Pregúntele al Presidente

by Centoloman

100 personas, 100 preguntas, 100 respuestas. Esa es el presupuesto en el que se basa el nuevo programa de Televisión Española estranado ayer en el que un centenar de ciudadanos tuvo la posibilidad de preguntarle al Sr. Rodríguez Zapatero, Presidente del Gobierno, acerca de aquello que les preocupa.

Abseteniéndome de opiniones políticas sobre esta u otra cuestión, me gustaría en cambio hacer una pequeña reflexión acerca del concepto del programa que podría quizás llevar el siguiente título: ¿Propaganda o servicio público?

Partamos de esta base: la mayoría de la gente de a pie tiene unas inquietudes cualitativamente distintas a las que ahora constituyen las claves del debate político actual. Sí, nos preocupa el terrorismo y el juicio del 11M, pero nos preocupan más cuestiones inmediatas como el precio de la vivienda o el precio del café. Esto pareció reflejarse en el diálogo entre Zapatero y los intervinientes.

En un sistema democrático como el nuestro, en el que se supone que la clase política es algo así como la “encarnación del sentir del pueblo”, que el líder de la nación tenga la oportunidad de conocer y de responder en directo ante las cámaras a las preguntas de los ciudadanos es un verdadero servicio público. Conocer lo que el Presidente del Gobierno opina sobre uno y otro tema es… “oro”.

Sin embargo, no nos podemos dejar engañar. Los políticos parecen, en su mayoría, vivir en un mundo aparte, en un mundo en que sólo importan las cuestiones “de moda” en las que se centra su continua guerra de palabras, actos y demás. Y eso parece que se cumple en mayor medida cuanto mayor es su cargo. No se separan de su mensaje prefijado e institucionalizado y allí donde van aprovechan para calzar esa cuña publicitaria establecida en un oscuro gabinete de la sede de un partido.

Tampoco podemos abstraernos de que ayer faltaban exactamente dos meses para unas elecciones municipales y generales. Y ya sabemos que la clase política en general y en particular la española vendería a su madre por un par de votos (sobre todo si su madre no le vota a él).

Entonces… ¿propaganda o servicio público?

Ambas.

En mi opinión, en la sociedad de los medios TODO es propaganda. El propio servicio público se ha convertido en propaganda: la lucha contra la corrupción, la seguridad ciudadana, la solución a los problemas de inmigración… y otros ejemplos no se pueden entender, desgraciadamente, sin ese afán electoralista. Sin esa cuña de “y esto lo hicimos nosotros” o “y esto lo haremos nosotros” no se entiende la política en España.

Fdo. Uno desencantado con los políticos.

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