De chimpancés, orangutanes, gorilas y bonobos

by Centoloman

Seamos serios por favor. Podemos defender los derechos de los animales. Podemos, aunque yo lo veo una incoherencia, ser vegetarianos. (Digo que lo veo una incoherencia porque el campo de los seres vivos va más allá de los animales, racionales o no. ¡Defendamos el derecho de las plantas a no morir!). Lo que no se puede es llegar al tipo de propuestas que llega a plantear el Proyecto Gran Simio. Más en concreto me refiero a la siguiente:

La organización es un grupo internacional recientemente establecido, fundado para trabajar por la supresión de la categoría de ‘propiedad’ que ahora tienen los antropoides no humanos y por la inclusión inmediata en la categoría de personas.

Estoy de acuerdo que hay que acabar con la tortura a los animales, a cualquier tipo de animales no sólo a los grandes simios. Hay que cuidar el medio ambiente y tratar de evitar la extinción de cualquier tipo de especie. Pero… ¿donde situamos el límite de nuestra actividad ecologista? ¿En “Save the whales”? ¿En limpiar manchas de petróleo? Creo que veis por donde van los tiros.

De todas formas creo que la gran cuestión que se nos plantea es otra: ¿qué es una persona? Los filósofos no se han puesto de acuerdo en qué distingue a la persona de la no-persona: la autoconciencia, la racionalidad, la capacidad dialógica… muchas han sido las respuestas a lo largo de la historia del pensamiento. ¿Con cuál nos quedamos?

Yo me quedo con Aristóteles diciendo que lo que define al hombre como persona es su capacidad intelectiva: el lenguaje, el pensamiento, la capacidad de acción, la capacidad de proponerse fines… El pensamiento, dado que no somos telépatas, no es verificable más que por la capacidad de lenguaje, y los grandes simios tienen la capacidad de comunicarse… Sin embargo la gran diferencia es que el ser humano es capaz de romper la barrera de su instinto, es capaz de proponerse fines distintos y nuevos, tiene capacidad creativa… He ahí la diferencia.

Aunque no veamos esta diferencia cualitativa que, creo yo, es clara. ¿Dónde situamos el límite? Cito delProyecto Filosofía en español:

A este noble objetivo se orientan los esfuerzos del PGS cuyos planteamientos, llevados a su límite, podrían ocasionar una auténtica conmoción de repercusiones no difíciles de prever, en las formaciones sociales de nuestros días; probablemente el vegetarianismo activo sería una de las implicaciones prácticas inexcusables de la Declaración, si es que esta misma se entiende como un primer paso intercalado en un proceso de mayor alcance que tendría que ampliarse también en el futuro –¿dónde poner, si no, los confines de la comunidad de iguales?– a las «bestias de granja», ¿lo sería también la paralización inmediata de la investigación biomédica, tal vez inaceptable por el sufrimiento infringido a la cobayas que esta misma conlleva?, ¿cabría exigir en su caso la sindicación de los nuevos «trabajadores» tales como perros policía, vacas lecheras, bueyes de carga o abejarrucos, quienes seguramente podrían reivindicar un «convenio colectivo», vacaciones pagadas, holgazaneo dominical y también «dignos» subsidios de jubilación para acomodarse una vez llegados a la «edad del merecido descanso»? Se trata en todo caso de cuestiones abiertas de índole ciertamente mayor –y no ya, como tal vez pudiera parecer, burdas parodias malintencionadas con objeto de ridiculizar las posiciones de referencia– a las que, con todo, los promotores del Proyecto y de la Declaración, no han dado de momento respuesta alguna.

Lo irónico, es que luchamos por los derechos de los simios, grandes o no, mientras muchas veces nos olvidamos de luchar por la aplicación de los derechos humanos o defendemos la pena de muerte, la eutanasia o el aborto. Y siento si este último comentario ha resultado muy fundamentalista… pero es la pura verdad.

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