
El lunes se emitía en el Channel 4 británico el último de los tres capítulos de la segunda temporada de Black Mirror, la creación de Charlie Brooker que gira en torno a los medios y la tecnología – y precisamente espejo negro, por si aún no lo habéis descifrado, es una metáfora de las pantallas – y a nadie ha dejado indiferente. Bueno, a lo mejor sí, no soy yo quién para afirmar tan categóricamente algo. Pero bueno, por mi parte, yo no puedo dejar de recomendárosla vivamente.
Pero hoy no os quiero hacer un análisis del argumento de la serie, porque son 6 capítulos (tres por temporada) totalmente independientes entre sí a nivel de historia. Pero no tan independientes, realmente. Porque la serie está estructurada de una forma muy “curiosa” con claros paralelismos que agrupan los capítulos dos a dos de forma concéntrica – y de eso va este post, que es un poco de erudición narrato-televisiva.
En otras palabras, los capítulos los podríamos agrupar así:
A. 1×01 – The National Anthem
B. 1×02 – Fifteen Million Merits
C. 1×03 – The Entire History of You
C’. 2×01 – Be Right Back
B’. 2×02 – White Bear
A’. 2×03 – The Waldo Moment
¿Y por qué? Pues principalmente por el tema, pero podríamos señalar varias razones:
Los capítulos de los extremos, The National Anthem y The Waldo Momentgiran en torno a la relación que existe entre la política y los medios de comunicación, especialmente los nuevos medios. Y contiene una gran carga de crítica sobre la política. O, mejor dicho, sobre el deterioro del debate político, en el que ya no existen argumentos racionales, sino que se convierten en meras discusiones ad hominem. El “y tú más” de toda la vida.
En el primer capítulo, esto se representa en la humillación pública a la que la presión social (en definitiva) somete al Primer Ministro, forzándole a practicar sexo con un cerdo en TV. En el último, otro animal televisivo, un oso azul animado, entra en el debate político dando voz a los desencantados, a los “indignados”, por así decirlo. Tanto los “terroristas” que crean la amenaza original en The National Anthem como la maquinaria corporativa televisiva detrás de Waldo en The Waldo Moment se apoyan fuertemente en la viralidad de las redes sociales (principalmente Youtube, Twitter y, en el último, la app de votaciones creada ad hoc para Waldo) para cambiar definitivamente las reglas del juego y apuntarse la victoria. Porque el lado crítico/amenazador contra la política o el estado del debate político, vence en ambos (aunque en el caso de Waldo habría que matizar esta afirmación).
Si quisiéramos buscar más lugares comunes o paralelismos entre ambos, habría que señalar el tiempo de la historia, porque ambos se sitúan en la época actual, en un mundo paralelo, sí, pero con las mismas reglas y el mismo nivel de tecnología. Un mundo que es esencialmente el nuestro. E incluso más, el juego entre el PM (Prime Minister) y el MP (Member of Parliament), las víctimas de las “amenazas” tecnológicas.
Los segundos capítulos de cada temporada, Fifteen Million Merits y White Bear son una grandiosa reflexión sobre el género del reality (y es curioso que aparezca en un producto de Endemol, la gran productora de realities). Ambos exploran sus límites para hablar de las consecuencias de la vida y de las interacciones sociales. Ambas quedan sin solución, porque en ningún caso Charlie Brooker pretende darnos respuestas, sino que lo que busca es que nos planteemos las preguntas. A este respecto, funciona especialmente bien White Bear, pues presenta una situación mucho más radical que el talent showde Fifteen Million Merits.
Ambos tienen como escenario un reality que no es sólo espectáculo televisivo, sino que tiene una “función social”. En Fifteen Million Merits los partipantes del reality abastecen de energía a la sociedad con sus pedaleos; en White Bear el reality se convierte en el método de aplicación de la justicia. Y tienen como trasfondo una relación amorosa traumática: la de Bing y Abi en el de la primera temporada; la de Victoria con su compañero y con su “hija”.
Si nos fijamos en el tiempo, una vez más, ambos se sitúan en una realidad distópica, no situada en el tiempo, pero evidentemente diferente de nuestro mundo. Ya sea en una sociedad altamente avanzada tecnológicamente (Fifteen Million Merits), ya sea en una sociedad del mismo nivel tecnológico que la nuestra (White Bear), pero esencialmente distinta.
¿Queréis más cosas? Fijaos en el chándal que llevan los participantes. O en esos espectadores “anónimos”, a cara tapada, que asisten encantados al sufrimiento de otro. O en cómo la maquinaria sigue girando y girando.
Por último, los capítulos centrales, The Entire History of you y Be Right Back giran en torno a la huella digital – para los que no estéis metidos en el tema la huella digital es el rastro que dejamos de nosotros en internet – y cómo esta puede impedirnos avanzar en la tragedia. Ambas tienen como protagonista-hilo conductor un matrimonio roto por la tragedia: la infidelidad en The Entire History of You y la muerte en White Bear. Y en ambos el “enganchado” es el marido.
Los dos relatos tienen lugar en un futuro más o menos cercano. En un mundo muy parecido al nuestro, pero con una tecnología ligeramente superior que permite que esta “huella digital” tenga una influencia práctica en nuestra vida bastante más palpable que la que tiene ahora mismo, que no es poca, por cierto.
Pero si bien los capítulos extremos tenían se quedaban sobre todo en el morbo y los segundos capítulos querían plantearnos preguntas, los capítulos centrales son en los que Charlie Brooker sí se atreve a emitir un juicio claro: como seres humanos debemos tratar de mirar siempre al futuro. La única forma de solucionar nuestros problemas es mirar hacia delante.
Seguramente, si nos pusiéramos a buscar, encontraríamos más cositas. No me extrañaría que los animales tuvieran un cierto protagonismo en la trama de cada temporada. Al menos, que yo recuerde, el oso aparece en los dos últimos capítulos. Sería cuestión de mirar si también en Be Right Back. Y lo mismo para los cerdos en la primera temporada.
Pero vamos, que queda bien expresado gráficamente así, ¿no?















