Durante siglos, aquellos que soñaron con encontrar ciudades como Troya, Micenas, Creta …, fueron tildados de locos, arrogantes y soñadores. Se decía que la Troya de la Ilíada de Homero era una ciudad imaginaria, pura leyenda, que la Micenas de Agamenón era parte de esa leyenda, que eran tan sólo historias de un poeta…
Pero a pesar de las objecciones de los arqueólogos más ortodoxos, un alemán Schielman, descubrió en Turquía las ruinas de la ciudad más mítica (con la Atlántida) de la historia: Troya… y luego Micenas… que eran los dos emplazaminentos principales de la historia de Homero. También llegó el descubrimiento de las ruinas de la Creta de Minos, la del Minotauro, aquella de la que hablan las leyendas. Pero antes de ello suponer siquiera que existían era pura locura… al fin y al cabo, eran sólo leyendas.
Y estos descubrimientos son ejemplos que vienen a ejemplificar que a veces la ortodoxia nos tapa los ojos y que la ciencia no debe descartar nada. Creo, sinceramente, que escepticismo y ciencia son enemigos… pero para gustos colores.
¿A qué viene esto? A que el otro día ví esta fascinante noticia por la tele. Os pongo un artículo que encontré en la edición digital del ABC:
La Atlántida emerge entre la polémica
Noticia tomada de abc.es, en edición de 08-06-04.
RAMIRO VILLAPADIERNA-BERLÍN.
Un joven físico alemán dice haber hallado una explicación para aquella Atlántida descrita por Platón en unas fotos por satélite del entorno de Doñana; sin embargo, el profesor madrileño Georgeos Díaz-Montexano explicó ayer a ABC que el trabajo y las fotos son suyos y, el alemán y otro catedrático francés interesados, sólo vulgares plagiarios. Rainer W. Kühne acaba de publicar en la revista «Antiquity» sus conclusiones sobre unas fotos de Eurosat, tomadas en 1996 sobre la bahía de Cádiz y las marismas del Guadalquivir, al hilo de un artículo del geólogo y prehistoriador francés Jacques Collina-Girard sobre «su» teoría del emplazamiento y desaparición de la Atlántida, el mayor misterio clásico por resolver desde el descubrimiento de Troya. Lo de Girard parece una teoría, pero lo de Kühne apenas pasa de conclusiones. El artículo de Kühne hace concordar la descripción que Platón hace en sus diálogos de «Critias» y «Timeo» de la isla Atlántida, con las salinas de la Marisma de Hinojos, provincia de Huelva, comarca sepultada bajo las aguas hacia el siglo VII u VIII a.C. y que, como se sabe, permaneció inundada hasta la Edad Media. Dos estructuras rectangulares visibles para los satélites coinciden con las medidas y disposición de los supuestos templos, de plata para Poseidón, y de oro, para Cleito y Poseidón. Parte de los enormes círculos concéntricos, que rodearían ambas construcciones según la descripción clásica, también aparecen visibles en las tomas que los implicados han hecho ver a este diario.
Pero el profesor Díaz-Montexano asegura que tanto Kühne como Girard conocieron de él apenas algunos puntos de sus trabajos que, desde 1997, realiza sobre la Atlántida, incluídas las fotos que él mismo compró. En su opinión, ambos habrían publicado sólo partes de ésta como sus descubrimientos originales, tras largo contacto con este profesor de origen cubano a través de foros de aficionados en internet como Atlantis Rising y Misteria3000.
Al menos Kühne agradece en su artículo a Díaz-Montexano el haberle «mostrado fotos propias de satélite, que confirman la existencia de las dos estructuras rectangulares». El francés Collina-Girard ni lo menciona y Montexano aduce que, en una comunicación posterior entre ambos, aquél le habría advertido no polemizar porque «él es un catedrático y yo tengo que publicar en internet y no tengo universidad que me respalde». Agrega que prueba de ello la tuvo cuando National Geographic publicó al francés, pero obvió su respuesta y las pruebas cronólogicas aportadas. En abril de 2000, Montexano había logrado que la revista «Más Allá de la Ciencia» malpublicara su trabajo «Atlantis en Gibraltar, entre Iberia y Marruecos»; Collina-Girard, que ha preparado incluso una expedición para la búsqueda, envió en septiembre de 2001 un artículo, «Atlantis en el archipiélago sumergido de Gibraltar», sobre el asunto a la Académie des Sciences de France.
