3 palabras

Sé que me estoy poniendo pesado con estos temas y que este blog está acabando por ser monotemático pero al fin y al cabo lo que aquí escribo no es más que un reflejo de lo que vivo dentro de mi: mis inquietudes y mis reflexiones y es esto lo que me inquieta hoy en día.

Hay tres frases en el evangelio del tiempo de Pascua que siempre me han llamado la atención o, al menos, desde un tiempo a esta parte. Hoy quiero compartirlas con vosotros a modo de reflexión:

“Alegraos”

Con este saludo, Jesús sale al paso de la Magdalena y la otra María en el sepulcro. Desde siempre, Jesús nos invita a vivir en la alegría. Cuando nos habla del Reino de Dios, nos habla de banquetes, de fiestas… Sin embargo, en este mundo en el que vivimos no optamos por vivir en la alegría porque, sí, vivir en la alegría es una opción. En nuestro mundo es mayoría esa gente que prefiere lamentarse de sus propios errores y se olvida de la esperanza y la alegría, de esa luz que se esboza en los pequeños gestos como la sonrisa de un niño.
Es cierto, vivimos en un mundo plagado de problemas, problemas muy graves, pero es necesario que nos autoexijamos esa opción por vivir la alegría, por adentrarnos en los pequeños resquicios de luz que rompen la oscuridad que son nuestros problemas. Debemos adentrarnos en la luz de la sonrisa de un niño, en la luz que nos ofrece una comunidad que comparte.

Pero esta alegría no debe ser ajena a los problemas del mundo. Esta alegría no debe ser la negación de la tristeza que nos provocan las guerras, el hambre… si no que debe ser la alegría que prevalece sobre toda esa oscuridad. Así es como vivieron los grandes hombres y mujeres de Dios: San Francisco, la Beata Madre Teresa de Calcuta… Todos estamos llamados a vivir esta alegría, a vivir la fiesta que nos brinda el Señor, a sentir la música y los bailes de la casa de Dios a pesar del ruido de los grandes males del mundo.

“No temáis”

No temamos a ser nosotros mismos. No temamos mostrarnos como somos realmente. Muchas veces pecamos de baja autoestima, de creernos inferiores a los demas. Pecamos de valorar nuestros defectos sobre nuestras virtudes. Dios nos quiere a todos tal y como somos. Tanto nos hemos prevenido contra la soberbia que llegamos a pecar de exceso de humildad, de no valorar las cosas que tenemos, de no darnos cuenta de que si Dios nos ama es porque tenemos algo miedo. No tengamos miedo, entonces, de mostrarnos a los demás. Olvidémonos de máscaras, caretas, falsedades, de fingir en general y atrevámonos a compartir nuestros dones con los demás. No tengamos miedo a sentirnos seguros, porque es verdad, Él nos proteje, nos tiene en un lugar seguro.

“No temáis”, dice Jesús. No temáis a adentraros en vuesto camino. No temáis a lanzaros en la búsqueda de vosotros mismos, de vuestro agujero, ese agujero donde encajáis perfectamente, donde entráis en plena comunión con vosotros mismos y con Jesucristo resucitado.

“La Paz con vosotros”

Este es el saludo que Jesucristo emplea tras la resurrección cada vez que se aparece a los apóstoles. Estamos llamados a crear paz, a sembrar paz, a SER paz. Como dije hace unos días:

Existen muchos tipos de paz, aunque no todas son aceptables (la paz traida por las bombas y la guerra, la paz con contratos escritos con letra pequeña …), y todo el mundo la busca… a su manera. Incluso ahora mismo yo, con las pilas cargadas a tope después de estos tres días de vivencias, estoy buscando mi propia paz conmigo mismo, con ese ser que veo al otro lado del espejo y con el que no estoy tan contento.
La paz hay que construirla, es cosa de cada uno y todo el mundo está llamado a ello. Construir la paz implica un compromiso muy fuerte. Implica darse totalmente a los demás, una entrega sin límites, un camino sin límites… La paz no comienza con nadie más que con uno mismo. No es algo que le podamos pedir al que manda mientras nos quedamos con los brazos cruzados.

Todo esto, estas tres frases, no es más que una “hoja de ruta” para encontrarnos a nosotros mismos, para hallar ese sentimiento tan utópico, tan abstracto que los hombres llamamos felicidad.


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