A finales de agosto hablaba de las maldades de la Ley de Ordenación General del Sistema Educativo. La llamaba fábrica de ignorancia y me quejaba de muchas cosas que, a mi entender, eran fallos de la ley. En estas fechas de vuelta al cole para todos, gobierno y oposición planean sentarse en pos de consensuar una nueva ley de reforma educativa que esperemos que, esta vez sí, cuente con el consenso suficiente como para llegar a nuestras escuelas.
Desde luego, la cuestión no es sencilla. Unos y otros mantienen posturas que, al menos a primera vista, parecen muy distanciadas en muchas cuestiones. Esperemos una interlocución seria, tranquila y abierta por parte de ambos partidos pues, de otro modo, acabaremos presenciando un enconado espectáculo de críticas y descalificaciones. Tal es el comportamiento de la clase política de nuestro país en los últimos tiempos.
La reforma educativa y la consecución de un nuevo sistema educativo ha de ser prioridad nacional pues el estado actual de la educación en nuestro país es, si no tercermundista (afortunadamente), muy lamentable. No sólo a nivel de cultura general sino de educación en sí misma.
Necesitamos un plan educativo duradero, no un plan que pierda su validez con el nuevo gobierno. Hay que proyectar a largo plazo, pues la estabilidad y la falta de incertidumbres es un factor fundamental en la educación. No podemos permitirnos que cada nuevo gobierno proyecte reformas radicales del sistema educativo. Debemos aspirar a que la LOE, así se llamará la nueva ley, dure 20, 30 o incluso quizás 40 años.
Como ya sabéis no soy pedagogo ni profesor y, por tanto, quizás me meta en algún berenjenal en lo que resta de post. Pero es que me tomo muy en serio esto de la educación, será cuestión familiar, con tanto profesor.
A mi parecer, existen algunos objetivos que se deben tener en mente a la hora de sentarse a la mesa:
- Una mayor protección del profesorado. Los profesores están, sin duda, relativamente desamparados respecto a los padres, cada vez más permisivos, de unos alumnos cada vez más rebeldes. Quizás un estatuto de la educación en el que se reflejaran claramente los derechos y deberes tanto de alumnos como de profesores podría ayudar a cambiar una situación cada vez más insostenible y que ya sobrepasa los límites de la escuela para adentrarse en otros ámbitos educativos como es, por ejemplo (aunque a muchos este ejemplo a muchos les parecerá inapropiado), la catequesis. Esta es quizás la cuestión más urgente a solucionar pues, del bienestar de profesores y alumos depende la salud del sistema entero.
- Fomentar una cultura de aprendizaje, esto es, intentar inculcarle a los estudiantes la sed de conocimiento, las ganas de aprender. Un alumnado con ganas de aprender es fundamental a todos los niveles: didáctico, disciplinario, grupal. Puede parecer utópico este concepto, pero es simplemente algo que se le debería a la gente desde pequeños, tanto en las aulas como en las casas, como la necesidad de leer. Incidir, también, en la educación entendida como forma de relacionarse con la sociedad. Educación vial, en valores, en las formas, en salud, en buenas costumbres, en el lenguaje (oral y escrito)… en fin en todos los aspectos que se nos ha dado por llamar “buena educación”.
- El futuro de muchos estudiantes pasa por el Tratado de Bolonia y el nuevo Espacio Europeo de Educación Superior. El nuevo sistema universitario europeo y, en general, todo el proyecto europeo que se pretende acometer plantea unos nuevos métodos y unas nuevas filosofías que sería muy conveniente tener en cuenta a la hora de diseñar programas y planes de estudio, sobre todo en los cursos de acceso a la universidad (lo que hoy en día es el Bachillerato). Ir orientando desde los cursos de educación preuniversitaria sobre lo que va a venir cuando abandonen la educación secundaria-preuniversitaria y quieran enfrentarse a la realidad de la universidad.
- El diseño de un sistema sencillo de revisión y ampliación de los programas de las asignaturas, para que puedan ser fácilmente adaptados a nuevos contextos. Este es un punto fundamental si deseamos que sea un plan duradero a largo plazo: la adaptabilidad. Esa revisión de contenidos debe empezar ya con la LOGSE, no debemos esperar a la entrada en vigor de una nueva ley. Y, por favor, dejemos de solapar contenidos en los distintos cursos, demos las cosas por aprendidas (aunque sea duro) porque sino es una pérdida de tiempo.
