Segundo capítulo de Recuerdos de una vida pasada, retomando lo comenzado allá por noviembre.
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Capítulo 2: Nuevos compañeros
Los primeros días del curso el horario se restringiría a las clases matinales para que así los académicos recién llegados tuvieran la oportunidad de familiarizarse con las instalaciones y adaptarse a su nueva vida como shinigami así que dado que el primer objetivo ya estaba cumplido en mi caso me dediqué a vagabundear sin rumbo por los distintos pabellones.
Mi intención era intentar encontrar a aquella tal Nalya pero no lo conseguí. Llegué a pensar que escapaba de mí pero tampoco le dí mucha importancia. Quisiera ella o no el día siguiente como muy tarde nos veríamos, en clase. Y allí continuaría mi asalto a su fortaleza.
Sin darme casi cuenta, llegó la hora de cenar y como no había conseguido encontrar a mi presa me acerqué sólo hasta el comedor. Era ya tarde y la gente ya estab acasi toda sentada. Pocos sitos libres quedaban en las mesas así que me apresuré hacia aquel que quedaba más cerca de la puerta por la que había entrado.
– Buenas noches. Que aproveche. Gracias. De nada – dije rápidamente a la vez que me sentaba.
El académico que estaba a mi lado, un chico alto y moreno me miró asombrado como si no entendiera nada de lo que había dicho. Contesté a su cara de asombro con una sonrisa burlona y miré a todos lados a ver si encontraba la comida… o a la “presa”. Pero nada, ni la comida había llegado, ni Nalya estaba cerca del lugar donde me había sentado.
– En fin… – acerté a decir mientras me dirigía al chico que tenía al lado que observaba atentamente mis acciones sin perder su cara de asombro. – Soy Rido, es mi primer año aquí. ¿Tú?
– También es mi primer año – contestó sin borrar la expresión de su rostro.
– ¿Y tienes nombre o sólo cara de susto? – bromeé.
– ¡Ah, sí! – reaccionó tratando de recuperar la compostura. – Mi nombre es Dbssdb.
– Dsb… Dbsb… ¿Qué?
– Dbssdb.
– Macho, ¿te tocó el nombre en una tómbola o algo? Por que mira tú que hay nombres raros pero el tuyo…
– Tranquilo, puedes llamarme simplemente Db, todo el mundo me llama así.
– Mejor, si llego a tener que llamarte Dbssdb durante los próximos seis años creo que me volvería loco…
– ¿Más aún? – replicó demostrando que él también sabía bromear.
– Más aún, – respondí impertérrito mientras ponía una cara de falsa solemnidad – te aseguro que es perfectamente posible. Oye, ¿estás solo?
– Es que me perdí por esos pasillos y llegué tarde… – explicó avergonzado. – Mis amigas andan por allí. ¿Tú?
– Ah, no, yo no llegué tarde – le mentí. – Simplemente sigo una estrategia perfectamente calculada para conocer a más gente el primer día de clase y así tener alguien que…
– Vamos, – me interrumpió sonriente – que también llegaste tarde.
– Sí, vale. Llegué tarde – admití resignado. – Me entretuve buscando a una chica con cuernos que conocí en clase…
– Anda, así que tú eres el del batacazo en la silla – se rió.
– Sí, un error de cálculo. A todos nos pasa. Tengo que hacerme aún con las medidas del lugar y todo eso. En fin, que me entretuve buscando a la chica esta cornuda y se me pasó la hora. ¿La conoces?
– Más o menos. Es compañera de cuarto de una de mis amigas o está en la habitación de al lado o algo así. Se llama Nalya – continuó. – ¿Es amiga tuya?
– Todavía no… pero nadie puede resistirse a mis encantos.
– Pues suerte, porque es un pelín borde.
– Ya me he dado cuenta, ya. Pero eso también lo hace más interesante.
– ¿Interesante?
– Claro que sí – contesté convencido. – Si fuera fácil no tendría mérito, pero esto supone un reto. Me gustan los retos.
– De todas formas… menudo valor tienes para acercarte a esa…
– Me viene de familia. Soy el nieto del gran Kumaru.
– ¿El gran Kumaru?
– Sí. ¿No conoces la historia del gran Akano Kumaru, el legendario capitán de la 9?
– Qué va… Si casi casi acabo de llegar a la Sociedad de Almas – confesó. – Todo esto me resulta nuevo. Entonces, ¿tú naciste aquí?
