla de verdad.
Pero más allá de eso, aunque parte del mismo proceso de profundización en la idea, se situaría otro interrogante que yo considero más importante aún. “¿Qué es lo que quiero contar?” Esta cuestión se enraíza en aquel “¿por qué quiero escribir esto?” del que hablaba antes. Me explico. No podemos perder de vista la dimensión simbólica que tiene la escritura. Como dije, nuestra implicación con lo que queremos escribir es decisiva. Somos conscientes de que, sobre todo, es un vehículo para expresarnos y para abrir al mundo (o a nosotros mismos) lo que hay dentro de nosotros. Es decir, tengo mi idea, la conozco, sé por qué la voy a desarrollar. Pero, ¿qué es lo que realmente quiero decirle a mis posibles lectores (y a mí el primero) a través con ella? Sabemos que la forma (la idea tal y como la vamos a plasmar) sólo es la puerta de acceso al verdadero significado de lo que realmente queremos transmitir. Conocer realmente este fondo de significado es realmente importante para poder adecuarnos y ser fieles a nosotros mismos y a la idea en sí.
Luego vendrían las cuestiones del cómo y demás, pero creo que en ese tipo de temas ya me meteré en otro momento.



Sábado, 3 octubre, 2009, 16:17 | 