- Una revisión de los métodos de evaluación. A parte de la evaluación continua, algo muy beneficioso pues trata de premiar también el trabajo del alumno conjuntamente a los resultados, también necesitamos revisiones cíclicas de conocimientos. La reválida no era tan mala idea. Tratemos de buscar que la gente aprenda no que memorice para una fecha concreta un montón de datos.
- La introducción de nuevos métodos didácticos que complementen o sustituyan el clásico y tan extendido método de la clase magistral. Sin duda es un método excelente pero que podría dar mejor resultado al ser combinado con otras técnicas: métodos audiovisuales, clases prácticas, realización de proyectos y trabajos Evidentemente, hay materias que se prestan más que otras a la implantación de nuevos métodos. Es obvio que es más fácil impartir una asignatura de ciencias experimentales, no tanto de ciencias exactas (matemáticas y lógica para los que no se den cuenta a lo que me quiero referir), de forma práctica que las asignaturas de letras.
- Estrechamente ligado al punto anterior, creo que se hace necesaria la introducción progresiva pero definitiva de las nuevas tecnologías dentro de la enseñanza. No sólo me refiero a la asignatura. En una sociedad cada día más informatizada, las escuelas son, en general, una zona verde para este aspecto. Muchas son las bonanzas que ofrece a la educación. Dani de Comunisfera nos hablaba muy bien durante el I Beers & Blogs Pontevedra de su experiencia con el proyecto de crear una comunidad de blogs entre sus alumnos y no es el único. Sin embargo, estos proyectos, al menos los que yo conozco, se han realizado en el campo de la educación universitaria. Las nuevas tecnologías, a parte de ofrecer un soporte educativo y didáctico excelente, pueden acercar a profesor y alumno. Por ejemplo, la universidad ha demostrado los beneficios de las tutorías on-line, ¿por qué no probamos?
- La apuesta definitiva por una educación plurilingüe. En un mundo globalizado, es fácil defenderse con el inglés, pero realmente sólo sabiendo inglés no vamos a ninguna parte. La introducción de otros idiomas en el sistema educativo aparte del inglés y el francés, aunque sea optativa la combinación de lenguas es recomendable. El alemán será muy útil para aquellos que quieran emprender una carrera técnica como la ingeniería industrial y el japonés para aquellos que quieran emprender carrera en los negocios (los mercados mandan). No debemos olvidarnos nunca, eso sí, de cultivar nuestro(s) propio(s) idioma(s).
- La solución definitiva al problema de la enseñanza religiosa. La optatividad de la educación religiosa es procedente, sí, y en un estado laico y multicultural, existe la necesidad de tratar a todas las iglesias por igual, pero no a despreciarlas. Yo soy un acérrimo defensor de una asignatura de historia de las religiones por delante de una asignatura de moral religiosa, que es lo que hemos vivido hasta ahora. Si es necesario, recurramos a una nueva revisión del concordato o incluso a un nuevo concordato pero no desterremos a un hecho cultural de tanta importancia religión (sea de la confesión que sea) fuera de la escuela*.*Para mí, una asignatura no-evaluable es una ficción. Si un alumno cursa una asignatura debe ser evaluado. Si no, es una farsa.
- Un estudio serio de la conveniencia de la implantación, o al menos recomendación, del uso de uniformes en los centros educativos. Son muchas las virtudes, tanto económicas, sociológicas o educativas, del uso del uniforme. Los estudiantes van cada día peor vestidos a clase y eso no es cuestión de estética, sino de respeto. Enseñar a los estudiantes desde el primer momento la importancia de vestir adecuadamente en cada ocasión es esencial. Yo, por ejemplo, estudié en un colegio en el que no se llevaba uniforme y no os podéis imaginar la que se montó cuando se prohibió ir de chandal, bermudas o minifalda a clase. Sin embargo, el uniforme lleva asociada una carga simbólica muy conservadora tanto por su estética como por su uso casi exclusivo en los grandes colegios privados aunque esto no es más que una cuestión cultural fácilmente solventable, ya que basta con adecuar el uniforme a la estética que el centro considere más adecuada.
Y, por qué no, sería muy saludable la creación de un Comité Permanente e Independiente (independiente, que palabra más ingenua hoy en día) de Educación, que se encargara de coordinar y gestionar el sistema educativo. La educación no es algo que pueda estar sujeto a juegos políticos así que lograr la mayor independencia es un objetivo importante.
En fin, siento haberos dado la brasa con todo esto pero me apetecía dar mi opinión respecto al tema justo hoy que parece que empezamos a tratar en serio el futuro de la educación. Al fin y al cabo, de ella depende el futuro de nuestro país.



Martes, 13 septiembre, 2005, 12:43 | 