Díaz-Montexano aduce que, lo que no saben ni el físico alemán ni el geólogo francés son «lenguas clásicas» y la clave estaría en la traducción del relato, que a su vez provendría de fuentes originales egipcias al través de Solón. «La Atlántida de Platón es tan real como lo ha sido, tras su descubrimiento, la Troya de Homero. Siempre ha estado aquí, si Sarmast la buscaba en Chipre o Schülten, que copió a Amador de los Ríos, en otro sitio, es porque no vieron el error. Ya José Pellicer, en 1673, la veía en Cádiz», topónimo que, en su opinión viene de Gadeira, «que es el único nombre atlante del relato, el hermano de Atlas, ya que todo el resto son nombres traducidos al griego».
En la revista on-line «Antiquity» explicaron ayer a ABC que habían retirado el artículo de Kühne, a exigencias y ante las pruebas presentadas por Díaz-Montexano; pero lo volvieron a exponer después cuando empezó a caldearse el ambiente en torno al asunto. Aunque Kühne, de 33 años, aparece como profesor de la Universidad de Wuppertal (Renania del Norte-Westfalia), nadie sabía ayer de él allí.
Tras rebuscar por varias universidades, este diario logró contactar telefónicamente con Kühne. Éste, joven e intuitivo, resulta sin embargo confuso en sus explicaciones, sabe pero no sabe de los trabajos de Montexano, dice que éste se equivoca al situar al historia en la Edad del Bronce, argumenta no haberlo leído al no saber español, e insiste en que la Atlántida «es la ciudad de Tartessos», mientras Montexano diferencia un continente-archipiélago entre la propia Iberia y el Atlas norteafricano y la capital o «isla» de Platón (nésos), hundida en el estrecho de Gibraltar, 8 ó 9.000 años antes de Solón, en su descripción a través de Platón.
Según explicó Montexano a este diario, «la verdadera Atlántida de Platón estaba formada por la propia península actual más unos archipiélagos, que iban desde las Columnas de Hércules hasta el Norte de África, región que se sumergió bajo el mar tras varios cataclismos». Esto coincidiría con el tamaño. La clave está en una traducción equivocada de los textos y Montexano dio con ella acudiendo al códice primero de Platón (transcripción del siglo VII): Análisis léxico-etimológicos sobre el empleo distinto de voces de un griego anterior y otro más evolucionado, voces terrestres (poreusimon) o marinas (thálattas), para diferenciar la situación y orografía, antes o después, así como las marismas (pelagos) de fango, creadas tras el hundimiento y existentes documentadamente durante los romanos.
Montexano admite su mala suerte con el asunto de su estudio, «la Atlántida es un tabú para la ciencia, se ha especulado tanto y se han dicho tantas bobadas esotéricas que su estudio tiene mala imagen en la comunidad científica». Aparte las habituales polémicas de plagio en torno a estudios, Montexano dice que lo peor son los «fanáticos» de la Atlántida, «los que le imaginan poderes esotéricos, que son los que más me atacan por estudiar el tema». En cualquier caso, después de oír a todos, la Atlántida habría estado para todos más o menos en el mismo lugar, entre Cádiz, Gibraltar y la cordillera del Atlas, o quizá comprendiendo todo ello y más, pero lo que sí es cierto es que unos parecen saber más de qué hablan que otros.
¡La Atlántida podría estar en España!. Una de las más míticas porciones de tierra que ha habido en la historia podría estar ahí, delante de nuestras narices. Evidentemente, ante tal noticia, los más escépticos se llevarían, supongo yo, las manos en la cabeza y comenzar a proferir descalificaciones contra la gente que quiere lanzarse a la aventura.
La región de los maravillosos atlantes, que instruyeron a egipcios y griegos… ¿y a los aztecas? y vivieron unos 9000 años antes de Solón (filósofo griego del que desciende, en sexta generación Platón). Es cierto que entre egipcios y aztecas existen muchas similitudes tanto religiosas como, por ejemplo, esas maravillas de la cultura que son las pirámides… y tal descubrimiento puede estar delante de nuestros ojos… aunque lo tengan que venir a buscar los alemanes, franceses y americanos a nuestra propia casa.