– Sí, nací en el Rukongai, en el distrito 5.
– Pensé que aquí no nacían almas, simplemente, llegaban a este mundo gracias a los shinigamis.
– Oye.. ¿y cómo es el mundo mortal? – inquirí.
Era uno de mis sueños, conocer el mundo mortal. Deseaba con ardor la primera salida de la Sociedad de Almas. Quería conocer nuevos mundos, nuevas formas de vida, nuevos paisajes… La Sociedad de Almas me resultaba monótona, estable, eterna, siempre lo mismo.
– Si algo es el mundo mortal, es cambiante – explicó nostálgico.– Muy variado…
Estuvimos toda la cena hablando entretenidos. Tanto que casi quedamos encerrados en el comedor y salimos de últimos. Db me contaba cosas del mundo mortal, de su historia, de su forma de vida, de sus inventos y yo asistía asombrado a sus explicaciones. Yo, por mi parte, le conté la leyenda de mi abuelo. Le hablé de cómo había sido falsamente acusado de traición y cómo había decidido exiliarse para salvar el honor de las trece divisiones en lugar del suyo propio.
Regresamos juntos al pabellón de las habitaciones. Db dormía en la habitación de al lado así que me acompañó practicamente hasta la puerta de la habitación, donde ya estaba Gaijin casi a punto de meterse en la cama. Entonces fue cuando realmente me di cuenta de lo tarde que se me había hecho mientras hablaba con nuestro vecino.
– ¡Hombre! – bromeó mientras me veía entrar por la puerta – ¡El Señor Puntualidad!
– ¿Nos conocemos?
– Te estaba guardando un sitio pero como no dabas aparecido en la cena pues al final se sentó otro… – explicó.
– Mira tú que bien. Yo mientras estuve entablando relaciones diplomáticas con la habitación de al lado.
– Se llama Zharin… – continuó explicando ajeno a mis continuas interrupciones.
– Se llama Zharin. Espera. Se llama Zharin ¿quién? El de la habitación de al lado se llama Dbssdb.
– Dvsz… ¿qué?
– Lo mismo dije yo… Al final me dijo que le llamara Db simplemente… Después de que me confundiera unas veinte veces con el nombre – le comenté. – ¿Pero de qué estabas hablando?
– ¿Yo? – preguntó sorprendido. – Ah, sí, vale. Te estaba hablando de un tío que conocí en el comedor…
– Por cierto, ¿qué tenemos mañana a primera? – inquirí.
– … pero ya veo que no haces mucho caso.
– ¡Ah, sí! Historia del Mundo Mortal I. ¡Toma!
– Bah, no sé para que te cuento nada.
Pese a que nos conocíamos desde hacía bastante bien poco, la noche anterior, había cogido mucha confianza con Gaijin y pasábamos el tiempo gastándonos bromas o tratando de hacernos enfadar el uno al otro. Por eso, cuando mi compañero se picó me sentí de algún modo realizado. Esperaba su respuesta pero no llegó así que decidí insistir un poco.
– Oh, vamos – me quejé en broma mientras apelaba a su orgullo. – ¿Te vas a dejar derrotar por una broma tan vieja y ridícula?
– ¿Derrotado?¿Yo? Ni en cien siglos tendrías la categoría para vencerme…
– ¡Pues contraataca! – insistí.
– Estoy cansado.
– ¿Cansado?
– Primer día de clase y esas cosas – me explicó poniendo el mismo tono que si le estuviera explicando a un niño pequeño. – Voy a dormir. No hagas ruido.
– Vale, vale, perdona… – contesté burlón. – En fin, ya que me abandonas y me dejas solo – continué poniendo voz triste y solitaria – iré a tomar un rato el aire en el árbol.
– De acuerdo, Señor Mono, que se pasa usted todo el día en los árboles.
– ¿No estabas durmiendo?
– Lo intento – dijo mientras me sacaba la lengua – Vete para tu rama. Ya me reiré yo el día que te pillen por los árboles a estas horas.
– Soy el gran Akano Rido, el guerrero de las sombras, el rey del sigilo…
– … el próximo candidato a ser castigado – concluyó mi frase.
– ¡Bah! Hala, duerme, que los bebés como tú necesitáis descansar – le solté mientras atravesaba por fin la ventana.



Miércoles, 28 marzo, 2007, 15:14 | 


