Quiere ser éste un post dedicado, pero no un post con dedicatoria. Es decir, está inspirado por una conversación y pretende ser a modo de respuesta a algo que se me dijo. Pero mi boca no soltará más prenda que ésto sobre el destinatario.
De todos (los habituales) es sabido que el 9 de Mayo del año pasado hice público en este mismo blog algo que rompió los esquemas de muchos: me venía al seminario. Bien pues este post pretende ser una explicación, lo más clara que sé, de qué es o cómo entiendo yo este asunto de la vocación.
La vocación es una llamada. Y claro, quien llama no es una persona cualquiera. Es Dios mismo. Eso supone muchas cosas que nos permiten describir lo que es una vocación:
- No es una decisión… o mejor dicho, una elección personal. No es una opción de vida cualquiera, una carrera más. No es algo que se planea. No es nada de eso. No es “hacer lo que te pide el cuerpo”. No es una buena salida de trabajo. Ni siquiera es optar por la opción fácil del asunto como se podría pensar, ni mucho menos. Y así podríamos seguir diciendo un montón de cosas que no son.
- El descubrir una vocación no es cosa de un instante. No te levantas y dices “estoy llamado al matrimonio”, “estoy llamado al sacerdocio”, “estoy llamado a irme a las misiones”… Es algo que se va descubriendo poco a poco. Muy poco a poco. Porque, Dios no (se) impone, propone.* Por eso te va indicando muy sutilmente qué quiere de ti. A ti te queda estar atento, abrir los ojos del alma y tratar de descubrir qué es.
- Si es Dios quien llama, no puede ser que llame a algo que no lleve a tu felicidad. Es decir, tu felicidad, la verdadera, la plena, se encuentra en el camino que te muestra. Porque al fin y al cabo Dios es amor.
- La última cuestión que planteo puede parecer cosa de perogrullo, o no… Si es Dios quien llama y estás seguro de todo lo que he dicho anteriormente ¿eres capaz de decir que no? Aunque te lo pida el cuerpo, aunque no te guste, aunque estés muy bien como estás… yo no fui capaz
Evidentemente, ésto que te digo, esto que os digo, no se puede entender visto desde fuera, es necesario que estés abierto a lo que te quiero decir. No son cuestiones sencillas, ni pueden ser entendidas desde el superficialismo, los prejuicios o el una radicalismo; pero he tratado de explicártelo lo mejor posible. Espero que, ahora sí, lo hayas entendido.
*Dios no se impone porque creó al hombre a su imagen y semejanza. Y si el hombre es imagen y semejanza de Dios, ha de ser libre. Luego, que Dios impusiera su voluntad sería contradictorio. (Eso es la versión light del rollo antropo-teológico que os podría soltar sobre la libertad del hombre y el libre albedrío.)



Martes, 6 junio, 2006, 18:49 | 