A principios de siglo, otro alemán, un soñador llamado Adolf Schluten, comenzó a excavar en la zona de las marismas (es decir en la zona de Doñana) y a afirmar que había descubierto una nueva civilización que se creía legendaria: los Tartessos. Rápidamente los grandes arqueólogos cuadriculados de la época lo tacharon de loco y sus descubrimientos fueron guardados en algún sótano de algún museo de Andalucía hasta que la situación llegó a ser insostenible. Ahora, Tartessos se ha reconocido como una civilización, no como una ciudad comercial que se llegó a confundir con la Gades fenicia, y con ello, en la gran desconocida de la arqueología española y europea.
La pequeña ciudad de Troya llegó a poseer, por obra del gran poeta, uno de los más célebres nombres de la Historia. Tarschisch (Tartessos), en cambio, la primera ciudad comercial y el más antiguo centro cultural de Occidente, después de haber sido destruída por la envidia de los Cartagineses, quedó envuelta en las sombras de una tradición desfavorable y cayó en el más profundo olvido. Ello sucedió, primero, en la Antigüedad, porque los Cartagineses, habiendo cerrado el estrecho de Gibraltar, convirtieron el Occidente remoto otra vez en tierra incógnita, hasta el punto de haberse confundido Tartessos con Gades. Volvió a suceder, empero, en la época moderna, primero a causa de un error de Lutero, quien, en su versión de la Biblia, tradujo Tarschisch por “mar”, eliminando así un nombre que el libro sagrado hubiera podido popularizar. Después, Movers, el erudito pero poco crítico historiador de los Fenicios, se esforzó en demostrar que la ciudad de Tartessos no había existido; opinión que fué seguida por la mayor parte de los sabios: que es natural propensión de los hombres repetir los dichos ajenos. En fin, al olvido de Tartessos ha contribuido igualmente el desconocimiento del valiosísimo testimonio que acerca de esta ciudad nos ofrece el Periplo marsellés del siglo VI antes de J.C. contenido en la “Ora marítima”, de Avieno.
El presente libro se propone examinar las confusas referencias que de Tartessos nos dan los autores antiguos y modernos, sacar del olvido el viejo nombre y, en lo posible, impulsar al descubrimiento de la famosa ciudad. Su autor ha estado ya varias veces en la desembocadura del río Tartessos (Guadalquivir), buscando la Vineta española. Sus esfuerzos no han sido todavía coronados por el éxito; pero esto no es razón para abandonar la empresa, sino un acicate más para proseguir en ella. Y si al propio autor no le fuera deparada la fortuna de encontrar la vieja Tartessos, acaso estas páginas indiquen a otros la ruta segura. Lo que importa es el éxito, no quien lo obtenga.
Pero aun cuando no se lograse desenterrar la ciudad sepultada, su antiquísima cultura y, sobre todo, su importancia en la historia antigua de Occidente, irá apareciendo cada vez más clara gracias a los descubrimientos arqueológicos. Si, llegado el caso, muchas partes de este libro resultan superadas, el autor habrá realizado su propósito de fomentar las investigaciones. La Biblia dice: “Que nuestra ciencia es obra imperfecta y nuestras predicciones también lo son; pero cuando llegue la perfección, entonces cesará la imperfección.”
Tartessos
Prólogo de la primera edición
Erlangen, diciembre de 1921
Adolf Schulten
Hay descubrimientos que afirman que mientras sus vecinos aún trabajaban con dificultad la piedra, los ciudadanos de la inexpugnable Tartessos trabajaban ya los metales preciosos. Avanzaban con sus armaduras doradas hacia el norte y hacia el sur y poseían una tecnología (por tanto un conocimiento) superior al de sus vecinos. Esta Tartessos sería la gran metrópoli comercial a la que llegaban cartagineses, fenicios y griegos, la misma que sería destruida supuestamente por las envidias de Cartago.
Esta tecnología avanzada es la misma que nos comenta Platón de la Atlántida (Poseidonia) en sus diálogos de Timeo y de Critias. Según Platón, estaría situada más allá de las Columnas de Hércules (Gibraltar). Por tanto por situacion como por tecnología sería posible que los Tartessos fueran los Atlantes o quizás que fueran vestigios de aquella mítica civilización. A todo esto se suman las fotos del Eurosat que muestran formas similares a las que decía Platón.
Hace unos párrafos solté de pasada algo sobre los aztecas… Hace mucho tiempo que sabemos que es muy probable que no fuera Colón realmente quien descubriera América. Numerosas hipótesis apuntan a que el rey Vikingo Eric el Rojo, quien no olvidemos que descubrió Groenlandia, y los templarios, lo que demostraría porqué las crónicas cuentan que los indígenas no se sorprendieron al ver llegar al ejército español con sus armaduras y sus trajes, estuvieron allí antes…
Sabemos también que hace pongamos 11000 años (más o menos la época en que florecía la civilización de los atlantes según Platón), la distancia entre Europa y América era sensiblemente menor (la deriva continental) y sabemos también que el nivel de los océanos ha aumentado también de forma sensible. Se afirma que la península ibérica era antes una isla (lo que la acerca aún más América) que se unió al continente debido a la propia deriva continental (aunque nos lo expliquen siempre con el ejemplo de India en el cole). Si juntamos todo esto a las coincidencias arquitectónicas y religiosas entre egipcios y azteca que ya mencioné anteriormente y a descubrimientos como el que os relato más abajo veréis que no es una idea descabellada el afirmar que los atlantes pudieron llegar a América antes o después del cataclismo (Tsunami, invasión, tormenta) que los sumergió en los mares del olvido y la leyenda.
Más sobre las ruinas submarinas de Cuba
El pasado mes de mayo, la agencia Reuters informaba del sensacional hallazgo de restos arqueológicos bajo las aguas del Caribe. Hoy tenemos nuevos datos al respecto.
Recordemos que la autora del descubrimiento fue la ingeniera oceánica Paulina Zelitsky, una experta soviética que durante la Guerra Fría se dedicó a la construcción de bases secretas de submarinos y en la actualidad trabaja realizando obras de ingeniería civil y topografía del lecho oceánico. Hace exactamente un año, alcanzó cierta notoriedad en los medios de comunicación al localizar los restos del Maine, cuyo hundimiento desató la guerra hispano norteamericana de 1998. El buque se encontraba a unos cinco kilómetros de la costa de La Habana y a casi 1.000 metros de profundidad. El equipo de Zelitsky pudo mostrar impresionantes filmaciones del lugar del naufragio.
Hace apenas unos meses, el equipo de Zelitsky informó del hallazgo de “una gran meseta de tierra con claros rastros de lo que parecen ser enormes estructuras arquitectónicas de factura humana parcialmente cubiertas por la arena. Desde arriba, las formas recuerdan a pirámides, calles y edificios”. Como es de suponer, esta noticia despertó la imaginación de aquellos que creen en la existencia de la Atlántida.
Hoy hemos sabido que, aparte de los rastros de sonar, se ha podido hacer bajar una cámara de vídeo hasta el yacimiento arqueológico. Desgraciadamente, las prospecciones se están llevando en el más absoluto secreto, por lo que es muy poca la información que sale al exterior. A pesar de ello se ha conseguido obtener algunos datos de interés…
Parece ser que las grabaciones de vídeo están siendo actualmente analizadas por el Centro de Arqueología Marina y Antropología de la Academia Cubana de Ciencias. El trabajo de los expertos se está centrando en las inscripciones que han aparecido en estas piedras, de las cuales ya no se tiene duda alguna de su origen humano.
La mayor parte de estos bloques tiene unas dimensiones gigantescas, alcanzando los cinco metros de altura y varias toneladas de peso. Se ha constatado que las piedras fueron cortadas, talladas y pulidas para encajar unas con otras y formar estructuras mayores.
Sobre las inscripciones, es poco lo que hemos podido indagar, salvo que son abundantes y se encuentran prácticamente en todas partes del yacimiento. También han aparecido símbolos y dibujos cuyo significado se desconoce.
20/11/2001
Si has leído hasta aquí te doy la enhorabuena. Seguiré informando de todo cuanto sepa sobre este tema y otros temas igual de apasionantes. Remember: Rayada Templaria n°1



Jueves, 24 junio, 2004, 14:02 | 


